Madrid-Orejas-Tensión
El lunes me marche a Madrid. Mi jefe me dijo que tenía que hacer unos trabajos (justo los de todos los años) y allí me fui. Le dije a mi mujer que tenia que ir y porque no se venia conmigo y ella encantada. ¡Los dos pa Madrid!
¡Y que calor!, menos mal que todavía se puede aguantar en esas terracitas y sombrillas. Da gusto cenar al aire libre sin el agobio ni el calor del verano.
Madrid esta de obras, por lo menos la zona donde he parado. Un rollo el meter el coche entre tanto coche y tan estrecho. Menos mal que uno tiene tranquilidad y sosiego, porque el tráfico de Madrid esta insoportable, siempre lo ha estado y siempre lo estará.
Una gozada en esa Plaza Mayor, rodeado de guiris y no tan guiris, esa plaza de Santa Ana, tomando una copita en plan traquidito y sin agobios. Pero esa ración de orejas y esa fritura de pescaito en una terraza de un bar pequeñito en la zona de Chamartin ha sido impresionante. ¡Que cosa más rica!. Madrid es para muchísima gente.
Pero en Madrid me han abierto los ojos, algo que no quería admitir y que ya debo tomar una decisión. Hoy jueves me han diagnosticado hipertensión, o sea que tengo la tensión alta. Y encima estoy con unos kilitos de más y tengo el colesterol en zona casi peligrosa. Y me da rabia. Si, porque uno no es un gran juerguista. Como de todo, todo me gusta pero últimamente no abuso de grasas ni alcohol. Me tomo una cerveza, UNA, los fines de semana. Y las ensaladas y verduras están en mi dieta, pero algo falla.
Por tanto, durante un tiempo nada de sal, bajar de peso, andar (últimamente me ha dado por el sillón bol), nada de grasas, nada de alcohol (adiós cervecita, adiós). Después si no baja, pastillita al canto. No os podéis imaginar la de gente hipertensa que hay pululando por esos lares. Pues nada, uno más en la terna. Joder, uno se hace mayor y ya esta. Hoy he leído mi diario y Alma me ha escrito que me cuide. Tratare de hacerlo sobretodo por los que me quieren.
A mis compañeros de Madrid ya les he comunicado que no me conocerán dentro de un año de lo delgado que estaré. ¿Podré hacerlo?. Dentro de un año, si Dios quiere, lo veremos.
¡Benditas orejas a la plancha!, ¿cuándo os volveré a ver?.
¡Y que calor!, menos mal que todavía se puede aguantar en esas terracitas y sombrillas. Da gusto cenar al aire libre sin el agobio ni el calor del verano.
Madrid esta de obras, por lo menos la zona donde he parado. Un rollo el meter el coche entre tanto coche y tan estrecho. Menos mal que uno tiene tranquilidad y sosiego, porque el tráfico de Madrid esta insoportable, siempre lo ha estado y siempre lo estará.
Una gozada en esa Plaza Mayor, rodeado de guiris y no tan guiris, esa plaza de Santa Ana, tomando una copita en plan traquidito y sin agobios. Pero esa ración de orejas y esa fritura de pescaito en una terraza de un bar pequeñito en la zona de Chamartin ha sido impresionante. ¡Que cosa más rica!. Madrid es para muchísima gente.
Pero en Madrid me han abierto los ojos, algo que no quería admitir y que ya debo tomar una decisión. Hoy jueves me han diagnosticado hipertensión, o sea que tengo la tensión alta. Y encima estoy con unos kilitos de más y tengo el colesterol en zona casi peligrosa. Y me da rabia. Si, porque uno no es un gran juerguista. Como de todo, todo me gusta pero últimamente no abuso de grasas ni alcohol. Me tomo una cerveza, UNA, los fines de semana. Y las ensaladas y verduras están en mi dieta, pero algo falla.
Por tanto, durante un tiempo nada de sal, bajar de peso, andar (últimamente me ha dado por el sillón bol), nada de grasas, nada de alcohol (adiós cervecita, adiós). Después si no baja, pastillita al canto. No os podéis imaginar la de gente hipertensa que hay pululando por esos lares. Pues nada, uno más en la terna. Joder, uno se hace mayor y ya esta. Hoy he leído mi diario y Alma me ha escrito que me cuide. Tratare de hacerlo sobretodo por los que me quieren.
A mis compañeros de Madrid ya les he comunicado que no me conocerán dentro de un año de lo delgado que estaré. ¿Podré hacerlo?. Dentro de un año, si Dios quiere, lo veremos.
¡Benditas orejas a la plancha!, ¿cuándo os volveré a ver?.
Día 23, 24 y Epilogo
Arzua-Santa Irene-Santiago-Monte do Gozo (Miércoles, 3 de Noviembre 2003)
No madrugamos hoy. En teoría tenemos una etapa corta y no queremos castigarnos mucho. Deberíamos de ir hoy directamente a Monte do Gozo, dormir esa noche y al día siguiente como son pocos kilómetros estar en Santiago a primera hora y asistir a misa del peregrino a las 11. Haremos entonces hoy hasta Arca y mañana ir a Monte do Gozo.
Tomamos café y tostadas en un bar cerca del hostal. Tarda en amanecer, pero al final y con lluvia salimos hacia delante.
El paisaje es bonito, esta etapa esta muy bien, pero lo que pasa es que la lluvia no te deja contemplarlo.
Pasamos por aldeas con pocas casas y con poca gente. A lo largo del Camino hemos visto mucha gente, pero también muchísima gente poco habladora. El peregrino saluda y el paisano contesta, a veces con un saludo efusivo, otras con un movimiento de cabeza y otras con un gruñido. Pero muchas veces si el peregrino pasa de largo el paisano pasa también, deben ser muchas las personas que pasan por aquí, todos de sus padres y sus madres y dar el toque a tanta gente debe ser muy difícil.
Al paso de una de estas aldeas, lloviznaba, oímos una voz que nos dice que vaya día tenemos para andar. Se trata de una señora que esta recogiendo la ropa y que amablemente se interesa por nosotros. Nos paramos a hablar con ella y agradeciéndole el calor humano que ha tenido al pararse a hablar con nosotros.
Muchos robles a lo largo de hoy, también bastante agua. Es una pena porque como ya dije días atrás el agua te corta bastante y te mantiene callado, sin muchas ganas de hablar.
En Salceda al lado de la carretera paramos en un bar. También es tienda, pero de risa porque hay una estantería en un rincón con cuatro cosas y ya esta. También hay una cámara frigorífica con algunos embutidos y quesos. Hay un cartel que pone: “Utilizar el Reflex en la calle” En la barra están las dos señoras que estaban cenado la otra noche en Palas, son inglesas – sigo creyendo – y toman café con leche.
Le preguntamos a la señora si nos puede preparar algo y nos dice que de cocina no, solo embutidos, de acuerdo, le pedimos un poco de queso y jamón. Hace frió en el bar, hay una estufa de leña apagada y esta señora esta con un anorak puesto. Para preparar esto se quita el anorak y nos pone queso y jamón en lonchas, cosa más mala nunca he comido en mi vida, pero cuando el hambre aprieta, no hay quien lo pare. Termina de prepararlo y se pone de nuevo el abrigo.
Tiene una cara de mala leche terrible, no es mayor tendrá unos treinta años, el pelo a lo tazón y nos mira con desprecio, que parece que nos va a matar.
Nos vamos de allí con más pena que gloria. Sigue lloviendo, no deja ni un minuto. En un recodo del camino encontramos el monumento a Guillermo Watt que falleció en este lugar en 1993. Hay como una hornacina y unas botas metálicas con una leyenda con la fecha de su muerte, “a una jornada de Santiago”. Vaya suerte la del pobre hombre, que poco le quedaba.
Poco después en otra aldea, Ras o Brea no recuerdo bien, hay otra lapida a la izquierda recordando a Mariano Sánchez-Covisa Cerro fallecido también en 1993 el 24 de septiembre día de las Mercedes. Me dejan huella estas señales, faltando tan poco para terminar. Hasta el ultimo metro cualquier cosa puede pasar, somos muy frágiles y durante este Camino me he dado cuenta de lo vulnerables que podemos ser.
Seguimos andando y sigue lloviendo. En un repecho me dice Manolo que esta molesto, que está intentando ver algún sitio seco para poderse tomar una pastilla. Le digo que podemos parar en cualquier sitio para tomarla aunque llueva, pero dice que no que puede esperar. Pero él va callado, no dice nada, hace gestos cuando le pregunto.
Llegamos al alto de Santa Irene, la carretera va paralela al camino, se ven al fondo camiones estacionados, es la hora de la comida. Cruzamos a la derecha de la carretera y entramos en el mesón El Empalme. Es pequeño, Manolo se sienta en una mesa y le veo la cara. Tiene los ojos tristes y retorcidos con la mirada perdida, pone un gesto de dolor casi de continuo. La mano izquierda la tiene apoyada en su frente.
Hay bastante gente comiendo, hay un trasiego en la barra entre una señora joven y un señor de unos treinta años que debe ser su marido. Ella se acerca a mi y me pregunta algo yo le contesto que quiero una cerveza y mi amigo no se porque esta muy molesto. Ella se preocupa y entonces Manolo se levanta y se acerca a la barra, la señora le pregunta qué que le pasa y el lo único que le dice es que si tiene sello. ¡La madre que le parió!, esta jodido del riñón y lo único que se le ocurre decir es que si hay sello. La señora le dice que sí que no se preocupe, pero que lo primero es que se mejore de su estado.
Manolo lo único que quiere es agua. Va al servicio y devuelve, no se encuentra mejor, se retuerce en la silla. Al final y después de comer algo, llamamos al servicio de urgencias. Nos dicen que vendrá una ambulancia a por nosotros.
Esta señora tiene una niña y yo viendo lo bien que se porta con Manolo, me dedico a cuidar a la niña. Se llama Iría y es una preciosidad. Todo el mundo le hace carantoñas.
Se presenta la ambulancia y con ella una chica que no se si es enfermera y un conductor. Dice que tiene que llevarnos al Hospital Clínico de Santiago. Que le vamos a hacer, tendrá que ser así. Yo lo que no puedo es dejar a mi amigo Manolo, empezamos juntos y terminamos juntos.
Nos despedimos de la señora agradeciéndole sus consuelos y sus molestias con Manolo y hacernos la estancia más agradable.
Suela el teléfono de Manolo, yo lo cojo, es Sonia, su hija, le digo que vamos en un taxi a Santiago, porque estaba molesto su padre y lo mejor era ir al hospital. Nos pregunta que a que hospital y le digo que al Clínico. Luego se pone Manolo y dice que vendrá a verlo esta tarde.
Manolo se le escapan las lagrimas, esta incluso mejor, como se tomo dos pastillas después de devolver al final están haciendo su efecto. Le digo que no se preocupe, que luego le digo lo que estoy pensando. Parece que se anima un poco más.
Cuando entramos en Santiago, el conductor pone la sirena, Manolo se asusta más, imagino que él cumple con su deber y nos lleva al hospital de la forma más rápida posible.
Cuando llegamos al hospital, las prisas se terminan y nos hacen esperar, porque le valoran antes y creen que debe esperar. Aquello parece una consulta de medicina del seguro. Se marchan los de la ambulancia y nos desean suerte. Esta gente es muy maja. Da gusto que le atiendan así a uno.
Esperamos un rato bastante largo. Aparecen Tris y Sonia, la pobre se le saltan las lágrimas. Pero se tranquiliza al ver a su padre mucho mejor.
Nos atiende una doctora y le dice que es un calculo que tiene – sin utilizar ningún método de diagnostico, solo la tira de la orina – y le manda Buscapina y otras pastillas más. Ya estamos más tranquilos.
Yo propongo irnos al Monte do Gozo y mañana ver que tal está, si esta bien vamos andando esos pocos kilómetros y sino ya veremos.
Así lo hacemos. Vamos a Monte ese y es una explanada grande con muchos restaurantes – ahora cerrados – que debe funcionar mejor en verano, una ciudad de vacaciones según pone en la publicidad y que sigue viviendo qué aquí fue donde Juan Pablo II congregó a un montón de jóvenes en su primera visita a España y tiene su monumento conmemorativo y todo. Nos cobran 40 € por una habitación, pero prefiero que Manolo esté cómodo y descanse bien. También hay un albergue pero ni siquiera nos acercamos a verlo.
Ellos se marchan mañana vendrán por aquí a recogernos. A la mujer de Manolo le han dicho que iban a ver una tienda en otro pueblo.
Hay una pequeña tienda de comestibles, también hay estudiantes en el recinto en pabellones preparados para ellos y aprovechan para comprar alguna cosa de picar. Compramos algo para una cena ligera, desechando el cenar en el restaurante por carero y sosos.
Durante la cena llamó Pino y Manolo me hace gestos para decirme que no le diga nada, le cuento que dimos un buen estirón y que por eso estamos tan cerca. Ella se queda muy extrañada y más adelante se lo contaré.
Pues nada, a la cama. Manolo no tiene ahora molestias y estamos deseando que mañana todo vaya bien y terminemos esta pequeña odisea.
Ya en la cama recuerdo con emoción a Guillermo Watt y Sánchez Covisa. No ha sido lo mismo, pero que pena faltando tan pocos kilómetros nos pasa esto, aunque nosotros hemos estado en Santiago, ellos nunca lo lograron. Un recuerdo cariñoso por todos aquellos que quisieron y no pudieron.
Monte do Gozo-Santiago (Jueves, 4 de Diciembre de 2003)
Hemos dormido bien, le pregunto a Manolo y me dice que de maravilla, que se encuentra bien, ¡bendito sea Dios!, llegaremos a Santiago, si Él lo quiere.
Desayunamos en la cafetería, unas tostadas con café, no muy buenas y caras. Al peregrino hay que exprimirle hasta el último kilómetro.
Va amaneciendo a medida que salimos. Santiago esta ahí mismo, pero vamos muy callados, en silencio, y lo poco que hablamos es de cosas sin trascendencia. Ahora me da rabia haber actuado así, pero después de todo lo que habíamos pasado no me apetecía festejarlo mucho.
La señalización es muy escasa, parece mentira que entres en Santiago, le meta de muchas ilusiones y sea así de fría. Tienes que ir regateando coches en aceras e ir buscando la flecha amarilla y tratando de imaginar por donde es.
Llegamos a la plaza del Obradoiro, Manolo y yo nos damos la mano, teníamos que habernos dado un abrazo, tenía que haberle dado un abrazo, pero así de fría fue la cosa. Nos hizo una foto un japonés que había por allí. La plaza estaba vacía, solo pasaban algunas personas camino de sus trabajos o estudios.
Vamos a la Oficina del Peregrino, sellamos, nos dan la Compostela, certificado de haber realizado el camino y nos tomamos un chupito para celebrarlo de licor café.
Ayer llame a Inma para decirle lo que pasaba y que adelantábamos nuestra llegada. La mujer lo lamento e incluso se ofreció para venir con algún inyectable para Manolo.
Lo que sigue después es rápido, viene la familia de Manolo, antes hemos estado en la misa del Peregrino, donde lanzan el botafumeiro gracias a la cuestación de grupo numeroso de franceses que pagan el que pueda ser izado porque ahora si no se paga no lo sacan y donde dicen que de Cáceres han venido dos peregrinos que han salido de Santo Domingo de la Calzada. Esos somos nosotros.
Esto es así y así termino, nos fuimos a Pontevedra, estuvimos tres días allí y luego marchamos a Madrid y más tarde a Navalmoral donde llegamos un 7 de Diciembre. Esa noche Manolo fue a urgencias.
Epilogo
¿Cómo resumir en poco espacio todas estas jornadas?, Con agradecimientos. Quisiera agradecer a mucha gente su ayuda en que esto fuera a bien. Para empezar mención especial a Maribel porque fue amiga y me ayudo en los buenos y en los malos momentos y me dio la oportunidad de hacer todo esto gracias a su sacrificio; a Manolo, mi compañero de viaje, mi amigo y a mi madre por eso por ser mi madre y estar en los ratos que uno necesita a una madre.
A Ursula y Borja porque sus palabras y su recuerdo me ayudaron en numerosos declives. También por supuesto a Inma, fiel amiga con su marido Toni; a Jesús mi hermano porque se emociono incluso más que yo en ciertos momentos; a Elena mi compañera de trabajo que fue la nota alegre, emocionante y dicharachera del Camino y por supuesto a Miguel que aunque no le oíamos estaba a nuestro lado. A Antonio&Aitor mi padrino del Camino, a Gloria mi madrina del Camino, dos elementos cariñosos, serviciales, buenas personas y mejores amigos. Por supuesto a Tris, Sonia y Teresa familia de Manolo porque fueron los puntales de muchas jornadas y del final que tuvimos después en Pontevedra, glorioso.
A Asun por tenerme en sus pensamientos y demostrarlo en muchas ocasiones. A mi suegra Isabel, por llamarme en las cuestas, aunque no hay cuestas que 100 años dure. A Concha de Madrid por preguntarse un montón de veces que hacia yo en el Camino, pero ayudándome con su palabra que es lo mejor que sabe hacer; a mis hermanos Pedro y Manolo y a mis tías Manuela y Matilde que no estuvieron, pero que estaban.
A Gorgonio y Felipe el cura por su inquietud en el dichoso papel de credencial; a mis compañeros de trabajo porque unos que no y otros que sí. A Joaquín por sus molestias. A Manolo, Manolin por su entusiasmo en que conociéramos peregrinas, por supuesto a su mujer Visi que siempre la he tenido gran cariño y porque me ayudo y me aconsejo en un momento difícil. A Juanma, porque dice que soy su ídolo (?). A Santiago por no querer venir. A Miguel Angel por darme la vara en todas las llamadas aunque yo se que el fondo me tiene envidia. A Gerardo por tener sus dudas al principio pero al final se que se disiparon; a Manolo Tiendas porque sí. A Pepe Pleite porque supo estar a mi lado como un buen amigo en aquellos días tan terribles y por supuesto en los días de andar, gracias. A Lupe por sus atenciones antes y después del Camino.
A Pino y Arnáu, por ser amigos, compañeros, peregrinos, sin ellos seguro que no habría sido lo mismo, os quiero. Por supuesto a Javier, Chus y Ramón de Astorga por ser hospitaleros, amigos y además buena gente. A Esperanza y Serafín mis padres en Rabanal, por ocuparse de mi como si fuera un hijo para ellos. A Marisa Pérez la hospitalera de Terradillos, porque me abrió los ojos un día que los tenia muy cerrados; a la pulpera de Ezequiel por decirme una de las cosas más bonitas de mi vida; a Laura de Itero por esos bocadillos que nos preparo con tanto aliento en ese día tan peculiar para nosotros; a Ana la hija de Marisa Pérez por dejarme darle un beso, ser tímida y silenciosa, tiempo tendrá para hablar; a Vicente hospitalero de Belorado por oír de su boca las primeras palabras amables del Camino; a Marcela de San Juan de Ortega por aquellas morcillas de arroz tan buenas y aquella tertulia tan especial; a la señora colombiana de Cardeñuela por aquellos memorables huevos con beicon en un día de mucho asfalto.
Al hospitalero de San Domingo por la custodia de la navaja; a Ángel de Ubrique porque todos no somos Jesulin; al hospitalero de El Parral por tener mal genio; a Marisol de Hornillos por aquellas comidas y cenas realizadas como ella solo lo sabe hacer: con cariño; a Vitorino y al tío de Isaías Martínez de Hontanas por estar allí ese día. A Nacho de Madrid, por aquella maravillosa caminata hasta Calzadilla y a la señora que no nos quiso dar la paz en Frómista, ella se lo pierde; a Ángel de Pontevedra que le vaya bien en su caminar; al taxista de Hospital que siga llevando a muchos viajeros y con las mismas ganas; a Marta la fisioterapeuta de Astorga por esas manos que Dios, su madre y su padre le han dado; a la farmacéutica de León por su amabilidad y sus calcetines; al ciclista de Villafranca por no seguir sumando más prendas perdidas y dejarlas en anécdota; a las doctoras de Astorga y Santiago por tratar de curarnos; a Julio el alcalde de Hornillos por su estufa y el colacao; al francés de Sarria porque le espero por aquí algún día y a los ciclistas de Carrión porque lo que paso en diez segundos no lo podré explicar, pero si vivir y recordar.
A Tina de Bercianos por estar justo en el momento apropiado y con lo necesario; al francés de Yo Soupaaaa porque fue abuelo; a Chantal por ser así. A Emma de León por ser la simpatía en persona; a José Luís de Astorga por el cocido maragato que nos comimos en su casa; a Gaspar de Rabanal por ser padre de Javier y además ser buena persona; a Alfredo el hospitalero de Molinaseca por empujarme de nuevo al Camino; a los callos de Ubaldo por hacerlos buenos, buenísimos; a Joaquín del albergue del Jato para que tenga suerte al final de su vida; a Félix de Vega por sus perdidas de aceite y su potaje; a Cecilia y a su madre hija y esposa de el Jato porque debe ser duro para ellas en algunos momentos esta vida; a Maria José y Olga de Cebreiro por ser la excepción de la regla gallega junto con la hospitalera. Al ex militar por acabar el pobre tan mal el Camino y nosotros no saber nunca su nombre; a las señoras de Porto Marín y Palas por servirnos el café la mar de bien; a Iría y su madre de Santa Irene por darte lo mejor que tenían, su sonrisa y por ultimo a los miembros de la ambulancia por permitirnos entrar en Santiago con su ayuda.
También quiero dedicar mi Camino a aquellos que desearon llegar a Santiago y no pudieron hacerlo, aprendamos del esfuerzo que utilizaron y que para muchos de ellos fue hasta la muerte.
Y por supuesto a mi padre que me empujo en los duros envites y me frenó en las penosas bajadas, me hubiera gustado tanto haberle hablado y contado todas estas jornadas, pero seguro que lo sabrá, Ursula me lo recordó con un mensaje en el móvil en Rabanal: “Hola papa, que tal? Y el pie? No seas tonto y vayas a tirar la toalla, que te ha costado mucho llegar donde estas, además Pepe (mi padre) desde arriba esta contento de ti, besos”. Va para ti, papá.
Fueron 24 días, reímos, lloramos, gritamos, hablamos, discutimos, sufrimos, pero lo más importante, conseguimos llegar a buen destino y el resultado de todo eso es una gran amistad que nadie ni nada podrá romper. ¡Gracias Manolo!
