Sexo v/s Miedo
Una de mis trancas más marcadas siempre fue el cuento de la maternidad.
Lo cierto, es que siempre he creído que mi instinto maternal no existe o esta escondido en lo más recóndito de mis oscuros deseos reprimidos... vaya a saber uno...
Por eso me tarde en iniciarme en las siempre tentadoras y fascinantes telarañas del sexo, y no fue por falta de ganas, pues siempre me ha llamado la atención, quería iniciarme, quería experimentar lo que se sentía, quería probarlo...
Como siempre tuve muy claro que yo dueña de casa no iba a ser, el hecho de que me metiera con alguien y terminara embarazada me aterraba.
Todos me dirán:
- Pero chiquilla, de lo que te perdiste todo este tiempo, porque existen muchísimos métodos para evitar aquel desenlace fatal....
El problema es que nunca he creído en mi buena suerte y siempre me dije:
- Si, es verdad existen muchos métodos...anticonceptivos y profilácticos...pero con mi mala suerte, no me extrañaría que a pesar de todos los resguardos, me quedara esperando... no por nada, en una famosa película noventera decían “la vida se abre camino...” –
Es que para mi, en esos tiempos un hijo representaba un estorbo, sé que suena horrible lo que digo, sobretodo para aquellas que son madres y que pueden decir que con un hijo puedes cumplir tus metas igual, pero yo quería estudiar, trabajar, viajar y hacer miles de cosas que un hijo, lo nieguen o no, dificulta hacer.
Además claro, de otras cosas más superficiales que aterraran a las mujeres con instintos maternales marcados, como por ejemplo, el hecho de que los embarazos arruinan tu cuerpo, te crecen las tetas, se te caen (sobretodo si tienes bastante), el culo o se aplasta o se desarma completamente y son pocas las afortunadas mujeres que después de hijos quedan delgadas y si tienes genes de mujeres gordas en tu familia, la gordura que te queda ya no la sacas ni con millones de ejercicios, aunque en el transcurso del proceso te eches miles de cremitas y comas solo lo justo.
Ya sé, muchas dirán que esa parte es la más efímera de las razones, porque la belleza y la juventud se van como agua entre los dedos y eso al final no sirve de nada y que un hijo no se puede medir por esas tonterías, de acuerdo, posiblemente sea la más tonta de las razones pero en aquellos tiempos me pesaban y aun ahora me pesan.
Además, una vez me dijeron y fue la que encontré más horrible de todas las razones para defender la postura de tener hijos, incluso más que aquellas de índole superficial, que al tener un hijo no vuelves a sentirte sola jamás...
Que diablos, si tengo un hijo, no es para que cubra mi soledad, al contrario, es para formar un ser, que es cierto te acompañara, pero su razón de ser no deba ser esa... yo siempre he creído que los hijos deben ser programados y deseados y bien deseados por ambos padres y no la falla de algún preservativo...o el deseo unilateral de uno...
La cuestión es que por eso y a pesar de las inmensas ganas que tenia de lanzarme al abordaje de los polvos, siempre me resistí poniendo en primera prioridad mi desarrollo personal académico por sobre el llamémosle “emocional calentón”.
Todo eso, hasta que llego el papanatas.
Siempre me dije: el día que me lance ya no paro y seré mas “wuena pa’ l que...”
En mi otro blog, escribí una vez un post de aquella primera vez con el papanatas, personaje que a pesar de sus vicisitudes, elegí concientemente ya que quería que no pasara un día más sin probar lo que tantas veces me había imaginado.
Si bien, al conocerlo me gusto de inmediato, jamás creí que pasaría nada con él y mi plan de desvirginarme nunca paso porque fuera él quien lo hiciera. De hecho, cuando apenas lo conocía, yo ya me movilizaba con un amigo de un anterior trabajo para que él se encargara de esa labor que obviamente no se negó a efectuar...
