Blogs.ya.com Quitar publicidad
Diario de...pues eso
Bitácora de un peregrino que todavia sigue buscando su Camino.
Sindicación
 
Amor y besos



Hoy había viaje a Toledo. A los chavales les inauguraban el curso y como había pinchito y vinito pues allí que nos presentamos. ¡Ya esta bien!, después de tres años ya está bien que se marquen algo y el resultado ha sido magnifico.

En Toledo han puesto o han implantado la ORA. ¡Vaya mierda!, donde se puede aparcar o podía aparcar allí han llegado con la brocha, han pintado de azul el suelo y han colocado la maquinita para retratarse. También le han dado al suelo ligeros toques verdosos, ¿y eso que significa?, no tenia ni idea, cuando el menda se saco el carnet no había coches, eran los vehículos de los Picapiedra y no existían esas historias y la verdad no me he actualizado con las nuevas incorporaciones al código. Pues eso significa que solo pueden aparcar los residentes, los señores que demuestran que viven y están empadronados en esa zona. ¡A fastidiarse!. Metros y más metros de lugares de aparcar y no lo puedes hacer, bueno si lo haces no se de donde coño aparece un tío con libreta en mano que te deja la papela en menos que canta un gallo. Y digo yo, la calle, ¿ya no es de todos?, sí dirán algunos, es de los que viven allí y así lo tienen, ¿y yo que?, ¿a mi pueblo?, ¡pues que bien!. Yo pago los mismos impuestos que los susodichos y a mi no me pintan mi calle de verdecito. ¿Tendré que hablar con mi alcalde?, ¿o me vengo a vivir a Toledo?. Fíjate el contraste de ver la calle vacía de coches y sin embargo en las zonas donde la acera se ensancha para solaz descanso de peatón, pues subidos los coches sin tarjetita, claro, ¡y no los multan!, porque el de la libretita solo se tiene que fijar en la tarjetita. ¡Bien!.

Menos mal que todo no ha ido mal, hemos tomado unos pinchitos que muy bien, nos hemos comido un pescaito fritito que quita el sentío. A la vuelta ya ne plena carretera en una curva amplia me ha dado unas ráfagas un vehiculo. Hace unos años sabíamos que cerca estaban los de la foto, pero rápidamente he imaginado que algo pasaba. Era un tractor, con un remolque bastante grande que iba muy despacio. Ha tenido el buen hombre un buen detalle. Le he agradecido el gesto, no todo son actuaciones malas y desconsideradas. Y mira por donde que ha sido cerca de Cebolla, el pueblo de Rita, la de La Troje.

Y un poco antes en un centro comercial, he entrado con mi madre a comprar unos jabones a la mujer de mi amigo Manolo, con el que hice el Camino de Santiago. La pobre tiene una enfermedad muy jodida, Alzheimer, que aunque muy incipiente ya va haciendo su señal. El otro día le di a él unos pins de Segovia que los colecciona y ella no se si me miro como pidiéndome también algo o que coincidió en esas sus miradas vacías. El caso es que me apetecía y le he comprado unos jabones de esos que son una maravilla, que te apetecen darle un mordisco por lo apetitoso de sus aspectos. La chica nos dice que son de menta. Me pregunta que si son para regalo y le digo que si. Le digo que es para una buena amiga que esta enferma, me dice que este jabón le ira bien porque calman los dolores. Mi madre y yo la miramos y nos lamentamos de su terrible mal. Ella dulcemente nos contesta, “para esa enfermedad lo único efectivo son el amor, los abrazos y los besos, muchos besos”. Mi madre, que es una sentimental de narices, se emociona y le casca a la chica un par de besos. Yo que salgo a mi madre, le sigo y le doy otros dos. ¡Vaya tela!, todos besándonos y casi llorando!. ¡La leche!.

Ya en el coche, después de Cebolla, cuando íbamos de vuelta a casa, ya no me acordaba de la raya verde.





