Operación: Pie
Hoy, ya por fin, me han quitado ese molesto bulto del pie. Después de mes y medio deambulando por la clínica mendigando que me lo quitaran, me han hecho caso y han resuelto arrancarme ese bulto.
He llegado a la consulta y estaba un poco nervioso. llega el médico y me dice que pase a otra sala donde tienen preparada una silla de estas reclinables médicas, y me siento y me dicen, descubre el pie con el bulto.
ahora no sabréis a qué viene, pero os diré que sólo desayuno un tazón de leche desnatada.
Mira el pie, y yo observando, y me empieza a pinchar con la aguja de la anestesia y a suministrármela, y el bulto se hincha un poco y todo. llega un momento en que no siento nada en el pie. empieza la operación.
qué ridículo.
yo evito mirar a toda costa, pero los nervios me traicionan y acabo mareándome y estoy incluso a punto de potar allí, con una incisión en el pie... y yo notaba cómo se rasgaba la piel, y cómo el doctor rascaba para sacar el bulto.
qué hambre me entró de pronto. me mareé y me tuvieron que acostar.
me quitan el bulto de una puta vez, me lo enseñan, digo que si me lo puedo quedar y me contestan que lo van a mandar a laboratorio, porque a lo mejor es un tumor que crece junto a los tendones, y puede salir otro o vete a saber qué.
me cosen y me incorporo, y veo mi pie y los puntos, y el cabrón del médico, así, sin avisar y sólo por echarse unas risas, aprieta la costura y sale un chorro de sangre.
puagh.
a todo esto, yo no sabía ya en qué pensar. estaba pensando sobre todo en la baja y en mi novia...
en fin, que ya no hay bulto. ahora hay una herida, puntos, vendas y un dolor como por el rabillo del ojo que todavía no está definido y que ya crecerá según se pase la anestesia.
y no, de mayor no quiero ser un puto médico.
Seth Fortuyn, volviendo a escribir como terapia para superar una gilipollez tan nimia.
He llegado a la consulta y estaba un poco nervioso. llega el médico y me dice que pase a otra sala donde tienen preparada una silla de estas reclinables médicas, y me siento y me dicen, descubre el pie con el bulto.
ahora no sabréis a qué viene, pero os diré que sólo desayuno un tazón de leche desnatada.
Mira el pie, y yo observando, y me empieza a pinchar con la aguja de la anestesia y a suministrármela, y el bulto se hincha un poco y todo. llega un momento en que no siento nada en el pie. empieza la operación.
qué ridículo.
yo evito mirar a toda costa, pero los nervios me traicionan y acabo mareándome y estoy incluso a punto de potar allí, con una incisión en el pie... y yo notaba cómo se rasgaba la piel, y cómo el doctor rascaba para sacar el bulto.
qué hambre me entró de pronto. me mareé y me tuvieron que acostar.
me quitan el bulto de una puta vez, me lo enseñan, digo que si me lo puedo quedar y me contestan que lo van a mandar a laboratorio, porque a lo mejor es un tumor que crece junto a los tendones, y puede salir otro o vete a saber qué.
me cosen y me incorporo, y veo mi pie y los puntos, y el cabrón del médico, así, sin avisar y sólo por echarse unas risas, aprieta la costura y sale un chorro de sangre.
puagh.
a todo esto, yo no sabía ya en qué pensar. estaba pensando sobre todo en la baja y en mi novia...
en fin, que ya no hay bulto. ahora hay una herida, puntos, vendas y un dolor como por el rabillo del ojo que todavía no está definido y que ya crecerá según se pase la anestesia.
y no, de mayor no quiero ser un puto médico.
Seth Fortuyn, volviendo a escribir como terapia para superar una gilipollez tan nimia.
El Botellón
Cuando en el futuro se nos mire con ojos vidriosos y subjetivos por encima del hombro, reconociéndonos la invención de nuevas formas de practicar sexo para mostrarlas por Internet, la tala de árboles indiscriminada, el agujero de la capa de ozono y el disco del verano, de vez en cuando se verá obligada a dejar los insultos de lado para señalar algunos logros. No hablo de un hombre con un pie en la Luna, ni de los milagros de la medicina, hablo de algo que va tan a contracorriente como el botellón.
¿Fenómeno de masas o simple oportunismo de los medios? A primera vista, el botellón parece el nuevo gran enemigo a batir después de La Ruta del Bakalao, algo que rellenará espacios informativos hasta que algún pringado busque una forma más llamativa de autodestruirse. La idea que se vende es que los jóvenes bebemos hasta perder el conocimiento, y medio inconscientes, con los sentidos adormecidos por el alcohol, esperamos tener la suerte de que una ambulancia nos atropelle para tratar un seguro coma etílico. Suciedad, ruidos, gente arrastrándose por el suelo... ¿no hay algo común en estos conceptos? Sí. Los tres están vistos desde arriba. La suciedad se convierte en botellas, los ruidos, en personas que exponen su opinión.
En numerosos reportajes (se ensañaron especialmente en Telemadrid) mostraban tontitos y sacrílegos gramaticales haciendo el imbécil en mitad de las calles, y cómo no, la basura que se deja a continuación. No entendía mucho la razón de ser de estos reportajes, porque no retrataban a esos chavales como realmente eran: soy el primero en reconocer que delante de una cámara me comportaría como un imbécil. En un botellón se produce lo que no se consigue en una discoteca, o jugando a la consola en casa con amigos y una pizza: comunicación. Puedes beber, destrozar papeleras, mear junto a un árbol, pero básicamente, lo que más vas a hacer es hablar. ¡En conversaciones sostenidas a lo largo de horas! Quizá podría molestar que intercambiemos opiniones; al fin y al cabo, el espíritu que se nos imprime a través del capitalismo es justo el espíritu de grupo: muchas personas pensando lo mismo, convences a una para comprar algo, y ya tienes diez clientes.
Es posible que, después de todo, los problemas que surgen del botellón no sean más que el típico juego de roles: los jóvenes nos comportamos en ocasiones como niñatos, y los vecinos como padres protectores. ¿Y de quién es la culpa? De todos, y lo digo como suena. No soporto esa gente que, por tener alcohol en la sangre, cree tener licencia para gritar y hacer el bestia. Tampoco es de mi agrado los que dejan la basura por el suelo, porque están en la calle, y qué demonios, ya hay barrenderos ¿no? O los que tocan los bongos, una subespecie que, por lo que a mí respecta, es más de la familia de los hongos, pues aunque nadie parece quererles, acaban surgiendo en una esquina, sus ojos entrecerrados, sintiendo una música a la que sólo ellos, en sus destartalados cerebros, encuentran sentido. Estos tarados empañan el fenómeno del botellón. Los tarados frustran cualquier revolución, ya quedó demostrado cuando toda una generación aprovechó el fin de la dictadura de Franco, no como fuente de un cambio social, sino como la música de fondo para llenarse los bolsillos o pasar de largo.
Ay, los vecinos, qué podremos decir de ellos. Pobres. Doble acristalamiento, y aun así pueden oír las vomitonas y, como no, los malditos bongos. Una vez, un eructo nos dejó estas grietas en el techo, dice una señora mayor. Su marido responde que no es el mismo desde que vio para qué puede valer un portal oscuro... Entiendo ese malestar. De verdad, yo sería el primero en quejarme, ¿pero algunos no se estarán quejando por vicio? Con lo que gusta criticar. Es posible que moleste ver a otros pasándolo en grande un viernes cuando a la mañana siguiente toca madrugar.
Por eso, ahí va mi sugerencia. A los que hacemos botellón, moderar el sonido, erradicar los bongos, y comportarnos como personas y no como toros embravecidos. Limpiar la suciedad, recoger todo y depositarlo en bolsas, y las bolsas directas al contenedor. Y los vecinos, que confíen un poco. Y que si quieren, bajen a tomar algo. Es gratis, se lo merecen: gracias por dejar que nos reunamos allí.
