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Diario de un sociópata
El mundo es absurdo y nos gusta tal y como está
Acerca de
Estoy loco, lo descubrí cuando rompí el espejo, porque no reflejaba mi cara sino la de todos los demás.
Sindicación
 
La grieta
¿Por qué empezó la grieta a crecer? ¿De dónde salió? ¿Fue alguien el causante?
En realidad, no hay nadie a quien echarle la culpa, un día surgió en mitad de Madrid, en una calle normal y carente de renombre. No hubo nadie que se diera cuenta al empezar, pues se inició sin mucho estruendo: crecía poco a poco, a ritmo de dos centímetros por día.
Una mañana, se ensanchó, y la velocidad aumentó exponencialmente y todo lo que había por delante quedaba rasgado, transmitiéndose la grieta a coches e incluso a personas, que morían cuando la grieta atravesaba sus cuerpos por el torso.
El terror se adueñó en parte de la población, aunque bastaba con apartarse de aquel fenómeno, y verlo pasar mientras avanzaba hacia el horizonte.
Se pensaba que todo estaba controlado, que tarde o temprano pararía y todos podrían estar tranquilos, pero no fue así. Atravesó valles y montañas y océanos hasta dar una vuelta completa.
En ese momento hubo un crujido.
Y la Tierra se partió por la mitad, derramando el magma y la tierra y el agua y la gente por todo el universo.

Seth Fortuyn, el regreso del oneiromante paranoico.
 
Nuevo estilo. Tema de hoy: mata, besa, juega.
"Ahora oye al bosque hablando, insectos y pajaros
Conforman la esencia de lo impuro y salvaje
Inhala la vida al animal que llevas dentro
Es una gran ilusion que uno nunca conoce
Cuando creas que estas realmente solo
Siente los ojos de alguien mirandote"

Sí, hace mucho que no escribo nada, pero hoy me he puesto la correa, me he sentado en medio de mi foso rodeado de estacas y me he obligado a escribir un poco, que oye, uno estará de vacaciones pero su cerebro no suele tener esos lujos.

Lo primero que debería de contar tras mi prolongada ausencia es mi viaje a Dublín junto con un energúmeno. Sí, la gente viaja con sus parejas, sus familias o sus amigos, yo cogí a un imbécil y me lo llevé de viaje esperando (rogando en cierto momento) que no hiciera imbecilidades.
Pero no hubo manera.
Sigh, escribo esto en parte como terapia para superar aquello. Desde las 8 de la mañana había gritos, había insultos, había abrazos e invasiones indeseadas de mi espacio personal... Si tuviera alguna idea de informática os pondría un enlace para descargaros los archivos de sonido que grabé con mi mp3 de mi compañero, sólo para que os horroricéis. Porque cuando veáis la psique destrozada y convertida en pudding de baileys con barro que es la mente de tu amigo, exclamarás ¡no Seth, esto es CHINATOWN!
O algo así, ya me entendéis.
En fin, que me ha dado mucha pena contemplar la transformación de alguien que suponía mi amigo en un capullo al que sólo le preocupa pasarlo bien a costa de los demás. De alguien que estuvo a punto de suicidarse a una persona más al filo que nunca, al que notas que se obliga a ser feliz porque la otra alternativa es peor.

No todo tiene que ser tan malo. Hace poco cumplí seis meses con Ady. Si parece que fue ayer cuando quedé con ella y nos quedábamos mirándonos en una oscura sala de cine, haciendo caso omiso de la película y comiéndonos la cabeza sobre si le gustábamos al otro.
¿Felices? Por supuesto. Y que dure lo que tenga que durar.

Euhmm... creo que nada más. En parte debe ser porque mi cerebro pide más esa sustancia que segrego al jugar a un juego de rol online, EN EL QUE SUS SUGERENTES IMÁGENES graban guerreros y hechiceras en el cerebelo, acusando a mi subconsciente reptiliano de falta de movilidad cuando se supone que A MÁS CALOR, MÁS ACTIVIDAD.
He dicho.

