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Diario de...pues eso
Bitácora de un peregrino que todavia sigue buscando su Camino.
Sindicación
 
Día 1
Día 1, Santo Domingo de la Calzada-Belorado (Martes, 11 de Noviembre de 2003)

La Rioja. Amanece en esta bonita región, aunque esta noche dormiremos ya en Castilla. Nos da tiempo a ducharnos, no parece que hace frío, tampoco hay niebla. Salimos a la calle, la mochila ¡cómo nos pesa!, pero no vamos a quejarnos antes de andar, tiempo tendremos más adelante.

Estamos a la puerta del albergue, comenzamos. La marcha es agradable, estamos contentos, como niños. Salimos del pueblo, nos cruzamos con trabajadores y nos miran como con extrañeza o con envidia, no sabría la forma, pero como bichos raros y deben estar acostumbrados a este continuo peregrinar.

Cruz de los Valientes, casi pasamos de largo, ha aparecido algo de niebla. Primer lugar de mencionar. Continuamos hacia Grañon. Me acuerdo de Miguel Angel, en ese pueblo os quedáis. Cuando lo dejamos atrás lo comento con Manolo y reímos. Hemos conseguido la primera meta.

Gloria nos llama a la salida de Grañón, primeras palabras de aliento. Antiguos campos de cereales, comienzan a labrarlos.

Comemos la fruta, pero algo ocurre. Llevo en el cinturón una navaja de cazador, no es muy grande. Me la regalo mi compañero Jesús que falleció hace dos años de cáncer de pulmón y le tengo mucho cariño. Antes de salir del albergue, Manolo tenia problemas con las pilas de su linterna y yo con la navaja le he ayudado a sacarlas y la he dejado allí olvidada. Cabreo monumental, primer olvido y no será el ultimo. Llamo de nuevo a Gloria y le pido el teléfono de Antonio para que se pueda acercar al albergue y recogerla. No me importa que él la tenga, prefiero que esté en manos conocidas y además en este caso con una buena persona.

En Redecilla del Camino hay una oficina de información al peregrino. Hay una chica muy agradable que nos da información sobre lo que nos espera, muy maja la chica.

Pasamos por delante de la iglesia y entramos a ver la pila bautismal. Preciosa. Incluso hay una copia en pequeño que no es muy cara, pero no es cuestión del primer día cargar con más peso.

Entramos en Viloria, cuna de Santo Domingo, pequeño chasco. El camino se desvía para pasar por él y la verdad es un rodeo un poco tonto, pueblo pequeño, nada que nos haga recordar al santo y además no hay nadie, nada de información, nadie por la calle. Será la constante en la ruta. Debemos de pasar por Villamayor del Río, pero no recuerdo nada de este pueblo.

Aparte de Gloria nos llaman también la familia y Elena, mi compañera de trabajo. Ella será una persona que estará siempre allí y que nos animara cada día a seguir adelante. Un sol de criatura.

Tenemos carretera a la derecha y campos a la izquierda. Camino al frente. La carretera con mucho trafico, los camiones pasan a docenas, solo un coche nos saluda. Falso llano hasta Belorado. Preguntamos a un señor si queda mucho para el pueblo y nos dice que a la derecha de una loma que vemos al frente se encuentra. Manolo cree entenderle que tenemos que subir esa loma y se desespera. La mochila nos pesa, hace calor. Nos quitamos las prendas de arriba y andamos en camiseta. Sudamos como bellacos. Al llegar al pueblo, nos damos la mano.

En Belorado hay dos albergues, pero nos quedamos en el primero. Los pies nos matan. La entrada del pueblo es lenta y engañosa. Una señora nos dice que el albergue esta cerca. La puerta casi cerrada, llamamos incluso. Hay un señor, mayor, esta leyendo. Creo que es el cura, él me dice que no que es voluntario, es médico y tiene 69 años. Me recuerda mucho a mi padre. El albergue es agradable, es una estancia al lado de la iglesia, todo muy ordenado y con carteles informando en varios idiomas donde están las cosas y que son.

No hay nadie más, arriba están las literas. Nos dice que el ya ha comido, una alubiada y nos comenta donde podemos comer. Es en la plaza, es grande y en verano debe estar a rebosar de terrazas de las cafeterías y de los bares que hay alrededor y con sombra de sus numerosos plátanos.

En el bar que nos recomienda, nos dicen que han cerrado ya la cocina, pero que nos pueden hacer unas tortillas. Fenomenal y además regado con buen vino de la tierra. La chica en cuestión tiene dos buenas razones para convencernos, ¡madre mía que frondosidad!.

Pequeña siesta y charla con Vicente. Antes nos despertamos con un estruendo de voces y gritos. Dos perros pelean contra uno pequeño y Vicente los espanta. Vicente es de Santander, por supuesto jubilado y su vida transcurre entre Santander, hospitalero voluntario, peregrino y ayuda a una ONG en Africa. Buena persona este Vicente. Se empeña en que le tutee y no puedo, aparte de verle como persona mayor, además es medico y a eso trato de tenerle un poco de respeto. Mi padre me inculco algo de esto. No es una barrera entre él y yo, solo que a las canas le tengo mucho respeto. Nos cuenta que ayer estuvieron en el albergue varias personas y que hicieron patatas con costillas. Pino una chica de Canarias que conocí en el foro estaba entre ellas. Vicente nos dice que han pasado dos chavales extranjeros que han entrado, han dicho algo raro y han vuelto a salir. El dice que son chico y chica, pero más adelante sabremos que eran los canadienses.

Llamo al albergue de Santo Domingo y el hospitalero me dice que investigara, me pide el número de teléfono para informarme. A los quince minutos me llama y me dice que sí que la navaja está en su poder, le digo que la guarde que ya ira alguien a recogerla. A Dios gracias una cosa solucionada.

Compramos fruta. Vamos a las siete y media a misa, comulgamos, nos sentimos bien. Después vamos con Vicente a tomar unos vinos y unas raciones de picadillo algo picante. Vuelta al albergue. Conocemos a un francés que hace poco tiempo ha terminado el Camino y ahora va en coche recorriendo los sitios por donde ha estado. Envidia por haberlo realizado y terminado, nos sentimos un poco novatillos al escucharle hablar del Camino. Es el primer día, parecemos vaqueros sin poder cerrar las piernas, estamos contentos pero cansados. Por eso nos da envidia. Hoy hemos sufrido en esa subida a Belorado.

Le preguntamos a Vicente sobre la etapa de mañana y que si podemos subir bien el Alto de la Pedraja. El se ríe y nos contesta que él lo ha hecho y tiene más años que nosotros. Chupito de orujo y a la cama. Vicente nos da un abrazo y nos dice que le escribamos cuando terminemos el Camino para que sepa como nos ha ido. Nos dormimos como benditos, primer día cumplido. Hasta mañana.
 
 
Comentario:
(Comentado el 2/02/05 a las 21:52)

Tiene que ser una experiencia única lo del camino de Santiago, espero que nos vayas contando más cosillas.
:o)
No