Y la vida, ahora...
Qué puedo contar de mi vida ahora excepto que me siento mejor que antes, y la cosa mejora, día a día.
Me levanto con una sonrisa en la cara, y ese picor insistente en la boca del estómago, y los dientes que rechinan y patinan sobre las encías, y los pelos que se me enredan y las piernas que me duelen, me da igual todo eso...
Puede que ahora me sienta más completo que antes... quizás, algo que me faltaba lo acabo de conseguir.
Ejem...
Este tío se ha puesto meloso, podréis pensar... vaya, ya ves, tiene novia, que alguien le ponga un gorro de fiesta...
Sin embargo no todo va bien...
El otro día, le dije a una persona una cosa muy muy fuerte, y me sentí muy culpable por ello.
Y le pedí disculpas, le pedí que me mirara a la cara mientras le pedía disculpas, y los días pasaron y no podía evitar que el muy rencoroso no me había perdonado.
Y el otro día empecé a llorar, y él lo vio como una magnífica oportunidad para ponerme en evidencia delante de su novia y un compañero de trabajo, lo vio como la ocasión perfecta para ponerme en evidencia y hacerse el digno.
Porque así es él. No comprende a las personas. Nunca se le metió en la cabeza que mi opinión de él como persona nunca coincidió con la opinión que tengo de él como jefe...
Porque si el trabajo se convierte en una fuente de favoritismos y signos de desprecio, si una parte de tu trabajo consiste en empujar palés y apuntar números, y ni siquiera lo de apuntar números lo haces muy bien, algo falla. Porque a mí me da igual si me puedo llevar cosas a casa, mientras me sienta a gusto trabajando.
Y no pienso pedirle explicaciones. Es él quien me tiene que pedir disculpas. No se las voy a pedir. Las disculpas no se deberían exigir, si confías en la otra persona.
Pero claro, empiezo a pensar que nunca confió en mí.
Porque sabía que en las discusiones puedo calentarme demasiado, porque no soporto que la gente insulte porque sí a los demás si no hay un ambiente de buen rollito, y aprovechó esta flaqueza mía para demostrar lo supuesta mala persona que soy.
Para ponerme en evidencia.
Para tener un arma que clavarme en la espalda.
Y este hombre, digo, caminará con su dignidad bien alta, y escuchará esas bonitas canciones y las tarareará por ahí, pero nunca sabrá lo que significan... hasta que aprenda a confiar en las personas.
Porque aunque te hayan clavado una puñalada, o dos, o tres en la vida, debes perdonar siempre. Nunca hay una injuria lo suficientemente grave si la voluntad de amistad entre dos personas es fuerte.
Pero el mismo lo dijo: no creo que el próximo año seamos amigos.
Y eso me da qué pensar... porque en el fondo él y yo no somos tan distintos (pero claro, ya lo dijo él en numerosas ocasiones: es que te pareces a mí cuanto tenía tu edad), pero yo todavía tengo una fe ciega en la gente... una fe que algunos consideran estúpida, pero que no puedo cambiar.
Una vez leí el mejor motivo para ser una buena persona.
Leí:
Hay que ser buenos, porque en el mundo ya hay demasiados malos.
Y no era La Biblia.
Y esta fe ciega me llama a confiar en cualquier persona que conozco, y da igual si le conozco de hace un año que de dos, que de tres meses. Esta fe ciega me impele a llamar amigo a cualquiera con el que haya estado lo suficiente.
Y antes de irme, me gustaría decir otra cosa: yo quedo con Raquel porque es mi amiga, no porque vaya a arrastrarme... y en realidad, sólo me dejaron tirado una vez, y me pidieron perdón, y yo no soy rencoroso. Y la última vez que quedamos, no nos dejaron tirados. Nos dijeron a dónde iban, pero no quisimos ir. Son cosas diferentes.
Y deja de burlarte de mi sentido de la amistad. No todos queremos hacerte daño.
Firmado:
Seth Fortuyn, desde la Atalaya de los Sueños y Los Oneiromantes
Me levanto con una sonrisa en la cara, y ese picor insistente en la boca del estómago, y los dientes que rechinan y patinan sobre las encías, y los pelos que se me enredan y las piernas que me duelen, me da igual todo eso...
Puede que ahora me sienta más completo que antes... quizás, algo que me faltaba lo acabo de conseguir.
Ejem...
Este tío se ha puesto meloso, podréis pensar... vaya, ya ves, tiene novia, que alguien le ponga un gorro de fiesta...
Sin embargo no todo va bien...
El otro día, le dije a una persona una cosa muy muy fuerte, y me sentí muy culpable por ello.
Y le pedí disculpas, le pedí que me mirara a la cara mientras le pedía disculpas, y los días pasaron y no podía evitar que el muy rencoroso no me había perdonado.
Y el otro día empecé a llorar, y él lo vio como una magnífica oportunidad para ponerme en evidencia delante de su novia y un compañero de trabajo, lo vio como la ocasión perfecta para ponerme en evidencia y hacerse el digno.
Porque así es él. No comprende a las personas. Nunca se le metió en la cabeza que mi opinión de él como persona nunca coincidió con la opinión que tengo de él como jefe...
Porque si el trabajo se convierte en una fuente de favoritismos y signos de desprecio, si una parte de tu trabajo consiste en empujar palés y apuntar números, y ni siquiera lo de apuntar números lo haces muy bien, algo falla. Porque a mí me da igual si me puedo llevar cosas a casa, mientras me sienta a gusto trabajando.
Y no pienso pedirle explicaciones. Es él quien me tiene que pedir disculpas. No se las voy a pedir. Las disculpas no se deberían exigir, si confías en la otra persona.
Pero claro, empiezo a pensar que nunca confió en mí.
Porque sabía que en las discusiones puedo calentarme demasiado, porque no soporto que la gente insulte porque sí a los demás si no hay un ambiente de buen rollito, y aprovechó esta flaqueza mía para demostrar lo supuesta mala persona que soy.
Para ponerme en evidencia.
Para tener un arma que clavarme en la espalda.
Y este hombre, digo, caminará con su dignidad bien alta, y escuchará esas bonitas canciones y las tarareará por ahí, pero nunca sabrá lo que significan... hasta que aprenda a confiar en las personas.
Porque aunque te hayan clavado una puñalada, o dos, o tres en la vida, debes perdonar siempre. Nunca hay una injuria lo suficientemente grave si la voluntad de amistad entre dos personas es fuerte.
Pero el mismo lo dijo: no creo que el próximo año seamos amigos.
Y eso me da qué pensar... porque en el fondo él y yo no somos tan distintos (pero claro, ya lo dijo él en numerosas ocasiones: es que te pareces a mí cuanto tenía tu edad), pero yo todavía tengo una fe ciega en la gente... una fe que algunos consideran estúpida, pero que no puedo cambiar.
Una vez leí el mejor motivo para ser una buena persona.
Leí:
Hay que ser buenos, porque en el mundo ya hay demasiados malos.
Y no era La Biblia.
Y esta fe ciega me llama a confiar en cualquier persona que conozco, y da igual si le conozco de hace un año que de dos, que de tres meses. Esta fe ciega me impele a llamar amigo a cualquiera con el que haya estado lo suficiente.
Y antes de irme, me gustaría decir otra cosa: yo quedo con Raquel porque es mi amiga, no porque vaya a arrastrarme... y en realidad, sólo me dejaron tirado una vez, y me pidieron perdón, y yo no soy rencoroso. Y la última vez que quedamos, no nos dejaron tirados. Nos dijeron a dónde iban, pero no quisimos ir. Son cosas diferentes.
Y deja de burlarte de mi sentido de la amistad. No todos queremos hacerte daño.
Firmado:
Seth Fortuyn, desde la Atalaya de los Sueños y Los Oneiromantes





