Luna de miel «on the road»: Yosemite Park, Las Vegas, Ruta 66, Grand Canyon y L. A. (2011)
Luna de miel «on the road»: Yosemite Park, Las Vegas, Ruta 66, Grand Canyon y L. A.
Muchos recién casados alquilan una autocaravana o una Harley-Davidson y se lanzan a la aventura de cruzar los desiertos de Nevada y vivir los espectaculares atardeceres de Arizona.
pag. 12-13 FUGAS VIERNES, 16 DE SEPTIEMBRE DEL 2011
E. VÁZQUEZ PITA | Tirar millas por el Oeste americano hace hervir la imaginación de muchos turistas. Distancias enormes y galones de gasolina.
Quienes disfruten su luna de miel allí vivirán una romántica aventura por interminables carreteras rectas que cruzan inhóspitos desiertos, montañas rojizas castigadas por el viento, ciudades repletas de casinos que imitan la torre Eiffel o Roma o moteles sacados de una escena de Psicosis. El camino no tiene pérdida: basta con seguir a
las parejas de moteros en Harley-Davidson que quieren llegar a tiempo al atardecer del gran cañón del Colorado.
Al volante, uno se siente protagonista de road movies como Thelma y Luise, Corazón salvaje o París-Tejas. Por ello, muchos recién casados (o que pronto unirán sus vidas tras una rápida ceremonia en un casino de Las Vegas sin validez legal en España) eligen la carretera para cruzar el país de los cow boys durante tres semanas. El
cambio de moneda abarata el viaje. Un desayuno cuesta 3 dólares pero el turista europeo paga 2 euros. La otra ventaja es que en Estados Unidos basta con mostrar el carné de conducir español y una tarjeta de crédito para alquilar un coche (más tasas y seguro).
Otros optan por conducir una autocaravana, casas con ruedas tan
grandes como autobuses. El itinerario pasa inevitablemente por la boscosa Arizona (fuera tópicos), Nevada y parada final en Santa Mónica, la playa de Los Ángeles (allí dicen L. A.).
Ellos solos, su vehículo y el asfalto. Y no faltan atractivos: puestas de sol anaranjadas en Red Canyon y Sedona, las más bellas del mundo con permiso de Fisterra, un paisaje de vértigo en el Grand Canyon, noches locas en Las Vegas y parada en los bares llenos de recuerdos de la mítica Ruta 66.
San Francisco es un buen punto de salida. Un apacible aperitivo comparado con lo que se avecina. Allí, hay una nube parada sobre la bahía, así que la primera compra será una sudadera y un biberón-cantimplora para mantener caliente el café. Por el frío.
Para visitar la isla-prisión de Alcatraz conviene reservar por Internet tres semanas antes. Y es obligado cruzar la interestatal 101 por el puente Golden Gate, mejor con niebla.
La segunda parada es el parque de Yosemite. Lleva dos horas cruzarlo. Allí reinan las secuoyas, árboles altos como rascacielos, los mayores seres vivos. El valle glacial reserva otras sorpresas, como un pico redondo (el Half Dome) partido por la mitad. Hay que reservar cama con meses de antelación. Y ojo con los osos, que roban la
comida en los coches de los turistas.
La luna de miel on the road sigue por el Death Valley, un paraje lunar tan desolado que hay que llevar botellas de agua y comida para varios días.
La siguiente parada es Las Vegas, una ciudad temática plantada en medio de la nada. El mejor plan es reservar una habitación en algún casino de la bulliciosa Las Vegas Boulevard, como el Luxor, que imita una pirámide egipcia, el Caesar Palace, que parece un circo romano, o el Venice, con góndolas.
Todo está pensado para que el visitante se sienta cómodo y por eso han instalado escaleras mecánicas para cruzar los pasos elevados o un tren monorraíl que pasa por los casinos. La musiquilla y los destellos de las máquinas incitan a gastar en una ciudad abierta las 24 horas. El dinero se evaporará en fichas, tiendas de superlujo, restaurantes de moda, espectáculos musicales o museos de la serie televisiva CSI. La casa siempre gana, pero el jugador paga por sentir unos minutos de emoción. Un consejo para el recién casado: no ccaiga en la tentación de aceptar publicidad callejera de chicas y gogós (recuerde que lleva a su esposa cogida
de la mano).
La siguiente escala está en el Grand Canyon, a cinco horas en coche de Las Vegas por la interestatal 40. Este tramo coincide con la mítica Ruta 66 entre Williams y Flagstag, donde se cruzará con parejas de moteros con pañuelo y chupa de cuero. Si desayuna en el Galaxy, se sentirá transportado a los años 50 como en Regreso al futuro.
El parque nacional del Gran Cañón está rodeado de bosques, lo que rompe el tópico de Arizona.Suele haber tormentas. Para dormir en una cabaña, reserven con un año de antelación, pero la recompensa es irse a dormir tras pisar acantilados de vértigo y estremecerse con atardeceres rojizos con la salida de la luna tras las montañas. Dicen que la cara norte es más impactante. pero el camino es largo.
En Sedona, escenario de películas de vaqueros, la puesta de sol tiñe
de amarillo los montes en forma de mesa. La visita incluye paisajes desolados como Diablo Canyon, Meteor Crater, el castillo de Moctezuma o las reservas de navajos y hopis. Al volante, uno se inquieta cuando asoman por el espejo retrovisor las chimeneas de un truck (camión) como en El diablo sobre ruedas. Será un largo trecho hacia Los Ángeles. Mejor, en avión.
Muchos recién casados alquilan una autocaravana o una Harley-Davidson y se lanzan a la aventura de cruzar los desiertos de Nevada y vivir los espectaculares atardeceres de Arizona.
pag. 12-13 FUGAS VIERNES, 16 DE SEPTIEMBRE DEL 2011
E. VÁZQUEZ PITA | Tirar millas por el Oeste americano hace hervir la imaginación de muchos turistas. Distancias enormes y galones de gasolina.
Quienes disfruten su luna de miel allí vivirán una romántica aventura por interminables carreteras rectas que cruzan inhóspitos desiertos, montañas rojizas castigadas por el viento, ciudades repletas de casinos que imitan la torre Eiffel o Roma o moteles sacados de una escena de Psicosis. El camino no tiene pérdida: basta con seguir a
las parejas de moteros en Harley-Davidson que quieren llegar a tiempo al atardecer del gran cañón del Colorado.
Al volante, uno se siente protagonista de road movies como Thelma y Luise, Corazón salvaje o París-Tejas. Por ello, muchos recién casados (o que pronto unirán sus vidas tras una rápida ceremonia en un casino de Las Vegas sin validez legal en España) eligen la carretera para cruzar el país de los cow boys durante tres semanas. El
cambio de moneda abarata el viaje. Un desayuno cuesta 3 dólares pero el turista europeo paga 2 euros. La otra ventaja es que en Estados Unidos basta con mostrar el carné de conducir español y una tarjeta de crédito para alquilar un coche (más tasas y seguro).
Otros optan por conducir una autocaravana, casas con ruedas tan
grandes como autobuses. El itinerario pasa inevitablemente por la boscosa Arizona (fuera tópicos), Nevada y parada final en Santa Mónica, la playa de Los Ángeles (allí dicen L. A.).
Ellos solos, su vehículo y el asfalto. Y no faltan atractivos: puestas de sol anaranjadas en Red Canyon y Sedona, las más bellas del mundo con permiso de Fisterra, un paisaje de vértigo en el Grand Canyon, noches locas en Las Vegas y parada en los bares llenos de recuerdos de la mítica Ruta 66.
San Francisco es un buen punto de salida. Un apacible aperitivo comparado con lo que se avecina. Allí, hay una nube parada sobre la bahía, así que la primera compra será una sudadera y un biberón-cantimplora para mantener caliente el café. Por el frío.
Para visitar la isla-prisión de Alcatraz conviene reservar por Internet tres semanas antes. Y es obligado cruzar la interestatal 101 por el puente Golden Gate, mejor con niebla.
La segunda parada es el parque de Yosemite. Lleva dos horas cruzarlo. Allí reinan las secuoyas, árboles altos como rascacielos, los mayores seres vivos. El valle glacial reserva otras sorpresas, como un pico redondo (el Half Dome) partido por la mitad. Hay que reservar cama con meses de antelación. Y ojo con los osos, que roban la
comida en los coches de los turistas.
La luna de miel on the road sigue por el Death Valley, un paraje lunar tan desolado que hay que llevar botellas de agua y comida para varios días.
La siguiente parada es Las Vegas, una ciudad temática plantada en medio de la nada. El mejor plan es reservar una habitación en algún casino de la bulliciosa Las Vegas Boulevard, como el Luxor, que imita una pirámide egipcia, el Caesar Palace, que parece un circo romano, o el Venice, con góndolas.
Todo está pensado para que el visitante se sienta cómodo y por eso han instalado escaleras mecánicas para cruzar los pasos elevados o un tren monorraíl que pasa por los casinos. La musiquilla y los destellos de las máquinas incitan a gastar en una ciudad abierta las 24 horas. El dinero se evaporará en fichas, tiendas de superlujo, restaurantes de moda, espectáculos musicales o museos de la serie televisiva CSI. La casa siempre gana, pero el jugador paga por sentir unos minutos de emoción. Un consejo para el recién casado: no ccaiga en la tentación de aceptar publicidad callejera de chicas y gogós (recuerde que lleva a su esposa cogida
de la mano).
La siguiente escala está en el Grand Canyon, a cinco horas en coche de Las Vegas por la interestatal 40. Este tramo coincide con la mítica Ruta 66 entre Williams y Flagstag, donde se cruzará con parejas de moteros con pañuelo y chupa de cuero. Si desayuna en el Galaxy, se sentirá transportado a los años 50 como en Regreso al futuro.
El parque nacional del Gran Cañón está rodeado de bosques, lo que rompe el tópico de Arizona.Suele haber tormentas. Para dormir en una cabaña, reserven con un año de antelación, pero la recompensa es irse a dormir tras pisar acantilados de vértigo y estremecerse con atardeceres rojizos con la salida de la luna tras las montañas. Dicen que la cara norte es más impactante. pero el camino es largo.
En Sedona, escenario de películas de vaqueros, la puesta de sol tiñe
de amarillo los montes en forma de mesa. La visita incluye paisajes desolados como Diablo Canyon, Meteor Crater, el castillo de Moctezuma o las reservas de navajos y hopis. Al volante, uno se inquieta cuando asoman por el espejo retrovisor las chimeneas de un truck (camión) como en El diablo sobre ruedas. Será un largo trecho hacia Los Ángeles. Mejor, en avión.
Google sale del garaje y lidera la nueva economía en Silicon Valley (2011)
Google sale del garaje y lidera la nueva economía en Silicon Valley
La «cibercity», que genera el 6 % del PIB de California, vive su mayor bum
Publicado en la sección de Economía de La Voz de Galicia
Autor:
E. VÁZQUEZ PITA
Localidad:
MOUNTAIN VIEW / LA VOZ
Fecha de publicación: 11/9/2011
La UE ha puesto sus ojos en Silicon Valley -el parque tecnológico cuna del chip, Google y el iPad, en el sur de la bahía de San Francisco- que sobrevivió a la crisis de las punto.com del 2000 y vive un bum. Las casas allí valen casi un millón de dólares. El recorrido por este gigantesco polígono muestra cientos de empresas emprendedoras de la nueva economía de la información (26 ya están en la lista Fortune). La comisaria de la Agencia Digital Europea, Neelie Kroes, visitó la cibercity para exportar los secretos de la cultura del garaje a Europa. Justo en una época con despidos en la cúpula de Yahoo y cuando Facebook proyecta un megacampus para 10.000 empleados.
Ajetreado día en la calle Market Street de San Francisco. Una profesora de inglés sorbe café de su biberón-cantimplora y teclea «Santiago de Compostela». El proyector muestra una vista área de la capital gallega en el encerado electrónico del aula gracias a Google Maps. Un ingeniero coreano recién graduado la reconoce: «Yo he peregrinado allí y a Fisterra». Estos milagros son posibles gracias a las tecnologías que nacen en Silicon Valley. Esta tecnópolis, que da trabajo a casi 400.000 ingenieros, se extiende a lo largo del Camino Real, la ruta de los misioneros españoles del siglo XVIII. Hoy, en los márgenes de la Interestatal 101, que une San José con el puente del Golden Gate, se asientan gigantes de la era digital como Google, Twitter, Oracle, Apple, Adobe, eBay, HP, Yahoo!, Intel o la NASA.
¿Cuál es la clave del éxito del motor de la industria de la tecnología de la información? La pista nos lleva a Palo Alto. Desde la estación del Caltrain, un shuttle (bus gratuito) traslada a los visitantes a la Universidad de Stanford, rodeada de bosques, campos deportivos y aulas e iglesias de estilo colonial español. En un tablón de anuncios, un profesor recluta voluntarios para un experimento de reconocimiento de rostros. Este campus de élite cobra hasta 12.000 dólares por un curso veraniego. Estudiantes de doctorado que recalaron allí, como Sergey Brin y Larry Page, fundaron el buscador Google en un garaje tras necesitar toda la potencia de los ordenadores del campus.
Hoy, ambos son millonarios y su sede ocupa el complejo de edificios llamado Googleplex, que atrae como un imán a los turistas. Los visitantes se apean en Mountain View o Palo Alto y buscan un bus urbano que los acerque al campus tecnológico. Llueven peticiones para hacer tours por la empresa, pero Rachel, una portavoz, lamenta que «es imposible atenderlos».
Desde la Interestatal 101, es fácil divisar la sede de Oracle o la NASA. El campus de Google está señalizado con unas gigantes flechas rojas, un guiño al localizador del Google Maps. Los turistas miran a hurtadillas por las ventanas para comprobar si son ciertas las leyendas sobre su cultura informal del trabajo, con ejecutivos en sudadera, mesas de billar, comida y gimnasio gratis. Sí, es cierto que los empleados se mueven en bicicletas. Los edificios están decorados con coloridas sombrillas, estaturas gigantes de pasteles, galletas o el Android, pianos de cola en la entrada principal o una réplica a gran escala del extraterrestre Alien. Este valle genera el 6 % del PIB de California, 77.000 millones de euros.
Al regresar a la carretera, el conductor echa un vistazo a su GPS y observa el denso tráfico de coches, la mayoría de marcas japonesas, lo que explica la decadencia de Detroit. Si alguien duda del éxito de las tecnologías de la información puede asomarse a la tienda de Apple en la comercial tercera avenida de Santa Mónica Beach, en Los Ángeles. Dentro, cientos de clientes examinan las últimas novedades del iPad. Al lado, hay una tienda de Zara, cuyo fundador Amancio Ortega es citado en un libro de gramática inglesa como ejemplo de emprendedor.
La «cibercity», que genera el 6 % del PIB de California, vive su mayor bum
Publicado en la sección de Economía de La Voz de Galicia
Autor:
E. VÁZQUEZ PITA
Localidad:
MOUNTAIN VIEW / LA VOZ
Fecha de publicación: 11/9/2011
La UE ha puesto sus ojos en Silicon Valley -el parque tecnológico cuna del chip, Google y el iPad, en el sur de la bahía de San Francisco- que sobrevivió a la crisis de las punto.com del 2000 y vive un bum. Las casas allí valen casi un millón de dólares. El recorrido por este gigantesco polígono muestra cientos de empresas emprendedoras de la nueva economía de la información (26 ya están en la lista Fortune). La comisaria de la Agencia Digital Europea, Neelie Kroes, visitó la cibercity para exportar los secretos de la cultura del garaje a Europa. Justo en una época con despidos en la cúpula de Yahoo y cuando Facebook proyecta un megacampus para 10.000 empleados.
Ajetreado día en la calle Market Street de San Francisco. Una profesora de inglés sorbe café de su biberón-cantimplora y teclea «Santiago de Compostela». El proyector muestra una vista área de la capital gallega en el encerado electrónico del aula gracias a Google Maps. Un ingeniero coreano recién graduado la reconoce: «Yo he peregrinado allí y a Fisterra». Estos milagros son posibles gracias a las tecnologías que nacen en Silicon Valley. Esta tecnópolis, que da trabajo a casi 400.000 ingenieros, se extiende a lo largo del Camino Real, la ruta de los misioneros españoles del siglo XVIII. Hoy, en los márgenes de la Interestatal 101, que une San José con el puente del Golden Gate, se asientan gigantes de la era digital como Google, Twitter, Oracle, Apple, Adobe, eBay, HP, Yahoo!, Intel o la NASA.
¿Cuál es la clave del éxito del motor de la industria de la tecnología de la información? La pista nos lleva a Palo Alto. Desde la estación del Caltrain, un shuttle (bus gratuito) traslada a los visitantes a la Universidad de Stanford, rodeada de bosques, campos deportivos y aulas e iglesias de estilo colonial español. En un tablón de anuncios, un profesor recluta voluntarios para un experimento de reconocimiento de rostros. Este campus de élite cobra hasta 12.000 dólares por un curso veraniego. Estudiantes de doctorado que recalaron allí, como Sergey Brin y Larry Page, fundaron el buscador Google en un garaje tras necesitar toda la potencia de los ordenadores del campus.
Hoy, ambos son millonarios y su sede ocupa el complejo de edificios llamado Googleplex, que atrae como un imán a los turistas. Los visitantes se apean en Mountain View o Palo Alto y buscan un bus urbano que los acerque al campus tecnológico. Llueven peticiones para hacer tours por la empresa, pero Rachel, una portavoz, lamenta que «es imposible atenderlos».
Desde la Interestatal 101, es fácil divisar la sede de Oracle o la NASA. El campus de Google está señalizado con unas gigantes flechas rojas, un guiño al localizador del Google Maps. Los turistas miran a hurtadillas por las ventanas para comprobar si son ciertas las leyendas sobre su cultura informal del trabajo, con ejecutivos en sudadera, mesas de billar, comida y gimnasio gratis. Sí, es cierto que los empleados se mueven en bicicletas. Los edificios están decorados con coloridas sombrillas, estaturas gigantes de pasteles, galletas o el Android, pianos de cola en la entrada principal o una réplica a gran escala del extraterrestre Alien. Este valle genera el 6 % del PIB de California, 77.000 millones de euros.
Al regresar a la carretera, el conductor echa un vistazo a su GPS y observa el denso tráfico de coches, la mayoría de marcas japonesas, lo que explica la decadencia de Detroit. Si alguien duda del éxito de las tecnologías de la información puede asomarse a la tienda de Apple en la comercial tercera avenida de Santa Mónica Beach, en Los Ángeles. Dentro, cientos de clientes examinan las últimas novedades del iPad. Al lado, hay una tienda de Zara, cuyo fundador Amancio Ortega es citado en un libro de gramática inglesa como ejemplo de emprendedor.
California y sus contradicciones (2011)
California y sus contradicciones (2011)
California y sus contradicciones
Pese a un PIB de un billón de euros, bordea la quiebra
http://www.lavozdegalicia.es/dinero/2011/09/04/0003_201109G4P31991.htm
Publicado en La Voz de Galicia, sección Economía el 4 de septiembre del 2011
(Aclaración posterior a la publicación del artículo: en un foro en inglés, un ciudadano dice exactamente que "si fuésemos un país, las agencias nos calificarían con la nota A--". Y es cierto, si California fuese un pais, pero no lo es. Como bien dice el alcalde de Los Angeles en una entrevista a El Pais publicada el mismo día, California no puede quebrar técnicamente porque es un estado dependiente de la reserva federal)
Autor: E.V.Pita
Redacción / La Voz
Playas de aguas frías, veranos nubosos, extensas cosechas de vino y una larga polémica por la tardanza en construir una línea de tren de alta velocidad. ¿Galicia? No. Hablamos de California, el Estado más rico y poblado de Estados Unidos. Si fuese un país, la costa de Los Ángeles a San Francisco figuraría entre la octava y décima potencia económica mundial, por encima de España. Acoge a dos universidades de élite, Stanford y Berkeley, empresas de tecnología punta como Google y Facebook en Silicon Valley, extensos latifundios vinitícolas y bodegas en Napa Valley, así como la poderosa industria cinematográfica de Hollywood. «Quiero quedarme aquí porque es donde está lo último en alta tecnología», comenta un universitario taiwanés mientras bebe un café de caramelo de la cadena Starbucks. Como él, miles de asiáticos han desembarcado en el Estado Dorado para hacer su sueño realidad, como antaño atrajo a misioneros españoles y luego buscadores de oro.
Sin embargo, California acumula numerosas contradicciones. Las hay a miles. Factura 1,5 billones de dólares (un billón de euros), un PIB parecido al de Italia, pero el Gobierno está al borde de la bancarrota. «Nos van a poner la clasificación A--», advierte un ciudadano en un foro on-line.
En Santa Bárbara, un enclave turístico con pelícanos y dunas protegidas, los bañistas toman el sol rodeados del chapapote que, supuestamente, vierten la flota pesquera y cuatro plataformas petrolíferas ancladas en el horizonte.
En San Francisco, miles de sintecho, algunos con graves enfermedades mentales o de drogadicción y alcoholismo, vagan con sus carritos de la compra por Market Street, la arteria más céntrica de San Francisco, a escasos metros de las sedes de Wells and Fargo o Bank of America, este último fundado por un emprendedor de la fiebre del oro. «Estás muerto», le dice un vagabundo barbudo a un asustado turista que espera a la puerta del hotel.
Pero la mayor contradicción es el tren. Aunque parezca increíble, la ciudad de Los Angeles, con 17 millones de habitantes en el área metropolitana, y San Francisco, con 7, no están conectadas directamente con un servicio ferroviario. La franja de Sacramento a San Diego, entre 900 y 1.000 kilómetros, suman 34 millones de habitantes, doce veces Galicia. Por carretera son cinco horas de viaje, siempre que se evite la mítica Big One que recorre la tortuosa costa. El servicio ferroviario de Amtrak cubre la mayoría de los tramos con trenes de doble piso pero, a veces, los pasajeros tienen que apearse en estaciones intermedias, como Santa Barbara, y continuar en autocar, a lo que se suman retrasos de casi una hora. Numerosos turistas que regresan en coche del parque Yosemite se ven atrapados en un cruce de Escalón durante 20 minutos por los que circulan kilométricos trenes de mercancía, con hasta 200 vagones. Y los diarios de San Francisco dedican páginas enteras al servicio de metro ligero Bart, al que tildan de obsoleto.
Otras veces, hay pocas frecuencias de trenes, como el Caltrain, un tren de cercanías de San Francisco a San José, que pasa por Palo Alto, Stanford y Mountain View (Silicom Valley) cada hora. Numerosos profesores y expertos informáticos que pierden por un minuto el tren, hacen tiempo en la estación de Palo Alto navegando con sus iPad a la espera del próximo. Las obras del nuevo Hight Speed Rail, bautizado por la prensa como el Bullet Train (tren bala), empezarán en el 2013 y será el primero en construirse en Estados Unidos para circular a más de 250 kilómetros por hora, pero los ciudadanos se oponen por su alto coste, cuyo presupuesto se ha disparado a 63.000 millones de dólares.
California y sus contradicciones
Pese a un PIB de un billón de euros, bordea la quiebra
http://www.lavozdegalicia.es/dinero/2011/09/04/0003_201109G4P31991.htm
Publicado en La Voz de Galicia, sección Economía el 4 de septiembre del 2011
(Aclaración posterior a la publicación del artículo: en un foro en inglés, un ciudadano dice exactamente que "si fuésemos un país, las agencias nos calificarían con la nota A--". Y es cierto, si California fuese un pais, pero no lo es. Como bien dice el alcalde de Los Angeles en una entrevista a El Pais publicada el mismo día, California no puede quebrar técnicamente porque es un estado dependiente de la reserva federal)
Autor: E.V.Pita
Redacción / La Voz
Playas de aguas frías, veranos nubosos, extensas cosechas de vino y una larga polémica por la tardanza en construir una línea de tren de alta velocidad. ¿Galicia? No. Hablamos de California, el Estado más rico y poblado de Estados Unidos. Si fuese un país, la costa de Los Ángeles a San Francisco figuraría entre la octava y décima potencia económica mundial, por encima de España. Acoge a dos universidades de élite, Stanford y Berkeley, empresas de tecnología punta como Google y Facebook en Silicon Valley, extensos latifundios vinitícolas y bodegas en Napa Valley, así como la poderosa industria cinematográfica de Hollywood. «Quiero quedarme aquí porque es donde está lo último en alta tecnología», comenta un universitario taiwanés mientras bebe un café de caramelo de la cadena Starbucks. Como él, miles de asiáticos han desembarcado en el Estado Dorado para hacer su sueño realidad, como antaño atrajo a misioneros españoles y luego buscadores de oro.
Sin embargo, California acumula numerosas contradicciones. Las hay a miles. Factura 1,5 billones de dólares (un billón de euros), un PIB parecido al de Italia, pero el Gobierno está al borde de la bancarrota. «Nos van a poner la clasificación A--», advierte un ciudadano en un foro on-line.
En Santa Bárbara, un enclave turístico con pelícanos y dunas protegidas, los bañistas toman el sol rodeados del chapapote que, supuestamente, vierten la flota pesquera y cuatro plataformas petrolíferas ancladas en el horizonte.
En San Francisco, miles de sintecho, algunos con graves enfermedades mentales o de drogadicción y alcoholismo, vagan con sus carritos de la compra por Market Street, la arteria más céntrica de San Francisco, a escasos metros de las sedes de Wells and Fargo o Bank of America, este último fundado por un emprendedor de la fiebre del oro. «Estás muerto», le dice un vagabundo barbudo a un asustado turista que espera a la puerta del hotel.
Pero la mayor contradicción es el tren. Aunque parezca increíble, la ciudad de Los Angeles, con 17 millones de habitantes en el área metropolitana, y San Francisco, con 7, no están conectadas directamente con un servicio ferroviario. La franja de Sacramento a San Diego, entre 900 y 1.000 kilómetros, suman 34 millones de habitantes, doce veces Galicia. Por carretera son cinco horas de viaje, siempre que se evite la mítica Big One que recorre la tortuosa costa. El servicio ferroviario de Amtrak cubre la mayoría de los tramos con trenes de doble piso pero, a veces, los pasajeros tienen que apearse en estaciones intermedias, como Santa Barbara, y continuar en autocar, a lo que se suman retrasos de casi una hora. Numerosos turistas que regresan en coche del parque Yosemite se ven atrapados en un cruce de Escalón durante 20 minutos por los que circulan kilométricos trenes de mercancía, con hasta 200 vagones. Y los diarios de San Francisco dedican páginas enteras al servicio de metro ligero Bart, al que tildan de obsoleto.
Otras veces, hay pocas frecuencias de trenes, como el Caltrain, un tren de cercanías de San Francisco a San José, que pasa por Palo Alto, Stanford y Mountain View (Silicom Valley) cada hora. Numerosos profesores y expertos informáticos que pierden por un minuto el tren, hacen tiempo en la estación de Palo Alto navegando con sus iPad a la espera del próximo. Las obras del nuevo Hight Speed Rail, bautizado por la prensa como el Bullet Train (tren bala), empezarán en el 2013 y será el primero en construirse en Estados Unidos para circular a más de 250 kilómetros por hora, pero los ciudadanos se oponen por su alto coste, cuyo presupuesto se ha disparado a 63.000 millones de dólares.
Etiquetas: california economia
El Gerês, ante un futuro incierto
LA LUCHA CONTRA EL FUEGO
LA VOZ EN EL GERêS
El Gerês, ante un futuro incierto
http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2010/09/06/0003_8709494.htm
Los vecinos del parque nacional portugués consiguieron salvar sus casas, pero se enfrentan ahora a una ardua y todavía lejana reforestación de pinos, eucaliptos y especies autóctonas como el carballo
Autor:
E. Vázquez Pita
Fecha de publicación:
6/9/2010
Agosto es el mes más cruel, criando lilas de la tierra muerta, mezclando memoria y deseo, removiendo turbias raíces con altas temperaturas. Parafraseando al poeta T.?S.?Eliot, el verano sorprendió a los vecinos del parque nacional de Peneda-Gerês. Esta extensión, que supera los 700 kilómetros cuadrados y que fue abierta en 1971, es ahora tierra baldía.
La entrada al parque por Ponte da Barca, a media hora de Tui, no puede ser más desoladora. Árboles retorcidos por el calor intimidan al visitante mientras algunos operarios con motosierras limpian de matojos las cunetas. Eso no parece echar atrás a dos cicloturistas franceses que siguen la carretera en dirección a la frontera y la villa gallega de Lobios.
El camino hacia el interior del parque depara inmensas panorámicas de los cañones del Limia, cuyas laderas aparecen calcinadas a escasos metros de las casas. Un viejo Renault-4 de color verde sube por la estrecha y serpenteante carretera de Vilarinho de Quartas. El coche y el agua del río Limia son las únicas notas de color verde en un paisaje carbonizado. Aún es pronto para hablar de reforestación con los vecinos, tras quince días de tregua. «No sabemos qué vamos a hacer ahora», comenta un ganadero. Han sido víctimas de una caída de fichas de dominó. El fuego se inició fuera del parque y se extendió sin control. Allí limpian los montes y nadie escatimó medios para apagar los incendios. Llegaron a participar 700 bomberos.
El mayor incendio duró quince días en Terras do Bouro y arrasó Vilarinho das Furnas, Serra Amarela, Lindoso y Mata de Cabril. Ardieron 3.529 hectáreas de carballos, árboles resinosos y matorral. Este siniestro amenazó los alrededores del municipio de Lobios y el parque de O Xurés, una zona de gran valor histórico porque la cruza la antigua calzada romana que unía Astorga con Braga. Los gobernadores de la época inscribieron su nombre en los mojones que numeraban las millas. Los excursionistas pueden, además, recorrer una senda repleta de pozas que permiten bañarse en los riachuelos.
El Instituto da Conservação da Natureza e a Biodiversidade (ICNB) confirma que este fuego comenzó fuera del parque del Gerês, lo mismo que los otros dos mayores incendios de agosto en la zona. Los datos provisionales se basan en las evaluaciones del terreno y de datos cartográficos. En Arcos, Travanca, Mezio y Soajo se perdieron 2.465 hectáreas de foresta, entre ellas pino silvestre autóctono. El fuego duró diez días, y algunos bomberos que intervinieron en la extinción hablan de tres mil hectáreas calcinadas.
Esta zona del río Lima (Limia, en Galicia) está plagada de leyendas. La más conocida habla de una legión romana comandada por Junio Décimo Bruto y que se negó a cruzar el río por miedo a perder la memoria. El general vadeó el caudal a caballo y desde la otra orilla llamó por sus nombres a sus más asustados subordinados. Así pudieron avanzar hacia el fin del mundo.
El tercer incendio de gravedad se situó en Brufe, Calcedonia, Gerez y Vilar de Veiga y duró ocho días. Solo el cuarto fuego, el de Fafiao, con 689 hectáreas quemadas, se inició en el propio parque. Ardieron pinos silvestres y bravos, eucalipto, mimosas y matorral.
De estas áreas arrasadas, el 18% eran de conservación de la naturaleza y el resto estaban destinadas a actividad humana. Al menos, 724 hectáreas quemadas gozaban de protección total, sobre todo en Mata do Cabril. Dañaron tejos y nidos de halcón peregrino. La zona donde había menor actividad humana fue la que sufrió menos daños, aunque lo devastado equivale al 2% del parque.
Todo apunta a que las autoridades ampliarán ahora el número de cortafuegos para frenar el avance de los incendios.
LA VOZ EN EL GERêS
El Gerês, ante un futuro incierto
http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2010/09/06/0003_8709494.htm
Los vecinos del parque nacional portugués consiguieron salvar sus casas, pero se enfrentan ahora a una ardua y todavía lejana reforestación de pinos, eucaliptos y especies autóctonas como el carballo
Autor:
E. Vázquez Pita
Fecha de publicación:
6/9/2010
Agosto es el mes más cruel, criando lilas de la tierra muerta, mezclando memoria y deseo, removiendo turbias raíces con altas temperaturas. Parafraseando al poeta T.?S.?Eliot, el verano sorprendió a los vecinos del parque nacional de Peneda-Gerês. Esta extensión, que supera los 700 kilómetros cuadrados y que fue abierta en 1971, es ahora tierra baldía.
La entrada al parque por Ponte da Barca, a media hora de Tui, no puede ser más desoladora. Árboles retorcidos por el calor intimidan al visitante mientras algunos operarios con motosierras limpian de matojos las cunetas. Eso no parece echar atrás a dos cicloturistas franceses que siguen la carretera en dirección a la frontera y la villa gallega de Lobios.
El camino hacia el interior del parque depara inmensas panorámicas de los cañones del Limia, cuyas laderas aparecen calcinadas a escasos metros de las casas. Un viejo Renault-4 de color verde sube por la estrecha y serpenteante carretera de Vilarinho de Quartas. El coche y el agua del río Limia son las únicas notas de color verde en un paisaje carbonizado. Aún es pronto para hablar de reforestación con los vecinos, tras quince días de tregua. «No sabemos qué vamos a hacer ahora», comenta un ganadero. Han sido víctimas de una caída de fichas de dominó. El fuego se inició fuera del parque y se extendió sin control. Allí limpian los montes y nadie escatimó medios para apagar los incendios. Llegaron a participar 700 bomberos.
El mayor incendio duró quince días en Terras do Bouro y arrasó Vilarinho das Furnas, Serra Amarela, Lindoso y Mata de Cabril. Ardieron 3.529 hectáreas de carballos, árboles resinosos y matorral. Este siniestro amenazó los alrededores del municipio de Lobios y el parque de O Xurés, una zona de gran valor histórico porque la cruza la antigua calzada romana que unía Astorga con Braga. Los gobernadores de la época inscribieron su nombre en los mojones que numeraban las millas. Los excursionistas pueden, además, recorrer una senda repleta de pozas que permiten bañarse en los riachuelos.
El Instituto da Conservação da Natureza e a Biodiversidade (ICNB) confirma que este fuego comenzó fuera del parque del Gerês, lo mismo que los otros dos mayores incendios de agosto en la zona. Los datos provisionales se basan en las evaluaciones del terreno y de datos cartográficos. En Arcos, Travanca, Mezio y Soajo se perdieron 2.465 hectáreas de foresta, entre ellas pino silvestre autóctono. El fuego duró diez días, y algunos bomberos que intervinieron en la extinción hablan de tres mil hectáreas calcinadas.
Esta zona del río Lima (Limia, en Galicia) está plagada de leyendas. La más conocida habla de una legión romana comandada por Junio Décimo Bruto y que se negó a cruzar el río por miedo a perder la memoria. El general vadeó el caudal a caballo y desde la otra orilla llamó por sus nombres a sus más asustados subordinados. Así pudieron avanzar hacia el fin del mundo.
