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Diario de...pues eso
Bitácora de un peregrino que todavia sigue buscando su Camino.
Sindicación
 
Día 18
O Cebreiro-Triacastela (Viernes, 28 de Noviembre de 2003)


No madrugamos nada. Llueve y además amanece bastante tarde. Cuanto más nos acercamos a Santiago más tardamos en ver la luz.

Vamos al bar donde comimos ayer y nos tomamos un desayuno. Esta lloviendo, pero que no nevara.

Agua y rachas de viento. Andamos un trecho grande por carretera. A la derecha creemos que hay un valle precioso, pero la niebla no nos lo deja ver. Nos empapamos enseguida, ese viento racheado nos impide ir secos. Como siempre que llueve vamos callados. Pasan coches, sus conductores nos miran con ausencia, están acostumbrados, es una indiferencia clara, dirán que tu estas ahí porque quieres, nadie te obliga. Y es verdad, vamos de forma voluntaria.

Me toco el pecho, ¡mecangonla!, ¡la concha!. ¡Me he dejado la concha en el albergue!, llamo enseguida a Arnau pero tiene el teléfono apagado. Manolo se desespera conmigo, yo me callo y protesto para mis adentros. ¿Llegaré con algo a Santiago?, ¿iré dejando por esos caminos todas mis pertenencias?. La concha la deje anoche colgada del cabecero de la cama, como hay un armario delante tal vez al mirar por última vez no la he visto. Me da mucha rabia mis olvidos, intento todas las mañanas acordarme de todo pero es imposible.

Aparece entre la lluvia, la niebla y el viento la silueta de la estatua del peregrino en el alto de San Roque. Hoy impresiona porque refleja la lucha contra los elementos. La figura esta girada y con un brazo protegiéndose del viento, igual que hoy. No puedo hacer una foto, el viento y el agua me lo impide. Manolo va mejor protegido que yo, la cara la lleva bastante protegida, yo sin embargo la llevo empapada como el resto del cuerpo, pero a pesar de todo no he estornudado ni un solo día y las caladas han sido gloriosas. Tampoco he tenido que tomarme ni una sola pastilla para la cabeza, ni una sola y llevamos 18 días.

El Camino se separa de la carretera y cruza por la aldea de Hospital de la Condesa. A la salida hay una fuerte subida, corta pero tremenda. Coronamos en el Alto de Poio y con un periodista de TVE queriéndonos entrevistar, nos sigue hasta una Venta y allí entrevista a la chica que lo lleva y a los peregrinos ni mu. Y lo digo porque el presentador hace un gesto al cámara y le dice que hay viene dos peregrinos, vamos a preguntarles. Nada. Con la chica, se llama Rocío, nos reímos un rato, le pido un autógrafo porque será famosa por haber salido en televisión. Ella se parte de risa y la madre que está en la cocina le dice que a ver si le sale un novio tan bueno como a Leticia Ortiz.

Tomamos nuestros huevos fritos, aunque Manolo ya no puede con ellos y se los toma en tortilla. Aparecen también Chantal y un matrimonio mallorquín. La francesa al ver a Manolo con la tortilla, pregunta cuanto cuesta y la decirle que 3 euros se apunta, pero que tenga patatas, añade.

Continuamos nuestro Camino. Aquí en Galicia cada 500 metros hay un mojón de los kilómetros que faltan a Santiago. Vamos despacio, nos adelantan el polaco y la francesa. ¡Cuidado que es feo el condenado!.

En Viduedo paramos a tomar algo en un bar, lo atienda una chica bastante joven que resulta que esta casada con el hermano de Rocío la chica del Alto de Poio y tiene una niña. Tiene 20 años y es una cría total.

Cuando llevamos caminando media hora más o menos, me doy cuenta que me he dejado olvidado el gorro de lana en el bar de la chica de Viduedo. Manolo me dice que los pechos de las mujeres me atontan y que pierdo la noción dejando tras de mí el olvido y el caos. Me callo de nuevo. Manolo, ¡no seas malo conmigo, que las mujeres no tienen culpa de mis olvidos y mis neuras!, ¡ojalá pudiera concentrarme en lo que estoy haciendo!. Pero hoy estoy batiendo todas las marcas.

Pasada esta aldea comienza una bajada hacia Triacastela suave pero continua, ya cerca del pueblo deja de llover.

El albergue esta a la entrada del pueblo, después de una pradera enorme que imagino será para el verano acampar peregrinos. Son dos módulos y están construidos aprovechando un desnivel del terreno, la primera planta es la segunda. En el piso principal esta casi todo completo, hay habitaciones de dos literas y una de ellas esta ocupada por el alemán que nos adelanto antes de Vega y paso la noche con nosotros en Villafranca. Dice que esta acatarrado y lleva dos días aquí. Esta jubilado y es muy raro, le comento que Manolo y yo roncamos y me dice que me dará con el puño, yo le contesto que tendré cerca el palo por sí acaso. Me contesta el amigo que no hay que ser violento, que me dará flojo. Te daré – le contesto – con la misma fuerza que tu me des.

Llegan también Pino y Arnau, ellos ya siempre irán juntos a Santiago. Nos coloca el hospitalero a los dos en una habitación solos, gracias a las influencias de Manolo en Galicia, creo que conocen a gente en común. También están los tres que estaban en San Juan de Ortega que estaban más pelados que la calva de mi hermanico Jesús, el polaco y la francesa, otro francés, Chantal – buscando una cocina desesperadamente – el ex militar de Cebreiro, el de Alicante y creo que nadie más.

El chaval de Alicante me comenta que le debo una copa, yo le digo que de acuerdo, me entrega entonces el gorro que me deje en el bar. No sé que pensar. Pensaba que alguien podría acercarse y la chica dársela, pero él lo vio y se acordó que yo la llevaba. Bueno, Santiago tendrá que ver algo en todo esto. Le regalo una cruz de Santiago.

Vamos a cenar Pino, Manolo, Arnau y yo. Ellos quieren cenar como en Terradillos uno un primero y el otro el segundo. Yo tomo caldo gallego muy bueno y churrasco que esta mejor.

Por la tarde estuvimos comprando fruta para no perder tiempo, queremos salir pronto y llegar a las dos a Sarria, la familia de Manolo viene mañana a vernos. Una señora nos informa donde esta el supermercado y nos dice que vaya moral con el tiempo que hace...

Dormimos en la gloria. Solo molestos por las puertas de las habitaciones y el servicio que son como las de los saloon del Oeste.
 
Día 17
Vega de Valcarcel-O Cebreiro (Jueves, 27 de Noviembre de 2003)


A las ocho me levanto. La noche muy lluviosa, pero tranquila, me levante dos veces al servicio. Lo suyo hubiera sido bajar las escaleras metálicas, lloviendo, en calzoncillos y orinar en el servicio que esta en la parte de atrás del edifico. Pero no, aconsejado por el hospitalero Felix, desde arriba y mirando hacia abajo, desde el palco. Comentándolo no seria el único, el de Astorga y Manolo han realizado la misma operación.

Tomamos unas tostadas en el bar del albergue, dejamos las mochilas que las suba Felix en el coche.

Al salir no llueve, nos traemos el bordón y el chubasquero por si acaso. Conocemos el pueblo que no habíamos visto por la tarde. Es bastante grande. Hay un pilar del viaducto de la autovía y es tremendo el tamaño y la altura. Me recuerda al que hay en Guadalupe.

Hay un castillo a la izquierda de la carretera y en un alto. Discutimos Manolo y yo sobre lo que es un valle y lo que es un vallecito. No nos ponemos de acuerdo. Hago una foto del castillo.

El camino se divide en dos: a la derecha para las bicicletas y a la izquierda para los peregrinos. No llueve por ahora. Felix nos adelanta con las mochilas. Para algunos podría parecer que hacemos trampa, podría ser, pero cuando esta el remedio para poder disfrutar mejor de esta subida, fijarte más y mejor en el paisaje sin tener que ir pensando en el peso de tu espalda optamos por lo primero. Es nuestro Camino, ni somos mejores ni peores, utilizamos lo que nos ofrecen.

