Día 6
Fromista-Carrión de los Condes (Domingo, 16 de Noviembre de 2003)
Nos levantamos un poco más tarde, pero a las ocho y media ya estamos en ruta. Hemos desayunado nuestra fruta y dejamos atrás Frómista. No llueve, tampoco hace frío.
Charlamos Manolo y yo mucho, siempre en llanos, cuando vienen cuestas se produce siempre un silencio, roto por alguna queja sobre la dichosa cuesta. Hemos congeniado bastante Manolo y yo, aunque creo que hacerlo con él es muy fácil, él es muy buena persona y por tanto la mitad del tramo ya esta realizado.
El camino transcurre por un andadero paralelo a la carretera, esta bastante bien porque tiene a las entradas y salidas mojones para que no puedan entrar tractores ni cualquier otro vehículo y el suelo esta impecable. Se ve que Palencia se interesa por el Camino. La carretera no es muy transitada y además como es domingo tampoco hay mucho tráfico. Lo que sí hay es gente cazando, se oyen disparos no muy lejos. A la salida de Frómista hemos visto a la Guardia Civil, después de casi una semana de Camino es la primera vez que los vemos.
Pino va detrás de nosotros, le digo que si quiere que la esperemos o si quiere ir sola y dice que prefiere ir sola. Yo si fuera solo a lo mejor también quisiera hacerlo así, pero marchando con Manolo lo veo una jilipollez. Debes de comerte mucho el tarro andando solo.
Paramos en Villalcázar de Sirga para tomarnos un refrigerio, lo lógico de este Camino: huevos fritos con sus variedades, chorizo, panceta, patatas, cosas suaves. El bar esta enfrente de la iglesia que desde fuera es una preciosidad. El cantinero es un señor amable que nos deja beber todo el vino que queramos. Así da gusto.
El camino se hace monótono, pero es bonito. Mi bota derecha como siempre me molesta pero creo que es la sensación de que me molesta porque físicamente nada de nada. Yo creo que es obsesión mía.
A la salida estaba sentada Pino no sabemos esperando a quien, pero según supimos más adelante, hace paradas de mucho tiempo. Nosotros paramos pero también lo que queremos es llegar cuanto antes a los sitios, sin correr, pero sin estar mucho tiempo quietos. No sé si será un error o no.
Antes de Villalcázar de Sirga notamos un viento flojo pero un poco molesto. Después de este pueblo ya se hace pesado. El aire azota de lado por la derecha y te hace retenerte por el peso de la mochila haciéndote incluso tambalearte para ir guardando el equilibrio.
La distancia no es mucha unos 20 kilómetros, pero estos últimos se hacen duros. A la entrada de Carrión la Guardia Civil multa a un cazador imaginamos por estar demasiado cerca del pueblo.
El albergue es el de las monjas de Santa Clara que según nos enteramos más tarde lo tienen traspasado a un matrimonio que es bastante especial. Él tiene una forma especial de darte las habitaciones y de cobrarte, siempre lo hace y dice lo mismo, estabamos pendientes cuando llegaba alguien para escucharle.
Llegan bastante gente a este albergue, el viento y la distancia al siguiente pueblo (17 kilómetros) han conseguido que casi este lleno el albergue. Nosotros tenemos una habitación por el cuento de los ronquidos. Hay también bastantes ciclistas, creo que siete, cuatros que vienen juntos, una pareja y un andaluz solo. De peregrinos estamos nosotros dos, Pino, Arnau (chaval mallorquín), Nacho de Madrid y creo que una pareja más extranjera. Me parece que me olvido alguno más, pero ahora no sabría especificar. Como el albergue es una casa con sus habitaciones y sus aseos, tampoco hay un contacto entre los peregrinos muy estrecho.
Después de una ducha rápida y placentera vamos a comer con Pino y Arnau. Ellos miran el menú del peregrino y al final entramos en un sitio muy bonito donde nos preparan unos garbanzos guisados para chuparse los dedos y lomo con patatas.
Manolo les cuenta su vida en el Monasterio de Poyo, vida que ya lo hizo conmigo días atrás. Es una historia apasionante, dura, difícil y al mismo tiempo deseada. Debió de ser una etapa compleja y llena de muchos aspectos que hoy en día deseamos. Tranquilidad, oración, soledad, seguro que marcó para siempre a este hombre. Por supuesto Pino y Arnau se quedan con la boca abierta. Pasamos una sobremesa muy entretenida.
