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Diario de...pues eso
Bitácora de un peregrino que todavia sigue buscando su Camino.
Sindicación
 
Día 8
Terradillos de los Templarios-Bercianos del Real Camino (Martes, 18 de Noviembre de 2003)


De nuevo nos levantamos un poco tarde, pero la calefacción y las sabanas hacen que no te apetezca mucho desprenderte de los brazos de Morfeo.

Marisa ya esta en la cocina cuando vamos a despedirnos. Nos comemos un poco de fruta y marchamos. Allí dejamos a otra buena persona, me hubiera gustado darle un par de besos y tener alguna foto con ella, pero no me doy cuenta. Un triste apretón de manos y andando.

Salimos del pueblo, hay un grupo de señores preparándose para trabajar en el campo y un anciano con su garrota caminando despacio. “Buenos días” le decimos, “buenos días”, nos contesta. Hace hoy frío, ha helado. Los charcos están congelados, no mucho pero hay hielo.

Me siento bien, estoy contento y se lo digo a Manolo, le digo que tengo una sensación de libertad tremenda. Nos levantamos y nos ponemos a caminar, ¿no es eso un estado libre?, me imagino dentro de unos días cuando esté en el trabajo y esa sensación la haya perdido, ¡qué pena que esto se acabe un día!, voy feliz hoy.

Al principio es camino, después por andadero, pero no recuerdo bien esta etapa, después de ese estado de euforia y con los ánimos templados después de mi charla con Marisa, no recuerdo bien este tramo. Después de Terradillos, los siguientes pueblos son Moratinos y San Nicolás del Real Camino. No recuerdo nada de ellos.

Como tampoco de Sahagun, tomamos como siempre nuestro almuerzo de huevos fritos, pero no sé el sitio ni imagino nada de él. Sé que es el primer pueblo de León, que atrás hemos dejado Palencia, donde he sentido notado una alegría tremenda, donde lo he disfrutado bastante. Preguntare a Manolo si recuerda algo de este lugar.

Hoy hace bastante calor, nos cuesta trabajo ponernos en marcha de nuevo. Caminamos solo con la camiseta, hace bastante bochorno. Sudamos como condenados. Estos llanos son duros. Hay gente que empieza en Roncesvalles y lo dejan en Burgos, luego lo retoman en León o en Ponferrada porque dicen que el llano es monótono y que lo mejor son las zonas de subida. Será monótono, pero es duro.

No hemos cargado con agua y la verdad es que nos hubiese venido muy bien haber traído algo, pero por estos lugares no hay fuentes.

Seguimos por andaderos, antes de Bercianos al lado del camino hay una cruz y una lapida de un alemán que falleció allí, no recuerdo la fecha, otro pobre hombre que lo tuvo que pasar mal.

Entramos en Bercianos, a la entrada hay una fuente, nos la bebemos toda. Venimos con la ropa blanca debido a una especie de tela de araña que sueltan los chopos que hay al lado izquierdo del andadero y debido a la brisa se suelta y se pega en la ropa.

Es un pueblo agrícola, parece ser que hace muchos años muchos habitantes de la zona de El Bierzo vinieron para esta tierra y de ahí el nombre de Bercianos. Las calles son muy anchas, comentamos Manolo y yo que ojalá Navalmoral tuviera alguna calle como las que hay aquí. Una señora esta tomando el sol y paseando y nos indica donde esta el albergue. Es una casona antigua de dos plantas. Esta cerrado, pero oímos una voz y vemos una señora que nos indica que enseguida nos lo abrirá.

La señora se llama Tina y es una buena mujer que se desvive por los peregrinos. El albergue es antiguo, lo están reformando, pero como seguro que son voluntarios, van las obras muy despacio. En la planta baja esta la cocina y un comedor muy espacioso. Arriba los dormitorios, no hay camas son colchonetas en el suelo, este es de madera y asila muy bien el frío. Nos cogemos una habitación para los dos por el tema de ronquidos.

La cocina es maravillosa, tiene una gran cantidad de cacharros, también muchos condimentos y hay incluso patatas, cebollas y ajos. Tina muy amablemente nos trae leche recién ordeñada y ya hervida.

Salimos a dar una vuelta por el pueblo y unas señoras que están tomando el sol nos dicen que hay dos bares en el pueblo, uno de ellos descansa los martes, o sea hoy y la única tienda que hay en el pueblo también cierra los martes por la tarde, o sea hoy. Bien, estamos bien.

Vamos a tomar una cerveza en el bar que queda y la chica que lo atiende nos dice que no nos puede dar nada de comer – nos pone unos cacahuetes – porque no está dado de alta para dar comidas (?) y una vez que le dieron de comer a unos peregrinos un vecino del pueblo los denunció. Son pocos en el pueblo y mal avenidos.

Menos mal que hay algo en la cocina y además tenemos la esperanza en que la dueña de la tienda cuando venga nos venda algo para cenar.

Pino llega, viene cansada pero contenta, nos tenía un poco preocupados, pero ella nos dice que no tenemos porque preocuparnos.

También llega un francés, con cara muy seria y alargada. Manolo se pone a preparar una sopa de fideos con avecrem y huevos. Después Pino y yo vamos a comprar y la hija de la dueña nos abre y compramos verdura y fruta para mañana. Ella hará un sofrito con esas verduras.

La señora Tina nos trae incluso una botella que cosecha su hijo, esta mujer tiene unos detalles que da gusto. Invitamos al francés si quiere cenar y nos dice que no, que él tomara “soupa”. Con esa palabra nos partiremos el culo cada vez que nos acordemos. Arnau también aparece, ya casi había anochecido.

Cenamos de maravilla, con nuestro vino y sentados en la mesa del comedor, el francés se marcha a dormir. Tina entra para saludarnos y desearnos buenas noches, es un sol de persona, vive justo enfrente del albergue y nos dice que si necesitamos algo que no dudemos en pedírselo.

A las diez nos vamos a la cama, ponemos dos colchonetas en el suelo y no nos enteramos, lo que hace el cansancio, dormimos sin parar y solo me levanto para el servicio que le he cogido el tranquillo de las tres de la madrugada y no tengo más remedio que levantarme.

Ya estamos en el páramo leones y aquí estamos dormidos, mi familia cada uno en su cama, os deseo para todos lo mejor para vuestra felicidad y vuestro bienestar.


PD: Pregunté a Manolo días despues sobre Sahagun y me hizo recordar que habia varias vías de tren cerca del pueblo, que comimos cerca de la plaza en un bar muy acogedor con un patio muy bonito para el verano.
 
Día 7
Día 7, Carrión de los Condes-Terradillos de los Templarios (Lunes, 17 de Noviembre de 2005)


Oigo una voz que me dice que ya esta bien por hoy. Es Manolo, son las siete y media, he dormido como un tronco, solo me he despertado a las 3 para ir al servicio – es una lata, tengo que ir todas las noches, debe ser el cambio de aguas – y desde entonces he dormido y no me he enterado. Tomo con Manolo una magdalena y un batido, nos aseamos un poco y salimos adelante.

Hay un bar abierto y Manolo se toma un café, yo no recuerdo si tome algo, pero él si, la leche le hace daño y tampoco puede tomar nada lácteo salvo el queso.

Tenemos una etapa atípica. Hasta Calzadilla de la Cueza no hay nada, solo camino y son más de 17 kilómetros. Pero al ser a primera hora y frescos no creo que sean duros.

Cruzando el pueblo son las ocho y cuarto y veo a chavales con libros que van a clase. Me acuerdo de Ursula y la llamo por teléfono. Imagino que se pondrá contenta porque le digo que me he acordado de ella, va caminando a clase y yo voy caminando a Santiago. La salida del pueblo es bonita, hay un puente muy grande y hay un parador o una hospedería llamada San Zoilo que debe ser de bastante lujo.

