La suerte está echada. Rodamos las últimas escenas en Valladolid y en el Café del Norte. Mañana marcharemos hacia la capital, Madrid, para llevar adelante la segunda parte del rodaje. El equipo ha vivido el día inmerso en una especie de serena ansiedad. Llegamos al ecuador del rodaje y aquí tenemos mucho mejor ambiente del que jamás se lograría en Eurovisión.
Diego Martín, Antonio Molero y Roberto Álamo han terminado sus entresijos en el Café. Hemos terminados sin retrasos y con la alegría como compañera. Al final del último plano ha comenzado la ronda de homenajes bien merecidos: meritorios, catering, conductores ¡Qué grande esta familia del cine! Los aplausos se sucedían como si estuviéramos en una convención de zapaterías. Hemos hecho una foto del grupo y hasta los agentes del tráfico han venido a retratarnos. El éxtasis ha sido completo. Curiosos, espontáneos, simpatizantes, todo tipo de amigos del cine estaban aquí para vivir el momento. Don Tomás, el productor, nos ha prometido unas copas nocturnas para mojar el momento, así que intuyo todavía más y mejores momentos.

Ya por la tarde la Plaza Mayo se ha convertido en algo parecido a la cabalgata de los Reyes Magos. Hemos rodado la llegada de Diego Martín al Café del Norte y de nuevo el curioso vallisoletano ha colmado la escena. Son una gente magnifica. Pensaba que iban a devorarnos pero han tenido un magnífico comportamiento. Han hecho un auténtico pasillo de admiración. Ni cámaras, ni móviles ni milongas de ningún tipo. A cada “¡corten!” rompían en aplausos. Son esos momentos en los que el mundo y el cine se juntan. Realmente conmovedor.

En mitad de todo el rodaje de hoy hemos vivido un momento conmovedor. María Ruiz hacía su último plano y el equipo la ha sorprendido con una suculenta caja de bombones. Ha sido todo un detalle. Para que luego digan que el cine es sólo dinero.

Hoy por lo menos hemos hecho un plano exterior de noche. Había que plasmar un paseo nocturno de Diego Martín por Valladolid. Con ese fin nos hemos ido todos a uno de los monumentos más surrealistas que tiene esta ciudad; el Monumento al Cine. Se me escapa su mensaje. Sobre un montón de cristaleras de colores aparece un bungalow flotando. Así de paranoico. Tal vez sea un homenaje de Openheimer, su autor, a “El mago de Oz”.
El plano ha quedado realmente conmovedor. De nuevo mi misión consistía en controlar al curioso cinematográfico. Pero entre ‘¡Silencio!’ y ‘¡Motor!’ he podido disfrutar de toda su plasticidad. Diego Martín ha estado espléndido. El plano era espléndido. Todos somos espléndidos.

En el rodaje hemos contado hoy con la participación de Pablo Cassinello, más conocido como Españolator, un reportero de pro que marcó hace unos años el momento televisivo. Tiene un papel de ludópata y la verdad es que, viendo la paranoia que transmite, es un acierto contar con él para semejante interpretación.
Por allí se ha pasado hoy también el propietario del Café del Norte, don Aureliano, un señor de 94 años que de una forma absolutamente discreta presencia los rodajes como si se tratase de Nerón. Y es que esto del cine es realmente fascinante.

Los diálogos se suceden entre Diego Martín, Roberto Álamo y Antonio Molero, ese gran actor engullido por el ‘Fiti’ de Los Serrano. Antonio borda el papel de camarero 'pelín' macarra. Una comedia española, por muy inquietante que sea, no puede renunciar a estos papeles tan clásicos.
Yo apenas me entero de nada. Mi tarea como cortador del tráfico, trabajo de extraordinaria delicadeza psicológica, requiere toda mi atención y dedicación exclusiva. Por lo menos cuando llega la hora del bocadillo me cuentan cosas. Parece que el rodaje va como una seda. Somos un gran equipo, o algo parecido.


En este Café del Norte se vivirán los diálogos más profundos de la película y requiere todo nuestro esfuerzo para logar una buena puesta en escena. Adelante, al ataque.

