"¡Si al menos pudiera sentir algo!": esta fórmula traduce la "nueva" desesperación que afecta a un número cada vez mayor de personas. En este punto, el acuerdo de los psi parece general: desde hace veinticino o treinta años, los desórdenes de tipo narcisista constituyen la mayor parte de los trastornos psíquicos tratados por los terapeutas, mientras que las neurosis "clásicas" del siglo XIX, fobias, obsesiones, sobre las que el psicoanálisis tomó cuerpo, ya no representan la forma predominante de los síntomas. Los trastornos narcisitas se presentan no tanto con síntomas claros y bien definidos, sino más bien como "trastornos de carácter" caracterizados por un malestar difuso que lo invade todo, un sentimiento de vacío interior y de absurdidad de la vida, una incapacidad para sentir las cosas y los seres. Los síntomas neuróticos que correspondían al capitalismo autoritario y puritano han dejado paso bajo el empuje de la sociedad permisiva, a desórdenes narcisistas, imprecisos e intermitentes. Ya no se sufren síntomas fijos sino trastornos vagos y difusos; el desorden mental obedece a la ley de la época, que tiende a la reducción de rigideces así como a la licuación de las relevancias estables: la crispación neurótica ha sido sustituida por la floración narcisita. Imposibilidad de sentir, vacío emotivo; aquí la desubstancialización ha llegado a su término, explicando la verdad del proceso narcisista, como estrategia del vacío."
Fragmento de "La era del vacío", Gilles Lipovetsky
Toda mi angustia tuvo la forma de un zapato.
de un zapatito roto, opaco, desclavado.
El patio de la escuela... Apenas tercer grado...
Qué largo fue el recreo, el más largo el año.
Yo sentía vergüenza de mostrar mi pobreza.
Hubiera preferido tener rotas las piernas
y entero mi calzado. Y allí contra una puerta
recostada, mirando, me invadía el cansancio
de ver cómo corrían los otros por el patio.
Zapatos con cordones, zapatos con tirillas,
todos zapatos sanos. Me sentía en pecado
vencida y diminuta, mi corazón sangrando...
Si supieran los hombres cuánto a los diez años
puede sufrir un niño por no tener zapatos...
Que anticipo de angustia. Todavía perdura
doliéndome el pasado. El patio de la escuela
y aquel recreo largo...
Mi piececito trémulo, miedoso, acurrucado.
Mi infancia entristecida, mi mundo derrumbado.
Un pájaro sin alas, tendido al pie de un árbol.
La pobreza no tiene perdón a los diez años
"El capitalismo induce el ritmo y la calidad de la percepción; se instala en y controla el discurrir mismo de la conciencia.
En una sociedad dominada culturalmente por los objetos temporales, la simultaneidad de nuestra mirada frente al televisor, poblada ahora de una sucesión en tiempo real de imágenes manufacturadas, creando una sincronización de todas las conciencias con información/mercancía que empobrece y bloquea el principio mismo de individualización: la inflación de egos repetidos y estereotipados, separados radicalmente por lo mismo que los une, eso que llamamos, paradójicamente, "individualismo".
Ingredientes:
1 paletilla de cordero troceada
1 cebolla grande
2 dientes de ajo
1/4 de ciruelas secas
2 cucharadas de semillas de sésamo tostadas
50 gramos de almendras tostadas
1 cucharadita de canela molida
1 rama de canela
1 pizca de azafrán
2 cucharadas de azúcar
aceite de oliva
1 cucharadita de mantequilla
sal y pimienta
Peparación:
Poner en remojo las ciruelas en agua tibia, quitar los restos de grasa a la carne, lavar la carne y escurrir bien y salpimentar.
Picar menudo los ajos y 1 cebolla y media. Cortar en aros la otra media cebolla y reservar.