Seth Fortuyn, imitando un estúpido anuncio de Burn

 
Nosotros también
Los marcianos vivieron el avance de su civilización unos cinco millones de años antes de que a cualquier mono se le ocurriera erguirse para coger esa rama tan alta. Y su sociedad, aunque avanzada, estaba poblada de habitantes con vidas vacías, carentes de sentido, que buscaban una manera de justificar su existencia a través de la ultrasociología imperante. No disfrutaban de una gran tecnología, pero tal carencia se veía suplida por las abrumadoras capacidades psíquicas de sus habitantes, lo que llevó la política al terreno de lo social hasta el extremo: la doctrina imperante convencía a sus gentes de que, si su vida no les parecía importante, podría serle útil para su vecino.
Cuando el primer ser humano descubrió el fuego, una corriente psíquica hacía tiempo olvidada por la mente de los marcianos encendió las llamas de la curiosidad, redescubriéndoles las ganas de vivir. La chispa de inteligencia y evolución les recordó que, hacía mucho tiempo, ellos sintieron lo mismo.
Y felices por fin de encontrar un sentido a sus vidas, se dedicaron a vigilar de forma constante esa raza destinada (en apariencia) a conquistar el universo gracias a su tenacidad y supervivencia.
Sin darse cuenta, aquel vacío estaba siendo llenado por una idea completamente novedosa, surgida del atroz miedo a la muerte de la humanidad: Dios empezaba a existir, y parecía que su especie elegida eran los seres de la tercera bola de barro desde el Sol. La curiosidad se convirtió en veneración.

Los conflictos religiosos apenas llegaron a salpicar la raza marciana, pues la influencia psíquica no llegaba a trasmitirles el fanatismo. El fanatismo era una llama que tarde o temprano se agotaba, quedando un montoncito de cenizas que bastaba con soplar; el amor a un ser superior, sin embargo, les calaba hasta el fondo.
Mientras los humanos aprendían matándose entre ellos, los marcianos se limitaron a observar y adquirir conocimientos.
Y así fue durante muchos cientos de años.

