"Y sí, te quiero abierto
como el centro imposible de un mundo transparente,
sí, te quiero imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua.
Y es por eso que dejo resonar la memoria,
todas esas palabras de hilo que se enredan
en tu boca o en la mía."
Cuando te hayas consolado, estarás contenta de haberme conocido. "
El Principito, Saint-Exupéry
"Walter Benjamin dijo una vez que la primera experiencia que el niño tiene del mundo no es que "los adultos sean más fuertes, sino su incapacidad para la magia". La afirmación , hecha bajo el efecto de una dosis de veinte miligramos de mescalina, no es por eso menos exacta. Es probable, de hecho , que la invencilble tristeza en la que se precipitan a veces los adolescentes surja precisamente de esa conciencia de no ser capaces de magia. Aquello que podemos alcanzar a través de nuestros méritos y de nuestras fatigas no puede, en efecto, hacernos verdaderamente felices. Sólo la magia puede hacerlo. Lo que no se le escapó al genio infantil de Mozart, quien en una carta a Bullinger señala con precisón la secreta solidaridad entre magia y felicidad: "Vivir bien y vivir feliz son dos cosas distintas, y la segunda sin duda no me sucederá sin algo de magia. Por eso debería ocurrir algo en verdad fuera de lo normal."
Los niños, como las criaturas de las fábulas, saben perfectamente que para ser felices hace falta predisponer a nuestro favor al genio de la lámpara, tener en casa el burro de las monedas o la gallina de los huevos de oro. En cada ocasión, conocer el lugar y la fórmula vale más que afanarse honestamente a alcanzar un objetivo. Magia significa precisamente que nadie puede ser digno de la felicidad; que, como sabían los antiguos, la felicidad que corresponde al hombre es siempre hibris, es siempre arrogancia y exceso. Pero si alguien consigue someter la suerte con el engaño; si su felicidad depende no de aquello que él es sino de una nuez encantada o de un ábrete sésamo, entonces y sólo entonces puede en verdad llamársele bienaventurado."
Fragmento de "Profanaciones", Giorgio Agamben
Ingredientes:
- 800 gramos de bacalao previamente remojado 24 horas
- 1 tacita de aceite de oliva virgen
- 1 tacita de leche
- 1 diente de ajo
- 2 hojas de laurel
- 1/2 limón
- pimienta.
Preparación:
Sacar el bacalao del agua de la última agua de remojo y poner en una cazuela cubierto con agua fría y las hojas de laurel sin que llegue a hervir y mantenerlo escaldando 10 minutos. Sacarlo, escurrir y quitar la piel, las espinas y desmenuzarlo
machacar en el mortero el ajo y añadir poco a poco el bacalao, moviendo hasta obtener una pasta fina.
Templar el aceite y agregarlo en un hilo fino, mientras se sigue removiendo. Templar la leche y añadir lentamente, sin dejar de remover. Agregar la sal, el zumo de limón y la pimienta.
Servir con tostadas de pan frotadas con ajo.
"... si el terrorismo persigue, a través de irradiar el terror a toda la población, fines políticos que no puede conseguir por medios democráticos, es evidente que este atentado fue la esencia del terrorismo.
Porque durante ese fin de semana, durante esas angustiosas 48 horas -sin pretender compararlo al sufrimiento de su familia, de su círculo más cercano-, es evidente que los españoles pudieron sentirse hermanos, padres, primos, amigos, novias de Miguel Ángel Blanco.
Pocas veces, y eso debe tenerse en cuenta por la sala, un asesino ha tenido tantos motivos para evitar llevar a cabo su despreciable propósito. Pocas veces ha tenido que superar más escrúpulos y difícilmente explicable es que no haya sido capaz de oír el clamor desesperado de una sociedad que le reclamaba clemencia. Los gritos de las manifestaciones sin duda debieron haberse oído en cualquier bajera, en cualquier lugar del País Vasco.
Tal vez de estos hechos sólo pueda rescatarse la unión de los vascos, de los españoles, un clamor social que hoy llega institucionalizado en lo que se llamó el “espíritu de Ermua”, en lo que fue una auténtica rebelión cívica para evitar el colmo de un acorralamiento de las víctimas y de todos aquellos que no participaban de un nacionalismo violento...