En una cazuela de barro, con la mantequilla y un chorreoncito de aceite, sofreír ligeramente el ajo y la cebolla. Añadir el cordero y darle unas vueltas hasta que pierda el color de crudo. Añadir la canela en polvo y la ramita troceada, sin dejar de remover. Cubrir con agua, añadir el azafrán, tapar y dejar cocinarse una media hora.
Escaldar las ciruelas en agua hirviendo, pelarlas y deshuesarlas. Añadir las ciruelas, el azúcar y los aros de cebolla a la cazuela y seguir cocinando 15 minutos más. Unos minutos antes de acabar la cocción, añadir las almendras.
Presentar en una cazuela de barro con el sésamo esparcido sobre el guiso. Servir con cous-cous o arroz hervido.
Se celebró una carrera de sapos en el país de los sapos. El objetivo consistía en llegar a lo alto de una gran torre que se encontraba en aquel lugar. Todo estaba preparado y una gran multitud se reunió para vibrar y gritar por todos los participantes. En su momento se dio la salida y todos los sapos comenzaron a saltar. Pero como la multitud no creía que nadie llegara a la cima de aquella torre, pues ciertamente era muy alta, todo lo que se escuchaba era: “¡No lo van a conseguir!, "Qué lástima, está muy alto!, ¡Es muy difícil, no lo van a conseguir!”. Así la mayoría de los sapitos empezaron a desistir. Pero había uno que persistía, pese a todo, y continuaba subiendo en busca de la cima.
Todos los sapitos se dieron por vencidos, excepto uno que seguía y seguía tranquilo cada vez con más fuerza. La multitud continuaba gritando: “¡Es muy difícil, no lo vas a conseguir!”, pero el sapito persistía en su ascenso... finalmente fue el único que llegó a la cima.
Cuando fue proclamado vencedor muchos fueron a hablar con él y a preguntarle como había conseguido llegar al final y llevar a cabo semejante proeza. Cual sería le sorpresa de todos los presentes al darse cuenta que este sapito era sordo.
Moraleja: Sé siempre sordo cuando alguien duda de tus sueños.
Fábula Hindú
“Me quedo fijo como aunado al resto, sin sensación de materia ajena ni propia. Como agua en agua; un todo que no se cambia. A esta hora mi ser es como una playa sola en la oscuridad, y el tiempo total de mi vida me invade como un mar que ha hecho serenidad todos mis naufrajios. Cada recuerdo rompe en mí como una ola, una onda inmensa, y me llega hasta el último poro de mi totalidad saturándome de su sustancia condensada. Un recuerdo, otro, otro, con un ritmo lento y constante. No soy más que percepción, entrada, y el mundo restante invasión, salida en mí. No hay salida de mí ni entrada en lo demás. Solos yo y el pasado. Qué posibilidad de estado normal más tranquilo, una posible muerte; el hombre como una roca espiritual de luz hecha sombra, dejándose invadir de su vivido universo.”
"Espacio y Tiempo", Juan Ramón Jiménez
Benjamin Braddock:
- Oh dios mío. Oh no, Mrs. Robinson, oh no.
Sra. Robinson:
- ¿qué pasa?
Benjamin Braddock:
- es que, esto no me lo esperaba...
Sra. Robinson:
- ¿el qué?
Benjamin Braddock:
- No creerá usted que voy a hacer una cosa así
Sra. Robinson:
- ¿como qué?
Benjamin Braddock:
- ¿qué cree?
Sra. Robinson:
- Bueno, no lo sé.
Benjamin Braddock:
- Caramba, Sra. Robinson, aquí estamos, en su casa, me pone una bebida en la mano, pone música, me cuenta cosas sobre su vida personal y ahora me dice que su marido estará varias horas fuera de casa...
Sra. Robinson:
- ¿Y?
Benjamin Braddock:
- Sra. Robinson, ¿no estará tratando de seducirme, verdad?
De la película "El Graduado"
A veces es necesario crear en otros esta intranquilidad con el objeto de darles la oportunidad de vivir la vida plenamente, de saber de ella, y de si mismos.
