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Diario de vida de una escritora
A escribir, a escribir...relatar experiencias y deseos.... Viviendo en el desconcierto...
Acerca de
Una escritora es lo que quiero ser algún día, para expresar todo, tristezas y alegrías, lo imposible como lo posible, creando mundos eternos...

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Sindicación
 
Fantasy Love
Hoy iba hacia mi trabajo.

En mi largo recorrido de una hora, de interminable y aburrido viaje en bus, de pronto me vi mirando a un lindo chico.

Tenia el rostro pálido, cabello largo y arreglado desordenadamente, labios bien formados, frente amplia y alto, usaba lentes de sol, lo que le hacia ver bastante bien.

Exquisito.

No deje de mirarlo por un largo rato, además como yo también iba de lentes, podía mirarlo sin que el chico sospechara que lo observaba.

Me dio la impresión de cualquier manera que igual se dio cuenta, porque a cada instante miraba hacia donde yo estaba con curiosidad.

Iba concentrada en mis pensamientos viéndolo con atención, cuando me percate el por qué me resultaba tan atractivo.

A parte de tener una linda carita de niñito, se parecía a alguien.

Si, se parecía a mi nunca bien ponderado “Noodle”.

Y Noodle también se parecía a alguien más, a mi nunca olvidado y siempre bien amado Rodriguito.

El perfil que me persigue, mi estereotipo.

Y se me vinieron a la cabeza los mil recuerdos de aquel amor platónico que me tuvo babosa por cerca de un año.

Una vez, en este mismo blog relate algo de este chico, pero ahora contaré lo que sucedió.

La primera vez que lo vi, yo me encontraba en uno de los puentes (pasillo que cruzaba el hall principal y daba una estupenda vista a todo el lugar) de la facultad de mi universidad, eran aquellos días de septiembre, previos a las festividades diciocheras, y la universidad había organizado un pequeño show de huasos y baile.

Estaba observando entretenida a los huasos con sus ricos pantalocitos apretaditos que les hacen ver su bien formado culito, junto a mi ex amiga Pamela cuando miro hacia uno de los costados.

Y ahí estaba, mirando con despreocupación el show, con su carita de niño y su lindo pelo largo que le daba un toque más de inocencia y belleza.

Parecía un personaje de anime (Como en la foto pero real).


Le hice el comentario a mi amiga, que de inmediato lo miro y se sonrió con malicia, diciendo que se parecía mucho a “Noodle”, uno de los integrantes de la conocida banda virtual Gorilaz, pero no por la cara de mono, si no porque tenía rostro de japonés, parecía un lindo japonesito con su cabellera larga y sus ojitos rasgados.


Por eso desde aquel instante el chico paso a denominarse así, a falta del nombre real.

Tiene que haber sido un alumno nuevo, y como en todo amor platónico, empecé a buscarlo cada vez que llegaba a la universidad.

Siempre daba la pequeña mirada para ver si podía encontrármelo en la biblioteca, en el casino, por los pasillos, donde fuera.

Por un tiempo, me lo encontré muy seguido y mi “inocente” amor por él fue creciendo a medida que aumentaban los encuentros.

Ansiosa de saber cualquier dato, empezamos a averiguar con Pamela o intentar averiguar, a que carrera pertenecía.

Y lo conseguimos.

Estudiaba Agronomía.

Ahora necesitábamos saber el nombre y la edad, pero yo no me atrevía a acercármele y no podía pedirles ese favor a mis “amigas” así que simplemente cada vez que lo veíamos, tratábamos de escuchar alguna conversación que nos diera una pista.

Hubieron días en que lo vi muchas veces, y mi cara cambiaba totalmente al coincidir, me emocionaba, me reía sola, me ponía roja como tomate de vergüenza cuando mis amigas se burlaban de mi, pero lo que sobrepaso todo, fue un día en el que me dio un ataque de risa en su presencia o cerca por lo menos.

Estábamos tomando desayuno en el casino, cuando de repente vimos que llegaba y se sentaba frente a nuestro grupo, con sus amigos, yo estaba en las nubes y emocionada, simplemente y sin pudor lo miraba una y otra vez, y él lo percató.

Eso me puso más nerviosa aún y de pronto simplemente, no pude dejar de reírme –risa nerviosa -, me trapique con el pan y el café que bebía y me faltaba el aire de la pura impresión.

Fue muy gracioso

Las chicas, me miraban sorprendidas, veían lo que el chico provocaba en mi, era una pasión inmensa, deseos de formar parte de su vida, de conocerlo, de tocarlo, de amarlo porque él era maravilloso, idealizadamente maravilloso.