Seth Fortuyn, borracho, de vez en cuando y cada vez menos...
¿Fenómeno de masas o simple oportunismo de los medios? A primera vista, el botellón parece el nuevo gran enemigo a batir después de La Ruta del Bakalao, algo que rellenará espacios informativos hasta que algún pringado busque una forma más llamativa de autodestruirse. La idea que se vende es que los jóvenes bebemos hasta perder el conocimiento, y medio inconscientes, con los sentidos adormecidos por el alcohol, esperamos tener la suerte de que una ambulancia nos atropelle para tratar un seguro coma etílico. Suciedad, ruidos, gente arrastrándose por el suelo... ¿no hay algo común en estos conceptos? Sí. Los tres están vistos desde arriba. La suciedad se convierte en botellas, los ruidos, en personas que exponen su opinión.
En numerosos reportajes (se ensañaron especialmente en Telemadrid) mostraban tontitos y sacrílegos gramaticales haciendo el imbécil en mitad de las calles, y cómo no, la basura que se deja a continuación. No entendía mucho la razón de ser de estos reportajes, porque no retrataban a esos chavales como realmente eran: soy el primero en reconocer que delante de una cámara me comportaría como un imbécil. En un botellón se produce lo que no se consigue en una discoteca, o jugando a la consola en casa con amigos y una pizza: comunicación. Puedes beber, destrozar papeleras, mear junto a un árbol, pero básicamente, lo que más vas a hacer es hablar. ¡En conversaciones sostenidas a lo largo de horas! Quizá podría molestar que intercambiemos opiniones; al fin y al cabo, el espíritu que se nos imprime a través del capitalismo es justo el espíritu de grupo: muchas personas pensando lo mismo, convences a una para comprar algo, y ya tienes diez clientes.
Es posible que, después de todo, los problemas que surgen del botellón no sean más que el típico juego de roles: los jóvenes nos comportamos en ocasiones como niñatos, y los vecinos como padres protectores. ¿Y de quién es la culpa? De todos, y lo digo como suena. No soporto esa gente que, por tener alcohol en la sangre, cree tener licencia para gritar y hacer el bestia. Tampoco es de mi agrado los que dejan la basura por el suelo, porque están en la calle, y qué demonios, ya hay barrenderos ¿no? O los que tocan los bongos, una subespecie que, por lo que a mí respecta, es más de la familia de los hongos, pues aunque nadie parece quererles, acaban surgiendo en una esquina, sus ojos entrecerrados, sintiendo una música a la que sólo ellos, en sus destartalados cerebros, encuentran sentido. Estos tarados empañan el fenómeno del botellón. Los tarados frustran cualquier revolución, ya quedó demostrado cuando toda una generación aprovechó el fin de la dictadura de Franco, no como fuente de un cambio social, sino como la música de fondo para llenarse los bolsillos o pasar de largo.
Ay, los vecinos, qué podremos decir de ellos. Pobres. Doble acristalamiento, y aun así pueden oír las vomitonas y, como no, los malditos bongos. Una vez, un eructo nos dejó estas grietas en el techo, dice una señora mayor. Su marido responde que no es el mismo desde que vio para qué puede valer un portal oscuro... Entiendo ese malestar. De verdad, yo sería el primero en quejarme, ¿pero algunos no se estarán quejando por vicio? Con lo que gusta criticar. Es posible que moleste ver a otros pasándolo en grande un viernes cuando a la mañana siguiente toca madrugar.
Por eso, ahí va mi sugerencia. A los que hacemos botellón, moderar el sonido, erradicar los bongos, y comportarnos como personas y no como toros embravecidos. Limpiar la suciedad, recoger todo y depositarlo en bolsas, y las bolsas directas al contenedor. Y los vecinos, que confíen un poco. Y que si quieren, bajen a tomar algo. Es gratis, se lo merecen: gracias por dejar que nos reunamos allí.
Seth Fortuyn, borracho, de vez en cuando y cada vez menos...
YO QUIERO UN GRUPO DE COMUNICACIÓN
Es realmente asqueroso el panorama que se ha estado gestando en España durante estos años, en lo que respecta al sector de la comunicación. Porque, si no había suficiente con que el PSOE dependiera del Grupo Prisa, ahora la derecha de este país no podría ser menos y el PP puede presumir desde hace un tiempo de contar a su lado con el Grupo Recoletos, al menos una parte bien importante de él.
Lo peor de la política de España es que no sabemos ni conspirar ni manipular como Dios manda. Es como si el titiritero, en vez de usar hilos apenas perceptibles, usara gruesas cuerdas de esparto fosforescente.
Lamentablemente, en mi casa se compra El Mundo, y lo cierto es que desde que el PSOE está en el poder, cada vez es peor lo que nos vomita diariamente ese periódico, el segundo más leído en nuestro país.
Empezó apenas un par de días después de las elecciones, cuando el inefable Pedro J. Ramirez coló en la sección de Nacional una noticia en la que pedía prudencia a Aznar a la hora de salir del cargo. Lo que faltaba. Podemos admitir que Pedro J. es una figura pública, pero sabemos de sobra que es el alma máter del periódico, y una noticia de ese calibre fuera de la sección de opinión es absurda.
Pero estos dos últimos meses la cosa está llegando ya al nivel de insoportable. Han decidido que no era suficiente con sus dos payasos tristes, Jiménez Losantos y Raúl del Pozo, payasos digo, de un circo sin carpa. Risas garantizadas, leer sus columnas y el contínuo peloteo que se dedican a la hora de ningunear a ZP. Y no digo yo que no haya que criticar, pero sobre todo en el caso del señor del Pozo, la cosa es bien grave. Es befa, mofa y escarnio, y victimismo de la derecha, pobre derecha, qué habrá hecho para merecerse ese trato.
Manipular como Dios manda, por eso íbamos. Analicemos un poco los acontecimientos más recientes y cómo se reflejan en El Mundo.
- La gala de los Goya, en el que el victimismo de la Iglesia, como si hubieran sido siempre inocentes, se refleja en sus quejas a que Mar Adentro acaparara la mayoría de los premios. Vamos por partes. Amenábar es, probablemente, el mejor cineasta español de la última década, por su distanciamiento de los temas acostumbrados... es raro que todavía no haya hecho una película de la Guerra Civil, ¿no? Y hace una preciosa película sobre Sampedro, y un manifiesto a la vida, y al derecho a acabar con ella cuando se quiera.
Hay muchas cuestiones acerca de la Iglesia... la primera, que nos restriegan continuamente el Pecado Original y toda esa mierda, pecadores desde que nacemos, y hay que ganarse el perdón, pero en cuanto a sus propios errores, sí, lo sentimos, venga, vamos a olvidar... esto, ¿has visto a esa Virgen volando? Justo ahí... No nos merecemos esto, jo.
Estais pidiendo que la gente folle sin condón.
Estais condenando a un pobre viejo a que siga trabajando, porque tenéis miedo de que sea vuestro último Papa, al menos público.
Estais pasados de moda, y cada vez os rechaza más gente.
Y lo de la eutanasia ya es la repera. Mucho libre albedrío, pero a la hora de decidir sobre nuestra vida, está bien que Dios nos mate de una sífilis gargantuesca de misionero en Camboya, pero que nos quitemos nuestra vida porque ya no queremos seguir, eso sí que no, la vida es un don divino y quitárnosla es negar a Dios. Gilipolleces. Libre albedrío se aplica a todo, incluso al derecho a matarme si eso me va a hacer menos desafortunado. Y si no, que Dios se lo hubiera pensado dos veces antes de permitir que mi padre retozara sobre mi madre.
