logotipo

img_google
Diario de vida de una escritora
A escribir, a escribir...relatar experiencias y deseos.... Viviendo en el desconcierto...
Acerca de
Una escritora es lo que quiero ser algún día, para expresar todo, tristezas y alegrías, lo imposible como lo posible, creando mundos eternos...

Free counter and web stats

Sindicación
 
Un mañana sin mañana
Que las recaídas deberían fortalecerme, lo sé, es el curso natural por el cual debería caminar para dejar atrás al papanatas, pero lo cierto es que al contrario de lo que espero, reabren heridas que aun escocen dentro de mi.

Es increíble la cantidad de cosas que últimamente toda esta situación me ha hecho ver, mirar la historia que viví con otra visión me ha abierto los ojos de una manera dolorosa y tormentosa. No porque me arrepienta de haberla vivido, sino que porque ahora veo detalles, que antes en mi embobamiento, no captaba con nitidez.

No las mencionaré, ya que seguramente las mismas han sido tan notorias y evidentes en cada uno de mis post que hasta es vergonzoso para mi pensar en ellas.

El 31 de octubre, se cumplió un año más desde que lo conocí.

Fue la primera vez que nos tocamos, de eso ya han pasado cuatro años.

Como evaluación general podríamos dividir ese periodo en partes bien definidas de cómo ha ido evolucionando esta historia hasta convertirse en la mierda que es actualmente.

Los primeros seis meses fueron maravillosos, entre dudas y declaraciones amorosas vivía casi en una nube y en una montaña rusa constante, hasta que hice lo que hasta ahora no he sido capaz de repetir: terminarlo.

Se había reconciliado con su mujercita – ya que estuvieron a punto de separarse – y supongo que quería empezar las cosas bien, pero yo estaba celosa y fue el único camino que encontré, por supuesto que de inmediato me arrepentí.

A las dos semanas volvimos.

A los nueve, otra vez una despedida que nos alejo otro par de meses, que era lo que yo soportaba estar lejos de él, en ese momento, todo empezó a ser más tormentoso para mi

No recuerdo muy bien, pero luego de eso, estuvimos separados cerca de un mes o dos, lo busque y regresamos. Las cosas en principio, fueron lindas otra vez, aunque claro, con menos intensidad que los primeros tres meses.

Al año seis meses me volvió a dejar, esta vez por razones de fuerza mayor, tan mayor como la venida de otro hijo que posteriormente su su so dicha perdió.

Y esa fue la parte más vergonzosa de todas, ya que la forma en que volvimos a estar no fue la más digna que pude encontrar.

Yo misma me desvalorice frente a él y en parte mucha de la culpa, ahora que lo pienso, de que yo haya sido solo su “entretención” fue por esas malas decisiones en aquellos primeros tiempo al no mantener la convicción y la dignidad.

Cuando esas “condiciones vergonzosas” se acabaron - por mi propia decisión – después de un par de semanas volvió a dejarme.

Otro par de meses de separación hasta que la insistencia pudo más que su resistencia y ya sin condiciones pero sin derechos ni compromisos, iniciamos aquella etapa en que lo más importante era el sexo – intentando por mi lado creer que eso me haría ganar algo – y ya las declaraciones de amor pasaron a la historia. Eso hasta cumplir los tres años de forma intermitente, luego otro intermedio más y luego la “terminada final” que aconteció en abril de este año.

Como es lógico, ya todo se había convertido en una historia sin mucha sustancia, a medida que regresábamos una y otra vez, él iba poco a poco dejando en un rincón más lejano sus sentimientos – si es que alguna vez los tuvo por mi – yo también, a esas alturas y como era comprensible, estaba agotada de todo esto pero a pesar de aquello seguía luchando infructuosamente sin resultado alguno, solo uno que otro chispazo de aquel hombre del que me enamoré y que me hacía ilusionarme ante la idea que quizás ahora sus sentimientos cambiarían.

Yo no quería cambiarlo a él, sólo deseaba su amor.

