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Diario de...pues eso
Bitácora de un peregrino que todavia sigue buscando su Camino.
Sindicación
 
Día 2
Belorado-San Juan de Ortega (Miércoles, 12 de Noviembre de 2003)

A las siete nos levantamos. Es increíble que desde las diez de la noche estemos durmiendo. Solo un minuto a las tres para cambiar de aguas y seguir planchando. Lo más curioso es levantarte a esas horas y tener que bajar en calzones con el frío que hace, pero así se coge con más gana de nuevo la cama.

Antonio nos informo que debemos darnos vaselina en los dedos de los pies y en las zonas de más contacto con la bota. Así mismo al terminar la jornada y después de la ducha darnos unos masajes de alcohol de romero. Este ritual lo hacemos todos los días.

Todavía es de noche cuando salimos a la calle, aprovecho que Manolo esta dentro preparándose para salir para hacer la primera foto del Camino, es curioso la cantidad de fotos que se podían hacer pero por no sacar la cámara...

Amaneciendo salimos del pueblo, ahora es cuando vemos lo grande que es. Belorado tiene una industria peletera importante.

Nos encontramos con un camino cercano a la carretera. Me gusta el sitio, esta rodeado de arbustos y arboles no muy altos y da un ambiente acogedor, pero la cercanía de la carretera rompe con esa tranquilidad. Los camiones pasan a toda velocidad y ese ruido te fastidia aunque al final te vas acostumbrando. En el camino a medida que vamos atravesándolo comienza a aparecer barro.

Después están los pueblos de Villambistia y Espinosa del Campo, este ultimo pueblo esta después de un pequeño repecho y paramos a descansar al lado de un banco, cerca hay un bar pero ni siquiera vemos si esta abierto o cerrado.

De repente aparecen dos caminantes con dos mochilas de juguete y a un paso rapidisimo, cuando reanudamos la marcha ya no hay rastro de ellos. Este pueblo esta casi abandonado, hay una gran cantidad de casas en estado de ruina y da la casualidad que ha dado muchos siervos a la Iglesia.

Seguimos hasta Villafranca, antes al bajar un pequeño repecho antes de volver a la carretera hay unas pequeñas ruinas que pertenecían al Monasterio de San Felices donde estaban los restos del fundador de Burgos Diego Porcelos. En es lugar suena el teléfono y es mi hermano Jesús que el hombre parece que esta disfrutando más que yo de este viaje.

Llegamos a la carretera y vamos un trozo andando por el arcén. Durante ese pequeño trayecto un camionero nos saluda como dándonos ánimos. Se agradece porque con la cantidad de coches que nos cruzamos parecemos o invisibles o si nos ven nos ignoran totalmente.

Villafranca Montes de Oca no es muy grande, que tiene albergue y mucha historia. Era la sede episcopal en el siglo XI. El albergue que existía en el medievo dicen las guías que se trataba y cuidaba muy bien al peregrino. Nosotros estamos llegando a un lugar donde hay un hostal, El Pájaro y allí nos metemos. Es un lugar de concentración de camioneros y vamos dispuestos a comer lo que buenamente podamos. Un par de huevos fritos con chorizo y una buena copa de vino y cerveza es el menú. Siendo las once de la mañana y después de andar por esos caminos desde bien temprano no tardan en pasar a buen recaudo.

La subida que nos espera hay que tomarla en serio y es necesario repostar. El dueño del hostal nos informa de los kilómetros que hay y que a mitad de trayecto a San Juan de Ortega hay una fuente.

Salimos del hostal y justo antes de que se acabe el pueblo comienza un repecho bestial, ¡qué barbaridad!, ¡que manera de hacer caminos!. El camino esta bien señalizado y muchas veces a pesar de no haber flechas alguien ha manchado con pintura amarilla alguna piedra y todo solucionado. Lo que digo, algo bestial, cargados de nuestras mochilas tenemos que parar de vez en cuando. Pero los ánimos están a tope y a pesar de ser duro se hace con ánimos, alegría y buenos humos aunque no puedas en muchos momentos ni decir palabra.

Estamos ascendiendo los montes de Oca, montes que en la Edad Media temían los peregrinos como los gatos el agua por los asaltos y los crímenes que se cometían contra el peregrino para asaltarles y robarles. Hoy en día son mucho menos emocionantes y peligrosos pero si te paras a pensar los sufrimientos que habrán visto estos bosques y parajes, te estremeces.

Encontramos la fuente que el dueño del hostal nos ha indicado llamada de Mojapán. No esta seca, nos reponemos de agua y después de un leve descanso continuamos.

El camino se va allanando, van apareciendo pistas forestales anchas. A la altura que estamos hay una niebla que no nos abandona.

Llegamos a un monumento sobre caídos en la guerra civil y más tarde al Alto de Pedraja. Saludamos a dos ciclistas que han subido por la carretera porque por el camino seria imposible. La pista continua, robles y más adelante pinos. Nos llama Elena, me dice que hoy estoy más contento. Me pregunta por los lugares que hemos pasado, cuanto tiempo llevamos andando, cuantos kilómetros nos faltan...yo no me canso de hablar, me gusta que la gente disfrute con lo que nosotros estamos disfrutando y Elena lo esta haciendo. Ojalá pueda hacerlo algún día.

El camino se hace interminable, no acaba de aparecer el famoso monasterio.

