Robinho da una alegría al madridismo
El árbitro pita el final de la primera parte y los aficionados congregados en el estadio Santiago Bernabéu comienzan a silbar, e incluso a sacar algunos pañuelos blancos. Habían aguantado otro partido aburrido del Real Madrid, que no era capaz de ganar al penúltimo de la Liga, y además sólo había tirado una sola vez a puerta. En ese momento, Capello se acordó de Robinho, y el brasileño se convirtió en el mejor jugador del partido, cambiando los pitos por aplausos. No llegó el nuevo estilo del Madrid, pero al menos se ganó. Seguimos estando a cinco puntos del líder.
Como todos los equipos modestos que llegan al Bernabéu, el Nástic tenía claro que no debía dar el partido por perdido ni mucho menos. El Madrid se había conjurado para apelar a un nuevo estilo y luchar por la Liga, con el ansiado apoyo de su afición. Muchos mensajes en la publicidad, muchas pancartas, pero a la hora de la verdad volvimos a ver a un Madrid ramplón, que no juega a nada y que sigue sumido en la propia incertidumbre de si la Liga es posible. Sumando puntos se puede soñar, y de momento caminan de rodillas por este sendero.
El partido se le puso de cara muy pronto al Madrid, con la expulsión de César Navas a los cinco minutos del pitido inicial. Derribó a Van Nistelrooy dentro del área grande y el árbitro expulsó al central, pero sacó el penalti fuera del área. A los pocos segundos Raúl conectó un remate de cabeza que sacó Bizarri con una gran parada. Ahí se acabó el peligro ofensivo del Madrid en la primera parte. A partir de este momento, el equipo visitante se hizo con el control del balón y consiguió que los aficionados que le acompañaron en este desplazamiento corearan con 'olés' cada pase de los hombres de Paco Flores. Cada acercamiento del Nástic provocaba que un 'run-run' se apoderara de la grada madridista. Al final de la primera parte no aguantó más, y los jugadores recibieron una sonada pitada.
En el descanso Capello dio entrada a Robinho por Cassano. El italiano, que no entraba en casi ninguna quiniela para ser titular, se fue del campo con más pena que gloria. Ésta última estaba ayer destinada a ser alcanzada por el '10' del Madrid.
La entrada del brasileño, Raúl jugando en su posición natural de segundo punta y un Nástic que acusó el derroche físico de la primera parte hacían evidente que el gol madridista era cuestión de tiempo. Dos combinaciones entre Raúl y Robinho siriveron como precedente al primer gol: el capitán cedió el balón para Van Nistelrooy, quien convirtió un mal disparo en un gran pase para Robinho, que marcó a puerta vacía. Era el minuto 55 de partido y el público pudo sacar a relucir por fin su repertorio de palmas.
El gol dio confianza a Robinho, que ayer estaba especialmente enchufado. Parece que ya ha pasado la resaca que sembraron los rumores sobre sus juergas nocturnas, en las que se excedía con el alcohol. Ha vuelto a reencontrarse con su fútbol. Además, el mal juego que practica el Madrid hace que cualquier detalle de calidad de Robinho parezca más de lo que en realidad es. Pero ayer lo hizo muy bien. Mandó un 'cañonazo' al palo y llevó peligro. Aunque luego Van Nistelrooy e Higuaín desperdiciaran todos los balones que llegaban hasta sus botas. Estuvieron muy fallones, y esta falta de gol es alarmante.
El gol de la tranquilidad llegó a falta de nueve minutos para el final, cuando un gran pase de Robinho por encima de la defensa permitió sacar un centro a Míchel Salgado, que remató Raúl y David García acabó de introducir en su propia portería. Raúl demostró que sólo puede llevar algo de peligro jugando en la delantera; si en el Madrid es Raúl quien debe hacer la transición del balón y quien debe dar el primer pase, algo falla. Y la verdad es que no puede funcionar muy bien un equipo que utiliza tres segundas puntas para jugar como centrocampistas, dos de ellos en las bandas. Pero es lo que hay, y con este equipo el Madrid ya se ha situado tercero.
