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Diario de un sociópata
El mundo es absurdo y nos gusta tal y como está
Acerca de
Estoy loco, lo descubrí cuando rompí el espejo, porque no reflejaba mi cara sino la de todos los demás.
Sindicación
 
Amor (respondiendo a Ady)
Sigo enamorado.

Ya han pasado tres meses desde que empezara a salir con mi novia, y me sigue pareciendo una persona especial y mucho más.
Todavía no tenemos pegas el uno del otro, y me encanta estar con ella.

Dicen que con el amor se hacen muchas tonterías... pero merece la pena. Supongo que depende de cada uno, pero en mi caso haría lo que fuera por ella.
La quiero y no me avergüenza decirlo, gritarlo a los cuatro vientos, presumir de ella...

Me parece bien que intenten explicar el enamoramiento con química y todo eso, que comer chocolate nos produce la misma sensación que enamorarnos y todo eso, pero conmigo no funcionará. Estar enamorado de ella es único y me siento afortunado en todo momento.
Afortunado y orgulloso.

Un beso, mi ángel.

Seth Fortuyn, tu novio.
 
Análisis de sangre
Hoy he ido a que me saquen sangre.
No sé si os lo he contado, pero se me han inflamado los ganglios de la garganta, y hay como un 200% de que sea mononucleosis contraida gracias a mi jefe, sigh...
En fin, que en mi hojita ponía preferente, y mi número de orden era el 0, se supone que yo era el primero para la extracción. Llego a mi hora, y a los cinco minutos comienzan a nombrar gente.
Y nada.
Y espero.
Y nada.
Y pasan más de veinte personas por delante mío.
Y cuando pienso que ya no me van a llamar, que me han traspapelado o algo de eso, me dicen que es mi turno.
Joder.
Ha pasado media hora.
El que va inmediatamente después que yo tenía el número de orden treinta y algo...

¿Y cómo sé que es mononucleosis? Oh, porque mi jefe la acaba de pasar hace poco, y entre otras cosas, de vez en cuando tengo fiebre, y lo de los ganglios, por no olvidar que hace una semana me dolía bastante la garganta y tenía placas, en lo que creo, era una amigdalitis por estreptococo asociada (suele pasar).
Afortunadamente, ni me doy cuenta. Sí, me noto algo más cansado, pero va por rachas y no hay mucho significativo.
A mi jefe en cambio le jodió bastante... chincha rabiña...

Seth Fortuyn, "el enfermo vengativo"

Posdata: la mononucleosis es de baja intensidad, y su contagiosidad es baja, así que me quedo mucho más tranquilo por mi novia.
 
RECORDAR A BENIGNO, BAJAR LA VISTA
Dedicado a este frío invierno, uno de los más fríos que se recuerdan, y a la poca sensibilidad que ha demostrado la prensa respecto a este tema a lo largo de este año, cuando el año pasado parecían preocuparse bastante por estas cosas.

La Historia sólo recuerda los nombres que le vienen en gana, porque es así de fría. Aunque os pida un ejercicio de memoria, es imposible que os acordéis de Benigno Santiago Fernández. ¿Quién es este tipo?, preguntaréis. ¿Ganó un Oscar? ¿Inventó el láser? ¿Fue una figura política? No. Fue un mendigo.
Su historia empezó en un lugar habitualmente frío como es Galicia. Con sólo quince años, Benigno dejó su Galicia natal en busca de pastos más verdes, y recaló en Cataluña. Una vez allí, buscó un trabajo digno en el que apoyarse para poder vivir, y se instaló y trabajó de camarero. Los años siguientes fueron prósperos. Parece ser que montó su propio negocio y todo, lo que le situó económicamente por encima de muchos de nosotros. Y entonces ocurrió el amor.
El amor es como un copo de nieve que te aterriza en la nuca cuando sacas la basura en pantuflas: impresiona al principio y la sensación se disuelve poco a poco recorriéndote la espalda. Pero en lo que a Benigno respecta, le debió de caer una montaña entera. Se enamoró de una mujer por la que es posible que diera un brazo, y por la que sacrificaría un reino. Un día abrió los ojos al oficio de ella, que trabajaba en un prostíbulo sin contarle nada, y no pudo soportar lo que había.
Con el corazón roto y apuñalado, muerto en vida, Benigno se vio inmerso en una profunda depresión, que le llevó a Madrid y a la bebida. Sacrificó su reino pequeño y seguro, cálido, por un montoncito de basura que, sin calentarle, le protegía del frío del invierno. Y allí bebió y bebió, ahogando sus penas, evadiéndose de la tragedia desde el fondo de una botella, calentando sus miembros entumecidos por el invierno, hasta que su hígado dijo basta y su cuerpo se rindió al frío.
Tenía cuarenta y ocho años cuando murió de una crisis hepática en el subterráneo de Colón el pasado invierno. Dentro de lo que cabe, tuvo suerte, pues algunos observaron el suelo y se molestaron en contemplar los ojos del muerto y sacarle su nombre y su pasado. Y como Benigno hay cientos por las calles de Madrid. ¿Y qué hacemos nosotros? Calentamos nuestras conciencias mandando dinero a fondo perdido al Tercer Mundo, cuando el Tercer Mundo nos visita al comprar el pan o el periódico. Miramos hacia arriba, hacia propósitos más “elevados” como comprar Nike, beber Coca Cola, y ayudar a una ONG. Todas ellas marcas comerciales.
Seguid mirando arriba, a ver si veis a Benigno entre las nubes. Con suerte, se os ocurrirá bajar la vista a todos esos mendigos que os piden cincuenta céntimos. Quiero que penséis una cosa: el Tercer Mundo es el Tercer Mundo para mantener el capitalismo. Unos tienen que ser pobres para que el resto sea asquerosamente rico, para que mantengamos nuestro tren de vida. Y por mucho que mandéis dinero, si al capitalismo le interesa que sigan en la miseria, seguirán en la miseria, y suena horrible lo que digo pero es cierto. Los mendigos, aunque también víctimas del capitalismo, no lo son de forma tan intencionada: son personas que, un día, cayeron por la alcantarilla y no encuentran el camino de vuelta; como decía el cantante, sólo buscan algo de dinero con lo que comprar un barco llamado Dignidad.
Hay mafias detrás de ellos, obligándoles a pagar cuotas. Unos beben, otros coleccionan fotos de Christina Ricci, todos buscan el calor que les negamos, y pasamos por encima de ellos mientras pensamos en Salvemos Al Mundo, Tranquiliza Tu Conciencia (Marca registrada). No quiero que les deis limosna, pues pocos podrán gastar todo el dinero, o lo gastarán en lo que no deberían; aunque sea, miradles como personas que tienen dignidad. Y si os veis con ganas, ayudadles.

