De la busqueda
"Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser", Jean Paul Sartre
" Desde el nacimiento descubrimos que ciertas situaciones y cosas nos hacen daño, mientras que otras nos benefician. Ante esto aparece lo que será nuestro interés primordial para el resto de la vida, evitar sufrir y procurar ser lo más feliz posible. Todas nuestras acciones irán encaminadas a evitar lo dañino y atraer lo bueno. Sin embargo, a pesar de nuestro interés, no siempre estamos dotados para lograrlo; de hecho, con frecuencia el intenso anhelo de ser feliz nos lleva a situaciones de desdicha de las que sólo salimos con gran esfuerzo y dedicación; pero que nos incitan a perseguir más felicidad y atraen nuevas desgracias.
Conforme transcurre la vida y vamos experimentando situaciones, empezamos a creer que ciertas circunstancias concretas son la felicidad, y comenzamos a forjar las nociones que conforman la vida que nos haría dichosos. A partir de ahí, sin darnos cuenta y sin considerar cabalmente nuestras suposiciones, dedicamos todo nuestro empeño en conseguir ese modelo de vida. Invertimos años en hacerlo y las mayoría de las veces no lo alcanzamos; el resultado es una vida dando bandazos entre momentos felices y momentos desgraciados. Son muy afortunados los que llegan pronto a conseguir sus metas porque antes descubren que todo era una quimera y antes pueden enfocar su vida hacia algo más fructífero. Pero, la mayoría no llegamos a ello, nos quedamos atrapados en nuestra fantasía esperada y desperdiciamos la vida persiguiéndola.
No es solamente el hecho de buscar una posición económica, tener un chalet en un lugar retirado o un buen coche. Afortunadamente, la mayoría sabemos, hoy en día que la felicidad no consiste sólo en eso. Pero psicológicamente están presentes fantasías muy sutiles y menos conscientes. Por ejemplo, la persona que sueña tener una gran familia, la que sueña con poder retirarse un día a dedicarse a la contemplación o la que espera ser admirada por sus creaciones artísticas. Hay quien espera que llegue un momento en que todo el universo le aprecie y hay quien espera poder desaparecer solo en la inmensidad del cosmos; hay quien fantasea con la idea de ser admirado y respetado, y hay quien desea convertirse en un ser intangible. Tenemos metas personales, de carácter, inscritas en la imagen que tenemos de nosotros mismos. A menudo no las conseguimos y en caso de obtenerlas no nos dan lo que esperábamos y nos dejan tan insatisfechos como antes. La cuestión es que nos mantienen ocupados lo que dura la vida. "
Fragmento de "El hallazgo de la serenidad", Juan Manzanera
(Imagen: "Quiet contemplation", Kelli Rabideau
(Música: "Field Of Innocence", Evanescence
" Desde el nacimiento descubrimos que ciertas situaciones y cosas nos hacen daño, mientras que otras nos benefician. Ante esto aparece lo que será nuestro interés primordial para el resto de la vida, evitar sufrir y procurar ser lo más feliz posible. Todas nuestras acciones irán encaminadas a evitar lo dañino y atraer lo bueno. Sin embargo, a pesar de nuestro interés, no siempre estamos dotados para lograrlo; de hecho, con frecuencia el intenso anhelo de ser feliz nos lleva a situaciones de desdicha de las que sólo salimos con gran esfuerzo y dedicación; pero que nos incitan a perseguir más felicidad y atraen nuevas desgracias.
Conforme transcurre la vida y vamos experimentando situaciones, empezamos a creer que ciertas circunstancias concretas son la felicidad, y comenzamos a forjar las nociones que conforman la vida que nos haría dichosos. A partir de ahí, sin darnos cuenta y sin considerar cabalmente nuestras suposiciones, dedicamos todo nuestro empeño en conseguir ese modelo de vida. Invertimos años en hacerlo y las mayoría de las veces no lo alcanzamos; el resultado es una vida dando bandazos entre momentos felices y momentos desgraciados. Son muy afortunados los que llegan pronto a conseguir sus metas porque antes descubren que todo era una quimera y antes pueden enfocar su vida hacia algo más fructífero. Pero, la mayoría no llegamos a ello, nos quedamos atrapados en nuestra fantasía esperada y desperdiciamos la vida persiguiéndola.