Ya estamos en camino, se nos une Nacho un chaval de Madrid, bastante joven pero con el que se puede hablar de muchas cosas. Trabaja en el aeropuerto de Barajas con Prosegur. Casi siempre de noche. Vemos un coche parado y nos dice que es de un grupo de franceses que hacen trozos del Camino y que vuelven con otro coche a recoger el que dejaron atrás, van haciendo relevos. Nos adelantan los ciclistas con los que hemos dormido en Carrión, primero el cordobés, luego la pareja de catalana y extranjero – para mí que ella tiene pinta de dejada, pero de no lavarse – y los cuatro ciclistas que creo que son de Tarragona o Alicante y que uno le da un susto a Manolo porque como aparecen sin hacer ruido. También nos adelantaron los canadienses que creo que durmieron en otro albergue.

Nos hicimos unas fotos y hace poco tiempo que le mande a Nacho las fotos que nos hicimos. No recuerdo en cuanto tiempo hicimos este recorrido, pero imagino que fueron 3 o 4 horas.

Llegamos a Calzadilla de la Cueza, aquí nos despedimos de Nacho, él tiene poco tiempo y quiere terminar hoy en Sahagun, el miércoles tiene que estar en Madrid trabajando.

Vamos al hostal Camino Real, en la puerta saludamos a los ciclistas que se marchan, es un momento muy corto, apenas de diez segundos, pero los deseamos lo mejor en el camino y además de corazón, no se, he recordado tiempo después este momento y ha sido uno de los mejores, gente desconocida y se desean de corazón buena suerte. Están en el hostal los canadienses, tomamos nuestros huevos fritos con chorizo. El camarero tiene puesta una música ratonera discotequera que no gusta nada.

Llega un extranjero con un perro que va de vuelta y se toma un café con leche, también una chica-señora que se pone a leer el periódico, fuma y se toma una cerveza grande.

Nos quedan a Terradillos unos 8 kilómetros. Continuamos el camino, seguimos con la llanura, agradable cuando se hace en buena compañía. Al principio como siempre nos cuesta trabajo ponernos en marcha y volver a seguir el ritmo, pero al final se consigue.

Va haciendo mucho calor, nos quitamos ropa de abrigo y eso que yo por ejemplo llevo una camiseta y el jersey polar que abriga bastante. Comienzo con molestias en las piernas, es que la mochila pesa bastante.

Vamos un poco cansados, vamos hablando del tiempo que estuvo Manolo en Barcelona trabajando y me cuenta la aventura que tuvo con aquellos dos elementos del banco que se rieron del lugar de su nacimiento y que menos mal que estaba el mostrador delante que si no pasa algo más grave. Yo me animo y me pongo a dar gritos diciendo que los tenía que haber calentado, nos reímos un montón y nos da ánimos para seguir y terminar esta etapa.

Llegamos a Terradillos sobre las tres de la tarde, buscamos el albergue y está cerrado. Llamo por teléfono y no contesta nadie, luego me entero que el teléfono está en el albergue y la dueña vive en otro sitio. Preguntamos en varias casas donde podemos encontrar al dueño del albergue y por fin un señor me enseña donde vive.

Llamo a la puerta y me abre una señora que me dice qué quiero pero de forma algo fuerte, yo me quedo parado porque la pinta que llevo no puede ser más explícita y además llevo una concha de peregrino en el pecho. Le digo que queremos pasar la noche en el albergue si puede ser, claro. Ella me dice que esta comiendo y que cuando termine baja y me abre el albergue, yo le digo que no tenemos prisa, que cuando mejor le venga que por nosotros no se preocupe. Aquí su cara ya es distinta, le doy las gracias.

En la puerta me encuentro al amigo Nacho que esta tirado en el suelo de una especie de jardín yo creo que dormido, dice que ha comido un poco y que quiere seguir andando, en cuanto se recupere un poco continuara. Yo le digo que no puedo dar un paso, que nos quedamos aquí a pasar la noche. Nos despedimos y le digo que se cuide.
Al poco rato aparece Marisa Pérez que así se llama la dueña del albergue. Es un albergue privado, no esta nada mal, es grande y tiene bastantes plazas, son camas con sabanas y mantas, de maravilla, vamos a dormir de miedo.

Nos duchamos y lavamos la ropa, aprovechamos también para secarla al sol, hace un viento muy agradable que seguro que secara bien la ropa. También hay calefacción o sea que vamos a estar como reyes. No hay cocina, ella da cenas y comidas, quedamos a las ocho y nos costara 6 euros la cena con pan y vino. Se marcha y dice que abramos la puerta si viene algún peregrino más.

Pino viene un poco más tarde y después Arnau, no les gusta mucho el que no tenga cocina, pero a mí me da igual. Ellos no sé si van un poco con el presupuesto justo, aunque tampoco es mucho gasto cada uno conoce sus medios y sabe hasta donde se puede llegar.
Me gusta Marisa, es una chica emprendedora, debe tener mi edad y sabe comportarse con la gente con mucha educación. Le digo que los otros chicos han quedado en comer uno el primero y el otro el segundo y pagar la mitad. Le parece bien.

Sobre las seis vamos a la parte de cocina-comedor, tomamos una cerveza, me llama Concha y hablamos un rato, sigue sin entender lo que estoy haciendo, si supieras que yo tampoco se la respuesta.
Marisa se sincera con nosotros, le comento lo de mi encuentro con ella y me dice que sí que noto algo de sorpresa por mi parte pero que enseguida vio el tipo de gente que éramos y que podía dejar la casa con total confianza en nuestras manos, cosa que le agradezco enormemente. Marisa me sorprendió enormemente y fue una de las personas más importantes de mi Camino.

El comedor es espacioso, acogedor, con muchas mesas y un mueble con libros sobre el Camino de gente que seguro que ha dejado aquí. Afuera hay un patio que reparte las dependencias del albergue, hay un lavadero y un tendedero. También hay una tienda que utiliza solamente para las personas que se quedan en el albergue. En verano debe ser caótico tanta gente pululando por aquí y además deben darse prisa porque antes de que se marchen los peregrinos ya han parecido otros por la puerta.

En verano no deja dormir a nadie en el jardín, hay enfrente un parque pequeño y allí el que quiera puede dormir, lo dice porque la gente tarda en dormirse y no deja descansar al resto de peregrinos.
Marisa tiene cuatro hijos, la pequeña se llama Ana y es una niña muy guapa pero muy seria, no consigo que me hable ni dos palabras, me mira con recelo y no consigo entablar una pequeña relación con ella.
Más difícil es conseguir hacerle una foto. Cuando me ve con la cámara en alto, ella deja de mirar, me siento detrás de ella y la enfoco con la cámara y ella nada que no vuelve la cara. Cuando lo hace es cuando yo me distraigo un poco, así estamos durante bastante rato y por fin en un descuido de ella consigo hacerle la foto. Me acerco a ella y le doy un beso, ella no pone resistencia y le digo que le escribiré y que se la mandare. Su madre me da la dirección.

Cenamos a la hora convenida. Nos prepara un plato de macarrones que aunque no sean mi especialidad los como, aunque le doy unos cuantos a Arnau que esta esperando el segundo, un plato de carne en salsa con buena pinta y mejor sabor. Si le añadimos vino a todo esto, el final es apoteósico.

Ellos se retiran pronto a dormir y nos quedamos Manolo y yo, también llega el marido de Marisa. Es inteligente esta mujer, conoce a la gente nada más verla y sabe como tratarlos. Nos cuenta detalles de la multitud de gente que ha conocido en el tiempo que lleva con el albergue y sabe como enfocarles y dirigirlos.

