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DIARIO DE UN EXPLORADOR
Historia de ciencia ficción por entregas, desde la salida de la Tierra en busca de otro hogar para los humanos hasta...
Acerca de
Todo empezó cuando el calor fue excesivo y hubo que buscar una nueva estrella que alumbrara a la Tiera....
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11 de Agosto de 3081




Seguimos navegando en este trasto, aproximándonos al planeta que los viajeros nos han señalado como punto de aprovisionamiento. Luego, seguiremos camino hacia Ojos de Muerte.
Por cierto: creo que aún no he contado que Kenshoughi llamó así al planeta porque está totalmente cubierto de nieve, salvo dos gigantescos cráteres volcánicos semejantes a dos ojos.
Parece ser que Kenshoughi presintió que iba a llegarle allí el final; de los contrario, un hombre tan alegre como él no le hubiera puesto nunca un nombre tan funesto a un planeta.
Quizás sea cierto lo que me contó Snorr sobre el Destino y haya gente capaz de conocerlo de antemano. Si es así, no les envidio. Pero bueno, mejor será que me centre y deje de plantearme como creíbles ciertas tonterías, o antes de llegar a la Tierra, si llego, acabaré majara perdido.
Ayer me contó otro pedazo de historia, pero no lo anoté porque no quería llenar el diario de mitología viajera. Hoy me he arrepentido y no quiero dejar de copiar la transcripción que el ordenador de a bordo hizo de sus palabras. La historia es un poco caótica e ininteligible, pero tiene retazos muy interesantes. Estas fueron las palabras de mi buen compañero de fatigas:
Cuando Osimén y los suyos se fueron, pasó mucho tiempo antes de que pudieran quebrar algún destino, pues el tapiz de Attá tenía los hilos muy finos y era difícil deshacer su obra sin que surgiera otra igualmente prevista e inmutable.
Pero Osimén y lo suyos no cedían al desaliento y al final encontraron el modo de romper las leyes que regían el conjunto, y muchas criaturas escaparon de las ataduras de la fatalidad.
Animados por su victoria, los Gabilkim empezaron a buscar seguidores entre las criaturas de Attá, y en todas partes hallaron seres dispuestos a luchar contra los hados. Satisfecho, Osimén les enseñó el arte de invocar a las fuerzas que Attá había dejado dispersas, y esos seres, capaces de encauzar el poder de la naturaleza, impresionaron tanto a sus semejantes que llegaron a ser jefes de sus pueblos, y así muchas razas fueron dirigidas por quienes ya no estaban atados al destino.
Muchos se liberaron de ese modo y la fatalidad llegó a estallar en algunas civilizaciones, pero he aquí que un destino más grande e inmutable aguardaba agazapado y sucedió que las más brillantes civilizaciones caminaron hacia su autodestrucción, pues todo lo que es realmente grande anhela su propio final para dejar sitio a quien ha de ser más grande aún, porque sólo el mezquino quiere permanecer para perpetuar su mezquindad.
Por eso, las culturas que se hacían grandes de espíritu y corazón perecían en su propio fuego buscando algo aún más perfecto que no podía convivir con ellas, y así la libertad moría antes de extenderse como el río que se sume sin alcanzar ningún mar.
Osimén vio con tristeza el fin de las civilizaciones libres y aprendió con dolor que otorgar el poder a gentes libres no era el camino apropiado. Y buscó en su corazón y halló las palabras de Attá, al que aún reconocía como maestro y Señor, y decidió que los hombres libres no debían ser gobernantas, sino guerreros, pues es en las guerras donde se consuman los destinos al tiempo que se tronchan las vidas, y así fue como empezó la segunda batalla contra el Destino, la que dicen los sabios que no tendrá fin, porque la Fatalidad es obra de Attá y no puede ser destruida. Otros sin embargo creen que un día reinará la paz, porque también un martillo puede destruir una guadaña siendo los dos obra del herrero, y por eso siguen en pie los Gabilkim luchando contra su propio destino, que es el ser eternamente perdedores.

Yo he tratado de contarle a Snorr nuestras historias sobre la Creación y cómo fue el hombre expulsado del Paraíso, pero ya estaba al corriente de todo. Parece ser que es un devorador de historias y no es fácil contarle algo nuevo.
Porque por muy originales que nos creamos en un momento dado, resulta que eso mismo que pensamos o decimos ya lo pensó o escribió antes alguien. Tal es la multitud de hombres, de seres vivos y pensantes que han pasado por el universo, desde el comienzo de todo. Las ideas y las historias pueden ser infinitas, o casi, si algo nos enseñan las leyes de la combinatoria, pero el número de seres a que ha alumbrado las estrellas, y los que quedan por venir, no anda tampoco muy lejos de esa cifra.
Le he dicho esto a Snorr y, con una sonrisa, me ha contestado que, afortunadamente, no todos piensan. Este tipo es incorregible.

No