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Diario de...pues eso
Bitácora de un peregrino que todavia sigue buscando su Camino.
Sindicación
 
Monfragüe y la Republica Checa





Desde hace unos años, todos los otoños o principios de invierno hago mi viaje anual al Parque Nacional (le falta solo el tramite del Senado para serlo) de Monfragüe. Ya lo tengo por costumbre y mientras pueda seguiré haciéndolo.

Siempre en estas fechas y siempre en días de diario. La soledad es tremenda y el contacto con la naturaleza es total. Hoy hacía hasta calor y sobre todo subiendo cuestas, ¿por qué no hacen los circuitos de senderismo donde no haya cuestas?. Te tiras el día subiendo cuestas, aunque como dice mi amigo Manolo “no hay cuestas que cien años duren”. Hoy estaba el campo precioso, la lluvia de este año lo ha dejado en su punto para poderlo disfrutar, todo verde y todo húmedo. Bueno me ha salido como una película “S”, pero no van por ahí los tiros.

Como siempre hago la ascensión al castillo de Monfragüe, que creo que no es larga, pero me parece que un poco fuerte en algunos puntos y si además ando totalmente desentrenado y con los kilos que me sobran, se resume en sudadas del carajo y muchas paradas. La vista desde arriba es tremenda y la temperatura de hoy fabulosa.



Al llegar había una pareja bastante joven (a mi parecer) y siguiendo la costumbre cada vez que te encuentras con alguien hay que saludar. Así ha sido y me he dado cuenta que no eran españoles. Después de tomar mi merienda, que después de una subida hay que tomar alimento y sino pues también, y al bajar de nuevo observo que están todavía y de una forma muy tímida y casi por señas me preguntan como bajar por el sendero que yo he subido. Ellos lo han hecho por otro más largo, pero más cómodo. Les indico por donde y que ellos bajen delante porque son más jóvenes y seguro que lo hacen más rápido. Sonrisas de agradecimiento o de “que coño habrá dicho”. ¡Joder!, vaya látigos. Me dejan atrás. Si las subidas son malas, las bajadas casi peor, yo me resiento de las rodillas y acabo con un dolor de pelotas. Ellos yo no se como bajaban, ¡por Dios!.

Más tarde los he vuelto a coger, porque han parado, y más sonrisas de esas que no dicen nada, pero que por lo menos hacen quedar bien. Hablamos un poco del tiempo y de los peligros de andar por el arcén de las carreteras. De nuevo se me escapan.

Llego al coche totalmente empapado. Ellos están al lado de una furgoneta. Me dicen que son de la Republica Checa y que les gusta el senderismo. Les digo que les invito a un café. Pero dicen que no. Me quedo con cara de jilipollas.

Ya se que no es para tanto, que no les apetecía tomar nada y menos café, que no me conocen de nada y que a lo mejor no les gustaba mi compañía, pero digo yo que el que viaja así, lejos de los circuitos programados, seguro que es una persona abierta, que quiere mezclarse con la gente, que quiere conocer a la gente, que no quiere quedarse con la idea sola de un monumento o de un paisaje. Una taza de café no se le desprecia a nadie.

Me tome mi café (descafeinado, señorita Choi) y charle con un guarda del parque y todo me supo a gloria. Cuando salí del bar, la furgoneta no estaba.

Una pena, ambas partes perdimos la oportunidad de conocimiento. La conversación une y también enseña.

A pesar de todo, vuelvo contento. Un día más.


PD. La foto no es mía. Me han “robado” mis hijos la cámara.





 
Amparo



Con Joselito bien, nos vamos conociendo. Ahora tengo una tendinitis del carajo. El brazo derecho me molesta y casi no tengo fuerzas. No se si pensar en el dicho “al perro flaco todo son pulgas” o bien que la pila de años me están ya pasando facturas. Antes yo no tenía todos estos achaques y ya estoy viendo que la cosa va en picado y a velocidad de vértigo. ¿Será la pila de años?. Una pena. Me callare el aspecto sexual (de pena).

Comienzo. Cada cierto tiempo en la empresa donde trabajo se realizan unos trabajos extraordinarios y para ello se necesita la entrada de mucha más gente de lo habitual. En mi sección y para ayudarnos y para evitar el hacer horas extras se contrata a cuatro personas más. Una de ellas es Amparito. Bueno se llama Amparo pero yo con su consentimiento la llamaba Amparito.

Amparito es delgada, bastante delgada. No tiene mofletes, tiene las mejillas hundidas y los pómulos le sobresalen bastante. No tiene un cuerpo rellenito, pero aquí no existe esa delgadez tan extrema. No da aspecto de débil, al contrario demuestra ser fuerte y estar acostumbrada a pelear y a luchar.

El trato de ella con la gente es extremadamente amable, no levanta la voz lo más mínimo (y alguna vez ha sido necesario o por lo menos comprensible), ayuda a todo sin ninguna objeción y sus modales son tremendamente exquisitos.

Amparo tiene una niña de dos años. No comenta nada de su vida privada, para ella toda su vida gira en torno a su hija.

Una tarde, después de terminar un trabajo que corría prisa y acompañados de un café, ella comienza a explicarme su vida. Se casó hace unos seis años, pero al poco tiempo vio que la cosa no funcionaba bien. Al poco tiempo se separaron no sin antes darse cuenta de que los cuernos los llevaba ella y además desde hacía bastante tiempo. Ella no renuncio al amor, al cariño que le podía dispensar una persona que la quisiera, que la cuidara, que la hiciera feliz.

Todavía tenía que sufrir Amparito. Conoce a un chico en una ciudad cercana. La engatusa, la engaña, la envuelve en una palabrería melosa y dulce. Ella se rinde a sus pies. Esta hasta el culo, no conoce nada mejor. Es feliz, esta enamorada, quiere a ese hombre. Pero no sospechaba nada. Cuando el amor llega uno no ve, no siente, solo tiene ojos para esa persona.

Se queda embarazada y allí se acaba todo. El se marcha, el quiere vivir su vida y no estar atado a nadie. La trata con desprecio, no hay gritos, no hay violencia física, no hay malos tratos ni siquiera verbales, pero siente que la ha utilizado. Ya no hay palabras amables, todo son defectos para él. Eres fea, no vistes bien, en que estaría yo pensando cuando me lié contigo, no sabes el ridículo que hago estando a tu lado, son lindezas del chico en cuestión. Incluso la madre de él dice que su hijo había dejado a una mujer mucho más guapa que ella para estar con este pingajo. Ya sabemos a quien ha salido la criatura.

Ella al día de hoy esta colada por él. Cuando lo ve (poquísimo) su corazón se altera y lo único que espera es algún día poder aceptar que ese hombre no es para ella.

Los ojos se me pusieron húmedos cuando ella me habló de esta forma. La veía derrotada, pero al mismo tiempo fuerte y con ganas de salir adelante con su hija.

Comprendí que hay muchas formas de maltrato, no hace falta levantar la mano, no hace falta dejar señales, no hace falta gritar, no hace falta amenazar. El desprecio y la indiferencia son algo mucho peor.

Y sonríe, ese cabrón no podrá con ella.