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Diario de un Liberal
Reflexiones en torno a la política y el liberalismo
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Cambios en el Concepto, Organización y Tiempo de Trabajo (III)
Para muchos autores el trabajo toca a su fin. DRUCKER vaticina la desaparición del trabajo como factor clave de la producción, convirtiéndose en “el proceso inacabado de la sociedad capitalista”. DAHRENDORF ya se preguntaba en 1982 ¿hacia dónde nos conduce la abolición del trabajo?. Asimismo, HABERMAS, en 1985, anunciaba el fin, histórica-mente previsible, de la sociedad fundada sobre el trabajo.

La introducción de nuevas tecnologías, con sus ganancias implícitas en productividad, como señalan RIFKIN o AZNAR, es la responsable del fin del trabajo. Desde esta perspectiva se afirma que produciremos riquezas sin trabajo o casi sin trabajo. Si la era industrial acabó con la esclavitud, la era de la información acabará con el empleo masivo.

En la actualidad, la economía global puede producir una mayor cantidad de bienes y servicios empleando un tanto por ciento significativamente menor de masa laboral . Un reciente estudio europeo pronostica que en los próximos 30 años tan sólo un 2% de la actual fuerza laboral será necesaria para producir todos los bienes necesarios para satisfacer la demanda total.

Parece pues que, pese a la opinión de muchos expertos, la tecnología no es la solución. COOLEY , en su libro Arquitecto o Abeja, señala hasta qué punto puede ser descualificadora la nueva tecnología, a pesar de todo su potencial óptimo, si se la considera como una máquina con un hombre a su servicio, en lugar de como una herramienta al servicio del hombre. En este sentido, los americanos tienen una frase, “hi-tech needs hi-touch” (la alta tecnología requiere mucho tacto).

Sin embargo, otras posturas señalan que la hipótesis del fin del trabajo no tiene en cuenta uno de los principios del capitalismo avanzado, el supuesto funcional de la expansión ilimitada de los mercados. Desde este punto de vista, el capitalismo nunca se enfrentará, salvo en momentos de crisis, con la posibilidad del fin del trabajo, es demasiado flexible, encontrará la forma de hacernos cabalgar con nuevas necesidades a medida que aumenta la productividad (y el desempleo) en los sectores que satisfacían las viejas.

Del sector industrial y de servicios se está pasando a la sociedad del saber y de la información . Este paso cambiará radicalmente no sólo el mundo laboral, sino también el propio concepto de trabajo (Bell, Drucker, Castells, Lash, Urry). El saber, que no el trabajo, se convierte en la principal fuente de riqueza social. Pero, contrariamente a los trabajadores del sistema capitalista, a ellos les pertenecen tanto los “medios como las herramientas de producción” . Además, allí donde el ingrediente básico no es el esfuerzo físico, sino el conocimiento, la ecuación entre el coste y el precio se desmorona, pues no sabemos como se evalúa el conocimiento.

Aunque, probablemente sea utópico pensar que en el futuro no habrá trabajo —tal y como lo hemos conocido durante los siglos XIX y XX—, que sólo existirán trabajadores del conocimiento que, de esta forma, se liberarán del poder del empresario, parece que este panorama puede ser algo más que una tendencia y, por tanto, nos debe invitar a reflexionar sobre ello .

En la actualidad, cuando el peso relativo de la clase trabajadora ha disminuido de forma significativa, los trabajadores relacionados con el conocimiento y la información se han convertido en la parte más importante de la ecuación económica . En la década de los noventa, ocho de cada diez nuevos empleos en las economías desarrolladas implicaban trabajo de conocimiento o procesamiento de la información. Además, aproximadamente 55 millones de personas en el mundo trabajan con el ordenador fuera de sus centros de trabajo. Esta situación nos puede conducir a una selección de los altamente cualificados (una especie de darwinismo tecnológico-educativo).

Para algunos autores, entre ellos DRUCKER , asistimos al conflicto de clases entre los dos grupos dominantes en la sociedad poscapitalista: los trabajadores del conocimiento y de la información, y los trabajadores de servicios.

Desde mi punto de vista, la clave está en saber cómo van a quedar distribuidas las ganancias en productividad durante la era de la información, cuando el trabajo deje de ser el mecanismo normal de distribución; eso nos conducirá a revisar los derechos ligados a él. Para ciertos autores, llegados a este punto, las alternativas pasan por una reducción de la jornada o la creación de una economía social (que genere empleos para los que se han quedado fuera del mercado de trabajo), ambos aspectos serán analizados más adelante.

Por tanto, debemos volver la espalda a la sociedad laboral convencional para redefinir el “trabajo” y el “empleo”, y abrir nuevos caminos para un reordenamiento no sólo de las organización social y empresarial del trabajo, sino también de la sociedad, puesto que la introducción de tecnología deja al ser humano sin autodefinición válida o función social.

El trabajo constituye desde hace dos siglos, como hemos visto, la relación social fundamental, en torno a la cual se articula el llamado contrato social. Sin embargo, como señala H. ARENDT, la característica más perturbadora de la sociedad actual es sin duda la reaparición de los “trabajadores sin trabajo”.

Hoy vemos claramente que el trabajo no puede cumplir todas las funciones que le hemos querido encomendar desde hace poco tiempo. Si el trabajo no es la única manera de realizarse que tiene el individuo, si no es el modo esencial con arreglo al cual se puede establecer el vínculo social, quizá sea absurdo querer dar a todas las actividades la forma del trabajo (que es una de las posturas actuales más comunes, léase GORZ por ejemplo), so pretexto de que es menester salvar el vínculo social. Lo veremos enseguida.

Próximo artículo:
La metamorfosis del trabajo: la superación del modelo taylorista/fordista
 
Comentario:
buena e interesante reflexión. Creo que no es sólo el trabajo. Los mundos simbólicos compartidos están cada vez más relacionados con los imaginarios postmodernos que con el trabajo. Hay una reflexión por hacer en este tema, creo yo. Un saludo más o menos liberal de un vecino de weblog
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