Hoy es 10 de Noviembre del 2.004. Hoy hace un año que iniciamos el Camino. Han pasado cosas, Pino está en Honduras con una ONG y no vendra hasta junio, Arnau esta de baja con una depresión de caballo, Manolo se encuentra en Pontevedra. En julio, por Santiago, estuvimos en Hospital de Orbigo y conocí a Gloria – tiempos pasados – y también a gente que habiamos charlado en el foro y que por fin le di cara a sus nombres. Nos encontramos con Antonio&aitor y si la primera vez fue estupenda, la segunda sublime. Añoro el Camino y los días y la gente del Camino.
Hoy es 25 de Abril de 2.005, ya hace unos meses que terminamos este Camino, nuestro Camino. No llegamos felices, no llegamos gozosos y alegres. Tal vez la meta no esta en Santiago, tal vez no hemos cruzado todavia la meta. Yo abrace al Santo y rece por mucha gente. Lo hice de corazón, pero ese día no me salierón ni las lagrimas ni la sonrisa. Con el tiempo a Manolo le dí el abrazo que aquel día no le dí, poprque tal vez aquel día no llegamos a la meta.
Un abrazo.
No madrugamos hoy. En teoría tenemos una etapa corta y no queremos castigarnos mucho. Deberíamos de ir hoy directamente a Monte do Gozo, dormir esa noche y al día siguiente como son pocos kilómetros estar en Santiago a primera hora y asistir a misa del peregrino a las 11. Haremos entonces hoy hasta Arca y mañana ir a Monte do Gozo.
Tomamos café y tostadas en un bar cerca del hostal. Tarda en amanecer, pero al final y con lluvia salimos hacia delante.
El paisaje es bonito, esta etapa esta muy bien, pero lo que pasa es que la lluvia no te deja contemplarlo.
Pasamos por aldeas con pocas casas y con poca gente. A lo largo del Camino hemos visto mucha gente, pero también muchísima gente poco habladora. El peregrino saluda y el paisano contesta, a veces con un saludo efusivo, otras con un movimiento de cabeza y otras con un gruñido. Pero muchas veces si el peregrino pasa de largo el paisano pasa también, deben ser muchas las personas que pasan por aquí, todos de sus padres y sus madres y dar el toque a tanta gente debe ser muy difícil.
Al paso de una de estas aldeas, lloviznaba, oímos una voz que nos dice que vaya día tenemos para andar. Se trata de una señora que esta recogiendo la ropa y que amablemente se interesa por nosotros. Nos paramos a hablar con ella y agradeciéndole el calor humano que ha tenido al pararse a hablar con nosotros.
Muchos robles a lo largo de hoy, también bastante agua. Es una pena porque como ya dije días atrás el agua te corta bastante y te mantiene callado, sin muchas ganas de hablar.
En Salceda al lado de la carretera paramos en un bar. También es tienda, pero de risa porque hay una estantería en un rincón con cuatro cosas y ya esta. También hay una cámara frigorífica con algunos embutidos y quesos. Hay un cartel que pone: “Utilizar el Reflex en la calle” En la barra están las dos señoras que estaban cenado la otra noche en Palas, son inglesas – sigo creyendo – y toman café con leche.
Le preguntamos a la señora si nos puede preparar algo y nos dice que de cocina no, solo embutidos, de acuerdo, le pedimos un poco de queso y jamón. Hace frió en el bar, hay una estufa de leña apagada y esta señora esta con un anorak puesto. Para preparar esto se quita el anorak y nos pone queso y jamón en lonchas, cosa más mala nunca he comido en mi vida, pero cuando el hambre aprieta, no hay quien lo pare. Termina de prepararlo y se pone de nuevo el abrigo.
Tiene una cara de mala leche terrible, no es mayor tendrá unos treinta años, el pelo a lo tazón y nos mira con desprecio, que parece que nos va a matar.
Nos vamos de allí con más pena que gloria. Sigue lloviendo, no deja ni un minuto. En un recodo del camino encontramos el monumento a Guillermo Watt que falleció en este lugar en 1993. Hay como una hornacina y unas botas metálicas con una leyenda con la fecha de su muerte, “a una jornada de Santiago”. Vaya suerte la del pobre hombre, que poco le quedaba.
Poco después en otra aldea, Ras o Brea no recuerdo bien, hay otra lapida a la izquierda recordando a Mariano Sánchez-Covisa Cerro fallecido también en 1993 el 24 de septiembre día de las Mercedes. Me dejan huella estas señales, faltando tan poco para terminar. Hasta el ultimo metro cualquier cosa puede pasar, somos muy frágiles y durante este Camino me he dado cuenta de lo vulnerables que podemos ser.
Seguimos andando y sigue lloviendo. En un repecho me dice Manolo que esta molesto, que está intentando ver algún sitio seco para poderse tomar una pastilla. Le digo que podemos parar en cualquier sitio para tomarla aunque llueva, pero dice que no que puede esperar. Pero él va callado, no dice nada, hace gestos cuando le pregunto.
Llegamos al alto de Santa Irene, la carretera va paralela al camino, se ven al fondo camiones estacionados, es la hora de la comida. Cruzamos a la derecha de la carretera y entramos en el mesón El Empalme. Es pequeño, Manolo se sienta en una mesa y le veo la cara. Tiene los ojos tristes y retorcidos con la mirada perdida, pone un gesto de dolor casi de continuo. La mano izquierda la tiene apoyada en su frente.
Hay bastante gente comiendo, hay un trasiego en la barra entre una señora joven y un señor de unos treinta años que debe ser su marido. Ella se acerca a mi y me pregunta algo yo le contesto que quiero una cerveza y mi amigo no se porque esta muy molesto. Ella se preocupa y entonces Manolo se levanta y se acerca a la barra, la señora le pregunta qué que le pasa y el lo único que le dice es que si tiene sello. ¡La madre que le parió!, esta jodido del riñón y lo único que se le ocurre decir es que si hay sello. La señora le dice que sí que no se preocupe, pero que lo primero es que se mejore de su estado.
Manolo lo único que quiere es agua. Va al servicio y devuelve, no se encuentra mejor, se retuerce en la silla. Al final y después de comer algo, llamamos al servicio de urgencias. Nos dicen que vendrá una ambulancia a por nosotros.
Esta señora tiene una niña y yo viendo lo bien que se porta con Manolo, me dedico a cuidar a la niña. Se llama Iría y es una preciosidad. Todo el mundo le hace carantoñas.
Se presenta la ambulancia y con ella una chica que no se si es enfermera y un conductor. Dice que tiene que llevarnos al Hospital Clínico de Santiago. Que le vamos a hacer, tendrá que ser así. Yo lo que no puedo es dejar a mi amigo Manolo, empezamos juntos y terminamos juntos.
Nos despedimos de la señora agradeciéndole sus consuelos y sus molestias con Manolo y hacernos la estancia más agradable.
Suela el teléfono de Manolo, yo lo cojo, es Sonia, su hija, le digo que vamos en un taxi a Santiago, porque estaba molesto su padre y lo mejor era ir al hospital. Nos pregunta que a que hospital y le digo que al Clínico. Luego se pone Manolo y dice que vendrá a verlo esta tarde.
Manolo se le escapan las lagrimas, esta incluso mejor, como se tomo dos pastillas después de devolver al final están haciendo su efecto. Le digo que no se preocupe, que luego le digo lo que estoy pensando. Parece que se anima un poco más.
Cuando entramos en Santiago, el conductor pone la sirena, Manolo se asusta más, imagino que él cumple con su deber y nos lleva al hospital de la forma más rápida posible.
Cuando llegamos al hospital, las prisas se terminan y nos hacen esperar, porque le valoran antes y creen que debe esperar. Aquello parece una consulta de medicina del seguro. Se marchan los de la ambulancia y nos desean suerte. Esta gente es muy maja. Da gusto que le atiendan así a uno.
Esperamos un rato bastante largo. Aparecen Tris y Sonia, la pobre se le saltan las lágrimas. Pero se tranquiliza al ver a su padre mucho mejor.
Nos atiende una doctora y le dice que es un calculo que tiene – sin utilizar ningún método de diagnostico, solo la tira de la orina – y le manda Buscapina y otras pastillas más. Ya estamos más tranquilos.
Yo propongo irnos al Monte do Gozo y mañana ver que tal está, si esta bien vamos andando esos pocos kilómetros y sino ya veremos.
Así lo hacemos. Vamos a Monte ese y es una explanada grande con muchos restaurantes – ahora cerrados – que debe funcionar mejor en verano, una ciudad de vacaciones según pone en la publicidad y que sigue viviendo qué aquí fue donde Juan Pablo II congregó a un montón de jóvenes en su primera visita a España y tiene su monumento conmemorativo y todo. Nos cobran 40 € por una habitación, pero prefiero que Manolo esté cómodo y descanse bien. También hay un albergue pero ni siquiera nos acercamos a verlo.
Ellos se marchan mañana vendrán por aquí a recogernos. A la mujer de Manolo le han dicho que iban a ver una tienda en otro pueblo.
Hay una pequeña tienda de comestibles, también hay estudiantes en el recinto en pabellones preparados para ellos y aprovechan para comprar alguna cosa de picar. Compramos algo para una cena ligera, desechando el cenar en el restaurante por carero y sosos.
Durante la cena llamó Pino y Manolo me hace gestos para decirme que no le diga nada, le cuento que dimos un buen estirón y que por eso estamos tan cerca. Ella se queda muy extrañada y más adelante se lo contaré.
Pues nada, a la cama. Manolo no tiene ahora molestias y estamos deseando que mañana todo vaya bien y terminemos esta pequeña odisea.
Ya en la cama recuerdo con emoción a Guillermo Watt y Sánchez Covisa. No ha sido lo mismo, pero que pena faltando tan pocos kilómetros nos pasa esto, aunque nosotros hemos estado en Santiago, ellos nunca lo lograron. Un recuerdo cariñoso por todos aquellos que quisieron y no pudieron.
Monte do Gozo-Santiago (Jueves, 4 de Diciembre de 2003)
Hemos dormido bien, le pregunto a Manolo y me dice que de maravilla, que se encuentra bien, ¡bendito sea Dios!, llegaremos a Santiago, si Él lo quiere.
Desayunamos en la cafetería, unas tostadas con café, no muy buenas y caras. Al peregrino hay que exprimirle hasta el último kilómetro.
Va amaneciendo a medida que salimos. Santiago esta ahí mismo, pero vamos muy callados, en silencio, y lo poco que hablamos es de cosas sin trascendencia. Ahora me da rabia haber actuado así, pero después de todo lo que habíamos pasado no me apetecía festejarlo mucho.
La señalización es muy escasa, parece mentira que entres en Santiago, le meta de muchas ilusiones y sea así de fría. Tienes que ir regateando coches en aceras e ir buscando la flecha amarilla y tratando de imaginar por donde es.
Llegamos a la plaza del Obradoiro, Manolo y yo nos damos la mano, teníamos que habernos dado un abrazo, tenía que haberle dado un abrazo, pero así de fría fue la cosa. Nos hizo una foto un japonés que había por allí. La plaza estaba vacía, solo pasaban algunas personas camino de sus trabajos o estudios.
Vamos a la Oficina del Peregrino, sellamos, nos dan la Compostela, certificado de haber realizado el camino y nos tomamos un chupito para celebrarlo de licor café.
Ayer llame a Inma para decirle lo que pasaba y que adelantábamos nuestra llegada. La mujer lo lamento e incluso se ofreció para venir con algún inyectable para Manolo.
Lo que sigue después es rápido, viene la familia de Manolo, antes hemos estado en la misa del Peregrino, donde lanzan el botafumeiro gracias a la cuestación de grupo numeroso de franceses que pagan el que pueda ser izado porque ahora si no se paga no lo sacan y donde dicen que de Cáceres han venido dos peregrinos que han salido de Santo Domingo de la Calzada. Esos somos nosotros.
Esto es así y así termino, nos fuimos a Pontevedra, estuvimos tres días allí y luego marchamos a Madrid y más tarde a Navalmoral donde llegamos un 7 de Diciembre. Esa noche Manolo fue a urgencias.
Epilogo
¿Cómo resumir en poco espacio todas estas jornadas?, Con agradecimientos. Quisiera agradecer a mucha gente su ayuda en que esto fuera a bien. Para empezar mención especial a Maribel porque fue amiga y me ayudo en los buenos y en los malos momentos y me dio la oportunidad de hacer todo esto gracias a su sacrificio; a Manolo, mi compañero de viaje, mi amigo y a mi madre por eso por ser mi madre y estar en los ratos que uno necesita a una madre.
A Ursula y Borja porque sus palabras y su recuerdo me ayudaron en numerosos declives. También por supuesto a Inma, fiel amiga con su marido Toni; a Jesús mi hermano porque se emociono incluso más que yo en ciertos momentos; a Elena mi compañera de trabajo que fue la nota alegre, emocionante y dicharachera del Camino y por supuesto a Miguel que aunque no le oíamos estaba a nuestro lado. A Antonio&Aitor mi padrino del Camino, a Gloria mi madrina del Camino, dos elementos cariñosos, serviciales, buenas personas y mejores amigos. Por supuesto a Tris, Sonia y Teresa familia de Manolo porque fueron los puntales de muchas jornadas y del final que tuvimos después en Pontevedra, glorioso.
A Asun por tenerme en sus pensamientos y demostrarlo en muchas ocasiones. A mi suegra Isabel, por llamarme en las cuestas, aunque no hay cuestas que 100 años dure. A Concha de Madrid por preguntarse un montón de veces que hacia yo en el Camino, pero ayudándome con su palabra que es lo mejor que sabe hacer; a mis hermanos Pedro y Manolo y a mis tías Manuela y Matilde que no estuvieron, pero que estaban.
A Gorgonio y Felipe el cura por su inquietud en el dichoso papel de credencial; a mis compañeros de trabajo porque unos que no y otros que sí. A Joaquín por sus molestias. A Manolo, Manolin por su entusiasmo en que conociéramos peregrinas, por supuesto a su mujer Visi que siempre la he tenido gran cariño y porque me ayudo y me aconsejo en un momento difícil. A Juanma, porque dice que soy su ídolo (?). A Santiago por no querer venir. A Miguel Angel por darme la vara en todas las llamadas aunque yo se que el fondo me tiene envidia. A Gerardo por tener sus dudas al principio pero al final se que se disiparon; a Manolo Tiendas porque sí. A Pepe Pleite porque supo estar a mi lado como un buen amigo en aquellos días tan terribles y por supuesto en los días de andar, gracias. A Lupe por sus atenciones antes y después del Camino.
A Pino y Arnáu, por ser amigos, compañeros, peregrinos, sin ellos seguro que no habría sido lo mismo, os quiero. Por supuesto a Javier, Chus y Ramón de Astorga por ser hospitaleros, amigos y además buena gente. A Esperanza y Serafín mis padres en Rabanal, por ocuparse de mi como si fuera un hijo para ellos. A Marisa Pérez la hospitalera de Terradillos, porque me abrió los ojos un día que los tenia muy cerrados; a la pulpera de Ezequiel por decirme una de las cosas más bonitas de mi vida; a Laura de Itero por esos bocadillos que nos preparo con tanto aliento en ese día tan peculiar para nosotros; a Ana la hija de Marisa Pérez por dejarme darle un beso, ser tímida y silenciosa, tiempo tendrá para hablar; a Vicente hospitalero de Belorado por oír de su boca las primeras palabras amables del Camino; a Marcela de San Juan de Ortega por aquellas morcillas de arroz tan buenas y aquella tertulia tan especial; a la señora colombiana de Cardeñuela por aquellos memorables huevos con beicon en un día de mucho asfalto.
Al hospitalero de San Domingo por la custodia de la navaja; a Ángel de Ubrique porque todos no somos Jesulin; al hospitalero de El Parral por tener mal genio; a Marisol de Hornillos por aquellas comidas y cenas realizadas como ella solo lo sabe hacer: con cariño; a Vitorino y al tío de Isaías Martínez de Hontanas por estar allí ese día. A Nacho de Madrid, por aquella maravillosa caminata hasta Calzadilla y a la señora que no nos quiso dar la paz en Frómista, ella se lo pierde; a Ángel de Pontevedra que le vaya bien en su caminar; al taxista de Hospital que siga llevando a muchos viajeros y con las mismas ganas; a Marta la fisioterapeuta de Astorga por esas manos que Dios, su madre y su padre le han dado; a la farmacéutica de León por su amabilidad y sus calcetines; al ciclista de Villafranca por no seguir sumando más prendas perdidas y dejarlas en anécdota; a las doctoras de Astorga y Santiago por tratar de curarnos; a Julio el alcalde de Hornillos por su estufa y el colacao; al francés de Sarria porque le espero por aquí algún día y a los ciclistas de Carrión porque lo que paso en diez segundos no lo podré explicar, pero si vivir y recordar.
A Tina de Bercianos por estar justo en el momento apropiado y con lo necesario; al francés de Yo Soupaaaa porque fue abuelo; a Chantal por ser así. A Emma de León por ser la simpatía en persona; a José Luís de Astorga por el cocido maragato que nos comimos en su casa; a Gaspar de Rabanal por ser padre de Javier y además ser buena persona; a Alfredo el hospitalero de Molinaseca por empujarme de nuevo al Camino; a los callos de Ubaldo por hacerlos buenos, buenísimos; a Joaquín del albergue del Jato para que tenga suerte al final de su vida; a Félix de Vega por sus perdidas de aceite y su potaje; a Cecilia y a su madre hija y esposa de el Jato porque debe ser duro para ellas en algunos momentos esta vida; a Maria José y Olga de Cebreiro por ser la excepción de la regla gallega junto con la hospitalera. Al ex militar por acabar el pobre tan mal el Camino y nosotros no saber nunca su nombre; a las señoras de Porto Marín y Palas por servirnos el café la mar de bien; a Iría y su madre de Santa Irene por darte lo mejor que tenían, su sonrisa y por ultimo a los miembros de la ambulancia por permitirnos entrar en Santiago con su ayuda.
También quiero dedicar mi Camino a aquellos que desearon llegar a Santiago y no pudieron hacerlo, aprendamos del esfuerzo que utilizaron y que para muchos de ellos fue hasta la muerte.
Y por supuesto a mi padre que me empujo en los duros envites y me frenó en las penosas bajadas, me hubiera gustado tanto haberle hablado y contado todas estas jornadas, pero seguro que lo sabrá, Ursula me lo recordó con un mensaje en el móvil en Rabanal: “Hola papa, que tal? Y el pie? No seas tonto y vayas a tirar la toalla, que te ha costado mucho llegar donde estas, además Pepe (mi padre) desde arriba esta contento de ti, besos”. Va para ti, papá.
Fueron 24 días, reímos, lloramos, gritamos, hablamos, discutimos, sufrimos, pero lo más importante, conseguimos llegar a buen destino y el resultado de todo eso es una gran amistad que nadie ni nada podrá romper. ¡Gracias Manolo!
Hoy es 10 de Noviembre del 2.004. Hoy hace un año que iniciamos el Camino. Han pasado cosas, Pino está en Honduras con una ONG y no vendra hasta junio, Arnau esta de baja con una depresión de caballo, Manolo se encuentra en Pontevedra. En julio, por Santiago, estuvimos en Hospital de Orbigo y conocí a Gloria – tiempos pasados – y también a gente que habiamos charlado en el foro y que por fin le di cara a sus nombres. Nos encontramos con Antonio&aitor y si la primera vez fue estupenda, la segunda sublime. Añoro el Camino y los días y la gente del Camino.
Hoy es 25 de Abril de 2.005, ya hace unos meses que terminamos este Camino, nuestro Camino. No llegamos felices, no llegamos gozosos y alegres. Tal vez la meta no esta en Santiago, tal vez no hemos cruzado todavia la meta. Yo abrace al Santo y rece por mucha gente. Lo hice de corazón, pero ese día no me salierón ni las lagrimas ni la sonrisa. Con el tiempo a Manolo le dí el abrazo que aquel día no le dí, poprque tal vez aquel día no llegamos a la meta.
Un abrazo.
Día 22
Palas de Rei-Arzua (Martes, 2 de Diciembre de 2003)
Nos levantamos temprano, tenemos hoy una etapa de 28 kilómetros hasta Arzua, llena de toboganes y eso rompe bastante las piernas.
Son las ocho cuando bajamos de la habitación. Todavía no ha amanecido, vamos a desayunar, lo hacemos aquí en la cafetería del hostal. Hay una chica con unas formas estupendas sirviéndote el café. También está el ex militar, va a coger el autobús a Ardua, no se encuentra mejor e intentará llegar a Santiago. No sabremos de él nada más, en Arzua no lo veremos y perdemos la pista.
Manolo esta mejor o por lo menos es lo que me dice. Se toma la pastilla de todas formas. Salimos y hoy será una etapa que al final haremos más kilómetros de los que en verdad se deberían hacer. Al salir me dice “hoy me he fijado”. Nos reímos, todo viene porque ayer en Porto Marín le dije cuando salíamos del pueblo si se había fijado en el culo de la señora de donde dormimos y me dijo que porque no se lo había comentado antes que no se había dado cuenta, yo le digo que era lo único para mirar. Por eso esta mañana me dice que se había fijado.
Vamos mucho trayecto por carretera y cuando nos desviamos es para pasar por alguna aldea y se hace dudar de la longitud del camino.
Al principio sale el sol, anoche incluso hizo bastante frió, los charcos pequeños están helados y hay escarcha en los arbustos. Un poco más tarde llueve, después sale el sol, un poco más tarde vuelve a llover, sale el sol. Quita chubasquero, póntelo de nuevo, te lo vuelves a quitar. Así durante toda la etapa prácticamente.
Estoy un poco molesto con la tripa, no se si son gases o tengo ganas de hacer de vientre. Cuando vamos por un camino, le digo a Manolo que vamos a parar y aprovechando un quita chubasquero termino desahogándome en un prado. No hay más placer que ese. Ya hacia tiempo que no disfrutaba del momento.
Hay trozos del camino muy bonitos. Elena me llama en uno de esos y le digo que bonito pasear por aquí con su chico o con alguien que le haga tilín y me cambia más o menos de tema. Se pasa por debajo de castaños y robles, con el suelo alfombrado de hojas y sin boñigas de vaca. El ganado gallego es muy famoso, pero deja demasiado restos a su paso. Cuando pasas por las aldeas y ves las cuadras donde guardan el ganado, es tremendo lo que tienen que soportar los ganaderos. Es un olor nauseabundo y aunque se limpie, el fuerte olor que despiden puede ser incluso mareante.
Hay muchas zonas de camino encajonado entre el vallado. Menos mal que hemos tenido suerte de no cruzarnos con ningún tipo de ganado sino hubiera sido imposible pasar todos, no se como nos las hubiéramos arreglado.

