Día 3
San Juan de Ortega-Burgos (Jueves, 13 de Noviembre de 2003)
Nos despertamos, no esta mal la noche, nos acostamos a las diez y nos levantamos a las siete, son nueve horas durmiendo pero agradeces mucho el tiempo que pasas en la cama.
Entre penumbras nos terminamos de lavar un poco – con agua fría por supuesto – y salimos a caminar. No ha amanecido cuando empezamos a andar. Da gusto caminar a esas horas. Tomamos los bocadillos según vamos caminando.
Cruzamos unos campos donde pastan vacas y donde tenemos que abrir y cerrar unas porteras, allí vemos que nos sigue una figura, ¿quién será?.
Llegamos a Ages, vamos por la carretera, pero no tiene apenas trafico. Allí nos adelanta el austríaco que durmió fuera con nosotros en San Juan. Hasta luego, Lucas, nos deja clavados.
Llegamos a Atapuerca, pueblo famoso por sus hallazgos arqueológicos, foto en el cartel indicador. Descansamos en el pueblo y adelantamos al francés que esta tomando un café. Hay una fuerte subida a la salida del pueblo hasta una cruz o algo parecido donde los peregrinos han colocado botas, mensajes, etcétera. El austríaco nos vuelve a alcanzar en la subida y ya si que es el adiós definitivo, vemos como se aleja más y más. Buen camino, peregrino.
Empezamos a escuchar un sonido como de maquinaria perteneciente a una cementera o una gravera. Lo tendremos durante horas.
Según bajamos la parte que hemos ascendido vemos que a la izquierda es una zona militar y al fondo vemos que están haciendo como una carretera o un camino y que según nos vamos acercando nos damos cuenta que tal vez tendremos que ir por esa senda que están haciendo.
Efectivamente, así es. El suelo esta lleno de rodadas de las maquinas, el andar se hace penoso y miras al frente y no tiene fin. Vamos andando en silencio, solo lo rompemos para quejarnos del mal estado del camino. No podemos salirnos del recorrido porque a los lados los campos están labrados y con los tractores actuales y los arados que llevan el campo se hace impracticable.
Cerca de Orbaneja nos adelanta un vasco que hace poco se ha jubilado y que esta haciendo el camino. Para no tener prisa por llegar va el tío que corta el aire. En el pueblo paramos nosotros y él continua.
Hay un bar en Orbaneja Río Pico que esta bajando por una cuesta a la izquierda. Nos atiende una chica sudamericana muy educadamente y con cierto recelo al principio pero que poco a poco vamos congeniando. Nos hace unos huevos fritos – y van... – con panceta y con su vinito correspondiente. Voy un poco escocido y tengo que darme un poco de crema de Halibut, también la bota izquierda me molesta o creo que me molesta porque no tengo rozadura ninguna.
Después de despedirnos de esta señora – que me dijo el nombre, pero que no tome nota de él – seguimos adelante. Nos queda unos trece kilómetros a Burgos.
Al principio es por una carretera local, pero a continuación entramos en la N-1 y comienza la tortura. Recta interminable, acera sin fin, todo línea recta, polígono industrial interminable, no termina, ningún banco donde sentarse. No se cuantos kilómetros, un montón, no llegamos.
Entramos en Burgos, pero no acabamos de aterrizar. El albergue esta a la salida de Burgos y tenemos que recorrerlo entero. Me llama Maribel y me enfado con ella por un malentendido. De nuevo la llamo y nos reconciliamos. Continuamos andando. Me acuerdo mucho de ella, la echo de menos.
Nos vemos reflejados en los escaparates, da miedo, ¡vaya pinta!, no me extraña que la gente hiciera como si huyera de nosotros. De todas formas no hay ninguna frase ni palabras de ánimo. Paramos en un banco, una chica pasa y nos dice: “buen Camino”, gracias guapa, la excepción. Todavía nos queda un largo trecho.
Pasamos por delante de la catedral, no me fijo mucho, Manolo ha vivido aquí. Vamos resoplando, ya son muchos kilómetros sobre asfalto y pican los pies. Elena me llama, cariñosa e inocente como siempre. En ese momento le digo a Manolo si ha vista alguna flecha amarilla y ella pregunta que qué es eso, se lo explico y la contestación de ella: “que guay, yo quiero hacerlo”. Esa frase la recordaremos con cariño durante el viaje. También hablamos con Manolo, Manolin, para ver si por fin hacemos amistad con peregrinas. ¡Qué no Manolo, qué no hay nada que hacer!. El jodio se rie.
