Me tocaría hacer balance del año que acaba, bueno es lo que se hace en estos casos. En estos casos que tienes una página donde escribir, claro, porque antes que yo no tenía diario como otras personas, difícil era hacerlo. También lo puedes hacer con la mente: te metes en la cama y te pones a repasar el año como ha venido, lo que pasa es que conociéndome, de febrero no pasaría, los ronquidos imperarían sobre el resto.
Mis hijos, son mi existencia, mi motor, mi alegría de seguir adelante. Pero también ese agujero que parece de pronto en el bolsillo y cada vez se va haciendo más grande. Lo único que agradezco es que las pelas se las gastan con alegría, ¡joder como tiene que ser!, ¡por la puerta grande!.
Mi señora, tiene un año más (muy bien llevado por cierto). Y quiero seguir aquí a su lado por mucho tiempo. Tal vez no sea ese amor arrollador de los primeros años, pero vamos aguantando y sobretodo aguantándonos, aunque habría que escribir sobre esto largo y tendido, porque si difícil es aguantar, también algo tremendo debe ser que te aguanten, ¿verdad mi amor?.
Mi familia, todos bien, todos muy guapos. Como ya comenté había una espina clavada con un hermano mío y gracias a los hijos, a las señoras (fantásticas) y las buenas formas que hemos mamado desde pequeños esto quedo en una tonta y absurda historia, como todas las cosas absurdas que se hacen al cabo de la vida, algo que deberíamos aprender, pero que volvemos a caer una y cien veces.
Mis amigos, muy dejados de la mano de Dios, parece mentira que para mantener alguna relación de tono afectiva en una población pequeña sea necesaria recurrir al rito de la pela y del gasto. Como ya he dicho al principio, los gastos se han disparado y las salidas también y hay gente que no entiende eso. Pues muy bien. Aunque también tengo que decir que los amigos, los que se llaman amigos, esos están de cualquiera de las maneras, con pela o sin pela.
Mi trabajo, ¿para que vamos a amargarnos?, ahora estoy de vacaciones, me han puteado esta jodida empresa lo que ha querido y más y sin embargo tengo que seguir. Si me pilla con veinte años menos, me doy el gustazo de mandarlos a hacer puñetas, pero la cosa no es tan sencilla. Por tanto, algo negro tenía que haber y este año es para el que ideo hacerme la puñeta, como dicen por las tierras de Alma, Dockof o Cris, ¡mal dolor te de!.
Mi bitácora, casi lo más importante de este año. Uno entra así por casualidad y al final descubre una cantidad pasmosa de gente que llegas a apreciar e incluso a querer, ¡que narices!, que nunca me ha molestado ni me ha extrañado decir a alguien lo que sentía por él. Todos los que estáis a la derecha de la pantalla os considero casi como algo maravilloso. Y falta gente, pero no me caben y aquí quiero pedir de nuevo paciencia, disculpas y gracias a Diablilla que está intentando ayudarme en esto de los enlaces, pero que estamos atascados y no se por donde salir, porque el alumno que te ha tocado, una joya.
He conocido a gente maravillosa, a gente que es necesario conocer cara a cara y tener una charleta con ella. Como dentro de poco voy a cumplir mi primer año en estos lares, desglosaré a cada uno de ellos. Por este motivo a sido el ocupar más espacio en este resumen-balance del año que vamos a dejar porque vosotros sois los que me leéis y como tal así lo hago.
¡Feliz año!, ¿os he dicho que os quiero?.
Aunque ya hace unos días que lo llevaba pensando, esta mañana me he levantado teniendo claro que lo que había pensado ya lo tenia superado pero cuando ahora mismo me pongo a escribir esta nota se me hace cuesta arriba y no se como seguir.
No habría que buscar culpables, aunque tal vez si. En primer lugar a mi, a Jartos, porque debo ponerme en primer lugar. Me considero culpable por no saber distinguir entre la verdulería y la nata. ¡Que he metido la pata!. No quiero despedirme de nadie porque en todo este tiempo no he conseguido ni un solo enemigo, perdón amigo (en que estaría yo pensando). Toda la gente que he leído no me ha gustado nada de nada y como es así, pues mejor cortar. ¿No os parece?.
¡Que me voy!, ¡que no os soporto más!. Me marcho, no puedo seguir así, poniendo mentiras a diestro y siniestro, tratando de tapar mi identidad, nada, que me marcho.
Hoy, 28 de diciembre me marcho.
Actualización a las 23:29:
¿Es necesario una aclaración?, ¿rectifiación?, a pesar de que Ideas me dice que haga noseque, hoy es 28 de diciembre. Una tonteria como tantas que se hacen, aunque también es verdad que el exito ha sido abrumador...jo, ¡vaya exito!, ¡que se acabe ya el día, por Dios!.
nuestras miradas, nuestras sensaciones
y nos recuerde que podemos ser
mejores personas y tengamos
un mundo sin tantos fríos ni tantas oscuridades.

Abraham
-Abraham, ¿puedo escribir sobre ti?
-Claro, lo que tu quieras; oye, ¿y que vas a decir de mi?
-Lo que tú me digas.
Y yo le pregunto y el me contesta. Ya hace varios años que nos conocemos y aunque nunca lo hayamos hablado, él confía en mí y yo confío en él.
Abraham tiene 61 años, no es muy alto, tiene un bigote en plan mexicano y sus dos incisivos los ha cambiado por dos dientes metálicos. No fuma, creo que ya hace tiempo que lo dejo, no bebe y la última vez que lo “cató” fue hace 21 años.