- Leer el periódico gratuito Qué! es garantía de paranoia. La mitad de sus primeras páginas son catastrofistas, y eso siendo optimistas. Si madrugara, si mi boca supiera a cemento mezclado con café y tuviera las ojeras del color del trasero de un oso, lo que menos querría leer de camino a mi mierda de curro o universidad o lo que fuera es que vivo rodeado de cáncer. Dime que Irak está hecho una mierda, o que la Constitución Europea es un mal menor, pero no me digas que mi cómodo y confortable hogar acabará matándome. Maldita sea, el café ya me puede provocar un puto cáncer de estómago o algo así, gracias. Y adentrándonos en el periódico, esa maravillosa neutralidad del 20 minutos (el mejor periódico que se publica en la actualidad) se ve reducida a poco menos que escombros. Por arte de magia, la mitad de las cartas de los lectores van en contra del gobierno socialista, y en un recuadro bien vistoso, los blogs más visitados o los más interesantes son, casualmente, los que arremeten alegremente contra ZP. Ups, qué casualidad.
- Y luego, como si no nos diéramos cuenta, esas noticias de interés humano que no son otra cosa que una forma disimulada de hacer campaña. Tomemos el Magazine de este domingo, sin ir más lejos. La noticia de esa famosa instantánea en la que un cura intentaba detener un chute de un compañero, y que fue homenajeada en la película La Mala Educación. Nos adentramos, nos aseguran que el encuentro con los protagonistas ha sido fortuito (y yo que me lo creo), y el cura-portero no tarda en lamentarse de la terrible situación que vive la pobre Iglesia en la actualidad, que son perseguidos por ese malo, malo, malo gobierno de izquierdas que pretende socavar la reserva espiritual de occidente. Además, la frase en la que se lamenta de ello está bien resaltada, que se vea. Chicos, esto es manipulación encubierta. Donde veis una noticia de interés humano, el emotivo reencuentro de los protagonistas de esa foto, yo veo el verdadero motivo del reportaje: criticar la política socialista respecto a la Iglesia. Una política, por cierto, que se me antoja acertada, e incluso blanda en muchos aspectos.
Y con noticias así se pretende que la opinión popular vire hacia donde se quiere.
Pero ojo, es muy posible que en el País también se den estas cosas.
Pero yo no lo compro.
Seth Fortuyn, "mi idea de imparcialidad es meterme con todas las partes implicadas, porque ninguna me merece respeto".
Lo peor de la política de España es que no sabemos ni conspirar ni manipular como Dios manda. Es como si el titiritero, en vez de usar hilos apenas perceptibles, usara gruesas cuerdas de esparto fosforescente.
Lamentablemente, en mi casa se compra El Mundo, y lo cierto es que desde que el PSOE está en el poder, cada vez es peor lo que nos vomita diariamente ese periódico, el segundo más leído en nuestro país.
Empezó apenas un par de días después de las elecciones, cuando el inefable Pedro J. Ramirez coló en la sección de Nacional una noticia en la que pedía prudencia a Aznar a la hora de salir del cargo. Lo que faltaba. Podemos admitir que Pedro J. es una figura pública, pero sabemos de sobra que es el alma máter del periódico, y una noticia de ese calibre fuera de la sección de opinión es absurda.
Pero estos dos últimos meses la cosa está llegando ya al nivel de insoportable. Han decidido que no era suficiente con sus dos payasos tristes, Jiménez Losantos y Raúl del Pozo, payasos digo, de un circo sin carpa. Risas garantizadas, leer sus columnas y el contínuo peloteo que se dedican a la hora de ningunear a ZP. Y no digo yo que no haya que criticar, pero sobre todo en el caso del señor del Pozo, la cosa es bien grave. Es befa, mofa y escarnio, y victimismo de la derecha, pobre derecha, qué habrá hecho para merecerse ese trato.
Manipular como Dios manda, por eso íbamos. Analicemos un poco los acontecimientos más recientes y cómo se reflejan en El Mundo.
- La gala de los Goya, en el que el victimismo de la Iglesia, como si hubieran sido siempre inocentes, se refleja en sus quejas a que Mar Adentro acaparara la mayoría de los premios. Vamos por partes. Amenábar es, probablemente, el mejor cineasta español de la última década, por su distanciamiento de los temas acostumbrados... es raro que todavía no haya hecho una película de la Guerra Civil, ¿no? Y hace una preciosa película sobre Sampedro, y un manifiesto a la vida, y al derecho a acabar con ella cuando se quiera.
Hay muchas cuestiones acerca de la Iglesia... la primera, que nos restriegan continuamente el Pecado Original y toda esa mierda, pecadores desde que nacemos, y hay que ganarse el perdón, pero en cuanto a sus propios errores, sí, lo sentimos, venga, vamos a olvidar... esto, ¿has visto a esa Virgen volando? Justo ahí... No nos merecemos esto, jo.
Estais pidiendo que la gente folle sin condón.
Estais condenando a un pobre viejo a que siga trabajando, porque tenéis miedo de que sea vuestro último Papa, al menos público.
Estais pasados de moda, y cada vez os rechaza más gente.
Y lo de la eutanasia ya es la repera. Mucho libre albedrío, pero a la hora de decidir sobre nuestra vida, está bien que Dios nos mate de una sífilis gargantuesca de misionero en Camboya, pero que nos quitemos nuestra vida porque ya no queremos seguir, eso sí que no, la vida es un don divino y quitárnosla es negar a Dios. Gilipolleces. Libre albedrío se aplica a todo, incluso al derecho a matarme si eso me va a hacer menos desafortunado. Y si no, que Dios se lo hubiera pensado dos veces antes de permitir que mi padre retozara sobre mi madre.
- Leer el periódico gratuito Qué! es garantía de paranoia. La mitad de sus primeras páginas son catastrofistas, y eso siendo optimistas. Si madrugara, si mi boca supiera a cemento mezclado con café y tuviera las ojeras del color del trasero de un oso, lo que menos querría leer de camino a mi mierda de curro o universidad o lo que fuera es que vivo rodeado de cáncer. Dime que Irak está hecho una mierda, o que la Constitución Europea es un mal menor, pero no me digas que mi cómodo y confortable hogar acabará matándome. Maldita sea, el café ya me puede provocar un puto cáncer de estómago o algo así, gracias. Y adentrándonos en el periódico, esa maravillosa neutralidad del 20 minutos (el mejor periódico que se publica en la actualidad) se ve reducida a poco menos que escombros. Por arte de magia, la mitad de las cartas de los lectores van en contra del gobierno socialista, y en un recuadro bien vistoso, los blogs más visitados o los más interesantes son, casualmente, los que arremeten alegremente contra ZP. Ups, qué casualidad.
- Y luego, como si no nos diéramos cuenta, esas noticias de interés humano que no son otra cosa que una forma disimulada de hacer campaña. Tomemos el Magazine de este domingo, sin ir más lejos. La noticia de esa famosa instantánea en la que un cura intentaba detener un chute de un compañero, y que fue homenajeada en la película La Mala Educación. Nos adentramos, nos aseguran que el encuentro con los protagonistas ha sido fortuito (y yo que me lo creo), y el cura-portero no tarda en lamentarse de la terrible situación que vive la pobre Iglesia en la actualidad, que son perseguidos por ese malo, malo, malo gobierno de izquierdas que pretende socavar la reserva espiritual de occidente. Además, la frase en la que se lamenta de ello está bien resaltada, que se vea. Chicos, esto es manipulación encubierta. Donde veis una noticia de interés humano, el emotivo reencuentro de los protagonistas de esa foto, yo veo el verdadero motivo del reportaje: criticar la política socialista respecto a la Iglesia. Una política, por cierto, que se me antoja acertada, e incluso blanda en muchos aspectos.
Y con noticias así se pretende que la opinión popular vire hacia donde se quiere.
Pero ojo, es muy posible que en el País también se den estas cosas.
