Hoy es el último día que pasaremos aquí, en este planeta increíble. En realidad nos iremos antes de anochecer, porque en este planeta los días tienen veintisiete horas y media.
La estancia entre los elf ha sido inolvidable. Salimos de aquí con un ánimo completamente distinto del que teníamos al llegar. Es como si algo de la casi inmortalidad de los elf hubiera entrado en nosotros. Todas las pequeñas dudas que reflejé en mi última anotación del diario se han ido disipando a medida que hablamos con algunos elf más y nos explicaron hasta qué punto es crítica su situación. No me extraña ahora que para ellos seamos una joya que hay que cuidar con el máximo cuidado, porque si nuestra misión sale mal va a haber muy pocas posibilidades de vencer a los merot.
Ojos de Muerte no está más cerca, ni hay menos peligros en el camino, ni la guerra ha mejorado, pero a menudo las cosas cobran el aspecto que queramos darles, y en este sitio no es posible agobiarse con nada.
La pasada noche organizaron para nosotros una maravillosa fiesta de despedida en la que escuché las canciones más bellas que he oído en mi vida. La melodía era tan hermosa que casi sentía ganas de llorar. Para los elf, sus canciones son algo más que música, algo más que entretenimiento: son lo único puro que han podido traerse a este lado del Universo. Una de esas canciones, la más corta, decía así:
Tanto se acercó la mariposa
a la refulgente llama
que el fuego, inmisericorde,
prendió en sus alas.
Y en el último momento de su vida,
mientras moría abrasada,
fue feliz la mariposa
pues supo que era el amor
lo que en verdad la quemaba.
Tuvieron que repetirlo para que yo pudiera copiarlo, pero creo que merecía la pena.
Snorr les ha contado a los elf lo sucedido con el Harattald y como fuimos salvados por los Inesperados. Contra lo que yo esperaba, no sólo no se rieron, sino que dijeron que tuviéramos cuidado con nuestros actos, porque ya no estaban escrito en el libro de Dios. Lo más preocupante de todo es que los elf son demasiado de fiar para tomar sus palabras como meras supersticiones. Tal vez los viajeros heredaron de ellos su creencia en los Inesperados. Eso lo explicaría todo. De hecho, explicaría muchas otras cosas, pero mejor es dejar ese asunto.
Dentro de unas horas se acabará el sueño.