No es solamente el hecho de buscar una posición económica, tener un chalet en un lugar retirado o un buen coche. Afortunadamente, la mayoría sabemos, hoy en día que la felicidad no consiste sólo en eso. Pero psicológicamente están presentes fantasías muy sutiles y menos conscientes. Por ejemplo, la persona que sueña tener una gran familia, la que sueña con poder retirarse un día a dedicarse a la contemplación o la que espera ser admirada por sus creaciones artísticas. Hay quien espera que llegue un momento en que todo el universo le aprecie y hay quien espera poder desaparecer solo en la inmensidad del cosmos; hay quien fantasea con la idea de ser admirado y respetado, y hay quien desea convertirse en un ser intangible. Tenemos metas personales, de carácter, inscritas en la imagen que tenemos de nosotros mismos. A menudo no las conseguimos y en caso de obtenerlas no nos dan lo que esperábamos y nos dejan tan insatisfechos como antes. La cuestión es que nos mantienen ocupados lo que dura la vida. "
Fragmento de "El hallazgo de la serenidad", Juan Manzanera
Etiquetas: busqueda
Crema de naranja y plátanos
Ingredientes:
4 plátanos medianos
El zumo de un limón
1 cucharadita de azúcar
1/2 taza de azúcar
4 yemas
2 tazas de leche
2 cucharadas de maicena
1/4 taza de zumo de naranja
1 cucharadita de ralladura de naranja.
Poner las yemas en una cacerola junto con el azúcar y mezclar bien. Agregar poco a poco la maicena sin dejar de remover y añadir la leche.
Llevar al fuego y continuar la cocción removiendo hasta que la crema comience a espesar. Retirar del fuego y dejar entibiar. Agregar el zumo de la naranja y la ralladura y mezclar con suavidad.
Poner esta crema en el frigorífico hasta que enfrie completamente. Aparte pelar y cortar en rodajas los platanos, rociarlas con el zumo de limón y mezclarlas con la cucharadita de azúcar.
Luego distribuirlas en cuatro cuencos individuales, cubrirlas con la crema fría y decorarlas con gajitos de naranja.
(Imagen: "Still life with bananas"
(Música: "Day O (Banana boat song)", Harry Belafonte)
4 plátanos medianos
El zumo de un limón
1 cucharadita de azúcar
1/2 taza de azúcar
4 yemas
2 tazas de leche
2 cucharadas de maicena
1/4 taza de zumo de naranja
1 cucharadita de ralladura de naranja.
Poner las yemas en una cacerola junto con el azúcar y mezclar bien. Agregar poco a poco la maicena sin dejar de remover y añadir la leche.
Llevar al fuego y continuar la cocción removiendo hasta que la crema comience a espesar. Retirar del fuego y dejar entibiar. Agregar el zumo de la naranja y la ralladura y mezclar con suavidad.
Poner esta crema en el frigorífico hasta que enfrie completamente. Aparte pelar y cortar en rodajas los platanos, rociarlas con el zumo de limón y mezclarlas con la cucharadita de azúcar.
Luego distribuirlas en cuatro cuencos individuales, cubrirlas con la crema fría y decorarlas con gajitos de naranja.
Posiblemente no volar muy alto...
¿Y qué quieres que haga?
¿Buscarme un protector? ¿Un amo tal vez?
Y como hiedra oscura que sube la pared, medrando sibilina y con adulación. ¿Cambiar de camisa para obtener posición?
¡No, gracias!
¿Dedicar, si viene al caso, versos a los banqueros?
¿Convertirme en payaso?
¿Adular con vileza los cuernos de un cabestro por temor a que me lance un gesto siniestro?
¡No, gracias!
¿Desayunar cada día un sapo?
¿Tener el vientre panzón? ¿Un papo
que me llegue a las rodillas con dolencias pestilentes de tanto hacer reverencias?
¡No, gracias!
¿Adular el talento de los camelos?
¿Vivir atemorizado por infames libelos
y repetir sin tregua: «Señores, soy un loro, quiero ver mi nombre escrito en letras de oro!»?
¡No, gracias!
¿Sentir terror a los anatemas?
¿Preferir las calumnias a los poemas?