El asunto es que me arrepentí y con aquel amigo al final no paso nada, todo por el maldito terror que me provocaba el que me mandara un “cagazo”, era cuestión simplemente de quedar, dar un día y una fecha y quizás el protagonista de mis sufrimientos hubiese sido otro papanatas... pero que diablos, los caminos del sexo son incomprensibles...jajajaja...
¿Por qué al final elegí al papanatas? Un tipo casado, que no me ofrecía más que un querer efímero y solo unos polvos igual de vacíos...
Simplemente fue porque además de atraerme obviamente, tenia un componente práctico. El siempre se ufano de su experiencia previa, había tenido muchas mujeres, había iniciado a unas cuantas más y por sobre todas las cosas, tenia un control de su cuerpo que muchos hombres envidiarían, ósea, no llegaba y escupía y eso reducía por mucho los riesgos.
Y fue eso, y esa confianza que me dio su seguridad, lo que me convenció al final.
El siempre supo de mi tranca con la maternidad y la respetó. Obviamente eso también era muy conveniente para él, porque sabia que yo no escatimaría en esfuerzos por evitar que los polvetes con él terminaran con alguna consecuencia, lo que por supuesto le beneficiaba si las cosas se ponían feas.
Así fue que puse mi fe en él y poco a poco me fui soltando, hasta que ya aquel temor quedo perdido en el mismo lugar donde están mis instintos maternales.
Pero supongo que algo de ese temor sigue vagando por mi mente, porque debe ser ese mismo, el que evita que por mucho que los polvetes me gusten, no llegue al orgasmo a pesar de los esfuerzos y poses y técnicas “shaolines” de hacer el amor.
Hoy conversando con ese viejo amigo que por poco se convierte en mi papanatas, llegue a esa conclusión.
Algo positivo de haberme involucrado con el papanatas que ya todos conocen, fue que me arrebato mi terror al sexo y sus consecuencias, más a sus consecuencias que al sexo en si, por supuesto.
Por ese lado, puedo decir, que hasta ahora, he hecho las cosas bien, obviamente no esperaba engancharme tanto del personajillo en cuestión, pero por lo menos en eso he sido muy responsable.
Terriblemente responsable.
Lo cierto, es que siempre he creído que mi instinto maternal no existe o esta escondido en lo más recóndito de mis oscuros deseos reprimidos... vaya a saber uno...
Por eso me tarde en iniciarme en las siempre tentadoras y fascinantes telarañas del sexo, y no fue por falta de ganas, pues siempre me ha llamado la atención, quería iniciarme, quería experimentar lo que se sentía, quería probarlo...
Como siempre tuve muy claro que yo dueña de casa no iba a ser, el hecho de que me metiera con alguien y terminara embarazada me aterraba.
Todos me dirán:
- Pero chiquilla, de lo que te perdiste todo este tiempo, porque existen muchísimos métodos para evitar aquel desenlace fatal....
El problema es que nunca he creído en mi buena suerte y siempre me dije:
- Si, es verdad existen muchos métodos...anticonceptivos y profilácticos...pero con mi mala suerte, no me extrañaría que a pesar de todos los resguardos, me quedara esperando... no por nada, en una famosa película noventera decían “la vida se abre camino...” –
Es que para mi, en esos tiempos un hijo representaba un estorbo, sé que suena horrible lo que digo, sobretodo para aquellas que son madres y que pueden decir que con un hijo puedes cumplir tus metas igual, pero yo quería estudiar, trabajar, viajar y hacer miles de cosas que un hijo, lo nieguen o no, dificulta hacer.
Además claro, de otras cosas más superficiales que aterraran a las mujeres con instintos maternales marcados, como por ejemplo, el hecho de que los embarazos arruinan tu cuerpo, te crecen las tetas, se te caen (sobretodo si tienes bastante), el culo o se aplasta o se desarma completamente y son pocas las afortunadas mujeres que después de hijos quedan delgadas y si tienes genes de mujeres gordas en tu familia, la gordura que te queda ya no la sacas ni con millones de ejercicios, aunque en el transcurso del proceso te eches miles de cremitas y comas solo lo justo.