¡Por fin el Parral!. El albergue esta dentro de un parque muy bonito. Parece ser que no entramos por el lugar correcto, porque aparece un señor bajito con barba recortada y con sandalias y nos dice que porque hemos entrado por la parte de atrás, le contesto que nos han engañado las flechas y él dice que las flechas están bien puestas que nosotros lo hemos hecho mal. ¡Qué coño dara entra por ahí o por allá!, el dice que si, pero no calla. Es el hospitalero voluntario, de Sevilla, jubilado, setenta y tantos años. No podemos entrar en el dormitorio con botas, a las diez a la cama y no hay cocina. El albergue es de madera y hay calefacción, lavamos la ropa, me llama Gloria mientras tanto y nos marchamos a Burgos a ver la catedral y demás.
La entrada es gratuita para los peregrinos y vemos la tumba de El Cid. Da gusto visitar entre semana estos sitios porque no hay nadie. Después vamos a conocer la famosa morcilla de Burgos.
Burgos es una ciudad bonita, tiene bastante población y la parte del centro esta muy bien cuidada. Hay un paseo con plátanos que en verano dara gusto pasear debajo de ellos.
Volvemos pronto al albergue, hay que descansar. Angel el gaditano ha llegado, se entretuvo en Atapuerca y dice que vio la zona de excavaciones, si lo dice él será verdad. Después cogió un autobús urbano a la entrada de Burgos y se ahorro todo este trayecto. Mientras él cena yo aprovecho para tomar notas del camino. Nos da pena un poco este chico, se pone a llamar a un amigo suyo para ver si le da posada, porque él se queda aquí en Burgos o incluso meterse en un monasterio como novicio para ahorrarse la cama, aunque diga que soy ateo por la gracias de Dios. Nos acordaremos durante el viaje de este pájaro.
Vamos a la cama. El vasco también está y también los chavales canadienses que llegaron un poco después que nosotros. Por cierto les cantan los pinrreles cosa fina, llevan zapatillas en lugar de botas porque uno de ellos tuvo un problema de pies bastante importante antes de Logroño. A las diez estamos ya todos acostados y además el cuerpo te pide cama. Increíble, claro a las seis de la tarde es para nosotros como si fueran ya las ocho o las nueve de la noche. Buenas noches.
Nos despertamos, no esta mal la noche, nos acostamos a las diez y nos levantamos a las siete, son nueve horas durmiendo pero agradeces mucho el tiempo que pasas en la cama.
Entre penumbras nos terminamos de lavar un poco – con agua fría por supuesto – y salimos a caminar. No ha amanecido cuando empezamos a andar. Da gusto caminar a esas horas. Tomamos los bocadillos según vamos caminando.
Cruzamos unos campos donde pastan vacas y donde tenemos que abrir y cerrar unas porteras, allí vemos que nos sigue una figura, ¿quién será?.
Llegamos a Ages, vamos por la carretera, pero no tiene apenas trafico. Allí nos adelanta el austríaco que durmió fuera con nosotros en San Juan. Hasta luego, Lucas, nos deja clavados.
Llegamos a Atapuerca, pueblo famoso por sus hallazgos arqueológicos, foto en el cartel indicador. Descansamos en el pueblo y adelantamos al francés que esta tomando un café. Hay una fuerte subida a la salida del pueblo hasta una cruz o algo parecido donde los peregrinos han colocado botas, mensajes, etcétera. El austríaco nos vuelve a alcanzar en la subida y ya si que es el adiós definitivo, vemos como se aleja más y más. Buen camino, peregrino.
Empezamos a escuchar un sonido como de maquinaria perteneciente a una cementera o una gravera. Lo tendremos durante horas.
Según bajamos la parte que hemos ascendido vemos que a la izquierda es una zona militar y al fondo vemos que están haciendo como una carretera o un camino y que según nos vamos acercando nos damos cuenta que tal vez tendremos que ir por esa senda que están haciendo.
Efectivamente, así es. El suelo esta lleno de rodadas de las maquinas, el andar se hace penoso y miras al frente y no tiene fin. Vamos andando en silencio, solo lo rompemos para quejarnos del mal estado del camino. No podemos salirnos del recorrido porque a los lados los campos están labrados y con los tractores actuales y los arados que llevan el campo se hace impracticable.
Cerca de Orbaneja nos adelanta un vasco que hace poco se ha jubilado y que esta haciendo el camino. Para no tener prisa por llegar va el tío que corta el aire. En el pueblo paramos nosotros y él continua.
