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DIARIO DE UN EXPLORADOR
Historia de ciencia ficción por entregas, desde la salida de la Tierra en busca de otro hogar para los humanos hasta...
Acerca de
Todo empezó cuando el calor fue excesivo y hubo que buscar una nueva estrella que alumbrara a la Tiera....
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2 de Agosto de 3081



Monumento a Los Inesperados, en el Planeta Wulfagar, hogar de los Viajeros. Fotografía perteneciente al archivo de JOB,



Creo que dentro de un par de días podremos salir de aquí, o al menos eso espero. Hemos hecho un descubrimiento tan horrible que quiero largarme cuanto antes: hemos encontrado víveres en la nave de Recaredo Silva.
Era tan evidente que no podía haberlos que ni siquiera lo habíamos comprobado. En la Tierra siempre se creyó que Silva había muerto de inanición; él mismo había dicho en sus últimas transmisiones que se le estaban agotando los víveres. Esto acentúa también el misterio sobre las causas de la muerte de su compañero, que de todos modos no presentaba traumatismos o fracturas visibles. Por mi parte, conjeturo que en su caso se debió a algún tipo de intoxicación, causada por el mal funcionamiento de algún dispositivo de refinado de aire o alimentos, pero repito que es sólo una conjetura sin base alguna.
Hemos encontrado comida para apenas una semana, pero es cantidad más que suficiente para demostrar que Silva no murió de hambre.
Sin embargo, por sus restos pudimos comprobar que tampoco murió de muerte violenta. Desde que ha ocurrido esto Snorr está muy nervioso; él cree que sabe lo que ocurre y me ha forzado a trabajar diecisiete horas diarias para acabar cuanto antes con la reparación de la nave. No me quejo porque él trabaja veinte.
Su teoría es que muy pronto se cumplirá el aniversario de la muerte de Silva y puede que regrese lo que lo mató. Snorr cree que Silva fue atacado por un espíritu maligno que recorre cíclicamente el planeta; algo así como un demonio o un fantasma malvado.
A pesar de que sé de la afición de los viajeros por las cosas del Más Allá me ha preocupado mucho la actitud de Snorr, y más aún desde que en cierta ocasión me dijo que su padre se había encontrado con uno.
Hace cientos de años que los humanos sabemos que los fantasmas y las ánimas en pena no son más que supercherías, pero no puedo menos que sentirme preocupado ante la evidencia de que no fue algo normal lo que mató a Silva. No digo que fuera un fantasma, ni mucho menos, pero es mejor salir de este planeta cuanto antes, porque aunque los fantasmas no existen, es mejor alejarse de ellos cuanto antes. Por si acaso: hubo una vez un tipo, del que no recuerdo el nombre, que pasó a la historia de la micología por descubrir que una seta inofensiva era venenosa si se combinaba con alcohol, y yo no quiero esa clase de homenajes, así que los fantasmas, por mí, que sigan siendo supersticiones de viejas.
La idea más plausible que se me ocurre es una nube venenosa, pero eso parece improbable porque los detectores ambientales de su nave aún funcionan perfectamente. La misma intoxicación de que hablaba en el caso de su compañero pudo acabar al fin con Silva, pero es extraño que no ofreciera información alguna al respecto.
Snorr está diciendo en estos momentos que cree que lo que atacó a Silva fue el fantasma de un ángel caído. No sé cómo ha llegado a esa conclusión, pero es exactamente lo que ha dicho antes de salir otra vez hacia afuera.
¡El fantasma de un ángel caído!, ¡nada menos! ¡Hay que ver a que extremos de complicación puede llegar la superstición de los viajeros! No le basta decir que ahí fuera hay un fantasma, o un ángel negro, no: ¡tiene que ser el fantasma de un ángel! ¡Más etéreo, imposible!
Sea lo que sea hay que salir de aquí a velocidad de vértigo. No tengo ni el más mínimo interés en enterarme de la verdad, por famosos que pudiera hacerme si llegara a demostrar algún día la existencia, a la vez, de los fantasmas y los ángeles. Por mí, que lo demuestre y se lleve los honoresla madre que los parió.
Hasta otra. Me voy a trabajar porque Snorr ya está amenazando con hacer un tambor con la piel de mi escroto. Poco a poco va uniendo la grosería a la amenaza y me da la impresión de que es influencia mía.