¿Coleccionar medallas? ¿Urdir falacias?
¡No, gracias!
¡No, gracias!
¡No, gracias!...
Pero cantar... Soñar... Reír... Vivir... Estar solo...
Ser libre, tener el ojo avizor, la voz que vibre, ponerme por sombrero el universo, por un sí o por un no.
Batirme, o hacer un verso...
Despreciar con valor la gloria y la fortuna, viajar con la imaginación ¡a la luna!. Sólo al que vale reconocer los méritos, no pagar jamás por favores pretéritos, Renunciar para siempre a cadenas y protocolos.
Posiblemente no volar muy alto
Pero solo...
De Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand
(Imagen: "Man with a Pipe", Gustave Courbet)
(Música: "Avemano", ERA)
¿Buscarme un protector? ¿Un amo tal vez?
Y como hiedra oscura que sube la pared, medrando sibilina y con adulación. ¿Cambiar de camisa para obtener posición?
¡No, gracias!
¿Dedicar, si viene al caso, versos a los banqueros?
¿Convertirme en payaso?
¿Adular con vileza los cuernos de un cabestro por temor a que me lance un gesto siniestro?
¡No, gracias!
¿Desayunar cada día un sapo?
¿Tener el vientre panzón? ¿Un papo
que me llegue a las rodillas con dolencias pestilentes de tanto hacer reverencias?
¡No, gracias!
¿Adular el talento de los camelos?
¿Vivir atemorizado por infames libelos
y repetir sin tregua: «Señores, soy un loro, quiero ver mi nombre escrito en letras de oro!»?
¡No, gracias!
¿Sentir terror a los anatemas?
¿Preferir las calumnias a los poemas?
¿Coleccionar medallas? ¿Urdir falacias?
¡No, gracias!
¡No, gracias!
¡No, gracias!...
Pero cantar... Soñar... Reír... Vivir... Estar solo...
Ser libre, tener el ojo avizor, la voz que vibre, ponerme por sombrero el universo, por un sí o por un no.
Batirme, o hacer un verso...
Despreciar con valor la gloria y la fortuna, viajar con la imaginación ¡a la luna!. Sólo al que vale reconocer los méritos, no pagar jamás por favores pretéritos, Renunciar para siempre a cadenas y protocolos.
Posiblemente no volar muy alto
Pero solo...
De Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand
Etiquetas: gracias
La pareja suicida (o dos caras de la misma moneda)
En estos días hemos asistido al suicidio político de ambos polos del antisistema democrático, emparejados en ser derechas extremas, pues les une idéntica mentalidad totalitaria, so capa en el PP de falso afán liberal y, en ETA, de nacionalismo. Unos perpetúan el desprecio a la democracia de los viejos partidos conservadores, y los otros resucitan la "democracia de alpargata" del carlismo violento, que tras la defensa popular de los fueros vascos ocultaba el absolutismo más reaccionario. Su emparejamiento objetivo frente al actual Estado social y democrático de derecho denuncia su aparente enemistad radical, que ya no engaña a nadie, pues a los grupos políticos , como a las personas, hay que juzgarlos por lo que hacen y no por lo que dicen. Si liberales y carlistas impidieron la democracia española durante el siglo XIX y, unidos al golpista Franco, la erradicaron en el XX por las armas, ahora sus respectivos herederos mentales siguen apoyándose mutuamente en su feroz combate contra el Gobierno legítimo y electo de la ciudadanía. Pero el atentado de Barajas y la bochornosa actitud del aznariano Rajoy culpando del mismo (como en el 11-M) a Zapatero y no sumándose a la protesta general contra el atentado tras manipular fríamente a las víctimas del terrorismo han supuesto el suicidio político de quienes comprueban, sin reconocerlo nunca, su nulo futuro ante el veredicto de las urnas. De ahí que sus últimos actos constituyan más bien el levantamiento de un acta de últimas voluntades. ¿Alguien puede entender que los organizadores de múltiples manifestaciones contra Zapatero, incluida la del lunes, se negasen a participar en una sólo contra ETA y no contra el PP, e incluso exigieran que se desconvocara porque parecía favorecer al presidente del Gobierno? ¿A quién combate Rajoy: al enemigo de todos o al suyo propio? Patxi López y Josu Imaz han ido juntos en la manifestación convocada a favor de la paz y el diálogo por la Iglesia vasca, pero el PP acusa a ésta de estar al lado de ETA.