Llegamos a Melide. Aquí no hay más narices que parar a tomarnos una pulpada. A la entrada en Purelos, vemos a una señora lavando en el río debajo de un puente precioso. Esta etapa de hoy ha sido la de los contrastes, sitios muy bonitos por otros feísimos.
Preguntamos por la pulpería Ezequiel que nos habían dicho que era lo mejor de Melide y así nos lo confirman. Gloria me llama un poco antes y me dice que no puedo pasar de largo sin entrar en Ezequiel y probar el pulpo y así es.
Es un local grande con la cocina a un lado a la entrada a la derecha y todo el fondo con mesas largas y bancos en ellas. Nos sentamos y en seguida nos ponen el pulpo y una jarra de vino. Las patatas todavía no estaban hechas y es una pena porque casi lo mejor del plato.
Todo muy bueno, al acabar nos dicen si nos ponen un café pero que es de puchero. Hacia tiempo que no había tomado una infusión tan bien preparada como esa, yo creo que desde que hacíamos las fiestas en el poblado y mis padres eran los encargados de hacer el café de puchero.
Le pido la cuenta y me dice la chica que se lo pregunte a su madre. Ella es la encargada de hacer el pulpo, de cocinar y de cobrar. Manolo me dice que el matriarcado en Galicia esta muy consolidado y lo afirmo añadiendo además a lo largo del Camino el buen papel de la mujer en muchos aspectos de los servicios de esta ruta jacobea.
La señora es atentísima, dulce, educada y tengo un recuerdo de ella imborrable. Cuando le pido la cuenta ella me sonríe me dice lo que es y me pregunta afirmando si es barato, yo le digo que con tantas atenciones y la calidad del producto por supuesto que lo es. Charlamos un rato, el marido le ayuda incluso a Manolo a ponerse el chubasquero y ella sonriendo me mira a los ojos y me suelta: “Qué tenga suerte en la vida”. Me deja perplejo, se me ponen los ojos húmedos, me acaba de desarmar, no tengo palabras que decirle, a duras pena le doy las gracias. Aun al recordarlo y al escribirlo se me ponen los pelos de punta porque cuando las cosas se dicen con corazón y deseándolo fuertemente es cuando de verdad te impactan y esos ojos me lo decían.

