Qué lastima...
Hace muchos años atrás – bueno, ni tantos – anduve babosita por un chico de mi barrio.
Era mucho mayor que yo – típico – y para variar era todo un conquistador, le gustaba estar siempre muy perfumado, con su cabellera muy corta y usar unos lentes de sol Ray-Ban, que acentuaban sus mejillas siempre sonrosadas.
Tenia cara de niño pero cuerpo de hombre.
En aquellos años era el prototipo de chico que me gustaba.
También en esos años, teníamos un bazar en nuestra casa y uno de los servicios, ya que no todo el mundo contaba con teléfono particular – uff que vieja soy jajaja – era precisamente tener un teléfono público.
Como podrán estar ya imaginándose, el chico en cuestión iba a arreglar cada una de sus citas a nuestro negocio, por lo que en mi casa, era común que quien fuera precisamente a atenderlo fuera yo.
Ni tonta ni perezosa, ya le había advertido a mi madre, que si lo veía acercarse, no importando lo que estuviese haciendo, me avisara para que pudiera darme el gusto de atenderlo – jajaja que suena fuerte eso, pero bueno.
El asunto es que mi madre y yo nos enterábamos de cada una de sus aventuras por ese medio, de sus decepciones y de sus éxitos, y como podrán suponer, él sin duda se dio cuenta de mi fascinación porque yo precisamente no lo disimulaba demasiado.
Se me caía la baba prácticamente cuando lo escuchaba hablar, sentir su perfume era una locura para mis sentidos y las maripositas en el estomago duraban lo que duraban sus llamadas.
Imagínense lo derretida que quede, cuando como todo Casanova, el tipo un día me dijo:
-Tienes unos ojos preciosos ¿por qué no me los regalas? – llegue toda colorada y emocionada al living de mi casa, con el corazón que se salía de mi pecho.
Sin duda él sabía que yo estaba loquita por él.
Un día, mi mama lo atendió, y al parecer la cita que tenia no funciono, porque la rosa que le llevaba a la chica en cuestión, se la regalo a mi madre.
Como la llevaba en uno de los bolsillos de su inseparable chaqueta de cuero, la rosita, iba impregnada de su aroma, así que mi mamá sabiendo mi fascinación por el chico, me regalo la rosa que yo atesore por un tiempo, mientras que curiosamente, por el tiempo que duro aplastada entre las hojas de un libro, ese aroma permaneció, así que con la ilusión adolescente que tenia en aquellos años, cada vez que quería sentir su rico aroma, recurría a esa rosa.
Ya no recuerdo cuanto tiempo me gusto, pero si recuerdo que a pesar de lo “enamorada” que me sentía, nunca sufrí por él.
No cayeron lagrimas de mis ojos por él, ni me desespere al no poder estar con él, aunque obviamente si se hubiese dado la oportunidad, quizás...
El asunto es que entre comentarios y comentarios, un día mi hermano nos comento una anécdota con ese chico.
El grupo de amigos de mi hermano, un día coincidió con él, y como ese grupo lo único que hacia por aquel entonces era reunir dinero para comprarse unos tragos, hicieron una vaca (colaborar con monedas) en el que lo hicieron participar.
Según German, que así se llamaba, en sus bolsillos no tenia ningún peso y se ofreció ir a su casa en busca de 500 pesos, el asunto es jamás volvió con las mentadas monedas, así que desde ese instante, todos los que estaban en aquella reunión de muchachos, lo bautizaron con el apodo de “el quinientos pesos”.
No recuerdo en que momento exacto dejo de gustarme, si sé que fue después de mi amado Rodriguito del alma – que dicho sea de paso, ya es papá porque tuvo a su primer retoño hace muy poco...que envidia le tengo a la desgraciada con la que se quedo T_T –
Después pasaron los años y todo se diluyo, de vez en cuando mi mamá me comentaba que lo había visto aquí o allá, que a veces la saludaba, que se había casado, que había tenido no sé cuantos hijos, y hace unos años, que se había separado.
También me comentaba mi distinguida madre, que cada vez que él pasaba por mi calle daba miradas hacia nuestra casa.