A mí me dice que trate de hacer el Camino de la forma más feliz y más provechosa posible, me ve un poco abatido y trata de animarme. Yo creía que llevaba bien el Camino pero parece ser que no, no le estoy dando todo el énfasis que se merece esto, trato de ver que sufro bastante con las etapas, pero ella me ayuda diciéndome que no piense en el sufrimiento, que vea la situación por el lado bueno.
Creo que lo ha conseguido, me encuentro mucho mejor, sabe hablar esta chica, es una preciosidad en todos los aspectos. Estamos muy a gusto con ella pero mañana tenemos que continuar, a las diez nos vamos a la cama. Hace un aire molesto y frío, cogeremos mejor la cama con las mantas y la calefacción.

Me duermo pensando en mi familia, lo bien que estarán en casa y pensando en verlos pronto. Un beso para todos. Para mi padre también, me acuerdo mucho de él. Hasta mañana

 
Día 6
Fromista-Carrión de los Condes (Domingo, 16 de Noviembre de 2003)

Nos levantamos un poco más tarde, pero a las ocho y media ya estamos en ruta. Hemos desayunado nuestra fruta y dejamos atrás Frómista. No llueve, tampoco hace frío.

Charlamos Manolo y yo mucho, siempre en llanos, cuando vienen cuestas se produce siempre un silencio, roto por alguna queja sobre la dichosa cuesta. Hemos congeniado bastante Manolo y yo, aunque creo que hacerlo con él es muy fácil, él es muy buena persona y por tanto la mitad del tramo ya esta realizado.

El camino transcurre por un andadero paralelo a la carretera, esta bastante bien porque tiene a las entradas y salidas mojones para que no puedan entrar tractores ni cualquier otro vehículo y el suelo esta impecable. Se ve que Palencia se interesa por el Camino. La carretera no es muy transitada y además como es domingo tampoco hay mucho tráfico. Lo que sí hay es gente cazando, se oyen disparos no muy lejos. A la salida de Frómista hemos visto a la Guardia Civil, después de casi una semana de Camino es la primera vez que los vemos.

Pino va detrás de nosotros, le digo que si quiere que la esperemos o si quiere ir sola y dice que prefiere ir sola. Yo si fuera solo a lo mejor también quisiera hacerlo así, pero marchando con Manolo lo veo una jilipollez. Debes de comerte mucho el tarro andando solo.

Paramos en Villalcázar de Sirga para tomarnos un refrigerio, lo lógico de este Camino: huevos fritos con sus variedades, chorizo, panceta, patatas, cosas suaves. El bar esta enfrente de la iglesia que desde fuera es una preciosidad. El cantinero es un señor amable que nos deja beber todo el vino que queramos. Así da gusto.

El camino se hace monótono, pero es bonito. Mi bota derecha como siempre me molesta pero creo que es la sensación de que me molesta porque físicamente nada de nada. Yo creo que es obsesión mía.

A la salida estaba sentada Pino no sabemos esperando a quien, pero según supimos más adelante, hace paradas de mucho tiempo. Nosotros paramos pero también lo que queremos es llegar cuanto antes a los sitios, sin correr, pero sin estar mucho tiempo quietos. No sé si será un error o no.

Antes de Villalcázar de Sirga notamos un viento flojo pero un poco molesto. Después de este pueblo ya se hace pesado. El aire azota de lado por la derecha y te hace retenerte por el peso de la mochila haciéndote incluso tambalearte para ir guardando el equilibrio.

La distancia no es mucha unos 20 kilómetros, pero estos últimos se hacen duros. A la entrada de Carrión la Guardia Civil multa a un cazador imaginamos por estar demasiado cerca del pueblo.

El albergue es el de las monjas de Santa Clara que según nos enteramos más tarde lo tienen traspasado a un matrimonio que es bastante especial. Él tiene una forma especial de darte las habitaciones y de cobrarte, siempre lo hace y dice lo mismo, estabamos pendientes cuando llegaba alguien para escucharle.

Llegan bastante gente a este albergue, el viento y la distancia al siguiente pueblo (17 kilómetros) han conseguido que casi este lleno el albergue. Nosotros tenemos una habitación por el cuento de los ronquidos. Hay también bastantes ciclistas, creo que siete, cuatros que vienen juntos, una pareja y un andaluz solo. De peregrinos estamos nosotros dos, Pino, Arnau (chaval mallorquín), Nacho de Madrid y creo que una pareja más extranjera. Me parece que me olvido alguno más, pero ahora no sabría especificar. Como el albergue es una casa con sus habitaciones y sus aseos, tampoco hay un contacto entre los peregrinos muy estrecho.

Después de una ducha rápida y placentera vamos a comer con Pino y Arnau. Ellos miran el menú del peregrino y al final entramos en un sitio muy bonito donde nos preparan unos garbanzos guisados para chuparse los dedos y lomo con patatas.

Manolo les cuenta su vida en el Monasterio de Poyo, vida que ya lo hizo conmigo días atrás. Es una historia apasionante, dura, difícil y al mismo tiempo deseada. Debió de ser una etapa compleja y llena de muchos aspectos que hoy en día deseamos. Tranquilidad, oración, soledad, seguro que marcó para siempre a este hombre. Por supuesto Pino y Arnau se quedan con la boca abierta. Pasamos una sobremesa muy entretenida.

Después de comer salimos a dar una vuelta, pero hace un aire insoportable. Vamos al albergue y yo lavo unas cosas y ordeno un poco la mochila. Después iremos a misa.

La misa es a las siete y media y hace un aire tonto que te deja helado. Estamos sentados a la mitad de los bancos y cuando llega el darse la paz, una señora que esta delante nuestro ni siquiera se molesta en mirar solo su marido se gira y nos ofrece su mano. A lo mejor es que ya olemos mal, porque después de una semana seguro que a rosas no son nuestras fragancias y eso que nos duchamos a diario y la ropa interior también la cambiamos a diario, pero claro algo de tufillo debemos de dar. Seguro que será de estas señoras que se dan golpes en el pecho y dan muchas limosnas a la iglesia, pero mezclarse con gente ambulante y peregrina mejor no.

Vamos a tomar unas cervezas después de la misa. El pueblo es bonito, está en obras un trozo y es bastante trastorno, pero tiene calles bonitas y casa nobles y elegantes. Tomamos una cerveza en un bar que además sirven caldo caliente y sopa de ajo. Los tienen en unas cazuelas de barro grandes y por lo que se ve las pide bastante gente.

Hay una tienda abierta que vende chucherías y además tiene leche, pan y queso. Compramos algo para el desayuno y para Pino que me ha encargado. No son más de las ocho y media y ya el cuerpo empieza a decirte que no le dejes mucho tiempo sin dormir.

Charlo un rato en la cocina del albergue con Nacho de Madrid, con una chica catalana que viaja con un extranjero en bici y con otro ciclista de Córdoba que tiene unas prisas por llegar a Santiago y hace unas etapas maratonianas.

Me reúno con Manolo en la habitación y nos preparamos para descansar. Otro día largo e intenso. Mañana hace una semana que salimos de casa y ya llevamos andados 156 kilómetros, quien lo diría si eso lo hacíamos en meses. A las diez apagamos la luz y no tardamos en dormir. Hasta mañana.
 
Día 5
Hornillos del Camino-Fromista (Sábado, 15 de Noviembre de 2003)


Salimos a las ocho en punto, desayuno la leche que nos trajo Julio por la tarde, Manolo no la toma, le sienta mal.

Esta amaneciendo, el cielo esta nublado pero creemos que no lloverá. Hay una subida asquerosa con un barro pegajoso, no sabes por donde pisar, tienes que ir esquivando y pisando con cuidado porque es muy resbaladizo. Esto no es andar, es no caerte. Con el peso que llevamos, tenemos que ir con mucho cuidado. Gracias al bordón que se clava a veces en el suelo fuertemente y nos protege de estar patas arriba.

Llegamos a Arroyo Sambol, nos queda a la izquierda. Le digo a Manolo si quiere que entremos y dice que mejor seguimos, creemos que esta cerrado. Creo que no hay agua ni luz. La leyenda dice que si te bañas en el agua del manantial que hay llegas sano a Santiago. Nosotros pasamos de largo, no esta el día para baños. ¿Llegaremos a arrepentirnos?.