Si a ello unimos la pasmosa y sorprendente conducta de indiferencia de los acusados durante el juicio, se apreciará la necesidad de un largo tratamiento penitenciario de manera que las penas no puedan ser otras que las solicitadas por este Ministerio Fiscal. Quienes hemos estado presentes en esta sala no podemos comprender la indiferencia de los acusados, como no sea una artificial pantalla para salvar su cobardía de enfrentarse a la acusación y a este juicio. Nada más."
Fragmento: "Informe del fiscal Miguel Ángel Carballo"
"... En más de una ocasión he hablado de la progresiva infantilización del mundo y de la aspiración de todo quisque a carecer de responsabilidades y a ser menor de edad indefinidamente. Pero hay que matizar esto: en realidad todos quieren ser mayores de edad en principio, tomar iniciativas, no ser coartados, hacer lo que les venga en gana, disponer de su dinero como mejor les parezca, ir donde les plazca. Lo cual está muy bien y es, en efecto, lo propio de los adultos. Demasiadas personas, sin embargo, dejan de ser esto último en cuanto las cosas les salen mal o se tuercen, y entonces exigen volver a la condición de niños. Hay, así, la descarada tendencia a cambiar las reglas del juego a conveniencia, algo que nunca es aceptable pero que, extrañamente, cada día se impone más y se acepta. Los damnificados por las aparentes estafas de los sellos fueron libres de invertir sus ahorros e intentar hacer negocio con entidades mercantiles, no financieras, y por tanto no garantizadas igual que éstas. No pidieron permiso a nadie, pero ahora, cuando se descubre el timo, algunas voces están ya pidiendo el amparo del Estado, si no el adelanto parcial de lo perdido, a cargo de sus inocentes conciudadanos. Muchos turistas se van a países en los que hay guerrillas o mafias activas, y si allí los secuestran pretenden que sea el Gobierno quien los rescate. Muchos conductores se echan a la carretera cuando se anuncian nevadas, y si quedan atrapados por el temporal, se quejan a las autoridades de que no los saquen inmediatamente del atolladero. Si a unos españoles los pilla en Nueva Orleans el Katrina, se indignan con la Embajada de Washington si ésta no abandona todo en el acto para socorrerlos, pero esa Embajada no los instó ni invitó a viajar a esa zona de huracanes. Y lo peor es que, cuando antes o después las ayudas llegan, esos mayores de edad convertidos repentinamente en menores ni siquiera las agradecen, muchas veces. Me temo que la frecuencia y reiteración de estas actitudes habla, por desgracia, de una sociedad más bien caprichosa, consentida, exigente e ingrata..."
Javier Marías. El País Semanal (28-05-2006)
"Éstas son las últimas cosas - esciribiría ella-. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo.
No espero que me entiendas. Tú no has visto nada de esto y, aunque lo intentaras, jamás podrías imaginártelo. Éstas son las últimas cosas. Una casa está aquí un día y al siguiente desaparece. Una calle, por la que uno caminaba ayer, hoy ya no está aquí. Incluso el clima cambia de forma continua: un día de sol, seguido de uno de lluvia; un día de nieve, luego uno de niebla; templado, después fresco; viento seguido de quietud; un rato de frío intenso y hoy, por ejemplo, en pleno invierno, una tarde de luz esplendorosa, tan cálida que no necesitas llevar más que un jersey.
Cuando vives en la ciudad, aprendes a no dar nada por sentado. Cierras los ojos un momento, o te das la vuelta para mirar otra cosa y aquella que tenías delante desaparece de repente. Nada perdura, ya ves, ni siquiera los pensamientos en tu inteior. Y no vale la pena perder el tiempo buscándolos; una vez que una cosa desaparece, ha llegado a su fín."
Fragmento del libro "El país de las últimas cosas", Paul Auster.
"Pero nada hay más grato
que ser dueño de los templos excelsos,
guarnecidos por el saber tranquilo de los sabios,
desde do puedas distinguir a otros
y ver cómo confusos se extravían
y buscan el camino de la vida.
Vagabundos, debaten por nobleza,
se disputan la palma del ingenio,
y de noche y de día no sosiegan
por oro amontonar y ser tiranos.
¡Oh míseros humanos pensamientos!
¡Oh pechos ciegos!
¡Entre qué tinieblas y a qué peligros
exponéis la vida tan rápida, tan tenue!
¿Por ventura no oís el grito de naturaleza,
que alejando del cuerpo los dolores,
de grata sensación el alma cerca,
librándola de miedo y de cuidado?"