Y desde ese día, estoy segura que él se dio perfecta cuenta de mi admiración, porque cuando lo veía no podía sacarle los ojos de encima, a esas alturas era ya osada por lo menos en eso, aunque seguía sin atreverme a hablarle.

Mientras comía, en otra ocasión, lo vi entrar al casino, él me miro y yo lo mire directo a los ojos, no le quite la mirada de encima y él levemente se sonrió y siguió su camino.

Ahí mis dudas se hicieron certeza, él lo sabía.

Lo mío a esas alturas, ya era enamoramiento, solo quería verlo, sólo quería conocerlo.

Y el valor necesario me lo dio la idea de que ya terminaba el semestre y mis clases se terminarían para siempre, o por lo menos ya no iría tan seguido a la universidad por lo que era probable que no tuviera más oportunidades de apreciarlo.

Tenia que decírselo aunque a él no le importara, tenia que hablarle – pensé.

Se convirtió en un desafío y desde aquel día empecé a buscar la oportunidad de encontrármelo solito.

Ya no aguantaba más, tenía que decírselo.

Por las noches, ensayaba las palabras, como lo abordaría, que le diría y estaba tan decidida que pensaba que aunque no significara nada para él, para mi sería un triunfo, solo por el hecho de haberme atrevido a hablarle.

Me iba a acercar y simplemente le iba a decir:

- “Me gustas mucho”.

En esos últimos días, ya sospechábamos un supuesto nombre que según Pamela había escuchado de uno de sus amigos.

En teoría se llamaba Cristian.

Y en una ocasión ya lo habíamos visto de la mano con una chica, por lo que ya tenia novia y se había cortado su lindo pelito.

Y un día de invierno, mientras estaba en el mismo puente en el que lo supe de su existencia por primera vez, lo vi salir de la facultad.

Llovía copiosamente, y solo iba acompañado de un amigo.

Esta es mi oportunidad, me dije de inmediato.

Tome el paraguas y corrí bajando las escaleras desde el tercer piso de la universidad velozmente tras ellos, mi idea era alcanzarlo en el momento que se separara de su amigo al tomar el bus o el metro.

Así que me fui tras él y lo alcance y me mantuve a cierta distancia observando lo que acontecía.

El corazón me latía a mil por hora, pero estaba decidida.

Solo rogaba que su maldito amigo lo dejara solo un instante, un segundo eterno.

Me sentí como toda una chica del anime, pasando aventuras y hasta escuchando una banda sonora de fondo.

La lluvia no hacia otra cosa que darle más magia al asunto.

- Por favor, por favor…déjalo solo – me repetía y rogaba insistentemente mientras le pedía a Kami-Sama su intervención.

Pero su amigo no se separo de él nunca.

Ambos se fueron en metro y mi oportunidad se diluyo como el agua que caía furiosa en aquel día.

Fue frustrante.

Y nunca jamás lo volví a ver.

La música se convirtió en una banda sonora de tristeza.

Termine mis clases y nunca coincidí con él.

Y hoy lo recordé al ver a este chico del bus, se parecía mucho y me transporto con imágenes y sensaciones a aquellos bellos días de ilusión.

Extrañe esas sensaciones, esa plenitud del amor inocente, el latir del corazón apresurado, las maripositas en el estomago con solo verlo a lo lejos, al soñar un hermoso cuento de hadas donde él era mi príncipe…

Y parecía un príncipe.


Era bello.

Inclusive ahora, en muchas ocasiones, miro al cielo anhelando verlo una vez más…a veces creo que si camino por el centro de mi ciudad, un día por casualidad me lo encontraré por ahí, y esas emociones vuelven, se mezclan y el deseo de poder verlo me estremece.

Como para que reviva mi corazón agónico.

Para que llene mi alma de ilusiones una vez más.

Para volver a creer y querer creer.

Aquel chico del que nunca supe el nombre, aquel chico que me lleno de ilusión aunque nunca intercambie una palabra con él, aquel chico con el que soñé muchas noches.

Aquel chico que amé con una pasión ingenua, con un amor dulcemente doloroso.

Porque así es.

Mi amor distante por él fue un dulce dolor que encantada volvería a degustar.

¿Dónde estarás ahora?

Como diría Candy:

“Mientras estemos vivos siempre podremos volver a encontrarnos”.

Esa es mi esperanza.

Esta ciudad no es tan grande, y me gustaría vivir esa coincidencia, aunque fuera unos segundos.

Porque solo con eso, se que volvería a nacer.

Renacería.
No