Nos quedan tres horas de camino hasta Arzúa siguiendo con la misma rutina de carretera, camino y así sucesivamente. Paramos en un albergue que por supuesto esta abierto y sin nadie que lo lleve para que Manolo se pueda tomar la pastilla con agua. Dice que lleva un comezón por ahí abajo pero que no es muy fuerte.

Arzúa es igual que los pueblos anteriores, carretera central que lo atraviesa. En Palas nos recomendaron el hostal Teodora y allí nos vamos. Creo que estamos solos, no habrá nadie más pasando la noche con nosotros.

Vamos a sellar al albergue, no llovía y ahora vuelve a llover. El albergue como todos, solo, sin nadie que te reciba. El sello en una mesa, sellamos y nos vamos.
Tomamos una cerveza y probamos el queso de aquí de Arzúa que es un queso cremoso y que no esta mal.

La cena la hacemos en el propio hostal. Estamos solos, no hay nadie más. No sabemos nada del ex militar. Ni tampoco de Chantal, ni de Pino, ni Arnau, ni los canadienses, ni nadie que hemos ido conociendo a lo largo de este Camino, nos hemos ido disgregando.
Nos vamos a dormir, hoy hemos dado un buen pellizco al camino, mañana será una etapa de tramite y pasado queremos llegar a Monte do Gozo para así el viernes llegar a Santiago temprano. Manolo dice que esta bien, pero le noto serio. No acaba de mejorar. ¡Es duro el condenado!. Ya nos falta poco. Hasta mañana.
Nos levantamos temprano, tenemos hoy una etapa de 28 kilómetros hasta Arzua, llena de toboganes y eso rompe bastante las piernas.
Son las ocho cuando bajamos de la habitación. Todavía no ha amanecido, vamos a desayunar, lo hacemos aquí en la cafetería del hostal. Hay una chica con unas formas estupendas sirviéndote el café. También está el ex militar, va a coger el autobús a Ardua, no se encuentra mejor e intentará llegar a Santiago. No sabremos de él nada más, en Arzua no lo veremos y perdemos la pista.
Manolo esta mejor o por lo menos es lo que me dice. Se toma la pastilla de todas formas. Salimos y hoy será una etapa que al final haremos más kilómetros de los que en verdad se deberían hacer. Al salir me dice “hoy me he fijado”. Nos reímos, todo viene porque ayer en Porto Marín le dije cuando salíamos del pueblo si se había fijado en el culo de la señora de donde dormimos y me dijo que porque no se lo había comentado antes que no se había dado cuenta, yo le digo que era lo único para mirar. Por eso esta mañana me dice que se había fijado.
Vamos mucho trayecto por carretera y cuando nos desviamos es para pasar por alguna aldea y se hace dudar de la longitud del camino.
Al principio sale el sol, anoche incluso hizo bastante frió, los charcos pequeños están helados y hay escarcha en los arbustos. Un poco más tarde llueve, después sale el sol, un poco más tarde vuelve a llover, sale el sol. Quita chubasquero, póntelo de nuevo, te lo vuelves a quitar. Así durante toda la etapa prácticamente.
Estoy un poco molesto con la tripa, no se si son gases o tengo ganas de hacer de vientre. Cuando vamos por un camino, le digo a Manolo que vamos a parar y aprovechando un quita chubasquero termino desahogándome en un prado. No hay más placer que ese. Ya hacia tiempo que no disfrutaba del momento.
Hay trozos del camino muy bonitos. Elena me llama en uno de esos y le digo que bonito pasear por aquí con su chico o con alguien que le haga tilín y me cambia más o menos de tema. Se pasa por debajo de castaños y robles, con el suelo alfombrado de hojas y sin boñigas de vaca. El ganado gallego es muy famoso, pero deja demasiado restos a su paso. Cuando pasas por las aldeas y ves las cuadras donde guardan el ganado, es tremendo lo que tienen que soportar los ganaderos. Es un olor nauseabundo y aunque se limpie, el fuerte olor que despiden puede ser incluso mareante.
Hay muchas zonas de camino encajonado entre el vallado. Menos mal que hemos tenido suerte de no cruzarnos con ningún tipo de ganado sino hubiera sido imposible pasar todos, no se como nos las hubiéramos arreglado.

Llegamos a Melide. Aquí no hay más narices que parar a tomarnos una pulpada. A la entrada en Purelos, vemos a una señora lavando en el río debajo de un puente precioso. Esta etapa de hoy ha sido la de los contrastes, sitios muy bonitos por otros feísimos.
Preguntamos por la pulpería Ezequiel que nos habían dicho que era lo mejor de Melide y así nos lo confirman. Gloria me llama un poco antes y me dice que no puedo pasar de largo sin entrar en Ezequiel y probar el pulpo y así es.
Es un local grande con la cocina a un lado a la entrada a la derecha y todo el fondo con mesas largas y bancos en ellas. Nos sentamos y en seguida nos ponen el pulpo y una jarra de vino. Las patatas todavía no estaban hechas y es una pena porque casi lo mejor del plato.
Todo muy bueno, al acabar nos dicen si nos ponen un café pero que es de puchero. Hacia tiempo que no había tomado una infusión tan bien preparada como esa, yo creo que desde que hacíamos las fiestas en el poblado y mis padres eran los encargados de hacer el café de puchero.
Le pido la cuenta y me dice la chica que se lo pregunte a su madre. Ella es la encargada de hacer el pulpo, de cocinar y de cobrar. Manolo me dice que el matriarcado en Galicia esta muy consolidado y lo afirmo añadiendo además a lo largo del Camino el buen papel de la mujer en muchos aspectos de los servicios de esta ruta jacobea.
La señora es atentísima, dulce, educada y tengo un recuerdo de ella imborrable. Cuando le pido la cuenta ella me sonríe me dice lo que es y me pregunta afirmando si es barato, yo le digo que con tantas atenciones y la calidad del producto por supuesto que lo es. Charlamos un rato, el marido le ayuda incluso a Manolo a ponerse el chubasquero y ella sonriendo me mira a los ojos y me suelta: “Qué tenga suerte en la vida”. Me deja perplejo, se me ponen los ojos húmedos, me acaba de desarmar, no tengo palabras que decirle, a duras pena le doy las gracias. Aun al recordarlo y al escribirlo se me ponen los pelos de punta porque cuando las cosas se dicen con corazón y deseándolo fuertemente es cuando de verdad te impactan y esos ojos me lo decían.