Dale vida a los sueños que alimentan el alma,
no los confundas nunca con realidades vanas.
Y aunque tu mente sienta necesidad, humana,
de conseguir las metas y de escalar montañas,
nunca rompas tus sueños, porque matas el alma.
Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco,
no los dejes que mueran de hastío, poco a poco,
no les rompas las alas, que son de fantasía,
y déjalos que vuelen contigo en compañía.
Dale vida a tus sueños y, con ellos volando,
tocarás las estrellas y el viento, susurrando,
te contará secretos que para ti ha guardado
y sentirás el cuerpo con caricias, bañado,
del alma que despierta para estar a tu lado.
Dale vida a los sueños que tienes escondidos,
descubrirás que puedes vivir estos momentos
con los ojos abiertos y los miedos dormidos,
con los ojos cerrados y los sueños despierto.
"Una de las cosas más extrañas de la vida es que solamente de tarde en tarde uno puede estar seguro de que vivirá. A veces uno lo sabe cuando se levanta con el tierno y solemne amanecer, y se sale afuera y se queda solo; y se echa la cabeza hacia trás y mira arriba y más arriba, y observa cómo el pálido cielo azul va cambiando lentamente y cosas maravillosas e insólitas van sucediendo, hasta que el Oriente casi le hace a uno gritar, y el corazón parece dejar de latir ante la inexplicable, imperturbable majestuosidad del sol naciente. Esto es lo que sucede cada mañana desde hace miles y miles de años. Es entonces cuando durante un instante lo sabes. Y también lo sabes a veces cuando uno está solo en un bosque, durante el crepúsculo, y la misteriosa quietud de oro intenso que penetra inclinada entre las ramas, y debajo de ellas, parece que nos dijera lentamente, una y otra vez, algo que no se puede ni oír, por mucho que lo intentes. Y luego a veces el inmenso sosiego del azul oscuro de la noche, con millares de estrellas esperando y mirando, te lo confirma; y a veces una música lejana lo hace realidad; y a veces, una mirada de los ojos de alguien."
Fragmento de "El jardín secreto", Frances Hodgson Burnett
Sean McGuire, de "El Indomable Will Hunting"
"- ¿Por qué no debería trabajar para ustedes?
Pregunta difícil… pero intentare responderla…
Imaginemos que empiezo a trabajar y me ponen un código sobre la mesa, uno con el que nadie puede, yo intento descifrarlo y lo consigo, y me siento satisfecho porque he hecho bien mi trabajo, pero a lo mejor ese código era la situación de un ejército rebelde en el norte de África, y en cuanto han localizado su escondite bombardean el pueblo donde se esconden los rebeldes, mueren quinientas personas a las que no conocía y con las que no tenía ningún problema, y luego los políticos dicen “enviemos a los marines para asegurar el área” aunque les importa una mierda, no serán sus hijos los que vayan a morir, los suyos tienen recomendación y se pegan la vida madre en la guardia nacional… será un chico de Southfleid al que llenaran el culo de metralla y cuando vuelva descubrirá que la planta en la que trabajaba ha sido trasladada al país del que acaba de volver, y el tipo que le llenó el culo de metralla le ha quitado el trabajo porque lo hará por quince centavos al día y sin pausas para mear… y luego el chico comprende que el único motivo por el que lo enviaron allí fue para instaurar un gobierno que nos vendería el petróleo a buen precio, y las compañías petrolíferas han aprovechado el conflicto para disparar el precio de la gasolina, lo que supone un hermoso beneficio para ellas, de modo que a mi colega no le ha servido de nada, así que se toman su tiempo para traer el petróleo nuevo, y se toman la libertad de contratar a un capitán mercante borracho al que le gusta darle al martini y hacer slalom sobre los icebergs, a medio camino choca con uno, derrama el petróleo y se carga la fauna del atlántico norte… mi colega esta en el paro, no puede pagar la gasolina y va andando a buscar empleo y eso le putea porque la metralla del culo le ha provocado hemorroides, y esta muerto de hambre porque cuando va a comer, el único plato del día que sirven es pescado del atlántico norte al aceite de motor… ¿Qué que me parece? creo que puedo montármelo mejor, pienso ¡qué coño! ya puestos ¿por qué no me cargo a mi colega? le quito su trabajo, se lo doy a su enemigo, subo la gasolina, bombardeo un pueblo, mato a una foca a golpes, fumo maría y me apunto a la guardia nacional… ¡podría llegar a presidente!”.