Sigue siendo 2 de Agosto. Las ideas de Snorr han resultado ser algo más que meras imaginaciones. Estamos los dos encerrados en la nave, contemplando una horrible sombra. Quiero seguir escribiendo mientras pueda.
Sea lo que sea lo que merodea por ahí afuera es algo oscuro pero inmaterial. Snorr me dice en estos momentos que lo describa como la sombra de un cuerpo inexistente.
Si existiera el cuerpo que proyecta esa horrible sombra sería de unos diez metros de altura y tendría forma de gota, de llama, me corrige Snorr. Voy diciendo en voz alta todo lo que escribo para que él pueda plasmar también sus opiniones.
Escasamente una hora después de dejar de escribir surgió esta cosa. No vimos de donde salió, pero Snorr dice que viene del Más Allá. Ya podía guardarse esta mierda de viajero sus alegres y tranquilizadoras opiniones.
¡Dios!, ¡la sombra está haciendo vibrar nuestra nave! ¡La vibración aumenta! Ahora parece un sonido agudo que me está acuchillando el cerebro. Si no me tapo los oídos creo que me va a estallar el cráneo, pero no puedo dejar de escribir. Tengo que seguir, ¡tengo que seguir!
¡El sonido y la vibración aumentan! Snorr se mantiene en pie pero tiene la mirada como perdida. Espero que este sonido no se esté apoderando de él y me acabe atacando, por mucho que se arrepienta luego y todo eso. Es horrible mirarle, ver su mirada perdida y toda su impresionante dentadura brillando con un fulgor que no sé de donde viene: como pierda el control sobre sí mismo estoy muerto.
No sé hasta cuando podré seguir. La mirada de Snorr ha perdido ese aire de vació y se ha tornado irónica. Ahora levanta los brazos, los dos a la vez.
La sombra está con nosotros, a nuestro alrededor y se proyecta sobre nuestras caras, pero Snorr no pierde la sonrisa. Le está pasando algo y temo que deje de ser él de un momento a otro. Todas las historia terroríficas que he conocido a lo largo de mi vida desfilan ahora por mi mente como enemigos de la cordura. No me atrevo a moverme, a dejar lo que estoy haciendo. No quiero llamar la atención de ninguna manera.
Tengo que dejarlo. No puedo pensar, no puedo seguir. La cabeza me da vueltas pero debo continuar. ¡Debo continuar! ¡Debo continuar!
Snorr sigue con los brazos extendidos y las piernas abiertas. La vibración se hace aún más intensa. Snorr empieza a temblar y se tambalea, pero no baja los brazos. Grita mi nombre: quiere que vaya junto a él y su voz no admite discusión.



