¡El Exorcismo! (Epílogo)
Habían pasado tres meses desde el incidente. La paz se respiraba en la casa, y llegó un punto en que todos los miembros de la familia García pudieron respirar tranquilos al olvidar la posesión.
Concretamente, una mañana, Malena se estaba haciendo el desayuno mientras detallaba sus conquistas amorosas a sus padres. Toda la ropa de la marca Nike fue arrojada a la basura, y Malena se contentó con otra marca: Adidas.
- Así que quedaré con Marcos. Y si me lo paso bien con él, me lo quedo. Y si no, tengo otra cita con Gonzalo – dijo. Su chándal estaba formado por tres rayas, rojo, blanco y rojo.
- Cariño, ¿no crees que eso es jugar a tres bandas?
- Ya lo creo que sí – sonrió Malena, con una voz… distinta.
Concretamente, una mañana, Malena se estaba haciendo el desayuno mientras detallaba sus conquistas amorosas a sus padres. Toda la ropa de la marca Nike fue arrojada a la basura, y Malena se contentó con otra marca: Adidas.
- Así que quedaré con Marcos. Y si me lo paso bien con él, me lo quedo. Y si no, tengo otra cita con Gonzalo – dijo. Su chándal estaba formado por tres rayas, rojo, blanco y rojo.
- Cariño, ¿no crees que eso es jugar a tres bandas?
- Ya lo creo que sí – sonrió Malena, con una voz… distinta.
¡El Exorcismo! (y III)
Susana y Gonzalo tenían muchas ideas preconcebidas acerca de lo que un exorcismo debía ser. Al poseído se le cae la piel a trozos, quedándose con un nada saludable aspecto desértico, y suelta improperios en su idioma y en lenguas ya no muertas, sino podridas, mientras, implacable, vomita inhumanas cantidades de bilis y se dedica a corretear por ahí como si Dios no le hubiese dado articulaciones. Respecto al cura, sobriedad, respeto, eficiencia… y arrojo. Porque de sólo pensar en abalanzarse sobre Malena crucifijo en ristre les ponía los pelos como un campo de girasoles al mediodía.
Su cara, cuando el Padre Lucas bajó corriendo en busca de una bolsa de patatas fritas y dos pilas de tamaño medio, comenzó a desencajarse. No era habitual, al menos cinematográficamente hablando.
Empujados por la curiosidad, la cual parecía darles golpecitos en la espalda con ánimo de que siguieran al buen pastor, se atrevieron a asomarse al atroz cuarto de Malena. Esperaban encontrar un escenario de pesadilla, algo así como una guerra de cuarto de estar entre uno de los más poderosos creyentes y el gran negador, donde el frío parecería extenderse como mantequilla en una tostada y la energía psíquica saltara a borbotones, con ánimo de salpicar a cualquier curioso.
Oyeron un espantoso gemido como sacado de las profundidades del infierno, que tenían en Malena su representación terrenal.
Y al entrar…
El Padre Lucas se había vuelto a sentar en el escritorio. Los pies sobre la mesa, las manos ocupando dedos entre la bolsa de patatas, el crucifijo y una pera de agua bendita, la mirada puesta en la televisión, recién encendida. Al principio había buscado un canal eclesiástico, pero viendo que un programa de prensa rosa impelía a la criatura a exhalar los más exquisitos alaridos de angustia, decidió dejarlo en ese canal de pecadores y rameras. Nueva Sodoma, en directo y para todos los espectadores.
En su cama, Malena se retorcía de dolor. Había probado a arrastrar al sacerdote a correr un rato, aunque fuera a que la pegara un poco para que se moviera, pero éste sólo la respondía con crujidos sonoros de patatas, y constantes bostezos.
El demonio estaba a punto de salir, no había duda. Lucas lo sabía e intensificó su inactividad con minimalistas estiramientos. De vez en cuando, asperjaba el agua bendita con gesto cansado.
- Pasen y siéntense en el suelo, por favor – invitó el capellán al matrimonio, fijos como alcayatas a las paredes -, pero ante todo, no salgan corriendo. No hagan nada que pueda fatigarles, ni siquiera un poco.
