La nave mejora al mismo ritmo que empeora mi carácter. Snorr lleva unos días jurando menos, así que también debe estar cansándose de este jodido planeta, valga la redundancia.
Poco a poco estoy comprendiendo las diferencias entre los viajeros y nosotros. Los humanos empezamos los viajes espaciales por curiosidad, por esa bendita ansia de conocimiento que nos caracteriza. Los viajeros, sin embargo, empezaron para satisfacer su ansia de servir a las estrellas. Ya sé que eso no parece creíble, pero es así: los viajeros amaban tanto la luz de las estrellas que quisieron acercarse a ellas, y de ése modo, para bien o para mal, están presentes en todo el Universo.
Lo primero que se me ocurrió oponer a esto fue que si empezaron su navegación por simple idealismo, no es comprensible que luego trataran de formar un imperio y lo defendieran tan tenazmente, pero el idealismo de los viajeros no les impide ser prácticos. De hecho, según Snorr, en eso se parecen bastante a nosotros, que también sacamos todo el provecho posible después de conseguir algo, aunque pretendiéramos su dominio o su conquista sólo por amor. En fin, que son románticos pero no platónicos, dice JOB, que como es un ordenador puede permitirse semejante vocabulario y quedarse tan ancho.
Cuando me encuentro en un planeta como este me pregunto si algún día sucederá algo que dé lugar en este sitio a una brillante civilización.
Sabemos que han existido no menos del triple de las que hoy en día conocemos; unas se han extinguido por causas naturales, otras muchas se han autodestruido y otras han sido aniquiladas por civilizaciones más fuertes, pero siempre surgen otras nuevas.
Fueron los elf, las criaturas más antiguas del Universo conocido, los que nos contaron casi todo lo que sabemos sobre el pasado. Ellos convivieron con razas mucho más fuertes que se autodestruyeron, mientras los elf, ahora tan escasos, contemplaban indolentes el camino de su perdición. Porque los elf ni ayudan ni perjudican, ni atacan ni colaboran: simplemente observan, se quedan mirando mientras los demás se encumbran en victorias o se exterminan entre sí. Los elf son los maestros de la indiferencia.
Hubo un tiempo en la Tierra en que se temió la autodestrucción, y la verdad es que la cosa no estuvo lejos, pero entonces, cuando peor iba todo, aparecieron los viajeros y nos obligaron a olvidarnos de nuestras diferencias para defendernos de una amenaza exterior; así que, en cierto modo y a pesar del inmenso daño que causaron, nos ayudaron a librarnos de la amenaza mucho más peligrosa que éramos nosotros mismos.
Por supuesto, no diré ni una palabra de esto a Snorr.
Es casi imposible que los viajeros llegaran a autodestruirse, porque aunque guerrean frecuentemente entre ellos, aman tanto a su planeta que las armas que utilizan no tienen poder suficiente para dañarlo, con lo que las consecuencias de sus guerras internas son mucho más limitadas.
Otra cosa de la que están muy orgullosos los viajeros es de no haber aniquilado nunca a otra raza. Cuando vencen, esclavizan al vencido pero no lo matan, porque son de la cabal opinión de que cualquier criatura que pueda mantenerse viva por sí misma vale más viva que muerta. Snorr dice, y creo que no le falta razón, que los que aniquilan a los vencidos es por miedo a las consecuencias de un resurgimiento, y ellos no tienen miedo a nadie.
Los humanos no podemos permitirnos moralmente tratar a otros seres inteligentes como si fueran ganado. Ni siquiera los ondiros, que se merecen todas la vejaciones de que puedan ser objeto, merecen ser tratados de ese modo. Los viajeros, sin embargo, piensan justamente lo contrario: creen que los que no pueden ser asesinados son los animales, porque al no tener inteligencia están en total inferioridad y sería una cobardía matarlos, y para un viajero no hay pecado como la cobardía. Otra cosa muy distinta son los animales que uno mismo crea o alimenta; por eso son carnívoros, y tienen su propio ganado al que pueden sacrificar porque no es viable por sí mismo.
Ellos procuran no matar a ningún ser vivo que no pueda comprender por qué esta muriendo. Es una especie de justicia cósmica que pone como rasero la capacidad de entender cosas: cuanto menos entiendes más inocente eres y por tanto más vil es matarte.
Por eso, al considerar a los humanos una raza muy inteligente nos matan con total alegría y despreocupación. Es un consuelo, ¿verdad?