Ya sé, muchas dirán que esa parte es la más efímera de las razones, porque la belleza y la juventud se van como agua entre los dedos y eso al final no sirve de nada y que un hijo no se puede medir por esas tonterías, de acuerdo, posiblemente sea la más tonta de las razones pero en aquellos tiempos me pesaban y aun ahora me pesan.
Además, una vez me dijeron y fue la que encontré más horrible de todas las razones para defender la postura de tener hijos, incluso más que aquellas de índole superficial, que al tener un hijo no vuelves a sentirte sola jamás...
Que diablos, si tengo un hijo, no es para que cubra mi soledad, al contrario, es para formar un ser, que es cierto te acompañara, pero su razón de ser no deba ser esa... yo siempre he creído que los hijos deben ser programados y deseados y bien deseados por ambos padres y no la falla de algún preservativo...o el deseo unilateral de uno...
La cuestión es que por eso y a pesar de las inmensas ganas que tenia de lanzarme al abordaje de los polvos, siempre me resistí poniendo en primera prioridad mi desarrollo personal académico por sobre el llamémosle “emocional calentón”.
Todo eso, hasta que llego el papanatas.
Siempre me dije: el día que me lance ya no paro y seré mas “wuena pa’ l que...”
En mi otro blog, escribí una vez un post de aquella primera vez con el papanatas, personaje que a pesar de sus vicisitudes, elegí concientemente ya que quería que no pasara un día más sin probar lo que tantas veces me había imaginado.
Si bien, al conocerlo me gusto de inmediato, jamás creí que pasaría nada con él y mi plan de desvirginarme nunca paso porque fuera él quien lo hiciera. De hecho, cuando apenas lo conocía, yo ya me movilizaba con un amigo de un anterior trabajo para que él se encargara de esa labor que obviamente no se negó a efectuar...
El asunto es que me arrepentí y con aquel amigo al final no paso nada, todo por el maldito terror que me provocaba el que me mandara un “cagazo”, era cuestión simplemente de quedar, dar un día y una fecha y quizás el protagonista de mis sufrimientos hubiese sido otro papanatas... pero que diablos, los caminos del sexo son incomprensibles...jajajaja...
¿Por qué al final elegí al papanatas? Un tipo casado, que no me ofrecía más que un querer efímero y solo unos polvos igual de vacíos...
Simplemente fue porque además de atraerme obviamente, tenia un componente práctico. El siempre se ufano de su experiencia previa, había tenido muchas mujeres, había iniciado a unas cuantas más y por sobre todas las cosas, tenia un control de su cuerpo que muchos hombres envidiarían, ósea, no llegaba y escupía y eso reducía por mucho los riesgos.
Y fue eso, y esa confianza que me dio su seguridad, lo que me convenció al final.
El siempre supo de mi tranca con la maternidad y la respetó. Obviamente eso también era muy conveniente para él, porque sabia que yo no escatimaría en esfuerzos por evitar que los polvetes con él terminaran con alguna consecuencia, lo que por supuesto le beneficiaba si las cosas se ponían feas.
Así fue que puse mi fe en él y poco a poco me fui soltando, hasta que ya aquel temor quedo perdido en el mismo lugar donde están mis instintos maternales.
Pero supongo que algo de ese temor sigue vagando por mi mente, porque debe ser ese mismo, el que evita que por mucho que los polvetes me gusten, no llegue al orgasmo a pesar de los esfuerzos y poses y técnicas “shaolines” de hacer el amor.
Hoy conversando con ese viejo amigo que por poco se convierte en mi papanatas, llegue a esa conclusión.
Algo positivo de haberme involucrado con el papanatas que ya todos conocen, fue que me arrebato mi terror al sexo y sus consecuencias, más a sus consecuencias que al sexo en si, por supuesto.
Por ese lado, puedo decir, que hasta ahora, he hecho las cosas bien, obviamente no esperaba engancharme tanto del personajillo en cuestión, pero por lo menos en eso he sido muy responsable.
Terriblemente responsable.