Nos quedan tres horas de camino hasta Arzúa siguiendo con la misma rutina de carretera, camino y así sucesivamente. Paramos en un albergue que por supuesto esta abierto y sin nadie que lo lleve para que Manolo se pueda tomar la pastilla con agua. Dice que lleva un comezón por ahí abajo pero que no es muy fuerte.

Arzúa es igual que los pueblos anteriores, carretera central que lo atraviesa. En Palas nos recomendaron el hostal Teodora y allí nos vamos. Creo que estamos solos, no habrá nadie más pasando la noche con nosotros.

Vamos a sellar al albergue, no llovía y ahora vuelve a llover. El albergue como todos, solo, sin nadie que te reciba. El sello en una mesa, sellamos y nos vamos.
Tomamos una cerveza y probamos el queso de aquí de Arzúa que es un queso cremoso y que no esta mal.

La cena la hacemos en el propio hostal. Estamos solos, no hay nadie más. No sabemos nada del ex militar. Ni tampoco de Chantal, ni de Pino, ni Arnau, ni los canadienses, ni nadie que hemos ido conociendo a lo largo de este Camino, nos hemos ido disgregando.
Nos vamos a dormir, hoy hemos dado un buen pellizco al camino, mañana será una etapa de tramite y pasado queremos llegar a Monte do Gozo para así el viernes llegar a Santiago temprano. Manolo dice que esta bien, pero le noto serio. No acaba de mejorar. ¡Es duro el condenado!. Ya nos falta poco. Hasta mañana.
Día 21
Estos días no he podido escribir nada, el trabajo y los madrugones han sido los culpables. Ya queda pocos días para llegar a Santiago.
Porto Marín-Palas de Rei (Lunes, 1 de Diciembre de 2003)
A las siete y media arriba. La ropa esta seca, la calefacción apagada – normal- y parece que no llueve. Manolo dice que anoche le molesto un poco pero que hoy esta mucho mejor.
Desayunamos en la cafetería, nos atiende la misma señora que ayer nos atendió. Me parece muy guapa, atractiva y encantadora. Nos informa de donde pasar la noche en Palas, hemos pensado que como vienen los días, la situación de los albergues y la vejiga de Manolo de aquí a Santiago trataremos de dormir en hostales.
Nos ponemos a andar, hace un día bueno, me siento contento, no me gusta dormir en domingo, pero los lunes es maravilloso, la gente a trabajar y nosotros a andar. Pero al mismo tiempo un poco preocupado por el tema de salud de Manolo, vamos a ver como va la cosa.

Cruzamos un puente con el suelo metálico y comentamos que si te escurres aquí vas derecho al pantano, ¿como pueden hacer esto así, puente estrecho, suelo metálico, barandillas bajas?
Al principio la etapa va bien, pero al poco tiempo va en paralelo a la carretera y se desvía de ella para entrar en las aldeas. Me parece una tomadura de pelo el desviarse de la ruta para pasar por aldeas que no tienen nada, que a los vecinos les resbala el paso de personas, no hay ningún tipo de servicios al peregrino. No se el motivo de estos desvíos.

Hay un pequeño repecho y mientras estas subiendo aparece una fábrica de abonos con un pestazo descomunal. Al subir este pequeño repecho respiras más por la boca y te tragas todas las pestilencias de la fabrica. En esta etapa no han pensado mucho en el peregrino.
Vamos buscando un lugar donde poder tomar algo y durante todo el día nada de nada o no sabemos donde están o están cerrados todos los que llevo en la libreta.
Por fin sobre las dos y media al pasar por una pequeña aldea llamada Portos encontramos un bar abierto. Es de nueva construcción y lo atiende – como no – una señora. La señora en cuestión – también agradable, guapa y con unos ojos preciosos – nos ofrece lo que tiene pero un todo un poco raro. Tiene calamares congelados, chorizo, tortilla de chorizo y ensalada, también tenia croquetas, pero al saber que eran congeladas las dejamos, pero los calamares nos los encasqueto.
Manolo me dice que ha tenido un momento de molestias tremendas pero que lo mismo que vinieron las molestias así se fueron. Cuando lleguemos a Palas habrá que comprar Buscapina.
Nos queda más de una hora para llegar a Palas, entra la familia de la señora y nos dicen que volverá a llover esta tarde. Así es, al poco de volver a andar se pone a llover.
Se nos hace pesado este trayecto. Normalmente estamos habituando el cuerpo a andar sobre los 20 o 25 kilómetros y es cuando sobre esas medidas el cuerpo te pide que vayas parando.

Al llegar a Palas vamos al albergue. Damos una vuelta por él, no hay nadie como siempre, sellamos, hablamos un momento con un peregrino que llega en ese momento y nos vamos. Preguntamos por el hostal Vilarillo que nos recomendó la señora de Porto Marín.
Nos gusta mucho y además es más barato que el otro día en Porto Marín. Este pueblo esta construido en una ladera y la carretera que la cruza va serpenteando hacia arriba o hacia abajo según vayas en una dirección o en otra. Es una tortura estas poblaciones con carretera en la calle principal, por el tráfico que genera de camiones.
Salgo a comprar a Manolo las pastillas de Buscapina, sigue con las pequeñas molestias aunque dice que son puntuales. El lo achaca al frió y la lluvia, pero creo que tiene una piedra dándole la lata.
Salimos a tomar una cervecita y vemos al ex militar, cojea ligeramente y nos dice que termino el viaje de hoy en autobús. Esta mañana se escurrió en el famoso puente de Porto Marín y no ha caído debajo de milagro, se ha abierto de piernas como una bailarina y tiene una rotura de fibras. El hombre dice que para el trayecto que le queda si es menester va a ir en autobús. Mañana cuando se levante mirara como está y si es preciso volverá a coger el autobús.
Nos dice que está alojado en otro hotel porque cuando llego preguntando por una habitación le dijeron que si había calefacción pero que la encenderían más tarde. No le gusto y se marcho a otro.
Nos vamos a cenar al hostal. Esta animado el comedor. Nos parece ver dos peregrinas, una de menor edad que otra como si fueran madre e hija.
Cenamos bien y charlamos un rato, aunque este chico esta cansado y Manolo no dice nada, pero para cenar a pedido agua y viniendo de Manolo eso significa que muy bien no esta.
Nos vamos a la cama, nos quedan tres días para llegar a Santiago y la cosa esta ya muy cerca. El otro día soñé que me levantaba en casa, en mi cama, sin el ajetreo de mochila, ropas, botas. Seguro que cuando esté en casa echaré de menos esta vida.
Ojala que Manolo este mejor y podamos terminar felizmente este viaje que nos propusimos. Seria una pena el que a dos días de Santiago se estropeara la cosa, pero da igual, Manolo se porto bien conmigo y no me dejo y yo tampoco lo voy a dejar en la estacada. Juntos hasta el final.
Porto Marín-Palas de Rei (Lunes, 1 de Diciembre de 2003)
A las siete y media arriba. La ropa esta seca, la calefacción apagada – normal- y parece que no llueve. Manolo dice que anoche le molesto un poco pero que hoy esta mucho mejor.
Desayunamos en la cafetería, nos atiende la misma señora que ayer nos atendió. Me parece muy guapa, atractiva y encantadora. Nos informa de donde pasar la noche en Palas, hemos pensado que como vienen los días, la situación de los albergues y la vejiga de Manolo de aquí a Santiago trataremos de dormir en hostales.
Nos ponemos a andar, hace un día bueno, me siento contento, no me gusta dormir en domingo, pero los lunes es maravilloso, la gente a trabajar y nosotros a andar. Pero al mismo tiempo un poco preocupado por el tema de salud de Manolo, vamos a ver como va la cosa.

Cruzamos un puente con el suelo metálico y comentamos que si te escurres aquí vas derecho al pantano, ¿como pueden hacer esto así, puente estrecho, suelo metálico, barandillas bajas?
Al principio la etapa va bien, pero al poco tiempo va en paralelo a la carretera y se desvía de ella para entrar en las aldeas. Me parece una tomadura de pelo el desviarse de la ruta para pasar por aldeas que no tienen nada, que a los vecinos les resbala el paso de personas, no hay ningún tipo de servicios al peregrino. No se el motivo de estos desvíos.

Hay un pequeño repecho y mientras estas subiendo aparece una fábrica de abonos con un pestazo descomunal. Al subir este pequeño repecho respiras más por la boca y te tragas todas las pestilencias de la fabrica. En esta etapa no han pensado mucho en el peregrino.
Vamos buscando un lugar donde poder tomar algo y durante todo el día nada de nada o no sabemos donde están o están cerrados todos los que llevo en la libreta.
Por fin sobre las dos y media al pasar por una pequeña aldea llamada Portos encontramos un bar abierto. Es de nueva construcción y lo atiende – como no – una señora. La señora en cuestión – también agradable, guapa y con unos ojos preciosos – nos ofrece lo que tiene pero un todo un poco raro. Tiene calamares congelados, chorizo, tortilla de chorizo y ensalada, también tenia croquetas, pero al saber que eran congeladas las dejamos, pero los calamares nos los encasqueto.
Manolo me dice que ha tenido un momento de molestias tremendas pero que lo mismo que vinieron las molestias así se fueron. Cuando lleguemos a Palas habrá que comprar Buscapina.
Nos queda más de una hora para llegar a Palas, entra la familia de la señora y nos dicen que volverá a llover esta tarde. Así es, al poco de volver a andar se pone a llover.
Se nos hace pesado este trayecto. Normalmente estamos habituando el cuerpo a andar sobre los 20 o 25 kilómetros y es cuando sobre esas medidas el cuerpo te pide que vayas parando.

