Estos días se podría resumir con la expresión menos cuentos y más trabajar. Las instrucciones recibidas del Alto Mando Viajero, del que ahora dependemos, nos ordenan poner al día nuestros conocimientos de astronomía y astrofísica, porque, al parecer, en torno a eso va a girar nuestra entrevista con los elf. La reunión va a tener lugar en octubre y no se cansan de repetirnos que será muy importante.
En cuanto a la guerra, las cosas no van demasiado mal por el momento, sobre todo teniendo en cuenta que los nemesinos están ya enviando naves al espacio. Aún no están preparados para luchar, pero al cubrir las labores de vigilancia y rastreo hacen posible que otros puedan abandonar esos puestos para dirigirse al frente.
Los nemesinos parece que van a ser duros y peligrosos: una especie de prolongación de los viajeros. Son un pueblo numeroso que puede aportar una gran fuerza si conseguimos resistir el tiempo suficiente para que se preparen.
Hoy ha llegado un parte de batalla que parece el resultado de una competición deportiva, pero es muy interesante porque expresa la efectividad en el frente de cada una de las razas teniendo en cuenta la proporción en que se desarrollaron los enfrentamientos. Los más efectivos fueron los elf, que destruyeron el 80% de las naves atacantes a pesar de hallarse en inferioridad a razón de cuatro a uno. Les siguen los piratas sokoy, los viajeros, kobold, vergessinos y kneip; estos últimos prácticamente no han entrado en combate.
Parece que Snorr le ha atacado una especie de depresión, si es que los viajeros pueden estar deprimidos. Piensa que para cuando lleguemos a Ojos de Muerte la guerra estará ya acabada, probablemente perdida, y no tendremos a dónde ir. Como flaco consuelo le he dicho que si llegamos a Ojos de Muerte es posible que encontremos la Tierra y podremos irnos a allí, con los humanos. Su respuesta ha consistido en once groserías diferentes.
En mi opinión, lo que Snorr teme es perderse esta guerra y enterarse de ella sólo por las crónicas. Estar ausente esta guerra es para él lo que para un deportista sería faltar a la final olímpica.
La verdad, a mi no me importaría revender mi localidad y dejarle el sitio a otro. Pero las guerras son un sorteo constante en el que no sabes qué premio te ha tocado, si la muerte, el destierro o ver como los demás resultan agraciados con semejantes premios.
En todo caso, siempre toca.