- ¡¡CORRED CABRONES!! – chilló Malena.
- En el cuerpo de Cristo… - dijo con desinterés Lucas, arrojando algo más de agua bendita a Malena. Volvió a centrar su atención en los padres de la cría -: Si quieren, quédense ahí, pero ya me han oído, ¿de acuerdo? Estoy a punto de acabar…
La barrita de volumen del televisor indicaba cómo iba subiendo. Y a mayor volumen, más gritaba el demonio por aferrarse a Malena. Miró el engendro alrededor, y vio que no había nada que pudiera hacer para que se hiciera ejercicio en aquella casa cristiana.
Y la piel de Malena volvió a su color habitual, completamente curada, y su voz ya no parecía la de un rastrillo sobre un campo de grava.
Sin embargo, no todo había acabado. Con las blasfemas palabras del diablo pitándole en los oídos, el cura, cuya atención estaba centrada en la televisión, vio un anuncio de zapatillas de deporte. Luego salió el lema, y la concordancia exacta con los sonidos que emitía Malena le hizo dudar de su oficio. Quizá, no era el diablo quien estaba tras aquello. Quizá la fe sacó al demonio, pero el demonio no pertenecía a su fe.
Veinte metros delante de la casa, una persona que estaba haciendo footing se alejó corriendo a una velocidad sobrehumana, con cara de poseso, mientras gritaba y babeaba, una y otra vez:
- JUST DOOO IT, JUST DOOO IT, JUST DOOO IT
Con los padres de la chica como séquito, el Padre Lucas se dirigió a la salida como víctima de una terrible broma, abochornado por la sesión de exorcismo. Sudó más por las ganas de salir de allí que cuando Malena estaba poseída. Cuando se dispuso a abrir la puerta, salir corriendo y dejar atrás tan absurda aventura, la mano de Gonzalo le detuvo en el vano.
- Padre, querríamos darle las gracias por todo… - dijo, con timidez y humildad en rostro y voz.
- No ha sido nada; si no le importa… - volvió a cruzar el vano, y de nuevo la mano de Gonzalo le detuvo. El párroco soltó un suspiro. - ¿Qué?
- ¿Cómo nos podemos asegurar de que no le vuelva a pasar algo como esto a nuestra hija?
- Que no haga ejercicio. Nada de marcas, sobre todo esa marca de la sonrisa torcida.
Gonzalo y Susana bufaron, casi al unísono.
- Perdone que le diga, páter, que es un consejo bastante lamentable.
- Bueno – se encogió de hombros hasta que pareció estar colgado de una percha -, es que éste es un cuento bastante lamentable.
Su cara, cuando el Padre Lucas bajó corriendo en busca de una bolsa de patatas fritas y dos pilas de tamaño medio, comenzó a desencajarse. No era habitual, al menos cinematográficamente hablando.
Empujados por la curiosidad, la cual parecía darles golpecitos en la espalda con ánimo de que siguieran al buen pastor, se atrevieron a asomarse al atroz cuarto de Malena. Esperaban encontrar un escenario de pesadilla, algo así como una guerra de cuarto de estar entre uno de los más poderosos creyentes y el gran negador, donde el frío parecería extenderse como mantequilla en una tostada y la energía psíquica saltara a borbotones, con ánimo de salpicar a cualquier curioso.
Oyeron un espantoso gemido como sacado de las profundidades del infierno, que tenían en Malena su representación terrenal.
Y al entrar…
El Padre Lucas se había vuelto a sentar en el escritorio. Los pies sobre la mesa, las manos ocupando dedos entre la bolsa de patatas, el crucifijo y una pera de agua bendita, la mirada puesta en la televisión, recién encendida. Al principio había buscado un canal eclesiástico, pero viendo que un programa de prensa rosa impelía a la criatura a exhalar los más exquisitos alaridos de angustia, decidió dejarlo en ese canal de pecadores y rameras. Nueva Sodoma, en directo y para todos los espectadores.