ETA ha fracasado siempre en su pertinaz empeño de ulsterizar el conflicto provocando una escalada de represión policial, e incluso militar, que exacerbe a todos los vascos y los integre masivamente en la lucha por la independencia. Su Gobierno español ideal es el neofranquista, dispuesto a responder incluso con el Ejército y sin diálogo político alguno con el nacionalismo vasco, incluido el PNV. Su mayor adversario es el Gobierno actual, firme frente a la violencia, de acuerdo con el leal Josu Imaz y dispuesto al diálogo con Batasuna si ésta se distancia de ETA. De ahí el apoyo etarra al PP para que expulse al ZP dialogante con la minoría social independentista, ya que puede integrarla de nuevo en la política democrática (como es el caso de ERC) dejando a ETA sin soporte popular.
Ciertamente, Rajoy cumple a la perfección el papel que de él espera la banda. Se niega a apoyar al Gobierno aunque Zapatero le apoyaba cuando estaba en la oposición; dinamita la unión de todos los demócratas y se hace portavoz etarra cuando le espeta al Presidente que si se niega al precio político exigido por ETA será culpable de sus asesinatos, y que, si éstos no se dieran, también lo sería, ya que eso implicaría sin ninguna duda que habría cedido ante el chantaje. Así como ETA sostiene que la bomba no rompe el alto el fuego y que es Zapatero quien lo ha roto, Rajoy proyecta en éste su propia alianza de intenciones con ETA, según la táctica neocon de calumniar sin descanso hasta que su mentira sea verdad para los futuros electores. Sólo le falta acudir, como hizo en el caso del 11-M, a otro descomunal embuste: si Zapatero pactó con ETA el atentado de Atocha para impedir la victoria electoral de Rajoy, ahora habría pactado el de Barajas para suspender el proceso de paz (apetitosa carne donde quiere hincar sus fauces el PP) hasta después de las elecciones de 2008, y de ese modo librarse en el interregno del acoso de su rival.
Si el PP perdió su poder mendaz por extremarlo de forma suicida, ahora pierde la posibilidad de recuperarlo al ponerse en contra del resto de los partidos , del propio Parlamento y de casi todo el país. A este suicidio habrá que sumar el impacto electoral que debiera tener la impresionante serie de corrupciones inmobiliarias y urbanísticas que protagoniza el PP y que demuestran el descaro con que la derecha se nutre, antes, con y después de Franco, de poder económico, siempre a costa del expolio de los bienes públicos y del medio ambiente. Por tanto, ETA perderá su mejor aliado cuando el PP pierda las elecciones. Sin pareja y sin otra respuesta que el pacífico cumplimiento de las leyes y el respeto por las ideas pacíficas de la minoría abertzale, verá a su base social liberarse progresivamente de su tiranía armada. Seguirán en Batasuna escisiones como las de Aralar, hasta que, sin apoyos, ETA rinda las armas. Toda la historia etarra es una lenta paranoia suicida, pero su final es inevitable y está próximo. Los demócratas acabaremos venciendo a nuestros dos enemigos parejos más antiguos y tercos.
José Antonio González Casanova
(El País 7-2-2007)
(Imagen: "A Bold Bluff", Cassius Marcellus Coolidge)
(Música: "Once in lifetime", Enigma)
ETA ha fracasado siempre en su pertinaz empeño de ulsterizar el conflicto provocando una escalada de represión policial, e incluso militar, que exacerbe a todos los vascos y los integre masivamente en la lucha por la independencia. Su Gobierno español ideal es el neofranquista, dispuesto a responder incluso con el Ejército y sin diálogo político alguno con el nacionalismo vasco, incluido el PNV. Su mayor adversario es el Gobierno actual, firme frente a la violencia, de acuerdo con el leal Josu Imaz y dispuesto al diálogo con Batasuna si ésta se distancia de ETA. De ahí el apoyo etarra al PP para que expulse al ZP dialogante con la minoría social independentista, ya que puede integrarla de nuevo en la política democrática (como es el caso de ERC) dejando a ETA sin soporte popular.
