Las torturas de los viajeros no han surtido efecto: los prisioneros merot han muerto sin decir palabra, ni sobre las razones de su repentino ataque ni sobre cualquier otro tema.
Cuando le he comentado a Snorr que me parecía abominable haber torturado a los prisioneros hasta la muerte me ha respondido con un corte de mangas antológico. Aprende deprisa las groserías humanas.
Lo que si han descubierto es que aunque los merot tienen una forma de pensar completamente independiente, han recibido una educación tan doctrinal y homogénea que todos piensan de la misma manera, lo que en realidad significa que el único que piensa es el que gobierna el sistema educativo. De esto se puede deducir también que son muy parecidas, si no idénticas, las circunstancias vitales de cada individuo, porque de otra manera no se explicaría tanta coincidencia. Al final va a resultar que nos estamos enfrentando a un pueblo lanar.
No quiero ni imaginarme lo que habrán hecho los viajeros para descubrir todo esto, porque, la verdad, no creo que lo hayan visto en una bola de cristal.
Snorr lleva dos días llamando por todos nuestros aparatos de comunicaciones para recabar noticias sobre la marcha de los acontecimientos. De momento sólo ha logrado ponerse en contacto con su propia gente y con los vergessinos, que no tienen nada que contar. Los kneip no hablan con nadie: se limitan a enviar comunicados sobre sus actividades. Lo mismo hacen los sokoy.
Desde que somos piratas he desarrollado cierta simpatía por los sokoy, aunque nosotros seamos unos piratas fracasados que no han localizado todavía ni un cochambroso asteroide con rastros de civilización.
Respecto al miedo que tenía antes a entrar en combate, puede irse a hacer puñetas a un gorila viudo. Ahora no le tengo miedo ni a la explosión de una supernova.
La comida se está haciendo otra vez terriblemente monótona. Espero que los elf tengan algo sabroso con que rellenar los depósitos de nuestra cocina de a bordo porque, si no, Snorr y yo vamos a acabar peleándonos para decidir quién se come a quién, y eso no parece una buena idea, sobre todo para mí.
Si esto acaba algún día y alguien pronuncia en mi presencia la palabra guisante juro que lo mataré. Juro que lo mataré.
Porque, la verdad, no me explico como una nave cargada con lácteos para diez meses, carne para seis y pescado para tres, puede estar abastecida de guisantes para cinco años. Será un alimento muy rico en todas las sustancias que les dé la gana a los de logística, pero creo que se han pasado.
O a lo mejor se equivocaron y llevo yo todos los guisantes de la flota. ¡Y es que además no me gustaron nunca!

Nave Skag. Foto procedente del archivo de la NHE "Buena Estrella"
Últimamente estoy escribiendo más a menudo debido a las pocas cosas que hay que hacer a bordo y también, por qué no decirlo, para librarme de las terribles palizas a la que Snorr me somete en las prácticas de lucha cuerpo a cuerpo.
A su feroz técnica he añadido unas cuantas marrullerías que aprendí en mis años mozos, así que tanto Snorr como yo hemos mejorado mucho. Él ha aprendido tanto que se ha convertido en un verdadero especialista en patadas en la espinilla, cabezazos en la nariz y otras finezas que prefiero no mencionar.
Por las noticias que van llegando, los merot son todo cerebro. Tienen prevista cualquier circunstancia y por eso parecen imaginativos; de hecho, se cree que su planificación es tan amplia que no hay posibilidad que no se hayan planteado antes. Son como un ordenador que juega al ajedrez: el ordenador no es imaginativo, pero tiene previstas las jugadas del contrario y puede responder a ellas automáticamente.
Todavía no he decidido si creo que esto es buena o mala suerte, pero no me gusta tener enemigos de esa clase. Acabo de decidirme: es mentira; seguro que hay alguna posibilidad que no han valorado correctamente, seguro que hay algún resquicio en la probabilidad o en la casuística por donde se pueda desequilibrar su sistema. Para funcionar de manera semiautomática hay que tener en cuenta la probabilidad de que se den una serie de circunstancias y tarde o temprano se producirá un hecho con sólo un cero coma tres por ciento de probabilidad, y para eso no estarán preparados.
Entre tanto, ya ha caído un planeta habitado en poder de los merot. Se trata de una colonia de pipistrelli de sólo dos millones de individuos. Las noticias que llegan de allí dicen que los merot se han limitado a nombrar a un gobernador e implantar sus leyes, que curiosamente castigan las infracciones graves con el destierro y no con la muerte. También han solicitado la colaboración de la población, que, por supuesto, se niega a todo contacto más allá de lo obligatorio.
Ya han sido desterrados unos quinientos pipistrelli. El destierro se realiza hacia lo desconocido, hacia los mundos de los merot. Como siempre sucede en estos casos, se barajan las más increíbles teorías.
Tal vez tengan razón los merot y esta sea la mejor manera de infundir terror, pero por el momento no ha servido para que los pipistrelli se sometan a sus órdenes. El resto de sus leyes no parecen demasiado draconianas: en realidad son más suaves que las que los viajeros imponen a sus conquistas.
Se decreta el toque de queda a partir de una hora razonable; los tributos son altos pero no insoportables; las órdenes del gobernador no son ni crueles ni descabelladas y se encaminan sobre todo a mentalizar a la población de que todo ha terminado.
Yo, personalmente, creo que están intentando hacer una maniobra para convencer a la población de que su vida no va a cambiar demasiado y así imbuir más fácilmente la mentalidad merot en los territorios ocupados. Además podría ser una estratagema para convencer a las razas más remisas a la lucha de que más vale ceder ante un buen ocupante que morir a sus manos.
La verdadera cara de los invasores se vería si todas las posiciones estuvieran claramente decantadas, pero al no ser así es difícil no sospechar que todo sea una acción propagandística. Si los merot se muestran razonables, es muy probable que algunas civilizaciones los consideren una raza imperialista más y acabe prefiriendo la neutralidad.
Todavía no se sabe lo que buscan los merot. No se sabe si necesitan espacio vital, atacan por simple ansia de conquista o buscan alguna materia prima agotada en la parte de Universo que ellos controlan. Ese conocimiento sería vital para nosotros, pero me temo que lo sospechan y precisamente por eso se esfuerzan en ocultar sus razones. Con tanto sigilo para ocultar sus intenciones, es imposible que nadie se fíe de su comportamiento con la pequeña colonia pipistrelli.
Snorr también piensa que se trata de un vulgar truco para conseguir que las razas más cobardes prefieran rendirse a luchar contra un enemigo tan superior. Naturalmente, a los viajeros no les importa la raíz cuadrada de una mierda si los merot son duros o suaves con sus vasallos o si dan muerte o no a sus prisioneros. Para ellos no hay más camino que luchar, sea contra quien sea, al precio que sea y con las oportunidades de victoria que quieran depararles las circunstancias. Si los humanos aparecieran creo que harían lo mismo, pero como no hay manera de saber dónde diablos se han metido, no se pueden hacer más que vanas conjeturas.
En estos mismos momentos acaban de informar de que los viajeros han interceptado a una vanguardia merot que amenazaba su planeta principal. La avanzadilla enemiga ha sido destruida y cinco de sus tripulantes han sido hechos prisioneros. No se habla de bajas en el lado viajero, lo que Snorr interpreta como que han sido numerosas.
Los prisioneros serán torturados hasta que expliquen, en el idioma que sea, las razones del ataque merot. No me gustaría estar en el pellejo de esos pobres diablos....





