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DIARIO DE UN EXPLORADOR
Historia de ciencia ficción por entregas, desde la salida de la Tierra en busca de otro hogar para los humanos hasta...
Acerca de
Todo empezó cuando el calor fue excesivo y hubo que buscar una nueva estrella que alumbrara a la Tiera....
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24 de octubre de 3081



Estoy completamente anonadado por lo que nos han dicho los elf. Lo peor es que a Snorr le sucede lo mismo y es muy difícil impresionar a un viajero hasta ese punto.
Nuestras dos naves de escolta nos llevaron hasta el planeta Falador, donde comimos algo que no pudimos identificar pero que nos gustó a los dos (¡increíble!). Tuvimos oportunidad de bañarnos y de dormir en una auténtica cama; incluso pudimos asistir a una especie de espectáculo. Parece ser que aquí hay todos los días un entretenimiento diferente.
Tendremos que quedarnos al menos diez días para que reparen nuestra nave. Por cierto: me han dicho que seguramente podrán arreglar también mi equipo de música, así que se acabó lo de matar el silencio con chirridos afiot. Snorr dice que no notará la diferencia, pero creo que incluso él se alegrará de poder escuchar música humana. Precisamente en la música es donde más cerca estamos los viajeros y los humanos. Su música es como la nuestra, pero más cargada de bombo, por decirlo de alguna manera. Nunca han negado, sin embargo, su admiración por nuestros clásicos, especialmente los más antiguos, incluso los primitivos. No se puede decir que se conmuevan especialmente por la voz humana, pero muchas piezas de música vocal son ahora parte del repertorio viajero, especialmente de Bingen, Victoria, Bach, Mozart y Perski. Los nemesinos y los elf también interpretan a menudo nuestra música, y en la Tierra no era raro encontrar piezas elf en el programa de cualquier concierto. Se ve que como la música no requiere más materia prima que la sensibilidad y el talento es el campo donde más fructíferos han resultado los intercambios.
Estoy contando todo esto para evitar ir al grano, lo reconozco, pero es la única manera en la que puedo abordar un tema semejante.
Después de bañarnos, comer y ver el espectáculo, nos fuimos a dormir. Hacía años que no dormía tan bien. Por la mañana nos despertaron y nos sirvieron el desayuno en un pequeño salón con vistas a un bosque. Luego nos pidieron que fuésemos a la sala contigua, un lugar tan bien iluminado que se empeñaba uno inconscientemente en buscar la ventana por la que debía de entrar aquella luz. Allí nos aguardaban dos elf aparentemente jóvenes, que eran los encargados de hablar con nosotros.
Contra lo que Snorr y yo esperábamos, la entrevista no tuvo lugar en la sala donde nos recibieron, sino en el bosque cercano: los elf opinaban que un día tan estupendo no podía desperdiciarse hablando entre cuatro paredes, cinco para ser más exactos, y sugirieron que fuésemos al bosque para que los árboles nos prestaran la paz necesaria para hablar de temas tan serios.
Esa sola frase me impresionó, tanto por lo que decía como por lo que traía consigo. ¿Qué diablos puede pasar por la cabeza de un ser que prefiere hablar en un bosque para aprovechar la paz de los árboles? Desde luego, nada de lo que había en el planeta era corriente, así que tampoco podían serlo sus habitantes.
Agnor y Eliet, que así se llamaban nuestros interlocutores, nos guiaron a través de los largos pasillos del edificio, adornados sin excepción con pequeñas pero exquisitas obras de arte de todas las civilizaciones, y luego, ya afuera, hasta el bosque.
Agnor dijo que seríamos nosotros los que eligiéramos los senderos por los que caminar, pues como nosotros no conocíamos la floresta era esa la mejor manera de que ésta pudiera brindarnos la belleza de lo inesperado. Otro curioso razonamiento, aunque lo relacioné con la historia de Snorr sobre los Gabilkim y me hizo preguntarme qué sabían los elf de lo que nos había ocurrido en aquel infausto planeta de infausto nombre.
Caminamos durante mucho tiempo hablando de nuestro viaje, de cómo nos habíamos encontrado, de las batallas con los skag y de otros temas más triviales, como nuestra propia convivencia, la comida, o los ejercicios de combate cuerpo a cuerpo con que nos mantenemos en forma. La belleza del bosque era tan impresionante que Snorr no se atrevía a maldecir.
Entonces llegamos a un lugar donde había cuatro piedras lisas y los elf nos invitaron a sentarnos.
Aún no comprendo como pudo ser que caminando al azar llegáramos a aquel lugar, que evidentemente estaba preparado para nuestra entrevista. No lo entiendo pero he de reconocer que su significado filosófico me preocupa. A Snorr, en cambio, le preocupa menos la filosofía y más la posibilidad de haber sido controlado mentalmente de algún modo, pero esa ya es otra historia y ahora estoy tratando de contar nuestra entrevista con los elf.