Seth Fortuyn, estúpido hipócrita de mierda, charlatán estúpido y concienciado incapaza de mojarse... si no fuera hipócrita, no podría escribir algunas atrocidades con las que liberar ese bicho que le pica todos los putos días y que le recuerda que no es una buena persona, no al menos del todo.
 
DIVINO INTERLUDIO
Dos Hombres estaban tranquilos, tomándose un café.
- ¿Y si dejamos nuestras rencillas? – dijo Uno.
- Sigh. Ellos se pelean; nosotros, discutimos – añadió el Otro.
Dios se rascó la barbilla y puntualizó.
- Pero influimos en su comportamiento. Oye, ¿y Ya-sabes-quién?
- Yo que sé – gruñó Alá mirando su reloj -, pero se le enfriará el café.
Apareció Yahvé al poco tiempo, con gesto adusto y mirada perdida.
- Perdonad – carraspeó – asuntos urgentes.
- ¿Como matar a los míos? – gritó Alá.
- ¡Vete por ahí!
- Ya empiezan...
- ¡Buscamos la paz, y ni siquiera sabemos por dónde empezar!
- ...
- ...
- ... ¿y si empezamos pidiendo unos tés?
 
Y su nombre era...
Una ama de casa cincuentona salía del supermercado cuando un mendigo le pidió una moneda. Ella decidió no hacerle mucho caso, compadecerse un poco, eso sí, pero nada de monedas.
Se acordó en ese momento de que se había dejado un billete de veinte euros olvidado en la caja, pero no se molestó en ir a buscarlo: alguien lo habría cogido ya.
Anduvo hasta su casa pensando en los veinte euros, en que ya no estaban y en lo que podría haber hecho con ellos.
Y entró en casa y se encontró a su marido tirado en el sofá, bebiendo cerveza, con la tripa más grande que cuando ella estuvo embarazada de los mellizos, y volvió a acordarse de los veinte euros.
Cariño - dijo, esperando algo de atención extra -. Ya he llegado.
¿Qué tal ha ido? - dijo el hombre, dijo con un tufo a cerveza en su boca, y una entonación cariñosa en su voz; pero la ama de casa no se dejaba engañar por esta muestra falsa de afecto... su esposo sólo seguía las normas de la rutina. NO se molestó en levantar la vista de la televisión para verla a ella.
Bien, bueno, verás... me he dejado un billete de veinte allí...
¿Cómo? - verla no compensaba levantarse del sofá, pero veinte euros arrojados a la basura bien merecían un poco de drama -. ¡Como si nos sobrara!
Cálmate, lo pondré de mi bolsillo, ¿vale?
Esta bien - la oronda morsa volvió a su sitio.
Ella miró por la ventana de su primer piso, vio la ciudad y los mendigos. Por alguna extraña razón, no podía quitarse de la cabeza a aquél harapiento de boca seca y ojos desorbitados, de barba espesa y mitones de lana en las manos. Bajó un poco la vista y allí estaba, frente a su ventana.
Tenía algo en la mano...
Oh Dios...
Lanzó una piedra y cogió otra más del suelo y volvió a lanzarla por su ventana. Estaba apedreando su casa. Ella corrió asustada a los brazos de su marido y ambos se refugiaron en el despacho que había al lado.
Pero éste también daba a la calle, y el vago adivinó su escondite y las piedras rompieron la ventana del despacho.
Asustados corrieron a su dormitorio, y allí el vago se esfumó.
Para cuando abrieron los ojos, estaban besándose en un rincón de su dormitorio, y a la hora y media empezaron a hacer el amor.

En los días siguientes, la cosa fue a peor y la policía no parecía creerles. Y cuando les hacía caso y mandaban a una patrulla, no había loco al que detener.
La situación era desesperante. Apenas se atrevían a salir de casa. Se pasaban el día cogidos de la mano o abrazados y se besaban contínuamente para recordarse que estaban juntos.
Te quiero, dijo alguno una vez.
Yo TAMBIÉN te quiero
Y el mendigo desapareció cuando el matrimonio de esta gente se había salvado de la monotonía. Habían aprendido a quererse de nuevo, y juraron (vete a saber si en vano) que jamás dejarían que la rutina les hiciese olvidar aquél día en que se juraron que estaban echos el uno para el otro.
¿Y cómo se llamaba ese malhechor que volvió a juntarles?

... Cupido.

Seth Fortuyn, en la ciudadela de Kukubrgu'enal- Shi, anotando detenidamente especies autóctonas de Ki, almas en flor y cólera en fruto, adolescencia florenciendo, la tierna edad amanece en el horizonte, peces flotando en las nubes y pájaros volando airadas corrientes de agua seca.