El año 2016 fue un año especial para Francisco Echeverría, porque las estrellas recibirían un mensaje muy especial. SU mensaje. También fue un año especial, aunque en esto no se podría dar cuenta, porque se convertiría en el responsable de la destrucción de la Tierra.
Durante el año pasado, se especuló usar la nueva tecnología de fusión fría para impulsar una sonda a los lugares más recónditos del espacio. Los científicos hacían extasiados cálculos y más cálculos, y peinaban regiones enteras de la galaxia en busca de sistemas solares susceptibles de alojar vida en uno de sus planetas. En pleno frenesí, diseñaron una nave con lo más avanzado que la ciencia había descubierto, capaz de durar millones de años y recorrer varios años luz en un período relativamente corto (unos cuatro mil años). Ensamblaron todas las piezas, e hicieron hasta la última prueba con el fin de contrastar los datos y depurar errores; comprobaron que un humano no podría soportar la aceleración, y si su experimento funcionaba, buscarían una manera de amortiguar las aceleraciones que convertirían cualquier organismo en pulpa. Bautizaron el ingenio como ALPHA INFINITY.
Pero llegada la gran ocasión de programar el lanzamiento, cayeron en la cuenta de que les faltaba lo más importante: ¿qué mensaje lanzar al espacio? ¿Cómo sintetizar el espíritu de la humanidad en ese período concreto de su historia? Su intención era transmitir un escueto comunicado junto con las coordenadas de la Tierra en decenas de idiomas, acompañado de imágenes y sonido.
Las ideas propuestas por los hombres más sabios no llegaban a rascar la esencia misma de la humanidad en ese instante de su existencia. No acertaban a dar con el mensaje más adecuado. Y acabaron por solucionar el problema a lo grande, y programaron un concurso en el que se premiaría al destilador de la esencia del ser humano con todo lo que quisiera por el resto de su vida.
Científicos y pensadores eminentes se quedaron boquiabiertos ante la genial idea de un joven (y hasta entonces desconocido) escritor madrileño de veintidós años llamado Francisco Echeverría, estudiante de Periodismo e hijo y novio ejemplar. La ceremonia celebrada en el remodelado estadio de La Peineta sería transmitida a todo el mundo, y en ella, daría a conocer su hallazgo y explicaría cómo llegó hasta él.
- Este es el mayor concurso que se ha celebrado nunca – dijo emocionado -, y el que ha contado con mayor número de participantes. En total, cuatro mil millones de personas han competido. Y ha sido mi idea la elegida. Creo que fue suerte.
El público rió al unísono, y aplaudió enfervorizadamente, para después callar todos de nuevo. Sobre sus cabezas, proyectado en el cielo por obra y gracia de la ultima tecnología holográfica, quedó tatuado el lema del ganador con gigantescas letras rojas:
NOSOTROS YA HEMOS MATADO A NUESTRO DIOS
Hubo otro aplauso abrasador, y esta vez provenía de todo el mundo. Francisco lloraba de alegría, y daba saltos y lo celebraba, y ni siquiera las voces de los disconformes, como anacrónicos curas y custodios de las religiones, estropearon la alegría de la humanidad al encontrar su actual identidad en siete palabras.
- Un momento – pidió Francisco, buscando un momento de silencio para explicarse -. Creo que debería explicar qué se esconde tras esto. No es un simple manifiesto nihilista. Acompañado de nuestra mejor tecnología, quería dar a entender que la ciencia ha desterrado cualquier pensamiento ligeramente irracional de nuestra sociedad. Hace ya dos años que los últimos coletazos del catolicismo se volvieron inertes, y cinco desde que la Tercera Guerra Mundial borró cualquier vestigio significativo del islamismo y el hinduismo, junto con gran parte de los países árabes y del 55% de la India. El judaísmo está más limitado que nunca. El budismo no deja de ser una moda. Lo que quiero decir es que hemos aprendido a vivir sin un Dios que vigile nuestros pasos. Hoy, recordaremos un ser superior y arquearemos la cabeza con una sonrisa entre los labios; porque las religiones fallan, pero la ciencia no dejará de ser exacta.
Un último aplauso, y Francisco tuvo el honor de apretar el botón que enviaría la sonda al espacio. En apenas una hora y media, la sonda ya había sobrepasado indemne la órbita de Júpiter.

Pasaron diez años, y Francisco era feliz y millonario, y disfrutaba del éxito internacional. Sus libros eran considerados punzantes muestras de ingenio, y su nombre se enseñaba en los colegios. Fue el galardonado más joven del premio Nóbel.
Y coincidiendo con el aniversario del lanzamiento de la sonda ALPHA INFINITY, se festejó una gran gala al final de la cual, la Tierra fue destruida.

El 2016 fue un año convulso para los marcianos. Adoradores de la humanidad, captaron con violencia el mensaje de Francisco Echeverría a través de todo ser humano que lo hubiese visto o escuchado. En ese segundo entre segundos, cerca del 94% de la población terrestre sentía, de uno u otro modo, que las palabras “NOSOTROS YA HEMOS MATADO A NUESTRO DIOS” eran ciertas por completo. En ese segundo entre segundos, la totalidad de la especie marciana sintió que su deber era matar a Dios, y una vez muerto, tendrían la libertad para crear su propio destino.
Tardaron diez años en construir un gran rayo destructor que, como gesto simbólico, volaría la Tierra en mil pedazos en el aniversario del lanzamiento del ALPHA INFINITY, y una sonda que flotaría estática en la nube de cascotes en que habían transformado el planeta. En su interior, escrito en decenas de idiomas humanos, los marcianos contestaron a los terrestres:
NOSOTROS TAMBIÉN

Seth Fortuyn, alias Marvin El Marciano.