Monólogo Will Hungting, de la película "El Indomable Will Hunting"
Los sabores aromados, los atardeceres de desvaríos, mi alma embrujada, las noches soleadas de luna, los colores de mi paleta, mi boca húmeda, las gotas de sudor, mi mar interno... y ese perfume afiebrado de almizcle.", Amalia Bautista
Ingredientes:
- 600 grs. de higos frescos
- 100 grs. de azúcar
- 1/2 l. de agua
1 rama de canela
- 50 grs. de pasas de Corinto
- 1 copa de Pedro Ximénez
- 100 grs de requesón.
Preparación:
Poner al fuego el agua, la mitad del azúcar, las pasas y el Pedro Ximénez. Una vez que empieza a hervir añadimos los higos, y continuamos la cocción a fuego muy suave. Cuando comprobamos que los higos están tiernos, retiramos y dejamos enfriar.
Se mezcla la mitad de azúcar que queda con el requesón, moviéndolo suavemente hasta que quede con la consistencia de una crema.
Servir los higos con la crema de requesón, cubriendolo con la salsa de Pedro Ximenez donde se cocierón los higos.
Existe un tipo de personaje - generalmente mujer de clase media con aspiraciones imposibles, aunque también se da en algunos hombres -, a la búsqueda de un lugar en su estereotipada idea de mundo. Esta heroína irrisoria trama sus erráticos deseos en una tupida urdimbre de equívocos, generados, en gran medida, por la continua doblez con que solapan sus verdaderos pensamientos y sentimientos y con una verdad interior tan maliciosa y mezquina como la exterior.
Menos mal que tengo un muy eficaz radar para detectarlas y, curiosamente, ellas me detectan a mí con la misma rapidez. Quizá por aquella teoría que dice que los contrarios han de reconocerse... por si acaso
De "El Licenciado Vidriera", Miguel de Cervantes
Según Zimbardo hay varias clases de timidez; con todo entiende la timidez como un componente fundamental de la extructura y organización de la personalidad.
Una de esas tres clases descritas por Zimbardo, incluye: " Aquellos individuos que no temen la interacción social, simplemente prefieren estar solos sintiéndose más cómodos con sus ideas y sus objetos inanimados que con la gente".
Estos individuos, según Eysenck, suelen ser sujetos introspectivos; distantes con los demás, excepto con los amigos íntimos; cautelosos, con elevado control emocional y tranquilos. Dicho control y tranquilidad tienden a disminuir con aquella interacción que requiera cubrir alguna expectativa externa.
Mitología del tiempo y del espacio.
Recreadamente sola en los espejos,
en el paladar del ancla sin voz
que rompe los secretos del mar.
Mujer de otoño.
Sola en el jazmín, en el aroma
que despierta el instinto de los sueños.
Sola en el aire.
Escapas, vuelas, quiebras los versos
y el universo azul de los incansables océanos.
Regresas, escribes, hundes tus manos en la luz.
El pan, los metales fundidos... Repique sordo de campanas.
Etre las estrellas del asfalto y los libros del viento,
te inventas y derramas como lluvia vestida por tinta.
Recreada una y otra vez en la textura del polen,
en el perfil alejado de las gaviotas,
en los mudos recuerdos de un libro aún no escrito.
En el papel, en invisibles renglones,
en la ruleta caprichosa de acentos, puntos, y comas.
Mitología febril, libre del alma de las brumas,
diosa desnuda en espiral que baja a los infiernos fríos
de cada amanecer con puntuales besos de los labios del Sol.
Mujer de otoño.
Reina de imposibles repúblicas soñadas.
Abrasando y quemando,
despiertas el agua dormida en el estanque
y el rebelde arrebato de los ríos.
A borbotones bordando un ajuar de las palabras nuevas.
Asomada a la ventana de los lienzos.
Cielo templado en el color de la acuarela.
Óleo rojo cabalgando sobre el tacto dócil de la arcilla.
Mujer de otoño.
En el viejo poema que hoy parece nuevo,
allí donde los árboles petrificados de un bosque te recitan,
allí donde el poeta inventa un camino, un pincel, un vuelo
de insectos ciegos por el efímero fulgor de otra primavera."
Vida honesta y arreglada,
tomar muy pocos remedios,
y tratar por todos los medios
de no alterarse por nada.
La comida moderada,
ejercicio y distracción,
no tener nunca aprensión.