El de hoy ha sido un día de sensaciones agridulces. El sacrifico ha sido grande pero el desgaste ha sido mayor. Así es el cine. Hemos rodado en el centro más centro de Valladolid, en la Plaza de España. Allí el curioso cinematográfico casi nos desborda. Las masas han puesto en serio peligro el rodaje. Pero allí estábamos los meritorios para arreglar la situación. Mi experiencia de 20 años en el cine me ha enseñado a guardar la calma en estas situaciones.
Rodábamos una escena con Diego Martín y Juan Antonio Quintana. Junto a ellos estaba de nuevo ese magnífico grupo de figurantes que representaban ser mendigos. Resultaban igual de guarros que la primera vez. Gran trabajo el de vestuario y maquillaje.
La concentración de curiosos para presenciar la escena ha sido tremenda. Nos hemos visto obligados a colocarnos unos chalecos amarillos para dirigir a los transeúntes. Esos chalecos te confieren una curiosa sensación de autoridad en tan sólo unos instantes. Por unos momentos he sentido el poder que tienen los rodajes. Se me pone el bello de punta sólo de recordarlo.


Un rodaje importante da para muchas cosas. Y he aquí una de ellas. El singular investigador costumbrista Pancorbo Metrajes ha estado en el rodaje de "Al calor de las brasas". Pancorbo es el mejor especialista en fauna cinematográfica que ahora mismo tiene el Ministerio de Cultura. Y además de un señor muy profundo es todo un amigo de la buena gente del cine. Por eso nos cede esta EXCLUSIVA ENTREVISTA con el director de está película sin par, don SANTIAGO LORENZO. Os dejo con ella y que los dioses os permitan ver el windows media este.
Sergio León
Pero las grandes novedades no vienen solas. Hoy también ha aparecido un jamón en el rodaje. Desconozco la explicación. Tal vez el señor productor se ha acordado de nosotros desde sus vacaciones en Centroamérica. De una u otra manera ha sido un gran detalle de nuestro servicio de catering. El jamón estaba de muerte y ha unido a todo el grupo a su alrededor. También un buen jamón ayuda mucho al cine español.
A última hora me han comentado que Manuel Tallafé es, ni más ni menos, uno de los protagonistas de “Los managers”, una película de singular valor cómico injustamente ignorada por la audiencia. Ellos se lo pierden. Yo pienso ir a verla enseguida.


Trabajar con niños es realmente complicado, especialmente si a alguno le da por escupirte y darte patadas constantemente. Uno de esos niños la tomó conmigo nada más empezar. Fue como si hubiera visto un ‘trol’ de esos. Apenas he podido hacer mi trabajo en condiciones. Me habían mandado inflar globos para los niños y cada vez que el puñetero me veía se ponía a pinchármelos. El cine tiene momentos muy frustrantes.

Por la tarde, en un polideportivo hemos rodado la escena ‘Ben Hur’ de la película. Decenas de extras abarrotaban una explanada simulando que se presentaban a una oposición. Ha sido impresionante. He vuelto a ver a todas esas figurante que turban mis sueños. Y reconozco que estoy todavía más turbado que antes, bastante más turbado. Había chicas por todas partes.Parecía un anuncio de Evax. Pero todo ha salido bien, a pesar del sol castigador que hemos padecido y que ha obligado al personal a lucir todo tipo de sombreros y cubrecabezas.

Hemos trabajado en una de las escenas más absurdas y reveladoras de toda la película. Ha sido protagonizada por uno de mis mitos cinematográficos, Eduardo Antuña, un actor de personalidad compleja y verbo demoledor. Creo que tenemos un estilo muy parecido, aunque cada uno en su lugar; él frente a la cámara y yo detrás.