Dejamos también al lado del camino unas filas de piedras levantadas por los peregrinos, no sabemos con que intención, imagino que para dar muestras de haber pasado por allí.

A los pocos metros comienza a llover, al principio es una lluvia tonta. Manolo enseguida se pone el chubasquero, es como los gatos. Pero como no lo puede hacer solo, me dice que lo busque. No lo encuentro, no doy con la bolsa adecuada, por fin cuando creo que ya esta, cuando Manolo casi se pone histérico saco un paquete, es una torta de higos que desde Navalmoral lo llevamos encima y que no hemos encontrado tiempo ni lugar para comerlo. La bolsa vuela de la rabia que me da y cae en un campo cercano. Por supuesto que algunos días más tarde nos acordaremos de la torta de higos. Yo sigo sin nada. Más adelante, saco mi paraguas, que me molesta una barbaridad, pero hace aire y casi se da la vuelta. Me pongo el chubasquero. Ya no cae agua, se abren los cielos, ¡madre mía, que manera de llover!. El aire hace que a los pocos minutos vayamos chorreando. No nos pusimos las polainas y las piernas las llevamos completamente empapadas.

Ahora se suma el barro, ya es insoportable, no sabes por donde pisar. Nos adelanta un extranjero que ha dormido en Arroyo Sambol, nosotros que pensábamos que estaba cerrado. Una vez hago una cabriola para no caer, Manolo dice que he estado ágil y yo creo que ha sido el peso de la mochila que me ha movido todo. No sabemos que pasa, el extranjero no lleva bordón ni nada y nosotros con el palo y parecemos ciegos.

Hablo con Maribel, le cuento la odisea y me dice que el pantalón seca bien, que no me preocupe. Ya, pero voy empapado. Tenía razón cuando me dijo que habría agua.

Llegamos a Hontanas, el agua cae fuerte, vamos a buscar un lugar donde secarnos un poco. Hay un bar, el de Vitorino, pero esta cerrado, el albergue creemos que también lo está. Al pasar por la iglesia, vemos que en la puerta estaremos por lo menos bajo techo, aunque no mucho. Allí sacamos el bocadillo que Marisol nos hizo la noche de antes y con más pena que gloria nos lo comemos. El pantalón se me seca bastante, pero mi ego está por los suelos. Las primeras lluvias y nos han dejado para el arrastre.

Volvemos a salir, nos ponemos ahora las polainas. Sigue lloviendo. A la salida del pueblo, nos encontramos con un coche parado, el conductor nos saluda y le decimos que vaya día tenemos. Nos pregunta que porque no subimos al coche, nos miramos, nos pilla así de sorpresa y en un momento flojo de moral y le decimos al unísono que sí. Esperamos a que venga un señor y nos llevan a Castrojeriz. Les relatamos nuestra experiencia y nos dice que nos lleva a comprar un traje de agua. Pasamos por las ruinas de San Antón, ¡qué pena, me hacia ilusión pasar debajo del arco!.

En Castrojeriz, nos compramos un traje de agua, pero es muy pesado y les regalamos la parte de arriba y nos quedamos con los pantalones. El conductor nos dice que nos hace otro favor y nos lleva hasta pasar el río Pisuerga, pasado Itero del Castillo. Ya puesto acedemos. Les damos las gracias y les quedamos muy agradecidos.

En Hontanas, está el bar de Vitorino como ya comento con anterioridad que a pesar de tener una mala leche el tal Vitorino con la gente que no se queda en su albergue, bebe el vino dejandolo caer en su frente por el porrón recorriendo su nariz y llegando a la boca. Otro personaje del Camino que nos perdemos, igual que Resti, el hospitalero de Castrojeriz.

Pero lo que son las cosas, días después de terminar el Camino y ya en el trabajo, un compañero se me acerca y me dice que no sabia que íbamos a hacer el Camino y que era de Hontanas. Le cuento la odisea y me dice que al lado del bar de Vitorino vive su madre. El señor que iba al lado del conductor era tío de este compañero, porque salía de una casa impresionante que sé esta haciendo el primo a las afueras. Cuando más tarde habla con su casa o se acerca a ver su madre me confirma que el conductor era Vitorino, el del vino. ¡Qué cosas pasan!, el mundo es un trozo de nada.

Manolo el hombre le parece mal lo que hemos hecho, pero yo creo que no son trampas, son cosas que pasan y ya esta, tampoco es cuestión de hacer esto a menudo, pero hay circunstancias que son inevitables. El caso es que seguimos andando, ya contentos, con la moral de nuevo alta y camino de Itero de la Vega que se ve al fondo.

Allí preguntamos por algún sitio para comer y nos envían a una tienda que hay cerca del refugio. Una chica o señora muy amable nos atiende de maravilla, nos prepara un par de buenos bocadillos. Nos tomamos allí una cerveza y seguimos adelante. Ella se llama Laura y es una preciosidad en todos los aspectos.

Queremos llegar a Frómista que está a unos 14 kilómetros de Itero. Aquí también es camino, pero al no llover se hace muy agradable. Vamos bien de moral, cansados pero muy bien.

Antes de llegar vamos en paralelo al Canal de Castilla que es una obra de ingeniería tremenda para llevar agua a estos pueblos y hacerlo también navegable. Pero que no se usa, solo regadío.

Ya estamos en la provincia de Palencia y ya hemos llegado a Frómista, pueblo interesante, pero como llegamos tarde no hacemos gran cosa. El albergue esta bien, pero el hospitalero un cabrito. No entiendo a la gente como se hace voluntario en un tema este como es el de ayuda a los demás. De acuerdo que la cocina esta cerrada porque se han quejado los hosteleros de la zona que si esta abierta los peregrinos no consumen. Pero tampoco somos tantos. El dormitorio frío y pequeño. Esta el vasco jubilado, Angel de Pontevedra también jubilado, Arnau un mallorquín que anda con sandalias por una tendinitis, los canadienses y nosotros dos, ¡ah! y Pino que ya por fin la hemos conocido. Al comentarle que roncamos, nos saca fuera, hace más frío pero estamos mejor y más tranquilos.

Se me olvidaba decir que en el coche de esta mañana me he dejado los guantes, ya van dos cosas...

Compra del desayuno de mañana y una cervecita en el local de al lado llamado Venta Boffard. Hoy juega España su primer partido para ir al Europeo y Manolo lo quiere ver, pero como el hospitalero es así a las diez cierra la puerta y el que se quede fuera ya no entra. Pues nada, a la cama. Da gusto tumbarse, porque andas con las piernas fatal y con agujetas, pero no hay nada como el descanso, al día siguiente nuevo. Hasta mañana.
 
Día 4
Burgos-Hornillos del Camino (viernes, 14 de Noviembre de 2003)

Nuevo día, hemos dormido de maravilla. El albergue es muy acogedor, con el suelo de madera y la calefacción la noche ha sido una delicia. El día anterior en San Juan de Ortega fue harina de otro costal.

Estamos todos levantados, vemos que está lloviendo. Nos ponemos las polainas. Angel nos ayuda a colocarlas. Nos damos un abrazo de despedida, ojalá tenga suerte y todo le vaya bien. Se lo deseamos de corazón.

Cuando salimos ya no llueve, pero seguimos con las polainas puestas por sí acaso. La salida de Burgos muy cómoda, ayer hicimos la entrada, la travesía y casi la salida, hoy solo la despedida.

Sí, ahora recuerdo, tomamos fruta antes de salir de El Parral, estabamos sentados en la mesa que hay a la entrada, donde el sevillano hospitalero se sienta como un ejecutivo y pone sellos en las credenciales como el que pone marchamos en un banco.

