Día 12
Astorga (Sábado, 22 de Noviembre de 2003)
Tranquilidad absoluta, nos despertamos con mucha quietud y silencio. Llueve, pero para mí hace buen tiempo. La mañana va a ser reposada, estaremos tranquilamente aquí en Astorga y a ver que pasa. Mi pie un poco molesto, pero creo que mejor, seguro que me molesta por el tute que me dio ayer Marta.
Desayunamos abajo todos, el francés no ha bajado la mochila, el austríaco se ha dado el piro ya, tomó algo ligero y adiós.
Javier nos preparara un desayuno grandioso, nos ponemos de tostadas de pan con aceite hasta arriba y no nos cobra, dice que ya se lo pagaremos. Un poco más tarde pondremos ropa a lavar y así le damos dinero. Será la primera vez que lave el pantalón de todos los días, deberá dejar un agua buena y con mucha sustancia.
Manolo se marcha a comprar y a dar una vuelta, dice que es una ciudad muy bonita. Yo me quedo aquí en el albergue, aprovecho para leerme revistas antiguas y estar en reposo. Hablo con Javier, me ducho y arreglo la mochila. Manolo viene y me cuenta que ha visto el museo del chocolate, el palacio arzobispal de Gaudi y se ha comprado un pantalón de plástico para el agua. Le teme al agua más que un gato. Llega una francesa llamada Chantal de 55 años con la que iremos juntos casi hasta Santiago.
A las dos vamos a comernos el famoso Cocino Maragato. Está un poco retirado, vamos despacio, el pie me duele, pero yo tranquilo. El restaurante se llama José Luis y el sitio es pequeño, debemos acabar antes de las tres porque tiene la mesa reservada para esa hora, le hicieron un favor a Manolo. Elegimos el vino y comenzamos. Primero se sirve la carne. Comemos despacio, por supuesto sin pan. Luego traen los garbanzos con la verdura. Son pura manteca, tiernos a más no poder, no hace falta masticarlos, se deshacen. Por ultimo la sopa que aquí son dos, una de fideos y otra de pan. Terrible, al final la sopa es solo probarla y es una pena con lo bien que vendría un caldito.
El tomarlo así, al revés de todo el mundo dicen que es porque en tiempo de guerra, se comían lo más caro y lo más provechoso del cocido primero no vaya a ser que viniera el enemigo y lo perdieran. Pero parece ser que los hosteleros han puesto esa forma de comerlo para darle más vistosidad y más esnobismo, porque la gente en sus casas lo come de la forma tradicional.
Nos vamos, creo que cuesta cada ración 15 euros. Al principio el pie ni me molesta, se lo digo a Manolo y este me da un abrazo que me deja seco, pero después al andar comienza de nuevo. Yo me tranquilizo, creo que lo superaré y gracias a la gente que tengo a mi alrededor.
Por supuesto que yo voy al pulguero, me voy a dormir, estoy rendido. Me despierta Manolo para decirme que tengo una visita, es Pino que llega desde Villandangos y se quedará en el otro albergue que dice que esta muy bien. Le agradezco su visita porque se que lo hace de corazón y además esta preocupada. Cuando se marcha, sigo durmiendo hasta las seis y media.
Después poca cosa, reposo en el albergue, hablo con el francés que resulta que es abuelo, tiene un hijo de 22 años y ha tenido un bebé. El tiene 43 años, más joven que yo. Le felicito.
Preguntan por mi, es un hermano de Antonio&Aitor que me trae la navaja perdida en Santo Domingo, Sin palabras. Estaba charlando conmigo Pino, Javier la invita incluso a un chocolate. Yo ceno una magdalena y una pastilla antiinflamtoria.
Pino se marcha al otro albergue a dormir, Manolo se fue a ver el fútbol y yo a las diez y media me enrosco en la cama. A dormir.
Tranquilidad absoluta, nos despertamos con mucha quietud y silencio. Llueve, pero para mí hace buen tiempo. La mañana va a ser reposada, estaremos tranquilamente aquí en Astorga y a ver que pasa. Mi pie un poco molesto, pero creo que mejor, seguro que me molesta por el tute que me dio ayer Marta.
Desayunamos abajo todos, el francés no ha bajado la mochila, el austríaco se ha dado el piro ya, tomó algo ligero y adiós.