Pero yo no lo compro.
Seth Fortuyn, "mi idea de imparcialidad es meterme con todas las partes implicadas, porque ninguna me merece respeto".
ESOS DÍAS DEL FIN DEL MUNDO
Los días del fin del mundo son esos días en los que todo parece salirte bien, o eres tan feliz que te entran ganas de decir: si el mundo se acabara ahora, que me jodan de lado si no iría al otro barrio con una sonrisa.
Esos días en los que, cuando un piano de cola está a punto de aplastarte, una vieja asoma la cabeza y desvía el piano de su trayectoria, y no eres tú el que acaba aplastado sino el cura y el perro nervioso del cura, ese que antes de hacerte la primera comunión te obligó a rezar veinte padre nuestros por decirle que empezabas a machacártela.
Días del fin del mundo. Éste sábado lo ha sido para mí, me sentí feliz todo el día y nada me hubiera podido arrancar la sonrisa de mi cara. Estaba en una nube, mirando por encima esos "tristes" anuncios de compresas.
Fui al cine, vi una peli muy bien acompañado, y no sé por qué, me vino una canción a la cabeza. A lo mejor no os suena el grupo, se llama Dave Matthews Band, el disco Before These Crowded Streets. La canción, Stay (Wasting Time):
"For a moment this good time would never end
You and me
You and me
Just wasting time
I was kissing you
You were kissing me love
From good day into a moonlight
Now a night so fine
Makes us wanna stay, stay, stay, stay for awhile"
----
"Por un momento esta buena época no acabaría nunca
Tú y yo
Tú y yo
Perdiendo el tiempo
Te besaba
Me besabas, cariño
De un buen día a la luz de la luna
Ahora una noche tan buena
Nos hace querer quedarnos, quedarnos, quedarnos, quedarnos por un momento"
Y luego me despedí de mi novia, y me fui a currar. Era de noche, las 21:45, y ella me dijo que ojalá no me fuera a currar y yo también lo deseé.
Al principio, pensé que mi horario era cojonudo, estudio por la tarde, curro por la noche, la mañana libre. Ahora me jode tener que irme a las 21:30 a currar.
A lo que iba es que este sábado, un piano de cola caido de un quinto piso me hubiera rebotado en la cabeza, de lo contento que estaba.
Y sí, hubiera aplastado a un cura y a su perro o a una vieja.
¿Suena cursi? Soy feliz. No tengo ni el salario mínimo y me siento como un millonario.
Seth Fortuyn, sonriendo.
Esos días en los que, cuando un piano de cola está a punto de aplastarte, una vieja asoma la cabeza y desvía el piano de su trayectoria, y no eres tú el que acaba aplastado sino el cura y el perro nervioso del cura, ese que antes de hacerte la primera comunión te obligó a rezar veinte padre nuestros por decirle que empezabas a machacártela.
Días del fin del mundo. Éste sábado lo ha sido para mí, me sentí feliz todo el día y nada me hubiera podido arrancar la sonrisa de mi cara. Estaba en una nube, mirando por encima esos "tristes" anuncios de compresas.
Fui al cine, vi una peli muy bien acompañado, y no sé por qué, me vino una canción a la cabeza. A lo mejor no os suena el grupo, se llama Dave Matthews Band, el disco Before These Crowded Streets. La canción, Stay (Wasting Time):
"For a moment this good time would never end
You and me
You and me
Just wasting time
I was kissing you
You were kissing me love
From good day into a moonlight
Now a night so fine
Makes us wanna stay, stay, stay, stay for awhile"
----
"Por un momento esta buena época no acabaría nunca
Tú y yo
Tú y yo
Perdiendo el tiempo
Te besaba
Me besabas, cariño
De un buen día a la luz de la luna
Ahora una noche tan buena
Nos hace querer quedarnos, quedarnos, quedarnos, quedarnos por un momento"
Y luego me despedí de mi novia, y me fui a currar. Era de noche, las 21:45, y ella me dijo que ojalá no me fuera a currar y yo también lo deseé.
Al principio, pensé que mi horario era cojonudo, estudio por la tarde, curro por la noche, la mañana libre. Ahora me jode tener que irme a las 21:30 a currar.
A lo que iba es que este sábado, un piano de cola caido de un quinto piso me hubiera rebotado en la cabeza, de lo contento que estaba.
Y sí, hubiera aplastado a un cura y a su perro o a una vieja.
¿Suena cursi? Soy feliz. No tengo ni el salario mínimo y me siento como un millonario.
Seth Fortuyn, sonriendo.
GEORGE W. BUSH, EL TRAVIESO
Puede sonar completamente estúpido, pero aún así me voy a arriesgar a desvelaros un pequeño secreto: a mí Bush hijo nunca me pareció un ogro, un déspota, un tirano. Siempre le he visto como un niño de nueve años que vuela una cometa de colores bajo un fuerte viento. Sí, con pantalones cortos, el pelo corto y con raya a un lado, la camiseta de Superman y playeras viejas y embarradas con los cordones desatados. Quiero decir que le veo como un ser inocente e inherentemente estúpido, helándose los huesos para ver un objeto simple aunque visualmente atractivo surcar el aire.
Es posible que ahora vengan las risas, y no puedo reprochároslo, porque visto por encima mi retrato del amo del mundo es, como mínimo, desmitificador. Si a esto asociamos que la élite intelectual de los Estados Unidos ha tenido a bien ponerse de acuerdo para acabar... ¡con un niño de nueve años!, todo esto no os parecerá más que una broma grotesca.
Ahora os lo explico.
Es muy sencillo: cuando Bush afirmaba que había armas de destrucción masiva en Irak, y que había que llevarles la democracia, estaba convencido de ello (dejando aparte el tema del petróleo, claro: un beneficio coyuntural); cuando dijo que el enorme recorte de impuestos a los ricos era en realidad un enorme recorte de los impuestos a las familias americanas, habría jurado que estaba en lo cierto. Cielos, incluso cuando afirmó que, para acabar con los incendios forestales en California, y por extensión para salvar los bosques, había que talarlos, el tipo debería haberse acostado satisfecho de su labor como presidente. Bush, para ser sinceros, es la marioneta más obediente y con la mayor falta de sentido común que hayan podido tener las grandes multinacionales. Ha sido el sueño de los manipuladores, de la gente que siempre ha querido ser el califa en lugar del califa, como Donald Rumsfeld. Es un pelele, un niño agitado por vientos huracanados.
Eso no justifica, por supuesto, su comportamiento. Bush, si tuviera capacidad intelectual para ello, se vería como un salvador maldito, alguien obligado a hacer el mal en nombre de un bien supuestamente mayor. Pero no es tan listo. Sólo le dicen que tal o cual cosa está bien, se la cree a pies juntillas y la lleva a cabo. Y como dijo Chesterton en una ocasión “•Hay una infinidad de ángulos por los que equivocarse, y sólo uno por el que acertar.”: a Bush le hacen creer que acierta, cuando yerra el ángulo constantemente. Su política se basa en la fuerza bruta y el PODER, así, con mayúsculas, para controlar el hilo de una cometa que, en realidad, está siendo zarandeada en su mayoría por su propio brazo político.
Y si ha ganado las elecciones ha sido por la sensación que ha dado durante la campaña de que sólo él puede mantener el imperio americano heredado tanto de F.D. Roosevelt, como de Ronald Reagan. Los americanos quieren sentirse los amos del mundo, y no han interpretado correctamente los hechos de la actualidad. Encerrados en su propia divinidad, no supieron ver que el atentado de las Torres Gemelas les devolvió un pedacito de libertad. Hubiera sido la excusa perfecta para la humildad y la apertura, pero lo fue para la guerra y el cierre de banda.