Comienza una fuerte subida, llueve, el agua corre por el camino. El suelo esta lleno de hojas de castaños. No hay barro. Hay niebla. La verdad es que es muy emocionante esta subida y este momento. Me llama mi madre.

Llegamos a La Faba, la subida es mucho más tranquila. Aparecen valles inmensos, la vegetación va desapareciendo. En lo alto aparece la nieve. La subida sin mochila es fuerte, pero mucho más cómoda por supuesto. Disfrutamos de ella sin pensar en el peso de la espalda. No me arrepiento de haberlo realizado así.

Antes de la llegada pisamos la nieve, ayer lo hizo, hoy sin embargo parece más despejado. Hay un mojón indicando que estamos en Galicia. Fotos de recuerdo.

Llagamos a Cebreiro. No sabemos dónde han dejado las mochilas, preguntamos en la hospedería. Están aquí. Tomamos unas cervezas. La chica del bar se llama María José, es una chica simpática y educada.

Llegan también los americanos. Ella esta bastante mal, lo van a dejar. Volverán más adelante.

Vamos al albergue, viene con nosotros Pino, ha subido sola también sin mochila. La hospitalera nos atiende muy bien, le contamos el problema de nuestros ronquidos y nos coloca en una habitación solos. Aquí en Galicia los hospitaleros son funcionarios de la Xunta, no existen los voluntarios como en los sitios anteriores y tienen mala fama, de no atender por regla general bien a los peregrinos. Desde luego esta chica rompe la regla, esperemos que todo sea así de ahora en adelante.

Nos hacemos unas fotos en la nieve, Pino creo que nunca la ha visto nunca. Le hace ilusión tener un recuerdo de esta blancura.

Nos vamos a comer al bar Carolo que creo es el único abierto aparte de la hospedería. Estando comiendo aparece en la televisión la señora del bar. Esta mañana han estado los periodistas haciendo entrevistas por el tema de la nieve.

Manolo esta eufórico, esta contento de llegar a su tierra de esta forma, dice que nunca había llegado andando, se coloca el amigo un buen trago de aguardiente y se fuma un puro. Aprovecho para mandar un mensaje a un montón de gente agradeciendo su apoyo y dándoles muestras de cariño por haber llegado hasta Galicia.

Al salir hay una tremenda ventisca que no te deja ver apenas. A duras penas llegamos al albergue. Acaba de llagar Arnau, nos dice que su hermana dejo el Camino en Ponferrada, tenia molestias en una rodilla.

Subimos a tomar un café a la hospedería. En una mesa esta también la chica hospitalera y dos chicas más, una de ellas es la encargada de la iglesia de Cebreiro.

María José tiene una niña pequeña y vive en una aldea cercana con su madre y con su novio. Es curioso que solo viven dos familias en el pueblo durante el invierno y que no se hablan. ¡Vaya panorama!. Algún día se marchara de aquí porque quiere algo mejor para su hija.

Olga es la chica de la iglesia, nos la enseña. Hay música gregoriana de fondo, se esta cómodo en ella. Nos da su dirección de correo electrónico, tiene en mente preparar algo sobre turismo rural.

Hay bastante gente en el albergue, demasiada para mi gusto. Tenemos un polaco con una francesa, los dos con pinta de viciosos, uno de Alicante, un chico de Madrid que hace poco fue militar, un matrimonio mallorquín, Pino, Arnau, nosotros dos y creo que alguno más. No me acaba de gustar tanta gente, estamos mal acostumbrados a estar casi solos en los sitios y este barullo no me agrada.

Nos vamos pronto a la cama, la hospitalera esta todavía por aquí, estamos cansados y sobretodo porque estamos aburridos y no saber donde poner el huevo. Entre las ropas de la cama estaremos mejor, afuera llueve y hace frío. Esperemos que mañana tengamos un día mejor que esta noche.

Hemos llegado bastante lejos, ya estamos en Galicia, quien lo diría. Más de uno ni piensa ni se imagina que estaríamos aquí. ¡Qué distinto es verlo todo esto desde casa!.
 
Día 16
Villafranca del Bierzo-Vega de Valcarce (Miércoles, 26 de Noviembre de 2003).


Me despierto varias veces, me levanto dos al servicio, la ultima esta lloviendo. He puesto la manta demasiado corta y tengo que dormirme encogido para poder arroparme. Llega un momento que me levanto y pongo la manta bien, ¡qué maravilla!.

Tomamos la fruta y un batido. Joaquín se levanta. Nos despedimos, le digo que se cuide y me lo agradece con una sonrisa.

Llueve, Manolo no se ha puesto el pantalón que compro en Astorga y yo tampoco las polainas. Refunfuña y medio protesta. Me da la impresión que me estoy mojando. Me doy la vuelta y me meto en un portal amplio para cambiarnos. Me doy cuenta que el chubasquero que me regalo Javier de Astorga está roto. A la basura.

Salimos del pueblo, sigue lloviendo caminamos junto a la antigua nacional 1, por el arcén, lo han separado del resto de la calzada con un muro de hormigón y han pintado el suelo de amarillo. En verano debe de dar mucho calor el reflejo de tanto amarillo. También han dejado los botes de pintura.

El pie no me molesta mucho, solo cuando llevo mucho tiempo caminando y según la postura que tomo, pero la diferencia es tremenda a los días anteriores, Manolo me da un masaje por las noches y me deja como nuevo.

Todo el camino es lloviendo y por el arcén de la carretera. Lo bueno es que no hay mucho tráfico. Por nuestras cabezas aparecen puentes, viaductos y tramos elevados de la autovía que se construyo para dar más viabilidad a esta zona. Al ser tan montañosa costo un montón por la cantidad de túneles y puentes que se construyeron.

De acuerdo cuando pasamos por aquí camino de Coruña hace unos años, la cantidad de camiones que había y los peregrinos alrededor de la carretera y cuando pasamos por Pereje y vimos el albergue al lado de la carretera. Hoy pasamos por Pereje y que distinto se ve todo. Sin trafico y por supuesto andando.

Todos estos pequeños pueblos que estamos pasando, son solo eso, pequeños pueblos con muchas casas en ruinas y con poquisima población.

En Trabadelo paramos a almorzar. Por supuesto los huevos fritos, Manolo últimamente los toma en tortilla, dice que así les sienta mejor. Nos sirven un vino muy bueno con los huevos. Hay un extranjero en el bar que cuando llegamos se ha puesto a hablar por teléfono y justo después de comer cuelga la comunicación. Tranquilamente ha estado hablando media hora y son las doce de la mañana.

Por supuesto estamos empapados, pero será la tónica de los siguientes días. Nos marchamos y a la salida, el extranjero nos adelanta y nos deja con un palmo de narices, la gente anda mucho. Paramos en Portela en una fuente cubierta y utilizo la primera vez la concha que llevo en el pecho para beber agua. Un poco más tarde y antes de Ambasmestas nos adelanta el señor alemán que durmió en Villafranca y que también lleva bastante prisa. No lleva nada para cubrirse y no mojarse.

Nos queda poco para Vega. Esta etapa se hace desde Villafranca hasta Cebreiro, pero no estamos nosotros para muchos trotes. Llegamos a Vega y a la entrada esta el albergue, se llama Sarracin y es de la mujer de Alfredo de Molinaseca. Lo atiende un hospitalero llamado Felix, también jubilado y con un ramalazo tremendo. Habrá que guardar las espaldas.

La cocina no se puede usar, nos enseña el albergue. Las habitaciones están arriba, pero hay que salir al exterior y subir por unas escaleras metálicas. Los baños están abajo. Pienso que por las noches tengo que salir al baño y me da algo.

Pino llega un poco más tarde, comemos juntos. Felix nos pone una verdura estofada y pizza de segundo. Continúa lloviendo. Más tarde llega un suizo, un chaval de Astorga y un matrimonio americano. El habla español, pero ella nada de nada y además tiene un trancazo impresionante. Son de Texas.