Ciertamente, Rajoy cumple a la perfección el papel que de él espera la banda. Se niega a apoyar al Gobierno aunque Zapatero le apoyaba cuando estaba en la oposición; dinamita la unión de todos los demócratas y se hace portavoz etarra cuando le espeta al Presidente que si se niega al precio político exigido por ETA será culpable de sus asesinatos, y que, si éstos no se dieran, también lo sería, ya que eso implicaría sin ninguna duda que habría cedido ante el chantaje. Así como ETA sostiene que la bomba no rompe el alto el fuego y que es Zapatero quien lo ha roto, Rajoy proyecta en éste su propia alianza de intenciones con ETA, según la táctica neocon de calumniar sin descanso hasta que su mentira sea verdad para los futuros electores. Sólo le falta acudir, como hizo en el caso del 11-M, a otro descomunal embuste: si Zapatero pactó con ETA el atentado de Atocha para impedir la victoria electoral de Rajoy, ahora habría pactado el de Barajas para suspender el proceso de paz (apetitosa carne donde quiere hincar sus fauces el PP) hasta después de las elecciones de 2008, y de ese modo librarse en el interregno del acoso de su rival.
Si el PP perdió su poder mendaz por extremarlo de forma suicida, ahora pierde la posibilidad de recuperarlo al ponerse en contra del resto de los partidos , del propio Parlamento y de casi todo el país. A este suicidio habrá que sumar el impacto electoral que debiera tener la impresionante serie de corrupciones inmobiliarias y urbanísticas que protagoniza el PP y que demuestran el descaro con que la derecha se nutre, antes, con y después de Franco, de poder económico, siempre a costa del expolio de los bienes públicos y del medio ambiente. Por tanto, ETA perderá su mejor aliado cuando el PP pierda las elecciones. Sin pareja y sin otra respuesta que el pacífico cumplimiento de las leyes y el respeto por las ideas pacíficas de la minoría abertzale, verá a su base social liberarse progresivamente de su tiranía armada. Seguirán en Batasuna escisiones como las de Aralar, hasta que, sin apoyos, ETA rinda las armas. Toda la historia etarra es una lenta paranoia suicida, pero su final es inevitable y está próximo. Los demócratas acabaremos venciendo a nuestros dos enemigos parejos más antiguos y tercos.
José Antonio González Casanova
(El País 7-2-2007)
Oficiar de dios
" Calígula pregunta a Excipión interesado:
- ¿Así que crees en los dioses, Escipión?
- No.
- Entonces no comprendo: ¿por qué eres tan sensible a las blasmefias? -exclama Calígula.
- Puedo negar una cosa sin creerme obligado a mancharla o a quitar a los demás el derecho de creer en ella -aclara Excipión.
- ¡Pero eso es modestia, modestia de verdad! ¡Oh, querido Escipión, cuánto me alegro por ti! Y cómo te envidio, ¿sabes? Porque la modestia es el único sentimiento que acaso jamás llegue a conocer - responde Calígula.
- No me envidias a mí, sino a los mismos dioses.
- Si me permites, eso será el gran secreto de mi reinado. Todo lo que se me puede reprochar hoy es haber conseguido otro pequeño progreso en la vía del poder y de la libertad. Para un hombre que ama el poder, hay en la rivalidad de los dioses algo irritante. La he suprimido. He demostrado a esos dioses ilusorios que un hombre, si se lo propone, puede ejercer, sin aprendizaje, su ridículo oficio.
- Esa es la blasfemia, Cayo -exclama Excipión.
- No, Escipión, es clarividencia. Simplemente he comprendido que no hay más que una manera de igualarse a los dioses: basta con ser tan cruel como ellos. "
Fragmento de "Calígula", Albert Camus
(Imagen: "Young Adolf Hitler", Jeff Aeling)
(Música: "Blood in the Streets", FU69)
- ¿Así que crees en los dioses, Escipión?
- No.
- Entonces no comprendo: ¿por qué eres tan sensible a las blasmefias? -exclama Calígula.
- Puedo negar una cosa sin creerme obligado a mancharla o a quitar a los demás el derecho de creer en ella -aclara Excipión.
