Prueba superada
Creo que pase la prueba, después de todo.
Fui a verlo a su nuevo lugar de trabajo, llevando conmigo la CPU de mi querido y nunca bien ponderado computador. Fui en mi auto, una mañana nublada y solitaria por aquellos suburbios alejados del centro de mi ciudad.
Me trajo recuerdos de la primera y última vez que estuve ahí.
Fueron largas cinco horas, aquella vez, me había llevado porque le había insistido que quería conocer su nueva oficina y además de conversar, habíamos terminado echándonos un polvo sobre los escritorios para bautizarlos ya que estaban tan relucientes y nuevos.
Pero ahora la situación fue diferente, iba en plan de amigos, pidiendo un favor y tenía que actuar como tal.
Llame al llegar, ya que tenía que salir a buscarme porque la guardia no me dejaría pasar así como así.
Por un instante temí que al ver su rostro otra vez después de estos dos largos meses, me iba a poner a llorar como una Magdalena, pero lo cierto es que es en situaciones de este tipo cuando más dura e impasible me pongo, aunque por dentro me este muriendo.
Mi certeza era que no quería que me viera claudicar, ni llantos ni reproches, nada.
Un poco de dignidad al final - me dije.
Cuando salió, le abrí la puerta trasera del auto para que sacara el PC que iba atrás cuan niño pequeño, lo llevo el camino hasta llegar a su oficina, mientras que yo en silencio, no lo miraba y trataba de parecer lo más indiferente posible.
Me lanzo un sinfín de preguntas. Que como estaba mi madre, mi hermana, que como iba el trabajo, yo respondía sin mucho entusiasmo, no le pregunte nada a cambio, solo lo seguí por entre los pasillos hasta que llegamos a su oficina. Me ofreció un té o café, mientras acomodaba mi computadora en uno de los escritorios.
Trató de iniciar una conversación de anime, suponiendo creo yo, de que mi frialdad se iría si me hablaba de ello, pero le respondí igual que lo demás. Me percaté que aún conservaba sobre su escritorio una figura que le regale yo de un anime que le gusta.
Me preguntó qué era lo que quería que le hiciera al computador.
- Formatearlo, e instalarle Windows de nuevo, supongo que con eso se arreglaran todos los problemas que tiene porque no creo que sean problemas de hardware – le indique.
A ratos me quedaba en silencio, y era entonces cuando me hacía preguntas del trabajo o cualquier nimiedad.
Me di cuenta perfectamente, que él sigue con su vida como si nada, es por eso mi certeza de que yo para él no signifiqué nada. De hecho, de pronto llamaron por teléfono y era ella. Su bien amada esposa. Por la forma amorosa y tierna que le respondió, asumo que todo va excelente entre ellos, por lo menos el papanatas puede agradecerme, que el haber tenido esta aventura conmigo le sirviera para valorar lo que tiene en la casa, supongo.
No niego, que una pequeña espina se incrustó en mi pecho y me sobrecogió la tristeza. También la rabia y es en esos momentos cuando me pongo venenosa. El veneno en mi es la prueba de mi sufrimiento.
Mientras ponía el disco de inicio de Windows e indicaba a la maquina lo que tenía que hacer, mientras me comentaba los detalles de configurar que debía seguir, mire la figura de Vegeta que descansaba sobre su escritorio y acoté:
- Creí que tirarías a Vegeta a la basura, como quieres desaparecerme de tu vida…
Me miró y me dio una palmadita en la rodilla como diciendo: “Si serás tonta”.
- No po’ una cosa no tiene nada que ver con la otra… -
- Como que no, cuando quieres desaparecer a alguien de tu existencia, eso incluye los regalos y todo lo que te la recuerde… - obviamente eso sucede solo si aquella persona que quieres olvidar te causo alguna herida o sufrías por ella pero como este no era el caso, es obvio que el que me recuerde no significa un dolor físico para él, pensé.
- No, no tiene nada que ver.
Obvio, una de las cosas que le agradaban de mi, era lo que podía conseguir, esas cosas no las rechazaba, quizás me quiso alguna vez pero si además le ofrecía algo material no se haría el “cuchón” - indiferente - claro.
Pensé que la situación se pondría tensa pero al final mi intento de molestarlo no dio en el clavo.