Al llegar a Palas vamos al albergue. Damos una vuelta por él, no hay nadie como siempre, sellamos, hablamos un momento con un peregrino que llega en ese momento y nos vamos. Preguntamos por el hostal Vilarillo que nos recomendó la señora de Porto Marín.
Nos gusta mucho y además es más barato que el otro día en Porto Marín. Este pueblo esta construido en una ladera y la carretera que la cruza va serpenteando hacia arriba o hacia abajo según vayas en una dirección o en otra. Es una tortura estas poblaciones con carretera en la calle principal, por el tráfico que genera de camiones.
Salgo a comprar a Manolo las pastillas de Buscapina, sigue con las pequeñas molestias aunque dice que son puntuales. El lo achaca al frió y la lluvia, pero creo que tiene una piedra dándole la lata.
Salimos a tomar una cervecita y vemos al ex militar, cojea ligeramente y nos dice que termino el viaje de hoy en autobús. Esta mañana se escurrió en el famoso puente de Porto Marín y no ha caído debajo de milagro, se ha abierto de piernas como una bailarina y tiene una rotura de fibras. El hombre dice que para el trayecto que le queda si es menester va a ir en autobús. Mañana cuando se levante mirara como está y si es preciso volverá a coger el autobús.
Nos dice que está alojado en otro hotel porque cuando llego preguntando por una habitación le dijeron que si había calefacción pero que la encenderían más tarde. No le gusto y se marcho a otro.
Nos vamos a cenar al hostal. Esta animado el comedor. Nos parece ver dos peregrinas, una de menor edad que otra como si fueran madre e hija.
Cenamos bien y charlamos un rato, aunque este chico esta cansado y Manolo no dice nada, pero para cenar a pedido agua y viniendo de Manolo eso significa que muy bien no esta.
Nos vamos a la cama, nos quedan tres días para llegar a Santiago y la cosa esta ya muy cerca. El otro día soñé que me levantaba en casa, en mi cama, sin el ajetreo de mochila, ropas, botas. Seguro que cuando esté en casa echaré de menos esta vida.
Ojala que Manolo este mejor y podamos terminar felizmente este viaje que nos propusimos. Seria una pena el que a dos días de Santiago se estropeara la cosa, pero da igual, Manolo se porto bien conmigo y no me dejo y yo tampoco lo voy a dejar en la estacada. Juntos hasta el final.
¿Por qué el Camino?
Esta misma pregunta me la he hecho muchas veces, demasiadas incluso y por supuesto también me la han hecho. No se que contestar, no se, no tengo una respuesta clara. Muchas veces contesto con otra pregunta, ¿y por qué no?. Ya se que no es contestación, pero nadie me ha sabido explicar el por qué coges tu mochila y te echas a caminar. Motivos religiosos, aventura, conocer gente, sitios,…podría valer alguno de ellos, pero no se cual.
Yo nunca realice ningún ejercicio físico, he sido bastante vago y gandul y lo sigo siendo. Por espíritu deportivo como que tampoco. Siempre he tratado de escaquearme en las clases de gimnasia porque me costaba aun triunfo el ejercicio. Tuve que hacer entrenamientos durante los meses anteriores y eso si que fue duro para mi, hacer siempre el mismo recorrido, no ser nada de aventura, no ver nunca un camino nuevo, siempre lo mismo, la rutina cansa aun más. Amoldarte y domesticar las botas, tratar de hacer cada vez más kilómetros e siempre pensando como sería el verdadero Camino.
Mi idea era llegar a Santiago, me fascinaba terminar en la catedral, abrazar al Santo, rezar en su tumba, cumplir con el ideario jacobeo. Pero no podía hacerlo completo, no tenia días para tanto kilómetros y comencé a calcular lo andado en cada día y llegue a la conclusión que tenia que empezar en Santo Domingo de la Calzada en La Rioja.
Creo que fue un error. No el hacerlo o empezar allí, sino el terminar en Santiago, yo estaba convencido que mi meta era allí, pero me equivoque. Ahora veo que mi meta todavía no la he visto, no he llegado a ella, mi Camino todavía no ha concluido. Muchísima gente al llegar a Santiago continúa andando hasta Finisterre y también muchos hacen el camino de vuelta, vuelven a casa como comenzaron: andando.
No encontraba a nadie para hacerlo y tenía pensado marchar solo. A última hora se presenta un compañero de trabajo. Ahí era compañero, ahora es amigo. No pude tener mejor compañía, no hay otro que pudiera venir conmigo que no fuera él. Persona culta, servicial, coherente, protector, educado, cachondo…todo en esa persona.
Lo que yo hice no fue nada. Todo el mundo me dice, que he hecho algo tremendo, algo que es fuera de serie. Y yo digo que no, que yo solo me puse a andar, que me adelantaban hasta los caracoles cojos, que soy triponcillo, que me canso enseguida. A quien deberían alabar seria a la familia, ella se sacrifico por mí, se quedaron sin vacaciones para que yo pudiera marchar. Me sacrifique, se sacrificaron por hacer lo que durante tantos años he querido hacer. Mi mujer aguanto como nadie lo hace, ella se merece todas las bendiciones.
La verdad es que es una experiencia irrepetible, vale la pena en los tiempos que vivimos poder hacer algo tan sencillo como caminar. Veréis lo duro que es el observar un cartel anunciador que ponga Castrogeriz 13 kilómetros. En coche son minutos, andando ponle 4 kilómetros a la hora, calcula. Y así todo. Pero ¿y la satisfacción de terminar una jornada?, ¿y la sonrisa del que te recibe?, ¿y del abrazo en el momento adecuado?. Eso solo lo ves en el Camino, la mano solidaria porque sí, el café o la copita de orujo porque sí, esa palabra de animo porque sí, ese masaje o esa cura en esos pies doloridos porque sí, porque no hay ninguna respuesta. No trates de buscar respuestas en el Camino, es así y punto.
Me quedan pocos capítulos para llegar a Santiago, todavía hay alguna sorpresa, no muchas pero alguna. El Camino en Galicia, con permiso de Flor, es bonito, pero hay algo que falla, los gallegos que no tienen negocio en el Camino pasan del peregrino, por supuesto a grosso modo, porque si hay algo que se sale de lo normal, enseguida y doy constancia de ello, ayudan como en el resto del Camino, eso si el paisaje es único, tremendo, precioso, como todo en Galicia.
Hace año y medio que termine y he andado muy poco, ya lo dije al principio, lo mío no es el ejercicio. Pero animo a la gente, a todos, si tenéis la oportunidad hacerlo. Mucha gente lo hace solo, muchas mujeres, más de lo que podéis imaginar lo hacen solas. Yo lo recomiendo hacerlo así o llevando a un buen amigo como me paso a mí. También debéis de saber que las comodidades están reñidas, lo justo para seguir el día a día, pero lo suficiente, es algo reparador el saber que se puede vivir con mucho menos de lo que nos podemos imaginar.
Si alguien tiene dudas, si queréis hacerlo y queréis profundizar en el tema, ya sabéis mi correo, me escribís con total confianza. Mi amiga Choi también lo puede hacer que se que esta interesada en ello y mucho, verdad guapa?. Yo soy muy gandul, te lo juro y no me llamo Superman ni Indurain, yo soy un pelapajaros como dicen por aquí.
Wolffo, cuando quieras hablamos, el Camino esta ahí, solo es comenzar.
Buen Camino
Yo nunca realice ningún ejercicio físico, he sido bastante vago y gandul y lo sigo siendo. Por espíritu deportivo como que tampoco. Siempre he tratado de escaquearme en las clases de gimnasia porque me costaba aun triunfo el ejercicio. Tuve que hacer entrenamientos durante los meses anteriores y eso si que fue duro para mi, hacer siempre el mismo recorrido, no ser nada de aventura, no ver nunca un camino nuevo, siempre lo mismo, la rutina cansa aun más. Amoldarte y domesticar las botas, tratar de hacer cada vez más kilómetros e siempre pensando como sería el verdadero Camino.
Mi idea era llegar a Santiago, me fascinaba terminar en la catedral, abrazar al Santo, rezar en su tumba, cumplir con el ideario jacobeo. Pero no podía hacerlo completo, no tenia días para tanto kilómetros y comencé a calcular lo andado en cada día y llegue a la conclusión que tenia que empezar en Santo Domingo de la Calzada en La Rioja.
Creo que fue un error. No el hacerlo o empezar allí, sino el terminar en Santiago, yo estaba convencido que mi meta era allí, pero me equivoque. Ahora veo que mi meta todavía no la he visto, no he llegado a ella, mi Camino todavía no ha concluido. Muchísima gente al llegar a Santiago continúa andando hasta Finisterre y también muchos hacen el camino de vuelta, vuelven a casa como comenzaron: andando.
No encontraba a nadie para hacerlo y tenía pensado marchar solo. A última hora se presenta un compañero de trabajo. Ahí era compañero, ahora es amigo. No pude tener mejor compañía, no hay otro que pudiera venir conmigo que no fuera él. Persona culta, servicial, coherente, protector, educado, cachondo…todo en esa persona.
Lo que yo hice no fue nada. Todo el mundo me dice, que he hecho algo tremendo, algo que es fuera de serie. Y yo digo que no, que yo solo me puse a andar, que me adelantaban hasta los caracoles cojos, que soy triponcillo, que me canso enseguida. A quien deberían alabar seria a la familia, ella se sacrifico por mí, se quedaron sin vacaciones para que yo pudiera marchar. Me sacrifique, se sacrificaron por hacer lo que durante tantos años he querido hacer. Mi mujer aguanto como nadie lo hace, ella se merece todas las bendiciones.
La verdad es que es una experiencia irrepetible, vale la pena en los tiempos que vivimos poder hacer algo tan sencillo como caminar. Veréis lo duro que es el observar un cartel anunciador que ponga Castrogeriz 13 kilómetros. En coche son minutos, andando ponle 4 kilómetros a la hora, calcula. Y así todo. Pero ¿y la satisfacción de terminar una jornada?, ¿y la sonrisa del que te recibe?, ¿y del abrazo en el momento adecuado?. Eso solo lo ves en el Camino, la mano solidaria porque sí, el café o la copita de orujo porque sí, esa palabra de animo porque sí, ese masaje o esa cura en esos pies doloridos porque sí, porque no hay ninguna respuesta. No trates de buscar respuestas en el Camino, es así y punto.
Me quedan pocos capítulos para llegar a Santiago, todavía hay alguna sorpresa, no muchas pero alguna. El Camino en Galicia, con permiso de Flor, es bonito, pero hay algo que falla, los gallegos que no tienen negocio en el Camino pasan del peregrino, por supuesto a grosso modo, porque si hay algo que se sale de lo normal, enseguida y doy constancia de ello, ayudan como en el resto del Camino, eso si el paisaje es único, tremendo, precioso, como todo en Galicia.
Hace año y medio que termine y he andado muy poco, ya lo dije al principio, lo mío no es el ejercicio. Pero animo a la gente, a todos, si tenéis la oportunidad hacerlo. Mucha gente lo hace solo, muchas mujeres, más de lo que podéis imaginar lo hacen solas. Yo lo recomiendo hacerlo así o llevando a un buen amigo como me paso a mí. También debéis de saber que las comodidades están reñidas, lo justo para seguir el día a día, pero lo suficiente, es algo reparador el saber que se puede vivir con mucho menos de lo que nos podemos imaginar.
Si alguien tiene dudas, si queréis hacerlo y queréis profundizar en el tema, ya sabéis mi correo, me escribís con total confianza. Mi amiga Choi también lo puede hacer que se que esta interesada en ello y mucho, verdad guapa?. Yo soy muy gandul, te lo juro y no me llamo Superman ni Indurain, yo soy un pelapajaros como dicen por aquí.
Wolffo, cuando quieras hablamos, el Camino esta ahí, solo es comenzar.
Buen Camino
Día 20
Sarria-Porto Marín (Domingo, 30 de Noviembre de 2003)
(Este es el relato que hice cuando realize el Camino de Santiago, el resto de etapas esta en mi antiguo Blog, si alguien sabe como pasar los otros escritos se lo agradezco)
Duermo con tapones, reconozco que ronco pero me molestan los ruidos. No me he enterado de nada. Solo recuerdo a no se que horas a un francés con el colchón saliendo al pasillo. Nada más.
Me levante un par de veces al servicio como siempre y vi que faltaba más gente. Resumiendo, tres de ellos han cogido el petate y se han ido a dormir a otro sitio, ¿culpa mía?, puede ser. No deberían tener mucho sueño.
Manolo comenta que alguien toco las palmas al roncar yo y él gritó. Veo caras largas, pero nadie dice nada. La chica francesa es la única que dice buenos días.
Nos vamos, llueve, la calle es en cuesta y el agua corre por ella. Un grupo de chavales vuelve de fiesta, nos dicen buen camino. Manolo me enseña donde realizo sus estudios primarios del clero. Le hace ilusión pasar por aquí y poder andar y cruzar un monte cercano que él veía desde la ventana, pero que nunca lo cruzo.

El paisaje es muy bonito. Al cruzar las aldeas de Rente y Barbadelo nos llaman Pino y Arnau que se acaban de levantar. Han dormido muy bien y una señora se ha portado con ellos de maravilla. Les contamos nuestra odisea nocturna y tratamos de alegrarnos y que no nos afecte esta mala experiencia. Ando pensando en irnos a dormir a un hostal o pensión. No quiero que estos últimos días donde la aglomeración de gente se va acentuando tengamos problemas con los peregrinos. Luego se lo comento a Manolo.
Andamos juntos un rato, Pino un poco más atrás. Paramos en una fuente que hay cercana y comemos el resto de la empanada de Manolo. Viene un chico haciendo el Camino de vuelta.
Seguimos andando, Arnau tiene un andar cansino, pero nos deja atrás, Pino va más despacio o se quiere quedar rezagada.
Cruzamos el kilómetro 100, el mojón esta pintado y guarro. Le pregunto a Manolo si quiere que le haga una foto y me dice que no le apetece. A mi tampoco. A la salida de Brea vemos a Arnau en la puerta de una ermita abandonada. La puerta esta abierta y los peregrinos han pintado las paredes y dejan mensajes, piedras y objetos en el altar. Esta todo sucio y húmedo, no quiero hacer ningún comentario sobre esto, no se hizo la ermita para esto.

Avanzamos ahora solos. En la aldea de Ferreiros comienza de nuevo a llover, tomamos una cerveza, con cogen la pareja canario-mallorquín, jugamos al futbolín y los dejamos de nuevo. Llueve ahora más nos volvemos a calar.
Nos adelanta el francés del colchón en el pasillo. Hace un gruñido. Le digo a Manolo que si va este pájaro por la central a trabajar, le voy a dejar sentado esperando lo que yo quiera y más. Me dice Manolo que entonces le haga un permiso para entrar que no se lo quiere perder. Carcajadas a montones.

Hay una fuerte bajada hacia Porto Marín. Si las subidas son malas, las bajadas son peor. Comienza a dolerte las rodillas al ir frenando y sujetar el peso.
Porto Marín es un pueblo nuevo. Como consecuencia de la construcción de un pantano, el pueblo quedo inundado y hubo que construir uno nuevo en la ladera.
La iglesia se desmantelo y se volvió a montar de nuevo. Se ven en las piedras las numeraciones para el ensamblaje de las piezas.
Cruzamos un puente enorme y con una altura grande.
Llueve y hace viento. Te da un poco de miedo cruzar sin mucha protección una zona tan amplia y azotándote el viento.
El albergue es una porquería. Están haciendo uno nuevo y mientras tanto alojan a la gente en las antiguas escuelas. Como siempre aquí no hay nadie encargado de esto. Muy sucio, abandonado y desalentado. Están comiendo los tres chicos alemanes de San Juan de Ortega y llegan también Pino y Arnau, totalmente empapados. Pino se quita un calcetín y al escurrirlo forma un charco. No hace falta mucho, Manolo y yo sin decirnos nada nos vamos a buscar un sitio más decente para dormir, con respeto por supuesto a lo que el pueblo y la Xunta nos ofrecen gratuitamente. Y por supuesto no queremos pasar una noche como la anterior.
Encontramos una habitación pequeña pero con calefacción, baño, televisión y 30 € la noche. La señora que nos lo enseña es guapa.
Volvemos a por las mochilas al albergue y nos despedimos de Pino y Arnáu. Ellos después de secarse un poco continuaran. Será la última vez que los veamos. Casi ni nos despedimos. Atrás quedan días de compañerismo, amistad y risas, muchas risas. Hasta siempre.
Ducha caliente, poder lavar la ropa y secarla sin atascos. Esto es una maravilla, de vez en cuando al peregrino deberían de hacerle estas cosas.
Salimos a dar una vuelta. Nos gusta el pueblo. Debe ser construido en los años 60. Hay casas muy bonitas, también hay un hotel grande como un parador.