Salir al campo algún rato,
poco ruido, mucho trato,
y continúa ocupación.
Universidad de Medicina de Padua, siglo XII
Ingredientes:
Champagne o cava
1 golpe de sirope
1 golpe de coñac
Fresas (no frambuesas)
- Depositar algunas fresas en el fondo de cada copa.
- Verter el sirope y el coñac.
- Llenar la copa con champagne
No olvidar preparar una pequeña bandeja con fresas, bañadas en jarabe y en coñac con objeto de continuar disfrutando de este pequeño placer hasta el fin de la botella.
(El champagne ha de tenerse en un frappe para que se mantenga frío).
Tres hombres llegan simultáneamente a las puertas del cielo. San Pedro sale y les dice:
- Tenemos malas noticias para dos de ustedes, estamos teniendo problemas en nuestra área de admisiones y sólo puedo dejar entrar a uno de los tres esta semana. Los otros dos bajarán al infierno a sufrir atroces torturas durante unos días, pero no puedo hacer otra cosa.
San Pedro continuó explicando:
- La persona que cuente la mejor historia de cómo murió será la que pueda entrar en el cielo hoy.
Los tres hombres asintieron.
San Pedro, los hace pasar de a uno a su oficina, para que los otros no escuchasen la historia y mejorasen la suya con algún "adorno".
El primer hombre pasó y empezó a relatar:
- Yo sabía que mi mujer me estaba engañando, así que intenté llegar a media mañana a casa.... subí los 12 pisos del edificio por la escalera, para no hacer ruido con el ascensor..., abrí la puerta de mi casa y allí estaba ella - ¡la muy golfa! - totalmente desnuda en el suelo... Sabía que la había cazado. Corrí por todo la casa en busca de su amante, arriba, abajo, debajo de la cama, en todos los armarios... ¡Nada! Estaba a punto de pedirle disculpas por ser tan mal pensado mientras ella me decía que hacía gimnasia desnuda porque le gustaba, cuando oí unos ruidos en la ventana... scratch, scratch, scratch... Abrí la ventana y allí estaba el desgraciado, colgando de la cornisa. Agarré mi bate de béisbol y le di en la cabeza. Vi como se caía, pero tuvo suerte y aterrizó en un montón de maleza. ¡Se estaba moviendo! Desesperado porque se me escapaba, sujete el frigorífico y lo llevé hasta la ventana. Con gran esfuerzo pude ponerlo encima de la cornisa y, al empujarlo, se me enganchó la chaqueta, por lo que caí con el frigorífico y encontré mi muerte. Al menos estoy feliz porque aniquilé al amante de mi esposa.
San Pedro no podía imaginarse historia más increíble cuando hizo pasar al segundo hombre:
- Bueno, yo soy un limpiador de ventanas. Yo estaba haciendo tranquilamente mi trabajo en un piso alto cuando una de las cuerdas repentinamente se rompió. Me agarré de la plataforma pero me fueron resbalando las manos hasta que caí al vacío. Levanté las manos pensando en mi muerte. Afortunadamente logré agarrarme de una de las cornisas del edificio. ¡¡Estaba salvado!! Estaba dando gracias a Dios e intentando que la gente que estaba dentro del edificio me salvaran definitivamente. Empecé a rascar en la ventana cuando un hombre la abrió y me pegó un tremendo golpe con un bate de beisbol. Caí al vacío otra vez, maldiciendo a esa mala persona cuando mi ángel de la guarda me permitió seguir viviendo, con un montón de maleza justo bajo mi caída. Cuando conseguí abrir los ojos para agradecer a Dios tanta fortuna, ¡un frigorífico estaba cayendo encima mío!. Sin duda era mi destino y así encontré la muerte.
San Pedro estaba estupefacto. Hizo pasar al último hombre y le dice:
- Hijo, más vale que tengas una muy buena historia porque la del anterior... ¡realmente es increíble!
Así el último hombre lo miró y comenzó:
- Pues vera, estaba yo desnudo, escondido en un frigorífico, cuando...
Aunque mis ojos
ya no puedan ver ese puro destello,
que me deslumbraba.
Aunque ya nada pueda devolver la hora
del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no hay que afligirse.
Porque la belleza
siempre subsiste en el recuerdo
William Wordsworth
¡Oh, los bellos atardeceres! Ante los brillantes cafés de los bulevares, en las terrazas de las horchaterías de moda, ¿qué de mujeres con trajes multicolores, qué de elegantes "callejeras" dándose tono!
