¿Un regalito de navidad?...
Ahora que se acerca navidad y como el ambiente poco a poco se empieza a poner festivo con su buena cuota de locura, recuerdo aquel incidente del que después me pregunte, que habría sucedido si mi decisión hubiese sido otra.
Recuerdo que recientemente había entrado a trabajar al lugar en el que estoy ahora, andaba bastante triste porque perdí durante ese mes el contacto vía MSN con mi papanatas (bueno después sabría las razones).
Era víspera de navidad y me fui a dar una vuelta al centro ya que habíamos salido temprano, para variar sola, mientras caminaba por las atestadas calles llenas de locos compradores compulsivos de regalos navideños.
Decidí entrar a la catedral de la ciudad a tranquilizar un poco mi espíritu inquieto además de visitar a cierto personaje al que le tengo mucha fe y que quizás en algún post mencionaré.
Pensando si aquella pequeña, naciente e inverosímil historia del papanatas era cierta o no, me senté en uno de los bancos de la iglesia mientras miraba el memorial que recuerda a ese personaje…pidiéndole que me diera una respuesta.
Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no me percate cuando en un momento alguien se sentó a mi lado y se me quedo mirando fijamente, no le tome atención y seguí reconcentrada en mis pensamientos.
Y de pronto me hablo.
- Hola… -
Lo quede mirando con cara de pocos amigos y lo salude con un austero “hola” de ultratumba mirándolo de frente para saber quien tenia la osadía de hablarme con mi cara de pesada.
Era un joven, era bastante guapo, tenia el cabello castaño claro y ojos color miel además de una linda sonrisa.
- ¿Siempre vienes a esta iglesia? – me pregunto de pronto.
- Si a veces, es que es tranquilito para la locura que hay afuera…
- Si… - respondió él.
Mientras hablaba esas cortas palabras, me percate que estaba algo bebido, porque se sentía a su alrededor el olor a alcohol.
No pensé que fuera tan grave por las fechas, pues es clásico que para navidad y año nuevo las empresas realizan fiestas para celebrarlas.
Pero no sé por qué, el hecho de que estuviera en ese estado me puso a la defensiva de inmediato a pesar de que cada vez que lo miraba, me daba cuenta de lo lindo que era.
El se dio cuenta de mi rechazo mientras seguía buscando conversación.
- ¿Y que haces? –
- Soy b… - me reservaré la profesión para que no hayan prejuicios.
- Ah yo trabajo en una empresa de archivistica… -
- Ahh… - conteste yo desganada, la verdad es que la conversación me estaba aburriendo y seguía a la defensiva.
- ¿Me darías tu teléfono? – Pregunto de pronto – vamos, para invitarte a salir uno de estos días…eres tan linda, eres súper linda… - replico con entusiasmo.
- Ahhh…- respondí desconfiada, riéndome de su atrevimiento y de su fugaz declaración – no le doy mi teléfono a desconocidos – respondí.
- ¿Por que siempre las mujeres no creen cuando les dices que son bonitas?...eres linda…vamos…
Entonces saco su billetera y me mostró su cedula de identidad, como si con eso pensara que me iba a convencer de su honestidad.
Era menor que yo en varios años y no niego que mi perversa y bizarra tendencia a los chicos menores se encendió de pronto en mi interior pero lo rechace.
En ese instante pensé en el por que lo rechazaba, supuse que al verlo así medio borracho, era un tomador empedernido por lo que eso para mi ya era mala señal de cualquier cosa, asumiendo además que solo se había acercado por el valor que le daba el alcohol.
Al ver mi persistente rechazo insistía cada vez con menos fuerza.
- Pucha, ¿por qué? dame tu teléfono, por favor, no seas mala… - yo me sonreía algo incomoda ante su insistencia – pucha, que pena…¿pero siempre vienes a esta iglesia?
- Si, a veces…
- Vamos…
- No…
- Bueno… - por fin se dio por vencido.
Se fue finalmente lamentándose y de pronto todos mis pensamientos se fueron hacia ese desconocido pensando que quizás estaba dejando ir al amor de mi vida…
Era un día antes de la navidad, víspera y pensé ridículamente que quizás ahí estaba mi regalito ansiosamente esperado…pero lo deje ir…
Al salir de la iglesia no niego, que un leve arrepentimiento se vino sobre mi, quizás fui demasiado estricta, quizás fui una tonta desconfiada, quizás perdí mi gran oportunidad de encontrar un gran amor…
Quizás era la receta para olvidar a alguien más…pero lo deje ir…
Y fue increíble, porque en unos cuantos segundos me pase una película de dos años imaginándome que hubiese pasado si aceptaba salir con él.