Manolo se marcha junto con el de Astorga y Felix a ver un partido de fútbol al pueblo de Ambasmestas. Al día siguiente me comenta que el tal Felix tiene un ramalazo imposible y que bebe muchisimo.

Yo me quedo al lado del fuego, charlando con Pino y con el americano, que están haciendo el camino a trozos. Mañana lo dejaran y cuando reúnan más días volverán a terminarlo. Le saldrá bastante caro con tanto viaje de ida y vuelta.

Hablando comento que tengo un hijo de 19 años y otra de 16, el marido le traduce a ella que me mira con ojos trastornados y la boca abierta. Me dirá luego el marido que no se imaginaba que una persona tan joven como yo (¿?) pudiera tener unos hijos tan mayores. Ganas me dan de darle un besazo a la americana, pero me contengo, le agradezco la atención y le digo que esta noche me hizo muy feliz.

Noche oscura, llueve, no conozco nada del resto de pueblo, pero parece que solo estamos nosotros. Manolo llega sobre las diez y media, nos acostamos. Mañana tenemos el famoso día de Cebreiro, llegamos a Galicia y comenzamos algo nuevo. Felix nos subirá las mochilas, nos cobra tres euros, pero merece la pena.

No se oye nada, solo el agua del río cercano que no cesa de correr, ese mismo río que lo hemos traído durante todo el camino de hoy. La gente estará en sus casas, mi familia también, cada día los echo más de menos, queda menos tiempo para vernos. Me arropo entre las ropas de la cama. Hoy me acordé de Waldino y le llame, me pidió que le diera un abrazo al santo de su parte. Va para todos. Felices sueños.
 
Día 15
Molinaseca-Villafranca del Bierzo (Martes, 25 de Noviembre de 2003).


No lo digo siempre, pero todos los días tengo llamadas telefónicas. Maribel me da los buenos días y después por la noche hablamos y además cuando bien nos parece. Mi madre desde el problema con el pie, todos los días también. Jesús cada dos días también lo hace, mi compañera Elena también todos los días entre semana, con Gloria hablamos bastante y mi amiga Inma casi a diario me va animando con sus buenas palabras. Concha desde Madrid también de vez en cuando me saluda y aunque me dice que sigue sin entender esto del Camino, me apoya. No me aburro y lo agradezco. No se os habéis fijado pero siempre mujeres, ¿estaré obsesionado? También me llama mis compañeros Joaquín y Manolin y mi padrino Antonio&aitor de Logroño.

Nuevo día. Noche muy inquieta. Alfredo me dijo ayer, que tengo que andar, que no me preocupe mucho, que trate de no pensar en el pie y que iré día a día mejor. Ese nerviosismo por la noche podría ser el motivo a mi vuelta al Camino. He pedido a mi padre que no me deje, que esté a mi lado.

No recuerdo que desayunamos. Hoy a helado, hace un poco frío. Salimos a andar. Me santiguo como todos los días y adelante. El pie responde, vamos despacio. A partir de hoy me pongo un vendaje. Mi fiel amigo Manolo está a mi lado, lo agradezco, me da tranquilidad, gracias.

Hasta Ponferrada vamos en animada charla. Manolo esta contento otra vez volvemos a estar juntos. El camino hacia Ponferrada es paralelo a la carretera o como dice Alfredo la acera continúa hasta Ponferrada. Cerca de Ponferrada hay un lugar que se llama Campo y es una zona residencial de esta ciudad y ocurren dos cosas. Una, están esperando el autobús unos niños con sus madres y oigo decir a una de ellas que se estén quietos que estos peregrinos os llevaran, le digo al niño que tranquilo que los peregrinos somos buenos y no llevamos a ningún niño. Y dos, nos encontramos con una parada de Bus y no queremos que nos pase lo de Burgos y León. Nos lleva al centro y buscamos una agencia para mandar el peso sobrante. Al final cogemos un taxi y este después de dejar los paquetes nos deja en ruta hacia Villafranca.

Buscamos el bar del hermano de Pepe Fontal, pero esta cerrado, tal vez abra más tarde. Paramos entonces a almorzar en el bar Scorpio. Nos atiende una chica pero no recuerdo que fue lo que tomamos, seguro que sí, que dos huevos fritos. Allí sirve un licor color naranja en un vaso de chupito, preguntamos que es y nos contesta un chico que zumo de naranja. Seguro que agarran un atracón de vitamina C.

Salimos andando y cuando llevamos recorridos unos 300 metros me doy cuenta que no encuentro mi libreta, la libreta que llevo apuntado todo sobre acerca del Camino, pueblos, direcciones, albergues, bares, hostales, planos, gráficas. Manolo raudo se prepara para volver y cuando lleva andado 50 metros la encuentro, menos mal que lleva el móvil encendido y puedo avisarle. Este Manolo lo aguanta todo, vuelve con una sonrisa, si fuera tía para comérsela.

Vamos llegando a Cacabelos después de dos horas desde Ponferrada, nos encontramos con un señor que nos dice cosas sobre el Camino y nos informa que podemos ir a tomar algo a Prada a Tope, pero le decimos que iremos mejor a Casa Ubaldo a tomarnos unos callos. Rectifica el señor y dice que le parece bien el lugar. Prada a Tope es de un señor llamado José Luis Prada que por los años 70 comenzó a envasar productos de El Bierzo y venderlos. Luego preparo un lugar llamado La Moncloa como cita obligada de la cocina berciana y hoy en día esta instalado en el dólar. Tiene un castillo que también utiliza como lugar de hospedaje y da trabajo a un montón de gente.

Los callos fantásticos, también tomamos pulpo. Nos atiende una señora muy agradable y con mucho interés de charlar. Buena gente nos encontramos en el Camino.

Continuamos nuestro caminar, hace calor, vamos en paralelo por la carretera, al final cerca de Villafranca el Camino es el arcén de la misma. Son 8 kilómetros desde Cacabelos. Nos llama Elena, Miguel Angel se interesa en nuestra llegada a Santiago, me enfado un poco porque todavía nos queda bastantes días y kilómetros y ya empieza a dudar que pueda estar el día señalado de vuelta trabajando. Manolo me dice que no me preocupe que nos sobrara tiempo y yo le digo que tenga paciencia él. Con Manolin también hablamos y la pregunta del millón: ¿habéis visto a alguna mujer aparte de las vuestras? Seguimos solos, Manolo.

Sobre las tres y media llegamos a Villafranca del Bierzo. Entramos por una zona residencial nueva y se hace un poco pesado. Ya cerca del pueblo preguntamos a una chica si queda cerca el pueblo y nos dice que estamos llegando. Se parece un montón a María, la hija de Manolo Pascual, la chica que estuvo con Ursula en Yeste.

Vemos un edificio enorme, como una fortificación muy bien cuidada por fuera, pero sin ningún indicativo de lo que se trata. Seguimos a la derecha y hacia arriba y llegamos al albergue de Jesús el Jato. Me comento Ramón que es el único albergue que se está haciendo solo con ayuda de peregrinos. Edifico muy destartalado, entramos en una especie de comedor-bar-salón de techos altos y paredes cargadas de enredos y suciedad. Están comiendo unas cuantas personas, nos saludan un poco frío. Una chica nos atiende y nos instala. Es la hija de Jato.

Hay un patio central y de ahí salen habitaciones y dependencias. Pero se ven cosas sin terminar o a medio terminar. De los cuatro lados de ese patio, hay unos que no hay nada, que esta solo el esqueleto. Ducha rápida y nos disponemos a ir a comprar al pueblo.