Y hace unos meses, tanto mi hermana como mi mamá me comentan, que cada vez que vamos a la feria los domingos por la mañana, y como yo a esas alturas ando en otra, no me he fijado que en varias ocasiones me lo he cruzado y yo ni siquiera lo he visto, pero a ellas, les llama la atención que siempre me mira.
Supongo que quizás cree que todavía me gusta.
El domingo pasado, mi mama me dijo:
-Mira, ahí va el German... – con tono de picardía – me di cuenta por la forma en que te miraba...
-Bah, ni lo vi... – conteste yo simplemente – es curioso que ahora pesque cuando a mi ya ni siquiera me importa...además que lastima, ya esta demasiado usado...
Y se me vino a la cabeza aquella ya repetida reflexión, del por qué las cosas se dan cuando ya no te importan, o no sé si eso solo me pasa a mi.
Creo que eso será un karma en mi vida, todas aquellas cosas que alguna vez desee solo se dan cuando ya no significan nada para mi y eso es bastante triste.
Porque se dan cuando la euforia ya no es la misma y la sensación que te producía jamás se repetirá como antes, no habrá esa emoción y esa efervescencia que de haberse dado cuando más entusiasmada estaba, hubiese cambiado mi vida.
No sé a que se debe o si solo me pasa a mi.
Aunque no niego, que esta misma situación, me gustaría que me pasara con cierto personaje en cuestión, para que llegue el día en que los papeles se inviertan, solo y tan solo para poder decir con la misma indiferencia.
-Que lastima, pero ya es muy tarde... no me importas...
Era mucho mayor que yo – típico – y para variar era todo un conquistador, le gustaba estar siempre muy perfumado, con su cabellera muy corta y usar unos lentes de sol Ray-Ban, que acentuaban sus mejillas siempre sonrosadas.
Tenia cara de niño pero cuerpo de hombre.
En aquellos años era el prototipo de chico que me gustaba.
También en esos años, teníamos un bazar en nuestra casa y uno de los servicios, ya que no todo el mundo contaba con teléfono particular – uff que vieja soy jajaja – era precisamente tener un teléfono público.
Como podrán estar ya imaginándose, el chico en cuestión iba a arreglar cada una de sus citas a nuestro negocio, por lo que en mi casa, era común que quien fuera precisamente a atenderlo fuera yo.
Ni tonta ni perezosa, ya le había advertido a mi madre, que si lo veía acercarse, no importando lo que estuviese haciendo, me avisara para que pudiera darme el gusto de atenderlo – jajaja que suena fuerte eso, pero bueno.
El asunto es que mi madre y yo nos enterábamos de cada una de sus aventuras por ese medio, de sus decepciones y de sus éxitos, y como podrán suponer, él sin duda se dio cuenta de mi fascinación porque yo precisamente no lo disimulaba demasiado.
Se me caía la baba prácticamente cuando lo escuchaba hablar, sentir su perfume era una locura para mis sentidos y las maripositas en el estomago duraban lo que duraban sus llamadas.
Imagínense lo derretida que quede, cuando como todo Casanova, el tipo un día me dijo:
-Tienes unos ojos preciosos ¿por qué no me los regalas? – llegue toda colorada y emocionada al living de mi casa, con el corazón que se salía de mi pecho.
Sin duda él sabía que yo estaba loquita por él.
Un día, mi mama lo atendió, y al parecer la cita que tenia no funciono, porque la rosa que le llevaba a la chica en cuestión, se la regalo a mi madre.
Como la llevaba en uno de los bolsillos de su inseparable chaqueta de cuero, la rosita, iba impregnada de su aroma, así que mi mamá sabiendo mi fascinación por el chico, me regalo la rosa que yo atesore por un tiempo, mientras que curiosamente, por el tiempo que duro aplastada entre las hojas de un libro, ese aroma permaneció, así que con la ilusión adolescente que tenia en aquellos años, cada vez que quería sentir su rico aroma, recurría a esa rosa.