¡Son tan plácidos y tan sufridos!
Me quedo mirándolos días y días sin cansarme.
No preguntan,
ni se quejan de su condición;
no andan despiertos por la noche,
ni lloran por sus pecados.
Y no me molestan discutiendo sus deberes para con Dios...
No hay ninguno descontento,
ni ganado por la locura de poseer las cosas.
Ninguno se arrodilla ante los otros,
ni ante los muertos de su clase que vivieron miles de siglos
antes que él.
En toda la tierra no hay uno solo que sea desdichado o venerable.
De El canto a mí mismo, Walt Witman
La conocida máxima dice que la diferencia entre un pesimista y un optimista es que el pesimista ve la botella medio vacía y el optimista la ve medio llena. La diferencia entre la fe y el optimismo es que cuando la botella esta vacía, el optimista probablemente se hace un pesimista; pero los que tienen fe en su potencial, permanecen optimistas. Tal como el pesimismo conduce a la autocomplacencia y la indecisión, el optimismo conduce a confiar en la oportunidad. La fe trae el optimismo: la creencia en un potencial firme y en el objetivo.
Ante la desesperación, como en el caso de la botella vacía o lo inaccesible, la fe supera los límites de lógica y ego.
(Imagen: "Optimism", John Slaby)
(Música: "High", LightHouse Family)
¿Serán los "biendolientes" nuestros nuevos bienpensantes? ¿No ha llegado ya el momento de no confundir la libertad con el capricho? ¿Son el miedo y la debilidad el precio a pagar por nuestro rechazo a la madurez?
"La tentación de la inocencia", Pascal Bruckner
Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante. Nunca había perdido un combate.
Sabiendo de la fama del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible. Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró.
Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera tan cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.
- Si alguien te hace un regalo y tu no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el samurai.
- A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo.
- Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.
Cuento de la tradición japonesa
"No debemos confundir la disensión con la lealtad. Ni tampoco debemos olvidar que acusar no es demostrar, y que una sentencia dependen de las pruebas y del debido proceso judicial.
No vamos a tener miedo los unos de los otros. No vamos a entrar por miedo en una época de sinrazón si nos afianzamos en nuestra historia y en nuestra democracia y recordamos que no descendemos de hombres cobardes. Hombres que tuvieran miedo de escribir, a asociarse, a hablar y a defender en su tiempo las causas que fueron impopulares. No es momento para que los se oponen a los métodos del Senador MacCarthy guarden silencio, o los que lo aprueben. Podemos negar nuestra herencia y nuestra historia, pero no podemos rehuir de nuestra responsabilidad... "
Monologo de Edward R. Murrow's en la película "Good night, and good luck"
Ingredientes:
1 lata de pimientos de piquillo
1/2 cebolla
200 grs. de gambas
150 grs. de merluza
4 huevos
2 decilitro de nata líquida
mantequilla
sal
pimienta
Saltear en una sartén la cebolla picada con los pimientos en trozos.
Triturar, añadir la meluza desmenuzada y las gambas peladas y troceadas.
Incorporar los huevos batidos con la nata, sal y pimienta.
Una vez mezclado todo, verter en molde individuales engrasados con mantequilla.
Cocer tapados en el horno al baño maría unos 35 minutos. Comprobar con una aguja el punto de cocción.
Desmoldar templados y servir acompañados de una mahonesa ligera
"Fragmentos de un discurso amoroso", Roland Barthes
Me dijo:
"Ya no quiero más quimeras, ni esperanzas ni deseos. Ya no quiero más ilusiones que habrán de ser rotas con una mirada, una frase o un gesto. Me queda poca inocencia, apenas un frasco pequeño, y ya no quiero más promesas, ni expectativas, ni sueños."
En silencio, mis ojos quedaron fijos en su cansada mirada, y nada pude decir... No pude decirle nada.