No niego que me hubiese gustado ponerme brujeril e iniciar una conversación tirante sacándole en cara todo lo que había pasado alguna vez y me había dañado, pero ya no tenía caso sacar cosas del pasado, igual no le importarían y como siempre saldría mejor parado que yo, así que me comí mi impotencia y continúe con mi actitud indiferente mientras él me preguntaba de mi departamento. Le conté de mis avances, de que me sindicalizaría en mi empresa para recibir los beneficios económicos que implicaba ya que se acercaba una nueva negociación, que en lo económico todo iba muy bien para mí.
Y era intencional, porque siempre ha envidiado eso de mi, como una vez me dijo, proyectaba en mi sus frustrados sueños y ver cristalizarse en la realidad lo que alguna vez soñó para si, sabía que lo contrariaría.
De pronto la conversación se dirigió hacia las mujeres que trabajaban y las que no, a propósito de contarle de mi sobrina y su madre que hace poco había entrado a trabajar de nuevo ya que se había acabado su post natal, destacándole el que fuera una mujer que a pesar de lo que implicaba ser madre y el apego al bebe, seguía trabajando tratando de darle un bienestar a su hija. Lo que me hizo salir con mi discurso de que había algunas mujeres que de “pajeras” se quedaban en la casa aun sabiendo que la situación ameritaba trabajar y que ponían de pretexto el cuidado de sus hijos para quedarse en la casa.
No es que me molesten las dueñas de casa, pero en este caso era otro de mis ataques disfrazados y asumo que él lo comprendió y trato de no decir nada para que yo no fuera a la carga otra vez.
- Si po’ – decía yo – después el marido se queda sin trabajo y como ella no trabaja, los dos se cagan de hambre y de paso los hijos… si ambos trabajan y uno se queda sin trabajo el que tiene puede apoyar al cesante… además de que sirvió que la mujer se liberara y luchara por sus derechos si al final va a seguir haciendo el mismo papel que hacían las abuelas… la mujer que trabaja tiene independencia económica y no tiene que andar dependiendo de nadie.
- Si pero hay casos y casos… - decía – obviamente defendiendo su propia situación.
Como no quería ponerse a discutir de algo sin sentido como esto, cambio de tema y abrió mi PC para revisarlo por dentro. Como no lo desenchufaba le advertí que tuviera cuidado con la electricidad que quedaba.
- Bueno, de algo hay que morirse… - acoto –
- Tú no te puedes morir – le dije – si te mueres tus hijas se cagan de hambre.
Toma, otra broma pesada.
No lo podía evitar.
Después de revisarlo y encenderlo para ver que todo había quedado bien instalado, se puso a revisar otro equipo que un guardia le había pasado mientras conversábamos de tonterías, no niego que en algún momento tuve una ensoñación y me imagine que me tomaba y me subía otra vez al escritorio mientras nos empolvábamos otra vez.
Pero no, eso ya se acabo – me dije resignada – eso ya no pasará más.
Cuando se llevo el equipo del guardia y empezó a cerrar las persianas de la oficina comprendí que el tiempo se había acabado.
- No sé si ofrecer llevarte – le dije – me voy por el camino más largo y tu sabes que me voy lentito por las calles jajaja … quizás llegues más rápido a tu casa en metro.
Hizo un ademan como de pensárselo y me dijo que se iba conmigo.
Cerró todo y me llevo el CPU hasta el auto.
En el intertanto nos habían dejado encerrados en aquella casona antigua y tuvo que ir a por el guardia para que abriera la puerta. Lo espere en la salida, en aquellos pasillos y oscuros recovecos, me imagine que allí habrían fantasmas, después de todo es un edificio histórico.
Al regresar con el guardia, venían bromeando y él tenía una sonrisa de oreja a oreja, no recordaba haberlo visto sonreír así desde hace mucho tiempo.
El guardia abrió la puerta y nos despedimos agradeciéndole.
Según el papanatas, el guardia intencionalmente había cerrado a pesar de que le había dicho que no lo hiciera.
- ¿Pero para qué? – pregunté yo.
- Para vitrinear… - obviamente como buen guardia de seguridad aburrido de su rutina quería cotillear acerca de la compañía del papanatas. Con seguridad, cuando venían riendo comentaban de aquello y de ahí esa sonrisa de complicidad y broma que traían ambos.
Bueno, por lo menos eso concluyo por lo que me dijo el papanatas.
Después de alabarme porque estaba conduciendo con más experticia, nos fuimos conversando alegremente, el veneno en mí se había diluido, supongo que por ir concentrada manejando, tome caminos que no había tomado hasta ese día, lo deje en aquella esquina cercana a su casa, y se despidió con un beso en la mejilla.