- ¡Pero eso es modestia, modestia de verdad! ¡Oh, querido Escipión, cuánto me alegro por ti! Y cómo te envidio, ¿sabes? Porque la modestia es el único sentimiento que acaso jamás llegue a conocer - responde Calígula.
- No me envidias a mí, sino a los mismos dioses.
- Si me permites, eso será el gran secreto de mi reinado. Todo lo que se me puede reprochar hoy es haber conseguido otro pequeño progreso en la vía del poder y de la libertad. Para un hombre que ama el poder, hay en la rivalidad de los dioses algo irritante. La he suprimido. He demostrado a esos dioses ilusorios que un hombre, si se lo propone, puede ejercer, sin aprendizaje, su ridículo oficio.
- Esa es la blasfemia, Cayo -exclama Excipión.
- No, Escipión, es clarividencia. Simplemente he comprendido que no hay más que una manera de igualarse a los dioses: basta con ser tan cruel como ellos. "
Fragmento de "Calígula", Albert Camus
De la oscuridad
" La tierra parecía algo no terrenal. Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal, y los hombres eran... No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aullaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles; pero lo que estremecía era pensar en su humanidad -como la de uno mismo-, pensar en el remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero si uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ello un significado que uno -tan alejado de la noche de los primeros tiempos- podía comprender. ¿Y por qué no? La mente del hombre es capaz de cualquier cosa, porque está todo en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Júbilo, temor, pesar, devoción, valor, ira -¿cómo saberlo?-, pero había una verdad, la verdad despojada de su manto del tiempo. Que el necio se asombre y se estremezca; el hombre sabe y puede mirar sin parpadear."
Fragmento de "El corazón de las tinieblas", Joseph Conrad
(Imagen: "Forest Gloom", Lio Faridani)
(Música: "Ride of the Valkyries", Richard Wagner)
Fragmento de "El corazón de las tinieblas", Joseph Conrad
Sobre la Ética
"«La vida del hombre no puede "ser vivida" repitiendo los patrones de su especie; es él mismo -cada uno- quien debe vivir. El hombre es el único animal que puede estar fastidiado, que puede estar disgustado, que puede sentirse expulsado del paraíso", Erich Fromm
Por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa (al menos, que no esté del todo). Podemos decir SI o NO, quiero o no quiero. Por muy achuchados que nos veamos por las circunstancias, nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.
Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que me refiero. A lo que nos diferencia de las termitas y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable. Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad:
Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, defender Troya o huir, etc.).
Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Soy libre de querer subir al monte Everest, pero dado mi lamentable estado físico y mi nula preparación en alpinismo es prácticamente imposible que consiguiera mi objetivo. En cambio soy libre de leer o no leer, pero como aprendí a leer de pequeñito la cosa no me resulta demasiado difícil si decido hacerlo. Hay cosas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de mi voluntad (entonces sería omnipotente), porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesidades que no controlo a mi gusto. Si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra lo necesario. Pero, cosa importante, no por ello dejaré de ser libre... aunque me escueza.
En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza. Si hablas con la gente, sin embargo, verás que la mayoría tiene mucha más conciencia de lo que limita su libertad que la libertad misma. Te dirán: "¿Libertad? ¿Pero de qué libertad me hablas? ¿Cómo vamos a ser libres, si nos comen el coco desde la televisión, si los gobernantes nos engañan y nos manipulan, si los terroristas nos amenazan, si las drogas nos esclavizan, y si además me falta dinero para comprarme una moto, que es lo que yo quisiera?". En cuanto te fijes un poco, verás que los que así hablan parece que se están quejando pero en realidad se encuentran muy satisfechos de saber que no son libres. En el fondo piensan "¡Uf! ¡Menudo peso nos hemos quitado de encima! Como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de lo que nos ocurra...". Pero yo estoy seguro de que nadie -nadie- cree de veras que no es libre, nadie acepta sin más que funciona como un mecanismo inexorable de relojería o como un termita. Uno puede considerar que optar libremente por ciertas cosas en ciertas circunstancias es muy difícil (entrar en una casa en llamas para salvar a un niño, por ejemplo, o enfrentarse con firmeza a un tirano) y que es mejor decir que no hay libertada para no reconocer que libremente se prefiere lo más fácil, es decir, esperar a los bomberos o lamer la bota que le pisa a uno el cuello. Pero dentro de las tripas algo insiste en decirnos: "Si tú hubieras querido..."