Aparece Pino, los dos chavales de Canadá, los que vimos el primer día en Santo Domingo, han estado dos días parados en Molinaseca en un hostal y otro más en Astorga. También hay un par de ciclistas y uno de ellos pregunta por mí y me da el anorak y el chubasquero. Le invito a una cerveza. Chantal no falla y aquí esta un día más junto a un alemán mayor que anda que se las pela y que lleva un lío de ropa en la espalda. El día que llegamos a Molinaseca nos lo encontramos por la carretera. El hospitalero es Joaquín que nosotros pensábamos que era Jato. Este señor esta en Brasil en una convención de peregrinos. Si está su mujer que nos comenta que las cosas con su marido están de pena y su hija pequeña Cecilia que es la única que vive con ellos, las otras hasta cuatro está casadas.

Pino se viene con nosotros, quiere comer algo. Vemos un restaurante en la plaza y pregunta si puede comerse un plato de macarrones, sale para decirnos que sí y se queda. Nosotros continuamos. Compramos nuestra fruta y Manolo champú para la barba, pero no hay frascos pequeños. El señor de la tienda es muy amable y entablamos conversación un buen rato. Vamos a la oficina de turismo y nos informa que a las siete hay misa en una iglesia cercana, y la abren un rato antes. Intento que me explique algo sobre el edifico de la entrada y lo único que saco claro es que es privado, que pertenece a Cristóbal Halfter un concertista y ya esta, no me dice nada más, al ser privado no hay datos. A las siete la iglesia sigue cerrada.

Cenamos en el albergue, la señora nos prepara unas verduras y una tortilla. Joaquín es un señor mayor, jubilado y viudo. Hace poco estando en el albergue le dio una trombosis, pero debió ser pequeña. Es buena persona, conmigo se enfada porque no le tuteo. Hace unos años tuvieron un accidente de tráfico y fallecieron su mujer y un hijo, el quedo malherido y le amputaron varios dedos de una mano. Otro hijo también sufrió graves heridas pero salvo la vida. Pero lo que es la vida, al cabo de los años falleció de una leucemia. Joaquín se muestra alegre y dicharachero, lleva un pañuelo alrededor del cuello.

Charlamos después de la cena con la mujer de Jato y su hija Cecilia. Tiene 20 años y con las ideas muy claras. Se esta sacando el carnet de conducir. Pino se pone a escuchar música de un viejo aparato de cintas que ha encontrado. Cenan después los voluntarios que están haciendo chapuzas en el albergue, dos suizos y un portugués. Joaquín dice que trabajan muy poquito, se levantan tarde y por la tarde ya no hacen nada. Se les paga la comida y el alojamiento, pero que cuando venga Jesús el Jato se les acabo el vivir bien.

A las 11 a la cama, dormimos aparte, por el tema que ya se conoce. Hasta mañana.
 
Día 14
Rabanal del Camino-Molinaseca (Lunes, 24 de Noviembre de 2003)


Ya hace dos semanas que estamos en el lío este y parece que hace veinte años. ¡Que manera de pasar el tiempo!, en cuantos sitios desde todo este tiempo y a cuanta gente vista y hablado.

Hace fresquito pero el tiempo esta seco. Manolo y Pino se van a ir hoy también juntos y claro me dispongo a despedirlos.

Vamos al hostal de Gaspar a desayunar, anoche nos enteramos que es el único del pueblo que esta abierto. Hay dos personas más. Tomamos café y tostadas. Nos sentamos en la mesa y nos llevamos el desayuno. Gaspar al rato se acerca con más tostadas y más café. Nos ponemos ciegos. A ellos les vendrá bien para caminar, a mí ya menos porque a este paso de tanto comer me pondré – y así fue – como un tonelito.

Ya se marchan, irán hasta Molinaseca, antes pasaran por Foncebadon y la Cruz de Ferro, lugar emblemático del Camino.

Bajo al albergue un poco cabizbajo. Otro día a esperar. A ver si pronto se cura el pie y queda solo como un mal recuerdo.

Recojo las mochilas, acabo pronto. Voy a la casa de Serafín y Esperanza y me dicen que si quiero un café. Me tomo uno con ellos. Son buena gente este matrimonio, se hacen querer. Me cuenta Serafín cosas del albergue y la gente famosa que ha venido por aquí. Dice que no hace mucho estuvo Carmen Alborch con una amiga y este verano a estado el presidente del congreso de los vascos – que ahora no me acuerdo de su nombre – y se ve en alguna foto curándose las ampollas en el patio. Dice Esperanza que Isabel, su hija las cura muy bien. Ahora está haciendo parte del Camino. Es Atucha, ahora recuerdo.

La entrada al albergue da a una zona cubierta como un soportal. Esta muy bien decorado con cacharros viejos, pero con muy buen gusto. Después está el patio donde dan todas las puertas de la casa. A la derecha esta la casa de ellos, a la izquierda dependencias suyas y dormitorios. Un poco más adelante hay una barra de un bar, para dar comidas y bebidas en verano, hay cerca un carro viejo. Más al fondo están los dormitorios donde hemos dormido. Y al fondo del todo hay un portón donde dice serafín que tiene los animales. En las dependencias privadas han tenido que poner carteles porque los peregrinos se metían en todos los sitios.

Serafín va a dar de comer a los animales. Una maravilla. Este hombre entiende. Detrás de ese portón hay una dependencia grande donde mete su hija el coche y donde él ha ido recabando cantidad de muebles antiguos. Tiene como sesenta trillos y dice que los vende a 60.000 pesetas. Muchas alacenas, muebles aparadores, radios, en fin un lugar donde da gusto estar un rato y deleitarse con esas maravillas.

Tiene dos cerdos y varias gallinas. Para estas Navidades quiere hacer la matanza. Son dos cerdos hermosos.

Llega Gaspar, esta interesado en un confesionario y se ha enterado que Serafín tenía uno. Es verdad, pero los frailes se lo dejaron mientras arreglaban la iglesia, pero de todas formas no es nada vistoso. Tomamos un vino y me dice que Ramón subirá más tarde y que vamos a comer en su hostal, que nos invita. Yo alucino, no se como agradecer todo esto.

Gaspar llama de usted a Serafín y a Esperanza y ellos tutean a Gaspar. Estuvieron en la boda del hijo de ellos en Murcia. Se me había olvidado decir que aparte de Isabel tienen otro hijo que se puso novio con una chica peregrina de Murcia. Y al final se casaron allí.

Serafín no esta muy contento con algunas cosas que hace su hija. Yo lo único que le decía era que disfrutase de sus hijos – acordándome de mi padre – que lo importante es la familia y es la única que te puede resolver los problemas. Isabel debe ser no cede y ahora esta haciéndose una casa preciosa cerca de la iglesia. El padre comenta que le esta costando un dineral y que es como un antojo. Al final cree que lo pondrá como turismo rural. Yo creo que a pesar de todo a Serafín le gusta lo que hace Isabel.

Mi madre llama y le comento que estos señores se están portando conmigo de maravilla, le pongo al teléfono a Esperanza y mi madre se pone a llorar de la emoción. Y a mí pues casi también.

Al poco rato llega Ramón, se sienta un rato y vamos al hostal de Gaspar a comer. Me despido de Serafín y Esperanza. En 24 horas que hemos estado juntos les he cogido bastante cariño. Aquí han sido como mis padres. Les tengo que escribir, hubiera sido un buen momento estas Navidades el haberles podido felicitar, pero no ha sido así, espero hacerlo pronto.

Subimos en el coche hasta el hostal, nos sentamos en una mesa y Gaspar nos dice que comamos lo que queramos. Pedimos el menú de la casa.

Al rato de estar sentados miro a mi derecha y me parece ver a Arnau. Sí, es él, esta en una mesa junto a su hermana y otro chico. Me acerco y nos damos un abrazo. Se esperó un poco para esperar a su hermana y ya están juntos, creo que desde León no nos veíamos. Ramón les invita al café. Ellos alucinan con Ramón, más tarde hablaremos de él y Arnau me dirá que fue un buen detalle el invitarles. ¡Las de sorpresas que tiene este Camino!