Eliet fue el primero en hablar, y por él supimos que los elf vienen de mucho más lejos que los merot, de mucho más lejos que las estrellas cuya luz no alcanzamos a ver, de mucho más lejos que el último lugar que alcanzamos a imaginar. Los elf vienen del otro lado del Universo, de la otra cara, pues igual que una hoja tiene anverso y reverso, también el universo tiene dos caras, una cóncava y otra convexa, como si fuera una cuchara.
También supimos que están aquí porque fueron expulsados del otro lado, pero que tarde o temprano han de volver, y por eso algunos regresan y nadie los vuelve a ver. No son inmortales, pero ellos mismos pueden decidir el momento en que entregar sus vidas. Los elf mueren en un acto de generosidad, para entregar su sitio a los más jóvenes, y por eso nunca han tenido problemas de superpoblación. Sólo los renegados no mueren nunca, porque no aman a nadie lo suficiente para entregarse. Y son los elf renegados los que nosotros siempre hemos visto en esto lado del Universo, pero muchos conocen aquí el amor y regresan con los suyos para ofrecer sus vidas como muestra de que se han purificado. Y después de muchas eras vuelven a tomar cuerpo para gozar de la delicia de una vida sin miedo a la muerte, una muerte que llegará cuando sea tan dulce que dé lástima seguir viviendo.
Esto fue lo que nos dijo Eliet, y dudo que pueda olvidarlo algún día. O que pueda creerlo, por más que sólo tenga razones parea confiar en la buena voluntad de los elf
Luego Agnor dijo que eso no nos serviría de mucho y que nos habían llamado para contarnos otra historia más importante.
Agnor nos dijo que los elf, igual que mueren por generosidad, también saben vivir por generosidad, y por eso no nos dejarán solos en la guerra que ha comenzado. No les importa morir en combate defendiendo el mundo de los demás, porque también eso es muestra de haberse purificado.
Agnor nos prometió que intentarían que vinieran algunos de sus hermanos del otro lado para ayudar en esta guerra, pero también nos dijo que no serían muchos los que traspasarían la frontera, pues nadie quería mancharse por el contacto con un mundo lleno de odio. Sólo vendrán los más intrépidos y los más grandes de corazón, sólo aquellos que estén seguros de que el odio no podrá alcanzarles, y son muy pocos los que se sienten a salvo del odio.
Agnor también dijo que nos ayudarían en otras dos cosas: la primera fue mostrarnos la entrada y salida de dos auténticos agujeros de gusano.
Desde siempre se ha hablado de esos hipotéticos túneles que atraviesan la curvatura del espacio, pero nunca se ha encontrado ninguno. Ahora Snorr y yo sabemos las coordenadas de dos de ellos. El tiempo que se ahorra al utilizarlo es enorme, y su utilidad para aparecer por sorpresa, incalculable. Precisamente por eso sólo podemos transmitir su posición de palabra, en entrevistas directas, y nunca confiando en los sistemas de comunicación. Hasta ahora los elf sólo han hablado de esto a los viajeros, que llevan la dirección de la guerra, y han querido decírmelo a mí para que so lo comunique a los humanos, si un día encuentro la Tierra. Gracias a este conocimiento es posible que podamos asestar un gran golpe a los merot.
La otra ayuda de los elf es una oportunidad, la oportunidad de ir con ellos al otro lado si las cosas van mal en esta guerra. Nos han dicho que la entrada al otro lado es un agujero negro y nos han dado sus coordenadas. Es uno de tantos, pero sólo este tiene una salida al otro lado en vez de una estrella colapsada.
Si la guerra se pierde podremos pasar al otro lado, y allí nunca podrán seguirnos los merot. Pero esta posibilidad tiene un problema, un grave y difícil problema: para poder ir al otro lado hay que ser puro, hay que dejar aquí todo el odio, toda la ira y todo el mal que haya en nosotros. Si no, no se puede pasar.
Por eso es tan difícil la alternativa: o se gana esta guerra o se deja de odiar al enemigo y para poder ir al otro lado sin ningún rencor.
Creo que es mucho más fácil lo primero, muchísimo más fácil. Me temo que si llega el momento, muy pocos pasarían al reverso.
A partir de ahora luchamos contra dos enemigos: los merot y nosotros mismos. Los merot nos roban nuestra parte del Universo y nosotros nos privamos de la posibilidad de ir al otro lado, donde está la salvación.
Dios, que difícil nos pones la victoria.

 
Comentario:
Dos trozos mas...

Espero que te llegase mi respuesta a lo otro

Saluud
 
Comentario:
Soy la de siempre...
¿puedes poner otro trozo, por favor?

Gracias
 
Comentario:
¿¿Un trocito mas??

La verdad es que tengo curiosidad por ver como sigue. ¿no podrías mandarmelo entero por correo electrónico?

Solo si quieres, ¿eh? Sino, yo seguiré pidiendote que pongas algún trozo de vez en cuando...

Saludos
Pues
No