Observando la situación del mundo, no me siento tranquilo. Perdonadme la expresión, pero no me acuerdo dónde leí que el mundo siempre ha funcionado mediante el sistema de chulos y putas. Y que América ha convertido en putas a todos los demás, manejando incontables hilos en la sombra. Pues bien, con Bush, el antiamericanismo vuelve a estar encendido, y no sólo en Europa. El sionismo musculoso que defienden desde la Segunda Guerra Mundial no hará más que agravar la frágil situación de Oriente Medio. El Imperio está en las manos de un niñato de papá, y hay posibilidades de que caiga durante su mandato por la simple fuerza de la gravedad (parafraseando, de nuevo, a Chesterton). A este ritmo, la cometa acabará en el suelo, y no habrá manera de que alce el vuelo.
¿Quién dejará al niño sin juguete? ¿La Nueva Vieja Europa? ¿El mercado asiático, Japón? Vete a saber, nadie es adivino. De momento, el niño sigue jugando, tan contento él, con una sonrisa inocente en el rostro, y un montón de señores malos ofreciéndole caramelos que siempre acepta.
Seth Fortuyn, bailando sobre las cenizas del señor Wilson, vomitando cada vez que oye las palabras chiquitilicuatrimágicas Doctrina Monroe.
Es posible que ahora vengan las risas, y no puedo reprochároslo, porque visto por encima mi retrato del amo del mundo es, como mínimo, desmitificador. Si a esto asociamos que la élite intelectual de los Estados Unidos ha tenido a bien ponerse de acuerdo para acabar... ¡con un niño de nueve años!, todo esto no os parecerá más que una broma grotesca.
Ahora os lo explico.
Es muy sencillo: cuando Bush afirmaba que había armas de destrucción masiva en Irak, y que había que llevarles la democracia, estaba convencido de ello (dejando aparte el tema del petróleo, claro: un beneficio coyuntural); cuando dijo que el enorme recorte de impuestos a los ricos era en realidad un enorme recorte de los impuestos a las familias americanas, habría jurado que estaba en lo cierto. Cielos, incluso cuando afirmó que, para acabar con los incendios forestales en California, y por extensión para salvar los bosques, había que talarlos, el tipo debería haberse acostado satisfecho de su labor como presidente. Bush, para ser sinceros, es la marioneta más obediente y con la mayor falta de sentido común que hayan podido tener las grandes multinacionales. Ha sido el sueño de los manipuladores, de la gente que siempre ha querido ser el califa en lugar del califa, como Donald Rumsfeld. Es un pelele, un niño agitado por vientos huracanados.
Eso no justifica, por supuesto, su comportamiento. Bush, si tuviera capacidad intelectual para ello, se vería como un salvador maldito, alguien obligado a hacer el mal en nombre de un bien supuestamente mayor. Pero no es tan listo. Sólo le dicen que tal o cual cosa está bien, se la cree a pies juntillas y la lleva a cabo. Y como dijo Chesterton en una ocasión “•Hay una infinidad de ángulos por los que equivocarse, y sólo uno por el que acertar.”: a Bush le hacen creer que acierta, cuando yerra el ángulo constantemente. Su política se basa en la fuerza bruta y el PODER, así, con mayúsculas, para controlar el hilo de una cometa que, en realidad, está siendo zarandeada en su mayoría por su propio brazo político.
Y si ha ganado las elecciones ha sido por la sensación que ha dado durante la campaña de que sólo él puede mantener el imperio americano heredado tanto de F.D. Roosevelt, como de Ronald Reagan. Los americanos quieren sentirse los amos del mundo, y no han interpretado correctamente los hechos de la actualidad. Encerrados en su propia divinidad, no supieron ver que el atentado de las Torres Gemelas les devolvió un pedacito de libertad. Hubiera sido la excusa perfecta para la humildad y la apertura, pero lo fue para la guerra y el cierre de banda.
Observando la situación del mundo, no me siento tranquilo. Perdonadme la expresión, pero no me acuerdo dónde leí que el mundo siempre ha funcionado mediante el sistema de chulos y putas. Y que América ha convertido en putas a todos los demás, manejando incontables hilos en la sombra. Pues bien, con Bush, el antiamericanismo vuelve a estar encendido, y no sólo en Europa. El sionismo musculoso que defienden desde la Segunda Guerra Mundial no hará más que agravar la frágil situación de Oriente Medio. El Imperio está en las manos de un niñato de papá, y hay posibilidades de que caiga durante su mandato por la simple fuerza de la gravedad (parafraseando, de nuevo, a Chesterton). A este ritmo, la cometa acabará en el suelo, y no habrá manera de que alce el vuelo.
¿Quién dejará al niño sin juguete? ¿La Nueva Vieja Europa? ¿El mercado asiático, Japón? Vete a saber, nadie es adivino. De momento, el niño sigue jugando, tan contento él, con una sonrisa inocente en el rostro, y un montón de señores malos ofreciéndole caramelos que siempre acepta.
Seth Fortuyn, bailando sobre las cenizas del señor Wilson, vomitando cada vez que oye las palabras chiquitilicuatrimágicas Doctrina Monroe.
Nieve sobre Madrid
Hace un año yo estaba trabajando en un pub por la noche, de camarero y encargado, y entre otras cosas conseguí un sueño alterado y fracaso escolar. Parece fácil de contar, como llegar al médico, bajarse los pantalones y decir: mire, tengo fimosis, pero no fue una etapa agradable de mi vida.
Allí conocí a esa buena gente desconocida que no estaba atrapada en ninguna mierda de instituto ni universidad, sino currando y con los pies en la vida real, y seguro que algún mamón se atrevería a decir que eran unos fracasados pero yo jamás les vi así.
Y cuando dejé ese apestoso curro de servidumbre y tragaderas, solté lo típico a estas personas: ya nos veremos. Ya ves, como si fueran un ligue de una noche al que no quieres volver a bajar las bragas.
La semana pasada, cuando España sufría los efectos de esa ola de frío, volvía a casa a eso de las doce y media de la noche cuando me encontré con uno de mis ex clientes con el que me llevaba muy bien. Y como hacía frío fuera y yo no tenía prisa por llegar a casa, le dije que si nos íbamos a tomar una copa y aceptó, y a punto estuvo de entrar en el cabaret que hay en el barrio: por suerte yo le metí en otro pub que había cerca, porque como camarero había escuchado ciertas historias del cabaret que no me gustaron nada.
No quiero presumir pero soy un buen oyente... quiero decir, gente que sabe hablar por los codos y lo hace bien, das una patada y salen cientos, pero gente que sepa escuchar hay pocos... voy a dejar el autobombo...
Qué tópico es eso de que los camareros saben escuchar... en realidad no escuchan, sólo asienten, yo escucho para ver si hay alguna historia que merezca contar.
Lo que me contó este hombre al calor de una copa entre semana, es que lo que más le gustaba era la nieve cuando cuajaba, que le recordaba a cuando era pequeño, allí en el País Vasco, ahí tenía yo al hombre, abriéndose ante un semi desconocido como yo, y ese tipo de cosas me llegan al alma.
Su hermana se vino a Madrid, y cuando él llegó a los 16 años, se fue con su hermana y su cuñado le dijo: quédate aquí y haz lo que quieras, pero búscate un trabajo. Y así hizo.
En fin, una hora estuvo hablando el hombre de sus diferentes curros, de cómo había ganado bastante pasta en su día pero que se la había gastado toda, de sus peregrinaciones a lo ancho del país, y en un lado del pub un par de tíos se negaron a pagar la copa y se marcharon pagando, el camarero era un buen tipo, un buen camarero, un tío persuasivo.