Nos marchamos, nos despedimos de Arnau y en ruta a Molinaseca. Me va enseñando la ruta. En coche una maravilla, pero andando debe ser la repera. Muchos falsos llanos. Cerca de la Cruz de Ferro ya no hay mucha vegetación. Paramos en la Cruz, está al lado de la carretera. Me bajo solo. Llevo unas piedras. La costumbre es llevar unas piedras de tu lugar de origen y depositarlas junto a la cruz como signo de desprenderte de algo que te pesa. Yo lo hice igual pero quería que toda mi familia estuviera en ese momento conmigo y fue que todos tocaran las piedras. Como mi padre no podía tocarlas le pedí a mi madre que cogiera una del cementerio. Maribel dijo que llevara también piedras de aquí y así fue, hice lo mismo y las cogí del cementerio de aquí, en total llevaba cuatro piedras. Le di una a Manolo para que la llevara él. Así fue, cogí las piedras, las bese y las deposité junto a las de miles y miles de peregrinos que hacen lo mismo. Las lágrimas saltan de mis ojos, me acuerdo de mi padre, de todos, pero mucho de él.

Pasamos cerca del albergue de Manjarín. Ramón me cuenta un poco que Tomas el hospitalero, el ultimo templario, esta solo llevando este albergue. No hay luz, no hay agua, dicen que hay una magia especial si duermes allí una noche, el Camino autentico, duro y mágico. Subsiste de los peregrinos, de sus ayudas y de la gente como Ramón que de vez en cuando se deja caer con una caja de leche o de café. En los días de niebla, va hasta la cruz de Fierro y pertrechado con termos de café caliente da la bienvenida al peregrino helado y aterido. Esto es el Camino.

Nos queda la bajada a Molinaseca, muy dura, durisima. Paramos en El Acebo para ver si Manolo y Pino están, pero comieron hace un rato y continúan. Este pueblo es el primero de El Bierzo.

Molinaseca nos espera. Es un pueblo muy bonito y debido a la cercanía con Ponferrada mucha gente tiene sus chalets aquí. A la entrada del pueblo, se hace una piscina natural con unas compuertas que hay. Me imagino en verano bajando estas cuestas sudando y ver el agua fresquita, ¡la de carreras que debe haber hacia el liquido elemento!.

Nos vemos con Alfredo en una especie de cafetería pequeñita con pinta de ser la barra de un restaurante. Parece más pequeño que yo, pero bastante más inquieto. Quiere aprovecharse de la circunstancia de vivir al lado del Camino y lo va a conseguir. Hablan de temas relacionados con el Camino, conocen a la gente que pulula por ahí y saben de qué pie cojea cada uno de ellos. A mi claro que no me conoce, pero a partir de ahora y hasta Galicia sabrá de mí.

Vamos al albergue, está a la salida del pueblo hacia Ponferrada, es una antigua ermita pero muy reformada y con estilo por dentro muy nuevo, la reformó un arquitecto amigo de Alfredo. Abajo hay una pequeña cocina, al fondo los servicios y arriba los dormitorios. No es muy grande, dormirán como mucho 20 peregrinos. En verano en la calle debajo de una especie de porche también pueden dormir y en una especie de solar con césped planta unas tiendas de campaña para cuatro personas.

Ramón se despide, no tengo palabras de agradecimiento, me da un abrazo. ¡Hasta siempre Ramón!.

Manolo y Pino llegan. Me alegra volver a verlos. Manolo llega entusiasmado. La bajada desde El Acebo es impresionante y se alegra que no haya ido porque el pie estaría bastante resentido. Pino es más inexpresiva, dice que ha disfrutado y vale. Chantal la francesa también llego. Nos instalamos en el albergue.

Después de las duchas, nos bebemos una botella de vino que ha traído Alfredo y me da un masaje en el pie. Le enseña a Manolo o Manolo se fija como lo hace y a partir de entonces todo ira mucho mejor. Estando en esto del masaje, me acuerdo y reviso mis notas y veo que tengo una anotación de Gloria que me dice que no me olvide de tomarme unos vinos con Alfredo el hospitalero de Molinaseca. Se acuerda Alfredo de Gloria, es increíble esta mujer, por donde pasa deja huella. Ha cogido esto del Camino con unas ganas tremendas. Mi madrina del Camino es única.

Dicho y hecho, nos vamos de vinos. Cuando voy a coger el anorak me doy cuenta que no lo llevo, como tampoco un chubasquero que me regalo Javier en Astorga. Ahora recuerdo que lo deje en el coche de Ramón. Cuando lo llamo me dice que se acaba de dar cuenta, que me lo mandara con un bicigrino hasta Villafranca. De nuevo superagradecirdo. Manolo me mira como diciendo, a este ya lo conozco.

No hay nadie por las calles, pero es un pueblo precioso. Hay unas tabernas pequeñitas, pero con mucho encanto. Hemos empezado bien El Bierzo, ojalá terminemos mejor aun.

Manolo se comió en El Acebo un botillo y está lleno y con lo que picamos estamos listos, cuando llegamos al albergue hacemos limpieza de mochila y vamos a mandar por mensajería lo que nos sobra, en total unos 5 kilos.

Alfredo llega al albergue para despedirse de nosotros, buena persona este Alfredo, ojalá le vaya bien también en esta singladura.

A las diez y media a la cama. Chantal ya duerme. Yo lo hago mal, me levanto tres veces al servicio. Pino duerme abajo, dice que cerca del fuego y escuchando música en la radio, yo creo que es por los ronquidos, es muy cuidadosa en sus apreciaciones.
 
Día 13
Astorga-Rabanal del Camino (Domingo, 23 de Noviembre de 2003)


Esta es la idea. Ayer me dijo Javier que a ver como me encontraba hoy, pero que lo mejor era subir en coche hasta Rabanal. Lo haría él o el hospitalero Ramón. Yo acogiéndome al abuso y a la confianza, le digo que me parece fenomenal que acepto. Ramón llegó ayer y es un señor jubilado de Caja Madrid o prejubilado mejor dicho. Nos caemos bien.

Buenos pues eso, Manolo no se a que hora vino, pero ya esta en marcha. Desayunamos abajo y esperamos que venga Pino. Nosotros nos llevaremos la mochila de Manolo y así ellos irán más relajados. También se marcha Chantal que se ha tomado un plato de arroz con verduras que no se lo salta un gitano y todo eso a las ocho de la mañana.

Javier no esta, llamó ayer y dijo que se quedaría hoy en cama porque tiene un catarro bestial, no podré despedirme de él. Manolo y Pino se marchan, me da un poco de pena el que se marchen y me dejen aquí solo y tristón. Hablo con Ramón y veo que es un buen tío, aunque al principio me pareció que era un poco pedante con el tema del Camino. Leemos el periódico y espero hasta que él diga que nos marchemos.

A las doce subimos a Rabanal. Veo el camino al lado de la carretera y me da una sensación muy extraña el ir en coche y la gente andando, aunque no veo a Pino ni a Manolo, a quien si veo es a Chantal.

Enseguida llegamos a Rabanal, vamos al albergue Nuestra Señora del Pilar que lo llevan Esperanza y su marido Serafín. Hace bastantes años que se conocen. Ya contaré las buenas personas que son. Llamo a Manolo y me dice que van por el Ganso, les queda unos 7 kilómetros para llegar.

Ramón se marcha y me dice que haga reposo, que vea como voy y que esta tarde le llame, que no le importa acercarme mañana hasta Molinaseca porque hacer el tramo de la Cruz de Ferro es demasiado fuerte como tengo el pie. De todas formas le llamaré esta tarde. Le digo que abusando de su ofrecimiento ya sabe lo que le pediré. Se marcha y mañana nos veremos.

Serafín y Esperanza se marchan a misa y me dejan en el albergue, como no sé a que hora llegaran, llamo por teléfono al restaurante del padre de Javier, Pascual, para que sepa que llegaremos un poco tarde y que nos reserven mesa. No hay ningún problema. Leo una revista de National Geographic antigua. Escribo el diario y me llama Gloria de Barcelona preguntándome que tal ando, también se pone un tal Luigi que escribe en el foro. Gracias.