Nos encontramos algo de barro. Pasamos al lado de la vía del tren cerca de Villalvilla de Burgos, no cruzamos el pueblo, lo dejamos a la izquierda. Solo vemos camiones. Preguntamos a unos trabajadores como se llama el pueblo y nos contestan que no lo saben que no son de allí. Bueno, continuamos.

Vemos a lo lejos una autopista, vamos por un campo, cruzamos la carretera por debajo al lado del río Arlanza, continuamos. Llegamos a Tardajos, desayunamos en el primer bar. Hay un chico un poco parsimonioso. Manolo toma tortilla, yo los famosos huevos fritos con chorizo. Vino, descanso y continuamos la marcha. Antes de entrar hemos visto los bordones de los chavales canadienses en la puerta del bar que hay al lado, a la salida continúan allí, lo hacen bien estos chavales.

Manolo se queja de la espalda, aunque no es la palabra exacta quejarse, cuando lo hablamos menciona que debe llevar peso y que los hombros le tiran un poco. Yo voy bien, de vez en cuando me voy colocando la mochila que parece que me tira de la izquierda. La bota derecha parece que me va molestando y tengo que ir corrigiendo muchas veces el paso. Cuando paro a descansar aprovecho para estirar los calcetines porque tengo la sensación que los llevo doblados y siempre los de la bota derecha.

Llegamos a Rabé de las Calzadas, el pueblo sin gente como todos, aparece una maquinaria un poco rara en una calle con un señor a lado indicando al que la maneja. Debe ser algo como para medir o algo parecido. Nosotros nos paramos porque no sabemos que maniobra va hacer, cuando se baja el maquinista, deja la maquina en medio y con el otro pavo se marchan sin decir ni mu, sin decirnos que ya podemos pasar. Me da rabia, me pongo un poco histérico, Manolo intenta tranquilizarme, yo no comprendo porque la gente se fija en los peregrinos como algo banal, algo insignificante. Sin derecho a darle explicaciones de nada. Me tranquilizo, pero me fastidia el que no sepan que debajo de unas ropas sudadas y sucias hay un ser humano tan importante como lo puedan ser ellos. Para calmar la cuestión hay un dicho que dice: “de Rabé a Tardajos no te faltaran trabajos, de Tardajos a Rabé, ¡libéranos domine!.

Justo a la salida del pueblo un matrimonio se para a hablar con nosotros, son también peregrinos y pertenecen a la Asociación del Camino de Santiago. Quieren hacer un refugio donde antiguamente estaba el hospital de peregrinos. Nos desean suerte, Felix y señora, así son ellos.

Nos encontramos a partir de ahora mucho barro, los camino están asquerosamente mal, los tractores se hacen dueños de ellos y esas ruedas y el peso tan tremendo acaban por fastidiarlos. El grupo de peregrinos de la Asociación de Burgos podía hacer algo, aunque contra la tecnología poco hay que hacer. La provincia de Burgos nos da la sensación que vive un poco al margen en algunos aspectos del Camino.

A la derecha del camino vemos que hay una fuente, paramos a descansar, se llama Praotorre y el grifo es de esos de bombeo, se agradece el detalle, pero a la salida de nuevo al camino, el barro sigue presente.

Cerca del siguiente pueblo hay una subida y justo cuando coronas ese alto se divisa Hornillos. Esta imagen ya la había visto en alguna guía. Le hago a Manolo una foto. Ves el trazado del camino y al fondo el pueblo, todavía nos quedan unos siete kilómetros.

Ya estamos en Hornillos del Camino, calle central y casi única, llena de barro, nadie, soledad absoluta. Llegamos a la iglesia y al lado esta el refugio, nos quedaremos aquí a pasar la noche. Esta cerrado, una señora aparece en la acera y preguntamos. El hospitalero es el alcalde, se llama Julio, le llamo a su casa y muy amablemente dice que enseguida va a abrirnos. Hay un bar cerca de la iglesia, esta abierto, pero todo a oscuras. Cerramos de nuevo la puerta.

El tal Julio es un señor mayor que nos dice que el pueblo hay unas 40 personas y todas mayores, que mañana son las fiestas del pueblo. Nos enseña el albergue, no esta mal, aunque no tiene cortinas ni persianas y se ve todo desde fuera, la cocina esta abajo.

Los canadienses los vemos sentados en un banco, dicen que continúan. Julio nos lleva a la casa de la señora del bar para ver si nos puede dar de comer. Ella nos dice que esta liada con una comida que tiene que dar a unas 60 personas mañana y que nos hará el favor de darnos de comer. Es una persona educadisima, muy agradable y como veremos después una cocinera estupenda.

Quedamos para las tres y mientras tanto nos duchamos. Julio nos ha prometido traernos una estufa, porque parece ser que seremos los únicos en el albergue. Después de ducharnos, hablar con la familia, veo una curiosidad que a partir de ahora será muy normal, el cementerio esta al lado de la iglesia y por lo tanto al lado de donde dormimos nosotros. Hay bastantes tumbas, pero no sobresalen del suelo, solo se nota pequeños montículos y cruces y lapidas. Manolo me enseña las piernas y las tiene rojas, lo achaca a las polainas que como no transpiran se concentra mucha humedad en ellas.

Marisol es la señora del bar. Este es pequeño, pero esta muy bien acondicionado. Se nota que le gusta mucho la cocina porque prepara la mesa con cuidado y la presentación de los platos se agradece. Yo tomo unos espárragos blancos y nunca me los había presentado así, con algo de decoración. Hay unos cuadros en la pared y también los ha hecho ella. De segundo tomo unos callos y son la bomba, suaves, tiernos, agradables, una maravilla. Manolo no ha querido castigar el cuerpo y ha tomado algo más ligero pero al ver los callos se le hace la boca agua. La señora confirma que hay una ración más y quedamos en comerla esta noche.

Vemos un detalle que nos entristece. El marido entra y trata a esta señora de una forma asquerosa, la manda a por algo a la calle, pero de forma machista y vejatoria. Manolo y yo casi confirmamos que si no hay malos tratos poco le faltara, ojala nos equivoquemos y fuera el día aquel solamente. El muy cabrito se aprovecha que ella se la ve una bendita y ya se sabe que a los débiles...

Debe de tener unos 45 años y tiene un hijo mayor que está estudiando cocina y que ha venido a ayudarla en la preparación de la fiesta.

Nos marchamos al albergue y pasamos el resto de la tarde. Lo que no recuerdo es si dormimos siesta o no. No lo recuerdo.

Del pueblo poco que ver, damos una vuelta subidos a la acera por el barro de la calle y buscamos una casa que el dintel es un sepulcro visigodo, pero no lo vemos.

Al final terminamos en el bar, que se llama casa Manolo, tomamos unas cervezas y leemos la prensa. Manolo mira y remira el tiempo. Maribel me dice que mañana nos lloverá, ya veremos como afrontamos la etapa.

Volvemos a tomar los callos y de nuevo nos sorprende con un asado de lechazo que esta preparando para la cena de mañana y que está para chuparse. ¡Esta tía cuidado como cocina!. Hablamos también con un cuñado de ella que en nada se parece al marido y con su hijo el cocinero. El chaval es como mi hijo Borja y tiene muchas inquietudes.

De vuelta al albergue nos encontramos la estufa enchufada y leche con cacao en la cocina para mañana. Gracias Julio.

Hoy ha sido un día duro, pero ha terminado bien. El camino tiene esas cosas. Lo peor de todo el barro que te impide disfrutar de la marcha. Lo mejor la amabilidad de las personas en el camino. ¡Qué bueno es encontrase con ellas!.
 
Día 3
San Juan de Ortega-Burgos (Jueves, 13 de Noviembre de 2003)

Nos despertamos, no esta mal la noche, nos acostamos a las diez y nos levantamos a las siete, son nueve horas durmiendo pero agradeces mucho el tiempo que pasas en la cama.

