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diariodeunmochilero
Reflexiones del periodista y mochilero Enrique Vázquez Pita sobre sus viajes
Acerca de
Este diario pretende reflexionar sobre los viajes que he realizado con mochila. Me interesa lo relacionado con sociología industrial, Internet y relaciones internacionales.
Sindicación
 
El exito de los mini-buses en Turquia
La celebración del día sin coches tuvo ayer un protagonista colateral: el bus. Los circulares 1 y 2 fueron gratuitos, como ya lo son en el centro de algunas ciudades australianas y neozelandesas.

El problema del bus ha sido comunicar las zonas rurales, ya que algunas líneas carecen de suficientes frecuencias. Para solucionarlo, se podrían copiar los mini-buses que funcionan en los barrios de Konya, una ciudad industrializada de Turquía, y en Estambul, ambas con tranvía. Estas furgonetas tienen capacidad para un máximo de 12 viajeros sentados y sólo circulan por aquellos barrios donde la demanda es baja. Hay decenas de mini-buses que han triunfado como transporte alternativo entre la periferia y el centro de la ciudad, con frecuencias cada cinco o diez minutos, pues los recorridos son cortos. Además, los mini-buses gastan menos combustible y ayudan a crear más puestos de trabajo.

 
Auge del i-pod en NYC
Comentan B y N, recien llegadas de New York, que está de moda el i-pod, ese aparato de Macintosh para escuchar música MPS. Lo cierto es que todo el mundo anda con los cascos y sus accesorios y que "el que no tiene un i-pod en NYC no es nadie".

Otro dato es que la perdida del valor del dolar ha encarecido la vida en la ciudad. De este modo es imposible conseguir una lata de coca-cola por menos de dos dolares y ya no digamos un perrito de los que venden en los puestos callejeros. No es tanto chollo tener la moneda fuerta en euros. Nada de gangas y la ropa como aquí. Por cierto, que el Zara es astronomicamente caro, tres veces más caro que en España. Los abrigos están a 300 euros.

Sobre el 11-S, a la gente se le encoge el corazón cuando visita el hueco de las torres, donde ya empezó la construcción de otro rascacielos.

EVP


 
Nueva Orleáns y el Missisippi, cuatro años después
Los devastadores efectos del huracán Katina en Nueva Orleáns y el Missisippi me hicieron recordar el viaje que realicé en un bus de Greyhound hace cuatro años por esa zona.
Salí de Houston por la noche y llegué a primera hora de la mañana a la estación de Nueva Orleáns. Como de costumbre, desayuné huevos con beicon y un café americano aguado en el restaurante de la estación. Guardé la mochila en una taquilla y me dispuse a recorrer la ciudad. La guía advertía que tuviera cuidado pues era una ciudad peligrosa, con mucha delincuencia. El plan era regresar al bus antes de que oscureciese.

La estación de bus está a 500 metros del centro, el llamado barrio francés. Una placa recordaba que una de las calles se había denominado con un nombre en español antes de que Godoy vendiese la Lousiana a Napoleón. Pero el estilo era francés, con vigas de hierro decoradas y casas de madera al estilo pueblo vaquero.

Las calles cercanas al puerto estaban repletas de músicos callejeros. En el muelle pude admirar uno de esos barcos de vapor a ruedas en los que Tom Sayer y los tahúres recorrían el río Missisippi. Debido que estaba al final del viaje y apenas me quedaban 50 dólares de presuesto para llegar a Canadá, tuve que optar por tomar un ferry que cruzase el río, más barato que irme en un barco para turistas.

Me gasté otros 10 dólares en entrar en el museo de Nueva Orleáns, donde exponían el ignomioso documento de la venta de Lousiana por Godoy y la maniobra de Napoleón para revenderlo al día siguiente a los recién nacidos Estados Unidos. Tenía todas las pintas de un fraude. El museo también albergaba escenas de la vida en las colonias americanas, de los productos fabricados y después de la vida en el Missisippi. La visita resultó muy interesante. Como el barrio francés estaba en la parte alta de la ciudad, se supone que se habrán salvado los objetos expuestos. A la salida, tocaban otros dos grupos callejeros y me quedé media hora oyendo su música jazz junto a otros turistas.

Llegó la hora de comer y vi que los restaurantes estilo francés eran carísimos y estaban llenos de turistas. Opte por un McDonalds. Cuando me senté, me percaté de que era el único blanco del local. Fue entonces cuando me di cuenta de que existían graves diferencias sociales en la ciudad.

Después visité el cementerio de la bruja vudú, que recibía numerosas visitas. La tumba estaba llena de collares y pulseras, y flores. Era parte de la influencia criolla de las antillas francesas. Dos coches de policía vigilaban la entrada.

Acabé la visita en Bourbon Street a las siete de la tarde, tras visitar los mercadillos. Los daykiris estaban a 4 dólares (entonces, 5 euros), un lujo para un pobre mochilero como yo. Di una vuelta para buscar precios más baratos pero la calle de copas de Nueva Orleáns tenía precios fijos. La animación comenzaba pero volvi para la estación. Como anécdota, me fijé que un pub tenía colgada la bandera gallega junto a otras galesas, bretonas e irlandesas.

La siguiente etapa fue Memphis para visitar la Graceland, la casa de Elvis Presley. Fue el primero en llegar a la taquilla, a las ocho y media de la mañana. Me había despertado en el bus, río arriba, con fantasmales árboles cubiertos de hiedra y un río de aguas verdes turbias.

Tras visitar Graceland, me separé del resto de los turistas y tomé un bus local para visitar Sun Study. Había uno gratuito pero tardaba más. Así que fui a una parada y esperé al bus de línea. Me di cuenta de que era el único blanco que viajaba en trasporte público, algo que como europeo (acostumbrado a moverse en bus por la ciudad) me chocó culturalmente. Me pregunté cuál sería la razón de tal desigualdad. Miré a la carretera y pasaban coches con conductores blancos. Era evidente que ser mochilero en USA era viajar con las clases más pobres, que en el Missisippi era la gente de color y en Los Angeles los hispanos. Las propias estadísticas de Greyhound lo demostraban. Pero en el Oeste, se veían parejas jóvenes con hijos que usaban el bus. En el Sur, no.

Estos son los recuerdos del viaje por el Missisippi. El siguiente destino fue la capital del country, más al norte, pero esa es otra historia.