Era soltero, estaba más o menos bueno, era algunos añitos menor que yo, y no era un pesado.
Solo pensé que era un borracho y detesto a los borrachos.
Pensé que quizás hubiésemos sido pololos, quizás sería importante pero lo deje ir, como quien rechaza un regalo de navidad con defectos.
Quizás era la señal de kami-sama que siempre estuve esperando y que no reconocí…
Aunque también cabía la posibilidad que solo buscara una aventura, pero bueno eso no lo sabré jamás.
Y quizás fue todo esto, por mis ancestrales temores, mis ancestrales estupideces, porque finalmente ni siquiera le di la oportunidad de nada, sólo lo despache…
Y quizás…
Pero ahora todos estos pensamientos y divagaciones son solo eso, posibilidades que no fueron…
Me pregunto ¿qué habría pasado si hubiese aceptado?
¿Habría variado mi cuento con el papanatas de haber existido otra persona en el camino?
Posiblemente si, pues apareció en un momento en el que todavía me resistía a las intensiones de mi papantas, porque justamente en esos días se desapareció un mes completo y no supe más de él…
Bueno, he ahí el cuento, el libre albedrío, tome mi opción que fue rechazar y con ello las miles de posibilidades tanto buenas o malas de un futuro.
Sin duda, ese pequeño acontecimiento de haberlo tomado, cuan ley del caos, hubiese cambiado mi presente, cuan efecto mariposa todos los acontecimientos hasta hoy hubiesen variado.
No sé si para bien o para mal, pero cambiado sin dudar.
Ahora lo recuerdo por la cercanía de la navidad, y por la curiosidad malsana de saber que me habría deparado el futuro en esas circunstancias.
Es gracioso, a pesar de todo no estoy arrepentida de mis decisiones pero si de no haberme soltado un poco ese día…solo para probar.
Además, el chico no estaba nada de mal…
Pero bueno, entramos entonces en el terreno de las suposiciones, de las especulaciones y las múltiples posibilidades "de lo que pudo haber sido" que a cualquiera pueden volver loco.
Incluso a mí, una bizarra escritora amateurs en busca de sentido.
El que sea.
Recuerdo que recientemente había entrado a trabajar al lugar en el que estoy ahora, andaba bastante triste porque perdí durante ese mes el contacto vía MSN con mi papanatas (bueno después sabría las razones).
Era víspera de navidad y me fui a dar una vuelta al centro ya que habíamos salido temprano, para variar sola, mientras caminaba por las atestadas calles llenas de locos compradores compulsivos de regalos navideños.
Decidí entrar a la catedral de la ciudad a tranquilizar un poco mi espíritu inquieto además de visitar a cierto personaje al que le tengo mucha fe y que quizás en algún post mencionaré.
Pensando si aquella pequeña, naciente e inverosímil historia del papanatas era cierta o no, me senté en uno de los bancos de la iglesia mientras miraba el memorial que recuerda a ese personaje…pidiéndole que me diera una respuesta.
Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no me percate cuando en un momento alguien se sentó a mi lado y se me quedo mirando fijamente, no le tome atención y seguí reconcentrada en mis pensamientos.
Y de pronto me hablo.
- Hola… -
Lo quede mirando con cara de pocos amigos y lo salude con un austero “hola” de ultratumba mirándolo de frente para saber quien tenia la osadía de hablarme con mi cara de pesada.
Era un joven, era bastante guapo, tenia el cabello castaño claro y ojos color miel además de una linda sonrisa.
- ¿Siempre vienes a esta iglesia? – me pregunto de pronto.
- Si a veces, es que es tranquilito para la locura que hay afuera…
- Si… - respondió él.
Mientras hablaba esas cortas palabras, me percate que estaba algo bebido, porque se sentía a su alrededor el olor a alcohol.
No pensé que fuera tan grave por las fechas, pues es clásico que para navidad y año nuevo las empresas realizan fiestas para celebrarlas.
Pero no sé por qué, el hecho de que estuviera en ese estado me puso a la defensiva de inmediato a pesar de que cada vez que lo miraba, me daba cuenta de lo lindo que era.
El se dio cuenta de mi rechazo mientras seguía buscando conversación.