Hemos estado en la muy comercial calle de Teresa Gil. Allí, frente a una singular tienda de semillas, hemos desplegado nuestra maquinaria. La escena, en la que aparecía el maestro Juan Antonio Quintana, necesitaba de una figuración importante. Predominaban las señoritas estupendas, pero es que así lo quería el señor director. Había especialmente una chica que me ha despertado sensaciones muy incómodas en la entrepierna. Mi experiencia tras veinte años de meritorio me ha enseñado que lo importante en estos casos es pensar en otra cosa. Y así lo he hecho. He pensado en coles de Bruselas y enseguida he superado la crisis.
También hoy he sentido una malsana envidia por Iván, el segundo ayudante de dirección. Iván ha tenido el privilegio de, megáfono en mano, convertirse en el amo del rodaje. Pagaría por usar ese megáfono y gritar simplemente aquello de “¡¡Prevenidos!!”. Tiene que ser una sensación extraordinaria. Luego en el hotel intentaré apoderarme del megáfono y me encerraré con él en el baño un buen rato.
Tras ese capítulo hemos seguido el rodaje en el Teatro Calderón, un clásico en Valladolid. Allí la magia del cine ha convertido este edificio de toda la vida en un moderno cine. Creo sinceramente que las señoritas de figuración se han hecho de nuevo las dueñas del ambiente, pero esto es sólo una apreciación mía. Además he oído otra de las importantes frases de este rodaje. El director, Santiago Lorenzo, ha expresado una de las intenciones de toda la ambientación del rodaje: “Hay que llenar Valladolid de salpicaduras de color”. Realmente revelador.


Ha sido una noche dura pero creo que he estado a la altura de las circunstancias. Sólo he vomitado una vez y ha sido por el humo de unos cigarrillos muy extraños que me han dado unos curiosos visitantes que se acercarón de madrugada. Y es que trabajar de noche tiene muchas peculiaridades. La principal es que hay menos luz (es de noche) así que usamos unos equipos fantásticos de iluminación.

Hemos ambientado todo en un sucio callejón para dar ese matiz de desolación que quería lograr el director, don Santiago Lorenzo. Sólo he podido ver un poquito porque mi cometido ha sido cortar el acceso de uno de los dos lados del callejón. La verdad es que estaba bastante separado de todo el equipo. Por eso o por mi puñetera mala suerte un grupo de ‘ñetas’ me ha rodeado sin que nadie se percatara y me ha robado hasta el batido de vainilla que me había guardado. Lo que más siento es la pérdida del walkie. Éramos ya inseparables. Me ha costado que me creyeran y al final no me lo descuentan de la paga semanal. Menos mal. Espero que acabe pronto mi racha.
En seguida hemos tomado el aeropuerto, y evidentemente hemos tenido que mantener el orden. Todo ha ido como la seda hasta que unas señoras me han tomado por personal de tierra de Aena y han empezado a pedirme información sobre un vuelo a Castellón. No había formas de sacarlas del error. Me han visto con el walkie y el chaleco y no han dejado de acosarme. Que si a qué hora se embarca, que si podían subir con su iguana, que si dan aperitivo...y así todo el rato. Cuando ya he empezado a desesperarme ellas han empezado a pegarme con los bolsos brutalmente. Gracias a Dios mis compañeros han podido socorrerme y sacarme de allí. Ser meritorio acarrea en ocasiones situaciones de mucho, mucho riesgo.

Santiago Lorenzo dirige la orquesta con gran entusiasmo. Yo poco a poco aclaro mis funciones; auxilio, ayudo y animo a la producción. Tareas múltiples para un meritorio múltiple. Hoy nos hemos movido por localizaciones varias. Hemos rodado en la Biblioteca Pública, en la universidad y en la Agencia Tributaria. Más de diez horas de un lado a otro de Valladolid. Somos unos feriantes de primera categoría. Y para grande, grande, las gentes de Valladolid. Fantásticas. Se acercan y preguntan. "¿Aquí que hacen?". Cuando les contestamos que cine, tan sólo responden aquello de "ah, qué bonito". Maravilloso.