El tercer incendio de gravedad se situó en Brufe, Calcedonia, Gerez y Vilar de Veiga y duró ocho días. Solo el cuarto fuego, el de Fafiao, con 689 hectáreas quemadas, se inició en el propio parque. Ardieron pinos silvestres y bravos, eucalipto, mimosas y matorral.
De estas áreas arrasadas, el 18% eran de conservación de la naturaleza y el resto estaban destinadas a actividad humana. Al menos, 724 hectáreas quemadas gozaban de protección total, sobre todo en Mata do Cabril. Dañaron tejos y nidos de halcón peregrino. La zona donde había menor actividad humana fue la que sufrió menos daños, aunque lo devastado equivale al 2% del parque.
Todo apunta a que las autoridades ampliarán ahora el número de cortafuegos para frenar el avance de los incendios.
30 consultas para viajar por Europa en tren (E.V.Pita, 2002)
El siguiente PDF contiene 30 consultas sobre cómo organizar viajes por Europa en tren.
consultasinterrailevpita2
consultasinterrailevpita2
Nepal, paz en el Everest
19 DE NOVIEMBRE DEL 2006 | LOS DOMINGOS DE LA VOZ | 15
La paz vuelve al pie del Everest
Nepal pondrá fin a la guerra civil de diez años que enfrentó a la monarquía y a los guerrilleros de ideología comunista
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO Y FOTOS
Dice un chiste nepalí que en ese país hay cuatro formas de casarse: una mujer con dos o más hombres, un hombre con varias mujeres, un matrimonio por conveniencia y la elección de pareja por amor. «Esta última es la más rara», bromea un nativo criado en el campo.
Dicen que el amor fue lo que empujó al príncipe heredero Dipendra
a masacrar con una ametralladora a toda la familia real en junio del 2001, disparó a la familia real porque se opuso a su boda. Estaba furioso porque sus padres, instauradores de un régimen parlamentario, habían desaprobado su elección de esposa. El asesino murió en el hospital tras ser coronado rey y el trono pasó a su tío Gyanendra, el único superviviente de la dinastía.
La tragedia perdura en la mente colectiva de los nepalíes, impacientes por contar esta historia a los recién llegados. Pero la paz vuelve a Nepal, un país situado a los pies del Himalaya y tan grande como Portugal pero con el cuádruple de población.
Desde el inicio del verano, los habitantes de Katmandú, la capital, respiran un inusitado optimismo. Es cuestión de días que un pacto cierre las heridas de una guerra civil que enfrentó durante diez años a la monarquía y a los guerrilleros maoístas de ideología comunista.
La calma sólo se vio interrumpida en agosto por una huelga general del transporte que provocó una imagen inaudita en Asia: no circulaba un sólo cocheni motocarro por la calle. Un silencio sepulcral que agradecen los forasteros recién llegados del bullicioso y caótico país de la India.
Durante días, Katmandú estuvo cortado por barricadas levantadas
por ciudadanos airados que protestaban por la subida de la gasolina hasta casi 80 céntimos de euro, un lujo en un país que está a la cola por renta per cápita. Los motoristas y conductores hacían largas esperas a la entrada de los surtidores públicos. «Las gasolineras privadas han cerrado porque almacenan el combustible a la espera de que la tarifa suba», comenta un curioso que observa las colas y una fila de militares que ronda a pie por la carretera.
Katmandú fue la gran ciudad desde la que el explorador Edmund
Hillary partió en su hazaña de escalar el monte Everest. Desde la avioneta que sobrevuela las cumbres nevadas y rodeadas de nubes, uno no puede más que sobrecogerse ante la grandeza de la
cordillera del Himalaya, el techo del mundo que tocó la porriñesa
Chus Lago.
El Everest (los nepalíes lo llaman Sagarmatha) es visible, cuando no
hace niebla, desde un pequeño mirador situado a 30 kilómetros de Katmandú. Al caminar por las aldeas cercanas se puede sentir un remanso de paz, lo que no oculta la dureza de la montaña. Sus pobladores viven en la calle. Se pueden ver ancianos agricultores
que cargan fardos de arroz o cuidan los rebaños, amas de casa
semidesnudas que se asean en la acera porque carecen de agua o
campesinas sentadas en la calzada mientras mallan la pimienta o
secan las hojas.
Sólo los niños parecen ajenos a esa crudeza y elevan distraídos sus cometas de colores sobre los tejados de ciudades milenarias. Y es que las escuelas no están para lujos: los maestros,algunos veinteañeros, tienen que mendigar a los extranjeros lápices y libretas para sus alumnos. Otros son huérfanos y frecuentan los templos
hindúes, algunos tan curiosos que tienen como dioses a las ratas, a las que sus cuidadores dejan corretear en el altar.
Tres adolescentes pasan el tiempo en las aldeas con sus bicis y comentan sus ansias de ir a la ciudad a trabajar. No saben dónde está España, pero hablan maravillas del Real Madrid. Otros aprenden idiomas con los turistas que hacen senderismo por los campos de arroz, que llenan el paisaje de un verde luminoso jamás visto en Galicia. Y algún joven monje budista juega al ajedrez en la acera con sus amigos mientras los viejos beben té en una tasca cercana.
Estas montañas han curtido a los 30 millones habitantes de este país, la mitad analfabetos y la otra mitad menores de edad. Un ejemplo de la dureza de carácter son los serpas. Es fácil toparse con ellos por las concurridas calles de Katmandú. Éstos, delgados y de baja estatura, caminan impertérritos con sus hombros cargados con dos sofás, sólo sujetos con una cinta a la frente. Estos porteadores tienen una habilidad especial para doblar su espalda. Fue uno de ellos, Norgay, quien compartió la gloria de alcanzar la cumbre del Everest.
Katmandú no sólo atrae a montañeros que consiguen zamarras de goretex a 50 euros. En los años sesenta fue la meca de los hippies
que llegaron para practicar el budismo. Hay un barrio que se llama
El Pequeño Tíbet. Se trata de un complejo de templos a donde se
han exiliado muchos monjes que huyeron del país vecino invadido
hace décadas por China. El retrato del Dalái Lama preside, a los pies
de Buda, los edifi cios en forma de campana y dominados por dos
grandes ojos azules pintados en su frontal.
Pero quizás sea más impresionante el palacio de madera de la diosa viviente Kumari, en el centro de la ciudad. Una niña, a la que unos religiosos han reconocido como diosa, vive recluida allí y sólo se asoma por el balcón al oír el bullicio de los visitantes.
Cuando la saludan, ésta se ofende y se retira a sus aposentos. Llegará un día en que la niña tenga su primera menstruación y será
destronada. Algunos creen que es una forma de robar la infancia a
una menor. La última diosa siguió sus estudios en Nueva York.
La paz vuelve al pie del Everest
Nepal pondrá fin a la guerra civil de diez años que enfrentó a la monarquía y a los guerrilleros de ideología comunista
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO Y FOTOS
Dice un chiste nepalí que en ese país hay cuatro formas de casarse: una mujer con dos o más hombres, un hombre con varias mujeres, un matrimonio por conveniencia y la elección de pareja por amor. «Esta última es la más rara», bromea un nativo criado en el campo.
Dicen que el amor fue lo que empujó al príncipe heredero Dipendra
a masacrar con una ametralladora a toda la familia real en junio del 2001, disparó a la familia real porque se opuso a su boda. Estaba furioso porque sus padres, instauradores de un régimen parlamentario, habían desaprobado su elección de esposa. El asesino murió en el hospital tras ser coronado rey y el trono pasó a su tío Gyanendra, el único superviviente de la dinastía.
La tragedia perdura en la mente colectiva de los nepalíes, impacientes por contar esta historia a los recién llegados. Pero la paz vuelve a Nepal, un país situado a los pies del Himalaya y tan grande como Portugal pero con el cuádruple de población.
Desde el inicio del verano, los habitantes de Katmandú, la capital, respiran un inusitado optimismo. Es cuestión de días que un pacto cierre las heridas de una guerra civil que enfrentó durante diez años a la monarquía y a los guerrilleros maoístas de ideología comunista.
La calma sólo se vio interrumpida en agosto por una huelga general del transporte que provocó una imagen inaudita en Asia: no circulaba un sólo cocheni motocarro por la calle. Un silencio sepulcral que agradecen los forasteros recién llegados del bullicioso y caótico país de la India.
Durante días, Katmandú estuvo cortado por barricadas levantadas
por ciudadanos airados que protestaban por la subida de la gasolina hasta casi 80 céntimos de euro, un lujo en un país que está a la cola por renta per cápita. Los motoristas y conductores hacían largas esperas a la entrada de los surtidores públicos. «Las gasolineras privadas han cerrado porque almacenan el combustible a la espera de que la tarifa suba», comenta un curioso que observa las colas y una fila de militares que ronda a pie por la carretera.
Katmandú fue la gran ciudad desde la que el explorador Edmund
Hillary partió en su hazaña de escalar el monte Everest. Desde la avioneta que sobrevuela las cumbres nevadas y rodeadas de nubes, uno no puede más que sobrecogerse ante la grandeza de la
cordillera del Himalaya, el techo del mundo que tocó la porriñesa
Chus Lago.
El Everest (los nepalíes lo llaman Sagarmatha) es visible, cuando no
hace niebla, desde un pequeño mirador situado a 30 kilómetros de Katmandú. Al caminar por las aldeas cercanas se puede sentir un remanso de paz, lo que no oculta la dureza de la montaña. Sus pobladores viven en la calle. Se pueden ver ancianos agricultores
que cargan fardos de arroz o cuidan los rebaños, amas de casa
semidesnudas que se asean en la acera porque carecen de agua o
campesinas sentadas en la calzada mientras mallan la pimienta o
secan las hojas.
Sólo los niños parecen ajenos a esa crudeza y elevan distraídos sus cometas de colores sobre los tejados de ciudades milenarias. Y es que las escuelas no están para lujos: los maestros,algunos veinteañeros, tienen que mendigar a los extranjeros lápices y libretas para sus alumnos. Otros son huérfanos y frecuentan los templos
hindúes, algunos tan curiosos que tienen como dioses a las ratas, a las que sus cuidadores dejan corretear en el altar.
Tres adolescentes pasan el tiempo en las aldeas con sus bicis y comentan sus ansias de ir a la ciudad a trabajar. No saben dónde está España, pero hablan maravillas del Real Madrid. Otros aprenden idiomas con los turistas que hacen senderismo por los campos de arroz, que llenan el paisaje de un verde luminoso jamás visto en Galicia. Y algún joven monje budista juega al ajedrez en la acera con sus amigos mientras los viejos beben té en una tasca cercana.
Estas montañas han curtido a los 30 millones habitantes de este país, la mitad analfabetos y la otra mitad menores de edad. Un ejemplo de la dureza de carácter son los serpas. Es fácil toparse con ellos por las concurridas calles de Katmandú. Éstos, delgados y de baja estatura, caminan impertérritos con sus hombros cargados con dos sofás, sólo sujetos con una cinta a la frente. Estos porteadores tienen una habilidad especial para doblar su espalda. Fue uno de ellos, Norgay, quien compartió la gloria de alcanzar la cumbre del Everest.
Katmandú no sólo atrae a montañeros que consiguen zamarras de goretex a 50 euros. En los años sesenta fue la meca de los hippies
que llegaron para practicar el budismo. Hay un barrio que se llama
El Pequeño Tíbet. Se trata de un complejo de templos a donde se
han exiliado muchos monjes que huyeron del país vecino invadido
hace décadas por China. El retrato del Dalái Lama preside, a los pies
de Buda, los edifi cios en forma de campana y dominados por dos
grandes ojos azules pintados en su frontal.
Pero quizás sea más impresionante el palacio de madera de la diosa viviente Kumari, en el centro de la ciudad. Una niña, a la que unos religiosos han reconocido como diosa, vive recluida allí y sólo se asoma por el balcón al oír el bullicio de los visitantes.
Cuando la saludan, ésta se ofende y se retira a sus aposentos. Llegará un día en que la niña tenga su primera menstruación y será
destronada. Algunos creen que es una forma de robar la infancia a
una menor. La última diosa siguió sus estudios en Nueva York.
Singapur: el tigre que ruge más fuerte
Publicado en la sección de Economía de La Voz de Galicia, el 19 de septiembre del 2004
Reportaje | Singapur, una economía en plena ebullición
El tigre asiático que ruge más fuerte
Singapur, con un crecimiento anual de su PIB del 12,5% no tiene nada que envidiar a otras economías asiáticas como China, que ponen de rodillas a los productores europeos.
E. Vázquez Pita
redacción
Podría ser una escena de la película Lost in Traslation. Imagine que usted mira por la ventana del piso 30 de su hotel, desde la que se divisan las siluetas de múltiples rascacielos rodeados de nubes
que anuncian una tormenta tropical. Insomne a causa del jet-lag, usted baja hasta el bar, donde canta una mujer oriental y un grupo de japoneses sigue las letras de un karaoke. Se acerca a la barra y se suma a otros hombres de negocios que hacen el stopover (escala con hotel) en Singapur. Allí oye uno de los chistes que resume la esencia de esta ciudad: «¿Sabías a qué edad se jubilan las azafatas de Singapur Airlines? A los 22 años».
Por algo, esta compañía aérea tiene fama de poseer una de las flotas más renovadas del mundo. La república del león dispone de 3.200 vuelos semanales que enlazan con 150 ciudades de 49 países y es base de 400consignatarias marítimas.
Su economía crece a un ritmo anual del 12,5%. Nada que envidiar a otros tigres asiáticos como China y Corea del Sur que ponen de rodillas a los productores europeos. Los negocios van viento en popa
en esta isla-Estado que multa con 250 euros a quien ose arrojar un chicle masticado en sus impolutas calles.
Abierto las 24 horas
En esta ciudad de vigas de acero y hormigón prefabricado trabajan cuatro millones y medio de habitantes en horario de abierto las 24 horas y que disfrutan de una renta de 26.500 dólares per cápita.
Singapur, menos moderna que Honk Kong, puede presumir de que su PIB crece como la espuma: del 8% en 1995 ha pasado a un 12% este año. Los contenedores se amontonan en su puerto, mientras los rascacielos crecen como setas en la orilla del río. Su economía es tan
dinámica como la de China o Corea. Sus astilleros están especializados en reparar buques y sus fábricas de automóviles figuran entre las diez más productivas del mundo. Además, la ciudad refina petróleo, produce equipos electrónicos, de perforación de pozos petrolíferos y de caucho. También realiza actividades de comercio, servicios financieros y biotecnología.
Le ayudan sus lazos internacionales en un país asiático donde el idioma oficial es el de la antigua metrópoli británica, lo mismo que el tamil, el malayo y el chino. Enclavado entre Malasia e Indonesia, Singapur es una puerta hacia Asia, donde un occidental se siente cómodo como en una burbuja.
Por algo será que Inditex ha instalado su segunda tienda de Zara en Orchand Road. Esta kilométrica avenida está flanqueada por centros comerciales de cuatro plantas de altura y calles cubiertas de cristal que compiten en grandiosidad. Las jóvenes clientas suben de tres en tres por las escaleras de este comercio gallego, cuyos sofisticados escaparates comparten acera con las grandes casas de la moda de lujo.
Al caminar por Orchand Road, entre cientos de peatones cargados de bolsas, uno se siente atrapado por la fiesta del consumo. Es fácil caer en la tentación de regatear en las innumerables tiendas de
cámaras fotográficas, regentadas por hindúes o chinos, en donde se pueden conseguir reducciones del 40% respecto a los precios europeos. El dólar de Singapur equivale a medio euro.
Los pequeños comerciantes incluso aceptan el precio que el cliente marque. El iluso vuelve a recoger su producto unosdías despuéspero el dependiente le intenta colocar nuevos accesorios. Esto suele irritar a los turistas occidentales, que se sienten burlados. Algunos prefieren
a los vendedores árabes porque cumplen su palabra trascerrar el regateo.
El día grande es el sábado por la noche, donde no hay baldosa libre ni en la calle ni en las discotecas de moda. Brillan los tubos de neón
y los anuncios de los taxis amarillos. Los restaurantes de sushi japoneses están repletosde alegres comensalesque pican con los palillos los rollitos de pescado crudo que circulan por una cinta transportadora.
Igual de atestados están los McDonald’s o los cafés Starkburcks.
Uno tiene la sensación de que el capitalismo y el comercio han roto
fronteras y unido a una población compuesta de chinos, malayos,
hindúes, indonesios y occidentales.
El comercio ha sido mantenido por las prósperas familias chinas que se establecieron a principios de siglo al amparo del Imperio de su majestad británica. Unos edificaron templos budistas y otros iglesias adventistas. Es la excepción a la teoría del choque de civilizaciones de Samuel Hunttington, que explica las guerras actuales, desde Bosnia a Irak, por el enfrentamiento entre culturas tan dispares como la musulmana o la cristiana.
Los habitantes de Singapur se sienten especialmente orgullosos de su fiesta nacional. En Melbourne, un joven ejecutivo que volvía a esta ciudad asiática preguntaba con interés: «¿Han estado el día que celebramos la independencia?». La descolonización produjo el milagro económico de esta república que mide 600 kilómetros cuadrados.
Ni rastro de chabolas
Los malayos emigraron como mano de obra y los trabajadores fueron asentados en barrios con viviendas dignas. No se aprecia el chabolismo de otras grandes ciudades. Unos siguen conduciendo
las bicicletas de los turistas mientras otros prosperaron y dirigen emporios desde sus elevados despachos del puerto malayo.
Sólo en Little India y Chinatown se puede apreciar un resquicio de la vieja Asia: vendedoras de pescado seco o viejos jugando a las damas. Uno tiene la sensación de que en este diminuto país hay sitio para todo el que quiera ganar dinero. Las mujeres hindúes, vestidas con sus tradicionales sharis, salen y entran de las joyerías y las boutiques de moda, y los turistas europeos toman un daikiri en el
mítico hotel colonial Raffest.
Pero esta república tiene sus reglas: el billete de avión advierte
que traficar con drogas está penado con la ejecución inmediata.
Reportaje | Singapur, una economía en plena ebullición
El tigre asiático que ruge más fuerte
Singapur, con un crecimiento anual de su PIB del 12,5% no tiene nada que envidiar a otras economías asiáticas como China, que ponen de rodillas a los productores europeos.
E. Vázquez Pita
redacción
Podría ser una escena de la película Lost in Traslation. Imagine que usted mira por la ventana del piso 30 de su hotel, desde la que se divisan las siluetas de múltiples rascacielos rodeados de nubes
que anuncian una tormenta tropical. Insomne a causa del jet-lag, usted baja hasta el bar, donde canta una mujer oriental y un grupo de japoneses sigue las letras de un karaoke. Se acerca a la barra y se suma a otros hombres de negocios que hacen el stopover (escala con hotel) en Singapur. Allí oye uno de los chistes que resume la esencia de esta ciudad: «¿Sabías a qué edad se jubilan las azafatas de Singapur Airlines? A los 22 años».
Por algo, esta compañía aérea tiene fama de poseer una de las flotas más renovadas del mundo. La república del león dispone de 3.200 vuelos semanales que enlazan con 150 ciudades de 49 países y es base de 400consignatarias marítimas.
Su economía crece a un ritmo anual del 12,5%. Nada que envidiar a otros tigres asiáticos como China y Corea del Sur que ponen de rodillas a los productores europeos. Los negocios van viento en popa
en esta isla-Estado que multa con 250 euros a quien ose arrojar un chicle masticado en sus impolutas calles.
Abierto las 24 horas
En esta ciudad de vigas de acero y hormigón prefabricado trabajan cuatro millones y medio de habitantes en horario de abierto las 24 horas y que disfrutan de una renta de 26.500 dólares per cápita.
Singapur, menos moderna que Honk Kong, puede presumir de que su PIB crece como la espuma: del 8% en 1995 ha pasado a un 12% este año. Los contenedores se amontonan en su puerto, mientras los rascacielos crecen como setas en la orilla del río. Su economía es tan
dinámica como la de China o Corea. Sus astilleros están especializados en reparar buques y sus fábricas de automóviles figuran entre las diez más productivas del mundo. Además, la ciudad refina petróleo, produce equipos electrónicos, de perforación de pozos petrolíferos y de caucho. También realiza actividades de comercio, servicios financieros y biotecnología.
Le ayudan sus lazos internacionales en un país asiático donde el idioma oficial es el de la antigua metrópoli británica, lo mismo que el tamil, el malayo y el chino. Enclavado entre Malasia e Indonesia, Singapur es una puerta hacia Asia, donde un occidental se siente cómodo como en una burbuja.
Por algo será que Inditex ha instalado su segunda tienda de Zara en Orchand Road. Esta kilométrica avenida está flanqueada por centros comerciales de cuatro plantas de altura y calles cubiertas de cristal que compiten en grandiosidad. Las jóvenes clientas suben de tres en tres por las escaleras de este comercio gallego, cuyos sofisticados escaparates comparten acera con las grandes casas de la moda de lujo.
Al caminar por Orchand Road, entre cientos de peatones cargados de bolsas, uno se siente atrapado por la fiesta del consumo. Es fácil caer en la tentación de regatear en las innumerables tiendas de
cámaras fotográficas, regentadas por hindúes o chinos, en donde se pueden conseguir reducciones del 40% respecto a los precios europeos. El dólar de Singapur equivale a medio euro.
Los pequeños comerciantes incluso aceptan el precio que el cliente marque. El iluso vuelve a recoger su producto unosdías despuéspero el dependiente le intenta colocar nuevos accesorios. Esto suele irritar a los turistas occidentales, que se sienten burlados. Algunos prefieren
a los vendedores árabes porque cumplen su palabra trascerrar el regateo.
El día grande es el sábado por la noche, donde no hay baldosa libre ni en la calle ni en las discotecas de moda. Brillan los tubos de neón
y los anuncios de los taxis amarillos. Los restaurantes de sushi japoneses están repletosde alegres comensalesque pican con los palillos los rollitos de pescado crudo que circulan por una cinta transportadora.
Igual de atestados están los McDonald’s o los cafés Starkburcks.
Uno tiene la sensación de que el capitalismo y el comercio han roto
fronteras y unido a una población compuesta de chinos, malayos,
hindúes, indonesios y occidentales.
El comercio ha sido mantenido por las prósperas familias chinas que se establecieron a principios de siglo al amparo del Imperio de su majestad británica. Unos edificaron templos budistas y otros iglesias adventistas. Es la excepción a la teoría del choque de civilizaciones de Samuel Hunttington, que explica las guerras actuales, desde Bosnia a Irak, por el enfrentamiento entre culturas tan dispares como la musulmana o la cristiana.
Los habitantes de Singapur se sienten especialmente orgullosos de su fiesta nacional. En Melbourne, un joven ejecutivo que volvía a esta ciudad asiática preguntaba con interés: «¿Han estado el día que celebramos la independencia?». La descolonización produjo el milagro económico de esta república que mide 600 kilómetros cuadrados.
Ni rastro de chabolas
Los malayos emigraron como mano de obra y los trabajadores fueron asentados en barrios con viviendas dignas. No se aprecia el chabolismo de otras grandes ciudades. Unos siguen conduciendo
las bicicletas de los turistas mientras otros prosperaron y dirigen emporios desde sus elevados despachos del puerto malayo.
Sólo en Little India y Chinatown se puede apreciar un resquicio de la vieja Asia: vendedoras de pescado seco o viejos jugando a las damas. Uno tiene la sensación de que en este diminuto país hay sitio para todo el que quiera ganar dinero. Las mujeres hindúes, vestidas con sus tradicionales sharis, salen y entran de las joyerías y las boutiques de moda, y los turistas europeos toman un daikiri en el
mítico hotel colonial Raffest.
Pero esta república tiene sus reglas: el billete de avión advierte
que traficar con drogas está penado con la ejecución inmediata.
Liboa: ruta literaria en el tranvía 28
Publicado en Suplemento Fugas de La Voz de Galicia el 26 de marzo del 2010, páginas 2 y 3.
Por: E.V.Pita
Lisboa: ruta literaria en el tranvía 28
Suba al eléctrico 28 y asómese al café A Brasileira a saludar a Pessoa, beba una limonada con Pereira en el British Bar o espíe a los nazis en el avenida Palace.
La ciudad de las Siete Colinas se aprende a pie, callejeando barrio arriba, barrio abajo. Y no hablamos de Roma. Si el turista se sienta en un vagón de la red de trenes de Lisboa a Sintra pronto rememorará el ambiente mestizo y multicultural de Londres. La herencia de una capital con lazos ultramarinos en América, Asia y África ha inspirado innumerables novelas de espías nazis, lucha por la libertad o pesimismo existencial.
En esta ruta, no basta con fotografiarse ante la estatua de Pessoa, hay que subir al tranvía amarillo 28 y seguir la pista al poeta por los
cafés que frecuentó. He aquí la Lisboa más aventurera, descrita
magistralmente en siete obras.
HISTORIA DEL CERCO DE LISBOA
Castillo de San Jorge
José Saramago fabuló sobre un personaje, el anodino conservador
Raymundo Silva, que cambiaba a su gusto los textos históricos de Lisboa, desde que fue sitiada por las huestes cristianas en el siglo XII. Las ruinas del castillo dos Mouros o de San Jorge dominan el barrio marinero de la Alfama y el Tajo desde esa época. El tranvía 28 lo deja en el mirador de Santa Lucía y la cuesta debe subirla a pie.
«CÁNDIDO»
La Sé
Un terremoto seguido de un maremoto destruyó Lisboa en 1755. El cataclismo impresionó a Voltaire, que lo menciona en un poema como algo contrario a la providencia divina. El filósofo alemán Leibniz replicó que, a pesar de las apariencias, todo en este mundo ocurre
para el bien de la humanidad.
La respuesta del ilustrado francés fue su cuento Cándido, cuyo protagonista sobrevive al seísmo. La Sé es de los pocos edificios que quedaron en pie. Esta fortaleza-catedral, fundada en el siglo XII por el primer rey Afonso Henriques, armado caballero en Tui, preside el barriocomercial de La Baixa. Alberga un baptisterio decorado con
preciosos azulejos. El 28 para justo en la puerta.
LIBRO DEL DESASOSIEGO
Café A Brasileira
Descubrir el verdadero yo del Lisboa: ruta literaria en el tranvía 28
Suba al eléctrico 28 y asómese al café A Brasileira a saludar a Pessoa, beba una limonada con Pereira en el British Bar o espíe a los nazis en el avenida Palace poeta Fernando Pessoa requiere
paciencia. Para seguirle la pista hay que asomarse primero por
el café restaurante Martinho da Arcada, fundado en 1782 en la plaza do Comercio y frecuentado por el literato. El 28 tiene parada en la rúa da Conceiçao.
Luego, siga viaje hasta el Chiado y apéese al llegar al Brasileira, en Garrett, 120. Esta cafetería art decó fue frecuentada por los intelectuales lusos entre 1920 y 1950. Es obligado fotografiarse con la estatua de bronce del literato que hay en la terraza. Si siente el desassosego, visite su casa museo en Coelho da Rocha.
SOSTIENE PEREIRA
Orquídea y British Bar
En honor del novelista italiano Antonio Tabucchi, es obligatorio tomar una limonada muy azucarada y probar una omelette a las hierbas aromáticas en la Orquídea. Puede retrotraerse a la triste Lisboa de 1938 e imaginarse las charlas entre el periodista Pereira y el camarero Manuel. El 28 lo deja en A Estrela, pero le resta una larga caminata. Luego, mire de reojo para cerciorarse de que no lo siguen los policías secretos del dictador Salazar, apéese del 28 en la plaza de Luis Camões y camine hacia el río. Reúnase de incógnito con
el subversivo Monteiro Rossi en el British Bar. Este local portuario casi centenario está en el Cais de Sodré (Bernardino Costa, 52), con vistas al Tajo. Ojo, las agujas del reloj corren al revés.
CONFESIONES DE FÉLIX KRULL
Hotel Avenida Palace
Inaugurado en 1892. [....]
Por: E.V.Pita
Lisboa: ruta literaria en el tranvía 28
Suba al eléctrico 28 y asómese al café A Brasileira a saludar a Pessoa, beba una limonada con Pereira en el British Bar o espíe a los nazis en el avenida Palace.
La ciudad de las Siete Colinas se aprende a pie, callejeando barrio arriba, barrio abajo. Y no hablamos de Roma. Si el turista se sienta en un vagón de la red de trenes de Lisboa a Sintra pronto rememorará el ambiente mestizo y multicultural de Londres. La herencia de una capital con lazos ultramarinos en América, Asia y África ha inspirado innumerables novelas de espías nazis, lucha por la libertad o pesimismo existencial.
En esta ruta, no basta con fotografiarse ante la estatua de Pessoa, hay que subir al tranvía amarillo 28 y seguir la pista al poeta por los
cafés que frecuentó. He aquí la Lisboa más aventurera, descrita
magistralmente en siete obras.
HISTORIA DEL CERCO DE LISBOA
Castillo de San Jorge
José Saramago fabuló sobre un personaje, el anodino conservador
Raymundo Silva, que cambiaba a su gusto los textos históricos de Lisboa, desde que fue sitiada por las huestes cristianas en el siglo XII. Las ruinas del castillo dos Mouros o de San Jorge dominan el barrio marinero de la Alfama y el Tajo desde esa época. El tranvía 28 lo deja en el mirador de Santa Lucía y la cuesta debe subirla a pie.
«CÁNDIDO»
La Sé
Un terremoto seguido de un maremoto destruyó Lisboa en 1755. El cataclismo impresionó a Voltaire, que lo menciona en un poema como algo contrario a la providencia divina. El filósofo alemán Leibniz replicó que, a pesar de las apariencias, todo en este mundo ocurre
para el bien de la humanidad.
La respuesta del ilustrado francés fue su cuento Cándido, cuyo protagonista sobrevive al seísmo. La Sé es de los pocos edificios que quedaron en pie. Esta fortaleza-catedral, fundada en el siglo XII por el primer rey Afonso Henriques, armado caballero en Tui, preside el barriocomercial de La Baixa. Alberga un baptisterio decorado con
preciosos azulejos. El 28 para justo en la puerta.
LIBRO DEL DESASOSIEGO
Café A Brasileira
Descubrir el verdadero yo del Lisboa: ruta literaria en el tranvía 28
Suba al eléctrico 28 y asómese al café A Brasileira a saludar a Pessoa, beba una limonada con Pereira en el British Bar o espíe a los nazis en el avenida Palace poeta Fernando Pessoa requiere
paciencia. Para seguirle la pista hay que asomarse primero por
el café restaurante Martinho da Arcada, fundado en 1782 en la plaza do Comercio y frecuentado por el literato. El 28 tiene parada en la rúa da Conceiçao.
Luego, siga viaje hasta el Chiado y apéese al llegar al Brasileira, en Garrett, 120. Esta cafetería art decó fue frecuentada por los intelectuales lusos entre 1920 y 1950. Es obligado fotografiarse con la estatua de bronce del literato que hay en la terraza. Si siente el desassosego, visite su casa museo en Coelho da Rocha.
SOSTIENE PEREIRA
Orquídea y British Bar
En honor del novelista italiano Antonio Tabucchi, es obligatorio tomar una limonada muy azucarada y probar una omelette a las hierbas aromáticas en la Orquídea. Puede retrotraerse a la triste Lisboa de 1938 e imaginarse las charlas entre el periodista Pereira y el camarero Manuel. El 28 lo deja en A Estrela, pero le resta una larga caminata. Luego, mire de reojo para cerciorarse de que no lo siguen los policías secretos del dictador Salazar, apéese del 28 en la plaza de Luis Camões y camine hacia el río. Reúnase de incógnito con
el subversivo Monteiro Rossi en el British Bar. Este local portuario casi centenario está en el Cais de Sodré (Bernardino Costa, 52), con vistas al Tajo. Ojo, las agujas del reloj corren al revés.
CONFESIONES DE FÉLIX KRULL
Hotel Avenida Palace
Inaugurado en 1892. [....]
Nueva Zelanda, plató de El Señor de los Anillos
Publicado el 30 de junio del 2007 en La Voz de Galicia, en el suplemento Cultura, página 4.
Por E.V.Pita
BIENVENIDOS AL PLATÓ MÁS REAL
NUEVA ZELANDA SE CONVIRTIÓ EN UN GIGANTESCO ESTUDIO DE CINE PARA RECREAR LOS ESCENARIOS DE «EL SEÑOR DE LOS ANILLOS». ESTOS PAISAJES SON UN FILÓN PARA EL TURISMO
Una magdalena muffi n de chocolate, un capuchino caliente y la estufa a tope. Esta es una apetecible forma de desayunar en una solitaria parada de la carretera que conduce al monte Cook (Aoraki,
en maorí), el más alto de Oceanía.
Desde la cristalera de la cafetería del apacible pueblo neozelandés de Twizel, el visitante observa divertido el monumento a la oveja merina española, gran productora de lana. El ganado pasta en los
llanos cercanos, antes bosque lluvioso que fue talado. Más allá,
se divisa el color amarillo de las praderas, al pie de montañas nevadas, el lago Pukaki y glaciares fundidos por el calentamiento
global.
Un folleto asegura que el equipo de El señor de los anillos rodó en esas praderas la batalla de Pelennor Fields, con el monte Ered Nimrais al fondo. Y, realmente, uno parece oír los ecos de los
tambores y los cuernos de cientos de lanceros, elfos, hobbies y orcos
en el fragor del combate.
Pero para sentir la magia de Tolkien hay que atravesar la isla sur hasta la estación de esquí de Queenstown. Su apacible lago Wakatipu, repleto de islotes y embarcaderos de madera, fue otro paisaje emblemático de la saga épica del escritor. A sólo 50 kilómetros, está Glenorchy, un bosque que inspiró el ataque de los Olifantes y donde se sitúa la torre de Orthanc, en tierras de Isengard y Lothoriend.
En toda la zona, prácticamente deshabitada, se respira ese ambiente de cuento, propio de la Tierra Media. En las inmediaciones también se halla el pueblo fantasma de Arrowtown,
donde vivían mineros chinos. En los cañones cercanos se divisan
cabañas que podrían pertenecer a los enanos.
Más arriba, está el bosque de hadas de Rivendell, el río de Asfaloth que cruzó Frodo (el portador del anillo), y los Gladden Fields, escenario de un combate contra los temibles orcos.
La ruta continúa hacia el despoblado sur. Allí moran loros negros
que se comen los neumáticos y los sándwich de los turistas. Aún se
preserva el auténtico Rain Forest, un bosque fósil con helechos gigantes.
En el bello lago Te Anau, el arco iris ilumina el bosque de Fangorn. Uno ya mezcla realidad y ficción, y, al mirar por la ventanilla del autobús, cree haber visto cabalgar a los jinetes de la Cofradía del Anillo sobre la hierba amarilla y un riachuelo.