Cuando salimos, la nieve caía tímidamente sobre Madrid, y luego nevó un poco más fuerte, pero tampoco demasiado. Pequeños copos salpicaban nuestros abrigos, y el frío de la tarde estaba anestesiado... Y entonces, este ilustre "fracasado" me dijo:
- A mi lo que me gusta de cuando nieva, es que cuaje. Pero es difícil que cuaje en Madrid, porque el asfalto mantiene el calor, y los edificios, y tiene que nevar mucho. Pero ojalá nieve mucho, medio metro de nieve como cuando era pequeño, que salía a la calle y ¿ves? - hacía un gesto que ponía la palma de su mano un poco por encima de la rodilla - hasta aquí me llegaba la nieve. Tiene que cuajar.
- Claro - contesté - ¿para qué iba a nevar si no?
Y nos volvimos a casa.
Seth Fortuyn, intentando demostrar que de vez en cuando es humano, y no un ser maligno capaz de imaginar un gran número de atrocidades.
Allí conocí a esa buena gente desconocida que no estaba atrapada en ninguna mierda de instituto ni universidad, sino currando y con los pies en la vida real, y seguro que algún mamón se atrevería a decir que eran unos fracasados pero yo jamás les vi así.
Y cuando dejé ese apestoso curro de servidumbre y tragaderas, solté lo típico a estas personas: ya nos veremos. Ya ves, como si fueran un ligue de una noche al que no quieres volver a bajar las bragas.
La semana pasada, cuando España sufría los efectos de esa ola de frío, volvía a casa a eso de las doce y media de la noche cuando me encontré con uno de mis ex clientes con el que me llevaba muy bien. Y como hacía frío fuera y yo no tenía prisa por llegar a casa, le dije que si nos íbamos a tomar una copa y aceptó, y a punto estuvo de entrar en el cabaret que hay en el barrio: por suerte yo le metí en otro pub que había cerca, porque como camarero había escuchado ciertas historias del cabaret que no me gustaron nada.
No quiero presumir pero soy un buen oyente... quiero decir, gente que sabe hablar por los codos y lo hace bien, das una patada y salen cientos, pero gente que sepa escuchar hay pocos... voy a dejar el autobombo...
Qué tópico es eso de que los camareros saben escuchar... en realidad no escuchan, sólo asienten, yo escucho para ver si hay alguna historia que merezca contar.
Lo que me contó este hombre al calor de una copa entre semana, es que lo que más le gustaba era la nieve cuando cuajaba, que le recordaba a cuando era pequeño, allí en el País Vasco, ahí tenía yo al hombre, abriéndose ante un semi desconocido como yo, y ese tipo de cosas me llegan al alma.
Su hermana se vino a Madrid, y cuando él llegó a los 16 años, se fue con su hermana y su cuñado le dijo: quédate aquí y haz lo que quieras, pero búscate un trabajo. Y así hizo.
En fin, una hora estuvo hablando el hombre de sus diferentes curros, de cómo había ganado bastante pasta en su día pero que se la había gastado toda, de sus peregrinaciones a lo ancho del país, y en un lado del pub un par de tíos se negaron a pagar la copa y se marcharon pagando, el camarero era un buen tipo, un buen camarero, un tío persuasivo.
Cuando salimos, la nieve caía tímidamente sobre Madrid, y luego nevó un poco más fuerte, pero tampoco demasiado. Pequeños copos salpicaban nuestros abrigos, y el frío de la tarde estaba anestesiado... Y entonces, este ilustre "fracasado" me dijo:
- A mi lo que me gusta de cuando nieva, es que cuaje. Pero es difícil que cuaje en Madrid, porque el asfalto mantiene el calor, y los edificios, y tiene que nevar mucho. Pero ojalá nieve mucho, medio metro de nieve como cuando era pequeño, que salía a la calle y ¿ves? - hacía un gesto que ponía la palma de su mano un poco por encima de la rodilla - hasta aquí me llegaba la nieve. Tiene que cuajar.
- Claro - contesté - ¿para qué iba a nevar si no?
Y nos volvimos a casa.
Seth Fortuyn, intentando demostrar que de vez en cuando es humano, y no un ser maligno capaz de imaginar un gran número de atrocidades.
SALA DE TORTURAS
Chicos, lo lamento pero debo advertiros que lo que vais a leer a continuación es bastante desagradable, va de torturas y es físico y es también emocional.
Lo escribí hace ocho meses, y ya sabeis que hace ocho meses yo no era un sociopata cualquiera, era un psicópata que haría que Hannibal Lecter ensuciara la cama nada más olerme.
En fin, que no se diga que no os lo advertí.
------------------------------------------------------------------------------------------------
Esto es un sueño que tuve el otro día.
Estás en un cuarto oscuro, con una luz bien arriba como único foco. Es una de esas salas de torturas que tanto ves en las películas. Y no sabes por qué estás ahí.
Delante, un hombre está atado y colocado enfrente tuyo, atado a una plataforma brillante que te lo deja cara a cara, Las correas le aprietan, la sangre sale por sus muñecas y tobillos atrapados. Tiene electrodos en la cabeza, en el pecho y en los genitales. Tiene sangre en la boca. Tiene miedo en los ojos.
Y miras en tu mano y tienes el botón.
El poder.
¿Por qué?
Todo es confuso. Pero debes apretar el botón.
Una corriente atraviesa a tu víctima de parte a parte, tostándole por dentro. Sólo ha sido un segundo, pero el pelo se ha ido fundiendo, sin llegar a prenderse, y la habitación se huele inundada de cerdo quemado.
Dios te ayude, te ha gustado.
Sonriendo nerviosamente, con los dientes bien apretados, como en éxtasis, vuelves a apretar el botón. Zas. Electrocución. Te alegras de no ser tú. Zas. Sólo ha sido un segundo.
Es tu deber. Aprieta el botón. En el fondo, se lo merece.
La sonrisa se transforma en carcajada.
¡Cómo se retuerce! ¡Cómo aprieta los dientes, hasta tal punto que sus encías ceden y su boca se astilla! ¡Cómo aprieta las manos y los pies hasta dejárselos blancos y sin riego sanguíneo!
Admítelo, te gusta. Tienes el botón, y es una gozada.
Hay un momento de paz. Crees que ha entrado en shock, pero al acercarte te mira, y tu le miras a él, y casi no sabrías distinguir sus ojos de los tuyos. Está mascando sus dientes, como si lo que le acabaras de hacer no fuera más que un entretenimiento.
Enséñale. Tienes el botón. Tienes el poder.
Apriétalo.
Ja.
Piensa en los voltios. El amperaje... tantos factores. O no pienses. Observa su espalda, arqueándose por la tensión. ¿Podrás partírsela del dolor? Sólo hay una forma de averiguarlo.
Vuelve a pulsar el botón.
Ja ja ja.
Tu prisionero grita, y eso te encanta. Sus pelos no son más que pequeñas bolas de queratina quemada diseminadas por la superficie de la piel. De sus oídos sale un pequeño y precioso río de sangre que enmarca su cara. Las manos se abren y se cierran alternativamente. ¿Es humo eso que sobrevuela su cabeza?
Sí.
Ríes como un loco.
Ja ja ja.
Pero el botón no es el único poder que posees. No.
Dame instrumental quirúrgico. Dame olor a sudor y sabor salado.
No pienses. Coge el bisturí y compón la sinfonía.
Ja.
Frunces el sueño y dejas de reír.
Un primer corte en el bíceps derecho. Lo haces lentamente, como para evitar que duela, o para que duela todavía más precisamente.
Un segundo corte por debajo de la rodilla izquierda, y subes hasta llegar a la cintura. De su pierna llueve sangre.
Vuelves a reír. Sabes que ya no puedes parar.
Y ahora, queridos, es cuando empieza la ópera.
Te agitas con frenesí y con el bisturí en la mano, y la carcajada es más cortante que cualquier arma o instrumento fabricado por el hombre.
Ja ja ja.