Después de comer salimos a dar una vuelta, pero hace un aire insoportable. Vamos al albergue y yo lavo unas cosas y ordeno un poco la mochila. Después iremos a misa.
La misa es a las siete y media y hace un aire tonto que te deja helado. Estamos sentados a la mitad de los bancos y cuando llega el darse la paz, una señora que esta delante nuestro ni siquiera se molesta en mirar solo su marido se gira y nos ofrece su mano. A lo mejor es que ya olemos mal, porque después de una semana seguro que a rosas no son nuestras fragancias y eso que nos duchamos a diario y la ropa interior también la cambiamos a diario, pero claro algo de tufillo debemos de dar. Seguro que será de estas señoras que se dan golpes en el pecho y dan muchas limosnas a la iglesia, pero mezclarse con gente ambulante y peregrina mejor no.
Vamos a tomar unas cervezas después de la misa. El pueblo es bonito, está en obras un trozo y es bastante trastorno, pero tiene calles bonitas y casa nobles y elegantes. Tomamos una cerveza en un bar que además sirven caldo caliente y sopa de ajo. Los tienen en unas cazuelas de barro grandes y por lo que se ve las pide bastante gente.
Hay una tienda abierta que vende chucherías y además tiene leche, pan y queso. Compramos algo para el desayuno y para Pino que me ha encargado. No son más de las ocho y media y ya el cuerpo empieza a decirte que no le dejes mucho tiempo sin dormir.
Charlo un rato en la cocina del albergue con Nacho de Madrid, con una chica catalana que viaja con un extranjero en bici y con otro ciclista de Córdoba que tiene unas prisas por llegar a Santiago y hace unas etapas maratonianas.
Me reúno con Manolo en la habitación y nos preparamos para descansar. Otro día largo e intenso. Mañana hace una semana que salimos de casa y ya llevamos andados 156 kilómetros, quien lo diría si eso lo hacíamos en meses. A las diez apagamos la luz y no tardamos en dormir. Hasta mañana.
Nos levantamos un poco más tarde, pero a las ocho y media ya estamos en ruta. Hemos desayunado nuestra fruta y dejamos atrás Frómista. No llueve, tampoco hace frío.
Charlamos Manolo y yo mucho, siempre en llanos, cuando vienen cuestas se produce siempre un silencio, roto por alguna queja sobre la dichosa cuesta. Hemos congeniado bastante Manolo y yo, aunque creo que hacerlo con él es muy fácil, él es muy buena persona y por tanto la mitad del tramo ya esta realizado.
El camino transcurre por un andadero paralelo a la carretera, esta bastante bien porque tiene a las entradas y salidas mojones para que no puedan entrar tractores ni cualquier otro vehículo y el suelo esta impecable. Se ve que Palencia se interesa por el Camino. La carretera no es muy transitada y además como es domingo tampoco hay mucho tráfico. Lo que sí hay es gente cazando, se oyen disparos no muy lejos. A la salida de Frómista hemos visto a la Guardia Civil, después de casi una semana de Camino es la primera vez que los vemos.
Pino va detrás de nosotros, le digo que si quiere que la esperemos o si quiere ir sola y dice que prefiere ir sola. Yo si fuera solo a lo mejor también quisiera hacerlo así, pero marchando con Manolo lo veo una jilipollez. Debes de comerte mucho el tarro andando solo.
Paramos en Villalcázar de Sirga para tomarnos un refrigerio, lo lógico de este Camino: huevos fritos con sus variedades, chorizo, panceta, patatas, cosas suaves. El bar esta enfrente de la iglesia que desde fuera es una preciosidad. El cantinero es un señor amable que nos deja beber todo el vino que queramos. Así da gusto.
El camino se hace monótono, pero es bonito. Mi bota derecha como siempre me molesta pero creo que es la sensación de que me molesta porque físicamente nada de nada. Yo creo que es obsesión mía.
A la salida estaba sentada Pino no sabemos esperando a quien, pero según supimos más adelante, hace paradas de mucho tiempo. Nosotros paramos pero también lo que queremos es llegar cuanto antes a los sitios, sin correr, pero sin estar mucho tiempo quietos. No sé si será un error o no.