Ya estoy aquí de nuevo. Antes que nada quiero dar gracias al Todopoderoso por la fuerza que me ha concedido. Estoy tan cansado que temo dormirme mientras escribo, pero quiero contarlo todo ahora que los detalles están aún frescos.
Cuando Snorr me llamó y fui junto a él me pidió, más bien me ordenó, que levantara los brazos y uniera mi mano izquierda a su derecha. Yo fui incapaz de hacerlo y él me increpó hasta que al final, no sé cómo, lo hice. Me era imposible separar las manos de los oídos, pero el gesto de Snorr era tan expresivo que obedecí y levanté los brazos.
La sombra había crecido hasta el punto de que cubría ya toda nuestra nave y se estaba haciendo más densa y más negra por momentos. Entonces Snorr me dijo que repitiera sus palabras y los dos, en medio de la más horrible agonía, pronunciamos una larga frase en lengua viajera. Cuando lo hicimos se desató la más grande tormenta de arena y rocas que jamás haya visto. Luego, de pronto, se oyó un grito horrible, tan horrible que estará para siempre en mi memoria, y la tormenta cesó de repente. La sombra había desaparecido. Snorr cayó de rodillas y yo me desmoroné completamente, pero no existen palabras para describir el alivio que sentí al ver que la sombra ya no estaba.
Ahora, para explicar lo que ha sucedido, no escribiré yo, sino que iré copiando lo que Snorr diga:
" Hemos sido atacados por un Harattald, que es el fantasma de un ángel renegado.
Al principio de los tiempos, cuando ya existían todas las criaturas pero aún no tenían consciencia de sí mismas, un grupo de ángeles se rebeló contra Attá, el Creador.
El resto de los ángeles se enfrentó con ellos, y hubo una gran batalla en la que triunfaron los de Attá, aunque muchos murieron en ambos bandos. Entonces Osimén, príncipe de los ángeles fieles, preguntó a Attá:
—Dime, oh Attá, ¿por qué contemplaste la batalla sin intervenir en ella?, ¿por qué dejaste que murieran tantos de los que te aman si un gesto tuyo hubiera sido suficiente para destruir a los que reniegan de tu Santo Nombre?
Y Attá contestó:
—Porque si yo intervengo, ¿cuál sería la razón de tu existencia, capitán de mi guardia? Cada ser y cada cosa deben servir a la consumación de su destino. Cada vida debe servir a su muerte, cada vasallo debe servir a su señor siendo vasallo y cada señor debe servir a su vasallo siendo señor, porque ninguno podría consumar su destino sin el otro.
Pero Osimén preguntó:
—Si tu sabías de la rebelión, porque tú todo lo sabes, ¿por qué no cambiaste el destino para que la paz pudiera reinar y pudieran vivir los míos?
Y Attá contestó:
—Porque si la paz reinara no habría destinos que cumplir, sino sólo diferentes modos de crecer y envejecer, y sería así hasta que el Universo entero fuera tan grande y tan viejo que ya no podría resistirse a sí mismo. Si la paz reinara siempre no podría existir el sentimiento, que nace de la diferencia entre los buenos y los malos momentos, y la vida de las criaturas se reduciría así a un arrastrarse por el mundo agobiadas por la vanalidad de la existencia. El sentimiento es el mayor regalo que yo he hecho a mis hijos, y para que haya sentimiento es necesario que exista también el dolor, igual que para que haya día es necesario que exista también la noche, por triste y oscura que pueda parecer a veces. Por eso no hay paz, por eso murieron los tuyos, que antes que tuyos fueron míos, aún lo son y lo serán para siempre.
Osimén se inclinó ante Attá y se retiró, pero en su corazón había germinado la semilla de la duda y con el tiempo esa semilla creció y se volvió tan evidente que Attá no pudo fingir por más tiempo que no la veía y llamó a Osimén a su presencia.
—Dime Osimén, capitán de mi guardia, ¿qué es lo que se agita en tu pecho que tanta quietud te roba?
—Es la guerra, que aún persiste, mi Señor. Los Harat (renegados) siguen extendiéndose, y muchas criaturas nobles han sido seducidas por sus inquinas y se han unido a ellos en la rebelión contra ti. Nuestras fuerzas son muy superiores, pero no podemos acabar con ellos porque son iguales a nosotros y todo lo que somos capaces de pensar ya lo han pensado también. Además, cuando mueren queda libre su espíritu (tald) para seguir causando daño. ¿Por qué cuando mueren los míos no permanece ningún espíritu?
Attá respondió:
—No envidies a los renegados viendo crecer su número. La semilla del mal es miserable y por eso da ciento por uno en cualquier lugar que caiga, pero a la semilla del bien cualquier viento la malogra.
