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Diario de...pues eso
Bitácora de un peregrino que todavia sigue buscando su Camino.
Sindicación
 
Día 5
Hornillos del Camino-Fromista (Sábado, 15 de Noviembre de 2003)


Salimos a las ocho en punto, desayuno la leche que nos trajo Julio por la tarde, Manolo no la toma, le sienta mal.

Esta amaneciendo, el cielo esta nublado pero creemos que no lloverá. Hay una subida asquerosa con un barro pegajoso, no sabes por donde pisar, tienes que ir esquivando y pisando con cuidado porque es muy resbaladizo. Esto no es andar, es no caerte. Con el peso que llevamos, tenemos que ir con mucho cuidado. Gracias al bordón que se clava a veces en el suelo fuertemente y nos protege de estar patas arriba.

Llegamos a Arroyo Sambol, nos queda a la izquierda. Le digo a Manolo si quiere que entremos y dice que mejor seguimos, creemos que esta cerrado. Creo que no hay agua ni luz. La leyenda dice que si te bañas en el agua del manantial que hay llegas sano a Santiago. Nosotros pasamos de largo, no esta el día para baños. ¿Llegaremos a arrepentirnos?.

Dejamos también al lado del camino unas filas de piedras levantadas por los peregrinos, no sabemos con que intención, imagino que para dar muestras de haber pasado por allí.

A los pocos metros comienza a llover, al principio es una lluvia tonta. Manolo enseguida se pone el chubasquero, es como los gatos. Pero como no lo puede hacer solo, me dice que lo busque. No lo encuentro, no doy con la bolsa adecuada, por fin cuando creo que ya esta, cuando Manolo casi se pone histérico saco un paquete, es una torta de higos que desde Navalmoral lo llevamos encima y que no hemos encontrado tiempo ni lugar para comerlo. La bolsa vuela de la rabia que me da y cae en un campo cercano. Por supuesto que algunos días más tarde nos acordaremos de la torta de higos. Yo sigo sin nada. Más adelante, saco mi paraguas, que me molesta una barbaridad, pero hace aire y casi se da la vuelta. Me pongo el chubasquero. Ya no cae agua, se abren los cielos, ¡madre mía, que manera de llover!. El aire hace que a los pocos minutos vayamos chorreando. No nos pusimos las polainas y las piernas las llevamos completamente empapadas.

Ahora se suma el barro, ya es insoportable, no sabes por donde pisar. Nos adelanta un extranjero que ha dormido en Arroyo Sambol, nosotros que pensábamos que estaba cerrado. Una vez hago una cabriola para no caer, Manolo dice que he estado ágil y yo creo que ha sido el peso de la mochila que me ha movido todo. No sabemos que pasa, el extranjero no lleva bordón ni nada y nosotros con el palo y parecemos ciegos.

Hablo con Maribel, le cuento la odisea y me dice que el pantalón seca bien, que no me preocupe. Ya, pero voy empapado. Tenía razón cuando me dijo que habría agua.

Llegamos a Hontanas, el agua cae fuerte, vamos a buscar un lugar donde secarnos un poco. Hay un bar, el de Vitorino, pero esta cerrado, el albergue creemos que también lo está. Al pasar por la iglesia, vemos que en la puerta estaremos por lo menos bajo techo, aunque no mucho. Allí sacamos el bocadillo que Marisol nos hizo la noche de antes y con más pena que gloria nos lo comemos. El pantalón se me seca bastante, pero mi ego está por los suelos. Las primeras lluvias y nos han dejado para el arrastre.

Volvemos a salir, nos ponemos ahora las polainas. Sigue lloviendo. A la salida del pueblo, nos encontramos con un coche parado, el conductor nos saluda y le decimos que vaya día tenemos. Nos pregunta que porque no subimos al coche, nos miramos, nos pilla así de sorpresa y en un momento flojo de moral y le decimos al unísono que sí. Esperamos a que venga un señor y nos llevan a Castrojeriz. Les relatamos nuestra experiencia y nos dice que nos lleva a comprar un traje de agua. Pasamos por las ruinas de San Antón, ¡qué pena, me hacia ilusión pasar debajo del arco!.