Entre penumbras nos terminamos de lavar un poco – con agua fría por supuesto – y salimos a caminar. No ha amanecido cuando empezamos a andar. Da gusto caminar a esas horas. Tomamos los bocadillos según vamos caminando.

Cruzamos unos campos donde pastan vacas y donde tenemos que abrir y cerrar unas porteras, allí vemos que nos sigue una figura, ¿quién será?.

Llegamos a Ages, vamos por la carretera, pero no tiene apenas trafico. Allí nos adelanta el austríaco que durmió fuera con nosotros en San Juan. Hasta luego, Lucas, nos deja clavados.

Llegamos a Atapuerca, pueblo famoso por sus hallazgos arqueológicos, foto en el cartel indicador. Descansamos en el pueblo y adelantamos al francés que esta tomando un café. Hay una fuerte subida a la salida del pueblo hasta una cruz o algo parecido donde los peregrinos han colocado botas, mensajes, etcétera. El austríaco nos vuelve a alcanzar en la subida y ya si que es el adiós definitivo, vemos como se aleja más y más. Buen camino, peregrino.

Empezamos a escuchar un sonido como de maquinaria perteneciente a una cementera o una gravera. Lo tendremos durante horas.

Según bajamos la parte que hemos ascendido vemos que a la izquierda es una zona militar y al fondo vemos que están haciendo como una carretera o un camino y que según nos vamos acercando nos damos cuenta que tal vez tendremos que ir por esa senda que están haciendo.

Efectivamente, así es. El suelo esta lleno de rodadas de las maquinas, el andar se hace penoso y miras al frente y no tiene fin. Vamos andando en silencio, solo lo rompemos para quejarnos del mal estado del camino. No podemos salirnos del recorrido porque a los lados los campos están labrados y con los tractores actuales y los arados que llevan el campo se hace impracticable.

Cerca de Orbaneja nos adelanta un vasco que hace poco se ha jubilado y que esta haciendo el camino. Para no tener prisa por llegar va el tío que corta el aire. En el pueblo paramos nosotros y él continua.

Hay un bar en Orbaneja Río Pico que esta bajando por una cuesta a la izquierda. Nos atiende una chica sudamericana muy educadamente y con cierto recelo al principio pero que poco a poco vamos congeniando. Nos hace unos huevos fritos – y van... – con panceta y con su vinito correspondiente. Voy un poco escocido y tengo que darme un poco de crema de Halibut, también la bota izquierda me molesta o creo que me molesta porque no tengo rozadura ninguna.

Después de despedirnos de esta señora – que me dijo el nombre, pero que no tome nota de él – seguimos adelante. Nos queda unos trece kilómetros a Burgos.

Al principio es por una carretera local, pero a continuación entramos en la N-1 y comienza la tortura. Recta interminable, acera sin fin, todo línea recta, polígono industrial interminable, no termina, ningún banco donde sentarse. No se cuantos kilómetros, un montón, no llegamos.

Entramos en Burgos, pero no acabamos de aterrizar. El albergue esta a la salida de Burgos y tenemos que recorrerlo entero. Me llama Maribel y me enfado con ella por un malentendido. De nuevo la llamo y nos reconciliamos. Continuamos andando. Me acuerdo mucho de ella, la echo de menos.

Nos vemos reflejados en los escaparates, da miedo, ¡vaya pinta!, no me extraña que la gente hiciera como si huyera de nosotros. De todas formas no hay ninguna frase ni palabras de ánimo. Paramos en un banco, una chica pasa y nos dice: “buen Camino”, gracias guapa, la excepción. Todavía nos queda un largo trecho.

Pasamos por delante de la catedral, no me fijo mucho, Manolo ha vivido aquí. Vamos resoplando, ya son muchos kilómetros sobre asfalto y pican los pies. Elena me llama, cariñosa e inocente como siempre. En ese momento le digo a Manolo si ha vista alguna flecha amarilla y ella pregunta que qué es eso, se lo explico y la contestación de ella: “que guay, yo quiero hacerlo”. Esa frase la recordaremos con cariño durante el viaje. También hablamos con Manolo, Manolin, para ver si por fin hacemos amistad con peregrinas. ¡Qué no Manolo, qué no hay nada que hacer!. El jodio se rie.

¡Por fin el Parral!. El albergue esta dentro de un parque muy bonito. Parece ser que no entramos por el lugar correcto, porque aparece un señor bajito con barba recortada y con sandalias y nos dice que porque hemos entrado por la parte de atrás, le contesto que nos han engañado las flechas y él dice que las flechas están bien puestas que nosotros lo hemos hecho mal. ¡Qué coño dara entra por ahí o por allá!, el dice que si, pero no calla. Es el hospitalero voluntario, de Sevilla, jubilado, setenta y tantos años. No podemos entrar en el dormitorio con botas, a las diez a la cama y no hay cocina. El albergue es de madera y hay calefacción, lavamos la ropa, me llama Gloria mientras tanto y nos marchamos a Burgos a ver la catedral y demás.

La entrada es gratuita para los peregrinos y vemos la tumba de El Cid. Da gusto visitar entre semana estos sitios porque no hay nadie. Después vamos a conocer la famosa morcilla de Burgos.

Burgos es una ciudad bonita, tiene bastante población y la parte del centro esta muy bien cuidada. Hay un paseo con plátanos que en verano dara gusto pasear debajo de ellos.

Volvemos pronto al albergue, hay que descansar. Angel el gaditano ha llegado, se entretuvo en Atapuerca y dice que vio la zona de excavaciones, si lo dice él será verdad. Después cogió un autobús urbano a la entrada de Burgos y se ahorro todo este trayecto. Mientras él cena yo aprovecho para tomar notas del camino. Nos da pena un poco este chico, se pone a llamar a un amigo suyo para ver si le da posada, porque él se queda aquí en Burgos o incluso meterse en un monasterio como novicio para ahorrarse la cama, aunque diga que soy ateo por la gracias de Dios. Nos acordaremos durante el viaje de este pájaro.

Vamos a la cama. El vasco también está y también los chavales canadienses que llegaron un poco después que nosotros. Por cierto les cantan los pinrreles cosa fina, llevan zapatillas en lugar de botas porque uno de ellos tuvo un problema de pies bastante importante antes de Logroño. A las diez estamos ya todos acostados y además el cuerpo te pide cama. Increíble, claro a las seis de la tarde es para nosotros como si fueran ya las ocho o las nueve de la noche. Buenas noches.
 
Día 2
Belorado-San Juan de Ortega (Miércoles, 12 de Noviembre de 2003)

A las siete nos levantamos. Es increíble que desde las diez de la noche estemos durmiendo. Solo un minuto a las tres para cambiar de aguas y seguir planchando. Lo más curioso es levantarte a esas horas y tener que bajar en calzones con el frío que hace, pero así se coge con más gana de nuevo la cama.

Antonio nos informo que debemos darnos vaselina en los dedos de los pies y en las zonas de más contacto con la bota. Así mismo al terminar la jornada y después de la ducha darnos unos masajes de alcohol de romero. Este ritual lo hacemos todos los días.

Todavía es de noche cuando salimos a la calle, aprovecho que Manolo esta dentro preparándose para salir para hacer la primera foto del Camino, es curioso la cantidad de fotos que se podían hacer pero por no sacar la cámara...

Amaneciendo salimos del pueblo, ahora es cuando vemos lo grande que es. Belorado tiene una industria peletera importante.

Nos encontramos con un camino cercano a la carretera. Me gusta el sitio, esta rodeado de arbustos y arboles no muy altos y da un ambiente acogedor, pero la cercanía de la carretera rompe con esa tranquilidad. Los camiones pasan a toda velocidad y ese ruido te fastidia aunque al final te vas acostumbrando. En el camino a medida que vamos atravesándolo comienza a aparecer barro.