El viaje finaliza en el lugar más apartado del mundo: Fiorland. Desde el transbordador que cruza los fiordos de Double y Milford Sound, el turista mira de reojo en busca de las estatuas gigantes del primer episodio. De regreso a la isla norte, camino de Auckland, es posible disfrutar de las suaves lomas de Hobbiton.
E. Vázquez Pita
Crítica literaria
TRAGEDIA EN LA PRIMERA EDAD
El lector que se adentre en Los hijos de Húrin tendrá la sensación
del déjà vu, de haber visto la misma trama en alguna saga irlandesa, donde los guerreros, los enanos y otras razas se disputan el dominio de la Tierra.
Los hijos de Húrin era una obra inédita de Tolkien que transcurre
en la Primera Edad, anterior a El señor de los anillos. El malvado
Morgoth y sus aliados orcos conquistan y esclavizan los reinos de los hombres. Túrin, hijo del rey prisionero Húrin, es criado con los elfos, pero el joven se mete en líos y se autoexilia con una banda de proscritos. Los conflictos del alma y el corazón atrapan al lector, abrumado por cientos de datos de batallas y árboles genealógicos.
Cuenta la tragedia de los padres que sobreviven a sus hijos.
Para nostálgicos.| e. v. p.
Por E.V.Pita
BIENVENIDOS AL PLATÓ MÁS REAL
NUEVA ZELANDA SE CONVIRTIÓ EN UN GIGANTESCO ESTUDIO DE CINE PARA RECREAR LOS ESCENARIOS DE «EL SEÑOR DE LOS ANILLOS». ESTOS PAISAJES SON UN FILÓN PARA EL TURISMO
Una magdalena muffi n de chocolate, un capuchino caliente y la estufa a tope. Esta es una apetecible forma de desayunar en una solitaria parada de la carretera que conduce al monte Cook (Aoraki,
en maorí), el más alto de Oceanía.
Desde la cristalera de la cafetería del apacible pueblo neozelandés de Twizel, el visitante observa divertido el monumento a la oveja merina española, gran productora de lana. El ganado pasta en los
llanos cercanos, antes bosque lluvioso que fue talado. Más allá,
se divisa el color amarillo de las praderas, al pie de montañas nevadas, el lago Pukaki y glaciares fundidos por el calentamiento
global.
Un folleto asegura que el equipo de El señor de los anillos rodó en esas praderas la batalla de Pelennor Fields, con el monte Ered Nimrais al fondo. Y, realmente, uno parece oír los ecos de los
tambores y los cuernos de cientos de lanceros, elfos, hobbies y orcos
en el fragor del combate.
Pero para sentir la magia de Tolkien hay que atravesar la isla sur hasta la estación de esquí de Queenstown. Su apacible lago Wakatipu, repleto de islotes y embarcaderos de madera, fue otro paisaje emblemático de la saga épica del escritor. A sólo 50 kilómetros, está Glenorchy, un bosque que inspiró el ataque de los Olifantes y donde se sitúa la torre de Orthanc, en tierras de Isengard y Lothoriend.
En toda la zona, prácticamente deshabitada, se respira ese ambiente de cuento, propio de la Tierra Media. En las inmediaciones también se halla el pueblo fantasma de Arrowtown,
donde vivían mineros chinos. En los cañones cercanos se divisan
cabañas que podrían pertenecer a los enanos.
Más arriba, está el bosque de hadas de Rivendell, el río de Asfaloth que cruzó Frodo (el portador del anillo), y los Gladden Fields, escenario de un combate contra los temibles orcos.
La ruta continúa hacia el despoblado sur. Allí moran loros negros
que se comen los neumáticos y los sándwich de los turistas. Aún se
preserva el auténtico Rain Forest, un bosque fósil con helechos gigantes.
En el bello lago Te Anau, el arco iris ilumina el bosque de Fangorn. Uno ya mezcla realidad y ficción, y, al mirar por la ventanilla del autobús, cree haber visto cabalgar a los jinetes de la Cofradía del Anillo sobre la hierba amarilla y un riachuelo.
El viaje finaliza en el lugar más apartado del mundo: Fiorland. Desde el transbordador que cruza los fiordos de Double y Milford Sound, el turista mira de reojo en busca de las estatuas gigantes del primer episodio. De regreso a la isla norte, camino de Auckland, es posible disfrutar de las suaves lomas de Hobbiton.
E. Vázquez Pita
Crítica literaria
TRAGEDIA EN LA PRIMERA EDAD
El lector que se adentre en Los hijos de Húrin tendrá la sensación
del déjà vu, de haber visto la misma trama en alguna saga irlandesa, donde los guerreros, los enanos y otras razas se disputan el dominio de la Tierra.
Los hijos de Húrin era una obra inédita de Tolkien que transcurre
en la Primera Edad, anterior a El señor de los anillos. El malvado
Morgoth y sus aliados orcos conquistan y esclavizan los reinos de los hombres. Túrin, hijo del rey prisionero Húrin, es criado con los elfos, pero el joven se mete en líos y se autoexilia con una banda de proscritos. Los conflictos del alma y el corazón atrapan al lector, abrumado por cientos de datos de batallas y árboles genealógicos.
Cuenta la tragedia de los padres que sobreviven a sus hijos.
Para nostálgicos.| e. v. p.
Portugal: esclavos en la "raia"
Publicado en La Voz de Galicia el 29 de abril del 2005, en la página 18
Reportaje | Miseria humana al otro lado de la «Raia» (y III)
Agricultores contratados plantan patata en un campo de Vila Chá, cerca de Vila Real
La cantera de los esclavos lusos
Los vecinos de las aldeas de Trás-os-Montes no dejan nunca solos a los deficientes mentales o los enfermos psíquicos por temor a que sean secuestrados por los negreros.
Texto: E.V.Pita / Fotos: Oscar Vázquez
«¡Márchense! No queremos hablar de eso. Pasó na altura (hace tiempo)», grita Deolinda de Fátima desde la puerta de su desvencijada casa. Ella y sus cinco hijos viven en Carrazedo do
Alvão, una polvorienta aldea de la sierra, en el corazón de la deprimida
región de Trás-os-Montes.
Enfrente, en el bar sólo hay aparcado un Mercedes con matrícula de Pontevedra. Dos hombres mayores toman algo en la barra junto a un
joven de sonrisa extraña. Todo el mundo en Carrazedoconoce la historia de Vasco, el hijo de Dionisia que tiene retraso mental y no puede hablar a sus 21 años. Su hermano Júlio relata su ventura: «Se lo llevaron por la noche en una furgoneta roja para trabajar a 20 kilómetros dentro de la frontera española. La GNR contactó con los del otro lado y lo encontraron. Pero eso fue hace tiempo, ¿por qué
revivirlo ahora?». Su madre lo interrumpe entre sollozos y lamentos. No quieren más publicidad para su caso. Júlio discute con su progenitora y se retira. «Me gustaría visitar España. Allí están muy avanzados», se despide.
Esta zona agrícola vive ahora gracias a las obras de la autopista.
A pocos kilómetros está Vila Pouca de Aguiar. El comandante del puesto de la GNR recuerda de oídas el caso de Vasco. «En los últimos años no hemos vuelto a registrar secuestros», dice. En un bar
del moderno pueblo sirven aceitunas cultivadas en la cercana Valpaços. El pasado mes de diciembre, Armando, un enfermo psíquico, logró huir de una quinta (finca o bodega) de esa zona. Sus patrones lo obligaban a recoger aceitunas allí y, en los veranos, a montar norias y barracas en España, incluida Galicia.
La carretera entre Chaves, localidad lusa fronteriza con Verín, y Vila Real forma parte de la ruta de los esclavos. La mayoría de los 22 detenidos en Oporto en la operación Liberdade residían en villas
agrícolas próximas como Murça, Chaves y Mirandela. Todas estas localidades están al borde de las carreteras que se dirigen a la frontera con España.
Los escenarios de los secuestros registrados en los últimos diez años también son cercanos: Vila Pouca de Aguiar, Vidago, Valpaços o Agarez de Vilamarín. Esta última aldea está a cuatro kilómetros de Vila Real. Desde lo alto se divisan las terrazas de viñedos. En una humilde casa vive Cristina. Ésta asegura que su hermano Armando, un enfermo psíquico que precisa cuatro calmantes diarios, vive atemorizado desde que huyó de una banda lusa que lo retuvo dos años.
«Teme que sus patrones de etnia gitana vuelvan a buscarlo. Hace meses que no trabaja y va a todos lados con su padre. Después de su fuga aparecieron coches de forasteros por aquí. Son unos criminales de la peor clase», dice.
Otro joven del pueblo, con deficiencias, es vigilado constantemente por su familia para evitar que la mafia lo secuestre y lo obligue a trabajar en la vendimia, la recogida de fruta, la chatarra o las piezas
de atracciones en España.
Los vecinos de las aldeas montañesas de Vila Real han denunciado, al menos, seis raptos más. «Sé de dos casos en Chaves, otro en Sapiaos, en Medrões y en Vila Cova. Uno de los desaparecidos escapó y volvió a ser raptado. Todos eran deficientes», añade Cristina.
Alfredo, un ex trabajador de La Rioja, confirmó los abusos al Jornal de Noticias.
Vila Chá es una aldea que se halla a pocos kilómetros de Vila Real. La zona cuenta con molinos aerogeneradores y grandes explotaciones de vacas. José Luís Olves es un ex militar retirado que se dedica a la agricultura. En sus campos trabajan cinco empleados que plantan patata. «Necesito mano deobra porque la maquinaria sale muy cara. Toda mi producción la vendo en los restaurantes de Vila Pouca», cuenta el empresario.
La mayoría de sus jornaleros son mujeres. «Sólo encontré a un joven en los dos pueblos más cercanos que esté dispuesto a trabajar en el campo. Los demás se van a las canteras o a las obras», relata el patrón mientras se ajusta las gafas de sol, al lado del todoterreno.
La historia de ese jornalero podría llenar un culebrón. «Su mujer enloqueció, se separaron y ella se quedó con sus propiedades.
Él vive de la agricultura porque es lo único que tiene», afirma el empresario. Fernando es un peón de 30 años, vecino de una aldea de
Vila Real, que trabajó en la vendimia de Logroño. «He viajado mucho. Hablo francés y algo de alemán», añade en el idioma galo. Acepta contar su historia a cambio de una invitación a dos cervezas para
combatir el calor de la dura jornada. Pero al entrar en el bar, el patrón le reprende y le encarga nuevas tareas.
Las familias lusas piden ayuda a la policía española para localizar a los desaparecidos. António Manuel, un deficiente mental de Vidago,
cerca de Chaves, tiene ahora 32 años y sus padres sospechan que anda perdido en España desde hace diez años, trabajando en la
vendimia.
«Aparecieron dos hombres de etnia gitana y nos ofrecieron ganar dinero en la vendimia. Cuando mi hijo estaba solo, le prometieron
una bicicleta, le pegaron y se lo llevaron», declaró su padre al diario
24 horas.
Fuentes sindicales de La Rioja indicaban ayer que las pequeñas bodegas «contratan a gente por la mañana que se va días después. Las investigaciones no pueden demostrar nada».
Reportaje | Miseria humana al otro lado de la «Raia» (y III)
Agricultores contratados plantan patata en un campo de Vila Chá, cerca de Vila Real
La cantera de los esclavos lusos
Los vecinos de las aldeas de Trás-os-Montes no dejan nunca solos a los deficientes mentales o los enfermos psíquicos por temor a que sean secuestrados por los negreros.
Texto: E.V.Pita / Fotos: Oscar Vázquez
«¡Márchense! No queremos hablar de eso. Pasó na altura (hace tiempo)», grita Deolinda de Fátima desde la puerta de su desvencijada casa. Ella y sus cinco hijos viven en Carrazedo do
Alvão, una polvorienta aldea de la sierra, en el corazón de la deprimida
región de Trás-os-Montes.
Enfrente, en el bar sólo hay aparcado un Mercedes con matrícula de Pontevedra. Dos hombres mayores toman algo en la barra junto a un
joven de sonrisa extraña. Todo el mundo en Carrazedoconoce la historia de Vasco, el hijo de Dionisia que tiene retraso mental y no puede hablar a sus 21 años. Su hermano Júlio relata su ventura: «Se lo llevaron por la noche en una furgoneta roja para trabajar a 20 kilómetros dentro de la frontera española. La GNR contactó con los del otro lado y lo encontraron. Pero eso fue hace tiempo, ¿por qué
revivirlo ahora?». Su madre lo interrumpe entre sollozos y lamentos. No quieren más publicidad para su caso. Júlio discute con su progenitora y se retira. «Me gustaría visitar España. Allí están muy avanzados», se despide.
Esta zona agrícola vive ahora gracias a las obras de la autopista.
A pocos kilómetros está Vila Pouca de Aguiar. El comandante del puesto de la GNR recuerda de oídas el caso de Vasco. «En los últimos años no hemos vuelto a registrar secuestros», dice. En un bar
del moderno pueblo sirven aceitunas cultivadas en la cercana Valpaços. El pasado mes de diciembre, Armando, un enfermo psíquico, logró huir de una quinta (finca o bodega) de esa zona. Sus patrones lo obligaban a recoger aceitunas allí y, en los veranos, a montar norias y barracas en España, incluida Galicia.
La carretera entre Chaves, localidad lusa fronteriza con Verín, y Vila Real forma parte de la ruta de los esclavos. La mayoría de los 22 detenidos en Oporto en la operación Liberdade residían en villas
agrícolas próximas como Murça, Chaves y Mirandela. Todas estas localidades están al borde de las carreteras que se dirigen a la frontera con España.
Los escenarios de los secuestros registrados en los últimos diez años también son cercanos: Vila Pouca de Aguiar, Vidago, Valpaços o Agarez de Vilamarín. Esta última aldea está a cuatro kilómetros de Vila Real. Desde lo alto se divisan las terrazas de viñedos. En una humilde casa vive Cristina. Ésta asegura que su hermano Armando, un enfermo psíquico que precisa cuatro calmantes diarios, vive atemorizado desde que huyó de una banda lusa que lo retuvo dos años.
«Teme que sus patrones de etnia gitana vuelvan a buscarlo. Hace meses que no trabaja y va a todos lados con su padre. Después de su fuga aparecieron coches de forasteros por aquí. Son unos criminales de la peor clase», dice.
Otro joven del pueblo, con deficiencias, es vigilado constantemente por su familia para evitar que la mafia lo secuestre y lo obligue a trabajar en la vendimia, la recogida de fruta, la chatarra o las piezas
de atracciones en España.
Los vecinos de las aldeas montañesas de Vila Real han denunciado, al menos, seis raptos más. «Sé de dos casos en Chaves, otro en Sapiaos, en Medrões y en Vila Cova. Uno de los desaparecidos escapó y volvió a ser raptado. Todos eran deficientes», añade Cristina.
Alfredo, un ex trabajador de La Rioja, confirmó los abusos al Jornal de Noticias.
Vila Chá es una aldea que se halla a pocos kilómetros de Vila Real. La zona cuenta con molinos aerogeneradores y grandes explotaciones de vacas. José Luís Olves es un ex militar retirado que se dedica a la agricultura. En sus campos trabajan cinco empleados que plantan patata. «Necesito mano deobra porque la maquinaria sale muy cara. Toda mi producción la vendo en los restaurantes de Vila Pouca», cuenta el empresario.
La mayoría de sus jornaleros son mujeres. «Sólo encontré a un joven en los dos pueblos más cercanos que esté dispuesto a trabajar en el campo. Los demás se van a las canteras o a las obras», relata el patrón mientras se ajusta las gafas de sol, al lado del todoterreno.
La historia de ese jornalero podría llenar un culebrón. «Su mujer enloqueció, se separaron y ella se quedó con sus propiedades.
Él vive de la agricultura porque es lo único que tiene», afirma el empresario. Fernando es un peón de 30 años, vecino de una aldea de
Vila Real, que trabajó en la vendimia de Logroño. «He viajado mucho. Hablo francés y algo de alemán», añade en el idioma galo. Acepta contar su historia a cambio de una invitación a dos cervezas para
combatir el calor de la dura jornada. Pero al entrar en el bar, el patrón le reprende y le encarga nuevas tareas.
Las familias lusas piden ayuda a la policía española para localizar a los desaparecidos. António Manuel, un deficiente mental de Vidago,
cerca de Chaves, tiene ahora 32 años y sus padres sospechan que anda perdido en España desde hace diez años, trabajando en la
vendimia.
«Aparecieron dos hombres de etnia gitana y nos ofrecieron ganar dinero en la vendimia. Cuando mi hijo estaba solo, le prometieron
una bicicleta, le pegaron y se lo llevaron», declaró su padre al diario
24 horas.
Fuentes sindicales de La Rioja indicaban ayer que las pequeñas bodegas «contratan a gente por la mañana que se va días después. Las investigaciones no pueden demostrar nada».
India: la cara fea de Bollywood
Publicado en páginas 6 y 7 de Los Domingos de La Voz de Galicia, el 1 de marzo del 2009
REPORTAJE | LOS ESCENARIOS DE «SLUMDOG MILLIONAIRE»
La cara fea del glamur de Bollywood
El mayor suburbio de Asia nada tiene que ver con los tonos pastel
de las superproducciones indias
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO
Si el cine es soñar, la India es el mejor ejemplo. La ganadora de ocho estatuillas de los Oscar de este año, Slumdog Millionaire, tuvo que ser escrita y dirigida por extranjeros porque unos productores de Bollywood, la meca de la industria cinematográfica de Bombay, jamás aceptarían filmarla.
¿Cuál es la razón? Pues que el aplaudido filme británico no cumplía las cuatro reglas de oro de la industria cinematográfica india: tonos pastel, feliz historia de amor y música alegre. El lector observará que falta la cuarta regla. No es ningún despiste, consiste en la ley invisible de silenciar la miseria. No puede salir nada que afee la gran pantalla.
Sin embargo, Slumdog Millionaire, se saltó las reglas no escritas y recrea la miserable vida de los niños del barrio de Dharavi, el mayor suburbio de Asia.
El extranjero que pasa unos días en la India no puede ignorar la
pobreza extrema en que malviven millones de habitantes porque
asoma delante de sus narices. El turista pasea por calles sucias y
llenas de basura, donde los monos y las vacas pastan libremente,
se topa con familias enteras que acampan en las medianas de las
autopistas o flacos hombres que tiran de los rickshaws o carromatos.
La pobreza está siempre presente en la vida cotidiana, es difícil acostumbrarse. Aunque los nuevos rascacielos y áreas de negocios en Nueva Delhi o en Bombay crecen como setas, a escasos metros son visibles los niños desarrapados que juegan sobre los tejados de las chabolas.
Sin embargo, como por arte de magia, todas esas imágenes son borradas de las películas, que se convierten en asépticos
escenarios de cartón piedra. Sus protagonistas viven en un irreal
mundo multicolor de clase media americana en plan anuncio publicitario. El forastero acaba por entender que Bollywood tiene éxito
porque el público paga por unas horas de sueños y fantasías, que le
permiten escapar precisamente de la miseria real del día a día.
La película «Slumdog Millionaire» se rodó en Bombay. Este antiguo puerto portugués y luego colonia británica en el Índico es la capital financiera de la India y corazón de Metro CinemaBombay, capital de la industria cinematográfica. La ciudad genera por sí sola el 38% del producto interior bruto del país. Tiene casi doce millones de habitantes, con una densidad
de 27.000 personas por kilómetro cuadrado.
Dharavi, el barrio marginal de Bombay tiene 400.000 habitantes por
kilómetro cuadrado, hacinados en chabolas y chamizos. Un millón de almas comparten tres kilómetros cuadrados de terrenos inundables.
CIUDAD DE PARIAS
La vida en Dharavi
El sistema segregador de castas está prohibido en la India, pero la mayoría de los barrenderos son de la casta inferior o intocable, los únicos autorizados por la religión a tener contacto con la basura. El
auge económico de Bombay atrae a estos parias que finalmente acaban recluidos en Dharavi, atrapados nuevamente en la miseria de la que solo un héroe, como el protagonista de «Slumdog Millionaire», ha logrado salir. Este hogar de miles de familias solo tiene agua potable dos horas al día y está rodeado de canales de aguas fecales. Un proyecto urbanístico pretende demoler toda la llanura para construir nuevas oficinas de la «City».
BULLICIOSAS CALLEJUELAS.
Todas las capitales de la India tienen sus suburbios pobres. En las afueras de Jaipur, los monos y los cerdos salvajes se disputan la comida de los basureros con los niños. En los barrios apartados de Nueva Delhi, los carniceros muestran sus productos al aire y rodeados de moscas. En Agra, a pocos metros del mausoleo del Taj Mahal, los inmigrantes llegados a la ciudad duermen en las aceras, protegidos por una lona tendida sobre dos palos.
En el distrito de Dharavi (Bombay), en la foto, la miseria es tal que sus habitantes no hacen los pagos con monedas sino con trocitos de plásticos de colores. Los negocios, como en toda la India, son pequeños cubículos donde los barberos cortan el pelo a la vista o los artesanos muestran sus mercancías rodeados de dos vías férreas.
EN DIRECTO | LA SALA MÁS FAMOSA DE LA INDIA
SESIÓN DOBLE EN EL CINE RAJ MANDIR
El Raj Mandir es el cine más famoso y de mayor glamur de la India. Está en Jaipur, la capital de color rosa de los marajás del Rajastán. Su gran anfiteatro de butacas, de paredes color pastel y techos con lámparas de cristal, acoge al público de todas las castas deseoso de ver los últimos estrenos de Bollywood.
El moderno recinto atrae a vistosas damas con sus coloridos saris y a nuevos ricos que aparcan sucoche de alta gama a las puertasde la meca del cine. Pero también es un gancho para los turistas que llegan al lugar en un motorickshaw de alquiler. A pocos metros, hay
un atestado restaurante de comida rápida McDonald’s. Su menú,
lógicamente, es vegetariano, pues en la India las vacas son sagradas y no se puede hacer hamburguesas con ellas.
Pero la entrada al Raj Mandir requiere paciencia, pues primero hay que sortear las colas de las taquillas, que se dividen en billetes
separados por sexos. Por ello, los varones aguardan su turno en una
cola y las mujeres en otra. Los extranjeros que tengan prisa pueden
presentarse en una taquilla exprés, situada en una discreta esquina,
que vende billetes al doble o triple de precio y donde, evidentemente,
no hay cola.
COLAS EN LA TAQUILLA.
El cine Raj Mandir, situado en un lateral de la calle Bhawandas Road de Jaipur, es la sala más famosa de la India. El público masculino aguarda pacientemente su turno en la cola de la taquilla para ver el último éxito de Bollywood. La sala de proyección fue inaugurada en 1976 y destaca por su estilo de arte modernista. Tiene capacidad para 1.273 espectadores.
El portero, vestido de uniforme de gala, hace pasar al público dentro del magnífico vestíbulo, de estilo victoriano, con vistosos espejos, colores pastel y escaleras por las que podrían desfilar grandes
estrellas del celuloide. El auditorio parece tan extenso como un campo de fútbol, con mas de un millar de butacas, y las paredes y
balcones decorados en tonos pastel.
Bienvenidos a Bollywood.
Empieza la sesión, con un espectacular baile en una zona turística de Nueva Delhi. Los personajes hablan en indi, uno de los idiomas
oficiales del país, y hay que imaginarse los diálogos. En mitad de la película, entra una espectadora con su hijo envuelto en la espalda, en su sari y al que consuela. Al poco, suena un móvil y alguien del público se pone a hablar.
Por suerte, el cine es un lenguaje universal y la historia es fácil de
seguir sin comprender los diálogos. El chico enamora a su novia
tras una edulcorante escena que cumple otra regla no escrita de
Bollywood: nada de sexo ni desnudos.Se trata de cine familiar para
todos los públicos. Al final de la primera parte, que duró dos horas,
el público descubre que el amante de la protagonista, con la que ha
tenido un hijo, es un sanguinario terrorista.
Tras el descanso, arranca la segunda parte. Ahora cambia de género: drama, tiros, acción y persecuciones estilo Hollywood. Al salir, busco una tienda para comprar el cedé con la pegadiza banda sonora de la película.
REPORTAJE | LOS ESCENARIOS DE «SLUMDOG MILLIONAIRE»
La cara fea del glamur de Bollywood
El mayor suburbio de Asia nada tiene que ver con los tonos pastel
de las superproducciones indias
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO
Si el cine es soñar, la India es el mejor ejemplo. La ganadora de ocho estatuillas de los Oscar de este año, Slumdog Millionaire, tuvo que ser escrita y dirigida por extranjeros porque unos productores de Bollywood, la meca de la industria cinematográfica de Bombay, jamás aceptarían filmarla.
¿Cuál es la razón? Pues que el aplaudido filme británico no cumplía las cuatro reglas de oro de la industria cinematográfica india: tonos pastel, feliz historia de amor y música alegre. El lector observará que falta la cuarta regla. No es ningún despiste, consiste en la ley invisible de silenciar la miseria. No puede salir nada que afee la gran pantalla.
Sin embargo, Slumdog Millionaire, se saltó las reglas no escritas y recrea la miserable vida de los niños del barrio de Dharavi, el mayor suburbio de Asia.
El extranjero que pasa unos días en la India no puede ignorar la
pobreza extrema en que malviven millones de habitantes porque
asoma delante de sus narices. El turista pasea por calles sucias y
llenas de basura, donde los monos y las vacas pastan libremente,
se topa con familias enteras que acampan en las medianas de las
autopistas o flacos hombres que tiran de los rickshaws o carromatos.
La pobreza está siempre presente en la vida cotidiana, es difícil acostumbrarse. Aunque los nuevos rascacielos y áreas de negocios en Nueva Delhi o en Bombay crecen como setas, a escasos metros son visibles los niños desarrapados que juegan sobre los tejados de las chabolas.
Sin embargo, como por arte de magia, todas esas imágenes son borradas de las películas, que se convierten en asépticos
escenarios de cartón piedra. Sus protagonistas viven en un irreal
mundo multicolor de clase media americana en plan anuncio publicitario. El forastero acaba por entender que Bollywood tiene éxito
porque el público paga por unas horas de sueños y fantasías, que le
permiten escapar precisamente de la miseria real del día a día.
La película «Slumdog Millionaire» se rodó en Bombay. Este antiguo puerto portugués y luego colonia británica en el Índico es la capital financiera de la India y corazón de Metro CinemaBombay, capital de la industria cinematográfica. La ciudad genera por sí sola el 38% del producto interior bruto del país. Tiene casi doce millones de habitantes, con una densidad
de 27.000 personas por kilómetro cuadrado.
Dharavi, el barrio marginal de Bombay tiene 400.000 habitantes por
kilómetro cuadrado, hacinados en chabolas y chamizos. Un millón de almas comparten tres kilómetros cuadrados de terrenos inundables.
CIUDAD DE PARIAS
La vida en Dharavi
El sistema segregador de castas está prohibido en la India, pero la mayoría de los barrenderos son de la casta inferior o intocable, los únicos autorizados por la religión a tener contacto con la basura. El
auge económico de Bombay atrae a estos parias que finalmente acaban recluidos en Dharavi, atrapados nuevamente en la miseria de la que solo un héroe, como el protagonista de «Slumdog Millionaire», ha logrado salir. Este hogar de miles de familias solo tiene agua potable dos horas al día y está rodeado de canales de aguas fecales. Un proyecto urbanístico pretende demoler toda la llanura para construir nuevas oficinas de la «City».
BULLICIOSAS CALLEJUELAS.
Todas las capitales de la India tienen sus suburbios pobres. En las afueras de Jaipur, los monos y los cerdos salvajes se disputan la comida de los basureros con los niños. En los barrios apartados de Nueva Delhi, los carniceros muestran sus productos al aire y rodeados de moscas. En Agra, a pocos metros del mausoleo del Taj Mahal, los inmigrantes llegados a la ciudad duermen en las aceras, protegidos por una lona tendida sobre dos palos.
En el distrito de Dharavi (Bombay), en la foto, la miseria es tal que sus habitantes no hacen los pagos con monedas sino con trocitos de plásticos de colores. Los negocios, como en toda la India, son pequeños cubículos donde los barberos cortan el pelo a la vista o los artesanos muestran sus mercancías rodeados de dos vías férreas.
EN DIRECTO | LA SALA MÁS FAMOSA DE LA INDIA
SESIÓN DOBLE EN EL CINE RAJ MANDIR
El Raj Mandir es el cine más famoso y de mayor glamur de la India. Está en Jaipur, la capital de color rosa de los marajás del Rajastán. Su gran anfiteatro de butacas, de paredes color pastel y techos con lámparas de cristal, acoge al público de todas las castas deseoso de ver los últimos estrenos de Bollywood.
El moderno recinto atrae a vistosas damas con sus coloridos saris y a nuevos ricos que aparcan sucoche de alta gama a las puertasde la meca del cine. Pero también es un gancho para los turistas que llegan al lugar en un motorickshaw de alquiler. A pocos metros, hay
un atestado restaurante de comida rápida McDonald’s. Su menú,
lógicamente, es vegetariano, pues en la India las vacas son sagradas y no se puede hacer hamburguesas con ellas.
Pero la entrada al Raj Mandir requiere paciencia, pues primero hay que sortear las colas de las taquillas, que se dividen en billetes
separados por sexos. Por ello, los varones aguardan su turno en una
cola y las mujeres en otra. Los extranjeros que tengan prisa pueden
presentarse en una taquilla exprés, situada en una discreta esquina,
que vende billetes al doble o triple de precio y donde, evidentemente,
no hay cola.
COLAS EN LA TAQUILLA.
El cine Raj Mandir, situado en un lateral de la calle Bhawandas Road de Jaipur, es la sala más famosa de la India. El público masculino aguarda pacientemente su turno en la cola de la taquilla para ver el último éxito de Bollywood. La sala de proyección fue inaugurada en 1976 y destaca por su estilo de arte modernista. Tiene capacidad para 1.273 espectadores.
El portero, vestido de uniforme de gala, hace pasar al público dentro del magnífico vestíbulo, de estilo victoriano, con vistosos espejos, colores pastel y escaleras por las que podrían desfilar grandes
estrellas del celuloide. El auditorio parece tan extenso como un campo de fútbol, con mas de un millar de butacas, y las paredes y
balcones decorados en tonos pastel.
Bienvenidos a Bollywood.
Empieza la sesión, con un espectacular baile en una zona turística de Nueva Delhi. Los personajes hablan en indi, uno de los idiomas
oficiales del país, y hay que imaginarse los diálogos. En mitad de la película, entra una espectadora con su hijo envuelto en la espalda, en su sari y al que consuela. Al poco, suena un móvil y alguien del público se pone a hablar.
Por suerte, el cine es un lenguaje universal y la historia es fácil de
seguir sin comprender los diálogos. El chico enamora a su novia
tras una edulcorante escena que cumple otra regla no escrita de
Bollywood: nada de sexo ni desnudos.Se trata de cine familiar para
todos los públicos. Al final de la primera parte, que duró dos horas,
el público descubre que el amante de la protagonista, con la que ha
tenido un hijo, es un sanguinario terrorista.
Tras el descanso, arranca la segunda parte. Ahora cambia de género: drama, tiros, acción y persecuciones estilo Hollywood. Al salir, busco una tienda para comprar el cedé con la pegadiza banda sonora de la película.
Tensión entre Irán y EE.UU.
Nota: cinco años después de la publicación del reportaje, la situacion entre ambos países es tensa. El reportaje comparaba las similitudes entre ambas sociedades y destacaba la modernidad de los iraníes, como luego se probó en la revuelta de los SMS y Facebook.
Publicado en La Voz de Galicia, Los Domingos de la Voz, el 27 de febrero del 2005
REPORTAJE | DENTRO DEL «EJE DEL MAL»
«¿Qué le hemos hecho a EE. UU.?» Irán y Siria vuelven a sonar como países del «eje del mal» y enemigos número uno de EE. UU. Los 70 millones de habitantes de la antigua Persia están acorralados entre los ayatolás y las amenazas de Bush.
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO Y FOTOS
Imagine un país con reservas de petróleo que no sea árabe, donde exista una población de clase media, con coche propio, gente amable, muy familiar y religiosa, que vaya de picnic los fines de semana, donde las mujeres estudien en la universidad y que intercambien su e-mail. No nos referimos a Estados Unidos, sino a Irán.
La antigua Persia no es el Irak del dictador Sadam Huseín ni el
Afganistán de los talibanes. Para Condoleezza Rice sólo es una pieza
más del gran juego de Asia Central, región que flota sobre petróleo y
gas. Pero para los visitantes extranjeros, Irán es la Francia de Oriente
Medio. Sus habitantes conservan la grandeur que le caracterizó en la
época del sha: modales educados y cocina refinada.
Para un viajero occidental es fácil de apreciar estas cualidades cuando un niño se acerca a saludar y se esfuerza por practicar el inglés aprendido en la escuela. Hasta los taxistas son tan educados que esperan tres veces a aceptar el dinero que les ofrece el cliente. Muchos de estos conductores sueñan con instalarse en Europa, siguiendo el ejemplo de los inmigrantes que retornan en verano.
Los 70 millones de ciudadanos se sienten atrapados entre una superpotencia que les apunta con sus bombas inteligentes y un régimen de ayatolás que les aprieta pero no ahoga. Nadie quiere hablar de otra guerra, después de sufrir diez años de combates contra el Ejército de Sadam Huseín, que invadió el país gobernado por el ayatolá Jomeini. Toda una generación de jóvenes quedó marcada por la Revolución y luego la guerra.
El regimen de los ayatolás se inspiraba en un movimiento popular
y religioso que pretendía acabar con la supuesta corrupción del sha. Ahora, muchas familias pueden comprar un coche, aunque sea el humilde Paykan, que lo jubilan este año. Millones de ellos circulan
por la caótica Teherán, gracias a que la gasolina subvencionada
cuesta 0,1 euros. Lo que no impide [...]
Publicado en La Voz de Galicia, Los Domingos de la Voz, el 27 de febrero del 2005
REPORTAJE | DENTRO DEL «EJE DEL MAL»
«¿Qué le hemos hecho a EE. UU.?» Irán y Siria vuelven a sonar como países del «eje del mal» y enemigos número uno de EE. UU. Los 70 millones de habitantes de la antigua Persia están acorralados entre los ayatolás y las amenazas de Bush.
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO Y FOTOS
Imagine un país con reservas de petróleo que no sea árabe, donde exista una población de clase media, con coche propio, gente amable, muy familiar y religiosa, que vaya de picnic los fines de semana, donde las mujeres estudien en la universidad y que intercambien su e-mail. No nos referimos a Estados Unidos, sino a Irán.