(Imagen: "Dance me to the end of love", Jack Vettriano)
(Música: "Dance Me to the End of Love", Madeleine Peyroux)
"Los seres humanos no nos relacionamos directamente con la realidad. Nos aproximamos interpretándola a partir de la representaciones y supuestos que nos han sido transmitidos desde la infancia en el proceso de socialización. De ahí que el desafío ante un mundo globalizado e interconectado, sea el de conocer el mundo desde el punto de vista "del otro", de entrar en diálogo con él a fin de poder comprender su particular forma de ver la vida, pues representa una creación y expresión de vida que, como tal, amplía la propia visión de lo humano y nos entrega nuevas herramientas a través de las cuales podemos reconstruir nuestro propio mundo."
Lembrar o tempo da infancia:
construír arredor dunha aparencia,
materia que lentamente se vai desmoronando.
Así as gaivotas
pousadas nas enxarcias, o aparello apodrecido
baixo a brisa mariña, o sol nos mastros,
as augas batendo contra rochedos limosos,
pedras con verdello, con argazos secos.
O mar, o mar aquel
que oxida todas as espadas,
os nomes das barcas (nel a solpor vento da ría).
Así as vidas varadas das redeiras, un tempo
semellante unicamente ao seu propio transcorrer,
as agullas de madeira entretecendo os fíos ásperos,
as redes na pía comunal, as miradas no horizonte.
Recuperar o pasado ou emendar unha vida,
os desgastados rostros, as atadeiras en silencio,
o halar, o largar, as prolongadas ausencias,
as aves no peirao.
Martín Veiga
(Imagen: "Paisagem do mar", Tereza Rondinelli)
(Música: "Canção do Mar", Dulce Pontes)
- Viajé a Bagdad, después de un tiempo encontré a una mujer formidable, atenta, inteligente, culta de una gran personalidad.
Dijeron sus amigos:
- ¿Por qué no te casaste con ella?
- No era completa, -respondió Nasrudín-, después fui a El Cairo, allí conocí a otra mujer ciertamente fabulosa; hermosa, sensible, delicada, cariñosa.
- ¿Por qué no te casaste con ella?, dijeron los amigos.
- No era completa -respondió nuevamente Nasrudín -. Me fui entonces a Samarcanda allí por fin encontré a las mujer de mis sueños; ingeniosa y creativa, hermosa e inteligente, sensible, culta, delicada, espiritual...
- ¿Por qué no te casaste con ella? -insistieron sus amigos.
- Por qué ella también buscaba a un hombre perfecto.
"La belleza quiere aparecer como única finalidad en el mundo, pero, como dijo Kant, es una finalidad que no contiene ningún fin. Una cosa bella no contiene ningún bien que no sea ella misma, en su totalidad, tal como se nos aparece. Vamos hacia ella sin saber qué pedirle. Nos ofrece su propia existencia. No deseamos otra cosa, la poseemos, y sin embargo deseamos más aún. Ignoramos totalmente qué es eso que deseamos. Quisiéramos llegar hasta detrás de la belleza, pero no es más que superficie. Es como un espejo que nos devuelve nuestro propio deseo de bien. Es una esfinge, un enigma, un misterio dolorosamente irritante. Quisiéramos alimentarnos de ella, pero solo es objeto de la mirada, aparece a cierta distancia."
Simone Weil
Una fuerza secreta le asiste, y en su interior arde ese místico fuego que le hace brillar serenamente.
Es la imagen de la ligereza, de la prontitud, de la esencia, de la devoción por lo sencillo, de la certeza... Es mi hermosa de frente estrellada, y así hace que nos sintamos los que tenemos la suerte de vivirla."
En la segunda edad aquello que elegimos en la primera, normalmente se ha gastado, ya no vale por sí mismo y necesita una justificación que el hombre razonable concede gustoso, con ayuda de su corazón, claro está; es la madurez, es el momento en que, para salir airoso de las comparaciones y de las contradictorias posibilidades que le ofrece todo lo que contempla, el hombre lleva a cabo ese esfuerzo intelectual gracias al cual una trayectoria elegida por el instinto es justificada a posteriori por la reflexión.