Llega primeramente Chantal y un poco después Manolo y Pino. Nos acabamos de instalar, nosotros fuera por los ronquidos y ellas dentro. Hay como una especie de cocina con chimenea cerca de donde están las mujeres, nosotros pasaremos un poco de frío, pero tenemos bastantes mantas.

Nos vamos a comer, también viene Chantal. El pie me molesta. No hay mucha gente, comemos bastante bien y no muy caro. La francesa dice que ayer fue su cumpleaños y que se va a invitar bien, se come un cocido maragato. ¡Qué espléndida la chica!, ¡como se lo monta ella sola!, esta visto que primero yo y después yo y a los demás que nos parta.

Ursula me pone un mensaje diciéndome que ni se me ocurra abandonar ahora, que Pepe – mi padre – tiene que estar orgulloso de lo que estoy haciendo. Se me saltan las lágrimas y Pino se levanta y me da un abrazo. Una preciosidad esa chiquilla.

Después de la comida no recuerdo si dormimos un poco de siesta. Me comenta Esperanza que esta tarde no hay completas. Hay una cosa que se llama presentación o exposición. En el pueblo hay tres frailes de Silos, pero dos están de misiones y uno solo no dará las completas, pero que a las siete y media habrá eso que no se explicar en la iglesia.

Marchamos Pino y yo, Manolo creo que hay fútbol y fue a un bar a verlo. La iglesia es pequeña y a mí me gusta. Esta como en ruinas porque están levantando el techo y tiene grietas. Pero me gusta. Hay un fraile en el altar sentado y cantando rezos en gregoriano. Solo hay una mujer y Esperanza. Es un momento muy bonito.

Esto dura como media hora. Al final justo aparece Manolo. Nos ponemos a ver la iglesia y se acerca al fraile y le dice que si tiene sello para la credencial de forma pausada y muy correcto. El fraile sin mirarle le suelta un no seco y desagradable. Cuando se aleja dice que va a cerrar la iglesia. Le decimos buenas noches y se marcha contestándonos. Sin comentarios, porque no merece la pena. Seguro que él va al cielo y nosotros si él esta en la puerta, no nos dejara entrar.

Tomamos una cervecita en el bar donde estuvo Manolo viendo el fútbol. Al entrar ya le conocen y le dicen algo sobre su Atlético. Este hombre no falla, siempre igual, aquí como allí. La verdad es que el fútbol une mucho aunque sea para meterse unos con otros. Pero yo la verdad lo he intentado, pero no puedo, no puedo tragarme ni siquiera el primer tiempo.

Tiene este bar un salón donde están los servicios con un techo alto de vigas de maderas que da gusto míralo.

El final del día se esta haciendo. Nos invitan a una copita de orujo Esperanza y su marido Serafín. Son gente única. La francesa está durmiendo, después del cocido se tomó una copita de aguardiente de hierbas y aun no se despertó de la siesta.

El pie como siempre, si no ando, si estoy quieto sentado, estoy fenomenal, pero cuando lo muevo ya se donde está. Yo me doy mi pomada, me tomo un antiiflamatorio, pero el pie esta ahí y lo noto solo con mirarlo. Espero a mañana para ver como funcionamos. Ya llamé esta tarde a Ramón y le dije lo que había. El me dijo que no me preocupara, que sobre las doce o la una estaría aquí. Yo le digo que suba y comemos juntos. Ya veremos, me contesta.

Cada mochuelo a su olivo, nosotros a una nave que hay al lado, listos para dormir y listos para volver a levantarnos a las tres de la madrugada a lo mismo de todo los días. En eso no fallamos, a lo mejor en otras cosas podríamos, pero a eso no.

 
Día 12
Astorga (Sábado, 22 de Noviembre de 2003)



Tranquilidad absoluta, nos despertamos con mucha quietud y silencio. Llueve, pero para mí hace buen tiempo. La mañana va a ser reposada, estaremos tranquilamente aquí en Astorga y a ver que pasa. Mi pie un poco molesto, pero creo que mejor, seguro que me molesta por el tute que me dio ayer Marta.

Desayunamos abajo todos, el francés no ha bajado la mochila, el austríaco se ha dado el piro ya, tomó algo ligero y adiós.

Javier nos preparara un desayuno grandioso, nos ponemos de tostadas de pan con aceite hasta arriba y no nos cobra, dice que ya se lo pagaremos. Un poco más tarde pondremos ropa a lavar y así le damos dinero. Será la primera vez que lave el pantalón de todos los días, deberá dejar un agua buena y con mucha sustancia.

Manolo se marcha a comprar y a dar una vuelta, dice que es una ciudad muy bonita. Yo me quedo aquí en el albergue, aprovecho para leerme revistas antiguas y estar en reposo. Hablo con Javier, me ducho y arreglo la mochila. Manolo viene y me cuenta que ha visto el museo del chocolate, el palacio arzobispal de Gaudi y se ha comprado un pantalón de plástico para el agua. Le teme al agua más que un gato. Llega una francesa llamada Chantal de 55 años con la que iremos juntos casi hasta Santiago.

A las dos vamos a comernos el famoso Cocino Maragato. Está un poco retirado, vamos despacio, el pie me duele, pero yo tranquilo. El restaurante se llama José Luis y el sitio es pequeño, debemos acabar antes de las tres porque tiene la mesa reservada para esa hora, le hicieron un favor a Manolo. Elegimos el vino y comenzamos. Primero se sirve la carne. Comemos despacio, por supuesto sin pan. Luego traen los garbanzos con la verdura. Son pura manteca, tiernos a más no poder, no hace falta masticarlos, se deshacen. Por ultimo la sopa que aquí son dos, una de fideos y otra de pan. Terrible, al final la sopa es solo probarla y es una pena con lo bien que vendría un caldito.

El tomarlo así, al revés de todo el mundo dicen que es porque en tiempo de guerra, se comían lo más caro y lo más provechoso del cocido primero no vaya a ser que viniera el enemigo y lo perdieran. Pero parece ser que los hosteleros han puesto esa forma de comerlo para darle más vistosidad y más esnobismo, porque la gente en sus casas lo come de la forma tradicional.

Nos vamos, creo que cuesta cada ración 15 euros. Al principio el pie ni me molesta, se lo digo a Manolo y este me da un abrazo que me deja seco, pero después al andar comienza de nuevo. Yo me tranquilizo, creo que lo superaré y gracias a la gente que tengo a mi alrededor.

Por supuesto que yo voy al pulguero, me voy a dormir, estoy rendido. Me despierta Manolo para decirme que tengo una visita, es Pino que llega desde Villandangos y se quedará en el otro albergue que dice que esta muy bien. Le agradezco su visita porque se que lo hace de corazón y además esta preocupada. Cuando se marcha, sigo durmiendo hasta las seis y media.

Después poca cosa, reposo en el albergue, hablo con el francés que resulta que es abuelo, tiene un hijo de 22 años y ha tenido un bebé. El tiene 43 años, más joven que yo. Le felicito.

Preguntan por mi, es un hermano de Antonio&Aitor que me trae la navaja perdida en Santo Domingo, Sin palabras. Estaba charlando conmigo Pino, Javier la invita incluso a un chocolate. Yo ceno una magdalena y una pastilla antiinflamtoria.

Pino se marcha al otro albergue a dormir, Manolo se fue a ver el fútbol y yo a las diez y media me enrosco en la cama. A dormir.
 
Día 11
Aquí seguimos con el relato que realice del Camino. Por relatos anteriores sabreís que ronco, lo siento mucho por los que me escuchan y ello me ha traido consigo algunos problemas. Siempre quise pasar desapercibido y con eso es imposible. Lo siento algo malo tenia que tener. Que os guste.



León-Astorga (Viernes, 21 de Noviembre de 2003)


A las siete y media, arriba. El pie lo noto, pero intento andar. Emma nos da de desayunar, colacao, galletas, manzanas y a volar.

Ajetreo en León, la ciudad se mueve, la gente a trabajar, a estudiar. Nosotros a andar. Pasamos por delante de San Marcos, nos queda tan lejos, el andar te separa de muchas cosas y te acerca a otras.