La antigua Persia no es el Irak del dictador Sadam Huseín ni el
Afganistán de los talibanes. Para Condoleezza Rice sólo es una pieza
más del gran juego de Asia Central, región que flota sobre petróleo y
gas. Pero para los visitantes extranjeros, Irán es la Francia de Oriente
Medio. Sus habitantes conservan la grandeur que le caracterizó en la
época del sha: modales educados y cocina refinada.
Para un viajero occidental es fácil de apreciar estas cualidades cuando un niño se acerca a saludar y se esfuerza por practicar el inglés aprendido en la escuela. Hasta los taxistas son tan educados que esperan tres veces a aceptar el dinero que les ofrece el cliente. Muchos de estos conductores sueñan con instalarse en Europa, siguiendo el ejemplo de los inmigrantes que retornan en verano.
Los 70 millones de ciudadanos se sienten atrapados entre una superpotencia que les apunta con sus bombas inteligentes y un régimen de ayatolás que les aprieta pero no ahoga. Nadie quiere hablar de otra guerra, después de sufrir diez años de combates contra el Ejército de Sadam Huseín, que invadió el país gobernado por el ayatolá Jomeini. Toda una generación de jóvenes quedó marcada por la Revolución y luego la guerra.
El regimen de los ayatolás se inspiraba en un movimiento popular
y religioso que pretendía acabar con la supuesta corrupción del sha. Ahora, muchas familias pueden comprar un coche, aunque sea el humilde Paykan, que lo jubilan este año. Millones de ellos circulan
por la caótica Teherán, gracias a que la gasolina subvencionada
cuesta 0,1 euros. Lo que no impide [...]
Turquía, entre el velo y el bikini
Nota: cinco años después de la publicación del reportaje, sigue sin haber ningún avance significativo para el ingreso de Turquía en la UE
Publicado en La Voz de Galicia
Autor: E.V.Pita
LOS DOMINGOS DE LA VOZ ,Pág. 4
16 DE OCTUBRE DEL 2005
EN DIRECTO | EL FUTURO SOCIO MUSULMÁN DE LA UE
Turquía, entre el velo y el bikini
En Estambul circulan cientos de chistes sobre la carrera de obstáculos para entrar en la Unión Europea. Dos aburridos alemanes toman una cerveza en silencio y observan envidiosos a un par de turcos que discuten apasionadamente alrededor de un licor. A la noche siguiente, los germanos beben ese brebaje y uno le espeta al otro: «Oye, Hans, entonces, ¿qué opinas de la nueva política económica alemana?».
Estos chistes sobre las diferencias culturales con Occidente tienen tanto éxito como las fábulas del ingenioso mulá Nasrudín. La giriç («entrada » en turco) en la UE es el tema más recurrido en las barberías de Estambul, en los bares de Ankara, mientras los hombres ven unpartido del Galatasaria en la tele o juegan al backgamon.
Este ambiente en las calles recuerda a una reposición de Cine de Barrio. Un joven llamado Hussein, nacido en el Mar Negro, resume la
posición de la Unión Europea hacia la entrada de Turquía. «Hemos
cumplido todos sus condiciones: eliminamos la pena de muerte,
mejoramos la democracia... pero siempre nos ponen nuevas excusas. Uno se enfada al pensar que la UE nunca va a cumplir su palabra», se queja. Éste añade que sería más correcto «habernos dicho que no damos la talla económica. De acuerdo, nos buscaríamos la vida en otro lado. Pero eso tampoco le interesa a la UE».
Sus 70 millones de habitantes convierten a Turquía en el país más poblado de la UE, después de Alemania. La tasa de crecimiento
de la población es tres veces superior a la española. El 26% tiene
menos de 14 años. Muchos niños ayudan en los negocios familiares
o circulan con sus padres en tractor por la fértil región de Bursa.
Uno de cada tres empleados es agricultor y sólo uno de cada once
está en el paro. Cada turco gana 6.900 dólares al año, tres veces
menos que un gallego.
El puerto de ferries de Eminonu, en el corazón del Cuerno de Oro, es un buen lugar para observar la economía del país, lastrada por la
subsistencia familiar. Uno se topa con decenas de niños que van de
recados o al aprendiz que lee la prensa en la tienda de sus tíos.
Detrás del muelle de Eminonu, se divisan decenas de petroleros
y mercantes que aguardan fondeados a cruzar el Mar Negro.
Pero existen dos lugares en Turquía donde un europeo se puede percatar de la pujanza turca. Uno es la calle Taksim, una vez cruzado
el puente Gálata de Estambul. En la milla de oro no falta ninguna
tienda de moda internacional. Uno podría pensar que camina
por la calle Príncipe de Vigo. Los rascacielos crecen como setas en
los alrededores. Fuera de ese oasis consumista, el ciudadano acude al súper, al ultramarinos o al bazar.
El segundo motor económico es una ciudad universitaria de provincias, Konya. Los modernos tranvías atraviesan las zonas comerciales, repletas de cibercafés, donde se levantan rascacielos y hoteles de lujo. Esta ciudad, que fabrica las tapas de las alcantarillas de Estambul, es una de las más conservadoras del país. Una mujer que camine sin velo o pantalón corto se siente incómoda.
Quizás lo más preocupante de la economía turca sea la infl cción.
Hasta hace poco, los cajeros automáticos dispensaban fajos de
billetes de un millón de liras, que apenas llegaban para comer un kebab y una Coca-Cola. El Gobierno ha eliminado los seis ceros del papel y su valor real equivale ahora a una lira (0,60 euros).
Hay que visitar Pérgamo para admitir que Turquía fue y es parte de Europa. Uno se sienta en las gradas del teatro, construido sobre una pendiente de vértigo, y se percata de que Anatolia es la cuna de la cultura mediterránea. La estatua del emperador Trajano es similar a la que preside la magistratura de Baelo Claudia, la ciudad romana enterrada bajo unas dunas de Cádiz.
Izmir es un puerto comercial muy próspero. Ahora, las torres de diez plantas rodean las humildes mezquitas. En Konya y Bursa se ven casas dotadas de calentador de agua que funciona con paneles
solares. Y en Ankara, las viejas casas de madera con huerto son
demolidas para levantar complejos residenciales.
El paisaje verde de cultivos de cereal es sustituido por los viaductos de hormigón de la nueva autovía a Estambul. El país crece. Son las mismas infraestructuras que Galicia construyó con los fondos de la UE.
En el rural, la pobreza es más visible. En la Capadocia y el Mar Negro, muchos jóvenes dejan las cuevas y las viñas y emigran a las ciudades. En los antiguos pueblos armenios, sólo quedan los viejos.
Ahora, la UE pide a Turquía que reconozca el genocidio perpetrado
contra esos cristianos en 1915 y resuelva el problema kurdo.
SUPERSTICIOSOS OJOS AZULES.
El ojo azul en forma de lágrima es el amuleto de la buena suerte. Los mercaderes de la Capadocia los cuelgan en los árboles como si fuesen los pañuelos y klinex que los peregrinos anudan ante la casa de la Virgen María, a las afueras de Éfeso. Los iconos que retratan a la madre del «profeta»Jesús, venerado también por los fieles del Islam, son protegidos con esos amuletos azules. Quizás esas lágrimas sean las mismas que los obreros bizantinos labraron en las
columnas que sostienen las cisternas subterráneas de Constantinopla. Allí, los operarios, que desconocían el mito griego,
tuvieron la precaución de colocar la cabeza llena de serpientes de Medusa boca abajo para que la estatua no les fulminase con su mirada. Y esos ojos azules son los mismos que muestran un gran porcentaje de la población turca y kurda. [...]
Publicado en La Voz de Galicia
Autor: E.V.Pita
LOS DOMINGOS DE LA VOZ ,Pág. 4
16 DE OCTUBRE DEL 2005
EN DIRECTO | EL FUTURO SOCIO MUSULMÁN DE LA UE
Turquía, entre el velo y el bikini
En Estambul circulan cientos de chistes sobre la carrera de obstáculos para entrar en la Unión Europea. Dos aburridos alemanes toman una cerveza en silencio y observan envidiosos a un par de turcos que discuten apasionadamente alrededor de un licor. A la noche siguiente, los germanos beben ese brebaje y uno le espeta al otro: «Oye, Hans, entonces, ¿qué opinas de la nueva política económica alemana?».
Estos chistes sobre las diferencias culturales con Occidente tienen tanto éxito como las fábulas del ingenioso mulá Nasrudín. La giriç («entrada » en turco) en la UE es el tema más recurrido en las barberías de Estambul, en los bares de Ankara, mientras los hombres ven unpartido del Galatasaria en la tele o juegan al backgamon.
Este ambiente en las calles recuerda a una reposición de Cine de Barrio. Un joven llamado Hussein, nacido en el Mar Negro, resume la
posición de la Unión Europea hacia la entrada de Turquía. «Hemos
cumplido todos sus condiciones: eliminamos la pena de muerte,
mejoramos la democracia... pero siempre nos ponen nuevas excusas. Uno se enfada al pensar que la UE nunca va a cumplir su palabra», se queja. Éste añade que sería más correcto «habernos dicho que no damos la talla económica. De acuerdo, nos buscaríamos la vida en otro lado. Pero eso tampoco le interesa a la UE».
Sus 70 millones de habitantes convierten a Turquía en el país más poblado de la UE, después de Alemania. La tasa de crecimiento
de la población es tres veces superior a la española. El 26% tiene
menos de 14 años. Muchos niños ayudan en los negocios familiares
o circulan con sus padres en tractor por la fértil región de Bursa.
Uno de cada tres empleados es agricultor y sólo uno de cada once
está en el paro. Cada turco gana 6.900 dólares al año, tres veces
menos que un gallego.
El puerto de ferries de Eminonu, en el corazón del Cuerno de Oro, es un buen lugar para observar la economía del país, lastrada por la
subsistencia familiar. Uno se topa con decenas de niños que van de
recados o al aprendiz que lee la prensa en la tienda de sus tíos.
Detrás del muelle de Eminonu, se divisan decenas de petroleros
y mercantes que aguardan fondeados a cruzar el Mar Negro.
Pero existen dos lugares en Turquía donde un europeo se puede percatar de la pujanza turca. Uno es la calle Taksim, una vez cruzado
el puente Gálata de Estambul. En la milla de oro no falta ninguna
tienda de moda internacional. Uno podría pensar que camina
por la calle Príncipe de Vigo. Los rascacielos crecen como setas en
los alrededores. Fuera de ese oasis consumista, el ciudadano acude al súper, al ultramarinos o al bazar.
El segundo motor económico es una ciudad universitaria de provincias, Konya. Los modernos tranvías atraviesan las zonas comerciales, repletas de cibercafés, donde se levantan rascacielos y hoteles de lujo. Esta ciudad, que fabrica las tapas de las alcantarillas de Estambul, es una de las más conservadoras del país. Una mujer que camine sin velo o pantalón corto se siente incómoda.
Quizás lo más preocupante de la economía turca sea la infl cción.
Hasta hace poco, los cajeros automáticos dispensaban fajos de
billetes de un millón de liras, que apenas llegaban para comer un kebab y una Coca-Cola. El Gobierno ha eliminado los seis ceros del papel y su valor real equivale ahora a una lira (0,60 euros).
Hay que visitar Pérgamo para admitir que Turquía fue y es parte de Europa. Uno se sienta en las gradas del teatro, construido sobre una pendiente de vértigo, y se percata de que Anatolia es la cuna de la cultura mediterránea. La estatua del emperador Trajano es similar a la que preside la magistratura de Baelo Claudia, la ciudad romana enterrada bajo unas dunas de Cádiz.
Izmir es un puerto comercial muy próspero. Ahora, las torres de diez plantas rodean las humildes mezquitas. En Konya y Bursa se ven casas dotadas de calentador de agua que funciona con paneles
solares. Y en Ankara, las viejas casas de madera con huerto son
demolidas para levantar complejos residenciales.
El paisaje verde de cultivos de cereal es sustituido por los viaductos de hormigón de la nueva autovía a Estambul. El país crece. Son las mismas infraestructuras que Galicia construyó con los fondos de la UE.
En el rural, la pobreza es más visible. En la Capadocia y el Mar Negro, muchos jóvenes dejan las cuevas y las viñas y emigran a las ciudades. En los antiguos pueblos armenios, sólo quedan los viejos.
Ahora, la UE pide a Turquía que reconozca el genocidio perpetrado
contra esos cristianos en 1915 y resuelva el problema kurdo.
SUPERSTICIOSOS OJOS AZULES.
El ojo azul en forma de lágrima es el amuleto de la buena suerte. Los mercaderes de la Capadocia los cuelgan en los árboles como si fuesen los pañuelos y klinex que los peregrinos anudan ante la casa de la Virgen María, a las afueras de Éfeso. Los iconos que retratan a la madre del «profeta»Jesús, venerado también por los fieles del Islam, son protegidos con esos amuletos azules. Quizás esas lágrimas sean las mismas que los obreros bizantinos labraron en las
columnas que sostienen las cisternas subterráneas de Constantinopla. Allí, los operarios, que desconocían el mito griego,
tuvieron la precaución de colocar la cabeza llena de serpientes de Medusa boca abajo para que la estatua no les fulminase con su mirada. Y esos ojos azules son los mismos que muestran un gran porcentaje de la población turca y kurda. [...]
Australia, paraíso prohibido
Publicado en La Voz de Galicia, suplemento Los Domingos de La Voz, el 10 de octubre del 2004
Por: E.V.Pita
REPORTAJE | GALLEGOS EN LAS ANTÍPODAS
Australia, paraíso prohibido
Las antípodas hace tiempo que cerraron sus puertas a los inmigrantes. Los empresarios gallegos que hicieron fortuna en el Lucky Country se topan con que el Gobierno les impide contratar a sus paisanos. Temen que las elecciones de ayer no vayan a cambiar las duras leyes.
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO
Un empresario gallego del granito, afincado en Melbourne, quiso contratar hace unos meses a un especialista portugués. Las restricciones de inmigración son tales que el obrero no pudo obtener un permiso legal de trabajo. El constructor optó por la picaresca y ordenó al expertoque entrase en Australia con un visado de turista. Los tres meses de validez serían suficientes para terminar el tajo.
Pero, como en el película La Terminal, de Steven Spielberg, el peón disfrutó de sus vacaciones sin salir del aeropuerto. Los aduaneros pasaron por rayos X su maleta y descubrieron una herramienta entre la ropa. Al abrir el equipaje, los policías hallaron la evidencia final: un mono azul de faena. Al luso lo subieron en el siguiente avión de vuelta a casa.
Australia fue tierra de fortuna antaño y abrió las puertas a 800.000 emigrantes no británicos entre los años 60 y 80. Justo Bouzo fue uno ellos. Este delineante nació hace 44 años en la aldea de Presqueira, en Baños de Molgas (Ourense). Llegó a Sydney en 1982 y ahora dirige una empresa de reformas y proyectos nuevos de construcción. Su firma Euroset está en expansión en varios estados australianos e incluso ha abierto mercado en Nueva Zelanda.
Sus compatriotas ya no tienen esa oportunidad. Así lo demostró el incidente internacional del buque Tampa, cargado de refugiados
políticos, y al que Camberra prohibió recalar en su costa. El país
austral sólo permite entrar a un cupo anual de 80.000 inmigrantes
altamente cualificados.
Las restricciones afectan a todos. La empresa de Bouzo importa yeso proyectado y el gallego arregló los papeles para contratar a un paisano suyo. «El problema es que no hay gente especializada para
aplicarlo. Quisimos traer jóvenes gallegos pero no conseguimos a
nadie», recuerda. El Gobierno expulsó a su candidato porque
carecía de la suficiente formación para enseñar su oficio a sus compañerosaustralianos. «En este país también hay paro», admite
resignado Bouzo. Éste duda que un cambio de Gobierno, tras las
elecciones celebradas ayer, abra las puertas a la inmigración. «Incluso con los laboristas, seguiría igual», dice.
Los últimos emigrantes gallegos que se han aventurado a trabajar
en Australia han tenido suerte dispar. Una licenciada en Historia
de Vigo y su marido lograron el permiso de residencia en apenas
unos meses porque el Gobierno apreció sus conocimientos en
Arqueología.
«Aquí te valoran por tu currículum y te dan más
oportunidades de demostrar si eres bueno. Es posible conseguir
más cosas que en Galicia. En Australia no funciona el enchufe ni el
amiguismo. Una empresa examina tu presupuesto, lo que has echo...
Llegar a una determinada posición depende de la valía de la persona y eso me gusta», añade Bouzo.
La mayoría de los gallegos han tenido que retornar al caducar su visado de estudio y trabajo legal. Otros utilizan el viejo truco de
viajar a Nueva Zelanda y volver a entrar como turista. Es el caso
de dos viguesas desempleadas que fueron a estudiar inglés a
Brisbane. Por sus calles circulan autobuses con la publicidad del
aceite español Carbonell. Los papeles permitían a las dos gallegas trabajar como limpiadora s en un rascacielos 20 horas semanales y estudiar 25 más. Su salario ascendía a casi mil euros.
La tentación para venir a Australia es muy grande. El sueldo medio de
un profesional de la construcción es de 200 dólares australianos
(120 euros) al día. Otro aliciente es el clima benigno de Brisbane,
soleado hasta en invierno.
Barbacoa
«Trabajamos cuatro horas diarias y vivimos como en Galicia, salvo
que el piso es compartido», afirma una viguesa, mientras prepara una
suculenta barbacoa (BBQ) en una playa fluvial con unos compañeros
españoles de la academia. Uno de ellos es un ejecutivo madrileño
que abandonó su despacho con vistas a la Castellana para aprender
inglés. También está una diseñadora catalana que aspira a ingresar
en la Universidad. Las dos gallegas dejaron la semana pasada
su apartamento en un rascacielos de 40 plantas, dotado de moqueta,
llave magnética, secadora, así como yacuzzi, gimnasio, piscina y
sauna comunitarios. Al caducar su visado han tenido que retornar
a España. «Si no te vas, los agentes de inmigración se presentan en tu casa y te acompañan al avión. No te puedes esconder porque estás
muy controlado», relatan estas estudiantes.
UNA ARQUITECTA CORUÑESA EN BONDI BEACH. Vanessa del Castillo es una arquitecta coruñesa, afincada en Barcelona, que a sus 28 años hizo un parón en su carrera para cumplir su sueño: trabajar en un despacho de diseño de rascacielos en Sydney. La aventurera aterrizó en agosto en Australia pero se topó de bruces con el departamento de Inmigración.
El Gobierno impone numerosas trabas a los empresarios para contratar extranjeros. Pasaban las semanas sin noticias de su empleo y Vanessa decidió tomárselo con filosofía. Así que se enfundó el traje de neopreno, agarró la tabla y se trasladó a vivir a Bondi Beach, la playa preferida de los surferos. «Let's go surffing!», dice.
Por: E.V.Pita
REPORTAJE | GALLEGOS EN LAS ANTÍPODAS
Australia, paraíso prohibido
Las antípodas hace tiempo que cerraron sus puertas a los inmigrantes. Los empresarios gallegos que hicieron fortuna en el Lucky Country se topan con que el Gobierno les impide contratar a sus paisanos. Temen que las elecciones de ayer no vayan a cambiar las duras leyes.
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO
Un empresario gallego del granito, afincado en Melbourne, quiso contratar hace unos meses a un especialista portugués. Las restricciones de inmigración son tales que el obrero no pudo obtener un permiso legal de trabajo. El constructor optó por la picaresca y ordenó al expertoque entrase en Australia con un visado de turista. Los tres meses de validez serían suficientes para terminar el tajo.
Pero, como en el película La Terminal, de Steven Spielberg, el peón disfrutó de sus vacaciones sin salir del aeropuerto. Los aduaneros pasaron por rayos X su maleta y descubrieron una herramienta entre la ropa. Al abrir el equipaje, los policías hallaron la evidencia final: un mono azul de faena. Al luso lo subieron en el siguiente avión de vuelta a casa.
Australia fue tierra de fortuna antaño y abrió las puertas a 800.000 emigrantes no británicos entre los años 60 y 80. Justo Bouzo fue uno ellos. Este delineante nació hace 44 años en la aldea de Presqueira, en Baños de Molgas (Ourense). Llegó a Sydney en 1982 y ahora dirige una empresa de reformas y proyectos nuevos de construcción. Su firma Euroset está en expansión en varios estados australianos e incluso ha abierto mercado en Nueva Zelanda.
Sus compatriotas ya no tienen esa oportunidad. Así lo demostró el incidente internacional del buque Tampa, cargado de refugiados
políticos, y al que Camberra prohibió recalar en su costa. El país
austral sólo permite entrar a un cupo anual de 80.000 inmigrantes
altamente cualificados.
Las restricciones afectan a todos. La empresa de Bouzo importa yeso proyectado y el gallego arregló los papeles para contratar a un paisano suyo. «El problema es que no hay gente especializada para
aplicarlo. Quisimos traer jóvenes gallegos pero no conseguimos a
nadie», recuerda. El Gobierno expulsó a su candidato porque
carecía de la suficiente formación para enseñar su oficio a sus compañerosaustralianos. «En este país también hay paro», admite
resignado Bouzo. Éste duda que un cambio de Gobierno, tras las
elecciones celebradas ayer, abra las puertas a la inmigración. «Incluso con los laboristas, seguiría igual», dice.
Los últimos emigrantes gallegos que se han aventurado a trabajar
en Australia han tenido suerte dispar. Una licenciada en Historia
de Vigo y su marido lograron el permiso de residencia en apenas
unos meses porque el Gobierno apreció sus conocimientos en
Arqueología.
«Aquí te valoran por tu currículum y te dan más
oportunidades de demostrar si eres bueno. Es posible conseguir
más cosas que en Galicia. En Australia no funciona el enchufe ni el
amiguismo. Una empresa examina tu presupuesto, lo que has echo...
Llegar a una determinada posición depende de la valía de la persona y eso me gusta», añade Bouzo.
La mayoría de los gallegos han tenido que retornar al caducar su visado de estudio y trabajo legal. Otros utilizan el viejo truco de
viajar a Nueva Zelanda y volver a entrar como turista. Es el caso
de dos viguesas desempleadas que fueron a estudiar inglés a
Brisbane. Por sus calles circulan autobuses con la publicidad del
aceite español Carbonell. Los papeles permitían a las dos gallegas trabajar como limpiadora s en un rascacielos 20 horas semanales y estudiar 25 más. Su salario ascendía a casi mil euros.
La tentación para venir a Australia es muy grande. El sueldo medio de
un profesional de la construcción es de 200 dólares australianos
(120 euros) al día. Otro aliciente es el clima benigno de Brisbane,
soleado hasta en invierno.
Barbacoa
«Trabajamos cuatro horas diarias y vivimos como en Galicia, salvo
que el piso es compartido», afirma una viguesa, mientras prepara una
suculenta barbacoa (BBQ) en una playa fluvial con unos compañeros
españoles de la academia. Uno de ellos es un ejecutivo madrileño
que abandonó su despacho con vistas a la Castellana para aprender
inglés. También está una diseñadora catalana que aspira a ingresar
en la Universidad. Las dos gallegas dejaron la semana pasada
su apartamento en un rascacielos de 40 plantas, dotado de moqueta,
llave magnética, secadora, así como yacuzzi, gimnasio, piscina y
sauna comunitarios. Al caducar su visado han tenido que retornar
a España. «Si no te vas, los agentes de inmigración se presentan en tu casa y te acompañan al avión. No te puedes esconder porque estás
muy controlado», relatan estas estudiantes.
UNA ARQUITECTA CORUÑESA EN BONDI BEACH. Vanessa del Castillo es una arquitecta coruñesa, afincada en Barcelona, que a sus 28 años hizo un parón en su carrera para cumplir su sueño: trabajar en un despacho de diseño de rascacielos en Sydney. La aventurera aterrizó en agosto en Australia pero se topó de bruces con el departamento de Inmigración.
El Gobierno impone numerosas trabas a los empresarios para contratar extranjeros. Pasaban las semanas sin noticias de su empleo y Vanessa decidió tomárselo con filosofía. Así que se enfundó el traje de neopreno, agarró la tabla y se trasladó a vivir a Bondi Beach, la playa preferida de los surferos. «Let's go surffing!», dice.
Suecia: la ruta del inspector Wallander
Nota: Mankell y su detective Wallander obtuvieron cierto éxito internacional que fue superado años después por la heroína y hacker Salander, de Larson.
Publicado en La Voz de Galicia, suplemento Culturas, el 9 de abril del 2005.
Por: E.V.Pita
TRAS LA PISTA DE WALLANDER
MILES DE AMANTES DE LA NOVELA NEGRA PEREGRINAN CADA VERANO A YSTAD, CIUDAD AL SUR DE SUECIA, PARA VISITAR LA CALLE DONDE VIVE EL INSPECTOR CREADO POR HENNING MANKELL
«Ba-lan-doo, se pronuncia Inspector Ba-lan-doo», corrige en sueco
Margaritte, la dueña de una tienda de ropa de segunda mano de la
calle Mariagatan. Los extranjeros tienen la manía de decir mal el
apellido, en inglés. La estrecha rúa de este barrio obrero de Ystad se
ha convertido en la meca de los amantes de la novela negra. En
verano se llena de turistas que entran en la tienda a preguntar:
«¿En qué número está la casa delinspector Wallander?». Una vecina
contesta: «En el diez. Pero ese policía no existe. Es sólo un personaje de ficción».
Basta con caminar hasta el número 10 de Mariagatan para comprobar que el nombre de Kurt Wallander no figura en las
placas del telefonillo. El escritor, Henning Mankell, tampoco se
deja ver mucho por el barrio. Está enclaustrado en Estocolmo
escribiendo su próximo relato, según su mánager Inke Nordström.
Mientras, Margaritte, que ya piensa en explotar el filón: «Llamaré a mi tienda La esquina del Inspector Wallander».
¿Por qué tiene tanto éxito un detective alcohólico y divorciado?
El detective amargado de la comisaría de Ystad ha resuelto
brutales casos como La Quinta Mujer, donde una revisora de tren
se toma la justicia por su mano con los maltratadores.
En Galicia, el taller de lectura de la Biblioteca Central de Vigo recomendó este libro el año pasado.
«Le adoro. Me los he leído todos», dice Linda Moser, una sueca de Gotenburg que emigró a Alemania. «Tiene problemas con su padre, con su mujer, con su hija y con el whisky. Su vida no va a ningún lugar pero sabe resolver los casos», explica Christian Kamen, un anciano que pasea su perrito por la plaza del Stortorget,el corazón de la ciudad. Es fácil reconocer el restaurante donde el protagonista no tenía dinero para comprar comida para su colega Nyber en Pisando los talones. En este relato, se enfrenta a un asesino en serie.
En la esquina de Teppgränd aparece el Banco Union, que juega un importante papel en Asesinos sin rostro. A pocos metros está el Hotel
Sekelgarden, donde se alojó un testigo policial en La Quinta Mujer
y una ministra en Los perros de Riga.
Ante la avalancha de turistas alemanes, fans incondicionales, la oficina de turismo ha editado el folleto Tras los pasos del Inspector
Wallander, donde fi guran 24 lugares de Ystad que fueron escenario
de crímenes en las novelas.
Mankell describe fielmente la vida en la sureña y provinciana Ystad,
a 61 kilómetros de Malmo. Vivió una década en esa región. La ciudad báltica sufre el tráfico de drogas pero la criminalidad es baja. Nada que ver con los brutales crímenes que describe Mankell.
«No existen conexiones con la mafia de África. Es todo fantasía»,
dice un policía en referencia a La Leona Blanca, donde revela una
conspiración para eliminar a Mandela orquestada desde Ystad.
La visita continúa en la comisaría. Al entrar en el vestíbulo, uno busca instintivamente a la recepcionista Ebba. La inspectora Ewa-Gun Westford, con 32 años de servicio, tiene hilo directo con el escritor y le sopla historias. «A veces, siento el aliento de Wallander por los pasillos. Cuando surge un caso inverosímil, los agentes dicen que es digno de Kurt. Estamos muy orgullosos de él», bromea la policía. También asesoró al actor que interpreta al detective en el cine. Los estudios Yellow Bird ruedan ahora otra película en el barrio de Regemment.
Algunos delitos, como el de un pirómano que quemó seis casas en dos horas, sirvieron de inspiración a Mankell. «En la nueva entrega, Wallander recaerá con el whisky», apunta Westford. «Él y su hija Linda son infelices. Espero en el fondo de mi corazón que hallen la paz», dice.
De regreso a Malmo, se distinguen desde el tren los solitarios campos nevados, con destartaladas granjas y grises industrias. Es
fácil compadecer a la granjera de La leona blanca.
Publicado en La Voz de Galicia, suplemento Culturas, el 9 de abril del 2005.
Por: E.V.Pita
TRAS LA PISTA DE WALLANDER
MILES DE AMANTES DE LA NOVELA NEGRA PEREGRINAN CADA VERANO A YSTAD, CIUDAD AL SUR DE SUECIA, PARA VISITAR LA CALLE DONDE VIVE EL INSPECTOR CREADO POR HENNING MANKELL
«Ba-lan-doo, se pronuncia Inspector Ba-lan-doo», corrige en sueco
Margaritte, la dueña de una tienda de ropa de segunda mano de la
calle Mariagatan. Los extranjeros tienen la manía de decir mal el
apellido, en inglés. La estrecha rúa de este barrio obrero de Ystad se
ha convertido en la meca de los amantes de la novela negra. En
verano se llena de turistas que entran en la tienda a preguntar:
«¿En qué número está la casa delinspector Wallander?». Una vecina
contesta: «En el diez. Pero ese policía no existe. Es sólo un personaje de ficción».
Basta con caminar hasta el número 10 de Mariagatan para comprobar que el nombre de Kurt Wallander no figura en las
placas del telefonillo. El escritor, Henning Mankell, tampoco se
deja ver mucho por el barrio. Está enclaustrado en Estocolmo
escribiendo su próximo relato, según su mánager Inke Nordström.
Mientras, Margaritte, que ya piensa en explotar el filón: «Llamaré a mi tienda La esquina del Inspector Wallander».
¿Por qué tiene tanto éxito un detective alcohólico y divorciado?
El detective amargado de la comisaría de Ystad ha resuelto
brutales casos como La Quinta Mujer, donde una revisora de tren
se toma la justicia por su mano con los maltratadores.
En Galicia, el taller de lectura de la Biblioteca Central de Vigo recomendó este libro el año pasado.
«Le adoro. Me los he leído todos», dice Linda Moser, una sueca de Gotenburg que emigró a Alemania. «Tiene problemas con su padre, con su mujer, con su hija y con el whisky. Su vida no va a ningún lugar pero sabe resolver los casos», explica Christian Kamen, un anciano que pasea su perrito por la plaza del Stortorget,el corazón de la ciudad. Es fácil reconocer el restaurante donde el protagonista no tenía dinero para comprar comida para su colega Nyber en Pisando los talones. En este relato, se enfrenta a un asesino en serie.
En la esquina de Teppgränd aparece el Banco Union, que juega un importante papel en Asesinos sin rostro. A pocos metros está el Hotel
Sekelgarden, donde se alojó un testigo policial en La Quinta Mujer
y una ministra en Los perros de Riga.
Ante la avalancha de turistas alemanes, fans incondicionales, la oficina de turismo ha editado el folleto Tras los pasos del Inspector
Wallander, donde fi guran 24 lugares de Ystad que fueron escenario
de crímenes en las novelas.
Mankell describe fielmente la vida en la sureña y provinciana Ystad,
a 61 kilómetros de Malmo. Vivió una década en esa región. La ciudad báltica sufre el tráfico de drogas pero la criminalidad es baja. Nada que ver con los brutales crímenes que describe Mankell.
«No existen conexiones con la mafia de África. Es todo fantasía»,
dice un policía en referencia a La Leona Blanca, donde revela una
conspiración para eliminar a Mandela orquestada desde Ystad.
La visita continúa en la comisaría. Al entrar en el vestíbulo, uno busca instintivamente a la recepcionista Ebba. La inspectora Ewa-Gun Westford, con 32 años de servicio, tiene hilo directo con el escritor y le sopla historias. «A veces, siento el aliento de Wallander por los pasillos. Cuando surge un caso inverosímil, los agentes dicen que es digno de Kurt. Estamos muy orgullosos de él», bromea la policía. También asesoró al actor que interpreta al detective en el cine. Los estudios Yellow Bird ruedan ahora otra película en el barrio de Regemment.
Algunos delitos, como el de un pirómano que quemó seis casas en dos horas, sirvieron de inspiración a Mankell. «En la nueva entrega, Wallander recaerá con el whisky», apunta Westford. «Él y su hija Linda son infelices. Espero en el fondo de mi corazón que hallen la paz», dice.
De regreso a Malmo, se distinguen desde el tren los solitarios campos nevados, con destartaladas granjas y grises industrias. Es
fácil compadecer a la granjera de La leona blanca.
Roswell (USA) y 50 años de marcianos
Publicado en La Voz de Galicia
INCIDENTE DE ROSWELL
Los marcianos cumplen 50 años
En 1938, Wells relató en la radio la invasión alienígena de «La Guerra de los Mundos». Pero la fiebre llegó en julio de 1947, cuando un granjero halló en Roswell los restos de un ovni.
Autor:
E. V. PITA
Fecha de publicacion: 17/7/2007
Amanece y los rayos de sol despiertan a los viajeros del bus nocturno de Greyhound que se dirige a Alburquerque. El autocar cruza un polvoriento pueblo de Nuevo México, en tierras antaño saqueadas por el revolucionario Pancho Villa.
El calor ya empieza a abrasar la chapa metálica del autocar. Un cartel señala la mítica Ruta 66 que atraviesa este estado, Texas y Arizona. Es un paraje sin casas; sólo caravanas y cactus. Una joven estudiante de impoluta camisa blanca espera solitaria con su maleta en la parada. Sonría a los pasajeros, que se alegran de que no haya subido otro agente de Inmigración a pedir papeles en busca de espaldas mojadas.
El conductor avisa por megafonía de que, en breve, hará su rigurosa parada en una cafetería al pie de la carretera. Parece un auténtico pueblo del oeste, con casas de madera y anuncios de neón de tiendas desperdigadas a lo largo de una única calle. Algunos camiones con tráileres gigantescos y altas chimeneas aparcan por las aceras.
Entonces, el pasajero somnoliento abre los ojos de par en par. ¿Es un sueño o acaba de ver a un marciano? Un muñeco alienígena gigante sonríe y le saluda desde un museo local de la carretera mientras los turistas lo fotografían. El pasajero consulta su guía intrigado: «Esto sólo puede ser Roswell».