- Gracias por la aventura… nos vemos - dijo, refiriéndose a la travesía supuestamente emocionante de venirse en un auto conducido por mí, es que hasta yo me lanzo bromas acerca del riesgo que eso implica.
Y así termino nuestro encuentro, como una reunión de amigos, que me niego a tener con él, es cierto que lo del PC fue afortunado porque me dio una excusa para verlo, pero también es cierto que no quería, eso lo puedo jurar, porque sabía lo que me iba a provocar. Un poco de la tranquilidad que había conseguido se ha esfumado y ha habido días que he dormido mal, ya que como siempre, siempre tengo la razón en mis apreciaciones con respecto a él.
El está muy bien sin mí, quizás hasta mejor que antes, eso es bueno… pero si me pongo egoísta y malvada me molesta también.
Me molesta que rehaga su vida tan bien mientras la mía quedo destrozada.
Bueno, yo me lo busque, y eso no lo niego.
No quiero verlo de nuevo.
No quiero volver a ver la felicidad en sus ojos otra vez.
Y este par de semanas después de eso, seguí refugiándome en mi tratamiento para olvidar.
Termine Amanecer, el último libro de la Saga de Crepúsculo. Me gustó pero no me fascinó.
Termine adorando a Edward Cullen, eso es indudable, pero también es cierto que la historia es un poco tele cebolla, a veces hasta un poco predecible. Está bien escrita, pero se nota la mano femenina en el cuento, con ese romanticismo mamón que nos caracteriza a las mujeres.
Debe ser que la historia termina con un final feliz.
Y eso es algo que yo no conozco y en lo que ahora me cuesta creer.
Los finales felices no existen, por lo menos no para mí.
Bueno, supongo que la culpa la tiene el llamado “pensamiento mágico”, una lacra que hace que nunca estemos contentas con nada.
Por ahora, tengo que encontrar algo más para evadir, así que ya está en mi mesa de noche el séptimo volumen de Harry Potter, lo volveré a leer e iré al cine el próximo lunes.
Hago lo mejor que puedo con lo tengo, después de todo.
Y ha sido duro, bastante duro.
Por lo menos agradezco haber tenido la fortaleza de no lanzarme a sus brazos llorando como idiota, además de absurdo e infructuoso hubiese sido vergonzoso.
Felicitaciones.
Fui a verlo a su nuevo lugar de trabajo, llevando conmigo la CPU de mi querido y nunca bien ponderado computador. Fui en mi auto, una mañana nublada y solitaria por aquellos suburbios alejados del centro de mi ciudad.
Me trajo recuerdos de la primera y última vez que estuve ahí.
Fueron largas cinco horas, aquella vez, me había llevado porque le había insistido que quería conocer su nueva oficina y además de conversar, habíamos terminado echándonos un polvo sobre los escritorios para bautizarlos ya que estaban tan relucientes y nuevos.
Pero ahora la situación fue diferente, iba en plan de amigos, pidiendo un favor y tenía que actuar como tal.
Llame al llegar, ya que tenía que salir a buscarme porque la guardia no me dejaría pasar así como así.
Por un instante temí que al ver su rostro otra vez después de estos dos largos meses, me iba a poner a llorar como una Magdalena, pero lo cierto es que es en situaciones de este tipo cuando más dura e impasible me pongo, aunque por dentro me este muriendo.
Mi certeza era que no quería que me viera claudicar, ni llantos ni reproches, nada.
Un poco de dignidad al final - me dije.
Cuando salió, le abrí la puerta trasera del auto para que sacara el PC que iba atrás cuan niño pequeño, lo llevo el camino hasta llegar a su oficina, mientras que yo en silencio, no lo miraba y trataba de parecer lo más indiferente posible.
Me lanzo un sinfín de preguntas. Que como estaba mi madre, mi hermana, que como iba el trabajo, yo respondía sin mucho entusiasmo, no le pregunte nada a cambio, solo lo seguí por entre los pasillos hasta que llegamos a su oficina. Me ofreció un té o café, mientras acomodaba mi computadora en uno de los escritorios.
Trató de iniciar una conversación de anime, suponiendo creo yo, de que mi frialdad se iría si me hablaba de ello, pero le respondí igual que lo demás. Me percaté que aún conservaba sobre su escritorio una figura que le regale yo de un anime que le gusta.
Me preguntó qué era lo que quería que le hiciera al computador.
- Formatearlo, e instalarle Windows de nuevo, supongo que con eso se arreglaran todos los problemas que tiene porque no creo que sean problemas de hardware – le indique.
