<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[Diario de un sexoadicto]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diariodeunsexoadicto/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Este será mi confesionario particular. En él contaré mis experiencias con el sexo de pago.]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[Os pongo en antecedentes.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/diariodeunsexoadicto/c_1.htm]]></link><description><![CDATA[No he comentado mi problema con nadie. Ni con mis padres, ni con mis amigos, ni con mis compañeros de trabajo, ni mucho menos con mi novia.<br/> Soy un chico de 25 años que comenzó su relación con el sexo de pago a los 20 años. Desde entonces ha llovido mucho, y mi situación se ha mantenido si no ha aumentado. No sé si tú, lector/a, compartes este problema conmigo, como cliente o profesional, pero en ambos casos, es un mal asunto.<br/> Creo que me he acostado con todo tipo de prostitutas: latinas, negras, asiáticas, españolas, rusas, guapas, feas, gordas, flacas, siliconadas, jóvenes, viejas, de calle, de piso, de chalet, de hotel y domicilio, etc. Evidentemente, todas tienen algo en común: cobran por mantener relaciones contigo. He pagado desde 10 euros hasta 50, de momento. Para los que no conozcáis este sórdido mundo, deciros que "la media" de un polvo estándar es de 30 euros por "un completo", lo que viene a ser un rato de sexo oral y luego otro rato de penetración, en total unos 20 minutos.<br/> En cuanto a mis gustos sexuales, son relativamente normales. Me gusta el sexo oral, el vaginal y el anal. También me gustan las "cubanas", que es masturbarse con los pechos de la chica en cuestión. Y en principio eso es todo, ni sadomaso, ni lluvias, ni nada de lo que considero "raro". Pero, ¿quién soy yo para catalogar algo de "raro"?.<br/> Para empezar os contaré mi primera experiencia con la prostitución:<br/>No recuerdo el mes. No recuerdo el día que era. Realmente sólo recuerdo, para ubicarlo, que tenía 20 años y que era domingo. Acababa de salir del trabajo, y en vez de regresar a mi casa, me detuve en Atocha. Había estado planeándolo el día anterior, buscando entre los anuncios de la sección de contactos de algún periódico algo que llamara mi atención. Tras mucho leer y releer los anuncios, me decanté por dos. No recuerdo lo que decían, tan sólo recuerdo que el precio a pagar eran 5000 pesetas. Los dos estaban en las cercanías de Atocha, así que me bajé allí y salí a la calle. El primero estaba situado en un edificio que tenía(no sé si aún tiene) un enorme letrero de Flex en la azotea y que separa el Paseo de las Delicias y Santa María de la Cabeza. Afortunadamente no estaba el conserje, así que entré y subí en el ascensor hasta una de las últimas plantas. Al llamar a la puerta, me abrió una chica española preciosa, rubia, de menos de 25 años, vestida con ropa interior y una bata negra transparente. Me hizo pasar a una habitación que daba a la Plaza del Emperador Carlos V, lo que me hizo cavilar sobre el alquiler de dicho inmueble en la que únicamente había una cama y una mesilla de noche. Me miró con cara extraña y tras presentarse, no recuerdo con qué pseudónimo, llamó a su compañera. Eran dos chicas españolas y muy jóvenes en el piso. La otra era morena, con un tipazo impresionante, y con el pelo muy muy largo. Lo que más me llamó la atención fueron sus enormes ojos verde claro. Tenía bastantes pecas en la cara y era preciosa. No sé si fueron su juventud, sus ojazos verdes o su hermosura, pero puse la excusa de que tenía que sacar las 5000 pesetas del cajero(aunque las llevaba en la cartera) y me fui de allí, prometiendo volver.