Era mi oportunidad de presenciar algo histórico. Iba a aprender algo único. Todavía recuerdo el día en que José Luis Cuerda me dijo “Sergio, eres absolutamente decepcionante en todos los sentidos”. Pura milonga teórica.
Ya es hoy y poco a poco me he ido enterando de más cosas. Quiero estar ahí, aprenderlo todo, ver ese largo movimiento de cámara mientras el viento acaricia mis sienes. La escena va a ser en la Playa del Pisuerga, una curiosa zona de arena junto al río que hace las veces de playa para la gente de Valladolid.
Allí están Diego Martín y María Ruiz, dos de las estrellas de la película. Todo Valladolid está pendiente del momento. Hasta en los puentes hay gente agolpada dispuesta a no perderse el momento. Sin que se entere nadie he comprado en una tienda de chinos una de esas cámaras fotográficas desechables. Pienso tirar las 24 fotos de una vez, una tras otra. Lo reconozco. A pesar de mis años y de mi profesionalidad estoy nervioso. Este momento vale más que cualquiera de las cientos de clases magistrales a las que he ido.
Todo está preparado. El productor, el alcalde, la concejala de Turismo… Todos están aquí… Y entonces todo se va a la mierda. “Sergio, coge estas llaves un momento y pon la furgoneta de producción bajo la sombra, por favor”. No me lo podía creer… A la mierda el momento histórico. Soy meritorio pero ¿por qué soy tan desgraciado? He ido, he movido la furgoneta y efectivamente, la escena había salido a la primera. Me la había perdido por completo. Me siento fatal. He vomitado y maldecido al cielo. El cine tiene momentos muy duros.

Allí mismo hemos visto a nuestro primer lesionado. Gorka, un maquinista realmente singular y poderoso, ha tenido que abandonar el rodaje tras la aparición en su ojo derecho de una misteriosa irritación corneal (creo que viene de cornea). Son los riesgos de esta profesión. Yo mismo sufro en silencio de unas espantosas rozaduras provocadas por mis sandalias nuevas. Pero el espectáculo debe continuar.
Hemos aprovechado la mañana con todo entusiasmo. Incluso hemos podido parar y saborear unos magníficos bocadillos aflautados. Es realmente conmovedor contemplar como estrellas y figurantes comparten unidos una pequeña pausa. Somos un verdadero equipo. A mi ya me conocen por lo menos tres personas.
Puntuales como un reloj suizo hemos comido como una gran pandilla. Ni el santo Job ha hablado conmigo pero el ambiente era estupendo. Al salir del restaurante al menos he cruzado unas palabras con Santi, el director, quien me ha preguntado la hora de una forma realmente educada. Cada día conectamos más.

Hemos empezado con mucha fuerza y un fantástico buen rollo. Santiago Lorenzo, el director, me ha dicho que le llame Santi. Él me llama a mi Leonardo, pero es que aquí somos muchos y a veces reina la confusión. Creo sinceramente que hay muy buenas vibraciones entre él y yo.
Este primer día ha sido duro, muy duro. A las cinco de la mañana nuestra serpiente multicolor estaba ya en marcha. Son las cosas del cine. Hemos rodado en exterior con casi cuarenta grados de temperatura. Menos mal que me compré hace unos días unas sandalias de esas frescas. Me las aconsejó mi madre, que de estas cosas sabe mucho. “Ni se te ocurra ponerte a trabajar con esas apestosas tenis que llevas”, me dijo cuando le comenté que iba a ir al rodaje. Fue un sabio consejo. Por lo menos los pies los llevo frescos. Aunque de poco vale si te mandan a cortar el tráfico. Allí en mitad de una calle en Valladolid he sentido hervir mi cuerpo, pero alguien tenía que hacerlo. La gente no entiende que esto del cine tiene un precio. No entiendo tanto “imbecil” y tanto “cretino” que me han llamado por parar el tráfico unos minutos. Allá ellos. El arte no entiende de impacientes. De todas maneras son sólo unos pocos. Noto a Valladolid volcada con nuestra película. Esta ciudad tiene muchos ‘posibles’, como dice nuestro querido productor, un señor que vendrá mañana a comer con nosotros. Aquí la gente disfruta con esto del cine, lo huelo.
Diego Martín, el protagonista, es la auténtica encarnación pucelana de Steve Mac Quenn. También él me ha saludado este primer día. La cosa empieza bien.