A ratos me quedaba en silencio, y era entonces cuando me hacía preguntas del trabajo o cualquier nimiedad.
Me di cuenta perfectamente, que él sigue con su vida como si nada, es por eso mi certeza de que yo para él no signifiqué nada. De hecho, de pronto llamaron por teléfono y era ella. Su bien amada esposa. Por la forma amorosa y tierna que le respondió, asumo que todo va excelente entre ellos, por lo menos el papanatas puede agradecerme, que el haber tenido esta aventura conmigo le sirviera para valorar lo que tiene en la casa, supongo.
No niego, que una pequeña espina se incrustó en mi pecho y me sobrecogió la tristeza. También la rabia y es en esos momentos cuando me pongo venenosa. El veneno en mi es la prueba de mi sufrimiento.
Mientras ponía el disco de inicio de Windows e indicaba a la maquina lo que tenía que hacer, mientras me comentaba los detalles de configurar que debía seguir, mire la figura de Vegeta que descansaba sobre su escritorio y acoté:
- Creí que tirarías a Vegeta a la basura, como quieres desaparecerme de tu vida…
Me miró y me dio una palmadita en la rodilla como diciendo: “Si serás tonta”.
- No po’ una cosa no tiene nada que ver con la otra… -
- Como que no, cuando quieres desaparecer a alguien de tu existencia, eso incluye los regalos y todo lo que te la recuerde… - obviamente eso sucede solo si aquella persona que quieres olvidar te causo alguna herida o sufrías por ella pero como este no era el caso, es obvio que el que me recuerde no significa un dolor físico para él, pensé.
- No, no tiene nada que ver.
Obvio, una de las cosas que le agradaban de mi, era lo que podía conseguir, esas cosas no las rechazaba, quizás me quiso alguna vez pero si además le ofrecía algo material no se haría el “cuchón” - indiferente - claro.
Pensé que la situación se pondría tensa pero al final mi intento de molestarlo no dio en el clavo.
No niego que me hubiese gustado ponerme brujeril e iniciar una conversación tirante sacándole en cara todo lo que había pasado alguna vez y me había dañado, pero ya no tenía caso sacar cosas del pasado, igual no le importarían y como siempre saldría mejor parado que yo, así que me comí mi impotencia y continúe con mi actitud indiferente mientras él me preguntaba de mi departamento. Le conté de mis avances, de que me sindicalizaría en mi empresa para recibir los beneficios económicos que implicaba ya que se acercaba una nueva negociación, que en lo económico todo iba muy bien para mí.
Y era intencional, porque siempre ha envidiado eso de mi, como una vez me dijo, proyectaba en mi sus frustrados sueños y ver cristalizarse en la realidad lo que alguna vez soñó para si, sabía que lo contrariaría.
De pronto la conversación se dirigió hacia las mujeres que trabajaban y las que no, a propósito de contarle de mi sobrina y su madre que hace poco había entrado a trabajar de nuevo ya que se había acabado su post natal, destacándole el que fuera una mujer que a pesar de lo que implicaba ser madre y el apego al bebe, seguía trabajando tratando de darle un bienestar a su hija. Lo que me hizo salir con mi discurso de que había algunas mujeres que de “pajeras” se quedaban en la casa aun sabiendo que la situación ameritaba trabajar y que ponían de pretexto el cuidado de sus hijos para quedarse en la casa.
No es que me molesten las dueñas de casa, pero en este caso era otro de mis ataques disfrazados y asumo que él lo comprendió y trato de no decir nada para que yo no fuera a la carga otra vez.
- Si po’ – decía yo – después el marido se queda sin trabajo y como ella no trabaja, los dos se cagan de hambre y de paso los hijos… si ambos trabajan y uno se queda sin trabajo el que tiene puede apoyar al cesante… además de que sirvió que la mujer se liberara y luchara por sus derechos si al final va a seguir haciendo el mismo papel que hacían las abuelas… la mujer que trabaja tiene independencia económica y no tiene que andar dependiendo de nadie.
- Si pero hay casos y casos… - decía – obviamente defendiendo su propia situación.
Como no quería ponerse a discutir de algo sin sentido como esto, cambio de tema y abrió mi PC para revisarlo por dentro. Como no lo desenchufaba le advertí que tuviera cuidado con la electricidad que quedaba.
- Bueno, de algo hay que morirse… - acoto –
- Tú no te puedes morir – le dije – si te mueres tus hijas se cagan de hambre.
Toma, otra broma pesada.