 
Tribulaciones de un pardillo en Madrid
A pesar de que uno a estudiado en Madrid durante tres años, que ha trabajado en fechas alternas durante otros tres años, que ha viajado en varias ocasiones y que sus padres incluso se compraron un piso en General Ricardos, cuando va a la capital va en plan pardillo y dispuesto a que los cláxones y demás parafernalia auditiva suene hacía sus oídos – mi coche es matricula CC que dicho por un conductor italiano en Roma sería “chi chi” que suena como más chic que no la “ce ce” – por alguna maniobra no bien vista por algún conductor de la Villa y Corte, pero para sorpresa la mía no hubo ningún aviso sonoro. También es verdad que entré a las 10 y poco tráfico se vislumbraba. Muchas obras, hay que decirlo.

Cada cierto tiempo mi señora le gusta dejarse caer por los arrabales del Corte Ingles y darle una vuelta a la tarjeta para que no coja moho. Mientras ella repasa la cartilla yo me encamino a la sede del FNAC palabreja que nadie sabe lo que significa ni la empleada que un día se lo pregunte. Mientras escuchaba un disco de jazz – exactamente uno de Madeleine Peyroux – me llama ella a través del móvil para que la ayude a comprar unos sándwiches en Rodilla, otro de sus lugares de peregrinación. Antes había tenido una conversación con una de las empleadas. Hace unos meses – bastantes – recibí una carta diciendo que para renovar la tarjeta debería llevar de nuevo una nómina al FNAC. Le dije que qué ocurría y me comenta que habían cambiado de financiera –hace mucho tiempo – y necesitaba una nómina, le digo que ya tiene una mía y me dice que no que otra nueva. ¿Es necesario?, pregunto. Si, es necesario, sino no se puede renovar la tarjeta, me contesta. Me levanto de la mesa y le digo: quédate con la tarjeta que yo no te doy más nominas. Me mira y me dice, pues bueno. Pues adiós. Menos bultos en la cartera.

Vuelta por la zona, vasito de vino en la calle Postas con una banderilla de variantes, dejándome el cuerpo bien sentadito. Nos vamos a comer. Mi señora me dice que porqué no vamos a Alcorcón que nos queda de paso y entramos a Alcampo que tiene también tarjeta – y conviene que se ventile también – y comemos por allí. Me acuerdo que podíamos ir a comer a Villaviciosa de Odón donde hay un asador que me ha recomendado una buena amiga, pero va a ser que no. Que no sabemos donde está, que eso no lo conoces, que a lo mejor nos perdemos, etc. Yo no insisto y ya está.

Atasco fenomenal, lío de tres pares de narices, todo el mundo allí congregado, todo el mundo a comprar al Ikea, ¡pero si son las dos!, ¡hay que comer!. Nada, la gente al Ikea, aquello no se menea. Por fin encuentro un hueco y allí que me meto, que bien, ya estamos en el Alcampo. ¿Y donde comemos?, podemos hacerlo en un Pizza Hut que nos atiende bien y es rapidito, me contesta mi señora. Si ya lo sabía yo, aquello lleno, poco personal para servir, dos horas para comer y lleno de hidratos de carbono.

Me molesta el pie, eso de ir al paso de otra persona aburre y cansa un montón. Me compro una botella de las bodegas Irache y que sea lo que Dios quiera.

Menos de tres horas en Madrid, ¡como para quedar con alguien!. La venganza algún día será tremenda.

Aquí acaba el viaje, ya están la tarjetas ventiladas y oreadas. Mi señora feliz y la despensa llena. Aquí todos se consuelan menos uno que yo me se.