Después están los pueblos de Villambistia y Espinosa del Campo, este ultimo pueblo esta después de un pequeño repecho y paramos a descansar al lado de un banco, cerca hay un bar pero ni siquiera vemos si esta abierto o cerrado.

De repente aparecen dos caminantes con dos mochilas de juguete y a un paso rapidisimo, cuando reanudamos la marcha ya no hay rastro de ellos. Este pueblo esta casi abandonado, hay una gran cantidad de casas en estado de ruina y da la casualidad que ha dado muchos siervos a la Iglesia.

Seguimos hasta Villafranca, antes al bajar un pequeño repecho antes de volver a la carretera hay unas pequeñas ruinas que pertenecían al Monasterio de San Felices donde estaban los restos del fundador de Burgos Diego Porcelos. En es lugar suena el teléfono y es mi hermano Jesús que el hombre parece que esta disfrutando más que yo de este viaje.

Llegamos a la carretera y vamos un trozo andando por el arcén. Durante ese pequeño trayecto un camionero nos saluda como dándonos ánimos. Se agradece porque con la cantidad de coches que nos cruzamos parecemos o invisibles o si nos ven nos ignoran totalmente.

Villafranca Montes de Oca no es muy grande, que tiene albergue y mucha historia. Era la sede episcopal en el siglo XI. El albergue que existía en el medievo dicen las guías que se trataba y cuidaba muy bien al peregrino. Nosotros estamos llegando a un lugar donde hay un hostal, El Pájaro y allí nos metemos. Es un lugar de concentración de camioneros y vamos dispuestos a comer lo que buenamente podamos. Un par de huevos fritos con chorizo y una buena copa de vino y cerveza es el menú. Siendo las once de la mañana y después de andar por esos caminos desde bien temprano no tardan en pasar a buen recaudo.

La subida que nos espera hay que tomarla en serio y es necesario repostar. El dueño del hostal nos informa de los kilómetros que hay y que a mitad de trayecto a San Juan de Ortega hay una fuente.

Salimos del hostal y justo antes de que se acabe el pueblo comienza un repecho bestial, ¡qué barbaridad!, ¡que manera de hacer caminos!. El camino esta bien señalizado y muchas veces a pesar de no haber flechas alguien ha manchado con pintura amarilla alguna piedra y todo solucionado. Lo que digo, algo bestial, cargados de nuestras mochilas tenemos que parar de vez en cuando. Pero los ánimos están a tope y a pesar de ser duro se hace con ánimos, alegría y buenos humos aunque no puedas en muchos momentos ni decir palabra.

Estamos ascendiendo los montes de Oca, montes que en la Edad Media temían los peregrinos como los gatos el agua por los asaltos y los crímenes que se cometían contra el peregrino para asaltarles y robarles. Hoy en día son mucho menos emocionantes y peligrosos pero si te paras a pensar los sufrimientos que habrán visto estos bosques y parajes, te estremeces.

Encontramos la fuente que el dueño del hostal nos ha indicado llamada de Mojapán. No esta seca, nos reponemos de agua y después de un leve descanso continuamos.

El camino se va allanando, van apareciendo pistas forestales anchas. A la altura que estamos hay una niebla que no nos abandona.

Llegamos a un monumento sobre caídos en la guerra civil y más tarde al Alto de Pedraja. Saludamos a dos ciclistas que han subido por la carretera porque por el camino seria imposible. La pista continua, robles y más adelante pinos. Nos llama Elena, me dice que hoy estoy más contento. Me pregunta por los lugares que hemos pasado, cuanto tiempo llevamos andando, cuantos kilómetros nos faltan...yo no me canso de hablar, me gusta que la gente disfrute con lo que nosotros estamos disfrutando y Elena lo esta haciendo. Ojalá pueda hacerlo algún día.

El camino se hace interminable, no acaba de aparecer el famoso monasterio.

A las tres llegamos por fin. El lugar parece un poco raro. Hay una gran cantidad de niños de una excursión que nos miran con alegría y con rareza. Más tarde nos informamos que han venido andando desde Villafranca.

Nos instalamos en el albergue, es grande y muy frío, no hay calefacción. En las duchas no hay agua caliente. Bien, pero ya sabemos, el turista exige y el peregrino agradece. Conocemos a un gaditano de Ubrique que parece que le sobra un poco de jeta.

También hay dos chicos y una chica alemanes todos ellos, los canadienses que han dormido en el albergue privado de Belorado y un japonés que va de vuelta. Llegó a Santiago y ahora va hacia el País Vasco. Muy simpático el hombre, educado y que habla muy bien castellano. Le doy mi dirección y más adelante me mandara unas fotos.

Comemos en el bar de Marcela, señora conocidisima en los ambientes del Camino. Filetes de lomo, ensalada, chorizo frito. Buenisimo. Allí se presenta el gaditano con dos maestras y el tío cara les saca un vino. Después de marcharse y despedirse de ellas, se sienta con nosotros y como ve que Manolo no se ha comido el chorizo saca su navaja y empieza a comérselo. Nos quedamos sin decir nada y pensando que así es el Camino. Angel, que así se llama el amigo, hizo el camino en el 98 o 99 desde Burgos y quiere hacerlo hasta allí. Salió desde Somport llego a Puente la Reina tomo un autobús hasta Roncesvalles y así es como llego hasta San Juan de Ortega. Estuvo la noche anterior a nosotros en Belorado en la famosa noche de las patatas con costillas y con Pino. Nos dice que ella ha dormido en Villafranca y que iba para Burgos.

Volvemos al albergue dispuestos a darle a la siesta y viendo que somos muchos y que podemos molestar porque somos los dos buenos roncadores, salimos a la habitación que hay anterior y que parece más fría, pero por lo menos estamos más agusto. Aparece un austríaco que lo único que hace es saludarnos y acostarse.

San Juan de Ortega es un monasterio que desde la desamortización de Mendizabal no existen monjes. Parece ser que hay zonas que está casi en ruinas. Hay un capitel con la Anunciación tallada que en cada equinoccio a las cinco de la tarde la luz entra por una ventana e ilumina dicho capitel. Durante el invierno hay cinco o seis familias viviendo en el pueblo. Nosotros cuando nos despertamos intentamos entrar a ver la iglesia y el monasterio pero la hermana del cura nos dice que ya es muy tarde y ya esta cerrado. Preguntamos si habrá misa y entra para preguntarle a su hermano saliendo seguidamente que para la gente que hay no la hace. Sorpresa, bueno si las cosas no se hacen con gusto mejor no hacerlas. Nos quedamos sin ver nada de San Juan de Ortega.

Pero lo que sí hacemos es tomar la sopa de ajos. La hermana prepara para los peregrinos un cacharro de sopa y allí estamos dándole al producto caliente. El sevillano lo hace muy bien, repite y vuelve a repetir. La chica alemana lo le gusta, esta acompañada por otros dos más y uno de ellos tiene tendinitis y además no tienen un duro. Comenta el gaditano haciendo un comentario el cura sobre el románico, ¡hombre, mi especialidad, el románico tardío!. Manolo y yo nos reímos cuando recordamos lo del románico tardío.

Marchamos de nuevo al bar de Marcela y ahora la conocemos. Es una mujer amplia en todos los aspectos, de cuerpo y de mente. Habla pausadamente pero con un tono alto y creo que dice muchas verdades. Con el cura y su hermana parece ser que se lleva lo mínimo. Hacemos una especie de tertulia en el bar y nos saca una página de un periódico de Burgos criticando un profesor a un hospitalero de Burgos llamado Vicente que trató mal a un grupo de niños que hicieron durante tres días el camino incluso “obligándolos” a acostarse a las diez de la noche. Le contesta en otro periódico el presidente del Camino de Santiago de Burgos, de forma contundente y poniéndole en su sitio. El tal Vicente es el bendito Vicente de Belorado que anteriormente estuvo en Burgos de hospitalero en el Parral que así se llama el albergue de esa ciudad. No le veo yo diciéndole nada a ningún niño Vicente, se quejaba el profesor que los puso en fila y que les fue cobrando los 4 euros que hay que pagar por la estancia. ¡Cuánto daño pueden hacer las personas contando las cosas de una forma diferente!. Hay que pagar de una forma voluntaria pero hay que pagar, no creo que Vicente se puso en plan ordeno y mando a cobrar a los chavales o a los profesores. No creo que fuera así.