Hay un corte. Dos, tres... ¿hasta dónde sabes contar? ¿Hasta cuándo podrás contar? Tantos cortes como minutos. Cortes superficiales, esos que escuecen, como el cortarse con un folio en mitad de la oficina. Y así treinta.
Te detienes para observar tu obra. No parece que salga sangre.
Un chasquido con los dedos (plap) y su torrente acude a tu llamada.
Sólo...
Ja ja ja
... un...
Ja ja ja.
... último corte en la barriga, para disfrutar de la vista de sus órganos atropellándose unos a otros por salir plop blop palabras acabadas en op, cosas viscosas derramándose en el suelo. Y sangre.
Sangre a borbotones.
Ya no le queda mucho tiempo.
No puedes detenerte.
Te tienes que ir.
Llega hasta el final.
Coges el botón de nuevo.
Zas. Zas. Zas.
Las convulsiones diseminan su intestino por todas partes, el hombre grita:
- ¡MAMÁÁÁÁÁ! ¡MAMÁÁÁÁÁÁÁ!
No te achantes ahora, porque has llegado demasiado lejos, es hora de ser un hombre.
Pulsa el botón.
Ja ja ja.
Zas.
- MAMÁÁÁÁÁ... ¡¡MAMÁÁÁÁÁÁH!!
El hombre llora, suplica, reza y agoniza.
- Quiero ver a mi mamá...
¿Estás llorando?
Zas.
Más convulsiones. ¿No se va a morir nunca?
Piensa en lo que está pasando ahora mismo: hipovolemia, distintos tipos de shocks, quemaduras de segundo y tercer grado, externas e internas.
Piensa en lo que estás pasando ahora mismo: soñolencia, psicosis, estrés, sensación de omnipotencia.
Estás llorando.
- Mamá...
Está en las últimas... sécate las lágrimas y acaba.
- N-no m-más... p-por fa-favorrr... mamá...
Tartamudea incomprensiblemente, la boca hecha un manantial de fluidos.
Enmudécele.
Zas.
ESTÁS LLORANDO.
Y él se calla.
Y has acabado, por fin.
Y te limpias las lágrimas con la manga de tu camisa y le das un beso en la frente a tu hermano muerto.
Mañana será otro día.
Despiertas.
Al día siguiente, desperté sangrando en mitad de mi cama, abrí los ojos con la tripa abierta como un cerdo, me levanté empapado de sangre y sudor y orina y lágrimas.
Y morí.
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Seth Fortuyn, repasando horrorizado ciertos documentos del pasado.
Lo escribí hace ocho meses, y ya sabeis que hace ocho meses yo no era un sociopata cualquiera, era un psicópata que haría que Hannibal Lecter ensuciara la cama nada más olerme.
En fin, que no se diga que no os lo advertí.
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Esto es un sueño que tuve el otro día.
Estás en un cuarto oscuro, con una luz bien arriba como único foco. Es una de esas salas de torturas que tanto ves en las películas. Y no sabes por qué estás ahí.
Delante, un hombre está atado y colocado enfrente tuyo, atado a una plataforma brillante que te lo deja cara a cara, Las correas le aprietan, la sangre sale por sus muñecas y tobillos atrapados. Tiene electrodos en la cabeza, en el pecho y en los genitales. Tiene sangre en la boca. Tiene miedo en los ojos.
Y miras en tu mano y tienes el botón.
El poder.
¿Por qué?
Todo es confuso. Pero debes apretar el botón.
Una corriente atraviesa a tu víctima de parte a parte, tostándole por dentro. Sólo ha sido un segundo, pero el pelo se ha ido fundiendo, sin llegar a prenderse, y la habitación se huele inundada de cerdo quemado.
Dios te ayude, te ha gustado.
Sonriendo nerviosamente, con los dientes bien apretados, como en éxtasis, vuelves a apretar el botón. Zas. Electrocución. Te alegras de no ser tú. Zas. Sólo ha sido un segundo.
Es tu deber. Aprieta el botón. En el fondo, se lo merece.
La sonrisa se transforma en carcajada.
¡Cómo se retuerce! ¡Cómo aprieta los dientes, hasta tal punto que sus encías ceden y su boca se astilla! ¡Cómo aprieta las manos y los pies hasta dejárselos blancos y sin riego sanguíneo!
Admítelo, te gusta. Tienes el botón, y es una gozada.
Hay un momento de paz. Crees que ha entrado en shock, pero al acercarte te mira, y tu le miras a él, y casi no sabrías distinguir sus ojos de los tuyos. Está mascando sus dientes, como si lo que le acabaras de hacer no fuera más que un entretenimiento.
Enséñale. Tienes el botón. Tienes el poder.
Apriétalo.
Ja.
Piensa en los voltios. El amperaje... tantos factores. O no pienses. Observa su espalda, arqueándose por la tensión. ¿Podrás partírsela del dolor? Sólo hay una forma de averiguarlo.
Vuelve a pulsar el botón.
Ja ja ja.
Tu prisionero grita, y eso te encanta. Sus pelos no son más que pequeñas bolas de queratina quemada diseminadas por la superficie de la piel. De sus oídos sale un pequeño y precioso río de sangre que enmarca su cara. Las manos se abren y se cierran alternativamente. ¿Es humo eso que sobrevuela su cabeza?
Sí.
Ríes como un loco.
Ja ja ja.
Pero el botón no es el único poder que posees. No.
Dame instrumental quirúrgico. Dame olor a sudor y sabor salado.
No pienses. Coge el bisturí y compón la sinfonía.
Ja.
Frunces el sueño y dejas de reír.
Un primer corte en el bíceps derecho. Lo haces lentamente, como para evitar que duela, o para que duela todavía más precisamente.
Un segundo corte por debajo de la rodilla izquierda, y subes hasta llegar a la cintura. De su pierna llueve sangre.
Vuelves a reír. Sabes que ya no puedes parar.
Y ahora, queridos, es cuando empieza la ópera.
Te agitas con frenesí y con el bisturí en la mano, y la carcajada es más cortante que cualquier arma o instrumento fabricado por el hombre.
Ja ja ja.
Hay un corte. Dos, tres... ¿hasta dónde sabes contar? ¿Hasta cuándo podrás contar? Tantos cortes como minutos. Cortes superficiales, esos que escuecen, como el cortarse con un folio en mitad de la oficina. Y así treinta.
Te detienes para observar tu obra. No parece que salga sangre.
Un chasquido con los dedos (plap) y su torrente acude a tu llamada.
Sólo...
Ja ja ja
... un...
Ja ja ja.
... último corte en la barriga, para disfrutar de la vista de sus órganos atropellándose unos a otros por salir plop blop palabras acabadas en op, cosas viscosas derramándose en el suelo. Y sangre.
Sangre a borbotones.
Ya no le queda mucho tiempo.
No puedes detenerte.
Te tienes que ir.
Llega hasta el final.
Coges el botón de nuevo.
Zas. Zas. Zas.
Las convulsiones diseminan su intestino por todas partes, el hombre grita:
- ¡MAMÁÁÁÁÁ! ¡MAMÁÁÁÁÁÁÁ!
No te achantes ahora, porque has llegado demasiado lejos, es hora de ser un hombre.
Pulsa el botón.
Ja ja ja.
Zas.
- MAMÁÁÁÁÁ... ¡¡MAMÁÁÁÁÁÁH!!
El hombre llora, suplica, reza y agoniza.
- Quiero ver a mi mamá...
¿Estás llorando?
Zas.
Más convulsiones. ¿No se va a morir nunca?
Piensa en lo que está pasando ahora mismo: hipovolemia, distintos tipos de shocks, quemaduras de segundo y tercer grado, externas e internas.
Piensa en lo que estás pasando ahora mismo: soñolencia, psicosis, estrés, sensación de omnipotencia.
Estás llorando.
- Mamá...
Está en las últimas... sécate las lágrimas y acaba.