Y he aquí las pequeñas vendedoras de flores, que circulan con sus frágiles canastillas.
Las bellas desocupadas aceptan esas flores perecederas, sobrecogidas, misteriosas...
- ¿Misteriosas?
- ¡Sí, sí las hay!
Existe, -sépanlo, sonrientes lectores-, existe en el mismo París cierta agencia que se entiende con varios conductores de los entierros de lujo, incluso con enterradores, para despojar a los difuntos de la mañana, no dejando que se marchiten inútilmente en las sepulturas todos esos espléndidos ramos de flores, esas coronas, esas rosas que, por centenares, el amor filial o conyugal coloca diariamente en los catafalcos.
Estas flores casi siempre quedan olvidadas después de las fúnebres ceremonias. No se piensa más en ello; se tiene prisa por volver. ¡Se concibe! Es entonces cuando nuestros amables enterradores se muestran más alegres. ¡No olvidan las flores estos señores! No están en las nubes; son gente práctica. Las quitan a brazadas, en silencio. Arrojarlas apresuradamente por encima del muro, sobre un carretón propicio, es para ellos cosa de un instante.
Dos o tres de los más avispados y espabilados transportan la preciosa carga a unos floristas amigos, quienes gracias a sus manos de hada, distribuyen de mil maneras, en ramitos de corpiño, de mano, en rosas aisladas inclusive, estos melancólicos despojos.
Llegan luego las pequeñas floristas nocturnas, cada una con su cestita. Pronto circulan incesantemente, a las primeras luces de los reverberos, por los bulevares, por las terrazas brillantes, por los mil y un sitios de placer.
Y jóvenes aburridos y deseosos de hacerse agradables a las elegantes, hacia las cuales sienten alguna inclinación, compran estas flores a elevados precios y las ofrecen a sus damas.
Estas, todas con rostros empolvados, las aceptan con una sonrisa indiferente y las conservan en la mano, o bien las colocan en sus corpiños.
Y los reflejos del gas empalidecen los rostros. De suerte que estas criaturas-espectros, adornadas así con flores de la Muerte, llevan, sin saberlo, el emblema del amor que ellas dieron y el amor que reciben.
De "Cuentos crueles", Villiers de L'Isle-Adam
"¡No soy Nadie!, ¿tú quién eres?
¿Eres tú nadie también?
¿Entonces ya somos dos?
¡No lo digas!, lo pregonarían, ya sabes.
¡Qué aburrido ser Alguien!
¡Qué vulgar, como una rana
decir tu nombre, todo el santo junio,
a la primera charca que te admire!"
Emily Dickinson
Quand nous chanterons le temps des cerises
Et gai rossignol et merle moqueur
Seront tous en fête
Les belles auront la folie en tête
Et les amoureux du soleil au coeur
Quand nous chanterons le temps des cerises
Sifflera bien mieux le merle moqueur
Mais il est bien court le temps des cerises
Où l'on s'en va deux cueillir en rêvant
Des pendants d'oreilles
Cerises d'amour aux robes pareilles
Tombant sous la feuille en gouttes de sang
Mais il est bien court le temps des cerises
Pendants de corail qu'on cueille en rêvant
Quand vous en serez au temps des cerises
Si vous avez peur des chagrins d'amour
Évitez les belles
Moi qui ne crains pas les peines cruelles
Je ne vivrai pas sans souffrir un jour
Quand vous en serez au temps des cerises
Vous aurez aussi des peines d'amour
J'aimerai toujours le temps des cerises
C'est de ce temps-là que je garde au coeur
Une plaie ouverte
Et Dame Fortune, en m'étant offerte
Ne pourra jamais fermer ma douleur
J'aimerai toujours le temps des cerises
Et le souvenir que je garde au coeur
Jean-Baptiste Clément (1866)
Ingredientes:
2 huevos mas una yema
2 tazas de leche entera
¼ taza mantequilla derretida
¼ taza de azúcar
¾ taza harina
una pizca de sal
2 tazas de cerezas frescas sin hueso
Azúcar glasé
En un bol, mezclar los huevos, yema, leche, mantequilla y mezclar todo bien. Añadir el azúcar, harina, y la pizca de sal, y continuar mezclando.
Poner las cerezas en un recipiente untado con mantequilla y cubrir con la mezcla.