Volvemos al hostal, abajo hay una cafetería bastante moderna. A la señora le preguntamos si dan cenas y nos dice que no que es enfrente. Esta tarde cuando fuimos a preguntar por las camas, estuvimos enfrente porque un cartel informa que es una fonda y hay camas y allí nos dijeron que no que era enfrente, ahora nos dicen que la cena es enfrente. Todo tiene su explicación. En invierno la fonda quita las camas para no pagar impuestos y por supuesto no puede cobrar ni dar habitaciones, pero sigue teniendo comedor. En el otro sitio conserva las camas, pero deja el restaurante por la bajada de gente en invierno.
Vemos a Chantal desde lejos mirando la iglesia, seguro que ira al albergue a dormir. Será la última vez que la veamos.
Cenamos. Con nosotros esta el ex militar. El dueño del restaurante nos informa que tiene un hijo en Irak y que vendrá ahora en estos días. Hay poca gente cenando.
Nos vamos a dormir, Manolo se quedara un poco viendo el fútbol, pero yo cierro los ojos. Día también largo por los chaparrones que hemos pasado. Hoy ha sido domingo, hace unos días que no vamos a misa, los horarios los llevamos cambiados, aquí en Porto Marín la misa ha sido por la mañana. Me comenta que tiene unas pequeñas molestias en la vejiga, que piensa que ha cogido frió. Hace años tuvo un cólico de riñón. Me preocupa.
Me acurruco entre las sabanas y de verdad que no siento remordimiento de estar haciendo algo prohibido en el Camino por dormir en hostales cómodos. Hoy y ahora escribiendo este diario tal vez pueda llegar a pensarlo y tratar de buscar una justificación pero en aquellos momentos no. Felices sueños.
(Este es el relato que hice cuando realize el Camino de Santiago, el resto de etapas esta en mi antiguo Blog, si alguien sabe como pasar los otros escritos se lo agradezco)
Duermo con tapones, reconozco que ronco pero me molestan los ruidos. No me he enterado de nada. Solo recuerdo a no se que horas a un francés con el colchón saliendo al pasillo. Nada más.
Me levante un par de veces al servicio como siempre y vi que faltaba más gente. Resumiendo, tres de ellos han cogido el petate y se han ido a dormir a otro sitio, ¿culpa mía?, puede ser. No deberían tener mucho sueño.
Manolo comenta que alguien toco las palmas al roncar yo y él gritó. Veo caras largas, pero nadie dice nada. La chica francesa es la única que dice buenos días.
Nos vamos, llueve, la calle es en cuesta y el agua corre por ella. Un grupo de chavales vuelve de fiesta, nos dicen buen camino. Manolo me enseña donde realizo sus estudios primarios del clero. Le hace ilusión pasar por aquí y poder andar y cruzar un monte cercano que él veía desde la ventana, pero que nunca lo cruzo.

El paisaje es muy bonito. Al cruzar las aldeas de Rente y Barbadelo nos llaman Pino y Arnau que se acaban de levantar. Han dormido muy bien y una señora se ha portado con ellos de maravilla. Les contamos nuestra odisea nocturna y tratamos de alegrarnos y que no nos afecte esta mala experiencia. Ando pensando en irnos a dormir a un hostal o pensión. No quiero que estos últimos días donde la aglomeración de gente se va acentuando tengamos problemas con los peregrinos. Luego se lo comento a Manolo.
Andamos juntos un rato, Pino un poco más atrás. Paramos en una fuente que hay cercana y comemos el resto de la empanada de Manolo. Viene un chico haciendo el Camino de vuelta.
Seguimos andando, Arnau tiene un andar cansino, pero nos deja atrás, Pino va más despacio o se quiere quedar rezagada.
Cruzamos el kilómetro 100, el mojón esta pintado y guarro. Le pregunto a Manolo si quiere que le haga una foto y me dice que no le apetece. A mi tampoco. A la salida de Brea vemos a Arnau en la puerta de una ermita abandonada. La puerta esta abierta y los peregrinos han pintado las paredes y dejan mensajes, piedras y objetos en el altar. Esta todo sucio y húmedo, no quiero hacer ningún comentario sobre esto, no se hizo la ermita para esto.

Avanzamos ahora solos. En la aldea de Ferreiros comienza de nuevo a llover, tomamos una cerveza, con cogen la pareja canario-mallorquín, jugamos al futbolín y los dejamos de nuevo. Llueve ahora más nos volvemos a calar.
Nos adelanta el francés del colchón en el pasillo. Hace un gruñido. Le digo a Manolo que si va este pájaro por la central a trabajar, le voy a dejar sentado esperando lo que yo quiera y más. Me dice Manolo que entonces le haga un permiso para entrar que no se lo quiere perder. Carcajadas a montones.

Hay una fuerte bajada hacia Porto Marín. Si las subidas son malas, las bajadas son peor. Comienza a dolerte las rodillas al ir frenando y sujetar el peso.
Porto Marín es un pueblo nuevo. Como consecuencia de la construcción de un pantano, el pueblo quedo inundado y hubo que construir uno nuevo en la ladera.
La iglesia se desmantelo y se volvió a montar de nuevo. Se ven en las piedras las numeraciones para el ensamblaje de las piezas.Cruzamos un puente enorme y con una altura grande.
Llueve y hace viento. Te da un poco de miedo cruzar sin mucha protección una zona tan amplia y azotándote el viento.El albergue es una porquería. Están haciendo uno nuevo y mientras tanto alojan a la gente en las antiguas escuelas. Como siempre aquí no hay nadie encargado de esto. Muy sucio, abandonado y desalentado. Están comiendo los tres chicos alemanes de San Juan de Ortega y llegan también Pino y Arnau, totalmente empapados. Pino se quita un calcetín y al escurrirlo forma un charco. No hace falta mucho, Manolo y yo sin decirnos nada nos vamos a buscar un sitio más decente para dormir, con respeto por supuesto a lo que el pueblo y la Xunta nos ofrecen gratuitamente. Y por supuesto no queremos pasar una noche como la anterior.
Encontramos una habitación pequeña pero con calefacción, baño, televisión y 30 € la noche. La señora que nos lo enseña es guapa.
Volvemos a por las mochilas al albergue y nos despedimos de Pino y Arnáu. Ellos después de secarse un poco continuaran. Será la última vez que los veamos. Casi ni nos despedimos. Atrás quedan días de compañerismo, amistad y risas, muchas risas. Hasta siempre.
Ducha caliente, poder lavar la ropa y secarla sin atascos. Esto es una maravilla, de vez en cuando al peregrino deberían de hacerle estas cosas.
Salimos a dar una vuelta. Nos gusta el pueblo. Debe ser construido en los años 60. Hay casas muy bonitas, también hay un hotel grande como un parador.