El apoyo que pide el club por parte de la afición es frágil y puede volverse en su contra en cualquier momento como un boomerang. Para que esto no suceda el Madrid debe salir a por el partido desde el primer minuto. Sólo así se consigue que el públcido se enchufe y se una con el equipo. Al Madrid le quedan seis partidos en casa y cinco partidos fuera. Si quiere ser campeón de Liga debe volver a hacer del Bernabéu un fortín y asegurar los 18 puntos de casa. Es la única manera de dar una alegría a la parroquia madridista y que se haga realidad el milagro de alcanzar a Barça y Sevilla.
Como todos los equipos modestos que llegan al Bernabéu, el Nástic tenía claro que no debía dar el partido por perdido ni mucho menos. El Madrid se había conjurado para apelar a un nuevo estilo y luchar por la Liga, con el ansiado apoyo de su afición. Muchos mensajes en la publicidad, muchas pancartas, pero a la hora de la verdad volvimos a ver a un Madrid ramplón, que no juega a nada y que sigue sumido en la propia incertidumbre de si la Liga es posible. Sumando puntos se puede soñar, y de momento caminan de rodillas por este sendero.
El partido se le puso de cara muy pronto al Madrid, con la expulsión de César Navas a los cinco minutos del pitido inicial. Derribó a Van Nistelrooy dentro del área grande y el árbitro expulsó al central, pero sacó el penalti fuera del área. A los pocos segundos Raúl conectó un remate de cabeza que sacó Bizarri con una gran parada. Ahí se acabó el peligro ofensivo del Madrid en la primera parte. A partir de este momento, el equipo visitante se hizo con el control del balón y consiguió que los aficionados que le acompañaron en este desplazamiento corearan con 'olés' cada pase de los hombres de Paco Flores. Cada acercamiento del Nástic provocaba que un 'run-run' se apoderara de la grada madridista. Al final de la primera parte no aguantó más, y los jugadores recibieron una sonada pitada.
En el descanso Capello dio entrada a Robinho por Cassano. El italiano, que no entraba en casi ninguna quiniela para ser titular, se fue del campo con más pena que gloria. Ésta última estaba ayer destinada a ser alcanzada por el '10' del Madrid.
La entrada del brasileño, Raúl jugando en su posición natural de segundo punta y un Nástic que acusó el derroche físico de la primera parte hacían evidente que el gol madridista era cuestión de tiempo. Dos combinaciones entre Raúl y Robinho siriveron como precedente al primer gol: el capitán cedió el balón para Van Nistelrooy, quien convirtió un mal disparo en un gran pase para Robinho, que marcó a puerta vacía. Era el minuto 55 de partido y el público pudo sacar a relucir por fin su repertorio de palmas.El gol dio confianza a Robinho, que ayer estaba especialmente enchufado. Parece que ya ha pasado la resaca que sembraron los rumores sobre sus juergas nocturnas, en las que se excedía con el alcohol. Ha vuelto a reencontrarse con su fútbol. Además, el mal juego que practica el Madrid hace que cualquier detalle de calidad de Robinho parezca más de lo que en realidad es. Pero ayer lo hizo muy bien. Mandó un 'cañonazo' al palo y llevó peligro. Aunque luego Van Nistelrooy e Higuaín desperdiciaran todos los balones que llegaban hasta sus botas. Estuvieron muy fallones, y esta falta de gol es alarmante.
El gol de la tranquilidad llegó a falta de nueve minutos para el final, cuando un gran pase de Robinho por encima de la defensa permitió sacar un centro a Míchel Salgado, que remató Raúl y David García acabó de introducir en su propia portería. Raúl demostró que sólo puede llevar algo de peligro jugando en la delantera; si en el Madrid es Raúl quien debe hacer la transición del balón y quien debe dar el primer pase, algo falla. Y la verdad es que no puede funcionar muy bien un equipo que utiliza tres segundas puntas para jugar como centrocampistas, dos de ellos en las bandas. Pero es lo que hay, y con este equipo el Madrid ya se ha situado tercero.
El apoyo que pide el club por parte de la afición es frágil y puede volverse en su contra en cualquier momento como un boomerang. Para que esto no suceda el Madrid debe salir a por el partido desde el primer minuto. Sólo así se consigue que el públcido se enchufe y se una con el equipo. Al Madrid le quedan seis partidos en casa y cinco partidos fuera. Si quiere ser campeón de Liga debe volver a hacer del Bernabéu un fortín y asegurar los 18 puntos de casa. Es la única manera de dar una alegría a la parroquia madridista y que se haga realidad el milagro de alcanzar a Barça y Sevilla.