Cuando muere una de las criaturas que me sirven no permanece nada porque su espíritu viene a unirse conmigo para gozar de mi grandeza, pero cuando muere uno de los que me niegan su espíritu no puede unirse al mío y debe marchar errante para siempre, porque no hay alternativa a mí. Por eso, no envidies a los Harattald, que más que causa de envidia lo son de lástima. Pero dime, ¿qué más hay en ti, Osimén, que te roba la paz?
—Si, mi Señor, hay algo más. No puedo comprender por qué dejas que siga esta guerra que tanto dolor nos causa a todos; no puedo comprender por qué creas a tus hijos para hacerlos morir luego en una guerra que conocía de antemano y no quieres impedir. No veo el sentido de todo cuanto está ocurriendo.
Y Attá, comprensivo, respondió:
—Todas las criaturas nacen y mueren para cumplir su papel en una gran obra, mucho más grande que la suma de todos ellos. Todos cumplen su destino para que se cumpla el Destino del Universo, y así todo siga su propio curso.
Pero las dudas no se apagaron por completo en el corazón de Osimén y una última pregunta brotó de sus labios:
—¿Y cual es mi destino, oh Attá?
Attá sonrió ante la facilidad con que el capitán de su guardia le hacía una pregunta tan importante, y con suave voz le respondió:
—Servirme siendo el más grande de los que luchan por mi Nombre, el más fuerte e infatigable de los míos y también el que más alata gloria alcance en mi corazón cuando llegue el momento.
Entonces, Osimén se adelantó, y alzando los brazos dijo:
—Pues Señor, yo he roto el destino, porque ya no te serviré más. Allí donde tu pongas un camino inevitable, yo te saldré al paso con un desvío; allí donde tu pongas un muro infranqueable, pondré yo una brecha; allí donde tu pongas un océano, yo pondré una balsa; allí donde tu pongas montañas, yo pondré desfiladeros; allí donde tu pongas desiertos, yo pondré oasis, y de este modo siempre habrá alguien que pueda salirse de tus caminos, franquear tus muros, vadear tus océanos, cruzar tus montañas y atravesar tus desiertos, porque yo quiero que las criaturas del Universo sirvan a su propia libertad y no al cumplimiento de ningún Destino, ni siquiera el que tu impongas, oh Attá. Los seres del Universo serán libres, porque siempre habrá una rendija para que entre la esperanza mientras yo exista, y existiré para siempre, porque no quiero unirme a ti. Y los destinos que yo quiebre quebrarán otras destinos hasta que la Fatalidad entera salte en pedazos.
Y dicho esto, Osimén se retiró de la presencia de Attá y se fue con todos los que quisieron seguirle.
Así fue como empezó la segunda rebelión, la de los Gabilkim, los Inesperados, que ni siquiera Attá había previsto.
Ellos son los que prestan su fuerza a las criaturas que tratan de es escapar de una vida en la que nada esté en manos del azar, y así lo harán hasta que no haya un sólo ser aprisionado en trama del Divino Dramaturgo, porque si suyo es el poder de escribir el Libro, nuestra es la potestad de hacer borrones.
A ellos invoqué cuando nos atacó el Harattald y ellos nos libraron de su presencia, porque nuestro destino era morir por el poder de un Harattald. Albert el Humano, y yo, Snorr el Viajero, somos criaturas nuevas, evadidas de la cárcel del Destino, y todo cuanto hagamos no está ya escrito en el libro de Attá.


Estoy tan sorprendido por lo que acaba de contar Snorr que no sé qué decir. Por supuesto, no es eso lo que creemos en la Tierra. Sin embargo, la invocación de Snorr resultó efectiva, o por lo menos eso pareció, porque también puede ser que se tratara de un fenómeno desconocido que cesara por cusas ajenas a toda esta parafernalia. Pero eso, claro, no se lo voy a decir a Snorr.
Él dice que necesitó mi ayuda porque, a pesar de pertenecer a distintas razas, nuestras almas son idénticas y pueden unir sus fuerza. También me dice que entre los humanos son conocidas fórmulas para invocar a los inesperados, pero nosotros las llamanos simplemente magia.
Creo que debo pensar muy seriamente en todo esto.

 
Comentario:
Gracias Sonia. Srguiré con el diario. Y mira a ver si se te ocurre alguna sugerencia, que toda innovación es bienvenida
 
Comentario:
"necesito" no perderte... me ha cautivado lo leido
 
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"necesito" no perderte... me ha cautivado lo leido
No