Volvemos al hostal, abajo hay una cafetería bastante moderna. A la señora le preguntamos si dan cenas y nos dice que no que es enfrente. Esta tarde cuando fuimos a preguntar por las camas, estuvimos enfrente porque un cartel informa que es una fonda y hay camas y allí nos dijeron que no que era enfrente, ahora nos dicen que la cena es enfrente. Todo tiene su explicación. En invierno la fonda quita las camas para no pagar impuestos y por supuesto no puede cobrar ni dar habitaciones, pero sigue teniendo comedor. En el otro sitio conserva las camas, pero deja el restaurante por la bajada de gente en invierno.
Vemos a Chantal desde lejos mirando la iglesia, seguro que ira al albergue a dormir. Será la última vez que la veamos.
Cenamos. Con nosotros esta el ex militar. El dueño del restaurante nos informa que tiene un hijo en Irak y que vendrá ahora en estos días. Hay poca gente cenando.
Nos vamos a dormir, Manolo se quedara un poco viendo el fútbol, pero yo cierro los ojos. Día también largo por los chaparrones que hemos pasado. Hoy ha sido domingo, hace unos días que no vamos a misa, los horarios los llevamos cambiados, aquí en Porto Marín la misa ha sido por la mañana. Me comenta que tiene unas pequeñas molestias en la vejiga, que piensa que ha cogido frió. Hace años tuvo un cólico de riñón. Me preocupa.
Me acurruco entre las sabanas y de verdad que no siento remordimiento de estar haciendo algo prohibido en el Camino por dormir en hostales cómodos. Hoy y ahora escribiendo este diario tal vez pueda llegar a pensarlo y tratar de buscar una justificación pero en aquellos momentos no. Felices sueños.
La espada y el mapa
Somos cinco hermanos. Nos llevamos poco tiempo unos de otros, del mayor al pequeño son nueve años. Imaginaros el panorama de los años 60. Familia de cinco hijos, con padre asalariado y con pocas ayudas. A finales de esa década a emigrar, lógico.
Mi padre el hombre hacia lo que podía, todo el día fuera de casa. Muchas noches cuando llegaba todos dormíamos. Los dos mayores en una cama, los dos pequeños en otra y mi hermana claro en la otra. Todos en la misma habitación y tan felices. Mi madre era la mártir, la que estaba con nosotros las 24 horas, los cuidados, los mimos y las broncas.
Le ayudaba alguna mujer que otra, siempre había gente para echar una mano. En los pueblos así se vivía o se mal vivía.
Una tarde estaba la cosa caldeada, yo siempre he sido el tranquilo de la familia, pero aquella tarde no se que pasaría. Mi madre estaba con el pequeño, yo tendría 7 años y algo me irrito porque comencé a frotarme los zapatos entre sí. Mi madre que vio eso, se puso a chillar porque podía ser que hubiera que gastarse otras pesetillas en otros zapatos y la cosa no estaba para gastos. Yo seguía y ella más desquiciada. En un ataque de rabia yo chille y ella cogió una espada de esas de los romanos de plástico y me la lanzo con tan buena suerte que me dio en el parpado inferior.
Ella fue detrás de la espada pero con animo de evitar su error, de detenerla antes de que llegara, pero la espada me golpeo. Llantos, lagrimas, mimos, carantoñas, besos. Ahí quedo la cosa por esa noche.
Al día siguiente al colegio. El ojo estaba cerrado por el hematoma. Antes al colegio se iba y punto, no había muchas excusas para no ir. Eso sí, me dijo que si el maestro, Don Abraham, me preguntaba que le dijera que me había caído y golpeado contra una silla. Y así fue. Con mis 7 años no puse ningún reparo y no vi nada anormal en el comportamiento de mi madre, ni por supuesto ahora con 40 años más tampoco.
En esos día apareció por el pueblo el fotógrafo para hacer la típica foto con el mapa de España detrás y tu con tu libro mirando fijamente a la cámara. Seguro que Dof, Wolffo y alguno/alguna recordara esa imagen en sus carnes
Y ahí estaba yo con mi ojo cerrado y tan contento. La foto me la hicieron, la guardó mi madre y nunca más se supo.
Muchos años después, pregunte por esa foto y ella siempre me dijo que la tenia que buscar. Nunca la he visto. Por supuesto que mi madre nunca nos maltrato, que fue un momento difícil y que ella se arrepintió siempre, que nunca más volvió a pasar algo parecido, pero la foto desapareció. Tal vez se arrepintiera de lo que paso y ha tratado de “eliminar la prueba del delito”. No se, un día de estos volveré a preguntarle.
Un beso mamá.
Mi padre el hombre hacia lo que podía, todo el día fuera de casa. Muchas noches cuando llegaba todos dormíamos. Los dos mayores en una cama, los dos pequeños en otra y mi hermana claro en la otra. Todos en la misma habitación y tan felices. Mi madre era la mártir, la que estaba con nosotros las 24 horas, los cuidados, los mimos y las broncas.
Le ayudaba alguna mujer que otra, siempre había gente para echar una mano. En los pueblos así se vivía o se mal vivía.
Una tarde estaba la cosa caldeada, yo siempre he sido el tranquilo de la familia, pero aquella tarde no se que pasaría. Mi madre estaba con el pequeño, yo tendría 7 años y algo me irrito porque comencé a frotarme los zapatos entre sí. Mi madre que vio eso, se puso a chillar porque podía ser que hubiera que gastarse otras pesetillas en otros zapatos y la cosa no estaba para gastos. Yo seguía y ella más desquiciada. En un ataque de rabia yo chille y ella cogió una espada de esas de los romanos de plástico y me la lanzo con tan buena suerte que me dio en el parpado inferior.
Ella fue detrás de la espada pero con animo de evitar su error, de detenerla antes de que llegara, pero la espada me golpeo. Llantos, lagrimas, mimos, carantoñas, besos. Ahí quedo la cosa por esa noche.
Al día siguiente al colegio. El ojo estaba cerrado por el hematoma. Antes al colegio se iba y punto, no había muchas excusas para no ir. Eso sí, me dijo que si el maestro, Don Abraham, me preguntaba que le dijera que me había caído y golpeado contra una silla. Y así fue. Con mis 7 años no puse ningún reparo y no vi nada anormal en el comportamiento de mi madre, ni por supuesto ahora con 40 años más tampoco.
En esos día apareció por el pueblo el fotógrafo para hacer la típica foto con el mapa de España detrás y tu con tu libro mirando fijamente a la cámara. Seguro que Dof, Wolffo y alguno/alguna recordara esa imagen en sus carnes
Y ahí estaba yo con mi ojo cerrado y tan contento. La foto me la hicieron, la guardó mi madre y nunca más se supo.
Muchos años después, pregunte por esa foto y ella siempre me dijo que la tenia que buscar. Nunca la he visto. Por supuesto que mi madre nunca nos maltrato, que fue un momento difícil y que ella se arrepintió siempre, que nunca más volvió a pasar algo parecido, pero la foto desapareció. Tal vez se arrepintiera de lo que paso y ha tratado de “eliminar la prueba del delito”. No se, un día de estos volveré a preguntarle.
Un beso mamá.
¿Se puede?
No se, tal vez lo hice mal. Mi fuerte no es la informática. Me ha costado un triunfo llegar a escribir esto y tal vez esto que estoy haciendo nunca llegará a salir a flote.
Vengo rebotado. Rebotado y escaldado. Mi otra bitácora cada día falla más, tampoco diré su nombre, ya esta bien de publicidad aunque no se necesitan nombres para saber de quien hablo. Bastantes amigos me han insistido en que el cambio era necesario y aquí estoy.
Tengo que decir que he tenido que cambiar el nombre. Bueno, ha sido añadir un nombre. El mio de siempre alguien ya lo tenia cogido y he debido añadir un segundo. He tardado en dar con él y he recordado que mi amigo Doc ya lo había pensado antes que yo. Jartos Athos, de aquí en adelante así juntitos iremos.
Tengo que terminar el Camino que comencé en mi otro diario y trataré de colgar aquí las otras etapas.
Espero no haber roto nada. Un saludo y besos para todos.
Vengo rebotado. Rebotado y escaldado. Mi otra bitácora cada día falla más, tampoco diré su nombre, ya esta bien de publicidad aunque no se necesitan nombres para saber de quien hablo. Bastantes amigos me han insistido en que el cambio era necesario y aquí estoy.
Tengo que decir que he tenido que cambiar el nombre. Bueno, ha sido añadir un nombre. El mio de siempre alguien ya lo tenia cogido y he debido añadir un segundo. He tardado en dar con él y he recordado que mi amigo Doc ya lo había pensado antes que yo. Jartos Athos, de aquí en adelante así juntitos iremos.
Tengo que terminar el Camino que comencé en mi otro diario y trataré de colgar aquí las otras etapas.
Espero no haber roto nada. Un saludo y besos para todos.
Día 19
Triacastela-Sarria (Sábado, 29 de Noviembre de 2003)
Todavia no he cambiado seguimos con el Gratis, pero seguro que cambiare. Ahora ando un poco liadillo de trabajo y enseguida que pueda me apunto al Ya. Lo que no se es que pasara con los ficheros de aquí, si lo podre pasar. ¿Alguno de vosotros me puede ayudar?. Gracias. Buen Camino.
Madrugamos, queremos salir pronto pero todavía es de noche. Nos esperan en Sarria la familia de Manolo y también vendrá Inma y Toni.
Entro a decir adiós a Pino y Arnáu, ha dormido con ellos un tío raro que llego tarde, se marcho, vino más tarde aún y se marcho muy temprano. Les digo que a lo mejor no nos vemos más. Salgo y al salir me llama Pino y me da un abrazo. No me lo esperaba.
Tenemos dos opciones: o vamos por el Monasterio de Samos camino más largo, pero más bonito o bien por San Xil más corto y creo que un poco más difícil. Optamos por este último sitio. Nos comemos la fruta caminando. A la salida del pueblo tienes las dos opciones. Vamos deprisa.
El pie no me molesta a pesar de ir rápido. Al principio llueve pero después se detiene. Hay un grupo de perros atados pero metiendo una bulla tremenda. Es una explanada grande con naves alrededor como cocheras de camiones. Tienen los perros cadenas muy largas y pasamos con un poco de miedo.
La cuesta de San Xil es agotadora y prolongada. Entre la lluvia y el sudor vamos completamente empapados. De las más duras del Camino junto con las rampas de los Montes de Oca.
Al final de la cuesta y al unirse a la carretera hay una fuente. Nos detenemos en ella para quitarnos ropa y beber agua. Vemos que aparece una furgoneta y se detiene antes de la fuente. Bajan peregrinos, algunos se quedan cortados al vernos, otros eufóricos. Nos sienta mal el ver que algunos utilizan demasiado los medios de transporte y sobretodo para quitarse de en medio una buena cuesta. Pero bueno, cada uno hace su Camino. Los llevaremos detrás todo el día de hoy.
La familia de Manolo va llamando cada cierto tiempo, están más nerviosos que nosotros y Manolo eufórico.
No nos lloverá durante el camino de hoy. Creo que llegando a Calvor paramos en un bar a tomar algo. Manolo compro un chorizo en Mansilla y decía que no quería que nos pasara con él lo que el pan de higos. Le preguntamos al señor si podemos darle el corte y el dice que lo que queramos. Hace calor y traemos una sed rabiosa. Dos cervezas por barba y para adentro.
Al salir del bar viene el batallón de la furgoneta de San Xil. Salimos arreando y no nos adelantaran hasta Sarria.
El pie va bien a pesar de darle hoy bastante caña.
Llegamos sobre las dos a Sarria, la familia nos espera en el bar enfrente del albergue. Abrazos, alguna lágrima, fotos, un buen recibimiento. Todos contentos, mucha alegría.
Ducha rápida en el albergue, no hay nadie que te diga donde ponerte o donde no ponerte. No me gusta mucho, lo dejamos todo pendiente por si después viene el hospitalero y podemos optar a otras opciones. Nos informan después en el bar un lugar donde dormir cerca de aquí.
Nos vamos a comer, buscamos una pulpería y encontramos una un poco floja, tomamos churrasco y pulpo. No esta mal.
Hablo con Inma y me dice que vendrán después de comer. Que le vamos a hacer, esperaba verlos más tiempo, pero menos es nada.
A la salida de la comida nos llama Pino, sale de un supermercado, detrás Arnau. Nos hacemos unas fotos. Se marchan a dormir un poco más adelante, a Barbadelo, creo que está a una hora de aquí. Ojala nos hubiéramos marchado también.
Vamos a tomar café al casino y nos dejan entrar. Ellos se lo pierden, por la categoría de los visitantes. Desprecian al peregrino porque sí, ni más ni menos.
Me llama un poco más tarde Inma, ya han llegado, quedamos en un hotel a la entrada. Estoy un poco serio, no se que me pasa, debería estar más contento pero estoy alicaído.
Inma está incluso más guapa. Es una buena amiga, me ha apoyado todos estos días y estaba muy contenta de que viniera por estas tierras. Toni como siempre, es una bellísima persona. Los quiero mucho a los dos.
Tomamos un café. El chaval ex militar esta alojado en el hotel. Dice que no es muy caro y que le van a lavar la ropa. Estuvo en el albergue, no le gusto nada y se marcho al hotel. Esta noche dice que se ira de fiesta.
La familia de Manolo se marcha, quedamos para el día que lleguemos a Santiago que nos recogen allí. Manolo esta serio y triste, es duro para él. Se marcha a ver el fútbol, luego nos vemos. Nos quedamos los tres, charlamos, recordamos días pasados, nuestra vida actual, de los hijos, mucha nostalgia. Es una pena que esta buena gente la tenga tan lejos.
Vamos a ver esa habitación. Es en un bar, el dueño comienza a dar vueltas, que si hace frió, que si ahora no hace buen tiempo, que el albergue esta abierto. Yo le digo que lo que nos interesa es si nos puede dejar una habitación y no s dice que no. Eso es lo que queríamos saber. Comienza a llover.
Tomamos unos vinos y picamos algo. De nuevo una buena charla con buenos amigos alrededor de vino y embutido.
Nos despedimos, sigue lloviendo para dar más tristeza al ambiente. Inma me dice que no sabe si podrá ir a Santiago, le digo que no se preocupe, que nos hemos visto ya y con esto por mi parte arreglado. Ella no sabe si podrá ir. Un abrazo y un adiós. ¡Hasta siempre!
Manolo esta invitando a Chantal a empanada que trajeron su familia. Lo agradece un montón porque así se ahorra la cena.
Nos vamos a ver el segundo tiempo. Los dos callados. Me marcho antes de las diez, el tarda un poco más.
Nos acostamos, hay varios en el albergue, somos en total siete personas, pero todos juntitos. Hace calor y sudo como un loco, vamos a ver que tal la noche. Intento dormirme de lado y creo que lo consigo. Hasta mañana.
Todavia no he cambiado seguimos con el Gratis, pero seguro que cambiare. Ahora ando un poco liadillo de trabajo y enseguida que pueda me apunto al Ya. Lo que no se es que pasara con los ficheros de aquí, si lo podre pasar. ¿Alguno de vosotros me puede ayudar?. Gracias. Buen Camino.
Madrugamos, queremos salir pronto pero todavía es de noche. Nos esperan en Sarria la familia de Manolo y también vendrá Inma y Toni.
Entro a decir adiós a Pino y Arnáu, ha dormido con ellos un tío raro que llego tarde, se marcho, vino más tarde aún y se marcho muy temprano. Les digo que a lo mejor no nos vemos más. Salgo y al salir me llama Pino y me da un abrazo. No me lo esperaba.
Tenemos dos opciones: o vamos por el Monasterio de Samos camino más largo, pero más bonito o bien por San Xil más corto y creo que un poco más difícil. Optamos por este último sitio. Nos comemos la fruta caminando. A la salida del pueblo tienes las dos opciones. Vamos deprisa.
El pie no me molesta a pesar de ir rápido. Al principio llueve pero después se detiene. Hay un grupo de perros atados pero metiendo una bulla tremenda. Es una explanada grande con naves alrededor como cocheras de camiones. Tienen los perros cadenas muy largas y pasamos con un poco de miedo.
La cuesta de San Xil es agotadora y prolongada. Entre la lluvia y el sudor vamos completamente empapados. De las más duras del Camino junto con las rampas de los Montes de Oca.
Al final de la cuesta y al unirse a la carretera hay una fuente. Nos detenemos en ella para quitarnos ropa y beber agua. Vemos que aparece una furgoneta y se detiene antes de la fuente. Bajan peregrinos, algunos se quedan cortados al vernos, otros eufóricos. Nos sienta mal el ver que algunos utilizan demasiado los medios de transporte y sobretodo para quitarse de en medio una buena cuesta. Pero bueno, cada uno hace su Camino. Los llevaremos detrás todo el día de hoy.
La familia de Manolo va llamando cada cierto tiempo, están más nerviosos que nosotros y Manolo eufórico.
No nos lloverá durante el camino de hoy. Creo que llegando a Calvor paramos en un bar a tomar algo. Manolo compro un chorizo en Mansilla y decía que no quería que nos pasara con él lo que el pan de higos. Le preguntamos al señor si podemos darle el corte y el dice que lo que queramos. Hace calor y traemos una sed rabiosa. Dos cervezas por barba y para adentro.
Al salir del bar viene el batallón de la furgoneta de San Xil. Salimos arreando y no nos adelantaran hasta Sarria.
El pie va bien a pesar de darle hoy bastante caña.
Llegamos sobre las dos a Sarria, la familia nos espera en el bar enfrente del albergue. Abrazos, alguna lágrima, fotos, un buen recibimiento. Todos contentos, mucha alegría.
Ducha rápida en el albergue, no hay nadie que te diga donde ponerte o donde no ponerte. No me gusta mucho, lo dejamos todo pendiente por si después viene el hospitalero y podemos optar a otras opciones. Nos informan después en el bar un lugar donde dormir cerca de aquí.
Nos vamos a comer, buscamos una pulpería y encontramos una un poco floja, tomamos churrasco y pulpo. No esta mal.
Hablo con Inma y me dice que vendrán después de comer. Que le vamos a hacer, esperaba verlos más tiempo, pero menos es nada.
A la salida de la comida nos llama Pino, sale de un supermercado, detrás Arnau. Nos hacemos unas fotos. Se marchan a dormir un poco más adelante, a Barbadelo, creo que está a una hora de aquí. Ojala nos hubiéramos marchado también.
Vamos a tomar café al casino y nos dejan entrar. Ellos se lo pierden, por la categoría de los visitantes. Desprecian al peregrino porque sí, ni más ni menos.
Me llama un poco más tarde Inma, ya han llegado, quedamos en un hotel a la entrada. Estoy un poco serio, no se que me pasa, debería estar más contento pero estoy alicaído.
Inma está incluso más guapa. Es una buena amiga, me ha apoyado todos estos días y estaba muy contenta de que viniera por estas tierras. Toni como siempre, es una bellísima persona. Los quiero mucho a los dos.
Tomamos un café. El chaval ex militar esta alojado en el hotel. Dice que no es muy caro y que le van a lavar la ropa. Estuvo en el albergue, no le gusto nada y se marcho al hotel. Esta noche dice que se ira de fiesta.
La familia de Manolo se marcha, quedamos para el día que lleguemos a Santiago que nos recogen allí. Manolo esta serio y triste, es duro para él. Se marcha a ver el fútbol, luego nos vemos. Nos quedamos los tres, charlamos, recordamos días pasados, nuestra vida actual, de los hijos, mucha nostalgia. Es una pena que esta buena gente la tenga tan lejos.
Vamos a ver esa habitación. Es en un bar, el dueño comienza a dar vueltas, que si hace frió, que si ahora no hace buen tiempo, que el albergue esta abierto. Yo le digo que lo que nos interesa es si nos puede dejar una habitación y no s dice que no. Eso es lo que queríamos saber. Comienza a llover.
Tomamos unos vinos y picamos algo. De nuevo una buena charla con buenos amigos alrededor de vino y embutido.
Nos despedimos, sigue lloviendo para dar más tristeza al ambiente. Inma me dice que no sabe si podrá ir a Santiago, le digo que no se preocupe, que nos hemos visto ya y con esto por mi parte arreglado. Ella no sabe si podrá ir. Un abrazo y un adiós. ¡Hasta siempre!
Manolo esta invitando a Chantal a empanada que trajeron su familia. Lo agradece un montón porque así se ahorra la cena.
Nos vamos a ver el segundo tiempo. Los dos callados. Me marcho antes de las diez, el tarda un poco más.
Nos acostamos, hay varios en el albergue, somos en total siete personas, pero todos juntitos. Hace calor y sudo como un loco, vamos a ver que tal la noche. Intento dormirme de lado y creo que lo consigo. Hasta mañana.





