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DIARIO DE UN EXPLORADOR
Historia de ciencia ficción por entregas, desde la salida de la Tierra en busca de otro hogar para los humanos hasta...
Acerca de
Todo empezó cuando el calor fue excesivo y hubo que buscar una nueva estrella que alumbrara a la Tiera....
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5 de Septiembre de 3081




Formar parte de una historia me ha hecho ver la vida de una manera muy diferente. No es lo mismo andar errante por el espacio que andar semiperdido sabiendo que tienes una importante misión que cumplir.
Quizás Ojos de Muerte sea el último puerto, pero también puede ser un lugar de paso hacia la Tierra, el adorado planeta azul que tanto echo de menos. Cuando vivía en la Tierra no dejaba de pensar en la belleza de las estrellas, del Cosmos inconmensurable. Ahora pienso que la verdadera belleza está en la sutileza de las pequeñas maravillas que abarrotaban la Tierra.
A veces me pregunto qué es la belleza y no puedo dar más respuesta que aquello que nos hace sentirnos bien con nosotros mismos.
Una vez leí que la belleza es un mundo traicionado que sólo puede encontrarse donde sus enemigos la han abandonado por error. La frase me impresionó, pero no puedo estar de acuerdo con ella porque soy mucho más maniqueo: creo que la belleza es un mundo traicionado que aún puede encontrarse donde sus defensores han logrado resistir. Ni puedo ni quiero creer que la belleza haya sido dejada a su suerte; prefiero pensar que pequeños y silenciosos ejércitos se encargan de su preservación, de su infiltración en la fealdad general del mundo. Detesto la vieja manía de encerrar en un museo todo lo que se considera bello, lo detesto aunque sólo sea por poner muros y puertas a lo que debería servir de ejemplo y modelo, porque en cada lugar en que se levanta algo bello la fealdad empieza a retroceder, por vergüenza, por cierto inaprensible rubor, por la imposibilidad de mantener una desfachatez que no se nota en los lugares en que la belleza no ha puesto nunca sus plantas.
A menudo me acuerdo de aquella pequeña nave que un grupo de románticos lanzó al espacio para que emitiera música constantemente. Ellos intentaron que la belleza, la inmortal belleza de la música se extendiera por todos los rincones del espacio, y aunque también es cierto que esa nave fue destruida luego porque interfería las comunicaciones, eso no hizo menos hermoso el intento de sembrar de música el Universo.
Los anomeya tienen un enorme museo con lo que ellos consideran las cosas más bellas del Universo, pero sin embargo no hay música en él porque piensan que la música no es bella en sí, sino que es una simple fuente de sentimientos que actúa con un mecanismo todavía desconocido. Quizás los anomeya sean muy materialistas, pero incluso ellos reconocen que hay cosas que sin ser tangibles les hacen sentir mejor.
Yo, por mi parte, cada día dudo más sobre lo que es belleza, porque casi todo lo que consideraba bello quedó en la Tierra. He llegado a amar mis recuerdos como nunca creí que llegaría a hacerlo.
En los recuerdos viven las personas a las que hemos querido y que no volveremos a ver. En los recuerdos vive también la persona que fuimos y la que quisimos ser y se quedó por el camino, y a menudo uno extiende el egoísmo a todos esos Yo hipotéticos que ya no podrán ser reales.
En mis recuerdo vive Hannah, con su melena, con sus ojos brillantes y melancólicos pidiéndome que no me fuera otra vez. En mis recuerdos vive Hannah quemándome de dolor, y es ese dolor precisamente lo que más amo, lo que guardo en un recóndito santuario, porque sus cadenas me impiden perderme en la nada espiritual. Son siempre las cosas que más duelen, las que pesan sobre nosotros como una cruz, las que de verdad hacen que nuestras vidas merezcan la pena. Son el sentir, el sufrir y el recordar ése sentimiento y ése dolor los que ejercitan nuestro espíritu para soportar las más terribles cargas y los que nos pegan al suelo para poder seguir caminando.
Una vida sin nada en la que pensar sería tan ligera que se elevaría por el éter hasta fundirse con la nada. A veces he sentido ésa sensación, ése saber que la vida pasa y no estás satisfecho con ella, ése avanzar hacia una libertad que sabes que no te va a satisfacer y va a ser sólo un trampolín para saltar aún más alto hacia la total carencia de sentido. Eso es lo que un escritor describió como infinita gloria de morir de vida cotidiana.
Supe lo que era la gloria del morir de vida cotidiana cada vez que regresaba de un viaje y veía como algunos de mis amigos se habían casado con mujeres anodinas y habían aceptado trabajos rutinarios, cuando veía a hombres de talento conformarse con menos de lo que podían alcanzar sólo para no tener que arriesgarse en nada, cuando las revoluciones sociales se apagaban a medida que envejecían sus promotores. Eso es morir de vida cotidiana, pero su infinita gloria ha quedado para ellos y yo he tenido que vivir la fragilidad del alma, y soy tan frágil y tan leve que hasta tengo un monumento funerario en un planeta olvidado.

No