 
¡¡¡Free drink all night!!!
Creo que a ninguno le gusta que le rompan sus planes, que factores ajenos a tu voluntad cambien los sueños que tenías. Este fin de semana había convencido a mi señora (arduo trabajo) y a mis hijos (para mi sorpresa sin despeinarme) para pasarlo en Benidorm. Conseguí lo más difícil que fue volver a atraer a esta ciudad a mi señora que me había jurado y perjurado que no volvería allí. Motivos como playa pequeña o demasiada gente, lugar agobiante de edificios y alguna más que no irían a ningún lado pero que a ella le molestaban de mala manera. A mi Benidorm me encanta y tal vez ese es el motivo.

Y ese motivo hay que remontarlo a veintiocho (28) años atrás. La semana más intensa de mi vida, la más desenfrenada, la más completa, la más salvaje, ocurrió en ese mes de agosto de 1977. Diecinueve años tenia, recién salido de las faldas de mi madre, mi primer viaje solo. Lo que pase en esa semana no lo puedo repetir ni imaginándomelo.

Cuatro amigos, salida desde Atocha hasta Valencia en tren expreso. Vamos a Valencia como podíamos ir a cualquier sitio. Fiesta morena en el tren, nada de dormir. Llegada a Valencia y nos vamos a la playa de Nazaret, que creo que ya no existe (nahnah, ¿es así?), plantamos nuestra tienda en plan conquistador y nos vamos a dormir. Viendo que aquello no funcionaba, que aquello ya estaba conquistado y que, ¡qué narices hacíamos nosotros allí!, sin saber donde dormir y sin saber que hacer, decidimos que nos vamos a Benidorm. Todo esto me encanta, esa improvisación y esa forma de actuar, es ya tremendamente imposible que salga de mi cabezota.

Nos separamos, dos y dos. Auto stop, carretera de El Perelló. Ni Dios para. ¡Hombre!, ¡uno, para uno!!!!. Nos montamos y quedamos delante del Gran Hotel de Benidorm tal día. Al llegar a Benidorm nos damos cuenta que eso está en Alicante (¿verdad Choi?). Pero hasta entonces más aventuras. Que este nombre nos deja en el camping de Cullera, que nos vamos andando hasta el pueblo andando, que llegamos de noche, que no sabemos donde dormir, que dejamos las mochilas en una obra al lado de la playa, que nos vamos hasta una discoteca que está encima de un cerro andando, que llegamos y no hay nada, que nos bajamos otra vez andando, que llegamos a la playa, tiramos de manta y con la luna, las estrellas y el Mediterráneo de fondo nos quedamos sopas.

Al día siguiente de nuevo a hacer dedo, que no nos para nadie –menudas pintas – y que ya cogemos un tren o autobús – no lo recuerdo – hasta Benidorm.

En este viaje coincidimos con unos chavales de Onteniente que van a pasar unos días a esta ciudad. Se trasladan a un camping que había en la carretera que subía desde el Rincón de Loix, donde estaba o está Pachá. Pero como no había sitio plantamos la tienda en un pinar cercano.

Imagínate tu, había más tiendas, pero al lado de la carretera, las mochilas y la tienda todo el día solas, sin nadie que las cuidara y que no faltaba de nada, que nadie tocaba allí. Totalmente impensable actualmente.

Conseguimos trabajo. Relaciones publicas (qué bien suena) de la discoteca Eva’s en los bajos del hotel Pueblo. No tengo ni idea si eso existe o no existe. ¿El trabajo?, patearnos la playa de levante arriba y abajo, mañana y tarde, dando propaganda a los guiris y no guiris al grito de “¡free drink all night!”. Agotador, terriblemente agotador. Sorteando personal, con cuidado de no depositar mucha arena en los cuerpos tendidos, regalando cerillas y papelillos con la susodicha frase: “¡free drink all night!”. Desde las nueve de la noche y hasta las tres de la madrugada toda la bebida era gratis con solo comprar la entrada, que creo recordar eran unas 250 pesetas. Garrafón a go go, vomitonas aseguradas, tremendas castañas, aquello se llenaba, pero la gente no volvía por los tremendos ardores y resacas del día siguiente.