Es un rollo el salir de León, hay niebla, vamos en paralelo a la carretera, es peligroso, no se ve bien, vas como de forma instintiva.

El pie cada vez me molesta más, vamos muy despacio. Manolo de vez en cuando me pregunta, pero casi sin contestarle se da cuenta que algo no va bien. Yo sufro y él también sufre, aquí sufrimos todos. Los rezos de las Carvajalas no hacen efecto, pero como dice mi padrino Antonio, Santi aprieta pero no ahoga.

En Virgen del Camino paramos a desayunar, los típicos huevos fritos con chorizo. Es curioso, es un bar enfrente de un cuartel de la guardia civil y digo que es curioso porque la señora esta detrás de la barra y el marido en la cocina y además los dos en su puesto lo hacen muy bien porque él te pone de guarnición patatas y con muy buena presencia y ella esta muy pendiente de ti. Me parece bien el cambio, es bueno no marcar demasiado los estamentos.

A la salida del pueblo, pasada la basílica de la Virgen del Camino comienza la disyuntiva: por la derecha o por la izquierda, por la derecha parece que es el camino original, por la izquierda no pero parece que hay menos kilómetros y además no va por carretera. Craso error esto ultimo, porque nosotros vamos por la izquierda.

En condiciones normales, seria un lugar maravilloso, sobretodo antes de llegar a Chozas de Abajo hay una zona que me gusto, pero que debido a los problemas del pie no pude gozarlo. Manolo sigue a mi lado, serio y en silencio. Se me hace eterno cada paso, intento no pensar en eso, pero es imposible, plantar el pie en el suelo es dolor y levantarlo es dolor.

Llegamos a Chozas, no puedo más, en la plaza del pueblo me siento y le digo a Manolo que no puedo seguir. El se dirige a una chica que le informa que el ayuntamiento le puede ayudar. Baja al cabo del rato dice que viene un taxi de Hospital de Orbigo. Me pongo a llorar, Manolo me consuela como puede, pero yo le digo que este año todo me ha salido mal, la muerte de mi padre y ahora esto, retirarse ahora seria terrible, pero estoy abatido. Ya lo haremos otro año, me dice Manolo y yo le digo que ahora o nunca. No hay tiempo.

Llega el taxi, el taxista es muy buena persona, me dice que no me preocupe, que ya lo solucionare, que no soy el único, que lo importante es cuidarse. Yo asiento, no puedo decirle nada más.

Nos lleva a Astorga y el muy cuco, nos enseña la ciudad en vistas de que yo voy a estar en reposo y no podré ver nada. Se lo agradezco porque así será.

Nos lleva al albergue de San Javier y dejamos las mochilas. Maravillosos los dueños al primer contacto y certificado en los días sucesivos. Después nos acercamos al Centro de Salud, allí esperamos un poco por un accidente de trafico que ha habido y nos atiende una doctora que dice que tengo una zona dolorida debida a una contusión y que tome unas pastillas y una pomada que me receta. Nos vamos al albergue. Hemos pensado quedarnos aquí hasta el domingo descansando y esperando que el pie salga adelante.

Javier es uno de los dueños del albergue, encantador y cojonudo. Chus es su prima y también lleva parte del negocio. Hoy es su cumpleaños, nos invitan a dulces. El albergue es muy bonito, es un edificio antiguo, aquello es como estar en familia.

Nos ponen en una habitación solos, tenemos calefacción, hay varias duchas, un patio, una especie de solarium. Es un sitio muy cómodo.

Manolo se va a dar una vuelta, esta cómodo, entra y sale, compra para hacer la cena, visita la ciudad, se toma sus cervecitas, esta disfrutando. Yo me alegro por él, el pobre lo ha pasado mal.

Javier me habla un poco del albergue. El edificio pertenecía a su familia pero su madre lo compro y lo tiene junto a su prima para explotarlo. También está un hospitalero voluntario que ahora está en Santiago. Hay una mesa camilla y allí se sienta quien entra, es un ambiente muy agradable, solo te pregunta por tu salud, nada más, nada de cotillear.

Es una sorpresa encontrarnos al francés de Bercianos, el de “Yo Soupa”, también el austríaco de Mansilla, que aquí será el día que le perdamos de vista.

Por la tarde entro a Internet y en el foro cuento un poco mis problemas y lo abatido que estoy. Ahí es donde comienzo a entender que lo mío es una tendinitis, seguro por un sobresfuerzo ocasionado por el peso de la mochila, pero vaya usted a saber.

Al cabo de unos minutos me llama Antonio de Logroño y me da ánimos, también Maribel y mi madre que se ha enterado de mis dolencias. Al cabo de media hora, de nuevo me llama Antonio y me dice que me vaya a una clínica de masajes que me esta esperando una fisioterapeuta llamada Marta. Allí me presento y me dice que efectivamente es una tendinitis, que este en reposo que en un par de días me pondré como nuevo. Me alegro de oírle decir eso. Me da un masaje, me hace daño, pero estoy contento. Le digo que es un ángel que Santi a mandado para que pueda abrazarle. Se ríe, es una niña muy agradable y cariñosa.

Voy contento, le digo a Manolo que vaya suerte he tenido con la gente, lo bien que se están portando conmigo. Estoy contento.

Mañana hemos reservado en un restaurante de aquí de Astorga, mesa para comernos un Cocido Maragato. Sigo con mi pierna en reposo, esta familia me pregunta un montón de veces por mi pierna, se preocupan de verdad.

No sabemos nada de Pino y de Arnau, los hemos dejado atrás, mañana sabremos de ellos. Mañana continuamos aquí, estamos como en casa. Felices sueños. Hasta mañana.


Desde esta página de mi diario de nuevo queria agradecer a esa buena gente que encontré. No he visto tanto cariño en tan pocos metros cuadrados. Ellos ya lo saben, porque les llamo a menudo y siempre para lo mismo, pero los quiero un montón. Un beso para ellos y para todos.
 
Día 10
Mansilla de las Mulas-León (Jueves, 20 de Noviembre de 2003)


Cuando me levanto de madrugada para ir al servicio, veo que Pino no esta en su cama y creo que esta en el salón, imagino cual es el motivo ya me enterare mañana, yo vuelvo al pulguero.

Nos levantamos, desayunamos, hablo con Pino y me dice que no que no ha sido por los ronquidos – miente – que en el salón estaba más calentita. Lo dejamos así, pero me molestan que hagan eso por mi culpa. Pino es así, tiene una buena mano izquierda, es maja la jodida.

A las ocho y media dejamos Mansilla, vamos camino a León. Le comento a Manolo que hoy es el 20-N y nos ponemos a cantar el Cara al Sol, no nos acordamos de la letra, nos partimos de la risa. La carretera va paralela al camino.

Me cuenta el partido de anoche contra Noruega y comienzo a notar una molestia en el pie izquierdo, como si la bota la llevara un poco apretada. Paramos a quitarnos algo de ropa y la bota la aflojo un poco. Seguimos caminando y veo que la molestia no se quita, está ahí y no mejora. Vamos más despacio que los días anteriores. ¿Será el castigo por el 20-N?

En Puente de Villarente, a la entrada hay un puente largo para cruzar un río y muy peligroso, porque hay un tramo que no hay barrera y prácticamente no hay arcén y hay bastante trafico.

Paramos a comprar pan, Manolo lleva chorizo que compró en Mansilla. El pie sigue igual. Manolo el pobre se preocupa de mí, pero es la impotencia esta que no puedes hacer nada.

Antes de subir el Alto de Portillo desde el que se ve León, paramos a comer el chorizo. Nos alcanza un chaval aragonés que nos dice que quiere ir a dormir pasado León porque tiene poco tiempo, va a escape. También nos alcanza tres chavales que luego veremos en León.