En la tercera edad no sólo se han gastado e invalidado los móviles que eligió en la primera sino también las razones con que apuntaló su conducta en la segunda. Es la enajenación, el repudio de todo lo que ha sido su vida para la cual ya no encuentra motivación ni disculpa. Para poder vivir tranquilo hay que negarse a entrar en esa tercera etapa; por muy forzado que parezca, debe hacer un esfuerzo con su voluntad para permanecer en la segunda; porque otra cosa es la deriva.
"Volverás a Región", Juan Benet
500 grs. de higos secos
250 grs. de chocolate negro fondant
100 grs. de pistachos
100 grs. de azucar
1 dl. de aguardiente
1/4 l. de agua y azúcar lustre.
Cocer los higos en un jarabe de azúcar, agua y aguardiente y una vez caramelizados, sacarlos y dejarlos enfriar.
Poner el chocolate al baño maria con el resto del jarabe y los pistachos picados. Rellenar los higos con esta preparación de chocolate, pasarlos por azucar lustre y servirlos en cestitas de papel individuales.
(Acompañado de café aromatizado con unos granos de cardamomo, resulta un postre exquisito pleno de sensuales notas.)
El verso más antiguo es la fórmula mágica que se llamó carmen (cantus). El acto y el efecto mágico de la fórmula era la incantatio. De aquí encanto, y en francés charme, de carmen
De "Estudios sobre el amor", José Ortega y Gasset
Adivinarte entre las palabras,
en los espacios en blanco...
comunicarme contigo
cuando me estés esperando.
Me quieres más personal,
con el alma desvestida,
que te lleve de la mano
a ver el "paisaje humano"
que a tu pasión desafía;
diciéndome:
Ven,
vamos a volar,
y al final de los versos,
en un continuo aleteo,
tocar el cielo de puntillas,
sentir que somos,
sin miedo,
trozos de magia de la vida.
Ana Blanco
2. ¿Qué te gusta hacer cuando hace sol? Sentarme en un terraza a leer o pasear por la Alameda, o a la playa.
3. ¿Y cuando llueve? Leer y escuchar música tras los cristales, o cocinar y escuchar la radio.
4. ¿Cuándo es tu cumpleaños? En Junio.
5. ¿Qué haces cuando estás nervioso/a? Guardar silencio; escuchar música; intentar relajarme...
6. Por lo general, ¿eres ordenado/a? En general: regular. En teniente (com mis cosas): sí.
7. ¿Qué es peor, estar aburrido o estar preocupado? Estar preocupado. La verdad es que rara vez me aburro y prefiero ocuparme que preocuparme.
8. ¿Eres extrovertido/a? Tengo días.
9. ¿Tienes una bicicleta? No
10. ¿Te gusta pasear? Mucho, y vivo en una ciudad creada para ser "paseada".
-¡Paciencia! -decía el caracol-. Ya llegará mi hora. Haré mucho más que dar rosas o avellanas, muchísimo más que dar leche como las vacas y las ovejas.
-Esperamos mucho de ti -dijo el rosal-. ¿Podría saberse cuándo me enseñarás lo que eres capaz de hacer?
-Me tomo mi tiempo -dijo el caracol- ustedes siempre están de prisa. No, así no se preparan las sorpresas.
Un año más tarde el caracol se hallaba tomando el sol casi en el mismo sitio que antes, mientras el rosal se afanaba en echar capullos y mantener la lozanía de sus rosas, siempre frescas, siempre nuevas. El caracol sacó medio cuerpo afuera, estiró sus cuernecillos y los encogió de nuevo.
-Nada ha cambiado -expresó el caracol-. No se advierte el más insignificante progreso. El rosal sigue con sus rosas, y eso es todo lo que hace.