Hay un bar en Orbaneja Río Pico que esta bajando por una cuesta a la izquierda. Nos atiende una chica sudamericana muy educadamente y con cierto recelo al principio pero que poco a poco vamos congeniando. Nos hace unos huevos fritos – y van... – con panceta y con su vinito correspondiente. Voy un poco escocido y tengo que darme un poco de crema de Halibut, también la bota izquierda me molesta o creo que me molesta porque no tengo rozadura ninguna.
Después de despedirnos de esta señora – que me dijo el nombre, pero que no tome nota de él – seguimos adelante. Nos queda unos trece kilómetros a Burgos.
Al principio es por una carretera local, pero a continuación entramos en la N-1 y comienza la tortura. Recta interminable, acera sin fin, todo línea recta, polígono industrial interminable, no termina, ningún banco donde sentarse. No se cuantos kilómetros, un montón, no llegamos.
Entramos en Burgos, pero no acabamos de aterrizar. El albergue esta a la salida de Burgos y tenemos que recorrerlo entero. Me llama Maribel y me enfado con ella por un malentendido. De nuevo la llamo y nos reconciliamos. Continuamos andando. Me acuerdo mucho de ella, la echo de menos.
Nos vemos reflejados en los escaparates, da miedo, ¡vaya pinta!, no me extraña que la gente hiciera como si huyera de nosotros. De todas formas no hay ninguna frase ni palabras de ánimo. Paramos en un banco, una chica pasa y nos dice: “buen Camino”, gracias guapa, la excepción. Todavía nos queda un largo trecho.
Pasamos por delante de la catedral, no me fijo mucho, Manolo ha vivido aquí. Vamos resoplando, ya son muchos kilómetros sobre asfalto y pican los pies. Elena me llama, cariñosa e inocente como siempre. En ese momento le digo a Manolo si ha vista alguna flecha amarilla y ella pregunta que qué es eso, se lo explico y la contestación de ella: “que guay, yo quiero hacerlo”. Esa frase la recordaremos con cariño durante el viaje. También hablamos con Manolo, Manolin, para ver si por fin hacemos amistad con peregrinas. ¡Qué no Manolo, qué no hay nada que hacer!. El jodio se rie.
¡Por fin el Parral!. El albergue esta dentro de un parque muy bonito. Parece ser que no entramos por el lugar correcto, porque aparece un señor bajito con barba recortada y con sandalias y nos dice que porque hemos entrado por la parte de atrás, le contesto que nos han engañado las flechas y él dice que las flechas están bien puestas que nosotros lo hemos hecho mal. ¡Qué coño dara entra por ahí o por allá!, el dice que si, pero no calla. Es el hospitalero voluntario, de Sevilla, jubilado, setenta y tantos años. No podemos entrar en el dormitorio con botas, a las diez a la cama y no hay cocina. El albergue es de madera y hay calefacción, lavamos la ropa, me llama Gloria mientras tanto y nos marchamos a Burgos a ver la catedral y demás.
La entrada es gratuita para los peregrinos y vemos la tumba de El Cid. Da gusto visitar entre semana estos sitios porque no hay nadie. Después vamos a conocer la famosa morcilla de Burgos.
Burgos es una ciudad bonita, tiene bastante población y la parte del centro esta muy bien cuidada. Hay un paseo con plátanos que en verano dara gusto pasear debajo de ellos.
Volvemos pronto al albergue, hay que descansar. Angel el gaditano ha llegado, se entretuvo en Atapuerca y dice que vio la zona de excavaciones, si lo dice él será verdad. Después cogió un autobús urbano a la entrada de Burgos y se ahorro todo este trayecto. Mientras él cena yo aprovecho para tomar notas del camino. Nos da pena un poco este chico, se pone a llamar a un amigo suyo para ver si le da posada, porque él se queda aquí en Burgos o incluso meterse en un monasterio como novicio para ahorrarse la cama, aunque diga que soy ateo por la gracias de Dios. Nos acordaremos durante el viaje de este pájaro.
Vamos a la cama. El vasco también está y también los chavales canadienses que llegaron un poco después que nosotros. Por cierto les cantan los pinrreles cosa fina, llevan zapatillas en lugar de botas porque uno de ellos tuvo un problema de pies bastante importante antes de Logroño. A las diez estamos ya todos acostados y además el cuerpo te pide cama. Increíble, claro a las seis de la tarde es para nosotros como si fueran ya las ocho o las nueve de la noche. Buenas noches.





