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DIARIO DE UN EXPLORADOR
Historia de ciencia ficción por entregas, desde la salida de la Tierra en busca de otro hogar para los humanos hasta...
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Todo empezó cuando el calor fue excesivo y hubo que buscar una nueva estrella que alumbrara a la Tiera....
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19 de Julio de 3081




Seguimos reparando la boñiga cósmica que tripulamos. En los ratos libres, estoy enseñándole a Snorr a escribir manualmente. Dice que si no dejo de increparle me meterá el manógrafo por el ojo derecho y me lo sacará por el izquierdo, pero el caso es que ahí está emborronando papeles.
Se me había olvidado decirlo, pero he (hemos) enterrado a Recaredo Silva y a su compañero en una tumba como es debido, aunque me duele dejarlos en este planeta.
Creo que he dicho una tontería: si no los dejamos en este planeta, ¿a dónde narices me los llevo?
Respecto a la cuarta dimensión he aprendido que nos atraviesa y que nunca podríamos atrapar a una criatura tetradimensional porque lo más que podemos construir son cárceles de tres dimensiones y siempre se nos escaparía por la cuarta. Los viajeros creen que los espíritus superiores, los que nosotros llamamos ángeles, son seres de cuatro dimensiones y por eso pueden vernos en cualquier sitio que estemos o nos escondamos. Snorr me puso un magnífico ejemplo al preguntarme como podría escapar de nuestro control una criatura de dos dimensiones.
Todo esto me lo contó ayer, después de que estuviéramos hablando de ética y moral antes de dormirnos.
Los viajeros no creen en la piedad porque la consideran un mecanismo inventado por los débiles para evitar el final que les reserva la selección natural. Sin embargo no entienden la ayuda mutua como piedad, sino como una forma de inversión que les ayuda a hacer más competitiva su civilización. En resumen: los viajeros sólo se ayudan entre ellos y nunca prestan auxilio a otras razas a no ser que vean en ello un beneficio para sí mismos. Ahora él me considera un compañero de batalla y por tanto estaría dispuesto a ayudarme. Lo que no puede comprender es por que yo lo saqué de una nave destruida cuando no podía esperar nada bueno de él; no entiende mi filosofía de mutua ayuda entre todos los seres vivos. Él piensa en los demás como competidores; yo solamente los veo como vecinos. A mi parecer, mientras no se demuestre que el Universo es finito, no es necesario luchar por el espacio vital, como prueba el hecho de que muchos planetas habitables estén desiertos. Curiosamente, la competencia y hasta los enfrentamientos tiene lugar por los mismos planetas, mientras siguen vacantes otros, a menudo en las proximidades. Cuando se empeña uno en buscarla, se acaba por encontrar una explicación para todo y los estrategas dicen que se lucha por el potencial de una zona, por poner una cabeza de puente que permita acceder en un momento posterior a los mundos libres, pero la verdad es que toda esa palabrería no me convence gran cosa. Por lo que se lucha en realidad es por imponerse, por hacer ver al otro la superioridad de la propia civilización para que, de ese modo, se abstenga de toda hipotética resistencia. Se pelea por planetas inútiles para ganar un estatus mucho más valioso que cualquier recurso que se pueda obtener de esos planetas.
Estuvimos mucho tiempo hablando de estos y otros temas parecidos y al final, toda la discusión nos llevó a la conclusión de que pertenecemos a distintas culturas, que era lo que ya sabíamos antes de empezar a hablar, o antes incluso de conocernos.
Y no es que el nuestro sea un diálogo de sordos, sino que nuestras posiciones están tan alejadas que se prestan solamente a una exposición afirmativa más que a una discusión: para discutir es necesario tener puntos de partida cuando menos similares, y los nuestros nos se parecen en absoluto, ni siquiera en la definición de los conceptos. Y así, claro, no hay manera.
En lo que sí coincidimos es en que hay que reparar la nave y que eso aún llevará algún tiempo. Nuestras reservas alimenticias dan aún para diez meses, pero ya estoy harto de comer vegetales, y no digamos Snorr, que es preferiblemente carnívoro. Dice que si no salimos de aquí pronto, un día me degollará y me meterá en el almacén de alimentos de la nave. No se cansa de repetirme que ya ha probado la carne humana y la encuentra realmente buena. Yo, en cambio, sólo puedo hablar del olor que produce al asarse la de los viajeros.
El mal humor me está volviendo macabro....

 
No