Pasó el verano y vino el otoño, y el rosal continuó dando capullos y rosas hasta que llegó la nieve. El tiempo se hizo húmedo y hosco. El rosal se inclinó hacia la tierra; el caracol se escondió bajo el suelo.
Luego comenzó una nueva estación, y las rosas salieron al aire y el caracol hizo lo mismo.
-Ahora ya eres un rosal viejo -dijo el caracol-. Pronto tendrás que ir pensando en morirte. Ya has dado al mundo cuanto tenías dentro de ti. Si era o no de mucho valor, es cosa que no he tenido tiempo de pensar con calma. Pero está claro que no has hecho nada por tu desarrollo interno, pues en ese caso tendrías frutos muy distintos que ofrecernos. ¿Qué dices a esto? Pronto no serás más que un palo seco... ¿Te das cuenta de lo que quiero decirte?
-Me asustas -dijo el rosal-. Nunca he pensado en ello.
-Claro, nunca te has molestado en pensar en nada. ¿Te preguntaste alguna vez por qué florecías y cómo florecías, por qué lo hacías de esa manera y de no de otra?
-No -contestó el rosal-. Florecía de puro contento, porque no podía evitarlo. ¡El sol era tan cálido, el aire tan refrescante!... Me bebía el límpido rocío y la lluvia generosa; respiraba, estaba vivo. De la tierra, allá abajo, me subía la fuerza, que descendía también sobre mí desde lo alto. Sentía una felicidad que era siempre nueva, profunda siempre, y así tenía que florecer sin remedio. Tal era mi vida; no podía hacer otra cosa.
-Tu vida fue demasiado fácil -dijo el caracol.
-Cierto -dijo el rosal-. Me lo daban todo. Pero tú tuviste más suerte aún. Tú eres una de esas criaturas que piensan mucho, uno de esos seres de gran inteligencia que se proponen asombrar al mundo algún día.
-No, no, de ningún modo -dijo el caracol-. El mundo no existe para mí. ¿Qué tengo yo que ver con el mundo? Bastante es que me ocupe de mí mismo y en mí mismo.
-¿Pero no deberíamos todos dar a los demás lo mejor de nosotros -argumentaba el rosal-, no deberíamos ofrecerles cuanto pudiéramos? Es cierto que no te he dado sino rosas; pero tú, en cambio, que posees tantos dones, ¿qué has dado tú al mundo? ¿Qué puedes darle?
-¿Darle? ¿Darle yo al mundo? -dijo con desprecio el caracol- Yo lo escupo. ¿Para qué sirve el mundo? No significa nada para mí. Anda, sigue cultivando tus rosas; es para lo único que sirves. Deja que los castaños produzcan sus frutos, deja que las vacas y las ovejas den su leche; cada uno tiene su público, y yo también tengo el mío dentro de mí mismo. ¡Me recojo en mi interior, y en él voy a quedarme! El mundo no me interesa.
Y con estas palabras, el caracol se metió dentro de su casa y la selló.
-¡Qué pena! -dijo el rosal-. Yo no tengo modo de esconderme, por mucho que lo intente. Siempre he de volver otra vez, siempre he de mostrarme otra vez en mis rosas. Sus pétalos caen y los arrastra el viento, aunque cierta vez vi cómo una madre guardaba una de mis flores en su libro de oraciones, y cómo una bonita muchacha se prendía otra al pecho, y cómo un niño besaba otra en la primera alegría de su vida. Aquello me hizo bien, fue una verdadera bendición. Tales son mis recuerdos, mi vida.
Y el rosal continuó floreciendo en toda su inocencia, mientras el caracol dormía allá dentro de su casa. El mundo nada significaba para él.
Y pasaron los años.
El caracol se había vuelto tierra en la tierra, y el rosal tierra en la tierra, y la memorable rosa del libro de oraciones había desaparecido... Pero en el jardín brotaban los rosales nuevos, y los nuevos caracoles se arrastraban dentro de sus casas y escupían al mundo, que no significaba nada para ellos.