El pueblo del sureste de Nuevo México es la meca de los estudiosos del fenómeno ovni. A un lugar tan apartado sólo se puede llegar por casualidad o accidente. Que se lo pregunten a los pilotos extraterrestres del platillo volante que supuestamente se estrelló en este desierto en julio de 1947. Semanas antes, el piloto civil Kenneth Arnold había avistado nueve objetos luminosos en el cielo del monte Rainier, hecho que inauguró oficialmente la era de la ufología.
Este mes se cumplen 50 años del incidente de Roswell. Todo empezó entre el 24 de junio y el 5 de julio. Mack Brazel, un granjero de Nuevo México, descubrió unos restos dispersos por su rancho de Corona y avisó al sheriff. El diario Roswell Daily Record publicó días después que el misterioso aparato era un objeto del tamaño de una mesa, poseía caucho de color gris esparcido, gran cantidad de papel de plata, cintas adhesivas con diseños florales, varillas de madera y no apareció ningún metal que hubiese sido usado como motor.
Durante cuatro décadas, la prensa y los cazaovnis vertieron ríos de tinta y especularon sobre la tecnología de una nave extraterrestre y la autopsia a sus tripulantes.
Pero el mito se derrumbó hace poco. La descripción del aparato coincide con la de un sistema de detección acústica de baja frecuencia que llevaban unos globos meteorológicos de largo alcance desarrollados por el proyecto Mogul, un alto secreto de Estados Unidos para espiar a la URSS. El objetivo de los globos era captar explosiones nucleares soviéticas en la alta atmósfera, pues, en plena guerra fría, Stalin quería tener su bomba. Todo apunta a que el vuelo 4 de prueba de un globo espía se estrelló en Roswell.
INCIDENTE DE ROSWELL
Los marcianos cumplen 50 años
En 1938, Wells relató en la radio la invasión alienígena de «La Guerra de los Mundos». Pero la fiebre llegó en julio de 1947, cuando un granjero halló en Roswell los restos de un ovni.
Autor:
E. V. PITA
Fecha de publicacion: 17/7/2007
Amanece y los rayos de sol despiertan a los viajeros del bus nocturno de Greyhound que se dirige a Alburquerque. El autocar cruza un polvoriento pueblo de Nuevo México, en tierras antaño saqueadas por el revolucionario Pancho Villa.
El calor ya empieza a abrasar la chapa metálica del autocar. Un cartel señala la mítica Ruta 66 que atraviesa este estado, Texas y Arizona. Es un paraje sin casas; sólo caravanas y cactus. Una joven estudiante de impoluta camisa blanca espera solitaria con su maleta en la parada. Sonría a los pasajeros, que se alegran de que no haya subido otro agente de Inmigración a pedir papeles en busca de espaldas mojadas.
El conductor avisa por megafonía de que, en breve, hará su rigurosa parada en una cafetería al pie de la carretera. Parece un auténtico pueblo del oeste, con casas de madera y anuncios de neón de tiendas desperdigadas a lo largo de una única calle. Algunos camiones con tráileres gigantescos y altas chimeneas aparcan por las aceras.
Entonces, el pasajero somnoliento abre los ojos de par en par. ¿Es un sueño o acaba de ver a un marciano? Un muñeco alienígena gigante sonríe y le saluda desde un museo local de la carretera mientras los turistas lo fotografían. El pasajero consulta su guía intrigado: «Esto sólo puede ser Roswell».
El pueblo del sureste de Nuevo México es la meca de los estudiosos del fenómeno ovni. A un lugar tan apartado sólo se puede llegar por casualidad o accidente. Que se lo pregunten a los pilotos extraterrestres del platillo volante que supuestamente se estrelló en este desierto en julio de 1947. Semanas antes, el piloto civil Kenneth Arnold había avistado nueve objetos luminosos en el cielo del monte Rainier, hecho que inauguró oficialmente la era de la ufología.
Este mes se cumplen 50 años del incidente de Roswell. Todo empezó entre el 24 de junio y el 5 de julio. Mack Brazel, un granjero de Nuevo México, descubrió unos restos dispersos por su rancho de Corona y avisó al sheriff. El diario Roswell Daily Record publicó días después que el misterioso aparato era un objeto del tamaño de una mesa, poseía caucho de color gris esparcido, gran cantidad de papel de plata, cintas adhesivas con diseños florales, varillas de madera y no apareció ningún metal que hubiese sido usado como motor.
Durante cuatro décadas, la prensa y los cazaovnis vertieron ríos de tinta y especularon sobre la tecnología de una nave extraterrestre y la autopsia a sus tripulantes.
Pero el mito se derrumbó hace poco. La descripción del aparato coincide con la de un sistema de detección acústica de baja frecuencia que llevaban unos globos meteorológicos de largo alcance desarrollados por el proyecto Mogul, un alto secreto de Estados Unidos para espiar a la URSS. El objetivo de los globos era captar explosiones nucleares soviéticas en la alta atmósfera, pues, en plena guerra fría, Stalin quería tener su bomba. Todo apunta a que el vuelo 4 de prueba de un globo espía se estrelló en Roswell.
Viaje por USA en 21 días (1)
Nota: en noviembre del 2000 y agosto del 2001 recorrí en bus Estados Unidos. Debido a que un mes después de mi retorno, ocurrieron los sucesos del 11-S, me di cuenta de que América no volvería a ser la misma que podría haber descrito al terminar el viaje. Sí mantuve una página web sobre el itinerario y contesté las consultas de algunos viajeros. El reportaje fue publicado en el 2008.
Publicado en La Voz de Galicia, en la página 10 de LOS DOMINGOS DE LA VOZ |el 6 de enero del 2008
EN DIRECTO | UN PERIODISTA RECORRE EE. UU. EN LOS MÍTICOS GREYHOUND
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO Y FOTOS
América de costa a costa por 600 dólares
Estados Unidos es una ganga para los turistas europeos gracias al cambio del euro. Un periodista de La Voz se subió a un bus de Greyhound para visitar los mitos de América con 600 dólares en el bolsillo. Un viaje de este a oeste y de Tijuana a Canadá en 21 días.
En los últimos meses varios libros, como el premio Pulitzer La carretera, han revisado el mítico viaje de costa a costa. Otros autores reviven la ruta de Tocqueville, el jurista francés que escribió Democracia en América.
La idea de este reportaje era la siguiente: recorrer como un viajero independiente los Estados Unidos hasta sus fronteras con México y Canadá en busca de los mitos que han forjado el sueño americano. Entre las metas estaban la mansión de Elvis Presley, Hollywood, el
parque Yellowstone o rendir unhomenaje a J. F. K. en Dallas. Equipaje
ligero: una pequeña mochila con mudas y un neceser para aguantar 21 días de bus. Dinero escaso: 600 dólares (419 euros), lo justo para comer y pagar alguna noche contada en un albergue. Nada de lujos.
La línea Greyhound es reconocible por su logo del galgo, es la excusa perfecta para revivir las imágenes de películas de cine. El autocar presta servicio desde 1914 en 3.100 destinos a lo largo de
Norteamérica. Cada año viajan 22 millones de pasajeros, con una gran incremento de la población latina. El Discovery Pass de 30
días cuesta 522 dólares y permite moverse por todo el país y sus fronteras. Basta con esperar en la cola y mostrarle el pase al conductor. La estampa de los autobuses Greyhound surcando los parajes estadounidenses forma parte de la cultura «pop» del siglo XX, que todos hemos recibido a través del cine o la televisión.
Estados Unidos tiene algunas ventajas para los mochileros
independientes que quieren moverse de prisa y barato. Una de ellas es la red de lavanderías. El lavado del petate cuesta un dólar, más varios centavos extra por un sobre de jabón, y otro dólar por el secado
automático. Es posible comer un perrito caliente por un dólar, incluida la mostaza. La entrada en los museos y en algunos conciertos es teóricamente gratuita, pero lo «recomendable» es soltar diez pavos. Internet es gratis en las bibliotecas públicas.
El lugar de partida solo podía ser el kilómetro cero de Estados Unidos, la Casa Blanca de Washington. El viajero no ve a Bush, pero se topa con una protesta de los indios siux que han clavado sus tiendas en el campo del Obelisco. En el cercano museo de la NASA, hay oportunidad de ver el módulo Apolo que se posó en la Luna. Los mandos de la nave espacial se parecen a los de un Seat 600 y uno empieza a dudar de que realmente sea cierto que el astronauta Armstrong se atreviese a subir en aquel cacharro.
Llega la hora de mostrar al busero el billete Ameripass, que permite a los extranjeros viajar ilimitadamente con la compañía de autocares Greyhound por todo el país y sus ciudades fronterizas. Hay que esperar cola y competir con otros viajeros para conseguir un asiento. El turista paga la novatada, se queda en tierra y debe esperar al siguiente autocar.
Por el camino, parada en una gasolinera, donde una decena de camiones de largas chimeneas, auténticos dragones de acero, están aparcados con sus enormes trailers. Es el momento de tragar litros de café americano muy aguado y edulcorados con crema irlandesa. Funciona.
La siguiente escala es Nueva York. Lo primero de todo: entrar en el Starbucks de la Estación Central y pagar tres dólares por un café de verdad. La ciudad de los rascacielos es barata: se puede zampar uno una hamburguesa o un perrito por un dólar o leer gratis un libro en la
cafetería de Barnes and Noble.
Pero la factura sube con los caprichos: hay que desembolsar 45 dólares (9.000 pesetas al cambio del 2000) por una cerveza en la barra del Hotel Carlyle para oír al director de cine Woody Allen tocar su clarinete. A fuerza de palos, el turista ya ha aprendido a incluir en la cuenta un 10% de propina para el camarero. Un gesto que ayuda a los cazadores de autógrafos.
Otros 10 dólares van al tique para subir al Empire State Building, donde el gorila King Kong luchó contra los aviones, escena cinematográfica grabada en el imaginario colectivo.
Unas manzanas arriba, en la Up Town, está el centro del multimillonario Rockefeller y la torre Trump. Curiosamente, la asociación de mendigos ha colocado su puesto ambulante frente a la joyería Tiffany’s.
Un ferri lleva al viajero hasta la estatua de la Libertad, más pequeña que en las fotos. Tras subir las escaleras en espiral, decepciona la vista panorámica de un polígono industrial.
De vuelta, el buque hace escala en la isla de Ellie, la parte fea que nunca sale en los libros. Los inmigrantes que llegaban al país de
las oportunidades debían superar allí la cuarentena.
La siguiente escala es Boston. Es el momento de echarle jeta y
adosarse a un grupo de científicos de A Coruña, Valladolid y Argentina
que han alquilado un coche de marchas automáticas, lo más común en ese país. Por fin, algo de road movie.
En esta ciudad de estilo europeo, el objetivo es colarse en la Universidad de Harvard, donde se educa la élite mundial. Es fin de semana y no se ve ni un alumno por el campus.
Ya puestos, una escapada al MIT, uno de los más prestigiosos centros de tecnología. «Las fundaciones inyectan millones y los
proyectos salen adelante», cuenta un becario gallego.
Chicago, la ciudad del gánster Al Capone, es el siguiente destino.
El bus llega a una estación donde hace cola una familia amish, los
granjeros que viven como en el siglo XVII. Su férrea ética no les
impidió inaugurar en el centro de Manhattan una tienda de
productos artesanos.
En la misma estación de Chicago, un grupo de inmigrantes chicanos comentan que han cruzado el país y que ahora trabajan ilegalmente en una obra. «A unos amigos la policía les paró porque eran hispanos. Se creían que su coche alquilado era robado», dicen. Está
claro que el sueño americano solo es para unos pocos.
Curiosamente, en esta ciudad los mendigos no piden limosna sino que recogen las latas de aluminio tiradas en el suelo para revenderlas. ¿Tanto espíritu emprendedor será porque la [....]
Más adelante, se publicará la segunda parte del artículo.
Publicado en La Voz de Galicia, en la página 10 de LOS DOMINGOS DE LA VOZ |el 6 de enero del 2008
EN DIRECTO | UN PERIODISTA RECORRE EE. UU. EN LOS MÍTICOS GREYHOUND
E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO Y FOTOS
América de costa a costa por 600 dólares
Estados Unidos es una ganga para los turistas europeos gracias al cambio del euro. Un periodista de La Voz se subió a un bus de Greyhound para visitar los mitos de América con 600 dólares en el bolsillo. Un viaje de este a oeste y de Tijuana a Canadá en 21 días.
En los últimos meses varios libros, como el premio Pulitzer La carretera, han revisado el mítico viaje de costa a costa. Otros autores reviven la ruta de Tocqueville, el jurista francés que escribió Democracia en América.
La idea de este reportaje era la siguiente: recorrer como un viajero independiente los Estados Unidos hasta sus fronteras con México y Canadá en busca de los mitos que han forjado el sueño americano. Entre las metas estaban la mansión de Elvis Presley, Hollywood, el
parque Yellowstone o rendir unhomenaje a J. F. K. en Dallas. Equipaje
ligero: una pequeña mochila con mudas y un neceser para aguantar 21 días de bus. Dinero escaso: 600 dólares (419 euros), lo justo para comer y pagar alguna noche contada en un albergue. Nada de lujos.
La línea Greyhound es reconocible por su logo del galgo, es la excusa perfecta para revivir las imágenes de películas de cine. El autocar presta servicio desde 1914 en 3.100 destinos a lo largo de
Norteamérica. Cada año viajan 22 millones de pasajeros, con una gran incremento de la población latina. El Discovery Pass de 30
días cuesta 522 dólares y permite moverse por todo el país y sus fronteras. Basta con esperar en la cola y mostrarle el pase al conductor. La estampa de los autobuses Greyhound surcando los parajes estadounidenses forma parte de la cultura «pop» del siglo XX, que todos hemos recibido a través del cine o la televisión.
Estados Unidos tiene algunas ventajas para los mochileros
independientes que quieren moverse de prisa y barato. Una de ellas es la red de lavanderías. El lavado del petate cuesta un dólar, más varios centavos extra por un sobre de jabón, y otro dólar por el secado
automático. Es posible comer un perrito caliente por un dólar, incluida la mostaza. La entrada en los museos y en algunos conciertos es teóricamente gratuita, pero lo «recomendable» es soltar diez pavos. Internet es gratis en las bibliotecas públicas.
El lugar de partida solo podía ser el kilómetro cero de Estados Unidos, la Casa Blanca de Washington. El viajero no ve a Bush, pero se topa con una protesta de los indios siux que han clavado sus tiendas en el campo del Obelisco. En el cercano museo de la NASA, hay oportunidad de ver el módulo Apolo que se posó en la Luna. Los mandos de la nave espacial se parecen a los de un Seat 600 y uno empieza a dudar de que realmente sea cierto que el astronauta Armstrong se atreviese a subir en aquel cacharro.
Llega la hora de mostrar al busero el billete Ameripass, que permite a los extranjeros viajar ilimitadamente con la compañía de autocares Greyhound por todo el país y sus ciudades fronterizas. Hay que esperar cola y competir con otros viajeros para conseguir un asiento. El turista paga la novatada, se queda en tierra y debe esperar al siguiente autocar.
Por el camino, parada en una gasolinera, donde una decena de camiones de largas chimeneas, auténticos dragones de acero, están aparcados con sus enormes trailers. Es el momento de tragar litros de café americano muy aguado y edulcorados con crema irlandesa. Funciona.
La siguiente escala es Nueva York. Lo primero de todo: entrar en el Starbucks de la Estación Central y pagar tres dólares por un café de verdad. La ciudad de los rascacielos es barata: se puede zampar uno una hamburguesa o un perrito por un dólar o leer gratis un libro en la
cafetería de Barnes and Noble.
Pero la factura sube con los caprichos: hay que desembolsar 45 dólares (9.000 pesetas al cambio del 2000) por una cerveza en la barra del Hotel Carlyle para oír al director de cine Woody Allen tocar su clarinete. A fuerza de palos, el turista ya ha aprendido a incluir en la cuenta un 10% de propina para el camarero. Un gesto que ayuda a los cazadores de autógrafos.
Otros 10 dólares van al tique para subir al Empire State Building, donde el gorila King Kong luchó contra los aviones, escena cinematográfica grabada en el imaginario colectivo.
Unas manzanas arriba, en la Up Town, está el centro del multimillonario Rockefeller y la torre Trump. Curiosamente, la asociación de mendigos ha colocado su puesto ambulante frente a la joyería Tiffany’s.
Un ferri lleva al viajero hasta la estatua de la Libertad, más pequeña que en las fotos. Tras subir las escaleras en espiral, decepciona la vista panorámica de un polígono industrial.
De vuelta, el buque hace escala en la isla de Ellie, la parte fea que nunca sale en los libros. Los inmigrantes que llegaban al país de
las oportunidades debían superar allí la cuarentena.
La siguiente escala es Boston. Es el momento de echarle jeta y
adosarse a un grupo de científicos de A Coruña, Valladolid y Argentina
que han alquilado un coche de marchas automáticas, lo más común en ese país. Por fin, algo de road movie.
En esta ciudad de estilo europeo, el objetivo es colarse en la Universidad de Harvard, donde se educa la élite mundial. Es fin de semana y no se ve ni un alumno por el campus.
Ya puestos, una escapada al MIT, uno de los más prestigiosos centros de tecnología. «Las fundaciones inyectan millones y los
proyectos salen adelante», cuenta un becario gallego.
Chicago, la ciudad del gánster Al Capone, es el siguiente destino.
El bus llega a una estación donde hace cola una familia amish, los
granjeros que viven como en el siglo XVII. Su férrea ética no les
impidió inaugurar en el centro de Manhattan una tienda de
productos artesanos.
En la misma estación de Chicago, un grupo de inmigrantes chicanos comentan que han cruzado el país y que ahora trabajan ilegalmente en una obra. «A unos amigos la policía les paró porque eran hispanos. Se creían que su coche alquilado era robado», dicen. Está
claro que el sueño americano solo es para unos pocos.
Curiosamente, en esta ciudad los mendigos no piden limosna sino que recogen las latas de aluminio tiradas en el suelo para revenderlas. ¿Tanto espíritu emprendedor será porque la [....]
Más adelante, se publicará la segunda parte del artículo.
No te aflijas, Haraz (2004)
No te aflijas Haraz (2004)
Traducción al español de "Non te aflixas, Harazt" (2004)
Por Enrique Vázquez Pita
(Texto íntegro)
Publicado en versión en gallego con el título "Viaxe a Irán" na Revista Buxola, número 0, en 2004.
También, en el blog http://evpitabooks.blogspot.com/2010/08/non-te-aflixas-haraz.html
NO TE AFLIJAS, HARAZ
En verdad, el taxista del Paykans circuló a gran velocidad por las zonas urbanas, sorteando en zig-zag a otros destartalados vehículos.
Apareció en la carretera por los lugares más inesperados y mantuvo el ritmo hasta que el vehículo o frenaba o esquivaba a los demás usuarios con una maniobra peligrosa.
Otras veces, las motos con tres personas-el piloto, su esposa y un hijo- sorteaban el tráfico denso en la dirección opuesta desde el centro de Shiraz. A veces, los autobuses urbanos, embestían contra el taxi pero en el último segundo variaba su rumbo con un brusca maniobra. Siempre en el último segundo, el autobús que venía directamente de su derecha viraba y eludía al otro coche. Con razón este es el país con más accidentes mortales en el mundo, pero es inexplicable que no haya más.
El taxi en el que yo viajaba era un destartalado Paykans blanco, similar a los dos millones de automóviles de la marca nacional que circulan por Teherán. Recordaba al viejo Seat 124 de los años 70.
Nuestras mochilas las llevábamos en el maletero, cuya puerta quedaba sujeta con una correa de goma y mientras las maletas asomaban por fuera.
En la radio, el conductor sintonizó la música iraní, divertida y pegadiza que recordaba al flamenco. En lugar de un muñeco de Elvis Presley, colgaba del cristal del parabrisas la imagen de un hombre barbudo y muy venerable llamado Imam Hussein. El santo lucía el pelo largo como Sandokán y sus ojos azules destelleaban. El fondo de la estampita brillaba con un verde intenso color esmeralda. Era muy querido por el pueblo. En el espejo delantero colgaba un rosario con cuentas de madera, con el que rezan los piadosos fieles del Islam.
La carrera vertiginosa finalizó en los jardines del mausoleo del poeta Hafez, en Shiraz. El taxista se negó tres veces a aceptar una propina pero los viajeros insistieron para que la aceptase de acuerdo con las costumbres del país. Uno a de aceptar una oferta a la tercera vez en que sea ofrecida. Como en España, la costumbre de pelearse en la barra por ser quien pague e invite a los demás.
En la puerta del parque del mausoleo de Hafez, los niños mendigos ofrecen sus canarios enjaulados para que el cliente tome de la pata del ave un papel que lleva escrito el destino, un mensaje que revela su futuro. Esos chicos son la excepción pues en Irán, los niños nunca piden dinero a los extranjeros. A veces, los más pillastres meten la mano en el bolsillo con ademán que robar la cartera pero no se atreven o algún adulto les llama la atención y los aparta. Los niños mendigo del parque son los mismos que venden la gasolina mientras mastican goma de banana. En este país, un litro cuesta 0,07 euros. Gracias a la subvención estatal de petróleo, millones de modelos Paykans recorren las polvorientas carreteras y caminos peligrosos que cruzan los precipicios que llevan hasta el mar Caspio.
A la entrada del parque también hay vendedores ambulantes de frutas como el melón. Pero lo más sabroso es el pan, el pan crugiente con una forma similar a la torta pita de la India con sabor a ajo y perejil. Es fácil de partir con las manos y su sabor es delicioso, incluso cuando hace calor.
En el Mauseleo de Hafez, pasando por el río seco y las casas de adobe, aún resuenan los poemas que escribió el insigne poeta hace siglos: "No te aflijas, Hazrat", palabras que parecen asemejarse a un llanto que invade otros países. En el ataúd de piedra de Hafez, siempre hay rosas.
Dado el fuerte sol, lo más apetecible al mediodía es beber un té en los salones al aire libre del parque, situados en un fresco patio con árboles frondosos que tapan el enrejado. Los huéspedes pueden permanecer en hamacas alfombradas con los pies descalzos. Las bebidas calientes y azucaradas ayudan a combatir el calor e invitan a la conversación.
A continuación, beber té tumbado o sentado con las piernas cruzadas en una cama alfombrada se convierte en uno de esos momentos de relajación del día, junto con la alegre música que suena en salones de té del mausoleo de Hafez.
Entre los clientes, figuran las alumnas de una escuela que piden una pizza (sin queso, parece que estamos en los EE.UU.). También comparten el patio un grupo de turistas franceses. Las damas forasteras cubren cabeza con un paño, según los preceptos del país ... pero le aportan un toque de elegancia con un pañuelo de color rosa o amarillo. Una viajera insinúa un mechón de su cabello caoba, que se presenta como un misterio bajo la tela. Es realmente extraño para un occidental no poder ver el cabello de las mujeres. Es entonces cuando se dan cuenta de lo valiosa que puede ser una mirada y el mensaje que puede transmitir unos ojos.
La visita a las salas de té no estaría completa sin fumar un narguile o pipa de agua con sabores variados del tabaco, entre ellos de rosas, de limón, o Coca-Cola, conocida en Irán como ZIPI Pam. Con un té y un narguile, el día va mucho mejor. Sólo quedaba un plato de arroz con especias y barbacoa de pollo para disfrutar de una buena tarde.
Después de la visita al mauselo, es buena idea pasear hasta la Mezquita de los espejos, cuyos diminutos cristales recubren las paredes y cúpulas. Los turistas infieles pueden sentarse en el templo descalzos, pisando decoradas alfombras. Allí los creyentes toman una piedra de barro cuadrada (con el nombre de Alá escrito) y la posan en la frente cuando están arrodillados y rezan. Los visitantes no están autorizados a fotografiar el interior, pero nada impide tomar notas y bocetos, o pintar el interior con trazos de bolígrafo. El silencio es la única compañía, junto con el Corán. Fuera en el patio, se escucha el fluir del agua de las fuentes o el murmullo del viento que mece los árboles.
Para llegar al parque del poeta Hafez, hay que cruzar un pequeño bosque, donde las familias hacen picnic, una arraigada costumbre iraní. Sentados en la hierba, en torno a una alfombra y una gran tetera de latón, los hombres preparan el té. Las mujeres sentadas miran el paisaje, todas cubiertas de cabeza a los pies con un chador negro. Otros cubren la cara con la mano.
Los viajeros continúan su ruta por el bazar de Kerman. El olor inconfundible de las especias recuerda a los mercados de Estambul o Marruecos: pimienta, té, azafrán y frutos secos como el pistacho. Estas mercancías se exponen en los puestecillos de la calle y los empresarios retiran una ración con la paleta y la pesan. Los precios no están marcados y uno sueña con comprar gangas. Los bazares son, en realidad, grandes centros comerciales de origen medieval en los que pululan miles de clientes bajo una escasa iluminación. Es fácil toparse con jóvenes se ocupan de los automóviles, otros que acarrean productos básicos o un mulá que camina hacia la mezquita.
En las tiendas, las mujeres pueden encontrar bufandas para cubrir sus cabelleras con los más variados colores: de amarillo a lila. En las alfombras, los motivos tradicionales son las figuras geométricas con imágenes del chiíta Imán Hussein, o algo más moderno como los diseños occidentales de personajes animados de Walt Disney . No faltan las camisetas de la selección nacional de Irán, así como otros clubes. Banderines de equipos de todo el mundo adornan las tiendas. Las bandejas de metal plateado, los juegos de ajedrez o las cajas de madera y marfil decoradas con escenas de caza completan la oferta.
La visita a Kerman no quedaría completa sin una excursión a Persépolis, cuando el sol cae y no aprieta. Justo en ese momento. Un microbús viaja durantre una hora por los pueblos destartalados de Kerman hasta una polvorienta planicie sobre la que destaba un montículo pétreo con una escalinata. Es el palacio de Darío, destruido e incendiado por el macedonio Alejandro Magno. Las enormes estatuas de leones, águilas y barbudo dan la bienvenida al visitante al igual que, en su tiempo, saludaron a los embajadores de civilizaciones remotas que venían a rendir homenaje a Darío. Las altas columnas dan una idea del monumental palacio del Rey de Reyes. En la montaña está cavaba su tumba.
Cae la noche y el sol ilumina el mausoelo pétreo de los reyes persas. Cerca de allí, un pastor de ovejas camina por las praderas que sus abuelos ganaron al desierto. La paz sea con vosotros.
Traducción al español de "Non te aflixas, Harazt" (2004)
Por Enrique Vázquez Pita
(Texto íntegro)
Publicado en versión en gallego con el título "Viaxe a Irán" na Revista Buxola, número 0, en 2004.
También, en el blog http://evpitabooks.blogspot.com/2010/08/non-te-aflixas-haraz.html
NO TE AFLIJAS, HARAZ
En verdad, el taxista del Paykans circuló a gran velocidad por las zonas urbanas, sorteando en zig-zag a otros destartalados vehículos.
Apareció en la carretera por los lugares más inesperados y mantuvo el ritmo hasta que el vehículo o frenaba o esquivaba a los demás usuarios con una maniobra peligrosa.
Otras veces, las motos con tres personas-el piloto, su esposa y un hijo- sorteaban el tráfico denso en la dirección opuesta desde el centro de Shiraz. A veces, los autobuses urbanos, embestían contra el taxi pero en el último segundo variaba su rumbo con un brusca maniobra. Siempre en el último segundo, el autobús que venía directamente de su derecha viraba y eludía al otro coche. Con razón este es el país con más accidentes mortales en el mundo, pero es inexplicable que no haya más.
El taxi en el que yo viajaba era un destartalado Paykans blanco, similar a los dos millones de automóviles de la marca nacional que circulan por Teherán. Recordaba al viejo Seat 124 de los años 70.
Nuestras mochilas las llevábamos en el maletero, cuya puerta quedaba sujeta con una correa de goma y mientras las maletas asomaban por fuera.
En la radio, el conductor sintonizó la música iraní, divertida y pegadiza que recordaba al flamenco. En lugar de un muñeco de Elvis Presley, colgaba del cristal del parabrisas la imagen de un hombre barbudo y muy venerable llamado Imam Hussein. El santo lucía el pelo largo como Sandokán y sus ojos azules destelleaban. El fondo de la estampita brillaba con un verde intenso color esmeralda. Era muy querido por el pueblo. En el espejo delantero colgaba un rosario con cuentas de madera, con el que rezan los piadosos fieles del Islam.
La carrera vertiginosa finalizó en los jardines del mausoleo del poeta Hafez, en Shiraz. El taxista se negó tres veces a aceptar una propina pero los viajeros insistieron para que la aceptase de acuerdo con las costumbres del país. Uno a de aceptar una oferta a la tercera vez en que sea ofrecida. Como en España, la costumbre de pelearse en la barra por ser quien pague e invite a los demás.
En la puerta del parque del mausoleo de Hafez, los niños mendigos ofrecen sus canarios enjaulados para que el cliente tome de la pata del ave un papel que lleva escrito el destino, un mensaje que revela su futuro. Esos chicos son la excepción pues en Irán, los niños nunca piden dinero a los extranjeros. A veces, los más pillastres meten la mano en el bolsillo con ademán que robar la cartera pero no se atreven o algún adulto les llama la atención y los aparta. Los niños mendigo del parque son los mismos que venden la gasolina mientras mastican goma de banana. En este país, un litro cuesta 0,07 euros. Gracias a la subvención estatal de petróleo, millones de modelos Paykans recorren las polvorientas carreteras y caminos peligrosos que cruzan los precipicios que llevan hasta el mar Caspio.
A la entrada del parque también hay vendedores ambulantes de frutas como el melón. Pero lo más sabroso es el pan, el pan crugiente con una forma similar a la torta pita de la India con sabor a ajo y perejil. Es fácil de partir con las manos y su sabor es delicioso, incluso cuando hace calor.
En el Mauseleo de Hafez, pasando por el río seco y las casas de adobe, aún resuenan los poemas que escribió el insigne poeta hace siglos: "No te aflijas, Hazrat", palabras que parecen asemejarse a un llanto que invade otros países. En el ataúd de piedra de Hafez, siempre hay rosas.
Dado el fuerte sol, lo más apetecible al mediodía es beber un té en los salones al aire libre del parque, situados en un fresco patio con árboles frondosos que tapan el enrejado. Los huéspedes pueden permanecer en hamacas alfombradas con los pies descalzos. Las bebidas calientes y azucaradas ayudan a combatir el calor e invitan a la conversación.
A continuación, beber té tumbado o sentado con las piernas cruzadas en una cama alfombrada se convierte en uno de esos momentos de relajación del día, junto con la alegre música que suena en salones de té del mausoleo de Hafez.
Entre los clientes, figuran las alumnas de una escuela que piden una pizza (sin queso, parece que estamos en los EE.UU.). También comparten el patio un grupo de turistas franceses. Las damas forasteras cubren cabeza con un paño, según los preceptos del país ... pero le aportan un toque de elegancia con un pañuelo de color rosa o amarillo. Una viajera insinúa un mechón de su cabello caoba, que se presenta como un misterio bajo la tela. Es realmente extraño para un occidental no poder ver el cabello de las mujeres. Es entonces cuando se dan cuenta de lo valiosa que puede ser una mirada y el mensaje que puede transmitir unos ojos.
La visita a las salas de té no estaría completa sin fumar un narguile o pipa de agua con sabores variados del tabaco, entre ellos de rosas, de limón, o Coca-Cola, conocida en Irán como ZIPI Pam. Con un té y un narguile, el día va mucho mejor. Sólo quedaba un plato de arroz con especias y barbacoa de pollo para disfrutar de una buena tarde.
Después de la visita al mauselo, es buena idea pasear hasta la Mezquita de los espejos, cuyos diminutos cristales recubren las paredes y cúpulas. Los turistas infieles pueden sentarse en el templo descalzos, pisando decoradas alfombras. Allí los creyentes toman una piedra de barro cuadrada (con el nombre de Alá escrito) y la posan en la frente cuando están arrodillados y rezan. Los visitantes no están autorizados a fotografiar el interior, pero nada impide tomar notas y bocetos, o pintar el interior con trazos de bolígrafo. El silencio es la única compañía, junto con el Corán. Fuera en el patio, se escucha el fluir del agua de las fuentes o el murmullo del viento que mece los árboles.
Para llegar al parque del poeta Hafez, hay que cruzar un pequeño bosque, donde las familias hacen picnic, una arraigada costumbre iraní. Sentados en la hierba, en torno a una alfombra y una gran tetera de latón, los hombres preparan el té. Las mujeres sentadas miran el paisaje, todas cubiertas de cabeza a los pies con un chador negro. Otros cubren la cara con la mano.
Los viajeros continúan su ruta por el bazar de Kerman. El olor inconfundible de las especias recuerda a los mercados de Estambul o Marruecos: pimienta, té, azafrán y frutos secos como el pistacho. Estas mercancías se exponen en los puestecillos de la calle y los empresarios retiran una ración con la paleta y la pesan. Los precios no están marcados y uno sueña con comprar gangas. Los bazares son, en realidad, grandes centros comerciales de origen medieval en los que pululan miles de clientes bajo una escasa iluminación. Es fácil toparse con jóvenes se ocupan de los automóviles, otros que acarrean productos básicos o un mulá que camina hacia la mezquita.
En las tiendas, las mujeres pueden encontrar bufandas para cubrir sus cabelleras con los más variados colores: de amarillo a lila. En las alfombras, los motivos tradicionales son las figuras geométricas con imágenes del chiíta Imán Hussein, o algo más moderno como los diseños occidentales de personajes animados de Walt Disney . No faltan las camisetas de la selección nacional de Irán, así como otros clubes. Banderines de equipos de todo el mundo adornan las tiendas. Las bandejas de metal plateado, los juegos de ajedrez o las cajas de madera y marfil decoradas con escenas de caza completan la oferta.
La visita a Kerman no quedaría completa sin una excursión a Persépolis, cuando el sol cae y no aprieta. Justo en ese momento. Un microbús viaja durantre una hora por los pueblos destartalados de Kerman hasta una polvorienta planicie sobre la que destaba un montículo pétreo con una escalinata. Es el palacio de Darío, destruido e incendiado por el macedonio Alejandro Magno. Las enormes estatuas de leones, águilas y barbudo dan la bienvenida al visitante al igual que, en su tiempo, saludaron a los embajadores de civilizaciones remotas que venían a rendir homenaje a Darío. Las altas columnas dan una idea del monumental palacio del Rey de Reyes. En la montaña está cavaba su tumba.
Cae la noche y el sol ilumina el mausoelo pétreo de los reyes persas. Cerca de allí, un pastor de ovejas camina por las praderas que sus abuelos ganaron al desierto. La paz sea con vosotros.