Un buen día lo tiene cualquiera es una reflexión sobre la mentira, un alegato contra la inocencia y la buena voluntad en clave de fábula moderna.
Telespan 2000 y Estudios Picasso coproducen esta comedia disparatada teñida de un humor negro, negrísimo, al estilo de las comedias feroces de García Berlanga o Fernán-Gómez.
En el universo de Un buen día lo tiene cualquiera la fantasía y realidad se confunden, la verdad y la mentira se usan de forma indistinta y, a diferencia de un tablero de ajedrez, nada es blanco o negro.
Rodada entre Madrid y Valladolid, Un buen día lo tiene cualquiera ha contado con el inestimable apoyo a la producción del Ayuntamiento de Valladolid y de la Junta de Castilla y León, facilitando el rodaje de todos los exteriores y buena parte de los interiores en esta ciudad y sus alrededores.
Distribuirá Buenavista Internacional.
Dirección: Santiago Lorenzo
Producida por: Tomás Cimadevilla
Producción ejecutiva: Eduardo Torallas
Guión: Santiago Lorenzo
Música: Malcolm Scarpa
Dirección de fotografía: José Luis Moreno
Montaje: Raúl de Torres
Dirección artística: Mercedes García Navas
Diseño de vestuario: Beatriz San Juan
Dirección de producción: Pablo Ramírez
Sonido Directo: Agustín Peinado
Montaje de sonido: Pedro Barbadillo
Peluquería: Natalia Sesé
Maquillaje: Paula Cruz
ARTURO.........................................................Diego Martín
JOAQUÍN ...................................................... Roberto Álamo
ONOFRE ........................................... Juan Antonio Quintana
MAITE ............................................................. María Ruiz
LUISMI ........................................................... Antonio Molero
PILI ............................................................... Ana Otero
Al calor de las brasas es la segunda película escrita y dirigida por Santiago Lorenzo tras Mama es boba (35 mm, 1998) un largometraje producido de forma casi artesanal. Considerada por diversos críticos como una de las películas más originales, arriesgadas e insólitas jamás creadas en España, Mama es Boba fue galardonada con el Premio del Público y Mejor Interpretación en Alcalá de Henares y nominada al Premio FIPRESCI en el Festival Internacional de Londres.
A pesar de una limitadísima distribución en salas, su originalidad y creatividad exuberantes han convertido Mama es boba en una obra de culto y referente para cineastas de la talla de Alex de la Iglesia o Santiago Segura.
“Santiago Lorenzo es la gran esperanza del cine español. A mi no hay un tío que me haya interesado más. Es el auténtico poeta. Es, de verdad, el único que es de verdad. Mama es boba me impactó profundamente y más todavía sus cortos. Yo alucinaba cuando los vi”
Alex de la Iglesia.
"Lorenzo es un genio. Su único error ha sido no darme un papel en el film"
Santiago Segura.
ARTURO pierde su empresa y su casa. Harto de vivir a salto de mata, decide opositar. JOAQUÍN, antiguo amigo del colegio y buscavidas profesional, le convence para que se aproveche de un plan social del ayuntamiento en el que ancianos solitarios acogen en sus casas a estudiantes jóvenes sin recursos por un alquiler ínfimo.
ARTURO, que ni es estudiante y hace tiempo que dejo de ser joven, falsifica la solicitud y entra a vivir con ONOFRE, un anciano bajo cuya apariencia afable se esconde un auténtico Mr. Hyde. Hiperactivo, manipulador, mentiroso, ONOFRE demanda una atención absoluta que impide a ARTURO concentrarse en sus estudios.
Cuando la ansiedad verborreica del anciano se convierte en creciente agresividad, ARTURO, desesperado, se plantea abandonarlo todo. Sin embargo, JOAQUÍN le persuade para que continúe, aún a riesgo de su integridad física. Él necesita que ARTURO siga viviendo en ese infierno para llevar a cabo sus propios planes.