Tiene una pequeña herida en una pierna y cada día viene a curarse.
-¿Cómo está hoy?.
-Bien Abraham, está bien.
Asiente con la cabeza, esta muy asustado. Hace un año se cayó de la moto y una infección en la rodilla casi le manda para arriba. Me mira con ojos interrogantes y le vuelvo a decir que todo esta bien.
A pesar de llevar más de una hora trabajando cuando viene a visitarme, simpre esta aseado y curioso y su trabajo no es precisamente sentarse detras de una mesa y esperar la hora de salida.
A los seis años se puso a cuidar ovejas. Yo le pregunto que si solo un rato y el se ríe, enseñando sus dientes metálicos, todo el día, amigo, todo el día. De ahí, a compaginar eso con las labores del campo, segar, trillar, recolectar. No tiene estudios, pero como dice él todo lo que sé me lo ha enseñado la vida y siempre cogiendo lo mejor que esta le ha mostrado. Gracias a Dios, dice, he sabido separar la paja del grano y estudiar de la vida.
-Voy a ponerte otro nombre, escribiré sobre ti llamándote Abraham.
-Puedes hacer lo que quieras, no me molesta que me llames por mi nombre.
A los pocos años, se puso a trabajar en un taller y después de la mili, de nuevo a currar ahora como encofrador. La mayoría de este tiempo esta ha sido su profesión. Actualmente hace lo que su empresa le dice, un todo terreno de los oficios.
Está soltero, nunca se caso, pero por lo que imagino y sé, debe haber tenido éxito con las mujeres. Estando en la mili, conoció a una chica y la lejanía y la dureza de aquellos tiempos hizo que esta relación se cortase. Habla de aquello con enorme satisfacción, pero que la vida tienes esos reveses y aquellos tiempos eran así.
Es respetuoso con las mujeres, incluso con las chicas de los clubs donde una vez – como mínimo – por semana hace su visita. Nunca le he oído hablar mal de ellas, al contrario, siempre tiene algo agradable que decir.
Dice que vive muy feliz, que la soltería es una cosa fabulosa, plancha, cose, lava, cocina, todo lo hace él. No necesita a nadie. Vive con otro de sus hermanos también soltero pero que tiene cinco hermanos más y todos casados.
Imagino que como Abraham habrá muchas personas, pero su sencillez hace que sepamos valorar mucho más nuestras realidades.
-Abraham, ¿eres mi amigo?.
-Siempre te he considerado mi amigo.
Y se aleja con pequeños pasos. Me quedo pensando y agradezco que Abraham sea mi amigo.
Actualización domingo día 18:
El verdadero nombre de Abraham es Adrián, se lo comenté el viernes y me dijo que su nombre es Adrián, que no le gustaba el nombre que le había puesto y como no le importa lo añado en esta aclaración aunque seguiré con el mismo titulo.
Mi cuñado y John Lennon.
Son las 5 de la madrugada del día 8 de diciembre de 1985, suena el teléfono, contesto medio adormilado medio asustado, una voz femenina, entrecortada, llorosa, agotada:
-¡Mi hijo!, ¡mi hijo!.
Solo escucho, me quedo callado.
-¡Mi hijo!, estoy en el hospital. ¡Mi hijo!.
Cuelgo el teléfono, me quedo un momento quieto antes de salir disparado a la habitación para vestirme. Mi mujer me mira y me pregunta:
-Es mi hermano, ¿verdad?.
Yo asiento, en silencio.
Diez minutos más tarde me encuentro con la cruda realidad, me encuentro de bruces con la muerte.
A partir de entonces todo cambio, hubo un giro de 360 grados. La familia dejo de ser, todo se desmembró. Mi suegra dejo de ser “persona normal”, mi suegro se debatió entre la desesperanza y la desolación hasta el día de su muerte, mi mujer se convirtió de repente sin que ella lo quisiera en hija única. Su hermano de 29 años la había dado esa triste preferencia. El mismo día que John Lennon, cinco años despues.
Fue el inicio de unas tristes navidades, las más tristes de mi vida. Recuerdo esas noches con el único sonido de los llantos de mi suegra. Mi pobre hijo fue el que pago ese triste peaje, solo tenia un año y el no entendía nada. A pesar de todo este dolor, yo jure que esas serian para él las únicas navidades tristes, a partir de entonces teníamos que hacer de tripas corazón y no consentir que la tristeza empañase la vida de este niño que comenzaba su andadura.
Mi cuñado era joven, era vitalista, tenia vida por delante, tenia espacio para continuar, pero todo se trunco en esa maldita carretera de madrugada. Imagino esa vuelta de risas y jolgorio. ¿Cómo fue aquella noche?, ¿qué hizo antes de montarse en el coche?, ¿cuál fue su ultima conversación?, ¿cuál fue su ultimo pensamiento?, ¿para quién fue su ultimo recuerdo?. ¡Maldita carretera!, ¡maldita sea!.
El teatro de las navidades comenzó, había que interpretar ese papel para que tus hijos disfrutaran de esas navidades que el destino te las había puesto desoladoras y tristes. Tenías que interpretar la alegría, el jolgorio y la risa. Y todo por ese hijo, por los hijos. Mi hija nació un año después, unos se van y otros nacen. Mi cuñado perdió, el que se marcha es el que pierde.
Ya hace 20 años, ¡Dios!, ¡cuanto tiempo!, pero tengo todavía en mi memoria esas horas aterradoras y desoladoras, parece que el tiempo no ha pasado.
Tened cuidado.





