M. y mi hija
Se me saltan las lágrimas. Ayer volvía a casa, había estado con mi hija intentando animarla de su incipiente conocimiento de las putadas de la sociedad y tratar de convencerla de que no todo es negro (gris, diría yo). Sus veinte años deben de dar para más.
A mi amigo M. hoy le han operado. Cuatro meses de incertidumbre, dudas, sofocones, llantos, esperanza, desilusión, risas, desesperación…veinticuatro kilos perdidos y hoy tiene un tumor, mejor dicho, le han quitado un tumor. Ahora viene la duda y la angustia.
Volvía a casa y se me han saltado las lágrimas. Escuchaba el Nessun Dorma (¿se escribe así?) A muerto Pavarotti y era lo que había que escuchar hoy. Las lágrimas no eran por él, porque ha hecho lo que quería y lo hizo bien. Eran por mi hija y por M. por darles esperanza porque es lo que necesitan.