Javier nos preparara un desayuno grandioso, nos ponemos de tostadas de pan con aceite hasta arriba y no nos cobra, dice que ya se lo pagaremos. Un poco más tarde pondremos ropa a lavar y así le damos dinero. Será la primera vez que lave el pantalón de todos los días, deberá dejar un agua buena y con mucha sustancia.
Manolo se marcha a comprar y a dar una vuelta, dice que es una ciudad muy bonita. Yo me quedo aquí en el albergue, aprovecho para leerme revistas antiguas y estar en reposo. Hablo con Javier, me ducho y arreglo la mochila. Manolo viene y me cuenta que ha visto el museo del chocolate, el palacio arzobispal de Gaudi y se ha comprado un pantalón de plástico para el agua. Le teme al agua más que un gato. Llega una francesa llamada Chantal de 55 años con la que iremos juntos casi hasta Santiago.
A las dos vamos a comernos el famoso Cocino Maragato. Está un poco retirado, vamos despacio, el pie me duele, pero yo tranquilo. El restaurante se llama José Luis y el sitio es pequeño, debemos acabar antes de las tres porque tiene la mesa reservada para esa hora, le hicieron un favor a Manolo. Elegimos el vino y comenzamos. Primero se sirve la carne. Comemos despacio, por supuesto sin pan. Luego traen los garbanzos con la verdura. Son pura manteca, tiernos a más no poder, no hace falta masticarlos, se deshacen. Por ultimo la sopa que aquí son dos, una de fideos y otra de pan. Terrible, al final la sopa es solo probarla y es una pena con lo bien que vendría un caldito.
El tomarlo así, al revés de todo el mundo dicen que es porque en tiempo de guerra, se comían lo más caro y lo más provechoso del cocido primero no vaya a ser que viniera el enemigo y lo perdieran. Pero parece ser que los hosteleros han puesto esa forma de comerlo para darle más vistosidad y más esnobismo, porque la gente en sus casas lo come de la forma tradicional.
Nos vamos, creo que cuesta cada ración 15 euros. Al principio el pie ni me molesta, se lo digo a Manolo y este me da un abrazo que me deja seco, pero después al andar comienza de nuevo. Yo me tranquilizo, creo que lo superaré y gracias a la gente que tengo a mi alrededor.
Por supuesto que yo voy al pulguero, me voy a dormir, estoy rendido. Me despierta Manolo para decirme que tengo una visita, es Pino que llega desde Villandangos y se quedará en el otro albergue que dice que esta muy bien. Le agradezco su visita porque se que lo hace de corazón y además esta preocupada. Cuando se marcha, sigo durmiendo hasta las seis y media.
Después poca cosa, reposo en el albergue, hablo con el francés que resulta que es abuelo, tiene un hijo de 22 años y ha tenido un bebé. El tiene 43 años, más joven que yo. Le felicito.
Preguntan por mi, es un hermano de Antonio&Aitor que me trae la navaja perdida en Santo Domingo, Sin palabras. Estaba charlando conmigo Pino, Javier la invita incluso a un chocolate. Yo ceno una magdalena y una pastilla antiinflamtoria.
Pino se marcha al otro albergue a dormir, Manolo se fue a ver el fútbol y yo a las diez y media me enrosco en la cama. A dormir.
Comentario:
Comentario:
lo de andar no em va nada ehh!! pero los desayunos y los almuerzos q os meteis me dan mucha envidia, jajjaa
besitos saaldos de CHOI
Enviado por El Mundo de CHOI — 09 Mar 2005, 20:23
Comentario:
Yo creo que vivo en la Ciudad adecuada, aqui jamás cae nieve y hace muy poco frío, lo cula me hace inmensamente feliz, el frío, la lluvia, ¡me deprimen!
Enviado por Puckk — 09 Mar 2005, 18:28
Enviado por Puckk — 09 Mar 2005, 18:28
Comentario:
Haber majo, como se explica eso de "seguro que me molesta por el tute que me dio ayer Marta" ¿el pie? jajajjaajja, tu debes tener un peligro. En cuanto al comentario del cocido, me parece raro comerlo asi como os lo han puesto a mi no me tendria gracia, aqui primero se come un buen plato de caldo, luego las patatas cocidas, con la verdura y con la carne de cerdo, engorda pero la gente se pone las botas, o bien el tipico lacon con grelos que esta de vicio tambien. Bueno haber si con ese inflamtorio ese pie va mejorando para seguir el camino.
Besos.
Enviado por Flor — 09 Mar 2005, 11:00