No lo podía evitar.
Después de revisarlo y encenderlo para ver que todo había quedado bien instalado, se puso a revisar otro equipo que un guardia le había pasado mientras conversábamos de tonterías, no niego que en algún momento tuve una ensoñación y me imagine que me tomaba y me subía otra vez al escritorio mientras nos empolvábamos otra vez.
Pero no, eso ya se acabo – me dije resignada – eso ya no pasará más.
Cuando se llevo el equipo del guardia y empezó a cerrar las persianas de la oficina comprendí que el tiempo se había acabado.
- No sé si ofrecer llevarte – le dije – me voy por el camino más largo y tu sabes que me voy lentito por las calles jajaja … quizás llegues más rápido a tu casa en metro.
Hizo un ademan como de pensárselo y me dijo que se iba conmigo.
Cerró todo y me llevo el CPU hasta el auto.
En el intertanto nos habían dejado encerrados en aquella casona antigua y tuvo que ir a por el guardia para que abriera la puerta. Lo espere en la salida, en aquellos pasillos y oscuros recovecos, me imagine que allí habrían fantasmas, después de todo es un edificio histórico.
Al regresar con el guardia, venían bromeando y él tenía una sonrisa de oreja a oreja, no recordaba haberlo visto sonreír así desde hace mucho tiempo.
El guardia abrió la puerta y nos despedimos agradeciéndole.
Según el papanatas, el guardia intencionalmente había cerrado a pesar de que le había dicho que no lo hiciera.
- ¿Pero para qué? – pregunté yo.
- Para vitrinear… - obviamente como buen guardia de seguridad aburrido de su rutina quería cotillear acerca de la compañía del papanatas. Con seguridad, cuando venían riendo comentaban de aquello y de ahí esa sonrisa de complicidad y broma que traían ambos.
Bueno, por lo menos eso concluyo por lo que me dijo el papanatas.
Después de alabarme porque estaba conduciendo con más experticia, nos fuimos conversando alegremente, el veneno en mí se había diluido, supongo que por ir concentrada manejando, tome caminos que no había tomado hasta ese día, lo deje en aquella esquina cercana a su casa, y se despidió con un beso en la mejilla.
- Gracias por la aventura… nos vemos - dijo, refiriéndose a la travesía supuestamente emocionante de venirse en un auto conducido por mí, es que hasta yo me lanzo bromas acerca del riesgo que eso implica.
Y así termino nuestro encuentro, como una reunión de amigos, que me niego a tener con él, es cierto que lo del PC fue afortunado porque me dio una excusa para verlo, pero también es cierto que no quería, eso lo puedo jurar, porque sabía lo que me iba a provocar. Un poco de la tranquilidad que había conseguido se ha esfumado y ha habido días que he dormido mal, ya que como siempre, siempre tengo la razón en mis apreciaciones con respecto a él.
El está muy bien sin mí, quizás hasta mejor que antes, eso es bueno… pero si me pongo egoísta y malvada me molesta también.
Me molesta que rehaga su vida tan bien mientras la mía quedo destrozada.
Bueno, yo me lo busque, y eso no lo niego.
No quiero verlo de nuevo.
No quiero volver a ver la felicidad en sus ojos otra vez.
Y este par de semanas después de eso, seguí refugiándome en mi tratamiento para olvidar.
Termine Amanecer, el último libro de la Saga de Crepúsculo. Me gustó pero no me fascinó.
Termine adorando a Edward Cullen, eso es indudable, pero también es cierto que la historia es un poco tele cebolla, a veces hasta un poco predecible. Está bien escrita, pero se nota la mano femenina en el cuento, con ese romanticismo mamón que nos caracteriza a las mujeres.
Debe ser que la historia termina con un final feliz.
Y eso es algo que yo no conozco y en lo que ahora me cuesta creer.
Los finales felices no existen, por lo menos no para mí.
Bueno, supongo que la culpa la tiene el llamado “pensamiento mágico”, una lacra que hace que nunca estemos contentas con nada.
Por ahora, tengo que encontrar algo más para evadir, así que ya está en mi mesa de noche el séptimo volumen de Harry Potter, lo volveré a leer e iré al cine el próximo lunes.
Hago lo mejor que puedo con lo tengo, después de todo.
Y ha sido duro, bastante duro.
Por lo menos agradezco haber tenido la fortaleza de no lanzarme a sus brazos llorando como idiota, además de absurdo e infructuoso hubiese sido vergonzoso.
Felicitaciones.
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