- ¿Y que haces? –
- Soy b… - me reservaré la profesión para que no hayan prejuicios.
- Ah yo trabajo en una empresa de archivistica… -
- Ahh… - conteste yo desganada, la verdad es que la conversación me estaba aburriendo y seguía a la defensiva.
- ¿Me darías tu teléfono? – Pregunto de pronto – vamos, para invitarte a salir uno de estos días…eres tan linda, eres súper linda… - replico con entusiasmo.
- Ahhh…- respondí desconfiada, riéndome de su atrevimiento y de su fugaz declaración – no le doy mi teléfono a desconocidos – respondí.
- ¿Por que siempre las mujeres no creen cuando les dices que son bonitas?...eres linda…vamos…
Entonces saco su billetera y me mostró su cedula de identidad, como si con eso pensara que me iba a convencer de su honestidad.
Era menor que yo en varios años y no niego que mi perversa y bizarra tendencia a los chicos menores se encendió de pronto en mi interior pero lo rechace.
En ese instante pensé en el por que lo rechazaba, supuse que al verlo así medio borracho, era un tomador empedernido por lo que eso para mi ya era mala señal de cualquier cosa, asumiendo además que solo se había acercado por el valor que le daba el alcohol.
Al ver mi persistente rechazo insistía cada vez con menos fuerza.
- Pucha, ¿por qué? dame tu teléfono, por favor, no seas mala… - yo me sonreía algo incomoda ante su insistencia – pucha, que pena…¿pero siempre vienes a esta iglesia?
- Si, a veces…
- Vamos…
- No…
- Bueno… - por fin se dio por vencido.
Se fue finalmente lamentándose y de pronto todos mis pensamientos se fueron hacia ese desconocido pensando que quizás estaba dejando ir al amor de mi vida…
Era un día antes de la navidad, víspera y pensé ridículamente que quizás ahí estaba mi regalito ansiosamente esperado…pero lo deje ir…
Al salir de la iglesia no niego, que un leve arrepentimiento se vino sobre mi, quizás fui demasiado estricta, quizás fui una tonta desconfiada, quizás perdí mi gran oportunidad de encontrar un gran amor…
Quizás era la receta para olvidar a alguien más…pero lo deje ir…
Y fue increíble, porque en unos cuantos segundos me pase una película de dos años imaginándome que hubiese pasado si aceptaba salir con él.
Era soltero, estaba más o menos bueno, era algunos añitos menor que yo, y no era un pesado.
Solo pensé que era un borracho y detesto a los borrachos.
Pensé que quizás hubiésemos sido pololos, quizás sería importante pero lo deje ir, como quien rechaza un regalo de navidad con defectos.
Quizás era la señal de kami-sama que siempre estuve esperando y que no reconocí…
Aunque también cabía la posibilidad que solo buscara una aventura, pero bueno eso no lo sabré jamás.
Y quizás fue todo esto, por mis ancestrales temores, mis ancestrales estupideces, porque finalmente ni siquiera le di la oportunidad de nada, sólo lo despache…
Y quizás…
Pero ahora todos estos pensamientos y divagaciones son solo eso, posibilidades que no fueron…
Me pregunto ¿qué habría pasado si hubiese aceptado?
¿Habría variado mi cuento con el papanatas de haber existido otra persona en el camino?
Posiblemente si, pues apareció en un momento en el que todavía me resistía a las intensiones de mi papantas, porque justamente en esos días se desapareció un mes completo y no supe más de él…
Bueno, he ahí el cuento, el libre albedrío, tome mi opción que fue rechazar y con ello las miles de posibilidades tanto buenas o malas de un futuro.
Sin duda, ese pequeño acontecimiento de haberlo tomado, cuan ley del caos, hubiese cambiado mi presente, cuan efecto mariposa todos los acontecimientos hasta hoy hubiesen variado.
No sé si para bien o para mal, pero cambiado sin dudar.
Ahora lo recuerdo por la cercanía de la navidad, y por la curiosidad malsana de saber que me habría deparado el futuro en esas circunstancias.
Es gracioso, a pesar de todo no estoy arrepentida de mis decisiones pero si de no haberme soltado un poco ese día…solo para probar.
Además, el chico no estaba nada de mal…
Pero bueno, entramos entonces en el terreno de las suposiciones, de las especulaciones y las múltiples posibilidades "de lo que pudo haber sido" que a cualquiera pueden volver loco.
Incluso a mí, una bizarra escritora amateurs en busca de sentido.
El que sea.