Ya no recuerdo cuanto tiempo me gusto, pero si recuerdo que a pesar de lo “enamorada” que me sentía, nunca sufrí por él.
No cayeron lagrimas de mis ojos por él, ni me desespere al no poder estar con él, aunque obviamente si se hubiese dado la oportunidad, quizás...
El asunto es que entre comentarios y comentarios, un día mi hermano nos comento una anécdota con ese chico.
El grupo de amigos de mi hermano, un día coincidió con él, y como ese grupo lo único que hacia por aquel entonces era reunir dinero para comprarse unos tragos, hicieron una vaca (colaborar con monedas) en el que lo hicieron participar.
Según German, que así se llamaba, en sus bolsillos no tenia ningún peso y se ofreció ir a su casa en busca de 500 pesos, el asunto es jamás volvió con las mentadas monedas, así que desde ese instante, todos los que estaban en aquella reunión de muchachos, lo bautizaron con el apodo de “el quinientos pesos”.
No recuerdo en que momento exacto dejo de gustarme, si sé que fue después de mi amado Rodriguito del alma – que dicho sea de paso, ya es papá porque tuvo a su primer retoño hace muy poco...que envidia le tengo a la desgraciada con la que se quedo T_T –
Después pasaron los años y todo se diluyo, de vez en cuando mi mamá me comentaba que lo había visto aquí o allá, que a veces la saludaba, que se había casado, que había tenido no sé cuantos hijos, y hace unos años, que se había separado.
También me comentaba mi distinguida madre, que cada vez que él pasaba por mi calle daba miradas hacia nuestra casa.
Y hace unos meses, tanto mi hermana como mi mamá me comentan, que cada vez que vamos a la feria los domingos por la mañana, y como yo a esas alturas ando en otra, no me he fijado que en varias ocasiones me lo he cruzado y yo ni siquiera lo he visto, pero a ellas, les llama la atención que siempre me mira.
Supongo que quizás cree que todavía me gusta.
El domingo pasado, mi mama me dijo:
-Mira, ahí va el German... – con tono de picardía – me di cuenta por la forma en que te miraba...
-Bah, ni lo vi... – conteste yo simplemente – es curioso que ahora pesque cuando a mi ya ni siquiera me importa...además que lastima, ya esta demasiado usado...
Y se me vino a la cabeza aquella ya repetida reflexión, del por qué las cosas se dan cuando ya no te importan, o no sé si eso solo me pasa a mi.
Creo que eso será un karma en mi vida, todas aquellas cosas que alguna vez desee solo se dan cuando ya no significan nada para mi y eso es bastante triste.
Porque se dan cuando la euforia ya no es la misma y la sensación que te producía jamás se repetirá como antes, no habrá esa emoción y esa efervescencia que de haberse dado cuando más entusiasmada estaba, hubiese cambiado mi vida.
No sé a que se debe o si solo me pasa a mi.
Aunque no niego, que esta misma situación, me gustaría que me pasara con cierto personaje en cuestión, para que llegue el día en que los papeles se inviertan, solo y tan solo para poder decir con la misma indiferencia.
-Que lastima, pero ya es muy tarde... no me importas...
Etiquetas: vueltas
Comentario:
Suele ocurrir que cuando más deseas una cosa, esta se empeña en no aparecer o no ser para tí...y justo cuando deja de importarte o ya no la necesitas, aparece en tu vida.
La vida es así de complicada. Una persona me dijo una vez que ójala me hubiese conocido en otro momento...porque cuando lo conocí no podía darme lo que yo quería.
Algún día nos tocará ¿verdad?
Muchos besitos
La vida es así de complicada. Una persona me dijo una vez que ójala me hubiese conocido en otro momento...porque cuando lo conocí no podía darme lo que yo quería.
Algún día nos tocará ¿verdad?
Muchos besitos
Comentario:
Las vueltas que da la vida, verdad? Suele pasar...las cosas que deseamos no suelen producirse en el momento que queremos y a veces cuando llegan...siemplemente ya no las queremos, ya no nos entusiasman.
Me ha gustado el relato, besos!!
Me ha gustado el relato, besos!!





