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Diario de vida de una escritora
A escribir, a escribir...relatar experiencias y deseos.... Viviendo en el desconcierto...
Acerca de
Una escritora es lo que quiero ser algún día, para expresar todo, tristezas y alegrías, lo imposible como lo posible, creando mundos eternos...

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Escenas
Tenemos finde largo este viernes.

Antes, ese día no significaba nada, pero agregaron un feriado más a la lista enorme de feriados que tenemos, como un día de conmemoración a la segunda tendencia religiosa más numerosa del país: los evangélicos.

Bueno, el que agreguen un día más de descanso, yo creo que a nadie molesta más que a los empresarios que lloran que se pierden no sé cuantos millones de dólares por no trabajar un día... aunque claro, por otro lado ganan los comerciantes, porque ahora además del feriado religioso se ha incluido como celebración foránea el cuento de “Noche de Brujas” en donde a parte de los dulces y merchandising ad-hoc, disfraces y fiestas, esta todo el cuento publicitario.

Ya a estas alturas, nadie saca nada con reclamar que al final la famosa celebración no tiene nada que ver con nuestra cultura, que al final como todas las celebraciones artificiales que se han creado como “el día de esto y aquello...”, no son más que estrategias comerciales para vender todo lo que se les ocurra y toda la bisutería relacionada.

Qué diablos, como ahora los niños tienen el poder, mientras ellos sean felices, los padres seguirán aceptando lo que venga para mantenerlos entretenidos. No me extrañaría que un día terminemos celebrando el 4 de julio o el año nuevo chino.

Nadie niega que hacer fiestas disfrazados es de lo más entretenido, saca lo niño que llevamos dentro pero es innegable que la fiestecita aquella no tiene más que un fin último: ganar dinero.

Por mi parte, como no tengo hijos y mis sobrinos ya están grandes, el mundillo aquel esta lejos de mis ojos, lo único que a ratos se ve por mi casa en esa fecha, son grupitos de niños pequeños y no tanto pidiendo dulces en las casas, pero por la nuestra no pasan, supongo que adivinando que no pensamos salir, jajajaja.

Esta semana, a parte de esa novedad, no hay demasiado que contar, ha sido mas bien una semana aburrida y reflexiva.

No sé si este finde, veré al susodicho aquel – léase papanatas – porque a pesar de que me dijo que si, no sé si él recordaba cuando me lo dijo, que había un feriado y quizás se tome los tres días como todos los mortales con familia y celebración de Hallowen incluida disfrazando a sus pequeñas hijas. Tengo que confirmarlo aún.

En cuestiones laborales, esta semana ha sido tranquila, además de confirmar que ya por fin nos conseguimos una alumna en práctica, no hemos hecho demasiado por la vida como en las semanas anteriores y lo cierto es que eso ha provocado precisamente que la semana a pesar de lo corta que será, se me haga más larga.

Por ahora, escribo estas palabras, no muchas, solo porque me gusta hacerlo, además para recordar una escena que me quedo dando vueltas en la cabeza desde la semana pasada.

Tengo la costumbre de salir a caminar por el centro de mi ciudad en hora de colación y siempre voy a sentarme un rato en la Catedral, por ejercicio y porque aquel lugar tiene el extraño efecto de darme paz.

Estaba sentada, relajada y tranquila, pensando en mis viscitudes cuando escucho un pequeño murmullo que se propagó con el eco de la iglesia.

Cuando mire para identificar de donde provenía, vi a una mujer de mediana edad, rubia, que hincada lloraba desconsoladamente, su aflicción era tal que sollozaba lastimeramente y miraba hacia el altar rogando, suplicando por algo que jamás podré saber.

Me conmovió su tristeza y la angustia que se veía en ella.

Me imagine el motivo de su sufrimiento, quizás había muerto alguien importante de su familia o de su vida, un hijo, la pareja, quizás la habían abandonado, quizás se sentía sola, quizás había perdido el trabajo, no sé, vaya a saber uno... pero era tal su pena que sus sollozos no se detenían y lloraba como una niña pequeña sin importarle el que la gente que pasaba la viera.

Parecía suplicar piedad.

Supongo que me conmovió, porque reconocí en ella una angustia similar a la que alguna vez viví, quizás proyecte su sufrimiento con el que experimenté yo alguna vez, pero reconocí esa tristeza y por eso creo, llamo mi atención tan fuertemente.

Hasta me asuste, porque por un instante me vi en ella, me recordó una vieja angustia, un antiguo sin sentido.

Y eso.

En ese instante, me dije, la escena es para un post y daba para solo hablar de ello, pero tampoco quería que fuera la protagonista.

Si, por qué fue como un flash back del pasado que no sé si me gustaría revivir.
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