En su cama, Malena se retorcía de dolor. Había probado a arrastrar al sacerdote a correr un rato, aunque fuera a que la pegara un poco para que se moviera, pero éste sólo la respondía con crujidos sonoros de patatas, y constantes bostezos.
El demonio estaba a punto de salir, no había duda. Lucas lo sabía e intensificó su inactividad con minimalistas estiramientos. De vez en cuando, asperjaba el agua bendita con gesto cansado.
- Pasen y siéntense en el suelo, por favor – invitó el capellán al matrimonio, fijos como alcayatas a las paredes -, pero ante todo, no salgan corriendo. No hagan nada que pueda fatigarles, ni siquiera un poco.
- ¡¡CORRED CABRONES!! – chilló Malena.
- En el cuerpo de Cristo… - dijo con desinterés Lucas, arrojando algo más de agua bendita a Malena. Volvió a centrar su atención en los padres de la cría -: Si quieren, quédense ahí, pero ya me han oído, ¿de acuerdo? Estoy a punto de acabar…
La barrita de volumen del televisor indicaba cómo iba subiendo. Y a mayor volumen, más gritaba el demonio por aferrarse a Malena. Miró el engendro alrededor, y vio que no había nada que pudiera hacer para que se hiciera ejercicio en aquella casa cristiana.
Y la piel de Malena volvió a su color habitual, completamente curada, y su voz ya no parecía la de un rastrillo sobre un campo de grava.
Sin embargo, no todo había acabado. Con las blasfemas palabras del diablo pitándole en los oídos, el cura, cuya atención estaba centrada en la televisión, vio un anuncio de zapatillas de deporte. Luego salió el lema, y la concordancia exacta con los sonidos que emitía Malena le hizo dudar de su oficio. Quizá, no era el diablo quien estaba tras aquello. Quizá la fe sacó al demonio, pero el demonio no pertenecía a su fe.
Veinte metros delante de la casa, una persona que estaba haciendo footing se alejó corriendo a una velocidad sobrehumana, con cara de poseso, mientras gritaba y babeaba, una y otra vez:
- JUST DOOO IT, JUST DOOO IT, JUST DOOO IT
Con los padres de la chica como séquito, el Padre Lucas se dirigió a la salida como víctima de una terrible broma, abochornado por la sesión de exorcismo. Sudó más por las ganas de salir de allí que cuando Malena estaba poseída. Cuando se dispuso a abrir la puerta, salir corriendo y dejar atrás tan absurda aventura, la mano de Gonzalo le detuvo en el vano.
- Padre, querríamos darle las gracias por todo… - dijo, con timidez y humildad en rostro y voz.
- No ha sido nada; si no le importa… - volvió a cruzar el vano, y de nuevo la mano de Gonzalo le detuvo. El párroco soltó un suspiro. - ¿Qué?
- ¿Cómo nos podemos asegurar de que no le vuelva a pasar algo como esto a nuestra hija?
- Que no haga ejercicio. Nada de marcas, sobre todo esa marca de la sonrisa torcida.
Gonzalo y Susana bufaron, casi al unísono.
- Perdone que le diga, páter, que es un consejo bastante lamentable.
- Bueno – se encogió de hombros hasta que pareció estar colgado de una percha -, es que éste es un cuento bastante lamentable.
¡El Exorcismo! (y II)
El Padre Lucas, con la bolsa de instrumentos en mano, subía por las escaleras con la siniestra cacofonía de las correrías de Malena acompañándole: en algún momento, ella, o el ser que habitaba en su interior se dio cuenta del ritmo con que posaba los pies en las escaleras, y a cada pie posado le acompañaba un grito desgarrador o una desagradable pedorreta.
Malena rió, con la voz de un diablo vibrando en sus cuerdas vocales.
Pero Lucas no se reía. Era incapaz. Tanto mal, tan poco tiempo… pensó con modestia.
Al llegar al rellano, los gritos dieron lugar a una retahíla de golpes, desacompasados, como algo de goma que golpea un cuerpo blando. Cuando el Padre Lucas llegó al cuarto de Malena, comprendió el significado de aquello nada más abrir la puerta: la muchacha, con las zapatillas de deporte colocadas como guantes, se zurraba la cara con su particular leitmotiv:
- JUST DO IT! JUST DO IT!