El TRD no es profeta en su tierra
Publicado en sección Galicia de La Voz de Galicia el 20 de marzo del 2005
Nota: Cinco años después de la publicación de este artículo, la línea de tren A Coruña-Vigo se hace en una hora y 55 minutos, todavía 25 más que Copenhague-Odense. En Vigo-Oporto, no hay mejoras. La construcción del AVE rebajará estos tiempos.
El TRD es profeta en su tierra
Dinamarca diseñó el tren TRD que circula por Galicia. Pero el InterCity del país nórdico es un 40% más veloz y cubre un tramo similar a A Coruña-Vigo en sólo hora y media
E. Vázquez Pita
copenhague
Los copos de nieve caen sobre un andén de la Estación
Central de Copenhague. Un moderno IC3 se dispone a
recorrer el tramo de 160 kilómetros que une la capital con
Odense, la tercera ciudad deDinamarca, en la isla de Fionia,
cuna de los vikingos.
La primera sorpresa es que los vagones del InterCity danés
disponen de un parque infantil, butacas reservadas a las
familias, suelo enmoquetado, máquinas de café y refrescos
en los pasillos, y vestíbulos amplios para minusválidos,
bicis y maniobras de salida. ¿Realmente éste es el mismo
TRD que circula por Galicia?
Sí. La silueta frontal del ICL danés es inconfundible.
La diferencia más palpable es que el lujoso IC3 combina
el motor eléctrico y el diésel. En el caso gallego, la única vía
de ferrocarril fue concluida a mediados del siglo XX y sigue
sin electrifi car ni doblar.
La distancia que une Copenhague con Odense es similar a
la de Vigo con A Coruña, pero el TRD danés la cubre en hora
y media. Es un 40 por ciento más veloz que la locomotora
gallega, que emplea dos horas y media. Las nuevas máquinas
gallegas Nexus —de la misma familia— pueden alcanzar los
160 kilómetros por hora pero sólo han acortado el viaje
cinco minutos pese al visible incremento del precio.
En Dinamarca funcionan a su máxima potencia modelos como el
ICL, que realizan el trayecto en un tiempo récord de hora
y cuarto, con una única parada en el aeropuerto.
Un lector avisado podría replicar que comparar Galicia
con Dinamarca es injusto porque el terreno del país escandinavo
es completamente llano y la montaña más alta
del país no supera los 170 metros de altura. Por ello
hay tantas bicicletas.
A ello se puede replicar que la nieve provoca retrasos y recordar
que Odense y Copenhague están en dos islas diferentes,
separadas por un estrecho. Hasta hace seis años, el tren
tenía que embarcar en la bodega de un ferry para cruzar
las gélidas aguas. El gobierno danés invirtió millones de
coronas en la construcción de un túnel que desemboca
en medio de un puente. Los pasajeros del tren, cuando miran
por la ventanilla, ven ¡un faro!. «Antes era impensable
ir y venir en el mismo día a Copenhague», dice Marianne,
una vecina de Odense.
Ventajas
Un pasajero del tren, que se dirige a Ahrus, al norte de la
península de Jutlandia, comenta las ventajas mientras
navega con su agenda PDA. «Mi familia y yo viajamos en
tren porque sale más barato que cruzar el puente en coche
y pagar el caro peaje. Vamos más cómodos y seguros, sobre
todo si nieva», relata. El billete ordinario cuesta 210
coronas (30 euros). Su esposa juega con sus dos
hijos en un área infantil habilitada en las últimas plazas del
vagón 22. Se trata de un pequeño recinto enmoquetado
donde los niños pueden armar piezas de Lego.
Otra familia que viaja en las cómodas y amplias butacas de la zona
infantil comenta que su hijade cuatro años es fan de María
Isabel, la ganadora española de Eurovisión Júnior. La niña
tatararea Antes muerta quesencilla mientras dibuja.
En ese momento, apareceel camarero, que sirve tazas
gratuitas de té o café al pasaje, seguido de una vendedora
con el carrito de golosinas y refrescos. Cerca del baño y las
puertas, un viajero coloca su bicicleta y recoge la maleta.
Por las líneas danesas también circulan viejos modelos del IC3, que
recuerdan más la decoración convencional del tren gallego. Nuevamente, la diferencia es su velocidad. En el tramo de vueltade Odense y Copenhague, el TRD escandinavo realizó nueve paradas, cinco más que la máquina gallega, pero nunca superó la hora y media de viaje.
Copenhague, con un millón de habitantes, ha habilitado numerosas
conexiones en tren con la ciudad sueca de Malmo. Ambas están separadas por 16 kilómetros de mar pero ahora les une un moderno
puente. Media hora basta para cruzar a la estación de la otra orilla. El éxito ha sido tal que la DSB y la SJ, las compañías ferroviarias
danesa y sueca, respectivamente, han llenado el tramo de Oresund con trenes TRD, por su comodidad y velocidad.
Esta eficacia contrasta con el tramo de Vigo y Oporto, dos ciudades separadas por el río Miño. Los trenes de la eurorregión emplean tres
horas en recorrer ese tramo de 160 kilómetros, consólo dos frecuencias al día. La Eurorregión luso-galaica tiene seis millones de
habitantes, uno más que la población danesa.
La DSB transportó en el 2003 a 157 millones de pasajeros. El grupo ferroviario emplea a 8.500 trabajadores.
Nota: Cinco años después de la publicación de este artículo, la línea de tren A Coruña-Vigo se hace en una hora y 55 minutos, todavía 25 más que Copenhague-Odense. En Vigo-Oporto, no hay mejoras. La construcción del AVE rebajará estos tiempos.
El TRD es profeta en su tierra
Dinamarca diseñó el tren TRD que circula por Galicia. Pero el InterCity del país nórdico es un 40% más veloz y cubre un tramo similar a A Coruña-Vigo en sólo hora y media
E. Vázquez Pita
copenhague
Los copos de nieve caen sobre un andén de la Estación
Central de Copenhague. Un moderno IC3 se dispone a
recorrer el tramo de 160 kilómetros que une la capital con
Odense, la tercera ciudad deDinamarca, en la isla de Fionia,
cuna de los vikingos.
La primera sorpresa es que los vagones del InterCity danés
disponen de un parque infantil, butacas reservadas a las
familias, suelo enmoquetado, máquinas de café y refrescos
en los pasillos, y vestíbulos amplios para minusválidos,
bicis y maniobras de salida. ¿Realmente éste es el mismo
TRD que circula por Galicia?
Sí. La silueta frontal del ICL danés es inconfundible.
La diferencia más palpable es que el lujoso IC3 combina
el motor eléctrico y el diésel. En el caso gallego, la única vía
de ferrocarril fue concluida a mediados del siglo XX y sigue
sin electrifi car ni doblar.
La distancia que une Copenhague con Odense es similar a
la de Vigo con A Coruña, pero el TRD danés la cubre en hora
y media. Es un 40 por ciento más veloz que la locomotora
gallega, que emplea dos horas y media. Las nuevas máquinas
gallegas Nexus —de la misma familia— pueden alcanzar los
160 kilómetros por hora pero sólo han acortado el viaje
cinco minutos pese al visible incremento del precio.
En Dinamarca funcionan a su máxima potencia modelos como el
ICL, que realizan el trayecto en un tiempo récord de hora
y cuarto, con una única parada en el aeropuerto.
Un lector avisado podría replicar que comparar Galicia
con Dinamarca es injusto porque el terreno del país escandinavo
es completamente llano y la montaña más alta
del país no supera los 170 metros de altura. Por ello
hay tantas bicicletas.
A ello se puede replicar que la nieve provoca retrasos y recordar
que Odense y Copenhague están en dos islas diferentes,
separadas por un estrecho. Hasta hace seis años, el tren
tenía que embarcar en la bodega de un ferry para cruzar
las gélidas aguas. El gobierno danés invirtió millones de
coronas en la construcción de un túnel que desemboca
en medio de un puente. Los pasajeros del tren, cuando miran
por la ventanilla, ven ¡un faro!. «Antes era impensable
ir y venir en el mismo día a Copenhague», dice Marianne,
una vecina de Odense.
Ventajas
Un pasajero del tren, que se dirige a Ahrus, al norte de la
península de Jutlandia, comenta las ventajas mientras
navega con su agenda PDA. «Mi familia y yo viajamos en
tren porque sale más barato que cruzar el puente en coche
y pagar el caro peaje. Vamos más cómodos y seguros, sobre
todo si nieva», relata. El billete ordinario cuesta 210
coronas (30 euros). Su esposa juega con sus dos
hijos en un área infantil habilitada en las últimas plazas del
vagón 22. Se trata de un pequeño recinto enmoquetado
donde los niños pueden armar piezas de Lego.
Otra familia que viaja en las cómodas y amplias butacas de la zona
infantil comenta que su hijade cuatro años es fan de María
Isabel, la ganadora española de Eurovisión Júnior. La niña
tatararea Antes muerta quesencilla mientras dibuja.
En ese momento, apareceel camarero, que sirve tazas
gratuitas de té o café al pasaje, seguido de una vendedora
con el carrito de golosinas y refrescos. Cerca del baño y las
puertas, un viajero coloca su bicicleta y recoge la maleta.
Por las líneas danesas también circulan viejos modelos del IC3, que
recuerdan más la decoración convencional del tren gallego. Nuevamente, la diferencia es su velocidad. En el tramo de vueltade Odense y Copenhague, el TRD escandinavo realizó nueve paradas, cinco más que la máquina gallega, pero nunca superó la hora y media de viaje.
Copenhague, con un millón de habitantes, ha habilitado numerosas
conexiones en tren con la ciudad sueca de Malmo. Ambas están separadas por 16 kilómetros de mar pero ahora les une un moderno
puente. Media hora basta para cruzar a la estación de la otra orilla. El éxito ha sido tal que la DSB y la SJ, las compañías ferroviarias
danesa y sueca, respectivamente, han llenado el tramo de Oresund con trenes TRD, por su comodidad y velocidad.
Esta eficacia contrasta con el tramo de Vigo y Oporto, dos ciudades separadas por el río Miño. Los trenes de la eurorregión emplean tres
horas en recorrer ese tramo de 160 kilómetros, consólo dos frecuencias al día. La Eurorregión luso-galaica tiene seis millones de
habitantes, uno más que la población danesa.
La DSB transportó en el 2003 a 157 millones de pasajeros. El grupo ferroviario emplea a 8.500 trabajadores.
El milagro del modelo danés
Nota: Pasados cinco años de la publicación de este reportaje cada vez es más evidente que, al escribirlo, pasé por alto la producción de molinillos de viento, algunos en el mar. Los molinos formaban parte del paisaje de Fiona y, creo recordar, haber visto alguno cuando el tren cruzó el puente que une las dos islas. En su momento, solo atisbé muy de pasada la importancia de esta nueva energía eólica para el desarrollo de Dinamarca, hoy una potencia en el sector.
En el reportaje, debí haber mencionado a las grandes compañías como Lego, etc...
Reportaje publicado en la página 28 de la sección de Economía de La Voz de Galicia el 27 de marzo del 2005.
La Voz de Galicia
Reportaje | Los secretos de la agroindustria escandinava salen a la luz
El milagro del modelo danés
Dinamarca inventó las cooperativas y Castelao lo propuso como modelo para Galicia.
El pan negro o de centeno fue despreciado en Galicia por ser de pobres. En Dinamarca, aún desayunan con él. Una visita al museo folk de Odense, en la isla de Fionia, [y un paseo por sus campos, repletos de gigantescos molinillos de viento], basta para comprender la potencia agroindustrial del diminuto país nórdico.
La clave es un viejo molino de viento de 20 metros de altura construido a mediados del siglo XIX. Al entraren la instalación, sorprende la compleja maquinaria de engranajes, que ocupan tres pisos. Un mecanismo de relojería capaz de triturar toneladas de grano en harina en pocos minutos.
Al éxito de la alta tecnología se unió el fomento de las cooperativas
y de la educación. El diputado Daniel Castelao defendía ya en la década de 1930 que los agricultores gallegos imitasen el modelo danés, compuesto por propietarios minifundistas unidos en cooperativas.
El político elogiaba las 18 granjas experimentales de plantas que operaban ya en el país nórdico. Actualmente, las cooperativas
escandinavas exportan cereal, leche y carne para alimentar a 15 millones de personas, el triple de su población.
Grandes complejos agroindustriales como Danish Crown o Tulip compiten por un hueco en los mercados emergentes de China.
La agricultura danesa es un negocio que factura 59.000 millones de coronas (8.500 millones de euros) en exportaciones. El 62% de su suelo está cultivado. Los mercados más exigentes, como Japón o
el Reino Unido, compran la mayor parte de su producción de carne.
Un portavoz del Sindicato Labrego, Xosé Ramón Cendán, cree que el modelo de Dinamarca está agotado. «Gastan moito en fertilizantes e sulfatos. Iso eleva os seus costos. Nova Zelanda é máis barato e Irlanda faino mellor».
La réplica la aporta Inge Merete, una ganadera de una de las 1.300 granjas porcinas de Dinamarca. El mayor exportador de carne de cerdo del mundo está sometido a bruscos ciclos. La empresaria trabaja en Allested, en la zona rural de Odense, cubierta por la nieve. Ella y su marido se hicieron cargo de la factoría Ravnelund, deficitaria en 1996. Hoy exportan 17.000 piezas porcinas al año. Toda su producción va destinada al mercado inglés, que impone altas exigencias sanitarias.
Inge Merete muestra su cadena de producción. Para ello, los visitantes deben situarse en un compartimento estanco, calzarse botas especiales y vestir un mono de faena. No preocupa tanto el olor como la higiene, como si fuese un laboratorio de la Nasa.
Rock en el establo
La propietaria de la granja enseña una estancia donde alimentan a cientos de cochinillos mayores de un mes. Las crías reciben el pienso
cultivado por la propia granja en unos compartimentos metálicos y asépticos. «El pienso lo fabricamos nosotros mismos para ahorrar costes», indica la dueña. La factoría está altamente tecnificada. En una de las estancias se hallan las cerdas parturientas.
En el establo suena música rock. «Hemos descubierto que a los animales les relaja», afirma Inge Merete. Las 600 cerdas de la granja quedan preñadas dos veces al año y paren 24 cochinos. La granjera
calcula en el suelo, con una tiza, la producción anual.
En otro establo, los cerdas preñadas son cebadas por una máquina que les suministra alimento de forma automática e individualizada. Los animales gruñen por su ración. El granjero usa un sensor para
calcular si cada pieza tiene sobrepeso. Al cabo de un año, cuando pesan 100 kilos, son sacrificadas y la carne exportada. «Cada animal lo vendemos por 800 coronas. Nos cuesta 700 y ganamos cien», explica la ganadera.
La lenta emigración del campo a la ciudad
El país nórdico tenía 140.000 granjas en 1970. Ahora no pasan de las
50.000 que emplean a 61.000 personas. Suzette Ascott, una vecina de Odense, relata cómo la gente joven abandona las pequeñas granjas de la isla de Fionia para ir a trabajar a la ciudad por un salario fijo.
El proceso de concentración es visible en Ravnholt, cerca de Faaborg. El terreno es tan llano y arenoso que a la única colina de la isla la denominan Alps, como la cordillera suiza. Allí aún se pueden ver granjas familiares de vacas, las Hejmedprodukt, que no superan las 20 hectáreas. Otras tantas han sido abandonadas.
Estos negocios disponen de compartimentos estancos para almacenar el heno que dan de comer a la cabaña ganadera. La mayor granja de Fionia está ubicada en el castillo de Crown. Los cultivos de este holding de Ravnholt abarcan 3.000 hectáreas e incluyen cereal y abetos plantados para exportar en Navidad.
Todo está mecanizado.
Johannes Ostergaard es mánager del Landbrugsraadet (Consejo Agrícola Danés), una entidad privada que coordina la producción de las cooperativas agroindustriales danesas.
Las exportaciones van dirigidas a 130 mercados internacionales.
¿Cuales son los secretos del milagro danés? Ostergaard los resumen en tres puntos. «La primera es que los jóvenes reciben una buena formación educativa de cinco años para ser agricultor. En ese período también hacen prácticas», indica.
La segunda clave es la unión de los agricultores en cooperativas. Éstas programan la producción y vigilan que nadie supere la cantidad
de fertilizante asignado a cada suelo para cumplir las normas ambientales.
La tercera clave es la inversión en tecnología para reducir los costes. Competidores como Brasil o Nueva Zelanda son más baratos, pero los daneses acceden a mercados como el japonés que pagan más a cambio de calidad y garantía sanitaria. «El agricultor no mete el dinero
en el banco porque el interés está bajo. Lo invierte en maquinaria», dice.
Torben Kudsk dirige la oficina de relaciones con la UE del Landbrugsraadet. Conoce la situación de las cooperativas gallegas tras ser invitado a visitar varias en Santiago de Compostela. «Me impresionó porque estaban muy bien organizada y sus propietarios son muy eficientes», explica Kudsk.
Los daneses se muestran muy interesados en cooperar con los granjeros gallegos en la producción de biogás. «Descubrimos grandes posibilidades», dice.
La recomendación que hace Kudsk a las cooperativas gallegas es que «no tengan miedo a crecer y crecer». Según este directivo del Consejo de Agricultura Danés, las cooperativas gallegas deben adaptarse a las peticiones de los supermercados y de sus cambios,
pues cada vez son compañías mayores. «Es muy importante para los granjeros cooperar juntos, aumentar su tamaño y obtener el mejor
precio», dice.
El ejemplo es Danish Crown, gigante de la alimentación que llega
a los mayores mercados del mundo. «Pero para ello hay que desarrollarse y unirse hasta convertirse en una transnacional», aconseja.
En el reportaje, debí haber mencionado a las grandes compañías como Lego, etc...
Reportaje publicado en la página 28 de la sección de Economía de La Voz de Galicia el 27 de marzo del 2005.
La Voz de Galicia
Reportaje | Los secretos de la agroindustria escandinava salen a la luz
El milagro del modelo danés
Dinamarca inventó las cooperativas y Castelao lo propuso como modelo para Galicia.
El pan negro o de centeno fue despreciado en Galicia por ser de pobres. En Dinamarca, aún desayunan con él. Una visita al museo folk de Odense, en la isla de Fionia, [y un paseo por sus campos, repletos de gigantescos molinillos de viento], basta para comprender la potencia agroindustrial del diminuto país nórdico.
La clave es un viejo molino de viento de 20 metros de altura construido a mediados del siglo XIX. Al entraren la instalación, sorprende la compleja maquinaria de engranajes, que ocupan tres pisos. Un mecanismo de relojería capaz de triturar toneladas de grano en harina en pocos minutos.
Al éxito de la alta tecnología se unió el fomento de las cooperativas
y de la educación. El diputado Daniel Castelao defendía ya en la década de 1930 que los agricultores gallegos imitasen el modelo danés, compuesto por propietarios minifundistas unidos en cooperativas.
El político elogiaba las 18 granjas experimentales de plantas que operaban ya en el país nórdico. Actualmente, las cooperativas
escandinavas exportan cereal, leche y carne para alimentar a 15 millones de personas, el triple de su población.
Grandes complejos agroindustriales como Danish Crown o Tulip compiten por un hueco en los mercados emergentes de China.
La agricultura danesa es un negocio que factura 59.000 millones de coronas (8.500 millones de euros) en exportaciones. El 62% de su suelo está cultivado. Los mercados más exigentes, como Japón o
el Reino Unido, compran la mayor parte de su producción de carne.
Un portavoz del Sindicato Labrego, Xosé Ramón Cendán, cree que el modelo de Dinamarca está agotado. «Gastan moito en fertilizantes e sulfatos. Iso eleva os seus costos. Nova Zelanda é máis barato e Irlanda faino mellor».
La réplica la aporta Inge Merete, una ganadera de una de las 1.300 granjas porcinas de Dinamarca. El mayor exportador de carne de cerdo del mundo está sometido a bruscos ciclos. La empresaria trabaja en Allested, en la zona rural de Odense, cubierta por la nieve. Ella y su marido se hicieron cargo de la factoría Ravnelund, deficitaria en 1996. Hoy exportan 17.000 piezas porcinas al año. Toda su producción va destinada al mercado inglés, que impone altas exigencias sanitarias.
Inge Merete muestra su cadena de producción. Para ello, los visitantes deben situarse en un compartimento estanco, calzarse botas especiales y vestir un mono de faena. No preocupa tanto el olor como la higiene, como si fuese un laboratorio de la Nasa.
Rock en el establo
La propietaria de la granja enseña una estancia donde alimentan a cientos de cochinillos mayores de un mes. Las crías reciben el pienso
cultivado por la propia granja en unos compartimentos metálicos y asépticos. «El pienso lo fabricamos nosotros mismos para ahorrar costes», indica la dueña. La factoría está altamente tecnificada. En una de las estancias se hallan las cerdas parturientas.
En el establo suena música rock. «Hemos descubierto que a los animales les relaja», afirma Inge Merete. Las 600 cerdas de la granja quedan preñadas dos veces al año y paren 24 cochinos. La granjera
calcula en el suelo, con una tiza, la producción anual.
En otro establo, los cerdas preñadas son cebadas por una máquina que les suministra alimento de forma automática e individualizada. Los animales gruñen por su ración. El granjero usa un sensor para
calcular si cada pieza tiene sobrepeso. Al cabo de un año, cuando pesan 100 kilos, son sacrificadas y la carne exportada. «Cada animal lo vendemos por 800 coronas. Nos cuesta 700 y ganamos cien», explica la ganadera.
La lenta emigración del campo a la ciudad
El país nórdico tenía 140.000 granjas en 1970. Ahora no pasan de las
50.000 que emplean a 61.000 personas. Suzette Ascott, una vecina de Odense, relata cómo la gente joven abandona las pequeñas granjas de la isla de Fionia para ir a trabajar a la ciudad por un salario fijo.
El proceso de concentración es visible en Ravnholt, cerca de Faaborg. El terreno es tan llano y arenoso que a la única colina de la isla la denominan Alps, como la cordillera suiza. Allí aún se pueden ver granjas familiares de vacas, las Hejmedprodukt, que no superan las 20 hectáreas. Otras tantas han sido abandonadas.
Estos negocios disponen de compartimentos estancos para almacenar el heno que dan de comer a la cabaña ganadera. La mayor granja de Fionia está ubicada en el castillo de Crown. Los cultivos de este holding de Ravnholt abarcan 3.000 hectáreas e incluyen cereal y abetos plantados para exportar en Navidad.
Todo está mecanizado.
Johannes Ostergaard es mánager del Landbrugsraadet (Consejo Agrícola Danés), una entidad privada que coordina la producción de las cooperativas agroindustriales danesas.
Las exportaciones van dirigidas a 130 mercados internacionales.
¿Cuales son los secretos del milagro danés? Ostergaard los resumen en tres puntos. «La primera es que los jóvenes reciben una buena formación educativa de cinco años para ser agricultor. En ese período también hacen prácticas», indica.
La segunda clave es la unión de los agricultores en cooperativas. Éstas programan la producción y vigilan que nadie supere la cantidad
de fertilizante asignado a cada suelo para cumplir las normas ambientales.
La tercera clave es la inversión en tecnología para reducir los costes. Competidores como Brasil o Nueva Zelanda son más baratos, pero los daneses acceden a mercados como el japonés que pagan más a cambio de calidad y garantía sanitaria. «El agricultor no mete el dinero
en el banco porque el interés está bajo. Lo invierte en maquinaria», dice.
Torben Kudsk dirige la oficina de relaciones con la UE del Landbrugsraadet. Conoce la situación de las cooperativas gallegas tras ser invitado a visitar varias en Santiago de Compostela. «Me impresionó porque estaban muy bien organizada y sus propietarios son muy eficientes», explica Kudsk.
Los daneses se muestran muy interesados en cooperar con los granjeros gallegos en la producción de biogás. «Descubrimos grandes posibilidades», dice.
La recomendación que hace Kudsk a las cooperativas gallegas es que «no tengan miedo a crecer y crecer». Según este directivo del Consejo de Agricultura Danés, las cooperativas gallegas deben adaptarse a las peticiones de los supermercados y de sus cambios,
pues cada vez son compañías mayores. «Es muy importante para los granjeros cooperar juntos, aumentar su tamaño y obtener el mejor
precio», dice.
El ejemplo es Danish Crown, gigante de la alimentación que llega
a los mayores mercados del mundo. «Pero para ello hay que desarrollarse y unirse hasta convertirse en una transnacional», aconseja.
Edimburgo descubre la Galicia de Valle-Inclán
Nota: artículo escrito en un cíber de Edimburgo, en Escocia, mientras estaba de vacaciones y hacía el InterRail en plan mochilero con unos amigos. Mientras esperaba el tren en un andén ojee un periodico abandonado y descubrí que había una gran expectación por una obra del insigne Valle-Inclán. Luego, comprobé que las críticas eran unánimes. Mi reportaje fue publicado días después por el periódico La Voz de Galicia en la sección de Cultura.
Publicado en:
http://www.lavozdegalicia.es
el 10 de agosto del 2000, La Voz de Galicia, sección Cultura
La representación de las «Comedias bárbaras» es la estrella del festival de teatro de la ciudad escocesa
Edimburgo descubre Galicia a través de una obra de Valle-Inclán
Sexo, tortura, muerte, aristocracia, tragedia y conflicto. «Comedias bárbaras», ambientada en la Galicia rural, reúne todos los ingredientes para que la critica escocesa e inglesa la considere una de las obras estrella del Festival de Edimburgo, al que asisten un millón de visitantes durante el mes de agosto.
El diario «The Scotman» afirma del poeta «celta» Valle-Inclán que «toma a Shakespeare y lo pervierte». La prensa también ha descubierto con Valle que en España «no es todo flamenco».
E . V Á Z Q U E Z P I T A
EDIMBURGO. Enviado especial
España es diferente después de que el Festival Internacional de Edimburgo haya descubierto la Galicia céltica en la obra del dramaturgo gallego Valle-Inclán, al que consideran uno de los autores más influyentes del siglo XX.
Los suplementos literarios de The Times y The Scotman, el periódico
más importante de Escocia, han elogiado la primera parte de la trilogía de las Comedias bárbaras, que retrata la vida de una familia noble gallega en un paisaje rodeado de dólmenes célticos.
«Con Valle-Inclán descubrimos que España no es todo flamenco,
sol ardiente, casas blancas o pasión sureña. Indudablemente,
Valle-Inclán es celta. Él procede del verde mundo de Galicia, más parecido a Irlanda o el oeste de Escocia que a la imagen convencional
de España», afirma la editora literaria de The Scotman, Catherine Lockerbie.
La obra será representada en el Kings Theatre entre el 14 y el 23 de agosto por The Abbey Theatre, de Dublín, bajo la dirección de Calixto Bieito, quien ya produjo para el festival La vida es sueño, de Calderón de la Barca.
La nueva adaptación al inglés corrió a cargo de Fran McGuinness. La crítica inglesa considera que el literato grotesco y radical influyó en la
obra de Lorca, Picasso, Brecht, Ionesco, Beckett y el mismo Pedro Almodóvar. Y lo comparan con Lord Byron, el mayor poeta romántico británico famoso por su carácter excitable y la amputación de una
extremidad.
La expectación por la obra, considerada un high drama, es tal que el magazine oficial del festival le dedica la portada. Aristocracia, escándalo sexual, tortura y asesinato. ¿Qué más quieres?, titula la primera plana de la revista.
El suplemento dominical de The Times también dedica media
página para recomendar la obra del padre del esperpento y recuerda que está ambientada en la Galicia feudal.
El Festival de Edimburgo se desarrolla durante las tres últimas semanas de agosto e incluye cientos de actividades culturales en la calle, en las cuales participan grupos de música, teatro, ópera y danza.
También participa en este festival la banda Camut, de Barcelona, que ofrece un espectáculo de tambores, claqué y voz llamado La vida es ritmo. Desde el pasado lunes hasta el día 16 actúan en diversos locales de Edimburgo.
Publicado en:
http://www.lavozdegalicia.es
el 10 de agosto del 2000, La Voz de Galicia, sección Cultura
La representación de las «Comedias bárbaras» es la estrella del festival de teatro de la ciudad escocesa
Edimburgo descubre Galicia a través de una obra de Valle-Inclán
Sexo, tortura, muerte, aristocracia, tragedia y conflicto. «Comedias bárbaras», ambientada en la Galicia rural, reúne todos los ingredientes para que la critica escocesa e inglesa la considere una de las obras estrella del Festival de Edimburgo, al que asisten un millón de visitantes durante el mes de agosto.
El diario «The Scotman» afirma del poeta «celta» Valle-Inclán que «toma a Shakespeare y lo pervierte». La prensa también ha descubierto con Valle que en España «no es todo flamenco».
E . V Á Z Q U E Z P I T A
EDIMBURGO. Enviado especial
España es diferente después de que el Festival Internacional de Edimburgo haya descubierto la Galicia céltica en la obra del dramaturgo gallego Valle-Inclán, al que consideran uno de los autores más influyentes del siglo XX.
Los suplementos literarios de The Times y The Scotman, el periódico
más importante de Escocia, han elogiado la primera parte de la trilogía de las Comedias bárbaras, que retrata la vida de una familia noble gallega en un paisaje rodeado de dólmenes célticos.
«Con Valle-Inclán descubrimos que España no es todo flamenco,
sol ardiente, casas blancas o pasión sureña. Indudablemente,
Valle-Inclán es celta. Él procede del verde mundo de Galicia, más parecido a Irlanda o el oeste de Escocia que a la imagen convencional
de España», afirma la editora literaria de The Scotman, Catherine Lockerbie.
La obra será representada en el Kings Theatre entre el 14 y el 23 de agosto por The Abbey Theatre, de Dublín, bajo la dirección de Calixto Bieito, quien ya produjo para el festival La vida es sueño, de Calderón de la Barca.
La nueva adaptación al inglés corrió a cargo de Fran McGuinness. La crítica inglesa considera que el literato grotesco y radical influyó en la
obra de Lorca, Picasso, Brecht, Ionesco, Beckett y el mismo Pedro Almodóvar. Y lo comparan con Lord Byron, el mayor poeta romántico británico famoso por su carácter excitable y la amputación de una
extremidad.
La expectación por la obra, considerada un high drama, es tal que el magazine oficial del festival le dedica la portada. Aristocracia, escándalo sexual, tortura y asesinato. ¿Qué más quieres?, titula la primera plana de la revista.
El suplemento dominical de The Times también dedica media
página para recomendar la obra del padre del esperpento y recuerda que está ambientada en la Galicia feudal.
El Festival de Edimburgo se desarrolla durante las tres últimas semanas de agosto e incluye cientos de actividades culturales en la calle, en las cuales participan grupos de música, teatro, ópera y danza.
También participa en este festival la banda Camut, de Barcelona, que ofrece un espectáculo de tambores, claqué y voz llamado La vida es ritmo. Desde el pasado lunes hasta el día 16 actúan en diversos locales de Edimburgo.
India, ¿nuevo gigante económico? (La Voz de Galicia, E.V.Pita, 5 noviembre 2006)
Publicado en
http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2004/09/18/3035444.shtml
el 5 de noviembre del 2006, sección Economía
Crónica | Examen al futuro tigre asiático
India, ¿nuevo gigante económico?
La patria de Gandhi crece a un ritmo del 8% anual y los expertos vaticinan que será una superpotencia en pocas décadas. Pero
la mayoría del país vive en la miseria.
E. Vázquez Pita
(Nueva Delhi)
Una turista entra un poco asustada en la lúgubre consulta de una astróloga del pueblo de Malawa, en las afueras de Nueva Delhi. La cliente se sorprende al oír la inconfundible musiquilla que abre el sistema operativo Windows.
La vidente examina la pantalla y teclea la fecha, hora y lugar de nacimiento de la mujer que desea conocer su futuro. Un sofisticado programa matemático calcula las posiciones de los planetas y
elabora en unos minutos la carta astral completa, que sale por la impresora.
Éste podría ser un símbolo de los grandes cambios económicos que acontecen en la India, el futuro tigre asiático, cuyo producto interior bruto crece a un ritmo del 8% anual desde hace tres años. Y eso a pesar de su pésimas infraestructuras viales.
Quizás el lugar donde mejor se aprecien estos avances es Bangalore, la ciudad preferida de los hindúes para vivir y la segunda para ganar dinero (después de Bombay). No es extraño. Bangalore es la meca de los más brillantes informáticos de la India, que trabajan
en pulcros campus que poco tienen que envidiar a Silicon Valley.
Por este motivo, las empresas de telefonía de Estados Unidos acuden aquí a subcontratar empleados para atender los servicios 902 al cliente. La gran ventaja es que los teleoperadores hindúes
hablan inglés, tienen una gran formación académica y cobran diez veces menos que un norteamericano.
El salario medio mensual en la India es de 15.000 rupias (270 euros), cantidad con la que «se puede vivir dignamente». Lo normal es cobrar tres veces menos.
La alianza con Estados Unidos parece casi natural. Por todo el país proliferan las academias y colegios privados que ofrecen másteres para preparar el examen de ingreso en las universidades del socio americano. Cada año, salen de las 292 universidades dos millones de licenciados, de los que 150.000 son ingenieros. Una de sus especialidades es el software, que exportan incluso a China. El negocio ya alcanza los 50.000 millones de dólares anuales. Las divisas son el triple.
La bonanza se percibe desde el 2003. El país tiene 1.100 millones de habitantes y, según las estimaciones, existen 98 millones de personas que ingresan entre 200.000 y un millón de rupias anuales (de 4.000 a 20.000 euros). Es decir, la clase media es superior a toda la población de Alemania. Otros ya hablan de 40 millones de personas que mejoran cada año su nivel de vida, tantos como españoles. Y el club de millonarios equivale a Suiza o Portugal.
Este poder adquisitivo hace que el mercado hindú sea suculento para las firmas de consumo, si se tiene en cuenta que cuatro de cada diez habitantes del planeta viven en China e India.
Anuncios
Las televisiones por cable muestran anuncios de champús, golosinas de chocolate o los últimos éxitos de rock y discotecas. Incluso las teleseries muestran una imagen de clase media, con familias adorablesque visten a la moda y residen en chalés adosados con una cuidada decoración más propia de un edulcorado filme de Bollywood. Si un visitante no saliese del hotel e hiciese zapping en el centenar de canales por satélite, pensaría que la patria de Gandhi es el colmo del glamur.
Sólo a veces se deslizan algunas imágenes salidas del guión como una concursante de la tele que hacía equilibrios con varias jarras sobre su cabeza mientras caminaba sobre cristales con sus pies desnudos. ¿Una aprendiz de faquir?
En la capital, Nueva Delhi, los modernos rascacielos acristalados crecen a las afueras como setas. La autopista sigue en obras de ampliación, y la primera línea de metro ya está operativa. Marcas como Adidas o Rolex copan los escaparates de las tiendas exclusivas de la plaza Cognaught. En el suburbio de Gurgaon crecen las fábricas de electrónica y automóviles.