En Castrojeriz, nos compramos un traje de agua, pero es muy pesado y les regalamos la parte de arriba y nos quedamos con los pantalones. El conductor nos dice que nos hace otro favor y nos lleva hasta pasar el río Pisuerga, pasado Itero del Castillo. Ya puesto acedemos. Les damos las gracias y les quedamos muy agradecidos.

En Hontanas, está el bar de Vitorino como ya comento con anterioridad que a pesar de tener una mala leche el tal Vitorino con la gente que no se queda en su albergue, bebe el vino dejandolo caer en su frente por el porrón recorriendo su nariz y llegando a la boca. Otro personaje del Camino que nos perdemos, igual que Resti, el hospitalero de Castrojeriz.

Pero lo que son las cosas, días después de terminar el Camino y ya en el trabajo, un compañero se me acerca y me dice que no sabia que íbamos a hacer el Camino y que era de Hontanas. Le cuento la odisea y me dice que al lado del bar de Vitorino vive su madre. El señor que iba al lado del conductor era tío de este compañero, porque salía de una casa impresionante que sé esta haciendo el primo a las afueras. Cuando más tarde habla con su casa o se acerca a ver su madre me confirma que el conductor era Vitorino, el del vino. ¡Qué cosas pasan!, el mundo es un trozo de nada.

Manolo el hombre le parece mal lo que hemos hecho, pero yo creo que no son trampas, son cosas que pasan y ya esta, tampoco es cuestión de hacer esto a menudo, pero hay circunstancias que son inevitables. El caso es que seguimos andando, ya contentos, con la moral de nuevo alta y camino de Itero de la Vega que se ve al fondo.

Allí preguntamos por algún sitio para comer y nos envían a una tienda que hay cerca del refugio. Una chica o señora muy amable nos atiende de maravilla, nos prepara un par de buenos bocadillos. Nos tomamos allí una cerveza y seguimos adelante. Ella se llama Laura y es una preciosidad en todos los aspectos.

Queremos llegar a Frómista que está a unos 14 kilómetros de Itero. Aquí también es camino, pero al no llover se hace muy agradable. Vamos bien de moral, cansados pero muy bien.

Antes de llegar vamos en paralelo al Canal de Castilla que es una obra de ingeniería tremenda para llevar agua a estos pueblos y hacerlo también navegable. Pero que no se usa, solo regadío.

Ya estamos en la provincia de Palencia y ya hemos llegado a Frómista, pueblo interesante, pero como llegamos tarde no hacemos gran cosa. El albergue esta bien, pero el hospitalero un cabrito. No entiendo a la gente como se hace voluntario en un tema este como es el de ayuda a los demás. De acuerdo que la cocina esta cerrada porque se han quejado los hosteleros de la zona que si esta abierta los peregrinos no consumen. Pero tampoco somos tantos. El dormitorio frío y pequeño. Esta el vasco jubilado, Angel de Pontevedra también jubilado, Arnau un mallorquín que anda con sandalias por una tendinitis, los canadienses y nosotros dos, ¡ah! y Pino que ya por fin la hemos conocido. Al comentarle que roncamos, nos saca fuera, hace más frío pero estamos mejor y más tranquilos.

Se me olvidaba decir que en el coche de esta mañana me he dejado los guantes, ya van dos cosas...

Compra del desayuno de mañana y una cervecita en el local de al lado llamado Venta Boffard. Hoy juega España su primer partido para ir al Europeo y Manolo lo quiere ver, pero como el hospitalero es así a las diez cierra la puerta y el que se quede fuera ya no entra. Pues nada, a la cama. Da gusto tumbarse, porque andas con las piernas fatal y con agujetas, pero no hay nada como el descanso, al día siguiente nuevo. Hasta mañana.
 
Comentario:
Enviado por Flor — 15 Feb 2005, 09:06

Gracias por tus comentarios, he estado hechando un vistazo a tu blog (o como se diga) y me ha encantado porque soy gallega de santiago de compostela y ver diario de un peregrino me ha hecho ilusión. Seguiré tu historia.
Saludos.
No