El cura, tan ajeno al inglés como una ballena a un desierto, aventuró complicadas explicaciones para lo que Malena decía. Posiblemente arameo, y diría algo parecido a que era la ramera del diablo, o peor aún. Una, a los ojos de la bestia del pozo sin fondo, divertida blasfemia a costa del señor Jesús: el cuerpo de Cristo.
Se le erizó el vello. Prefería escucharlo en arameo (o cualquiera de los retorcidos dialectos favoritos en la otra vida) que en su propio idioma, porque así podría soportarlo. De lo contrario, si viera a la chica flagelándose y gritando “¡El cuerpo de Cristo!” podría acabar con su temple, lo que más necesitaba en aquellos duros momentos.
- JUST DO IT!
Empezó sacando un crucifijo de veinte centímetros al que abrazó. Luego se lo colocó frente a Malena, y esta se rió, con un deje de asco lo escupió y lo apartó de un fuerte manotazo.
- ¿Te resistes al Hijo? – espetó Lucas, fuera de sí.
- Y a lo que me echen – contestó juguetona.
Quedaba así comprobada la posesión: idiomas desconocidos, aversión al hijo de Dios…
Durante las siguientes dos horas, el Padre Lucas probó con todo lo que su repertorio daba de sí. Rezos, cánticos, símbolos… cada táctica lograba sacar, a lo sumo, una o dos carcajadas del demonio, y durante la ejecución de cada rito bostezaba en voz cada vez más alta, haciendo sentir al cura que ambos estaban perdiendo el tiempo.
Al fin, exhausto, y con Malena dando vueltas por la habitación con alegre y saludable trote cochinero, el Padre se sentó en la silla de despacho sobre la cual Malena estudiaba, o simulaba hacerlo.
- ¡¡Aaargh!! ¡¡Cabrón!! – se lamentó, a la desesperada, Malena. Su voz, como un puñado de cristales y ratones de campo dando vueltas en una trituradora, pareció reflejar por primera vez el miedo que debería haber sentido, en opinión del párroco, a Cristo.
- ¿¡Ahora lo sientes!? ¿¡Si no hago nada, maldito espíritu burlón!? – gritó Lucas, henchido de furia.
La cama de Malena chirriaba con furia ante los continuos envites de la joven, que se revolvía con violenta desesperación, agarrando las sábanas y tapándose, destapándose, lanzándolas fuera… de alguna manera, el Padre Lucas estaba haciendo daño al demonio.
¿Pero cómo?
El Padre se quedó pensativo. Si el demonio estaba fingiendo, efectivamente no habría nada que pudiera hacer, y entonces tendría que pedir ayuda al relamido Padre Scolari, con la vergüenza que ello traería. Y él no había estado media vida aplicándose para recibir el permiso de exorcista del obispado como para desistir por un espíritu fuerte. Pero si de verdad le estaba haciendo daño algo de lo que hacía (a pesar de que no era gran cosa, salvo sentarse con aire desesperado en una silla, listo para la inacción), debería tener cuidado, no fuera a recibir ningún ataque.
Se irguió, y con él se levantó la joven, de nuevo vigorosa. Se sentó. No pasó nada. Y luego, se permitió el lujo, nada propio en él, de poner los pies sobre el escritorio que tenía delante.
Mirando la pantalla vacía del televisor colocado en una de las estanterías.
Fingiendo interés.
Y de nuevo, un aullido.
El Padre Lucas sonrió, con la idea perfecta para hacer salir a tan atípico demonio.
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De nuevo, el blog ha quedado estancado durante un tiempo. Bueno, lo actualizaré según me dé la gana, para qué engañaros, a los inexistentes que aún quedáis, en vez de poneros una fecha determinada.
Malena rió, con la voz de un diablo vibrando en sus cuerdas vocales.
Pero Lucas no se reía. Era incapaz. Tanto mal, tan poco tiempo… pensó con modestia.