<br/> No sé qué me pasó en aquel momento, tal vez pensé que una chica tan joven y preciosa no podía hacer aquello que contaba el anuncio del periódico. Creo que pensé que una prostituta tenía que ser una mujer fea, al menos no tan guapa, ya que era muy fea la labor que realizaba. <br/> Pero cuando estaba a punto de regresar a mi casa, recordé el otro anuncio. Tenía la dirección apuntada en un post-it, así que preguntando llegué a esa maldita calle donde empezó todo. Estaba situada justo detrás del museo Reina Sofía, y en el número 14 de la misma me estrenaría en la prostitución(aunque me estrené con el sexo a los 17). Llamé a la puerta, y a través de una enorme mirilla típica en las casas antiguas, me respondió una voz con acento latinoamericano. Después me abrió la puerta con la cadena y comprobó que viniera solo(creo) y me dijo que si estaba decidido que pasara. Yo le dije que tendría que verla primero(pocas se dejan, es gracioso; es como si fueras a comprar fruta y tuvieras que pagar antes de ver el estado de la misma), así que me dejó verla a través de la estrecha abertura de la puerta. Era la típica latina(con el perdón de las latinas), de unos 30 años, bien rellenita, bajita, ropa como muy ostentosa pero de mercadillo, etc. Le dije que sí, que me gustaba y me abrió la puerta.<br/> Al abrir del todo la puerta y verla en conjunto, vi que mi juicio preliminar no era incorrecto, aunque parecía que tenía bastante pecho(el anuncio hablaba de una talla 100 de sujetador). Me condujo a través de un largo pasillo por una "vivienda" casi de pesadilla, compuesta por el pasillo que conducía a la puerta de entrada, un "salón de paso" diminuto, que servía de paso entre el pasillo, una especie de patio de luces, el minúsculo aseo y la habitación. También había una puerta instalada de forma desastrosa que, por el plano mental que me hice, debía dar al piso contiguo. Me llevó a la habitación en la que había una cama, una mesita de noche, y ¡oh!¡sorpresa!, una estufa de esas que parece que lleven dos fluorescentes rojos(debía ser invierno). Me habló del tiempo brevemente, en atención a la estufa, y luego me dijo que el servicio "completo" eran 5000 pesetas. Le pagué y empezó a desnudarse sin la menor gracia. Luego abrió el cajón de la mesita y sacó un condón. Cuando le dije que si era de uso obligado me dijo que sí(benditas sean todas las prostitutas que no te dejan hacerlo sin él, a pesar de la insistencia del cliente), que sin él no hacía nada. Me lo puso y me hizo una felación durante un rato. Luego me tumbé en la cama, se montó encima mío, se la metió y comenzó a moverse. Teniendo sus pechos tan cerca, puede comprobar que la talla real de su sostén debía ser una 85(el wonderbrá hace milagros). Le chupé los pezones que aparte de parecer muy gordos y sobados tenían un sabor horrible como agrio(tal vez hubiese estado embarazada recientemente) mientras me cabalgaba. Estaba tan nervioso y poco contento que tardé unos 30 minutos en correrme, lo que la hizo mucha gracia y me dijo que no todos los españoles aguantaban tanto(aunque esto no me animó lo más mínimo supongo que era un cumplido, aunque no deben creerse las mentiras de una prostituta). Me resultó curioso que no tuviera más clientes en los aproximadamente 50 minutos que estuve con ella, entre unas cosas y otras. Después de limpiarme con un papel de cocina y vestirme, me acompañó a la puerta y me despidió.<br/> Mientras caminaba por la calle, absorto asimilando lo que acababa de ocurrir, me asaltaban mil preguntas: ¿Son todas las prostitutas iguales?¿Dónde estaba el glamour que había visto en el cine?¿Qué diferencia, aparte de la belleza, había entre esta chica y las dos anteriores?<br/> En esa primera ocasión, sólo recuerdo que me sentí indiferente y decepcionado. Tardaría dos meses en volver a pagar a una mujer para disfrutar de su cuerpo.<br/>]]></description><author><![CDATA[Adicto al sexo de pago]]></author></item></channel></rss>