¿Empezamos otra vez nuestra historia desde el principio? No vale la pena; siempre sería la misma."
"El caracol y el rosal", Hans Christian Andersen
De la película "Báilame el agua"

(Fuente: El País)
La palabra que decimos
viene de lejos,
y no tiene definición,
tiene argumento.
Cuando dices: nunca,
cuando dices: bueno,
estás contando tu historia
sin saberlo
Actualmente Se está dando con mucha frecuencia, una posición política pseudo nihilista, sazonada con ironía (más o menos refinada) respecto a la naturaleza de la política y los políticos.
Con frecuencia, estos sarcásticos desencantados y con su ingenuidad herida, olvidan que somos hijos de nuestra cultura, y que, en España, la picaresca forma parte de nuestra idiosincrasia.
No podemos ser y actuar como podría hacerlo un danés, o un noruego, porque nuestra cultura es bien distinta.
La política que se lleva a cabo en España es la que toleramos, y los políticos que la ejecutan, son hijos de nuestro entorno.
Así que, acostumbrados a tener un "señor" que nos guía y autoriza -y tras dos generaciones-, en nuestro fuero interno, seguimos deseando tener "ese señor" que nos lleve de la mano, y nos resulta sumamente molesto tener que andar quejándonos de forma organizada, tal y como ocurre, por ejemplo, en Francia.
(Eso sí, en petite comite, somos los más belicosos y atrevidos; los más lúcidos y coherentes. Pero terminada la reunión, volvemos con la cabeza gacha, el rabo entre las piernas, la fe zarandeada y la esperanza debilitada)
Després de tot, Miquel Martí i Pol
En el tiempo que llevo paseándome por Internet he aprendido muchas cosas, la mayoría enriquecedoras -aunque he de añadir que otras no tanto.
Decir que me he evitado problemas porque, salvando un episodio que ya está olvidado y que me hace sonreir cuando viene a mi memoria, he procurado no implicarme demasiado en nada y con nadie.
Para mi Internet es como una "corrala":
Esta el vecino del segundo A, que es un pintor con futuro; la vecina del primero D, que es una narradora con mucho que contar y que lo hace con talento; el vecino del tercero C, que es un ser carismático, irónico y divertido (también tiene mucho que contar, pero lo hace de forma seriada)..., y así podría hablar de muchos y muchos vecinos que puedo reconocer y apreciar por sus escritos. Me encanta saludarlos y compartir letras con ellos, pero sin olvidar que son letras en una pantalla y que puede existir afinidad e, incluso, conexión, pero que los amigos son los de piel, afecto y dedicación. A veces se tiende a olvidar este pensamiento, creando falsas expectativas que, por lo general, no son realistas. (Aunque supongo que, como en todo, habrá excepciones).
Según mi experiencia, hay que entrar en Internet con buenas intenciones y comportándonos como lo hacemos en nuestra cotidianidad. En ocasiones mi talante puede ser algo directo -incluso algo duro-, sobre todo cuando la estupidez o la injusticia se ceban con alguien de modo gratuito. Pero suelo entrar relajada y tranquila, obviando aquello que no me incumbe o no me interesa, y, por supuesto, de aquellos que me puedan responder de forma personal: no tengo el más mínimo interés en entrar en debates sobre mi mismidad (excepto con quien a mi me de la gana). También en Internet soy yo la que elijo que quiero, que me interesa y que me resbala.
El quid de la cuestión, según mi opinión, es cierto grado de flexibilidad ante las actitudes de los demás, relativizar posiciones y no tomarse nada demasiado en serio.
Con filetes finos de ternera se envuelven las tiras de esa especie de jamón serrano italiano (cuya sustitución por pernil hispano no es necesariamente ventajosa pero tampoco disparatada) y hojas frescas de salvia (difíciles de encontrar, pero insustituibles). Cada elemento se sujeta con un palillo o un atadillo de bramante fino y se doran pacientemente en mantequilla a fuego sensible pero no fuerte. Cuando estén todos reciben una bendición de pimienta y vuelven a la sartén o cazuela para esta vez dormitar unos minutos en un baño de vino de marsala hasta que reduzca si consumir toda la salsa. Como guarnición unas tiritas de pimiento verde bien fritas en oliva virgen.