Al llegar al rellano, los gritos dieron lugar a una retahíla de golpes, desacompasados, como algo de goma que golpea un cuerpo blando. Cuando el Padre Lucas llegó al cuarto de Malena, comprendió el significado de aquello nada más abrir la puerta: la muchacha, con las zapatillas de deporte colocadas como guantes, se zurraba la cara con su particular leitmotiv:
- JUST DO IT! JUST DO IT!
El cura, tan ajeno al inglés como una ballena a un desierto, aventuró complicadas explicaciones para lo que Malena decía. Posiblemente arameo, y diría algo parecido a que era la ramera del diablo, o peor aún. Una, a los ojos de la bestia del pozo sin fondo, divertida blasfemia a costa del señor Jesús: el cuerpo de Cristo.
Se le erizó el vello. Prefería escucharlo en arameo (o cualquiera de los retorcidos dialectos favoritos en la otra vida) que en su propio idioma, porque así podría soportarlo. De lo contrario, si viera a la chica flagelándose y gritando “¡El cuerpo de Cristo!” podría acabar con su temple, lo que más necesitaba en aquellos duros momentos.
- JUST DO IT!
Empezó sacando un crucifijo de veinte centímetros al que abrazó. Luego se lo colocó frente a Malena, y esta se rió, con un deje de asco lo escupió y lo apartó de un fuerte manotazo.
- ¿Te resistes al Hijo? – espetó Lucas, fuera de sí.
- Y a lo que me echen – contestó juguetona.
Quedaba así comprobada la posesión: idiomas desconocidos, aversión al hijo de Dios…
Durante las siguientes dos horas, el Padre Lucas probó con todo lo que su repertorio daba de sí. Rezos, cánticos, símbolos… cada táctica lograba sacar, a lo sumo, una o dos carcajadas del demonio, y durante la ejecución de cada rito bostezaba en voz cada vez más alta, haciendo sentir al cura que ambos estaban perdiendo el tiempo.
Al fin, exhausto, y con Malena dando vueltas por la habitación con alegre y saludable trote cochinero, el Padre se sentó en la silla de despacho sobre la cual Malena estudiaba, o simulaba hacerlo.
- ¡¡Aaargh!! ¡¡Cabrón!! – se lamentó, a la desesperada, Malena. Su voz, como un puñado de cristales y ratones de campo dando vueltas en una trituradora, pareció reflejar por primera vez el miedo que debería haber sentido, en opinión del párroco, a Cristo.
- ¿¡Ahora lo sientes!? ¿¡Si no hago nada, maldito espíritu burlón!? – gritó Lucas, henchido de furia.
La cama de Malena chirriaba con furia ante los continuos envites de la joven, que se revolvía con violenta desesperación, agarrando las sábanas y tapándose, destapándose, lanzándolas fuera… de alguna manera, el Padre Lucas estaba haciendo daño al demonio.
¿Pero cómo?
El Padre se quedó pensativo. Si el demonio estaba fingiendo, efectivamente no habría nada que pudiera hacer, y entonces tendría que pedir ayuda al relamido Padre Scolari, con la vergüenza que ello traería. Y él no había estado media vida aplicándose para recibir el permiso de exorcista del obispado como para desistir por un espíritu fuerte. Pero si de verdad le estaba haciendo daño algo de lo que hacía (a pesar de que no era gran cosa, salvo sentarse con aire desesperado en una silla, listo para la inacción), debería tener cuidado, no fuera a recibir ningún ataque.
Se irguió, y con él se levantó la joven, de nuevo vigorosa. Se sentó. No pasó nada. Y luego, se permitió el lujo, nada propio en él, de poner los pies sobre el escritorio que tenía delante.
Mirando la pantalla vacía del televisor colocado en una de las estanterías.
Fingiendo interés.
Y de nuevo, un aullido.
El Padre Lucas sonrió, con la idea perfecta para hacer salir a tan atípico demonio.
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De nuevo, el blog ha quedado estancado durante un tiempo. Bueno, lo actualizaré según me dé la gana, para qué engañaros, a los inexistentes que aún quedáis, en vez de poneros una fecha determinada.