Y en las avenidas de Jaipur, las mujeres circulan en potentes motos de marca japonesa sin mancharse su colorido sari.
Habría que desplazarse al rural para percibir el grado de penetración de Internet. En un remoto pueblo de Malawa, un pequeño colmado anuncia en la pared: Cibercafé. En la mesa, dos viejos monitores listos para navegar o hablar vía telefónica por el Skipe.
Los expertos vaticinan que India será el tercer gigante económico, tras China y Estados Unidos, pero ¿qué pasa con los otros mil millones de habitantes restantes que no usan la tarjeta de crédito?
El 65% de los hindúes vive de la agricultura, la mayoría tiene menos de 24 años, cuatro de cada diez no sabe leer y ganan entre 750 y 2.500 dólares al año.
No hay más que darse un paseo por las chabolas de lonas de plástico que proliferana escasos metros de los nuevos rascacielos de
Nueva Delhi. A su lado, en los vertederos, juegan los niños y pacen los puercos salvajes.
India logró fabricar la bomba atómica en 1997 pero, paradójicamente,
los apagones de luz son el símbolo de las dificultades estructurales del país. Se necesitaría una fuerte inversión para convencer al
empresario extranjero quese ha quedado atrapado en el ascensor del hotel de Delhi por un apagón.
La red de ferrocarril es la más extensa del mundo pero no ha sido renovada. Los cambios de vía aún se hacen por el sistema manual. Las estaciones, como la Central de Agra, disponen de modernos
marcadores digitales pero los niños abandonados cruzan las vías, y los perros callejeros se pelean en los andenes. La cruda realidad desluce la postal de los parques del Taj Mahal.
Quizás el talón de Aquiles sean las pésimas comunicaciones
por carretera. Para cubrir 100 kilómetros se necesitan dos o tres horas, tantas como para salir de un atasco en Nueva Delhi, siempre que no cruce una vaca la mediana.
Otro obstáculo a la libre movilidad son las pésimas vías comarcales que unen grandes capitales del interior. Sólo tienen dos carriles pero cobran un peaje de 120 rupias (2 euros).
http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2004/09/18/3035444.shtml
el 5 de noviembre del 2006, sección Economía
Crónica | Examen al futuro tigre asiático
India, ¿nuevo gigante económico?
La patria de Gandhi crece a un ritmo del 8% anual y los expertos vaticinan que será una superpotencia en pocas décadas. Pero
la mayoría del país vive en la miseria.
E. Vázquez Pita
(Nueva Delhi)
Una turista entra un poco asustada en la lúgubre consulta de una astróloga del pueblo de Malawa, en las afueras de Nueva Delhi. La cliente se sorprende al oír la inconfundible musiquilla que abre el sistema operativo Windows.
La vidente examina la pantalla y teclea la fecha, hora y lugar de nacimiento de la mujer que desea conocer su futuro. Un sofisticado programa matemático calcula las posiciones de los planetas y
elabora en unos minutos la carta astral completa, que sale por la impresora.
Éste podría ser un símbolo de los grandes cambios económicos que acontecen en la India, el futuro tigre asiático, cuyo producto interior bruto crece a un ritmo del 8% anual desde hace tres años. Y eso a pesar de su pésimas infraestructuras viales.
Quizás el lugar donde mejor se aprecien estos avances es Bangalore, la ciudad preferida de los hindúes para vivir y la segunda para ganar dinero (después de Bombay). No es extraño. Bangalore es la meca de los más brillantes informáticos de la India, que trabajan
en pulcros campus que poco tienen que envidiar a Silicon Valley.
Por este motivo, las empresas de telefonía de Estados Unidos acuden aquí a subcontratar empleados para atender los servicios 902 al cliente. La gran ventaja es que los teleoperadores hindúes
hablan inglés, tienen una gran formación académica y cobran diez veces menos que un norteamericano.
El salario medio mensual en la India es de 15.000 rupias (270 euros), cantidad con la que «se puede vivir dignamente». Lo normal es cobrar tres veces menos.
La alianza con Estados Unidos parece casi natural. Por todo el país proliferan las academias y colegios privados que ofrecen másteres para preparar el examen de ingreso en las universidades del socio americano. Cada año, salen de las 292 universidades dos millones de licenciados, de los que 150.000 son ingenieros. Una de sus especialidades es el software, que exportan incluso a China. El negocio ya alcanza los 50.000 millones de dólares anuales. Las divisas son el triple.
La bonanza se percibe desde el 2003. El país tiene 1.100 millones de habitantes y, según las estimaciones, existen 98 millones de personas que ingresan entre 200.000 y un millón de rupias anuales (de 4.000 a 20.000 euros). Es decir, la clase media es superior a toda la población de Alemania. Otros ya hablan de 40 millones de personas que mejoran cada año su nivel de vida, tantos como españoles. Y el club de millonarios equivale a Suiza o Portugal.
Este poder adquisitivo hace que el mercado hindú sea suculento para las firmas de consumo, si se tiene en cuenta que cuatro de cada diez habitantes del planeta viven en China e India.
Anuncios
Las televisiones por cable muestran anuncios de champús, golosinas de chocolate o los últimos éxitos de rock y discotecas. Incluso las teleseries muestran una imagen de clase media, con familias adorablesque visten a la moda y residen en chalés adosados con una cuidada decoración más propia de un edulcorado filme de Bollywood. Si un visitante no saliese del hotel e hiciese zapping en el centenar de canales por satélite, pensaría que la patria de Gandhi es el colmo del glamur.
Sólo a veces se deslizan algunas imágenes salidas del guión como una concursante de la tele que hacía equilibrios con varias jarras sobre su cabeza mientras caminaba sobre cristales con sus pies desnudos. ¿Una aprendiz de faquir?
En la capital, Nueva Delhi, los modernos rascacielos acristalados crecen a las afueras como setas. La autopista sigue en obras de ampliación, y la primera línea de metro ya está operativa. Marcas como Adidas o Rolex copan los escaparates de las tiendas exclusivas de la plaza Cognaught. En el suburbio de Gurgaon crecen las fábricas de electrónica y automóviles.
Y en las avenidas de Jaipur, las mujeres circulan en potentes motos de marca japonesa sin mancharse su colorido sari.
Habría que desplazarse al rural para percibir el grado de penetración de Internet. En un remoto pueblo de Malawa, un pequeño colmado anuncia en la pared: Cibercafé. En la mesa, dos viejos monitores listos para navegar o hablar vía telefónica por el Skipe.
Los expertos vaticinan que India será el tercer gigante económico, tras China y Estados Unidos, pero ¿qué pasa con los otros mil millones de habitantes restantes que no usan la tarjeta de crédito?
El 65% de los hindúes vive de la agricultura, la mayoría tiene menos de 24 años, cuatro de cada diez no sabe leer y ganan entre 750 y 2.500 dólares al año.
No hay más que darse un paseo por las chabolas de lonas de plástico que proliferana escasos metros de los nuevos rascacielos de
Nueva Delhi. A su lado, en los vertederos, juegan los niños y pacen los puercos salvajes.
India logró fabricar la bomba atómica en 1997 pero, paradójicamente,
los apagones de luz son el símbolo de las dificultades estructurales del país. Se necesitaría una fuerte inversión para convencer al
empresario extranjero quese ha quedado atrapado en el ascensor del hotel de Delhi por un apagón.
La red de ferrocarril es la más extensa del mundo pero no ha sido renovada. Los cambios de vía aún se hacen por el sistema manual. Las estaciones, como la Central de Agra, disponen de modernos
marcadores digitales pero los niños abandonados cruzan las vías, y los perros callejeros se pelean en los andenes. La cruda realidad desluce la postal de los parques del Taj Mahal.
Quizás el talón de Aquiles sean las pésimas comunicaciones
por carretera. Para cubrir 100 kilómetros se necesitan dos o tres horas, tantas como para salir de un atasco en Nueva Delhi, siempre que no cruce una vaca la mediana.
Otro obstáculo a la libre movilidad son las pésimas vías comarcales que unen grandes capitales del interior. Sólo tienen dos carriles pero cobran un peaje de 120 rupias (2 euros).
Ocio en Irlanda (Fugas, La Voz de Galicia - 30/4/2010 )
Publicado en La Voz de Galicia , suplemento Fugas, 30/4/2010
Fotos de Martina Miser
http://www.lavozdegalicia.es
101 ideas para disfrutar gratis de Dublín y buscar buenas gangas
La capital del río Liffey ofrece visitas guiadas a pie sin pagar, museos de entrada libre y ecotaxis por la voluntad
Autor:
E. VÁZQUEZ PITA
Primera lección sobre Dublín: mire a la derecha antes de cruzar. La frase «Look right» escrita en el suelo de los pasos de cebra advierte de que los vehículos circulan en sentido contrario. Segunda lección: todos le contarán que han visto pasar en su coche a Bono, el cantante de U2, o que coincidieron con el actor Pierce Brosnan en un pub.
Al igual que en Galicia, la ciudad descrita por Joyce adora la cultura del tapeo. Lo que asombra de la capital de Irlanda es su ambiente joven, cosmopolita y universitario. «Aquí nadie te mira por tus pintas raras», dice un residente. Las chicas visten arregladas para tomar una pinta por el bullicioso Temple Bar. Por contra, los hombres salen en camiseta y vaqueros.
Otro atractivo de la urbe bañada por el río Liffey es que el turista puede hacer 101 cosas gratis, entre ellas navegar en barcaza. La lista de 10 Free Things difundida por la oficina de turismo de Irlanda (www.visitdublin.com) propone a los turistas descargar de Internet los iWalk, archivos MP3 con una explicación sonora del itinerario, y oírlos en su reproductor mientras camina.
El forastero puede sumarse a un tour gratuito a pie con Neweuropetours.com. Los guías son voluntarios, visten un chaleco rojo, hablan español y salen de la plaza del City Hall, junto al Dublin Castle. Ese es el kilómetro cero, el corazón del Pantano Negro, como lo bautizaron los vikingos. Al terminar el recorrido de tres horas, los guías pasan la gorra, pero las divertidas anécdotas históricas que relatan merecen la propina. Por ejemplo, una vez 19 irlandeses tomaron el Ayuntamiento y declararon la independencia y casi conquistan el castillo. Huyeron al verlo vacío porque temían una trampa. En realidad, era domingo y los ingleses se habían ido a las carreras de caballos. Un detalle: la puerta del fortín está coronada por la estatua de la Justicia británica, de espaldas al pueblo, sin venda, mirando la espada y con la balanza inclinada. La torre guarda un secreto: allí fue encerrado el hijo del jefe de un clan gaélico. Los ingleses le pusieron de cebo vino gratis en un barco. Ya habrá deducido que los nativos sienten especial cariño por sus vecinos. Otro tema de charla y debates sin fin: la cerveza, ¿negra o rubia?
En la misma plaza del City Hall, frente a la tapería Salamanca, verá aparcadas una docena de bicis que se pueden alquilar a partir de medio euro (y 150 de fianza) para recorrer las llanas calles, aunque el barrio moderno de las Docklands es de los pocos con carril bici. Otra novedad en Dublín son los ecotaxis (Eco Cab), versión moderna de los rickshaws de la India. Los carreteros que pedalean están contratados y hacen la carrera gratis para dos pasajeros, que solo pagan la voluntad.
Otra oferta es el Early Bird, similar a la happy hour inglesa. Entre las cinco y las seis de la tarde, muchos restaurantes, como la taberna internacional Gruel, dan dos menús al precio de uno. Es tentador para el bolsillo, pero ¿qué estómago latino tolera cenar tan temprano?
La entrada a ocho museos es gratuita. Recomendable la National Gallery, con algún Picasso y otras obras valiosas. En un lateral del parque de St. Stephen?s Green, los artistas callejeros exponen sus cuadros al aire libre. Ojo con las pinturas copiadas de fotos, pues son lenguajes distintos.
Con la crisis económica, Dublín es ciudad de gangas. Son baratos los grandes almacenes Penneys (Primark) de Henry Street (la calle tiene plantado un pincho de acero de 100 metros de altura). En un lateral, verá un mercado de fruta a buen precio. Si prefiere bocadillos sanos y caseros pase por el Organic Food Market, cerca del mercadillo de libros del Temple Bar. Con todo lo ahorrado, lleve a los niños a ver los duendecillos del museo Leprechaun.
LAS MOMIAS DE TOM Y JERRY
Misteriosa cripta de la Christ Church. Dublín es una ciudad católica que estuvo dominada durante 700 años por Inglaterra. Es un crisol de la cultura celta (del norte de España, que dejó el gaélico), vikinga, normanda y sajona. Toda esa historia queda recogida en la cripta de la Christ Church. En una tumba aparecieron un gato y un ratón momificados.
Todo Dublín
en cinco horas
y 8.000 pasos
El coruñés Javier Berrocal guió a La Voz
a pie por pubs, mercadillos y parques
que todo visitante novel debe conocer
El lema de Dublín es «Having
the craig!» (pasátelo bien). Con
esa fi losofía, Javier Berrocal, un
informático coruñés de 27 años
que trabaja en Dublín y escribe
el blog Más Guinness por favor!!!,
hizo de guía para La Voz
durante cinco horas a pie. Por
suerte, la ciudad es llana.
El itinerario arranca del Trinity
College, donde estudiaron
Swift (Gulliver) o Bram Stoker
(Drácula). Tras pasar por la estatua
de Molly Malone, Javier se
sumerge en la bulliciosa calle
de tiendas Grafton, animada
por guitarristas callejeros. Pasa
de largo por el escaparate de
Bewleys y sus tentadoras muffi
es (magdalenas) y ataja por la
glamurosa calle Wicklow (Hermes
o Louis Vuitton). Entra en
el mercadillo St. George Arcade
Market y rebusca ofertas entre
los vinilos de U2 y Rolling Stones.
Cerca, en el Powerscourt
Tower Center, los dublineses
desayunan rodeados de tiendas
de diamantes y joyas de 12.000
euros. Parada obligatoria en el
Café en Seine, de lujoso decorado
art-decó. Un camarero
madrileño sirve un capuchino
a tres euros. «Llegué aquí y un
mes después leí: “Recesión”. El
gallego es mucho de decir que
si la cosa está chunga, cojo la
mochila y me largo», comenta
Javier. Opina que los irlandeses
son «muy afables, medio sajones,
medio latinos». Cerca está
el Sansara, un glamuroso cóctel
lounge, y el Dawson Lounge, el
pub más pequeño de Dublín, al
que se baja por unos estrechos
escalones. Parada de descanso
en el césped del St. Stephen’s
Green Park para disfrutar de
los fi nos rayos solares y oír a
un músico callejero que toca un
óvalo metálico celta que genera
sonidos zen. Tras cruzar el barrio
georgiano, con sus puertas
de colores y clubes privados
nocturnos («Krystle es el más
pijo, hay colas»), Javier pasea
por el relajante Gran Canal. La
ruta de 8.000 pasos termina en
Jo’Burgers, con sus hamburguesas
gigantes, y en una licorería
que vende albariño. El regreso
al centro, en el tranvía Luas.
Fotos de Martina Miser
http://www.lavozdegalicia.es
101 ideas para disfrutar gratis de Dublín y buscar buenas gangas
La capital del río Liffey ofrece visitas guiadas a pie sin pagar, museos de entrada libre y ecotaxis por la voluntad
Autor:
E. VÁZQUEZ PITA
Primera lección sobre Dublín: mire a la derecha antes de cruzar. La frase «Look right» escrita en el suelo de los pasos de cebra advierte de que los vehículos circulan en sentido contrario. Segunda lección: todos le contarán que han visto pasar en su coche a Bono, el cantante de U2, o que coincidieron con el actor Pierce Brosnan en un pub.
Al igual que en Galicia, la ciudad descrita por Joyce adora la cultura del tapeo. Lo que asombra de la capital de Irlanda es su ambiente joven, cosmopolita y universitario. «Aquí nadie te mira por tus pintas raras», dice un residente. Las chicas visten arregladas para tomar una pinta por el bullicioso Temple Bar. Por contra, los hombres salen en camiseta y vaqueros.
Otro atractivo de la urbe bañada por el río Liffey es que el turista puede hacer 101 cosas gratis, entre ellas navegar en barcaza. La lista de 10 Free Things difundida por la oficina de turismo de Irlanda (www.visitdublin.com) propone a los turistas descargar de Internet los iWalk, archivos MP3 con una explicación sonora del itinerario, y oírlos en su reproductor mientras camina.
El forastero puede sumarse a un tour gratuito a pie con Neweuropetours.com. Los guías son voluntarios, visten un chaleco rojo, hablan español y salen de la plaza del City Hall, junto al Dublin Castle. Ese es el kilómetro cero, el corazón del Pantano Negro, como lo bautizaron los vikingos. Al terminar el recorrido de tres horas, los guías pasan la gorra, pero las divertidas anécdotas históricas que relatan merecen la propina. Por ejemplo, una vez 19 irlandeses tomaron el Ayuntamiento y declararon la independencia y casi conquistan el castillo. Huyeron al verlo vacío porque temían una trampa. En realidad, era domingo y los ingleses se habían ido a las carreras de caballos. Un detalle: la puerta del fortín está coronada por la estatua de la Justicia británica, de espaldas al pueblo, sin venda, mirando la espada y con la balanza inclinada. La torre guarda un secreto: allí fue encerrado el hijo del jefe de un clan gaélico. Los ingleses le pusieron de cebo vino gratis en un barco. Ya habrá deducido que los nativos sienten especial cariño por sus vecinos. Otro tema de charla y debates sin fin: la cerveza, ¿negra o rubia?
En la misma plaza del City Hall, frente a la tapería Salamanca, verá aparcadas una docena de bicis que se pueden alquilar a partir de medio euro (y 150 de fianza) para recorrer las llanas calles, aunque el barrio moderno de las Docklands es de los pocos con carril bici. Otra novedad en Dublín son los ecotaxis (Eco Cab), versión moderna de los rickshaws de la India. Los carreteros que pedalean están contratados y hacen la carrera gratis para dos pasajeros, que solo pagan la voluntad.
Otra oferta es el Early Bird, similar a la happy hour inglesa. Entre las cinco y las seis de la tarde, muchos restaurantes, como la taberna internacional Gruel, dan dos menús al precio de uno. Es tentador para el bolsillo, pero ¿qué estómago latino tolera cenar tan temprano?
La entrada a ocho museos es gratuita. Recomendable la National Gallery, con algún Picasso y otras obras valiosas. En un lateral del parque de St. Stephen?s Green, los artistas callejeros exponen sus cuadros al aire libre. Ojo con las pinturas copiadas de fotos, pues son lenguajes distintos.
Con la crisis económica, Dublín es ciudad de gangas. Son baratos los grandes almacenes Penneys (Primark) de Henry Street (la calle tiene plantado un pincho de acero de 100 metros de altura). En un lateral, verá un mercado de fruta a buen precio. Si prefiere bocadillos sanos y caseros pase por el Organic Food Market, cerca del mercadillo de libros del Temple Bar. Con todo lo ahorrado, lleve a los niños a ver los duendecillos del museo Leprechaun.
LAS MOMIAS DE TOM Y JERRY
Misteriosa cripta de la Christ Church. Dublín es una ciudad católica que estuvo dominada durante 700 años por Inglaterra. Es un crisol de la cultura celta (del norte de España, que dejó el gaélico), vikinga, normanda y sajona. Toda esa historia queda recogida en la cripta de la Christ Church. En una tumba aparecieron un gato y un ratón momificados.
Todo Dublín
en cinco horas
y 8.000 pasos
El coruñés Javier Berrocal guió a La Voz
a pie por pubs, mercadillos y parques
que todo visitante novel debe conocer
El lema de Dublín es «Having
the craig!» (pasátelo bien). Con
esa fi losofía, Javier Berrocal, un
informático coruñés de 27 años
que trabaja en Dublín y escribe
el blog Más Guinness por favor!!!,
hizo de guía para La Voz
durante cinco horas a pie. Por
suerte, la ciudad es llana.
El itinerario arranca del Trinity
College, donde estudiaron
Swift (Gulliver) o Bram Stoker
(Drácula). Tras pasar por la estatua
de Molly Malone, Javier se
sumerge en la bulliciosa calle
de tiendas Grafton, animada
por guitarristas callejeros. Pasa
de largo por el escaparate de
Bewleys y sus tentadoras muffi
es (magdalenas) y ataja por la
glamurosa calle Wicklow (Hermes
o Louis Vuitton). Entra en
el mercadillo St. George Arcade
Market y rebusca ofertas entre
los vinilos de U2 y Rolling Stones.
Cerca, en el Powerscourt
Tower Center, los dublineses
desayunan rodeados de tiendas
de diamantes y joyas de 12.000
euros. Parada obligatoria en el
Café en Seine, de lujoso decorado
art-decó. Un camarero
madrileño sirve un capuchino
a tres euros. «Llegué aquí y un
mes después leí: “Recesión”. El
gallego es mucho de decir que
si la cosa está chunga, cojo la
mochila y me largo», comenta
Javier. Opina que los irlandeses
son «muy afables, medio sajones,
medio latinos». Cerca está
el Sansara, un glamuroso cóctel
lounge, y el Dawson Lounge, el
pub más pequeño de Dublín, al
que se baja por unos estrechos
escalones. Parada de descanso
en el césped del St. Stephen’s
Green Park para disfrutar de
los fi nos rayos solares y oír a
un músico callejero que toca un
óvalo metálico celta que genera
sonidos zen. Tras cruzar el barrio
georgiano, con sus puertas
de colores y clubes privados
nocturnos («Krystle es el más
pijo, hay colas»), Javier pasea
por el relajante Gran Canal. La
ruta de 8.000 pasos termina en
Jo’Burgers, con sus hamburguesas
gigantes, y en una licorería
que vende albariño. El regreso
al centro, en el tranvía Luas.
Salarios congelados en Irlanda (último paquete del reportaje de Economía de La Voz de Galicia)
«Tenemos los salarios congelados mientras suben los impuestos»
Autor: E. Vázquez Pita
Javier Berrocal es un informático de A Coruña de 27 años que trabaja en Dublín. «Un amigo me dijo que había muchas oportunidades, que alguien que no hablase inglés podía colocarse de camarero. Pero un mes después de llegar aquí leí en la prensa: '' Recesión'' », relata. Salió adelante. «Pasé por varias entrevistas y una empresa informática me contrató en dos meses», dice.
Un amigo suyo, Iosaf, un ingeniero de informática de 31 años vive la crisis más de cerca. «Ahora esperas menos tiempo por una mesa en los restaurantes», comenta. Asegura que en los centros comerciales, la gente pasea más que antes, cuando se les veía cargados con bolsas. «Tenemos los salarios congelados mientras suben los impuestos», relata dejando entrever cierto enfado.
Autor: E. Vázquez Pita
Javier Berrocal es un informático de A Coruña de 27 años que trabaja en Dublín. «Un amigo me dijo que había muchas oportunidades, que alguien que no hablase inglés podía colocarse de camarero. Pero un mes después de llegar aquí leí en la prensa: '' Recesión'' », relata. Salió adelante. «Pasé por varias entrevistas y una empresa informática me contrató en dos meses», dice.
Un amigo suyo, Iosaf, un ingeniero de informática de 31 años vive la crisis más de cerca. «Ahora esperas menos tiempo por una mesa en los restaurantes», comenta. Asegura que en los centros comerciales, la gente pasea más que antes, cuando se les veía cargados con bolsas. «Tenemos los salarios congelados mientras suben los impuestos», relata dejando entrever cierto enfado.
Viaje a Dublín (publicado en Sección de Economía de La Voz de Galicia)
Publicado en La Voz de Galicia ( 18 de abril del 2010 )
¿Seguirá Irlanda la estela de Grecia?
El Tigre Celta es la letra I del grupo de países PIGS, con un déficit fiscal del 14%, un paro del 13% y dos bancos zombis
Autor:
E. Vázquez Pita
Irlanda era un país pobre, pero en 1973 ingresó en la UE y las recetas neoliberales acabaron disparando su economía. El cebo de los bajos impuestos y la escasa regulación atrajo al dinero y, en el 2000, el crecimiento del producto interior bruto tocó un techo del 9,4%, el triple de lo normal en Europa. El país de nuevos ricos fue apodado el Tigre Celta para compararlo con la dinámica Asia. Diez años después, la burbuja estalló y el aquel tigre es ahora solo un zombi. En el 2009, su PIB cayó un 7,9%, el déficit público trepó hasta el 12% y el paro supera ya la barrera del 13%, el sexto más elevado de la UE.
Irlanda tiene el dudoso honor de representar la letra I de las siglas PIGS, término utilizado para englobar a países con graves problemas de déficit y del que también forman parte Portugal, Grecia y España. Atenas acaba de recibir un salvavidas de 30.000 millones de sus socios europeos y Dublín puede ser la próxima ficha en caer. Así lo cree el columnista financiero David McWilliams, de The Sunday Business Post , quien asegura rezar para que el pánico no se extienda como la pólvora.
La primera impresión del viajero que llega al aeropuerto de Dublín es la de un lugar gris al que le vendría bien una mano de pintura. Las infraestructuras son la asignatura pendiente del país, pero no hay que engañarse. Al salir a la calle, uno descubre la colosal silueta de la nueva terminal, un huevo metálico de estilo high-tech. Las grúas trabajan a pleno rendimiento. El ferrocarril y la autovía a Galway también han sido modernizados a tiempo. Entonces, ¿es tan grave la crisis en Irlanda?
La renta per cápita de los irlandeses sigue en el 134%, por encima de la media europea y de España. Es la herencia del bum de los noventa, cuando la construcción y los microchips hacían correr el dinero. Impuestos baratos atraían a los inversores americanos y al capital alemán. Ahora, Irlanda recorta el gasto para atajar su deuda, un 60% del PIB.
«Esto ya no es lo de antes», refunfuña un taxista. «La culpa es de gente como Quinn», dice una residente. Durante la bonanza, el multimillonario Sean Quinn pidió un préstamo al Anglo Irish Bank para comprar acciones del propio banco, en el que, cuando estalló la crisis, el Gobierno tuvo que tapar un agujero de 180.000 millones. Lo que queda ahora es una ciudad fantasma de oficinas acristaladas, hoteles sin clientes, campos de golf sin socios y chalés adosados vacíos. Y una enorme deuda que pagar.
El ladrillo se hundió, pero la informática continúa atrayendo a los inversores
Los irlandeses tienen una anécdota para todo. Muchos han fijado ahora su atención en el edificio del Banco Central. ¿Por qué tiene todas sus ventanas tapiadas? Cuentan que, hace tiempo, una ley estableció que que cada ciudadano debía pagar impuestos según el número de ventanas de su casa. Algunas iglesias de Dublín y el Parlamento las tapiaron todas para ahorrar. Allí está situado ahora el Banco Central, que se ha marcado el objetivo de reducir el déficit público hasta el 3% cuando hace tres años se dedicaba a inyectar capital en los mercados internacionales. La luz solo entra por un patio del Banco Central, un lugar lugrube comparado con las nuevas oficinas acristaladas de los Docklands, donde los peatones pueden ver absolutamente todo lo que pasa dentro.
La crisis ha golpeado más fuerte en Waterford, al sur, la quinta ciudad del país. La famosa cristalera que alegraba la ciudad era todo un emblema industrial, pero ha cerrado sus puertas para trasladarse a China. La deslocalización ha dado la puntilla a esta zona.
Con Dell pasó algo parecido. La multinacional americana de ordenadores se instaló en Limerick, pero hace seis meses decidió trasladarse a Polonia, para ahorrar costes.? El ladrillo cayó pero el microchip ha sobrevivido. El suelo barato atrae a inversores tecnológicos de Estados Unidos. La red social Facebook acaba de instalar una central de servicios al cliente, y la red de negocios Linkedln, otra. Hay oportunidades para los teleoperadores porque es un país barato que habla inglés.
Los Docklands, herencia de una época de bonanza
Los años de bonanza tienen su espejo en los Docklands, una zona de diques abandonados en la desembocadura del río Liffey en Dublín. En diez años, se levantaron decenas de edificios de oficinas, de estilo h igh-tech , plazas y centros comerciales con boutiques y comida internacional. Las terrazas siguen llenas, pero los inmuebles parecen desangelados como si fuese un barrio fantasma. Carteles de «To Let» (Se alquila) asoman por las ventanas camino al nuevo puente de Calatrava que simboliza la lira, y al teatro O2. El Gobierno acaba de ampliar la línea de metro ligero Luas para atraer residentes.? El estallido de la burbuja inmobiliaria obligó a los obreros polacos a volver a su país, pero las tiendas especializadas en productos del Este siguen abiertas.
En Galway, la segunda ciudad del país, que acoge a una gran comunidad gallega, la construcción de chalés adosados cesó de repente. «Hubo un auge de la especulación, muchas urbanizaciones nuevas», recuerda Susana Fernández, una economista coruñesa que trabajó en el audiovisual de Galway.
La clase media de Irlanda, lastrada por las hipotecas, se afana en buscar gangas
Los desempleados rondan los 300.000?y la renta per cápita se desploma
La señal de que algo va mal saltó durante las fiestas de San Patricio, a mediados de marzo. El consumo de cervezas Guinness en las calles de Dublín descendió respecto a años anteriores. Era la mejor prueba de que hay crisis y de que la clase media irlandesa consume menos, empobrecida por los créditos e hipotecas pedidos en el pasado. En dos años, la renta per cápita ha pasado del 145 al 134% de la media europea.
Basta con pasear por la bulliciosa calle de la moda, Henry Street, donde se concentran las cadenas de grandes almacenes H&M, Zara, Marks & Spencer o la exitosa Pennyes (Primark). Decenas de clientes salen por las puertas de Pennys cargados de bolsas de papel. No son víctimas de una fiebre consumista, sino que se aprietan el cinturón. Las estudiantes del Trinity College encuentran allí grandes gangas, como camisetas a cuatro euros y vestidos a cinco. Hay prendas por dos euros, más baratas que en los bazares chinos. Pennys hace su agosto en plena crisis. En la esquina de los grandes almacenes, un homeless se acurruca en un saco de dormir.
La inflación del 2009 ha aupado los precios por encima de los españoles. En las calles secundarias, los escaparates lucen tentadoras ofertas y saldos. Hasta Burger King promociona el Eurosaver (Euroahorro). Y en el centro comercial de St. Stephen los clientes desayunan y miran, pero no tocan los diamantes.
Un paseo por Temple Bar, la calle de copas de Dublín, revela que, como en España, la crisis no ha cerrado ningún pub pese a que el país ronda los 300.000 parados. Pero la capital es joven y nadie se priva de su pinta de Guinness a cuatro euros; o de una botella de Albariño por 30. Las terrazas rebosan de clientes y las adolescentes visten lo más posh. Caminan con tacones de aguja hacia los clubes nocturnos privados del barrio georgiano, un distrito para ricos de la capital. Al amanecer, la luz muestra hileras de carteles colgados que anuncian traspasos de oficinas. Hay pocos negocios cerrados, la mayoría son inmobiliarias.
En los barrios del norte ha surgido una nueva clase social: los nackers, una tribu juvenil de flequillo y sudadera. Eternos parados, son pensionistas. «Mejor, no tener nada con ellos», advierte un residente. El colchón para un paro del 13,2% es la paga social, unos 600 euros. El desempleo es inferior que en España (19%) y muchos obreros de la construcción han regresado a sus países de origen. La pobreza sigue oculta. En la capital, son escasos los indigentes que duermen a la intemperie. En villas como Donegal, ninguno. En Dublín, decenas de rumanas piden limosna en el puente Ha Penny. Antes, había que pagar medio penique de peaje por cruzar el río. Ahora, está flanqueado por jóvenes de apariencia sana que padecen problemas de droga, sentados en silencio con un vaso de plástico vacío en la mano. Algunos critican que la paga social incentiva la pereza. Pero Irlanda, pese a ser un país católico, parece más próxima al sistema neoliberal del Reino Unido y Estados Unidos que al bienestar europeo. Ir al médico no es gratis y el que puede contrata un seguro privado.
La crisis ha generado irritación, pero pocas protestas callejeras. En los soportales del histórico edificio de Correos, donde se libró un episodio de la independencia irlandesa, se manifiestan a diario speakers que recogen firmas por todo: contra el aborto, en apoyo del Sinn Féin o contra la pederastia religiosa. Nadie contra la crisis. A la vuelta de la esquina, ante la puerta de un Zara, un grupo de Socialist Workers corea por megáfono consignas contra la banca y clama por una revuelta.
Pero la crisis ha tenido un malsano efecto secundario: el racismo. Hace una semana, varios miles de inmigrantes se manifestaron contra el asesinato de un estudiante adolescente de origen africano. La tensión crece.
Añadido del autor: en el artículo original pubicado en la sección de Economía de La Voz de Galicia el 18 de abril del 2010 figura un pequeño paquete qe ha pasado desapercibido al volcar la información en la web. Dicho paquete recoge las quejas de un irlandés por las medidas que ha tomado su gobierno para atajar la crisis: congelación de salarios de los funcionarios y otros ajustes. Esta receta sería aplicada a España unos meses después.
¿Seguirá Irlanda la estela de Grecia?
El Tigre Celta es la letra I del grupo de países PIGS, con un déficit fiscal del 14%, un paro del 13% y dos bancos zombis
Autor:
E. Vázquez Pita
Irlanda era un país pobre, pero en 1973 ingresó en la UE y las recetas neoliberales acabaron disparando su economía. El cebo de los bajos impuestos y la escasa regulación atrajo al dinero y, en el 2000, el crecimiento del producto interior bruto tocó un techo del 9,4%, el triple de lo normal en Europa. El país de nuevos ricos fue apodado el Tigre Celta para compararlo con la dinámica Asia. Diez años después, la burbuja estalló y el aquel tigre es ahora solo un zombi. En el 2009, su PIB cayó un 7,9%, el déficit público trepó hasta el 12% y el paro supera ya la barrera del 13%, el sexto más elevado de la UE.
Irlanda tiene el dudoso honor de representar la letra I de las siglas PIGS, término utilizado para englobar a países con graves problemas de déficit y del que también forman parte Portugal, Grecia y España. Atenas acaba de recibir un salvavidas de 30.000 millones de sus socios europeos y Dublín puede ser la próxima ficha en caer. Así lo cree el columnista financiero David McWilliams, de The Sunday Business Post , quien asegura rezar para que el pánico no se extienda como la pólvora.
La primera impresión del viajero que llega al aeropuerto de Dublín es la de un lugar gris al que le vendría bien una mano de pintura. Las infraestructuras son la asignatura pendiente del país, pero no hay que engañarse. Al salir a la calle, uno descubre la colosal silueta de la nueva terminal, un huevo metálico de estilo high-tech. Las grúas trabajan a pleno rendimiento. El ferrocarril y la autovía a Galway también han sido modernizados a tiempo. Entonces, ¿es tan grave la crisis en Irlanda?