(El marsala es aquí un licor difícil de encontrar, y en ocasiones bastante caro. Puede recurrise a un montilla abocado o a un jerez oloroso de calidad.)
Frecuentemente confundimos Amor con pasión, siendo éstas, sin embargo, dos palabras antagónicas. Amor significa dar sin esperar recompensa de ninguna clase; ser generoso y tolerante, incluyéndose en estos dos adjetivos, todos los demás sinónimos que se nos puedan ocurrir. Por el contrario, la pasión, conlleva una doble intencionalidad como resultado de una necesidad íntima de ser amados.
El verdadero Amor produce una sensación indescriptible de serena libertad y bienestar, en la que no hay espacio para la culpa y sí para merecer vivir en la excelencia.
Pero a consecuencia de un erróneo proceso educacional, caemos en la equivocación de confundir el concepto e interpretar que amar es "necesitar" a alguien, "le amo tanto que no sabría vivir sin..." se oye frecuentemente. Pero eso no es Amor, sino un síntoma de que la presión de nuestras emociones nos mantiene atrapados y enganchados a situaciones y a personas como si éstas fueran nuestra tabla de salvación.
Es curioso que los seres humanos aceptemos fácilmente como verdad, el mundo ilusorio de nuestros pensamientos y, sin embargo, creemos innumerables obstáculos a la hora de admitir las autenticas verdades sobre nuestras emociones.
2. Dos cosas que no te gusten La envidia y la denigración
3. Y dos cosas que te gustan muchísimo La complicidad y la calidez.
4. ¿Tienes un perro? ¿Y un gato? Tengo una perra y tuve una gata
5. ¿Ves la televisión durante la comida? Raramente.
6. ¿Con quién compartes tus problemas? Conmigo misma o con una amiga... por este orden.
7. ¿Duermes la siesta? Algunas veces, sobre todo en verano.
8. ¿En qué parte de la casa duermes la siesta cuando quieres estar cómodo/a? En el estudio.
9. ¿Cuántas horas dormiste anoche? Seis, como casi siempre.
10. ¿Tienes miedo de las cucarachas? No
En medio de su pecho
los veleros habían armado una red tímida
que tenía una voz llena de lámparas y eclipses
y un párpado tejido por los vientos.
Ella seguía siendo universal y nítida.
Una garganta llena de distancias
era la flauta que encantaba los ecos olvidados
en el fondo de las corrientes marinas,
pemutadas de cauces en las verdes islas de sus ojos.
Ella estaba lejos de todo. Todo estaba al lado suyo.
Una mañana, el pongo que servia al su patrón, se acerca a él le dice:
- Patrón, he soñado está noche con usté.
- ¿De veras? -le responde el patrón.
- Si, señor, de veras.
- Y que soñaste.
- Soñé que los dos, después de muertos, entrábamos en el Cielo.
- ¡Que bueno! Y que sucedió.
- Pues sucedió que Dios decidió que usté fuera embadurnado con todo tipo de esencias y ricos ungüentos: Miel, Lavanda, Caramelo...
- ¿Y que decidió Dios para ti?
- Pues para mí, Dios decidió que me embadurnaran con mierda de vaca, boñigas de equino y todas las basuras que pueda imaginar.
- Normal -exclamó el patrón-, has de comprender que en el Cielo como en la Tierra: yo soy el Patrón y tú un pongo gañan... ¿Y sucedió algo más?
- Pues sí, patrón. Sucedió que después de ser embadurnados ambos, Dios dijo: "Ahora lámanse el uno al otro".









