Cada vez hace más calor, vamos solo en camiseta. A la entrada a León paramos en una farmacia a comprar una tobillera. La farmacéutica se desvive por mí e incluso me regala unos calcetines de media para que me entre la tobillera. Continuamos, pero sigue la molestia.

Cruzamos León despacio, la gente va con abrigos y nosotros en mangas cortas. Preguntamos por el albergue de las Carvajalas. Antes oímos que nos gritan y es Pino desde un autobús, pasará el día con una amiga suya de aquí de León que conoció en Guatemala.

Llegamos al Albergue, allí esta Emma una chica irlandesa, es muy viva y la forma de hablar castellano me hace reír. Nos duchamos y vamos a comer al barrio Húmedo que es la zona de las tapas aquí en León. Hoy he pensado que me quedare en cama toda la tarde en reposo a ver si estas molestias desaparecen.

Manolo se marcha a hacer turismo, yo me quedo y duermo la siesta. Me despierto y veo que llega Arnau con una chica que dice que es su hermana, se le une al camino. Al rato llega Pino, me presenta a su amiga y se acerca a saludarme. Se preocupa de mí la chica esta. Se marchan los tres de fiesta.

Gloria de Barcelona, me dijo que no me perdiera el canto de completas de las monjas y allí fuimos a las diez, Manolo, la hermana de Arnau y yo. Pensaba que era algo más recogido, pero es en la iglesia de las monjas que es muy grande y ellas están detrás de unas rejas y apenas se las ve. Cantan, rezan, hablan y a la media hora termina el acto, la madre abadesa nos da la bendición de los peregrinos y nos vamos a dormir. He rezado para que la molestia del pie no vaya a más. Me acuesto, ya veremos mañana.
 
Día 9
Bercianos del Real Camino-Mansilla de las Mulas (Miércoles, 19 de Noviembre de 2003)


¡Qué bien hemos dormido!, las colchonetas en el suelo han estado fantásticas, no son muy gruesas, pero cuando uno esta cansado la verdad es que agradeces lo que buenamente te ofrecen, porque tu dolorido cuerpo lo agradecerá.

Tomamos en el desayuno la leche que Tina nos dejo con unas galletas que había también en el albergue. Desde luego como este albergue no encontraremos ninguno.

Nos vamos ya, Pino se une a nosotros y salimos hacia Mansilla de las Mulas, Arnau se queda rezagado entre las sabanas del saco. Hace frío, pero al andar uno se calienta enseguida. Nos encontramos con un/a chico/a que nos indica que camino coger. No sabemos que era si chico o chica, unos que de un sexo y otros de otro, lo que sí es verdad es que nos ayudo y se molesto en informarnos.

Al cabo de unas dos horas llegamos a El Burgo Ranero y vemos de lejos a alguien que esta llamando a Pino. Es Angel, el gallego que nos encontramos en Frómista y que perdimos el rastro porque esa noche durmió en Calzadilla junto al vasco, ese día que hacia tanto aire. Angel, llego a El Burgo y vio que no había nadie de hospitalero en el albergue. Fue a ver al alcalde y este encantado, porque el albergue estaba sucio y con muchas averías.

Nos enseño el albergue, nos contó el problema desde que llego y lo vio por primera vez. Ahora estaba limpio y curioso, esperando al técnico de las lavadoras para repararlas porque intentaron robar el dinero. Durante quince días a un mes que es lo normal de duración máxima de un hospitalero voluntario, se quedara en el albergue. ¡Qué tenga suerte!.

Buscamos una tienda para comprar algo de comida y poder almorzar. Descubrimos en una tienda que tienen jamón de ternera llamado cecina. Compramos entonces unas lonchas y la señora nos prepara unos bocadillos, a Pino no que a ella no le gusta mucho la carne. Ella no sé que es lo que compra.

Nos despedimos de Angel, que le vaya bien y que tenga suerte. Nos vamos, seguimos por el páramo y las telas de araña de los chopos. Estos no son muy altos, no se cuando los plantaron, imagino en verano dando el sol y con estas sombrillas, se deben achicharrar.

Seguimos andando, el camino va paralelo a la carretera, carretera poco transitada, seguimos los tres nuestra caminata peregrina.

A la izquierda del camino hay un área de descanso y no preparamos para tomar lo comprado en El Burgo. Hay dos mesas tremendas, Pino aprovecha para meter los pies en una charca cercana que parece ser que eso descansa mucho, Arnau también lo hace y siempre que andamos y vemos alguna charca, río, laguna o alberca digo que ahí meterá Arnau los pies.

Cuando estamos a punto de irnos, aparece Arnau, viene parando en dos mil sitios y creo que aprovecha también para mojarse los pies.

El resto de la jornada vamos Pino y yo detrás y delante Manolo y Arnau, ellos van charlando sobre cosas más técnicas de la vida, nosotros desde la muerte de mi padre, hasta las playas de Fuerteventura. Me da información para comprar unos libros sobre la vida después de la muerte, podrían ser interesantes, pero todavía no los he comprado. El camino se nos va haciendo más entretenido. Esta jornada fue para mi placentera, Pino es buena contertulia pero también sabe escuchar y eso es muy importante. ¡Y además es guapa, señores!

Manolo y Arnaud van protegiéndonos de esas telillas que van soltando los chopos, a pesar de eso también se nos van pegando gran cantidad de ellas.

Llegamos a Mansilla de las Mulas, el pueblo es bastante grande y tiene todos los servicios, mañana juega España su clasificación para la Eurocopa contra Noruega y Manolo quiere ver el partido como sea.

El albergue esta en una calle estrecha y antes hemos pasado por delante de un velatorio y esto me hace recordar que esto es un paso en este mundo y ya esta.

Laura es la hospitalera del albergue, es voluntaria y ni se sabe desde cuando a pesar de no ser mayor, también hay un señor alemán pero no esta, habla con él por teléfono y le informa los que estamos en el albergue. El albergue aprovecha también para tener algunas dependencias municipales, abajo están las duchas en un patio con el tendedero y arriba una cocina, los baños, y el dormitorio. Nosotros nos apartamos para evitar el efecto ronquido.

La ducha es reparadora, pero hace un frío que pela, el patio te deja helado por todos los lados, pero sienta muy bien.

Tengo que comprarme unos guantes nuevos porque los míos los perdí en el trayecto de Castrojeriz a Itero y los tuve que dejar en el coche de Vitorino. Me acerco a la plaza del pueblo y es una plaza enorme, grande, con sopórtales a los lados.

Entro en una tienda de estas mercerías con mostrador de madera y me atiende un señor con mucha simpatía.

He quedado con Arnau en un bar que parece que se ha quedado clavado en el tiempo, vamos a comprar viandas para hacer la cena en el albergue.

Llega un alemán que no sabe ni papa de castellano, Laura nos sorprende hablándolo. Lleva recorridos 3.500 kilómetros y dice que se pondrá tapones para los ronquidos, es una persona muy solitaria.

Preparamos la cena y cenamos nosotros tres, Pino y Arnau se ponen a hablar sobre sus estancias en Sudamérica, Pino hace poco que ha venido de Guatemala y ha estado allí tres meses. A esta chica la noto algo rara, a Arnau ni te cuento, es el típico tío pasotilla y místico que pasa de la vida y se engancha a lo más practico. No me encuentro a gusto en esa conversación, no tengo nada en común, solo estoy haciendo el Camino porque quiero y me da la gana, no quiero que se pare el mundo para bajarme.

Le guardamos cena a Manolo que viene un poco más tarde de ver el fútbol, le cuento que son buena gente pero que no tenemos que ver nada con ellos, vivimos historias distintas, lo único que nos une es que hay que sobrevivir. Días más tarde me arrepentiré de estos pensamientos. Sobretodo de Arnau.

Nos vamos a la cama, como todos los días lo estamos deseando, esperemos que descansemos, feliz sueño.


PD. Meses más tarde Manolo ha estado con Tris, su yerno, en este pueblo y dice que la tienda de comestibles donde compramos la cena y el desayuno del día siguiente ya no existe, la han tirado. Seguro que ira un supermercado, una pena.