Cambio de “camping” cuando coincidimos con los otros dos (Benidorm era pequeño), seguimos durmiendo poco, noches largas, días largos. Aunque no descubro el sexo, allí se magnifica y se desborda. ¡Madre mía!, primeros días asustado por el vendaval que aparecía.

Me quedo muchas cosas en el tintero, tal vez algún día las pueda comentar. Llegue allí con 10.000 pesetas y llegue a casa con 8.000. La improvisación fue la clave. Semana tremenda, semana que murió Elvis, semana de amor, semana de amistad, semana intensa. Nunca se volvió a repetir nada igual.

Me olvidaba el por qué no ir este año a Benidorm. Mi compañero creo que se me adelanto, creo porque no lo tengo muy claro, tenemos que quedarnos uno de los dos en el curro. ¿Tal vez otro año?, no se habrá que hacer de nuevo la ronda de entrevistas.

¡¡¡FREE DRINK ALL NIGHT!!!



PD. Toda la vida he pensado que se decía así, mi ingles no es de Oxford...es de Cambridge, jejeje.

PD2.- Acabo de enterarme por mi señora que mi suegra, viuda, se marcha el 16 a...Benidorm. Cuando mi señora sea viuda y yo me entere desde el más alla que se marcha en otoño a Benidorm, me enfadare y mucho.


 
Amigos
El otro día pedía disculpas al amigo Wolffo por mis desconsideraciones hacia su persona (por cierto ha abierto otra bitácora) y ahora lo hago hacia mi amiga Flor, ¡qué por fin escribió!. Se molestó porque me despedí dándole un contundente “hasta siempre” y eso tal vez fue demasiado. Demasiado para ella que le hizo hacer dos cosas: escribir y demostrar su contrariedad hacia mí. Enseguida le pedí disculpas y ahora también. Perdón por esa frase tan realista y tan determinante. Flor fue un puntal muy importante para mí en esto de los blogs y su ausencia lo noté bastante.



Comienzo por el final de las vacaciones. El martes día 30, justo el día antes de incorporarme al trabajo, esa misma tarde, nuestra hija U nos llama a su madre y a mi para que vayamos a ir a pasar la tarde a Toledo. Ella lleva todo el verano intentando aprobar el carné de conducir. El verano se acaba y no ha sacado el carné. Al final como no es tonta se ha pasado un verano de narices. Relax total a costa de papá y mamá. Por cierto el carné nada de nada pero imagino que las noches toledanas si.

Pasamos a recogerla y vemos que viene con un chico que ya conocemos. Trabaja de cocinero en una piscina y fui a comer con ella. Por cierto que el chaval lo hace bien. Bueno, pues así estamos que viene con el muchacho dispuesto los cuatro a pasar la tarde.

Vamos al cine. Mi señora quiere ver esa del señor y la señora Smith. La peli bien, está entretenida. Después hay que cenar y vamos a un lugar al lado del río, así como muy pijín pero que se está agustito y lo más importante fresquito.

Pues nada a cenar. Me quedo mirando la escena. Los cuatro sentaditos. Sin decir nada que a mi hija le haga darme patadas por debajo. Yo me sonrió de la escena. Miro a mi hija. Casi no me he dado cuenta de que ha crecido, que ya tiene 18 años, que ya es una mujer, que un día llegara con un chico y que se la llevará en el sentido más romántico de la frase. ¿Será este el momento?, ¿será este el “llevador”?.

Terminamos la cena, ya es medianoche, se está bien a pesar de esa tirantez suave que existe. Nos despedimos. Nos vamos a casa. A las 2 estoy durmiendo, mañana hay que madrugar. No vuelvo a hablar con mi señora de esta aventura, hasta esta tarde. Le pregunto y dice que habló con ella al día siguiente y ella le contesto que es amigo, que le cae muy bien pero que eso, solo amigos.

¡Ay!, ¡que se llevan a mi niña! ¡y delante de mis narices!.