Por supuesto que ya ante tanto desplante, de paso, mi amor se mezclaba con constantes dudas y ya la ilusión hace mucho se había ido al tacho de la basura y solo me alimentaba de una vaga esperanza.

De esa terminada final pasaron seis meses de una falsa amistad, hasta ahora, con el par de recaídas que he relatado en los últimos post.

Lo cierto, es que a pesar del tiempo que compartimos, nunca he logrado entender una parte mínima de sus intenciones.

Por supuesto que sé, que no hay hombre que se resista a tener sexo con alguna chica que le agrade y que se lo permita aunque sea casado, en eso perdí la ingenuidad hace mucho. Eso por supuesto era un gran estimulo para que aceptara y continuara con esta historia, sobretodo tomando en cuenta que yo jamás haría nada para dañarlo ni delatarlo.

Sus instantes de ternura siempre las intercalaba con momentos de intensa crueldad, en la que me decía cosas dolorosas que siempre me hacían pensar en el “ya no mas”. Pero había días que me sorprendía diciendo cosas que a cualquiera le hubieran hecho creer que ahí había algo más y que simplemente éramos victima de la circunstancias.

Es cierto que siempre me he protegido de todo eso, poniéndome el parche antes de la herida, satanizándolo y pensando siempre que él todo lo tenia planeado y lo hacía con una intención malsana y eso por supuesto que me predisponía a que tuviéramos problemas ya que yo me imaginaba “confabulaciones” que según él no existían, que yo creía “cosas que no eran”.

Todo esto condicionado por su pasado y por el hecho de que fuera casado, ya que si era capaz de engañar a su mujercita que según parece tiene en tan buen estima, ¿por qué no iba querer engañarme a mi? (y me refiero a sus intenciones aunque tampoco ponía las manos al fuego por él afirmando que no tuviera otra mujer más por ahí)

El asunto es que este par de recaídas, nuevamente me hacen daño, porque aumenta mi resistencia a lo evidente y ha hecho más dolorosa aquellas cosas de las que no me daba cuenta antes pero ahora si.

Quiero dejarlo atrás, quiero olvidarlo, quiero que ya no me importe... pero ¿por qué me resisto frente a lo que es más claro que el agua?. El alimenta mi dependencia dejándome puertas abiertas aceptando invitaciones, aceptando mis llamadas, aún sabiendo que eso siempre ha servido para alimentar mis esperanzas. Quizás como decían en otro blog, se siente culpable y quiere ser mi amigo estando ahí, dándome migajas de su compañía para sentirse menos mal.

¿Por qué si ya no quiero más migajas de cariño, sigo deseando tenerlo en mi vida sabiendo todo lo que sé? ¿por qué no tengo la fortaleza necesaria para continuar con mi vida así como él lo hace?.

Muchas veces me odio a mi misma por mi falta de voluntad y mi incapacidad.

Muchas noches me juro que ya no aceptaré más y al siguiente día otra vez me daño yo misma y dejo que me siga dañando aun sabiendo que nada nunca jamás volverá a ser lo mismo.

Que ya todo acabo, que ya no hay amor – si es que alguna vez lo hubo – que ya todo es diferente y él acepto su realidad y que ahora lo único que hace es aprovecharse de mi necesidad.

Sé que la solución es el tiempo y la distancia, me sentía ganadora ya porque habían pasado seis meses sin ser yo la que le insinuara nada, que lo veía ya sin roces aunque por dentro quisiera hacerlo todo con él como antes.

Pero nada, no podemos ser amigos, no mientras yo siga enamorada de él.

Lo que quiero saber es ¿cómo diablos dejo de sentir esto tan intenso que siento? ¿cómo diablos dejo de quererlo?.

Me encantaría un día despertarme y ya no pensar en él, verlo y que ya no me provoque nada, verlo y ya no recordarlo.

Lo sé, la solución esta en mis manos.

Debo alejarme para siempre de él y lo demás vendrá por añadidura...la paz, la indiferencia, y quizás algún día... el desamor.
Etiquetas:  
No