- N-no m-más... p-por fa-favorrr... mamá...
Tartamudea incomprensiblemente, la boca hecha un manantial de fluidos.
Enmudécele.
Zas.
ESTÁS LLORANDO.
Y él se calla.
Y has acabado, por fin.
Y te limpias las lágrimas con la manga de tu camisa y le das un beso en la frente a tu hermano muerto.
Mañana será otro día.
Despiertas.
Al día siguiente, desperté sangrando en mitad de mi cama, abrí los ojos con la tripa abierta como un cerdo, me levanté empapado de sangre y sudor y orina y lágrimas.
Y morí.
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Seth Fortuyn, repasando horrorizado ciertos documentos del pasado.
FRACASO
Con una sensación amarga en la boca, como si estuvieras masticando papel de plata, o como cuando se te engancha una uña del pie en el calcetín, o como sin querer hubieses rascado con fuerza una pared de yeso, y mientras se te revuelve el estómago, se te suben los testículos al abdomen, y te maldices por ser tan torpe, miras atónito el trozo de pared en tus uñas. Aprietas tanto los dientes que chirrían y parece que la presión los acabará rompiendo.
Si bajas a rezar, te golpeas en los meniscos con el suelo y desde ese momento no tienes rodillas sino un reflejo fantasma y los huesos y la carne y los músculos han sido sustituidos por un picor insistente e interno que corta la sangre en tus extremidades inferiores. Quieres salir corriendo y no puedes y gateas buscando una salida. El picaporte está demasiado alto. Con toda tu fuerza de voluntad, apretando los ojos y gritando por el esfuerzo, consigues recordar tu herencia de los monos y te yergues.
¡MALDITA SEA! La puerta está cerrada. ¿Y por qué querías cruzarla? Ah, claro, mira de nuevo dónde estás. Un cuarto oscuro de luces tenues y enfermas de rojez, turbios reflejos de la luz del sol acarician un cuadro muy grande de una oveja negra a punto de ser atropellada por un tren. Te resultaría cómico si no te sintieras identificado con la imagen, si no tuvieses esa leve picazón de que hace un momento, o dos, o un mes o un año, eras tú quien pastaba en las vías del Talgo.
Seth Fortuyn, intentando definir con palabras y metáforas lo que sólo se puede sentir.
Si bajas a rezar, te golpeas en los meniscos con el suelo y desde ese momento no tienes rodillas sino un reflejo fantasma y los huesos y la carne y los músculos han sido sustituidos por un picor insistente e interno que corta la sangre en tus extremidades inferiores. Quieres salir corriendo y no puedes y gateas buscando una salida. El picaporte está demasiado alto. Con toda tu fuerza de voluntad, apretando los ojos y gritando por el esfuerzo, consigues recordar tu herencia de los monos y te yergues.
¡MALDITA SEA! La puerta está cerrada. ¿Y por qué querías cruzarla? Ah, claro, mira de nuevo dónde estás. Un cuarto oscuro de luces tenues y enfermas de rojez, turbios reflejos de la luz del sol acarician un cuadro muy grande de una oveja negra a punto de ser atropellada por un tren. Te resultaría cómico si no te sintieras identificado con la imagen, si no tuvieses esa leve picazón de que hace un momento, o dos, o un mes o un año, eras tú quien pastaba en las vías del Talgo.
Seth Fortuyn, intentando definir con palabras y metáforas lo que sólo se puede sentir.
LA PLANTA DEL AMOR VERDADERO
Cuando Juan compró aquella horrible planta que acabó relegada a la habitación más improbablemente inhóspita de su pequeño apartamento, Julia comenzó a quererle.
Pura casualidad.
Juan se sentia como un niño con una consola nueva, y cuanto más quería a Julia, la planta crecía más y más. Llegados a un punto, ni siquiera necesitaba regarla, ni que la diera luz del sol, y creía que no consumía oxígeno.
Espero que sepais el final de esta historia.
Y las cosas iban así: Juan y Julia se veían a menudo y se querían con locura, y no paraban de besarse, de lanzar gestos cómplices para el otro...
Y follaban. Dos veces e incluso tres a la semana.
Joder, la vida era perfecta para ellos. Eran felices y estaban enamorados y pobre del que se interpusiera en su camino.
La planta seguía creciendo.
Pero no pasaron ni seis meses cuando la relación empezó a deteriorarse irremisiblemente, a agrietarse como un vaso de agua hirviendo que ha sido puesto en agua helada.
¿Qué les pasó? Dificil saberlo.
El caso es que un día, Julia fue a casa de Juan por última vez, y follaron por última vez y empezaron a discutir por última vez.
- Eres un CAPULLO, y no sé como he podido QUERERTE como te he QUERIDO...
- Mira quien HABLÓ... me cago en tu ALMA Julia, siempre supe que lo nuestro no tendría futuro.
- ¿Qué?
- QUE SIEMPRE... LO SUPE.
- CABRÓN... te odio. Estos seis meses han sido una PÉRDIDA DE TIEMPO.
- Yo... jamás pensé eso.
Claro que no.
La planta dejó de crecer.
La planta vació de oxígeno el apartamento en apenas unos segundos, y lo reemplazó por monóxido de carbono. Julia y Juan se durmieron al borde de la muerte.
La planta sabía lo que hacía.
Y la planta se los tragó, y de sus cadáveres fabricó dos hermosas flores, y cuando la policía entró en el piso, sólo había una enredadera enorme que enraizaba por toda la casa, y dos hermosas flores, una roja y otra negra.
Al final, los seis meses no fueron una pérdida de tiempo. La gente todavía admira esas dos preciosas flores.
Seth Fortuyn, ¿a qué cojones viene esto? vieja idea apuntada en diario del año pasado...
Pura casualidad.
Juan se sentia como un niño con una consola nueva, y cuanto más quería a Julia, la planta crecía más y más. Llegados a un punto, ni siquiera necesitaba regarla, ni que la diera luz del sol, y creía que no consumía oxígeno.
Espero que sepais el final de esta historia.
Y las cosas iban así: Juan y Julia se veían a menudo y se querían con locura, y no paraban de besarse, de lanzar gestos cómplices para el otro...
Y follaban. Dos veces e incluso tres a la semana.
Joder, la vida era perfecta para ellos. Eran felices y estaban enamorados y pobre del que se interpusiera en su camino.
La planta seguía creciendo.
Pero no pasaron ni seis meses cuando la relación empezó a deteriorarse irremisiblemente, a agrietarse como un vaso de agua hirviendo que ha sido puesto en agua helada.
¿Qué les pasó? Dificil saberlo.
El caso es que un día, Julia fue a casa de Juan por última vez, y follaron por última vez y empezaron a discutir por última vez.
- Eres un CAPULLO, y no sé como he podido QUERERTE como te he QUERIDO...
- Mira quien HABLÓ... me cago en tu ALMA Julia, siempre supe que lo nuestro no tendría futuro.
- ¿Qué?
- QUE SIEMPRE... LO SUPE.
- CABRÓN... te odio. Estos seis meses han sido una PÉRDIDA DE TIEMPO.
- Yo... jamás pensé eso.
Claro que no.
La planta dejó de crecer.
La planta vació de oxígeno el apartamento en apenas unos segundos, y lo reemplazó por monóxido de carbono. Julia y Juan se durmieron al borde de la muerte.
La planta sabía lo que hacía.
Y la planta se los tragó, y de sus cadáveres fabricó dos hermosas flores, y cuando la policía entró en el piso, sólo había una enredadera enorme que enraizaba por toda la casa, y dos hermosas flores, una roja y otra negra.
Al final, los seis meses no fueron una pérdida de tiempo. La gente todavía admira esas dos preciosas flores.
Seth Fortuyn, ¿a qué cojones viene esto? vieja idea apuntada en diario del año pasado...