Meter en horno precalentado a fuego mediano (175º) unos 30 minutos. Ha de quedar dorado. Esparcir sobre él azúcar glasé y servir tibio.
Durante ocho años, tuvimos un gobierno que utilizaba está máxima; de tal modo que caló en muchos españoles que, hasta ese momento, tenían actitudes democráticas y que, desde entonces y en la actualidad, se han vuelto tan intolerantes como la frase de Mateo.
No tengo porque estar contigo y eso no significa que esté contra ti... simplemente veo las cosas de otro modo. Me distancio de los hechos lo suficiente como para poder verlo con perspectiva. Nadie ve el paisaje desde la planicie, para ver el paisaje en toda su extensión, hay que distanciarse.
Y esto no es solamente aplicable a la política, sino también a las relaciones personales. Por ejemplo: Cuando una pareja de amigos se separa, de un sutil y perverso modo, te ves obligada a decidir por cual de los dos amigos tomas partido. De no ser así, pasas a ser tachado, por los “solidarizados” de uno y otro, como " traidora a la causa “... entre tirios y troyanos.
No, no es así. No debe ser así; esa es una posición inmadura, casi infantil, que muestra la intransigencia en su modo más cruel; porque tanto más cruel es una acción, cuanto más se personaliza.
Y con este devenir de las relaciones personales en la sociedad actual, dan ganas de implicarse cada vez menos.
La amistad que da sin esperar nada a cambio; entendiendo al otro y poniéndose en su lugar; creando una corriente de empático afecto y generosas reacciones, esta en grave peligro de extinción.
Quizá los pocos que podamos quedar - que seguimos viendo y sintiendo las relaciones personales como algo importante y desde la profundidad de nuestras emociones -, esos que con una mirada contemplamos el alma del amigo, debemos cuidar con mimo la elección.
"No me interesa lo que haces para ganarte la vida.
- Quiero saber cual es tu dolor, y si te atreves a soñar que te permites encontrar lo que tu corazón añora.
No me interesa cuantos años tienes.
- Quiero saber si te arriesgarías a parecer un tonto por amor, por tus sueños o por la aventura de estar vivo.
No me interesan qué planetas hacen la cuadratura de tu luna.
- Quiero saber si has tocado el centro de tu propio dolor, si las traiciones de la vida te han abierto o si te has encogido y cerrado por el temor a sentir más dolor.
- Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, mío o tuyo, sin moverte para esconderlo o para resolverlo.
- Quiero saber si puedes estar con el gozo, tuyo o mío; si puedes danzar, salvajemente y dejar que el éxtasis te llene hasta las yemas de los dedos de las manos y de los pies, sin advertirnos que debemos tener cuidado y ser realistas, ni recordarnos las limitaciones de ser humanos.
No me interesa si es verdadera la historia que me cuentas.
- Quiero saber si puedes desilusionar a otra persona para ser auténtico contigo mismo; si puedes soportar la acusación de ser un traidor y no traicionar tu alma.
- Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto confiable.
- Quiero saber si puedes sentir la belleza aún cuando no todos los días son bellos, y si puedes encontrar la fuente de tu vida en su presencia.
- Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, tuyo o mío, y a pesar de ello pararte a la orilla de un lago y gritar "¡SI!" al plateado de la luna llena.
No me interesa saber donde vives ni cuanto dinero tienes.
- Quiero saber si puedes ponerte de pie, después de una noche de dolor y desesperanza, agotado y golpeado hasta los huesos, y hacer lo que hay que hacer por los niños.
No me interesa quién eres, ni cómo llegaste aquí.
- Quiero saber si permanecerías conmigo en el centro del fuego sin echarte para atrás.
No me interesa donde has estudiado, ni que has estudiado, ni con quién lo has hecho.
- Quiero saber que es lo que te sostiene desde adentro cuando todo lo demás falla.
- Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo y si te agrada verdaderamente la compañía que buscas en los momentos vacíos."
Oriah
"Adiós, pero conmigo
serás,
irás adentro de una gota de sangre
que circule en mis venas o fuera,
beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después de la tormenta,
la lluvia lavó el aire y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.
Adorada, me voy a mis combates.
Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como llevo
las manos llenas de tu ser desnudo, mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
...
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura."
Framento de La Carta, de "Los versos del Capitán", Pablo Neruda
