La renta per cápita de los irlandeses sigue en el 134%, por encima de la media europea y de España. Es la herencia del bum de los noventa, cuando la construcción y los microchips hacían correr el dinero. Impuestos baratos atraían a los inversores americanos y al capital alemán. Ahora, Irlanda recorta el gasto para atajar su deuda, un 60% del PIB.
«Esto ya no es lo de antes», refunfuña un taxista. «La culpa es de gente como Quinn», dice una residente. Durante la bonanza, el multimillonario Sean Quinn pidió un préstamo al Anglo Irish Bank para comprar acciones del propio banco, en el que, cuando estalló la crisis, el Gobierno tuvo que tapar un agujero de 180.000 millones. Lo que queda ahora es una ciudad fantasma de oficinas acristaladas, hoteles sin clientes, campos de golf sin socios y chalés adosados vacíos. Y una enorme deuda que pagar.
El ladrillo se hundió, pero la informática continúa atrayendo a los inversores
Los irlandeses tienen una anécdota para todo. Muchos han fijado ahora su atención en el edificio del Banco Central. ¿Por qué tiene todas sus ventanas tapiadas? Cuentan que, hace tiempo, una ley estableció que que cada ciudadano debía pagar impuestos según el número de ventanas de su casa. Algunas iglesias de Dublín y el Parlamento las tapiaron todas para ahorrar. Allí está situado ahora el Banco Central, que se ha marcado el objetivo de reducir el déficit público hasta el 3% cuando hace tres años se dedicaba a inyectar capital en los mercados internacionales. La luz solo entra por un patio del Banco Central, un lugar lugrube comparado con las nuevas oficinas acristaladas de los Docklands, donde los peatones pueden ver absolutamente todo lo que pasa dentro.
La crisis ha golpeado más fuerte en Waterford, al sur, la quinta ciudad del país. La famosa cristalera que alegraba la ciudad era todo un emblema industrial, pero ha cerrado sus puertas para trasladarse a China. La deslocalización ha dado la puntilla a esta zona.
Con Dell pasó algo parecido. La multinacional americana de ordenadores se instaló en Limerick, pero hace seis meses decidió trasladarse a Polonia, para ahorrar costes.? El ladrillo cayó pero el microchip ha sobrevivido. El suelo barato atrae a inversores tecnológicos de Estados Unidos. La red social Facebook acaba de instalar una central de servicios al cliente, y la red de negocios Linkedln, otra. Hay oportunidades para los teleoperadores porque es un país barato que habla inglés.
Los Docklands, herencia de una época de bonanza
Los años de bonanza tienen su espejo en los Docklands, una zona de diques abandonados en la desembocadura del río Liffey en Dublín. En diez años, se levantaron decenas de edificios de oficinas, de estilo h igh-tech , plazas y centros comerciales con boutiques y comida internacional. Las terrazas siguen llenas, pero los inmuebles parecen desangelados como si fuese un barrio fantasma. Carteles de «To Let» (Se alquila) asoman por las ventanas camino al nuevo puente de Calatrava que simboliza la lira, y al teatro O2. El Gobierno acaba de ampliar la línea de metro ligero Luas para atraer residentes.? El estallido de la burbuja inmobiliaria obligó a los obreros polacos a volver a su país, pero las tiendas especializadas en productos del Este siguen abiertas.
En Galway, la segunda ciudad del país, que acoge a una gran comunidad gallega, la construcción de chalés adosados cesó de repente. «Hubo un auge de la especulación, muchas urbanizaciones nuevas», recuerda Susana Fernández, una economista coruñesa que trabajó en el audiovisual de Galway.
La clase media de Irlanda, lastrada por las hipotecas, se afana en buscar gangas
Los desempleados rondan los 300.000?y la renta per cápita se desploma
La señal de que algo va mal saltó durante las fiestas de San Patricio, a mediados de marzo. El consumo de cervezas Guinness en las calles de Dublín descendió respecto a años anteriores. Era la mejor prueba de que hay crisis y de que la clase media irlandesa consume menos, empobrecida por los créditos e hipotecas pedidos en el pasado. En dos años, la renta per cápita ha pasado del 145 al 134% de la media europea.
Basta con pasear por la bulliciosa calle de la moda, Henry Street, donde se concentran las cadenas de grandes almacenes H&M, Zara, Marks & Spencer o la exitosa Pennyes (Primark). Decenas de clientes salen por las puertas de Pennys cargados de bolsas de papel. No son víctimas de una fiebre consumista, sino que se aprietan el cinturón. Las estudiantes del Trinity College encuentran allí grandes gangas, como camisetas a cuatro euros y vestidos a cinco. Hay prendas por dos euros, más baratas que en los bazares chinos. Pennys hace su agosto en plena crisis. En la esquina de los grandes almacenes, un homeless se acurruca en un saco de dormir.
La inflación del 2009 ha aupado los precios por encima de los españoles. En las calles secundarias, los escaparates lucen tentadoras ofertas y saldos. Hasta Burger King promociona el Eurosaver (Euroahorro). Y en el centro comercial de St. Stephen los clientes desayunan y miran, pero no tocan los diamantes.
Un paseo por Temple Bar, la calle de copas de Dublín, revela que, como en España, la crisis no ha cerrado ningún pub pese a que el país ronda los 300.000 parados. Pero la capital es joven y nadie se priva de su pinta de Guinness a cuatro euros; o de una botella de Albariño por 30. Las terrazas rebosan de clientes y las adolescentes visten lo más posh. Caminan con tacones de aguja hacia los clubes nocturnos privados del barrio georgiano, un distrito para ricos de la capital. Al amanecer, la luz muestra hileras de carteles colgados que anuncian traspasos de oficinas. Hay pocos negocios cerrados, la mayoría son inmobiliarias.
En los barrios del norte ha surgido una nueva clase social: los nackers, una tribu juvenil de flequillo y sudadera. Eternos parados, son pensionistas. «Mejor, no tener nada con ellos», advierte un residente. El colchón para un paro del 13,2% es la paga social, unos 600 euros. El desempleo es inferior que en España (19%) y muchos obreros de la construcción han regresado a sus países de origen. La pobreza sigue oculta. En la capital, son escasos los indigentes que duermen a la intemperie. En villas como Donegal, ninguno. En Dublín, decenas de rumanas piden limosna en el puente Ha Penny. Antes, había que pagar medio penique de peaje por cruzar el río. Ahora, está flanqueado por jóvenes de apariencia sana que padecen problemas de droga, sentados en silencio con un vaso de plástico vacío en la mano. Algunos critican que la paga social incentiva la pereza. Pero Irlanda, pese a ser un país católico, parece más próxima al sistema neoliberal del Reino Unido y Estados Unidos que al bienestar europeo. Ir al médico no es gratis y el que puede contrata un seguro privado.
La crisis ha generado irritación, pero pocas protestas callejeras. En los soportales del histórico edificio de Correos, donde se libró un episodio de la independencia irlandesa, se manifiestan a diario speakers que recogen firmas por todo: contra el aborto, en apoyo del Sinn Féin o contra la pederastia religiosa. Nadie contra la crisis. A la vuelta de la esquina, ante la puerta de un Zara, un grupo de Socialist Workers corea por megáfono consignas contra la banca y clama por una revuelta.
Pero la crisis ha tenido un malsano efecto secundario: el racismo. Hace una semana, varios miles de inmigrantes se manifestaron contra el asesinato de un estudiante adolescente de origen africano. La tensión crece.
Añadido del autor: en el artículo original pubicado en la sección de Economía de La Voz de Galicia el 18 de abril del 2010 figura un pequeño paquete qe ha pasado desapercibido al volcar la información en la web. Dicho paquete recoge las quejas de un irlandés por las medidas que ha tomado su gobierno para atajar la crisis: congelación de salarios de los funcionarios y otros ajustes. Esta receta sería aplicada a España unos meses después.
Del Taj Mahal a los templos eroticos
En la ultima semana hemos estado en Agra, una ciudad de tamano medio sobre la que destaca por encima de todo el fascinante palacio de Taj Mahal (la entrada cuesta 750 rupias = 13 euros) y es el monumento mas caro de la India para el turista. Impresiona este mausoleo por su blanco marmol y porque la tumba de la princesa situada dentro del cubo mira hacia los arcos de la entrada en un juego de perspectiva. Resulta ironico que el rey que la mando cosntruir fuese encerrado por su hijo, que lo acusaba de despilfarrador, en el fuerte rojo situado en el otro extremo del rio y que, al quedarse ciego, no viese terminada su obra y solo entro despues de muerto.
En los palacios de la zona se mezclan estilos mogol, musulman e hindu. Paisaje siempre verde y trafico caotico. Agra tiene una zona moderna, una estacion central moderna pero apeaderos donde merondean los monos y los perros abandonados.
El tiempo ha sido especialmente bochornoso hasta provocar golpes de calor o mareos. Hay que beber continuamente y protegerse del sol. Lo mejor, un paraguas.
El resto del camino ha sido hacia Occa, un pueblo apacible junto a un rio con templos que recuerdan a las pagodas. Los fieles adoran una especia de divinidades vestidas de alegres colores. Es curioso que muchos templos incluyan una cupula de estilo cristiano, asi como toques musulmanes o hindus. En Occa es un sitio bonito para comprar sin ser acosado. Hay monos sueltos por la calle. El palacio mogol, con pistas de baile, es impresionante. Pareces estar metido en medio de una pelicula de Indiana Jones.
Llegada a la ciudad de Karihurao, con los templos eroticos con estatuas inspiradas en el kamasutra. La entrada cuesta 200 rupias.
Tambien hay templos jainistas de los monjes que usan mascaras para evitar tragar mosquitos, pues respetan la vida de todas las criaturas. Por cierto, que aqui esta lleno de escarabajos voladores: es una plaga y ocupan las aceras, las mesas de los restaurantes....
Cerca tiene unas impresionantes cataratas que caen sobre el crater de un volcan y con un bosque antiguo de tecas y acacias. La excursion vale 300 rupias y 40 por camara. El camino es por pueblos rurales y se agradece la paz y la tranquilidad del rural. Es posible ver bufalos de agua en las charcas.
En los palacios de la zona se mezclan estilos mogol, musulman e hindu. Paisaje siempre verde y trafico caotico. Agra tiene una zona moderna, una estacion central moderna pero apeaderos donde merondean los monos y los perros abandonados.
El tiempo ha sido especialmente bochornoso hasta provocar golpes de calor o mareos. Hay que beber continuamente y protegerse del sol. Lo mejor, un paraguas.
El resto del camino ha sido hacia Occa, un pueblo apacible junto a un rio con templos que recuerdan a las pagodas. Los fieles adoran una especia de divinidades vestidas de alegres colores. Es curioso que muchos templos incluyan una cupula de estilo cristiano, asi como toques musulmanes o hindus. En Occa es un sitio bonito para comprar sin ser acosado. Hay monos sueltos por la calle. El palacio mogol, con pistas de baile, es impresionante. Pareces estar metido en medio de una pelicula de Indiana Jones.
Llegada a la ciudad de Karihurao, con los templos eroticos con estatuas inspiradas en el kamasutra. La entrada cuesta 200 rupias.
Tambien hay templos jainistas de los monjes que usan mascaras para evitar tragar mosquitos, pues respetan la vida de todas las criaturas. Por cierto, que aqui esta lleno de escarabajos voladores: es una plaga y ocupan las aceras, las mesas de los restaurantes....
Cerca tiene unas impresionantes cataratas que caen sobre el crater de un volcan y con un bosque antiguo de tecas y acacias. La excursion vale 300 rupias y 40 por camara. El camino es por pueblos rurales y se agradece la paz y la tranquilidad del rural. Es posible ver bufalos de agua en las charcas.
precios en la India
El mcdonalds (vegetariano y solo carne de pollo) es cuatro veces mas barato que en Espana. Una hamburguesa vale 33 centimos de euro y el cine para ver una pelicula de Bolliwood cuesta 38 rupias (medio euro en clase pobre y un euro en clase rica). Las pelis duran 3 horas, con descanso.
Una carrera de motocarro cuesta 10 rupias por persona (20 centimos de euro).
Una carrera de motocarro cuesta 10 rupias por persona (20 centimos de euro).
DELHI-MALAWA-JAIPUR
El viaje desde la capital hasta Jaipur ha durado tres dias, con una parada en Malawa. Para salir de Delhi hubo un atasco de dos horas por las obras de una nueva autopista. Bicis, motos y buses con viajeros en el techo ocupaban todos los carriles. En las afueras, crece una zona de rascacielos.
Es curioso que cobren peaje en las carreteras secundarias de Rajastan.
El tiempo es bueno: hace calor de bochorno y esta nuboso pero apenas han caido lluvias del monzon por la tarde. Se lleva bien. En Bombai hay inundaciones.
En Malawa visitamos varios palacios decorados con pinturas de escenas de la religion y la nobleza hindu.
Una cosa sorprendente son los garajes que funcionan como talleres, barberias, colmados, etc... a la vista del publico.
Por supuesto, las calles de los pueblos tienen muchas vacas, que andan sueltas, incluso por las autopistas.
El paisaje es verde, sin apenas cultivos, salvo maiz, con colinas y castillos.
En Jaipur, nos sorprendio la miseria de las afueras, con favelas y jabalies comiendo en la basura o peleando con monos babuinos por unas migajas igual que vi en Africa.
Jaipur es una ciudad de grandes avenidas con hermosos palacios y un caotico trafico lleno de motos y motocarros. Una gran aventura pasear por sus calles.
Es curioso que cobren peaje en las carreteras secundarias de Rajastan.
El tiempo es bueno: hace calor de bochorno y esta nuboso pero apenas han caido lluvias del monzon por la tarde. Se lleva bien. En Bombai hay inundaciones.
En Malawa visitamos varios palacios decorados con pinturas de escenas de la religion y la nobleza hindu.
Una cosa sorprendente son los garajes que funcionan como talleres, barberias, colmados, etc... a la vista del publico.
Por supuesto, las calles de los pueblos tienen muchas vacas, que andan sueltas, incluso por las autopistas.
El paisaje es verde, sin apenas cultivos, salvo maiz, con colinas y castillos.
En Jaipur, nos sorprendio la miseria de las afueras, con favelas y jabalies comiendo en la basura o peleando con monos babuinos por unas migajas igual que vi en Africa.
Jaipur es una ciudad de grandes avenidas con hermosos palacios y un caotico trafico lleno de motos y motocarros. Una gran aventura pasear por sus calles.
Inicio del viaje a la INDIA y NEPAL
La ruta recorrerá todo el norte de la India y Nepal.
Comienza en Delhi, la capital. Luego seguirá hacia el oeste, hacia la frontera con Pakistán. Visitaremos ciudades como Jaipur y Agra, donde está el gran palacio del Taj ma hal. Luego, llegaremos al Ganges, en la ciudad sagrada del Benarés.
La siguiente escala será Katmandú, en Nepal, a escasos kilómetros de la cordillera del Himalaya y el monte Everest
Comienza en Delhi, la capital. Luego seguirá hacia el oeste, hacia la frontera con Pakistán. Visitaremos ciudades como Jaipur y Agra, donde está el gran palacio del Taj ma hal. Luego, llegaremos al Ganges, en la ciudad sagrada del Benarés.
La siguiente escala será Katmandú, en Nepal, a escasos kilómetros de la cordillera del Himalaya y el monte Everest
Precios en Londres
Una reciente visita a Londres me ha puesto al día de los precios del transporte y el nivel de vida:
-Del aeropuerto de Heathrow a King-Cross Station: 4 libras (6 euros). Valido para 6 zonas. Tarda alrededor de una hora en llegar al centro. Hay unas 20 paradas.
- Billete de metro ordinario: 3 libras (4,5 euros).
- Billete de bus: 1,5 libras (sobre 2,25 euros). Hay revisores.
- Un café: sobre 1 libra
- Un japonés (nudles): 6 libras
-Del aeropuerto de Heathrow a King-Cross Station: 4 libras (6 euros). Valido para 6 zonas. Tarda alrededor de una hora en llegar al centro. Hay unas 20 paradas.
- Billete de metro ordinario: 3 libras (4,5 euros).
- Billete de bus: 1,5 libras (sobre 2,25 euros). Hay revisores.
- Un café: sobre 1 libra
- Un japonés (nudles): 6 libras
El exito de los mini-buses en Turquia
La celebración del día sin coches tuvo ayer un protagonista colateral: el bus. Los circulares 1 y 2 fueron gratuitos, como ya lo son en el centro de algunas ciudades australianas y neozelandesas.
El problema del bus ha sido comunicar las zonas rurales, ya que algunas líneas carecen de suficientes frecuencias. Para solucionarlo, se podrían copiar los mini-buses que funcionan en los barrios de Konya, una ciudad industrializada de Turquía, y en Estambul, ambas con tranvía. Estas furgonetas tienen capacidad para un máximo de 12 viajeros sentados y sólo circulan por aquellos barrios donde la demanda es baja. Hay decenas de mini-buses que han triunfado como transporte alternativo entre la periferia y el centro de la ciudad, con frecuencias cada cinco o diez minutos, pues los recorridos son cortos. Además, los mini-buses gastan menos combustible y ayudan a crear más puestos de trabajo.
El problema del bus ha sido comunicar las zonas rurales, ya que algunas líneas carecen de suficientes frecuencias. Para solucionarlo, se podrían copiar los mini-buses que funcionan en los barrios de Konya, una ciudad industrializada de Turquía, y en Estambul, ambas con tranvía. Estas furgonetas tienen capacidad para un máximo de 12 viajeros sentados y sólo circulan por aquellos barrios donde la demanda es baja. Hay decenas de mini-buses que han triunfado como transporte alternativo entre la periferia y el centro de la ciudad, con frecuencias cada cinco o diez minutos, pues los recorridos son cortos. Además, los mini-buses gastan menos combustible y ayudan a crear más puestos de trabajo.
Auge del i-pod en NYC
Comentan B y N, recien llegadas de New York, que está de moda el i-pod, ese aparato de Macintosh para escuchar música MPS. Lo cierto es que todo el mundo anda con los cascos y sus accesorios y que "el que no tiene un i-pod en NYC no es nadie".
Otro dato es que la perdida del valor del dolar ha encarecido la vida en la ciudad. De este modo es imposible conseguir una lata de coca-cola por menos de dos dolares y ya no digamos un perrito de los que venden en los puestos callejeros. No es tanto chollo tener la moneda fuerta en euros. Nada de gangas y la ropa como aquí. Por cierto, que el Zara es astronomicamente caro, tres veces más caro que en España. Los abrigos están a 300 euros.
Sobre el 11-S, a la gente se le encoge el corazón cuando visita el hueco de las torres, donde ya empezó la construcción de otro rascacielos.
EVP
Otro dato es que la perdida del valor del dolar ha encarecido la vida en la ciudad. De este modo es imposible conseguir una lata de coca-cola por menos de dos dolares y ya no digamos un perrito de los que venden en los puestos callejeros. No es tanto chollo tener la moneda fuerta en euros. Nada de gangas y la ropa como aquí. Por cierto, que el Zara es astronomicamente caro, tres veces más caro que en España. Los abrigos están a 300 euros.
Sobre el 11-S, a la gente se le encoge el corazón cuando visita el hueco de las torres, donde ya empezó la construcción de otro rascacielos.
EVP
Nueva Orleáns y el Missisippi, cuatro años después
Los devastadores efectos del huracán Katina en Nueva Orleáns y el Missisippi me hicieron recordar el viaje que realicé en un bus de Greyhound hace cuatro años por esa zona.
Salí de Houston por la noche y llegué a primera hora de la mañana a la estación de Nueva Orleáns. Como de costumbre, desayuné huevos con beicon y un café americano aguado en el restaurante de la estación. Guardé la mochila en una taquilla y me dispuse a recorrer la ciudad. La guía advertía que tuviera cuidado pues era una ciudad peligrosa, con mucha delincuencia. El plan era regresar al bus antes de que oscureciese.
La estación de bus está a 500 metros del centro, el llamado barrio francés. Una placa recordaba que una de las calles se había denominado con un nombre en español antes de que Godoy vendiese la Lousiana a Napoleón. Pero el estilo era francés, con vigas de hierro decoradas y casas de madera al estilo pueblo vaquero.
Las calles cercanas al puerto estaban repletas de músicos callejeros. En el muelle pude admirar uno de esos barcos de vapor a ruedas en los que Tom Sayer y los tahúres recorrían el río Missisippi. Debido que estaba al final del viaje y apenas me quedaban 50 dólares de presuesto para llegar a Canadá, tuve que optar por tomar un ferry que cruzase el río, más barato que irme en un barco para turistas.
Me gasté otros 10 dólares en entrar en el museo de Nueva Orleáns, donde exponían el ignomioso documento de la venta de Lousiana por Godoy y la maniobra de Napoleón para revenderlo al día siguiente a los recién nacidos Estados Unidos. Tenía todas las pintas de un fraude. El museo también albergaba escenas de la vida en las colonias americanas, de los productos fabricados y después de la vida en el Missisippi. La visita resultó muy interesante. Como el barrio francés estaba en la parte alta de la ciudad, se supone que se habrán salvado los objetos expuestos. A la salida, tocaban otros dos grupos callejeros y me quedé media hora oyendo su música jazz junto a otros turistas.
Llegó la hora de comer y vi que los restaurantes estilo francés eran carísimos y estaban llenos de turistas. Opte por un McDonalds. Cuando me senté, me percaté de que era el único blanco del local. Fue entonces cuando me di cuenta de que existían graves diferencias sociales en la ciudad.
Después visité el cementerio de la bruja vudú, que recibía numerosas visitas. La tumba estaba llena de collares y pulseras, y flores. Era parte de la influencia criolla de las antillas francesas. Dos coches de policía vigilaban la entrada.
Acabé la visita en Bourbon Street a las siete de la tarde, tras visitar los mercadillos. Los daykiris estaban a 4 dólares (entonces, 5 euros), un lujo para un pobre mochilero como yo. Di una vuelta para buscar precios más baratos pero la calle de copas de Nueva Orleáns tenía precios fijos. La animación comenzaba pero volvi para la estación. Como anécdota, me fijé que un pub tenía colgada la bandera gallega junto a otras galesas, bretonas e irlandesas.
La siguiente etapa fue Memphis para visitar la Graceland, la casa de Elvis Presley. Fue el primero en llegar a la taquilla, a las ocho y media de la mañana. Me había despertado en el bus, río arriba, con fantasmales árboles cubiertos de hiedra y un río de aguas verdes turbias.
Tras visitar Graceland, me separé del resto de los turistas y tomé un bus local para visitar Sun Study. Había uno gratuito pero tardaba más. Así que fui a una parada y esperé al bus de línea. Me di cuenta de que era el único blanco que viajaba en trasporte público, algo que como europeo (acostumbrado a moverse en bus por la ciudad) me chocó culturalmente. Me pregunté cuál sería la razón de tal desigualdad. Miré a la carretera y pasaban coches con conductores blancos. Era evidente que ser mochilero en USA era viajar con las clases más pobres, que en el Missisippi era la gente de color y en Los Angeles los hispanos. Las propias estadísticas de Greyhound lo demostraban. Pero en el Oeste, se veían parejas jóvenes con hijos que usaban el bus. En el Sur, no.
Estos son los recuerdos del viaje por el Missisippi. El siguiente destino fue la capital del country, más al norte, pero esa es otra historia.
Salí de Houston por la noche y llegué a primera hora de la mañana a la estación de Nueva Orleáns. Como de costumbre, desayuné huevos con beicon y un café americano aguado en el restaurante de la estación. Guardé la mochila en una taquilla y me dispuse a recorrer la ciudad. La guía advertía que tuviera cuidado pues era una ciudad peligrosa, con mucha delincuencia. El plan era regresar al bus antes de que oscureciese.
La estación de bus está a 500 metros del centro, el llamado barrio francés. Una placa recordaba que una de las calles se había denominado con un nombre en español antes de que Godoy vendiese la Lousiana a Napoleón. Pero el estilo era francés, con vigas de hierro decoradas y casas de madera al estilo pueblo vaquero.
Las calles cercanas al puerto estaban repletas de músicos callejeros. En el muelle pude admirar uno de esos barcos de vapor a ruedas en los que Tom Sayer y los tahúres recorrían el río Missisippi. Debido que estaba al final del viaje y apenas me quedaban 50 dólares de presuesto para llegar a Canadá, tuve que optar por tomar un ferry que cruzase el río, más barato que irme en un barco para turistas.
Me gasté otros 10 dólares en entrar en el museo de Nueva Orleáns, donde exponían el ignomioso documento de la venta de Lousiana por Godoy y la maniobra de Napoleón para revenderlo al día siguiente a los recién nacidos Estados Unidos. Tenía todas las pintas de un fraude. El museo también albergaba escenas de la vida en las colonias americanas, de los productos fabricados y después de la vida en el Missisippi. La visita resultó muy interesante. Como el barrio francés estaba en la parte alta de la ciudad, se supone que se habrán salvado los objetos expuestos. A la salida, tocaban otros dos grupos callejeros y me quedé media hora oyendo su música jazz junto a otros turistas.
Llegó la hora de comer y vi que los restaurantes estilo francés eran carísimos y estaban llenos de turistas. Opte por un McDonalds. Cuando me senté, me percaté de que era el único blanco del local. Fue entonces cuando me di cuenta de que existían graves diferencias sociales en la ciudad.
Después visité el cementerio de la bruja vudú, que recibía numerosas visitas. La tumba estaba llena de collares y pulseras, y flores. Era parte de la influencia criolla de las antillas francesas. Dos coches de policía vigilaban la entrada.
Acabé la visita en Bourbon Street a las siete de la tarde, tras visitar los mercadillos. Los daykiris estaban a 4 dólares (entonces, 5 euros), un lujo para un pobre mochilero como yo. Di una vuelta para buscar precios más baratos pero la calle de copas de Nueva Orleáns tenía precios fijos. La animación comenzaba pero volvi para la estación. Como anécdota, me fijé que un pub tenía colgada la bandera gallega junto a otras galesas, bretonas e irlandesas.
La siguiente etapa fue Memphis para visitar la Graceland, la casa de Elvis Presley. Fue el primero en llegar a la taquilla, a las ocho y media de la mañana. Me había despertado en el bus, río arriba, con fantasmales árboles cubiertos de hiedra y un río de aguas verdes turbias.
Tras visitar Graceland, me separé del resto de los turistas y tomé un bus local para visitar Sun Study. Había uno gratuito pero tardaba más. Así que fui a una parada y esperé al bus de línea. Me di cuenta de que era el único blanco que viajaba en trasporte público, algo que como europeo (acostumbrado a moverse en bus por la ciudad) me chocó culturalmente. Me pregunté cuál sería la razón de tal desigualdad. Miré a la carretera y pasaban coches con conductores blancos. Era evidente que ser mochilero en USA era viajar con las clases más pobres, que en el Missisippi era la gente de color y en Los Angeles los hispanos. Las propias estadísticas de Greyhound lo demostraban. Pero en el Oeste, se veían parejas jóvenes con hijos que usaban el bus. En el Sur, no.
Estos son los recuerdos del viaje por el Missisippi. El siguiente destino fue la capital del country, más al norte, pero esa es otra historia.
Gatos en Turquiıa 2 (pa Yoli)
By manu.
Moi boas familia Calvo y cia. Gracias por seguir cuidando a mis ninhos, espero que sigan vivos y que no hayais recibido ningun aranhazo. No me enrollo pues esto va un poco lento y no estoy acostumbrado a escribir en un teclado turco. Lo de llamar por telefono es toda una odisea primero para conseguir tarjeta me resulto mas dificil de lo que pensaba y luego conseguir un telefono que me admita la tarjeta que he comprado mas dificil todavia, empiezo a pensar que me han timado. En fin que tendre que parasitar a Quique o Juanpa su movil para hacer alguna llamada. Por lo demas todo bien esto es un balneario de piscina en piscina y de aguita termal en aguita y aun no hemos probado los banhos turcos que los reservamos para Estambul u otro sitio interesante. Tambien no hay que olvidarse de la cantidad de historia que guarda este pais. Yolı, como bibliotecaria e historiadora ibas a disfrutar Pergamo y Efeso con su impresionante biblioteca de Celso.
Del resto de la gente que viaja con nosotros hemos descubierto que muchos de ellos tienen gatos, hay un mundo oculto de gatos por descubrir.
Os dejo intentare escribiros o llamaros en otro momento aunque no prometo nada pues es un poco rollo.
Besazos y abrazos del triunvirato. (Juanpa nos ha conseguido una suit en Capadocia)
Moi boas familia Calvo y cia. Gracias por seguir cuidando a mis ninhos, espero que sigan vivos y que no hayais recibido ningun aranhazo. No me enrollo pues esto va un poco lento y no estoy acostumbrado a escribir en un teclado turco. Lo de llamar por telefono es toda una odisea primero para conseguir tarjeta me resulto mas dificil de lo que pensaba y luego conseguir un telefono que me admita la tarjeta que he comprado mas dificil todavia, empiezo a pensar que me han timado. En fin que tendre que parasitar a Quique o Juanpa su movil para hacer alguna llamada. Por lo demas todo bien esto es un balneario de piscina en piscina y de aguita termal en aguita y aun no hemos probado los banhos turcos que los reservamos para Estambul u otro sitio interesante. Tambien no hay que olvidarse de la cantidad de historia que guarda este pais. Yolı, como bibliotecaria e historiadora ibas a disfrutar Pergamo y Efeso con su impresionante biblioteca de Celso.
Del resto de la gente que viaja con nosotros hemos descubierto que muchos de ellos tienen gatos, hay un mundo oculto de gatos por descubrir.
Os dejo intentare escribiros o llamaros en otro momento aunque no prometo nada pues es un poco rollo.
Besazos y abrazos del triunvirato. (Juanpa nos ha conseguido una suit en Capadocia)
La ciudad subterranea de Capadocia
Tras visitar el mausuleo de la secta berbiche lleno de peregrinos por ser domingo nos encaminamos a la Capadocia. Sus volcanes han convertido esta estepa en un fertil campo.
Fuimos a una ciudad subterranea llena de galerias por las que solo podia pasar una persona y tuneles de aireacion de nueve pisos de alto aunque solo pudimos descender hasta el cuarto.
La zona esta llena de fortalezas y zonas para las caravanas de camellos de la ruta de la seda.
Ahora tenemos previsto tomar un vino blanco tipico de esta region y escuchar musica turca.
Fuimos a una ciudad subterranea llena de galerias por las que solo podia pasar una persona y tuneles de aireacion de nueve pisos de alto aunque solo pudimos descender hasta el cuarto.
La zona esta llena de fortalezas y zonas para las caravanas de camellos de la ruta de la seda.
Ahora tenemos previsto tomar un vino blanco tipico de esta region y escuchar musica turca.
Konia la ciudad de peregrinacion para los sufies
Konia es la ciudad de peregrinacion para los sufies porque esta el mauselo de Meklava que impresiono al sultan sabio. Es una muy moderna con tranvia y rascacielos de cristal pero con fama de muy conservadora en la moral. Fue imposible encontrar cerveza.
Cogimos un minibus donde ibamos apretados como sardinas hasta el centro. Paseamos de noche por el Aladdın Park lleno de barracas y terrazas de te.
Una buena cena con pan tipico. Por cierto mencionar el pan con ajo y queso artesanal de Pamukale.
Cogimos un minibus donde ibamos apretados como sardinas hasta el centro. Paseamos de noche por el Aladdın Park lleno de barracas y terrazas de te.
Una buena cena con pan tipico. Por cierto mencionar el pan con ajo y queso artesanal de Pamukale.
Spa en Pamukale
Tras nadar en las termas de los hoteles al dia siguiente fuimos a la necropolis y la ciudad termal de Hierapolis que es un autentico balneario al que llegaban los deshauciados del hospital de Asclepio en Pergamo.
Luego fuimos a las piscinas naturales de carbonato calcico situados a lo largo de unas terrazas. Nadamos en sus beneficas aguas. Este viaje empieza a parecer una ruta de spa y aguas medicinales.
Un viaje en bus a lo largo de la estepa de seis horas nos llevo a Konia.
Luego fuimos a las piscinas naturales de carbonato calcico situados a lo largo de unas terrazas. Nadamos en sus beneficas aguas. Este viaje empieza a parecer una ruta de spa y aguas medicinales.
Un viaje en bus a lo largo de la estepa de seis horas nos llevo a Konia.
Ciudad impresionante de Efeso y casa de la Virgen Maria
Fue impresionante la vista de la biblioteca de Celso de Efeso. La calzada principal llega al puerto cubierto por el lodo. Los bizantinos levantaron una iglesia en honor de San Juan Evangelista que predico en esas tierras y llevo a la Virgen Maria consigo. En un monte apartado es posible ver su casa. Una monja da velas para que las enciendan los devotos.
A la tarde salimos hacia Pamukale que es famoso por sus cataratas.
A la tarde salimos hacia Pamukale que es famoso por sus cataratas.
Ciudad impresionante de Efeso y casa de la Virgen Maria
Fue impresionante la vista de la biblioteca de Celso de Efeso. La calzada principal llega al puerto cubierto por el lodo. Los bizantinos levantaron una iglesia en honor de San Juan Evangelista que predico en esas tierras y llevo a la Virgen Maria consigo. En un monte apartado es posible ver su casa. Una monja da velas para que las enciendan los devotos.
A la tarde hacia salimos hacia Pamukale que es famoso por sus cataratas.
A la tarde hacia salimos hacia Pamukale que es famoso por sus cataratas.
Ruta por Pergamo
Vimos la biblioteca y el templo de Zeus (llamado el trono del diablo antes de ser desenterrado por los arqueologos alemanes)
Tambien visitamos el impresionante teatro en una escarpada colina y el templo de columnas blancas del templo de Trajano.
Comimos pan tipico en un restaurante de Bergama que estaba decorado con pinturas de la ciudad antigua.
Visitamos el museo de Pergamo.
Por la tarde llegamos a la ciudad turistica de Kudasai frente a la isla griega de Samos. Nadamos en la piscina hasta el atardecer y fuimos a tomar algo por los bares de la zona.
Tambien visitamos el impresionante teatro en una escarpada colina y el templo de columnas blancas del templo de Trajano.
Comimos pan tipico en un restaurante de Bergama que estaba decorado con pinturas de la ciudad antigua.
Visitamos el museo de Pergamo.
Por la tarde llegamos a la ciudad turistica de Kudasai frente a la isla griega de Samos. Nadamos en la piscina hasta el atardecer y fuimos a tomar algo por los bares de la zona.