Marcela nos prepara unos bocadillos para el día siguiente y nos despedimos. Ella esta casada con un señor con una gorra y gafas de sol que se paso la tarde haciendo como un castillo con piezas de Exin pero sin ningún orden y las rompía a los pocos centímetros de conseguir cierta altura. Tenía un hijo un poco bocazas que ayudaba a la madre en el bar. Al día siguiente Marcela y su marido iban a pasar unos días en Canarias.

Al acostarnos encuentro que no hay tampoco papel higiénico en el servicio, la alemana al verme con el rollo abre los ojos y me agradece que le dé un trozo. Nos vamos a la cama, nos abrigamos con el saco y hasta el día siguiente.
 
Día 1
Día 1, Santo Domingo de la Calzada-Belorado (Martes, 11 de Noviembre de 2003)

La Rioja. Amanece en esta bonita región, aunque esta noche dormiremos ya en Castilla. Nos da tiempo a ducharnos, no parece que hace frío, tampoco hay niebla. Salimos a la calle, la mochila ¡cómo nos pesa!, pero no vamos a quejarnos antes de andar, tiempo tendremos más adelante.

Estamos a la puerta del albergue, comenzamos. La marcha es agradable, estamos contentos, como niños. Salimos del pueblo, nos cruzamos con trabajadores y nos miran como con extrañeza o con envidia, no sabría la forma, pero como bichos raros y deben estar acostumbrados a este continuo peregrinar.

Cruz de los Valientes, casi pasamos de largo, ha aparecido algo de niebla. Primer lugar de mencionar. Continuamos hacia Grañon. Me acuerdo de Miguel Angel, en ese pueblo os quedáis. Cuando lo dejamos atrás lo comento con Manolo y reímos. Hemos conseguido la primera meta.

Gloria nos llama a la salida de Grañón, primeras palabras de aliento. Antiguos campos de cereales, comienzan a labrarlos.

Comemos la fruta, pero algo ocurre. Llevo en el cinturón una navaja de cazador, no es muy grande. Me la regalo mi compañero Jesús que falleció hace dos años de cáncer de pulmón y le tengo mucho cariño. Antes de salir del albergue, Manolo tenia problemas con las pilas de su linterna y yo con la navaja le he ayudado a sacarlas y la he dejado allí olvidada. Cabreo monumental, primer olvido y no será el ultimo. Llamo de nuevo a Gloria y le pido el teléfono de Antonio para que se pueda acercar al albergue y recogerla. No me importa que él la tenga, prefiero que esté en manos conocidas y además en este caso con una buena persona.

En Redecilla del Camino hay una oficina de información al peregrino. Hay una chica muy agradable que nos da información sobre lo que nos espera, muy maja la chica.

Pasamos por delante de la iglesia y entramos a ver la pila bautismal. Preciosa. Incluso hay una copia en pequeño que no es muy cara, pero no es cuestión del primer día cargar con más peso.

Entramos en Viloria, cuna de Santo Domingo, pequeño chasco. El camino se desvía para pasar por él y la verdad es un rodeo un poco tonto, pueblo pequeño, nada que nos haga recordar al santo y además no hay nadie, nada de información, nadie por la calle. Será la constante en la ruta. Debemos de pasar por Villamayor del Río, pero no recuerdo nada de este pueblo.

Aparte de Gloria nos llaman también la familia y Elena, mi compañera de trabajo. Ella será una persona que estará siempre allí y que nos animara cada día a seguir adelante. Un sol de criatura.

Tenemos carretera a la derecha y campos a la izquierda. Camino al frente. La carretera con mucho trafico, los camiones pasan a docenas, solo un coche nos saluda. Falso llano hasta Belorado. Preguntamos a un señor si queda mucho para el pueblo y nos dice que a la derecha de una loma que vemos al frente se encuentra. Manolo cree entenderle que tenemos que subir esa loma y se desespera. La mochila nos pesa, hace calor. Nos quitamos las prendas de arriba y andamos en camiseta. Sudamos como bellacos. Al llegar al pueblo, nos damos la mano.

En Belorado hay dos albergues, pero nos quedamos en el primero. Los pies nos matan. La entrada del pueblo es lenta y engañosa. Una señora nos dice que el albergue esta cerca. La puerta casi cerrada, llamamos incluso. Hay un señor, mayor, esta leyendo. Creo que es el cura, él me dice que no que es voluntario, es médico y tiene 69 años. Me recuerda mucho a mi padre. El albergue es agradable, es una estancia al lado de la iglesia, todo muy ordenado y con carteles informando en varios idiomas donde están las cosas y que son.

No hay nadie más, arriba están las literas. Nos dice que el ya ha comido, una alubiada y nos comenta donde podemos comer. Es en la plaza, es grande y en verano debe estar a rebosar de terrazas de las cafeterías y de los bares que hay alrededor y con sombra de sus numerosos plátanos.

En el bar que nos recomienda, nos dicen que han cerrado ya la cocina, pero que nos pueden hacer unas tortillas. Fenomenal y además regado con buen vino de la tierra. La chica en cuestión tiene dos buenas razones para convencernos, ¡madre mía que frondosidad!.

Pequeña siesta y charla con Vicente. Antes nos despertamos con un estruendo de voces y gritos. Dos perros pelean contra uno pequeño y Vicente los espanta. Vicente es de Santander, por supuesto jubilado y su vida transcurre entre Santander, hospitalero voluntario, peregrino y ayuda a una ONG en Africa. Buena persona este Vicente. Se empeña en que le tutee y no puedo, aparte de verle como persona mayor, además es medico y a eso trato de tenerle un poco de respeto. Mi padre me inculco algo de esto. No es una barrera entre él y yo, solo que a las canas le tengo mucho respeto. Nos cuenta que ayer estuvieron en el albergue varias personas y que hicieron patatas con costillas. Pino una chica de Canarias que conocí en el foro estaba entre ellas. Vicente nos dice que han pasado dos chavales extranjeros que han entrado, han dicho algo raro y han vuelto a salir. El dice que son chico y chica, pero más adelante sabremos que eran los canadienses.

Llamo al albergue de Santo Domingo y el hospitalero me dice que investigara, me pide el número de teléfono para informarme. A los quince minutos me llama y me dice que sí que la navaja está en su poder, le digo que la guarde que ya ira alguien a recogerla. A Dios gracias una cosa solucionada.

Compramos fruta. Vamos a las siete y media a misa, comulgamos, nos sentimos bien. Después vamos con Vicente a tomar unos vinos y unas raciones de picadillo algo picante. Vuelta al albergue. Conocemos a un francés que hace poco tiempo ha terminado el Camino y ahora va en coche recorriendo los sitios por donde ha estado. Envidia por haberlo realizado y terminado, nos sentimos un poco novatillos al escucharle hablar del Camino. Es el primer día, parecemos vaqueros sin poder cerrar las piernas, estamos contentos pero cansados. Por eso nos da envidia. Hoy hemos sufrido en esa subida a Belorado.

Le preguntamos a Vicente sobre la etapa de mañana y que si podemos subir bien el Alto de la Pedraja. El se ríe y nos contesta que él lo ha hecho y tiene más años que nosotros. Chupito de orujo y a la cama. Vicente nos da un abrazo y nos dice que le escribamos cuando terminemos el Camino para que sepa como nos ha ido. Nos dormimos como benditos, primer día cumplido. Hasta mañana.