Cuando cualquiera se empeñe en negarte que los hombres somos libres, te aconsejo que le apliques la prueba del filósofo romano. En la antigüedad, un filósofo romano discutía con un amigo que le negaba la libertad humana y aseguraba que todos los hombres no tienen más remedio que hacer lo que hacen. El filósofo cogió su bastón y comenzó a darle estacazos con toda su fuerza. "¿No dices que no soy libre y que lo que hago no tengo más remedio que hacerlo? Pues entonces no gastes saliva pidiéndome que pare: soy automático." Hasta que el amigo no reconoció que el filósofo podía libremente dejar de pegarle, el filósofo no suspendió su paliza. La prueba es buena, Pero no debes utilizarla más que un último extremo y siempre con amigos que no sepan artes marciales...
En resumen: a diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética. "
Fragmento de "Ética para Amador", Fernando Sabater
(Imagen: "Night and Day", Aleksey & Olga Ivanov)
(Música: "Now's the Time", Charlie Parker & Miles Davis)
Por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa (al menos, que no esté del todo). Podemos decir SI o NO, quiero o no quiero. Por muy achuchados que nos veamos por las circunstancias, nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.
Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que me refiero. A lo que nos diferencia de las termitas y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable. Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad:
Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, defender Troya o huir, etc.).
Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Soy libre de querer subir al monte Everest, pero dado mi lamentable estado físico y mi nula preparación en alpinismo es prácticamente imposible que consiguiera mi objetivo. En cambio soy libre de leer o no leer, pero como aprendí a leer de pequeñito la cosa no me resulta demasiado difícil si decido hacerlo. Hay cosas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de mi voluntad (entonces sería omnipotente), porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesidades que no controlo a mi gusto. Si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra lo necesario. Pero, cosa importante, no por ello dejaré de ser libre... aunque me escueza.
En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza. Si hablas con la gente, sin embargo, verás que la mayoría tiene mucha más conciencia de lo que limita su libertad que la libertad misma. Te dirán: "¿Libertad? ¿Pero de qué libertad me hablas? ¿Cómo vamos a ser libres, si nos comen el coco desde la televisión, si los gobernantes nos engañan y nos manipulan, si los terroristas nos amenazan, si las drogas nos esclavizan, y si además me falta dinero para comprarme una moto, que es lo que yo quisiera?". En cuanto te fijes un poco, verás que los que así hablan parece que se están quejando pero en realidad se encuentran muy satisfechos de saber que no son libres. En el fondo piensan "¡Uf! ¡Menudo peso nos hemos quitado de encima! Como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de lo que nos ocurra...". Pero yo estoy seguro de que nadie -nadie- cree de veras que no es libre, nadie acepta sin más que funciona como un mecanismo inexorable de relojería o como un termita. Uno puede considerar que optar libremente por ciertas cosas en ciertas circunstancias es muy difícil (entrar en una casa en llamas para salvar a un niño, por ejemplo, o enfrentarse con firmeza a un tirano) y que es mejor decir que no hay libertada para no reconocer que libremente se prefiere lo más fácil, es decir, esperar a los bomberos o lamer la bota que le pisa a uno el cuello. Pero dentro de las tripas algo insiste en decirnos: "Si tú hubieras querido..."
Cuando cualquiera se empeñe en negarte que los hombres somos libres, te aconsejo que le apliques la prueba del filósofo romano. En la antigüedad, un filósofo romano discutía con un amigo que le negaba la libertad humana y aseguraba que todos los hombres no tienen más remedio que hacer lo que hacen. El filósofo cogió su bastón y comenzó a darle estacazos con toda su fuerza. "¿No dices que no soy libre y que lo que hago no tengo más remedio que hacerlo? Pues entonces no gastes saliva pidiéndome que pare: soy automático." Hasta que el amigo no reconoció que el filósofo podía libremente dejar de pegarle, el filósofo no suspendió su paliza. La prueba es buena, Pero no debes utilizarla más que un último extremo y siempre con amigos que no sepan artes marciales...
En resumen: a diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética. "
Fragmento de "Ética para Amador", Fernando Sabater
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