A las tres llegamos por fin. El lugar parece un poco raro. Hay una gran cantidad de niños de una excursión que nos miran con alegría y con rareza. Más tarde nos informamos que han venido andando desde Villafranca.

Nos instalamos en el albergue, es grande y muy frío, no hay calefacción. En las duchas no hay agua caliente. Bien, pero ya sabemos, el turista exige y el peregrino agradece. Conocemos a un gaditano de Ubrique que parece que le sobra un poco de jeta.

También hay dos chicos y una chica alemanes todos ellos, los canadienses que han dormido en el albergue privado de Belorado y un japonés que va de vuelta. Llegó a Santiago y ahora va hacia el País Vasco. Muy simpático el hombre, educado y que habla muy bien castellano. Le doy mi dirección y más adelante me mandara unas fotos.

Comemos en el bar de Marcela, señora conocidisima en los ambientes del Camino. Filetes de lomo, ensalada, chorizo frito. Buenisimo. Allí se presenta el gaditano con dos maestras y el tío cara les saca un vino. Después de marcharse y despedirse de ellas, se sienta con nosotros y como ve que Manolo no se ha comido el chorizo saca su navaja y empieza a comérselo. Nos quedamos sin decir nada y pensando que así es el Camino. Angel, que así se llama el amigo, hizo el camino en el 98 o 99 desde Burgos y quiere hacerlo hasta allí. Salió desde Somport llego a Puente la Reina tomo un autobús hasta Roncesvalles y así es como llego hasta San Juan de Ortega. Estuvo la noche anterior a nosotros en Belorado en la famosa noche de las patatas con costillas y con Pino. Nos dice que ella ha dormido en Villafranca y que iba para Burgos.

Volvemos al albergue dispuestos a darle a la siesta y viendo que somos muchos y que podemos molestar porque somos los dos buenos roncadores, salimos a la habitación que hay anterior y que parece más fría, pero por lo menos estamos más agusto. Aparece un austríaco que lo único que hace es saludarnos y acostarse.

San Juan de Ortega es un monasterio que desde la desamortización de Mendizabal no existen monjes. Parece ser que hay zonas que está casi en ruinas. Hay un capitel con la Anunciación tallada que en cada equinoccio a las cinco de la tarde la luz entra por una ventana e ilumina dicho capitel. Durante el invierno hay cinco o seis familias viviendo en el pueblo. Nosotros cuando nos despertamos intentamos entrar a ver la iglesia y el monasterio pero la hermana del cura nos dice que ya es muy tarde y ya esta cerrado. Preguntamos si habrá misa y entra para preguntarle a su hermano saliendo seguidamente que para la gente que hay no la hace. Sorpresa, bueno si las cosas no se hacen con gusto mejor no hacerlas. Nos quedamos sin ver nada de San Juan de Ortega.

Pero lo que sí hacemos es tomar la sopa de ajos. La hermana prepara para los peregrinos un cacharro de sopa y allí estamos dándole al producto caliente. El sevillano lo hace muy bien, repite y vuelve a repetir. La chica alemana lo le gusta, esta acompañada por otros dos más y uno de ellos tiene tendinitis y además no tienen un duro. Comenta el gaditano haciendo un comentario el cura sobre el románico, ¡hombre, mi especialidad, el románico tardío!. Manolo y yo nos reímos cuando recordamos lo del románico tardío.

Marchamos de nuevo al bar de Marcela y ahora la conocemos. Es una mujer amplia en todos los aspectos, de cuerpo y de mente. Habla pausadamente pero con un tono alto y creo que dice muchas verdades. Con el cura y su hermana parece ser que se lleva lo mínimo. Hacemos una especie de tertulia en el bar y nos saca una página de un periódico de Burgos criticando un profesor a un hospitalero de Burgos llamado Vicente que trató mal a un grupo de niños que hicieron durante tres días el camino incluso “obligándolos” a acostarse a las diez de la noche. Le contesta en otro periódico el presidente del Camino de Santiago de Burgos, de forma contundente y poniéndole en su sitio. El tal Vicente es el bendito Vicente de Belorado que anteriormente estuvo en Burgos de hospitalero en el Parral que así se llama el albergue de esa ciudad. No le veo yo diciéndole nada a ningún niño Vicente, se quejaba el profesor que los puso en fila y que les fue cobrando los 4 euros que hay que pagar por la estancia. ¡Cuánto daño pueden hacer las personas contando las cosas de una forma diferente!. Hay que pagar de una forma voluntaria pero hay que pagar, no creo que Vicente se puso en plan ordeno y mando a cobrar a los chavales o a los profesores. No creo que fuera así.

Marcela nos prepara unos bocadillos para el día siguiente y nos despedimos. Ella esta casada con un señor con una gorra y gafas de sol que se paso la tarde haciendo como un castillo con piezas de Exin pero sin ningún orden y las rompía a los pocos centímetros de conseguir cierta altura. Tenía un hijo un poco bocazas que ayudaba a la madre en el bar. Al día siguiente Marcela y su marido iban a pasar unos días en Canarias.

Al acostarnos encuentro que no hay tampoco papel higiénico en el servicio, la alemana al verme con el rollo abre los ojos y me agradece que le dé un trozo. Nos vamos a la cama, nos abrigamos con el saco y hasta el día siguiente.
 
No