Antes de Villalcázar de Sirga notamos un viento flojo pero un poco molesto. Después de este pueblo ya se hace pesado. El aire azota de lado por la derecha y te hace retenerte por el peso de la mochila haciéndote incluso tambalearte para ir guardando el equilibrio.
La distancia no es mucha unos 20 kilómetros, pero estos últimos se hacen duros. A la entrada de Carrión la Guardia Civil multa a un cazador imaginamos por estar demasiado cerca del pueblo.
El albergue es el de las monjas de Santa Clara que según nos enteramos más tarde lo tienen traspasado a un matrimonio que es bastante especial. Él tiene una forma especial de darte las habitaciones y de cobrarte, siempre lo hace y dice lo mismo, estabamos pendientes cuando llegaba alguien para escucharle.
Llegan bastante gente a este albergue, el viento y la distancia al siguiente pueblo (17 kilómetros) han conseguido que casi este lleno el albergue. Nosotros tenemos una habitación por el cuento de los ronquidos. Hay también bastantes ciclistas, creo que siete, cuatros que vienen juntos, una pareja y un andaluz solo. De peregrinos estamos nosotros dos, Pino, Arnau (chaval mallorquín), Nacho de Madrid y creo que una pareja más extranjera. Me parece que me olvido alguno más, pero ahora no sabría especificar. Como el albergue es una casa con sus habitaciones y sus aseos, tampoco hay un contacto entre los peregrinos muy estrecho.
Después de una ducha rápida y placentera vamos a comer con Pino y Arnau. Ellos miran el menú del peregrino y al final entramos en un sitio muy bonito donde nos preparan unos garbanzos guisados para chuparse los dedos y lomo con patatas.
Manolo les cuenta su vida en el Monasterio de Poyo, vida que ya lo hizo conmigo días atrás. Es una historia apasionante, dura, difícil y al mismo tiempo deseada. Debió de ser una etapa compleja y llena de muchos aspectos que hoy en día deseamos. Tranquilidad, oración, soledad, seguro que marcó para siempre a este hombre. Por supuesto Pino y Arnau se quedan con la boca abierta. Pasamos una sobremesa muy entretenida.
Después de comer salimos a dar una vuelta, pero hace un aire insoportable. Vamos al albergue y yo lavo unas cosas y ordeno un poco la mochila. Después iremos a misa.
La misa es a las siete y media y hace un aire tonto que te deja helado. Estamos sentados a la mitad de los bancos y cuando llega el darse la paz, una señora que esta delante nuestro ni siquiera se molesta en mirar solo su marido se gira y nos ofrece su mano. A lo mejor es que ya olemos mal, porque después de una semana seguro que a rosas no son nuestras fragancias y eso que nos duchamos a diario y la ropa interior también la cambiamos a diario, pero claro algo de tufillo debemos de dar. Seguro que será de estas señoras que se dan golpes en el pecho y dan muchas limosnas a la iglesia, pero mezclarse con gente ambulante y peregrina mejor no.
Vamos a tomar unas cervezas después de la misa. El pueblo es bonito, está en obras un trozo y es bastante trastorno, pero tiene calles bonitas y casa nobles y elegantes. Tomamos una cerveza en un bar que además sirven caldo caliente y sopa de ajo. Los tienen en unas cazuelas de barro grandes y por lo que se ve las pide bastante gente.
Hay una tienda abierta que vende chucherías y además tiene leche, pan y queso. Compramos algo para el desayuno y para Pino que me ha encargado. No son más de las ocho y media y ya el cuerpo empieza a decirte que no le dejes mucho tiempo sin dormir.
Charlo un rato en la cocina del albergue con Nacho de Madrid, con una chica catalana que viaja con un extranjero en bici y con otro ciclista de Córdoba que tiene unas prisas por llegar a Santiago y hace unas etapas maratonianas.
Me reúno con Manolo en la habitación y nos preparamos para descansar. Otro día largo e intenso. Mañana hace una semana que salimos de casa y ya llevamos andados 156 kilómetros, quien lo diría si eso lo hacíamos en meses. A las diez apagamos la luz y no tardamos en dormir. Hasta mañana.
Comentario:





