Nuestro Vietnam
Arturo Pérez Reverte escribió un artículo en el semanario de un conocido periódico que versaba sobre el cine español y en el cual reflexionaba acerca de la “industria”. En un tono ácido, para algunos podría decirse incluso que provocativo, contaba cómo la fijación que tenemos con la Guerra Civil es una de las constantes de nuestras películas, y se quejaba de productores, actores y directores, del victimismo imperante y la vagancia a la hora de innovar.
Respecto a lo de la Guerra Civil, que es de lo que quiero hablar, creo que no podría estar más de acuerdo. Pero no sólo en el cine, sino también en casi cualquier forma de expresión artística dentro de nuestras fronteras, porque parece que aquí, si no hablas de la Guerra Civil, no eres alguien digno de mención.
Y ése es nuestro problema.
Estamos, temáticamente, agotados. Nos encanta revolcarnos en nuestra realidad y despreciar cualquier forma de evasión, considerando esto último un método cobarde para volver la espalda. Nos encanta revolcarnos en la Guerra Civil que vivimos el siglo pasado, y nadie parece dispuesto a pasar a otros temas, y a darse cuenta, por favor, de que es un filón agotado. Si se me apura, puede que le quede algo más pero...
Creo que al principio sí nos interesaba. Cómo no. Pero después, puede que a partir de finales de los setenta, que parecía que se podía hablar con algo más de libertad y se podían escribir las cosas tal y como fueron, dejó de interesarnos REALMENTE. La producción seguía, la gente seguía comprando, por qué parar joder, sigamos con lo mismo y dejémonos de chorradas. ¿Ciencia ficción? ¿Para qué sirve eso? ¿De qué es el manuscrito? Trata de una madre y viuda afligida que, durante la Guerra de Secesión, pierde a sus dos hijos y pasa el resto de su vida con su sobrina en una vieja pensión que regenta. No, lo siento, no nos gusta. ¡Espere! ¡Se me ha ocurrido una idea! La novela tratará de una madre y viuda afligida que, durante la Guerra Civil, pierde a sus dos hijos y pasa el resto de su vida con su sobrina en una vieja pensión que regenta. ¡Eso es lo que buscábamos!
Desde antes de los ochenta, la Guerra Civil se convirtió en nuestro Vietnam, y maldita sea si íbamos a dejar escapar la oportunidad de forrarnos. ¿Que si el público se cansará algún día? Puede que sí, pero para entonces ya seré rico.
Que alguien me nombre tres escritores conocidos de ciencia ficción españoles. A ver... ¿tres? Bueno... es que... ¡bah, la ciencia ficción es para los americanos y los descerebrados! No señor mío, es para gente inteligente que sepa apreciar el mensaje que hay detrás. Esos americanos e ingleses, qué bobos: todavía creyendo en alienígenas…
Respecto a lo de la Guerra Civil, que es de lo que quiero hablar, creo que no podría estar más de acuerdo. Pero no sólo en el cine, sino también en casi cualquier forma de expresión artística dentro de nuestras fronteras, porque parece que aquí, si no hablas de la Guerra Civil, no eres alguien digno de mención.
Y ése es nuestro problema.
Estamos, temáticamente, agotados. Nos encanta revolcarnos en nuestra realidad y despreciar cualquier forma de evasión, considerando esto último un método cobarde para volver la espalda. Nos encanta revolcarnos en la Guerra Civil que vivimos el siglo pasado, y nadie parece dispuesto a pasar a otros temas, y a darse cuenta, por favor, de que es un filón agotado. Si se me apura, puede que le quede algo más pero...
Creo que al principio sí nos interesaba. Cómo no. Pero después, puede que a partir de finales de los setenta, que parecía que se podía hablar con algo más de libertad y se podían escribir las cosas tal y como fueron, dejó de interesarnos REALMENTE. La producción seguía, la gente seguía comprando, por qué parar joder, sigamos con lo mismo y dejémonos de chorradas. ¿Ciencia ficción? ¿Para qué sirve eso? ¿De qué es el manuscrito? Trata de una madre y viuda afligida que, durante la Guerra de Secesión, pierde a sus dos hijos y pasa el resto de su vida con su sobrina en una vieja pensión que regenta. No, lo siento, no nos gusta. ¡Espere! ¡Se me ha ocurrido una idea! La novela tratará de una madre y viuda afligida que, durante la Guerra Civil, pierde a sus dos hijos y pasa el resto de su vida con su sobrina en una vieja pensión que regenta. ¡Eso es lo que buscábamos!
Desde antes de los ochenta, la Guerra Civil se convirtió en nuestro Vietnam, y maldita sea si íbamos a dejar escapar la oportunidad de forrarnos. ¿Que si el público se cansará algún día? Puede que sí, pero para entonces ya seré rico.
Que alguien me nombre tres escritores conocidos de ciencia ficción españoles. A ver... ¿tres? Bueno... es que... ¡bah, la ciencia ficción es para los americanos y los descerebrados! No señor mío, es para gente inteligente que sepa apreciar el mensaje que hay detrás. Esos americanos e ingleses, qué bobos: todavía creyendo en alienígenas…
LA HISTORIA DEL PERRO MENDIGO
El otro día estaba caminando por Sol, cerca de la boca de metro, cuando vi frente a un McDonald's a un perro tirado sobre una manta, solo, como si fuera él y no su dueño el que pedía limosna.
No le hacía falta ningún cartel: a aquel pulgoso se le notaba el hambre.Y la gente se le quedaba mirando, y él estaba tirado y no hacía nada.
Era un perro enorme.
Y en esto que un tipo así, como elegantón, tiró una moneda al platito dedicado a tal fin. Y el perro, poseido por vete a saber qué, se irguió rápidamente y se lo comió, enterito.
Nadie hizo nada. Algunos miraban y señalaban y luego seguían con sus vidas. Ese perro aparecería en las pesadillas y en las conversaciones trufadas de anécdotas entre amigos y familiares.
Luego se acercó un tío normal, con su novia cogida del brazo, un tipo que le vi, tenía pinta de preguntarle a alguien que saca la basura del supermercado todas las noches: ¿y los homeless (así de pijo lo diría) cogen comida de aqui todas las noches? Y dejó una moneda.
Y el perro se los comió a los dos. Rápido. Sobrenatural, como un ciclón sorbiendo maquetas de papel.
Y nadie seguía sin hacer caso.
Y por fin, un pobre mendigo se apiadó del perro y le tiró parte de su bocadillo mohoso, encontrado en el fondo de una papelera con costras.
El perro también se lo comió. Pero esta vez fue por pura gula.
Y aunque nadie volvió a intentar ofrecer una limosna de mierda para tranquilizar su conciencia, nadie erigió una moneda a la puta falsa caridad, el perro siguió allí, hasta que murió, y no de hambre, sino de frío.
Seth Fortuyn, quién si no
No le hacía falta ningún cartel: a aquel pulgoso se le notaba el hambre.Y la gente se le quedaba mirando, y él estaba tirado y no hacía nada.
Era un perro enorme.
Y en esto que un tipo así, como elegantón, tiró una moneda al platito dedicado a tal fin. Y el perro, poseido por vete a saber qué, se irguió rápidamente y se lo comió, enterito.
Nadie hizo nada. Algunos miraban y señalaban y luego seguían con sus vidas. Ese perro aparecería en las pesadillas y en las conversaciones trufadas de anécdotas entre amigos y familiares.
Luego se acercó un tío normal, con su novia cogida del brazo, un tipo que le vi, tenía pinta de preguntarle a alguien que saca la basura del supermercado todas las noches: ¿y los homeless (así de pijo lo diría) cogen comida de aqui todas las noches? Y dejó una moneda.
Y el perro se los comió a los dos. Rápido. Sobrenatural, como un ciclón sorbiendo maquetas de papel.
Y nadie seguía sin hacer caso.
Y por fin, un pobre mendigo se apiadó del perro y le tiró parte de su bocadillo mohoso, encontrado en el fondo de una papelera con costras.
El perro también se lo comió. Pero esta vez fue por pura gula.
Y aunque nadie volvió a intentar ofrecer una limosna de mierda para tranquilizar su conciencia, nadie erigió una moneda a la puta falsa caridad, el perro siguió allí, hasta que murió, y no de hambre, sino de frío.
Seth Fortuyn, quién si no
Bla, bla, bla
- ¡Ay, hija! ¿Cuánto es la mitad de cien?
- Dos de los marrones, ma.
------------------------------------------------------------------------------------------------
- Jo, es que comprarme esa figura era el sueño de mi vida.
- ¿Pero el sueño de tu vida no era entrar en una casa de los testigos de Jehová, disparando una escopeta al aire y proclamando que Dios lleva tutú y los pitufos son el pueblo elegido?
- Tú estás muy mal.
------------------------------------------------------------------------------------------------
- Doctor, tengo un problema.
- ¿Sí?
- Creo que estoy empezando a padecer elefantiasis genital o algo de eso... verá, ya no puedo tener una erección en público.
- Lo de la elefantiasis, comprendo su preocupación...
- Sí señor, me hacía mucha ilusión tener erecciones en público.
- A mí también me pasa.
- Ahora tendré que ir con los ojos vendados, pensando en mi abuelo para bajar la líbido.
- ¿Su abuelo también tenía elefantiasis genital?
- No lo sé, se lo tendría que preguntar, pero es que ahora está dormido.
- ¿Y cuándo podrá preguntárselo? Los antecedentes en la familia pueden ser útiles.
- No lo sé. Es que está muerto.
- Ya veo, o sea que su abuelo también estará echando de menos tener erecciones en público.
- Es posible, pero prefería cazar gatos callejeros y organizar hogueras en la puerta de una iglesia. Hablaba a las ratas.
- Esto es absurdo, usted venía para hablar de su elefantiasis genital...
- Y decía que San Pedro se le aparecía... San Pedro era un perturbado que se la machacaba pensando en los toros mecánicos de un supermercado, y que se creía poseído por la fuerza sexual de 200 budas... vivía con una mano metida en una papelera, junto a un banco
------------------------------------------------------------------------------------------------
- Camarero, deme una cerveza.
- ¿La quiere con vaso o sin vaso?
- Sólo dame la cerveza.
------------------------------------------------------------------------------------------------
- ¡Compañía, listos!
- ¡¡Señor, sí señor!!
- Usted, tiene pinta de listo, ¿cómo se llama?
- Soldado Einstein.
- ¡Dilo más alto!
- ¡Soldado Einstein!
- ¡¡MÁS ALTO!!
- ¡¡SOLDADO EINSTEIN!!
- Hay dos tipos de personas en el frente de batalla, los cobardes y los valientes. Los cobardes sólo se preocupan de si vivirán un día más para recibir su suscripción de Cosmopolitan, los valientes mastican granadas... ¿¡USTED QUÉ ES, SOLDADO EINSTEIN!?
- ¡¡DE LOS QUE TIENEN LOS CALZONCILLOS AGUJEREADOS, SEÑOR!!
- Y eso a qué es debido, ¿¡SOLDADO!?
- ¡¡A QUE TENGO LOS COJONES CUADRADOS, SEÑOR!!
------------------------------------------------------------------------------------------------
- El otro día estuve leyendo a Bukowsky.
- ¿Qué tal?
- Está bien, el de Escritos de un viejo indecente... en el libro, en la página 185 dice: ¿cuál es su definición de cobarde?/un hombre que se lo pensaría dos veces antes de enfrentarse a un león con las manos vacías./¿y cuál es su definición de valiente?/un hombre que no sabe lo que es un león.
- Es una buena definición... se me ha acabado la pinta, ¿pedimos otra ronda?
- Bukowski era alcohólico... sí. Pídeme una.
- ¡Camarero! ¡Dos cervezas!
- ¿Con vaso o sin vaso?
- Sólo dos cervezas...
- Su cuenta son ya cien euros...
- Einstein, ¿cuánto es la mitad de cien euros?
- Dos de los marrones.
- El sueño de mi vida es poder pagar esta ronda sin endeudarme.
- Pensé que el sueño de tu vida era entrar en una casa de los testigos de Jehová, disparando una escopeta al aire y proclamando que Dios lleva tutú y que los pitufos era el pueblo elegido.
- Tú estás muy mal.
- Sigh.
- ¡Ahora te doy uno de los marrones por mi parte de la cuenta, camarero! - dime, ¿qué tal va tu elefantiasis genital?
- No es elefantiasis genital... es sólo que tengo los cojones cuadrados.
------------------------------------------------------------------------------------------------
Seth Fortuyn delirando, otra vez. Escribiendo medio desnudo, con pinturas tribales y abalorios centro africanos, lamiéndome el hueso que atraviesa mi nariz y arrojando polvo chamanístico sobre las fotos de mis enemigos.
- Dos de los marrones, ma.
------------------------------------------------------------------------------------------------
- Jo, es que comprarme esa figura era el sueño de mi vida.
- ¿Pero el sueño de tu vida no era entrar en una casa de los testigos de Jehová, disparando una escopeta al aire y proclamando que Dios lleva tutú y los pitufos son el pueblo elegido?
- Tú estás muy mal.
------------------------------------------------------------------------------------------------
- Doctor, tengo un problema.
- ¿Sí?
- Creo que estoy empezando a padecer elefantiasis genital o algo de eso... verá, ya no puedo tener una erección en público.
- Lo de la elefantiasis, comprendo su preocupación...
- Sí señor, me hacía mucha ilusión tener erecciones en público.
- A mí también me pasa.
- Ahora tendré que ir con los ojos vendados, pensando en mi abuelo para bajar la líbido.
- ¿Su abuelo también tenía elefantiasis genital?
- No lo sé, se lo tendría que preguntar, pero es que ahora está dormido.
- ¿Y cuándo podrá preguntárselo? Los antecedentes en la familia pueden ser útiles.
- No lo sé. Es que está muerto.
- Ya veo, o sea que su abuelo también estará echando de menos tener erecciones en público.
- Es posible, pero prefería cazar gatos callejeros y organizar hogueras en la puerta de una iglesia. Hablaba a las ratas.
- Esto es absurdo, usted venía para hablar de su elefantiasis genital...
- Y decía que San Pedro se le aparecía... San Pedro era un perturbado que se la machacaba pensando en los toros mecánicos de un supermercado, y que se creía poseído por la fuerza sexual de 200 budas... vivía con una mano metida en una papelera, junto a un banco
------------------------------------------------------------------------------------------------
- Camarero, deme una cerveza.
- ¿La quiere con vaso o sin vaso?
- Sólo dame la cerveza.
------------------------------------------------------------------------------------------------
- ¡Compañía, listos!
- ¡¡Señor, sí señor!!
- Usted, tiene pinta de listo, ¿cómo se llama?
- Soldado Einstein.
- ¡Dilo más alto!
- ¡Soldado Einstein!
- ¡¡MÁS ALTO!!
- ¡¡SOLDADO EINSTEIN!!
- Hay dos tipos de personas en el frente de batalla, los cobardes y los valientes. Los cobardes sólo se preocupan de si vivirán un día más para recibir su suscripción de Cosmopolitan, los valientes mastican granadas... ¿¡USTED QUÉ ES, SOLDADO EINSTEIN!?
- ¡¡DE LOS QUE TIENEN LOS CALZONCILLOS AGUJEREADOS, SEÑOR!!
- Y eso a qué es debido, ¿¡SOLDADO!?
- ¡¡A QUE TENGO LOS COJONES CUADRADOS, SEÑOR!!
------------------------------------------------------------------------------------------------
- El otro día estuve leyendo a Bukowsky.
- ¿Qué tal?
- Está bien, el de Escritos de un viejo indecente... en el libro, en la página 185 dice: ¿cuál es su definición de cobarde?/un hombre que se lo pensaría dos veces antes de enfrentarse a un león con las manos vacías./¿y cuál es su definición de valiente?/un hombre que no sabe lo que es un león.
- Es una buena definición... se me ha acabado la pinta, ¿pedimos otra ronda?
- Bukowski era alcohólico... sí. Pídeme una.
- ¡Camarero! ¡Dos cervezas!
- ¿Con vaso o sin vaso?
- Sólo dos cervezas...
- Su cuenta son ya cien euros...
- Einstein, ¿cuánto es la mitad de cien euros?
- Dos de los marrones.
- El sueño de mi vida es poder pagar esta ronda sin endeudarme.
- Pensé que el sueño de tu vida era entrar en una casa de los testigos de Jehová, disparando una escopeta al aire y proclamando que Dios lleva tutú y que los pitufos era el pueblo elegido.
- Tú estás muy mal.
- Sigh.
- ¡Ahora te doy uno de los marrones por mi parte de la cuenta, camarero! - dime, ¿qué tal va tu elefantiasis genital?
- No es elefantiasis genital... es sólo que tengo los cojones cuadrados.
------------------------------------------------------------------------------------------------
Seth Fortuyn delirando, otra vez. Escribiendo medio desnudo, con pinturas tribales y abalorios centro africanos, lamiéndome el hueso que atraviesa mi nariz y arrojando polvo chamanístico sobre las fotos de mis enemigos.
AAAAARGH!!!
Hoy he madrugado, sí, me he levantado a las ocho de la mañana, para poder estar en el médico a las nueve. ¿Os he dicho que tengo un bulto en el pie? No es nada, pero me lo quiero quitar porque me molesta a la hora de calzarme.
Bueno, pues eso, que llego al doctor, y ya se nota que el muy hijo de puta se va a tirar toda la mañana aguantando en silencio las almorranas que empezará a tener a partir de ahora gracias a mi magia negra. Y que no le da la gana de quitarme el bulto.
Se me acerca, así como con desprecio, como quien se acerca al cráter humeante que formaría tu abuela al caer de un tercer piso, y me mira el bulto y me dice:
- La incisión te va a molestar tanto como el bulto.
Hijo de perra sádico, vengo cabreado, lo notareis. No estoy acostumbrado a madrugar, y hoy hago un esfuerzo pero veo que nadie más se va a tomar las molestias. Y le contesto que si quiero quitármelo, si pido cita con él, es porque me molesta al calzarme y demás.
Y el tío me viene con que me tengo que sacar sangre y esperar unos cuantos días a que le dé la gana coger un bisturí, no exactamente con esas palabras, pero la verdad es que le faltó poco.
Ojalá se le atragante el croasán al muy mamón.
¿Algo más que decir?
Seth Fortuyn, supuestamente operado de espantos.
Bueno, pues eso, que llego al doctor, y ya se nota que el muy hijo de puta se va a tirar toda la mañana aguantando en silencio las almorranas que empezará a tener a partir de ahora gracias a mi magia negra. Y que no le da la gana de quitarme el bulto.
Se me acerca, así como con desprecio, como quien se acerca al cráter humeante que formaría tu abuela al caer de un tercer piso, y me mira el bulto y me dice:
- La incisión te va a molestar tanto como el bulto.
Hijo de perra sádico, vengo cabreado, lo notareis. No estoy acostumbrado a madrugar, y hoy hago un esfuerzo pero veo que nadie más se va a tomar las molestias. Y le contesto que si quiero quitármelo, si pido cita con él, es porque me molesta al calzarme y demás.
Y el tío me viene con que me tengo que sacar sangre y esperar unos cuantos días a que le dé la gana coger un bisturí, no exactamente con esas palabras, pero la verdad es que le faltó poco.
Ojalá se le atragante el croasán al muy mamón.
¿Algo más que decir?
Seth Fortuyn, supuestamente operado de espantos.
La historia de la princesa
Me siento cuentista, yo. No sé por qué.
Érase una vez que se era, una princesa encerrada por voluntad propia en su castillo. Como todas las princesas están obligadas a pasar un tiempo encerradas en el castillo, y esta princesa quería mucho a su padre, se encerró ella misma para evitar que su padre la obligara.
Y los caballeros venían, y ella los rechazaba o los acababa rechazando al cabo de un tiempo.
Un caballero, que vivía a una gran distancia, decidió partir a rescatarla, tal y como la tradición mandaba. Y cogió el caballo más robusto de su establo y dijo: esta chica tiene que ser mía.
Y nada podrá pararme, porque lo daría todo por ella.
Por desgracia, los seres malignos que habitan el mundo supieron de su resolución y decidieron jugar con él.
Y cuando llegó a un viejo puente de piedra, un ogro con una caña de pescar y una horca le cortó el paso.
- Alto. Vivo debajo de este puente, y te digo que me tienes que hacer una ofrenda.
- He dicho que lo daría todo por mi futura amada, sea.
- Quiero un brazo tuyo - contestó el ogro, acariciando un pez con sus genitales.
Y el caballero se cortó el brazo derecho y se lo dio en ofrenda, y nunca más volvió a ser molestado por ese ogro. Pero, ¡ay! la noticia corrió, y a cada ser que le impedía el paso, acababa con un miembro amputado. Un dedo solía bastar, pero algún exigente reclamó una pierna.
Cuando llegó al castillo, sólo tenía torso, cabeza y el brazo izquierdo, y a pesar de ello pudo lanzar una cuerda hasta la ventana de su amada, y trepar por ella con los dientes, tal era la voluntad del caballero.
Al llegar arriba, como adornada por la primavera, la princesa le acogió con los brazos abiertos.
- Buen caballero, llegais jodido a mis aposentos.
- Sí - contestó, cogiendo aire por el esfuerzo -. He tenido que dar mis dos piernas, mi brazo derecho y uno de mis cojones. Estoy agotado, pero viendoos el esfuerzo merece la pena.
- Pobre, pobre iluso. Jamás encontraré gilipollas como vos.
- ¡¿Qué?!
- El amor es cosa de dos, y nadie debería meterse en medio. Y si dejas que algo se interponga en el encuentro, es que no aprecias de verdad al ser que supuestamente amas.
- Lo he dado casi todo por vos.
- Y me habéis dejado lo único que necesito.
Y la princesa le arrancó el corazón, y lanzó su cadaver por la ventana.
Y después...
... ella encontraría a otra persona que, en su opinión, la quisiera de verdad.
... respecto al caballero, su cuerpo fue arrojado a la basura y quemado. De todas formas, ya no tenía nada por lo que vivir.
Seth Fortuyn, puto Samaniego
Érase una vez que se era, una princesa encerrada por voluntad propia en su castillo. Como todas las princesas están obligadas a pasar un tiempo encerradas en el castillo, y esta princesa quería mucho a su padre, se encerró ella misma para evitar que su padre la obligara.
Y los caballeros venían, y ella los rechazaba o los acababa rechazando al cabo de un tiempo.
Un caballero, que vivía a una gran distancia, decidió partir a rescatarla, tal y como la tradición mandaba. Y cogió el caballo más robusto de su establo y dijo: esta chica tiene que ser mía.
Y nada podrá pararme, porque lo daría todo por ella.
Por desgracia, los seres malignos que habitan el mundo supieron de su resolución y decidieron jugar con él.
Y cuando llegó a un viejo puente de piedra, un ogro con una caña de pescar y una horca le cortó el paso.
- Alto. Vivo debajo de este puente, y te digo que me tienes que hacer una ofrenda.
- He dicho que lo daría todo por mi futura amada, sea.
- Quiero un brazo tuyo - contestó el ogro, acariciando un pez con sus genitales.
Y el caballero se cortó el brazo derecho y se lo dio en ofrenda, y nunca más volvió a ser molestado por ese ogro. Pero, ¡ay! la noticia corrió, y a cada ser que le impedía el paso, acababa con un miembro amputado. Un dedo solía bastar, pero algún exigente reclamó una pierna.
Cuando llegó al castillo, sólo tenía torso, cabeza y el brazo izquierdo, y a pesar de ello pudo lanzar una cuerda hasta la ventana de su amada, y trepar por ella con los dientes, tal era la voluntad del caballero.
Al llegar arriba, como adornada por la primavera, la princesa le acogió con los brazos abiertos.
- Buen caballero, llegais jodido a mis aposentos.
- Sí - contestó, cogiendo aire por el esfuerzo -. He tenido que dar mis dos piernas, mi brazo derecho y uno de mis cojones. Estoy agotado, pero viendoos el esfuerzo merece la pena.
- Pobre, pobre iluso. Jamás encontraré gilipollas como vos.
- ¡¿Qué?!
- El amor es cosa de dos, y nadie debería meterse en medio. Y si dejas que algo se interponga en el encuentro, es que no aprecias de verdad al ser que supuestamente amas.
- Lo he dado casi todo por vos.
- Y me habéis dejado lo único que necesito.
Y la princesa le arrancó el corazón, y lanzó su cadaver por la ventana.
Y después...
... ella encontraría a otra persona que, en su opinión, la quisiera de verdad.
... respecto al caballero, su cuerpo fue arrojado a la basura y quemado. De todas formas, ya no tenía nada por lo que vivir.
Seth Fortuyn, puto Samaniego
La historia del mendigo
Esta historia me la encontré "en las cajas de cartón de cerveza", escondidas entre la basura.
cuando escribo esto soy un viejo borracho tirado en la calle, me duelen los pies y los tengo hinchados. antes corría un huevo, tendrías que verme, corría que me las pelaba, pero uno se deteriora con la edad, ¿sabes? ahora mi cuerpo está deformado y me duele todo, pero no siempre fue así.
hasta los tiraos tenemos infancia. no siempre tuve barba y cincuenta años, y ropa que huele a meados y cartones para resguardarme del frío sin encontrar nada que me dé calor. mientras escribo, un mamón me mira de arriba abajo arriba y deja una moneda de cincuenta céntimos en mi vasito de plástico. je, soy feliz. es que estoy pagando la mansión a plazos.
decía que hubo un tiempo en que fui joven, y siempre deseo volver a serlo. creo que cada uno tenemos el paraíso que nos merecemos, y yo con gusto volvería a la familia y el hogar, y algo caliente que llevarme a la boca y que no sea, no sé, la polla de un chapero, la vida es dura.
yo era joven, como diez años o así, y me viene el diablo y empieza a tentarme.
chico, sabes que puedes jugar con lo que tienes entre las piernas, ¿no?
¿MI PITO? contesto yo
sí, tu pito. puedes frotarte y Dios se enfadará con ello. DIOS se pondrá triste si derramas tu simiente... vas a empezar a crecer en más de un sentido y podrás desobedecer las normas. tócate.
no lo hago yo
y el diablo, quiero decir, el DIABLO, no supo que decir. se quedó mudo y creo que poco entendía de la vida, ese pobre diablo.
lo hace el señor Rodríguez, el cura... nos lo hace a todos los niños. al principio lloraba. es por el bien del Señor, dice. para que creamos mejor en Dios.
joder... señor Rodríguez, ¿eh? un cura haciendo una labor infernal, eso es competencia, dice, se lleva la mano a la boca y desaparece, pero sólo yo veo cómo desaparece, porque el resto no podía verle.
por aquella época las cosas no son como ahora, que te quejas y a lo mejor hasta te escuchan. había cosas que no se podían tocar, Dios, Franco y Bernabeu, la Sagrada Trinidad Española... y Dios tenía mucho respaldo porque daba poderes al segundo y al tercero para hacer milagros. eso me enseñaban.
denunciarle. qué tontería.
el caso es que a la semana o así, estoy en la puerta de la iglesia y veo que el diablo entra, sale y me mira y me dice que me quedé ahí, que tiene que hacer unas cosas.
mi historia casi ha terminado. soy un mierda, pero espero que si miras bien en la basura encuentres mi historia. todo el mundo tiene una y yo no quiero que se pierda la mía. hay historias dignas de contar y ésta es una de ellas.
joder, no sé qué ocurrió allí dentro. pero que me jodan de lado, ¡creo que a partir de ese día, el diablo también empezó a creer en Dios!
Seth Fortuyn, transcriptor de historias que merecen contarse.
cuando escribo esto soy un viejo borracho tirado en la calle, me duelen los pies y los tengo hinchados. antes corría un huevo, tendrías que verme, corría que me las pelaba, pero uno se deteriora con la edad, ¿sabes? ahora mi cuerpo está deformado y me duele todo, pero no siempre fue así.
hasta los tiraos tenemos infancia. no siempre tuve barba y cincuenta años, y ropa que huele a meados y cartones para resguardarme del frío sin encontrar nada que me dé calor. mientras escribo, un mamón me mira de arriba abajo arriba y deja una moneda de cincuenta céntimos en mi vasito de plástico. je, soy feliz. es que estoy pagando la mansión a plazos.
decía que hubo un tiempo en que fui joven, y siempre deseo volver a serlo. creo que cada uno tenemos el paraíso que nos merecemos, y yo con gusto volvería a la familia y el hogar, y algo caliente que llevarme a la boca y que no sea, no sé, la polla de un chapero, la vida es dura.
yo era joven, como diez años o así, y me viene el diablo y empieza a tentarme.
chico, sabes que puedes jugar con lo que tienes entre las piernas, ¿no?
¿MI PITO? contesto yo
sí, tu pito. puedes frotarte y Dios se enfadará con ello. DIOS se pondrá triste si derramas tu simiente... vas a empezar a crecer en más de un sentido y podrás desobedecer las normas. tócate.
no lo hago yo
y el diablo, quiero decir, el DIABLO, no supo que decir. se quedó mudo y creo que poco entendía de la vida, ese pobre diablo.
lo hace el señor Rodríguez, el cura... nos lo hace a todos los niños. al principio lloraba. es por el bien del Señor, dice. para que creamos mejor en Dios.
joder... señor Rodríguez, ¿eh? un cura haciendo una labor infernal, eso es competencia, dice, se lleva la mano a la boca y desaparece, pero sólo yo veo cómo desaparece, porque el resto no podía verle.
por aquella época las cosas no son como ahora, que te quejas y a lo mejor hasta te escuchan. había cosas que no se podían tocar, Dios, Franco y Bernabeu, la Sagrada Trinidad Española... y Dios tenía mucho respaldo porque daba poderes al segundo y al tercero para hacer milagros. eso me enseñaban.
denunciarle. qué tontería.
el caso es que a la semana o así, estoy en la puerta de la iglesia y veo que el diablo entra, sale y me mira y me dice que me quedé ahí, que tiene que hacer unas cosas.
mi historia casi ha terminado. soy un mierda, pero espero que si miras bien en la basura encuentres mi historia. todo el mundo tiene una y yo no quiero que se pierda la mía. hay historias dignas de contar y ésta es una de ellas.
joder, no sé qué ocurrió allí dentro. pero que me jodan de lado, ¡creo que a partir de ese día, el diablo también empezó a creer en Dios!
Seth Fortuyn, transcriptor de historias que merecen contarse.
Esto ocurrió de verdad
Yo trabajo en un supermercado por la noche. Sí, como casi todos, es un trabajo de mierda, pero no me pagan mal y tengo altas probabilidades de conseguir un contrato fijo, es decir, de tener un empleo duradero, aunque sea una mierda. Y no sé si sabeis lo mal que está eso del curro ahora. No me viene mal para traer algo de dinero a casa, vivo con mis padres y tampoco quiero sentirme un parásito ni nada de eso, no quiero levantarme y decirme a mí mismo: caramba, otro día encaramado a la espalda de tus viejos, ¿eh?
Y bueno, ahí estaba yo, haciendo la basura, sudoroso y con un frío que te pelas, ahí, digo, estaba andando entre los mendigos que escarbaban la basura y me entraron ganas de pegar a alguien, y un tío y su novia, todo muy bien vestidos, todo modales de lujo y genitales limpios, se me quedan mirando como si fuera el David de Miguel Ángel o algo así. Joder, incomodaba un huevo ¿a que sí? Cuando te miran y no sabes a qué viene eso, y esta parejita se queda como embobada en la puerta de la tienda y pienso, vaya, habrán venido a comprar o algo así. A veces la gente intenta comprar a las once de la noche o a las doce y no se dan cuenta de que no hay cajeras y, maldita sea, ni siquiera hay luz.
Y tras contemplar el espectáculo me interrumpen y me preguntan:
- ¿Oye, y es ASÍ TODOS los DÍAS?
Yo no sabía qué hacer. Todavía quedaba basura por sacar, basura maloliente porque ciertos empleados no saben cerrar bien las bolsas y las rasgas y cuando intentas meter una de sus bolsas en un cubo descubres que te gotea y yo ya me he jodido una camiseta así. Ganas de matar aumentando, supongo que me captais, no era lógico que se quedaran extrañados de que el sueño de su riqueza produjera monstruos como aquellos. Y tuve que hacer uso de mi benevolencia y pedantería, en lugar de la violencia, y les contesté:
- SÍ, sacamos la BASURA, y ellos están TODOS los DÍAS escarbando a ver si encuentran algo para COMER. Y a veces, les sacamos comida que no esté CADUCADA NI POCHA para que recuerden que la vida no es tan mala DESPUÉS DE TODO.
Y los señoritos genitales limpios siguieron andando cogiditos calle abajo.
Esa pobre gente seguía escarbando la basura y espero que no oyeran el comentario de esos ignorantes porque si yo viviera en la calle me ofendería tal grado de ceguera, vaya que sí, cogería una escopeta y entraría dando tiros en una de sus reuniones Lacoste, esto si fuera un viejo desdentado sin nada que perder. Esa pobre gente de genitales sucios que cada día son más amables conmigo y que incluso se ofrecen a ayudarme y me dan las gracias por sacarles la basura. Que les brillan los ojos cuando me ven amontonando cubos en la puerta y dan golpecitos tímidos de impaciencia en el cristal de la puerta de entrada cuando tardamos demasiado, porque ellos están pasando un frío enorme, han dejado sus cartones o sus casas destartaladas que vete a saber cómo pueden vivir allí, para coger algo podrido para cenar.
Y eso es todo.
Seth Fortuyn, poseido por el espíritu de Bukowski.
Y bueno, ahí estaba yo, haciendo la basura, sudoroso y con un frío que te pelas, ahí, digo, estaba andando entre los mendigos que escarbaban la basura y me entraron ganas de pegar a alguien, y un tío y su novia, todo muy bien vestidos, todo modales de lujo y genitales limpios, se me quedan mirando como si fuera el David de Miguel Ángel o algo así. Joder, incomodaba un huevo ¿a que sí? Cuando te miran y no sabes a qué viene eso, y esta parejita se queda como embobada en la puerta de la tienda y pienso, vaya, habrán venido a comprar o algo así. A veces la gente intenta comprar a las once de la noche o a las doce y no se dan cuenta de que no hay cajeras y, maldita sea, ni siquiera hay luz.
Y tras contemplar el espectáculo me interrumpen y me preguntan:
- ¿Oye, y es ASÍ TODOS los DÍAS?
Yo no sabía qué hacer. Todavía quedaba basura por sacar, basura maloliente porque ciertos empleados no saben cerrar bien las bolsas y las rasgas y cuando intentas meter una de sus bolsas en un cubo descubres que te gotea y yo ya me he jodido una camiseta así. Ganas de matar aumentando, supongo que me captais, no era lógico que se quedaran extrañados de que el sueño de su riqueza produjera monstruos como aquellos. Y tuve que hacer uso de mi benevolencia y pedantería, en lugar de la violencia, y les contesté:
- SÍ, sacamos la BASURA, y ellos están TODOS los DÍAS escarbando a ver si encuentran algo para COMER. Y a veces, les sacamos comida que no esté CADUCADA NI POCHA para que recuerden que la vida no es tan mala DESPUÉS DE TODO.
Y los señoritos genitales limpios siguieron andando cogiditos calle abajo.
Esa pobre gente seguía escarbando la basura y espero que no oyeran el comentario de esos ignorantes porque si yo viviera en la calle me ofendería tal grado de ceguera, vaya que sí, cogería una escopeta y entraría dando tiros en una de sus reuniones Lacoste, esto si fuera un viejo desdentado sin nada que perder. Esa pobre gente de genitales sucios que cada día son más amables conmigo y que incluso se ofrecen a ayudarme y me dan las gracias por sacarles la basura. Que les brillan los ojos cuando me ven amontonando cubos en la puerta y dan golpecitos tímidos de impaciencia en el cristal de la puerta de entrada cuando tardamos demasiado, porque ellos están pasando un frío enorme, han dejado sus cartones o sus casas destartaladas que vete a saber cómo pueden vivir allí, para coger algo podrido para cenar.
Y eso es todo.
Seth Fortuyn, poseido por el espíritu de Bukowski.
Un atraco
Hace unos cuantos días un capullo me atracó cuando volvía del curro.
Me amenazó, y cuando me cogió todo lo que quería me dijo que si quería vivir o quería morir. A pesar de mi pesimismo, siempre eligiría la vida.
Tuve miedo.
Y puse la denuncia y al muy cabrón le pillaron a la media hora y me devolvieron todo lo que me robó. Me cogió una foto y prometió que si le denunciaba me buscaría y me mataría. Y ahora recibo una carta del juzgado, diciéndome que si voy a reclamar daños, ponerme en las manos del tribunal, negarme a pedir compensaciones o pasar de todo, en cuyo caso ejercitarían una acción civil, pero como los cargos imputados no son especialmente graves, no se realizará acción civil alguna.
La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.
¿Nos gusta? ¿No?
Pues la quitamos.
Lo mismo da. Lo peor de todo es que si voy a juicio, y si el abogado del mamón que me atracó es un poco habilidoso, pueden conseguir mi dirección.
¿Y así esperan que vaya a juicio? Con el riesgo de que se filtren mis datos personales, ¿no? Peor, de que me sigan desde mi casa y hagan daño a otras personas que aprecio y quiero, ¿eh?
Mierda de justicia...
No penséis mal de los polis. La mayoría salen a hacer su trabajo y en ocasiones se tropiezan con los prejuicios de la gente. Hay malos policías, pero la mayoría sólo intentan hacer bien su trabajo.
Pero si el otro brazo de la ley, el poder judicial, falla... ¿de qué sirve?
Pues para nada.
¿O esperabais una contestación aguda o una solución?
Seth Fortuyn, indignado con la justicia de Dios y la justicia del hombre, y con cualquier tipo de justicia que acabe con los efectos en lugar de perseguir las causas...
Me amenazó, y cuando me cogió todo lo que quería me dijo que si quería vivir o quería morir. A pesar de mi pesimismo, siempre eligiría la vida.
Tuve miedo.
Y puse la denuncia y al muy cabrón le pillaron a la media hora y me devolvieron todo lo que me robó. Me cogió una foto y prometió que si le denunciaba me buscaría y me mataría. Y ahora recibo una carta del juzgado, diciéndome que si voy a reclamar daños, ponerme en las manos del tribunal, negarme a pedir compensaciones o pasar de todo, en cuyo caso ejercitarían una acción civil, pero como los cargos imputados no son especialmente graves, no se realizará acción civil alguna.
La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.
¿Nos gusta? ¿No?
Pues la quitamos.
Lo mismo da. Lo peor de todo es que si voy a juicio, y si el abogado del mamón que me atracó es un poco habilidoso, pueden conseguir mi dirección.
¿Y así esperan que vaya a juicio? Con el riesgo de que se filtren mis datos personales, ¿no? Peor, de que me sigan desde mi casa y hagan daño a otras personas que aprecio y quiero, ¿eh?
Mierda de justicia...
No penséis mal de los polis. La mayoría salen a hacer su trabajo y en ocasiones se tropiezan con los prejuicios de la gente. Hay malos policías, pero la mayoría sólo intentan hacer bien su trabajo.
Pero si el otro brazo de la ley, el poder judicial, falla... ¿de qué sirve?
Pues para nada.
¿O esperabais una contestación aguda o una solución?
Seth Fortuyn, indignado con la justicia de Dios y la justicia del hombre, y con cualquier tipo de justicia que acabe con los efectos en lugar de perseguir las causas...
La distancia (echarte de menos)
El tiempo y el espacio parecen fundirse cuando deseas llegar a un sitio o alcanzar un día concreto.
Quiero decir que el tiempo desaparece al ir de un lugar a otro con la mente despejada, y la distancia recorrida poco importa aunque se camine durante horas si la compañía es buena.
Cuento los días, borro mis pasos. Como el Nasdedrín (se escribía así?lo siento si no está bien escrito), un sabio de las leyendas turcas, que viajaba a lomos de una mula (o un burro, o un caballo... un equino sin duda alguna) mirando hacia atrás... ¿y por qué? Para contemplar lo que había hecho y lo que dejaba, porque al fin y al cabo lo que tiene por delante depende de Alá.
Espero que los fines de semana lleguen pronto (supongo que como todo el mundo), pero ahora tengo motivos más poderosos.
A veces miro mi diario, ese que escribí hace años. Estaba loco.
Lo puedo jurar.
Hablaba de cosas como esta:
Tengo mucho pelo en la cabeza... ¿y si me prendo fuego a la cabeza?
Sin móvil, dejas de existir.
La vida es como un pelo en el inodoro: tarde o temprano se te mean encima.
Y ahora leo todas estas cosas y no sé si llorar o ponerme a reír de forma histérica, como cuando ves que una avioneta se estrella contra una furgoneta llena de bebés foca.
El último día de diciembre de 2004 escribí en mi diario:
Tienes que haber conseguido:
- Novia
- Publicar algo de lo que escribes.
- Estar en la universidad.
Si has conseguido dos de tres, felicidades, tu vida empieza a merecer la pena [...] pero si no has conseguido ninguna, pégate un tiro porque tu vida no vale nada. Verás, cuando el agua no fluye, se estanca y empieza a pudrirse y a oler mal.
Y tu vida comienza a desprender cierto tufillo...
Bien, pues la verdad es que sigo atrapado en el instituto, aunque todo parece indicar que este será el último año... estoy aprobando casi todo. Mardita física...
Publicar, sin contar los medios gratuitos como este, la verdad es que no he conseguido nada. Cada vez que cuelo un relato en una revista o un guión de cómic, la editorial cierra. En ese sentido, sigo siendo un poco gafe. Además, encuentro problemas para registrar mis obras... sigh.
Pero novia... ah, mi yo pasado no me puede pillar ahí. Estoy muy bien acompañado, y no porque la vea todos los días, a esa poderosa presencia que me da fuerzas cuando me faltan (pequeña pirada de pinza, deberíais acostumbraros...). A veces intento recordar su olor dulce al borde de la lengua, o cómo es abrazarla, y recuerdo mis labios húmedos... pero no olvido su cara.
No puedo creer que Dios juegue a los dados con el cosmos. Lo dijo Albert Einstein una vez. Pues yo creo que sí. Que a veces me ha tocado unos ojos de serpiente, pero que por una vez en la vida me ha tocado un siete bien bonito.
Chicos, las probabilidades de acabar con esta chica eran casi nulas. Las mismas de que un espermatozoide determinado alcance el óvulo en una fecha concreta. Conocerla, y que salgamos juntos, es un milagro comparable a convertir el aire en oro.
Es un milagro cuántico.
Es mi milagro.
Seth Fortuyn,
meloso otra vez.
Quiero decir que el tiempo desaparece al ir de un lugar a otro con la mente despejada, y la distancia recorrida poco importa aunque se camine durante horas si la compañía es buena.
Cuento los días, borro mis pasos. Como el Nasdedrín (se escribía así?lo siento si no está bien escrito), un sabio de las leyendas turcas, que viajaba a lomos de una mula (o un burro, o un caballo... un equino sin duda alguna) mirando hacia atrás... ¿y por qué? Para contemplar lo que había hecho y lo que dejaba, porque al fin y al cabo lo que tiene por delante depende de Alá.
Espero que los fines de semana lleguen pronto (supongo que como todo el mundo), pero ahora tengo motivos más poderosos.
A veces miro mi diario, ese que escribí hace años. Estaba loco.
Lo puedo jurar.
Hablaba de cosas como esta:
Tengo mucho pelo en la cabeza... ¿y si me prendo fuego a la cabeza?
Sin móvil, dejas de existir.
La vida es como un pelo en el inodoro: tarde o temprano se te mean encima.
Y ahora leo todas estas cosas y no sé si llorar o ponerme a reír de forma histérica, como cuando ves que una avioneta se estrella contra una furgoneta llena de bebés foca.
El último día de diciembre de 2004 escribí en mi diario:
Tienes que haber conseguido:
- Novia
- Publicar algo de lo que escribes.
- Estar en la universidad.
Si has conseguido dos de tres, felicidades, tu vida empieza a merecer la pena [...] pero si no has conseguido ninguna, pégate un tiro porque tu vida no vale nada. Verás, cuando el agua no fluye, se estanca y empieza a pudrirse y a oler mal.
Y tu vida comienza a desprender cierto tufillo...
Bien, pues la verdad es que sigo atrapado en el instituto, aunque todo parece indicar que este será el último año... estoy aprobando casi todo. Mardita física...
Publicar, sin contar los medios gratuitos como este, la verdad es que no he conseguido nada. Cada vez que cuelo un relato en una revista o un guión de cómic, la editorial cierra. En ese sentido, sigo siendo un poco gafe. Además, encuentro problemas para registrar mis obras... sigh.
Pero novia... ah, mi yo pasado no me puede pillar ahí. Estoy muy bien acompañado, y no porque la vea todos los días, a esa poderosa presencia que me da fuerzas cuando me faltan (pequeña pirada de pinza, deberíais acostumbraros...). A veces intento recordar su olor dulce al borde de la lengua, o cómo es abrazarla, y recuerdo mis labios húmedos... pero no olvido su cara.
No puedo creer que Dios juegue a los dados con el cosmos. Lo dijo Albert Einstein una vez. Pues yo creo que sí. Que a veces me ha tocado unos ojos de serpiente, pero que por una vez en la vida me ha tocado un siete bien bonito.
Chicos, las probabilidades de acabar con esta chica eran casi nulas. Las mismas de que un espermatozoide determinado alcance el óvulo en una fecha concreta. Conocerla, y que salgamos juntos, es un milagro comparable a convertir el aire en oro.
Es un milagro cuántico.
Es mi milagro.
Seth Fortuyn,
meloso otra vez.
Qué puedo decir...
... excepto que aquello que sentía que me faltaba lo acabo de conseguir, y me siento feliz.
Por una vez, me siento mudo, y no sé que decir.
Tengo suerte.
Tengo mucha suerte de estar con esa persona.
Sin palabras.
Seth Fortuyn, charlatán sin palabras.
En el país de la dialéctica, el mudo es el rey.
Por una vez, me siento mudo, y no sé que decir.
Tengo suerte.
Tengo mucha suerte de estar con esa persona.
Sin palabras.
Seth Fortuyn, charlatán sin palabras.
En el país de la dialéctica, el mudo es el rey.





