Lugares
No me voy, no lo dejo. Ya os contaré el por qué de mis ausencias y silencios. Espero que esto salga bien y pueda contarlo con total alegría y tranquilidad.
El otro día vi parte de una película que pusieron en la tele, la historia es bastante conocida y muy simple: investigador-guaperas que viaja a Escocia para tratar de encontrar el famoso y ¿real? monstruo del lago Ness. La película es bastante simple, pero lo que me llamo la atención fue la tranquilidad alrededor de sus aguas. Me explico.
No conozco Escocia (creo que es una pena) y por supuesto la localización del famoso lago. Las fotos que conozco es de un lugar precioso, rodeado de esa bruma casi perenne y de ese tiempo lluvioso propicio para la “visión” del susodicho monstruo. Y eso era lo que me llamaba la atención, que no había nadie, solo los lugareños y el único hotel de la zona estaba cerrado porque no era la temporada alta (?). ¿Te imaginas un lugar así?. Un sitio sin turistas, solo tu y además famoso, ¡Joder!. Que imagino yo que allí todo el año será la misma temporada.
Imagínate que en Egipto en esta época fuera temporada baja y estuvieran las pirámides solas o bien viajaras a Petra y nadie más que tú esperando en la puerta de esa famosa edificación para que abrieran y apareciera un lugareño nabateo con las llaves en su poder y montado en un jumento.
He tenido la suerte de hacer bastante trecho del Camino de Santiago casi en solitario, disfrutando de esos momentos en los que estas tu solo y la naturaleza, en los que la masificación de otras épocas del año deslucen ese gran momento que recuerdo y que me hace sentir escalofríos cada vez que lo hago.
No conozco Egipto y tengo muchas ganas de hacerlo. Pero al mismo tiempo me da un poco miedo. Yo quisiera creer que cuando vea las pirámides, por ejemplo, será un momento único, con el sol poniéndose o saliendo entre ellas, en silencio, sintiendo el peso de los miles de años. Pero creo que así no será, rodeado de cientos o miles de turistas, con gran estruendo, con docenas de puestos de recuerdos por el alrededor y llevándome un gran disgusto. ¡Y lo de Petra ni te lo cuento!.
Cuando estuve en Italia discutí de forma amigable con una guía sobre el síndrome de Stendhal, que para el que no conozca es lo que dicen que sintió este autor francés cuando entro en la iglesia de la Santa Croce en Florencia y saber la cantidad de gente ilustrada e importante que reposaba entre sus muros y suelos. Dice que noto como mareos, vahídos, sensación de perdida de conocimiento y estremecimiento general. Un médico que le vio al poco le dijo que estaba enfermo de belleza. Yo no sentí nada, pero esa tarde y después de comer justo detrás de baptisterio y rodeado de bastante gente note como una gran calma y paz, pero fue solo un momento, sin taquicardias ni mareos.
La soledad es mala, ya lo se, pero hay veces que es necesario, casi obligatorio, como casi el aire que respiramos. Rectifico: la soledad no es mala, no mucho tiempo, pero de mala nada. Me imagino esos castillos, bosques y lagos escoceses “solo” molestado por los sonidos de una gaita o un violín celta. O la puesta del sol en San Antonio en Ibiza con el único sonido de alguna música chillout. O la contemplación de Nueva York desde el Empire State sin más compañía que las “cercanas” estrellas. O extasiándome con las Pirámides y solo escuchando el viento alrededor de la Esfinge.
¿Soy raro?
Despues de ver unas fotos de la actual Whitney Houston, me estoy hinchando de escuchar canciones suyas, a ver si la pobre reacciona...