El perro Manuel (y IV)
Tardé un par de horas en alcanzar algún tipo de paz interior.
Bien, pensé, Manuel ha hecho lo de imitar a Canelo para evitar una regañina pero, ¿y después? Le acababa de dejar en casa de Ernesto y éste pensaba que su perro seguía vivo, y le daría la comida y hablaría con él como se habla con los niños, los tontos, los borrachos y los perros: cierto tono condescendiente, cierto tono de superioridad… Pero tarde o temprano, Manuel tendría que parar su impostura.
Su familia no tardaría en llamar, ¿qué les explicaba? Que su hijo estaba haciéndose pasar por un perro ¿no? Que su hijo tiene retorcido el cuerpo para reproducir la musculatura y silueta de un pastor alemán, ¡muy inteligente!
No, no, sin duda lo que había que hacer era convencer a Ernesto de que Manuel no era su perro, y sacar a este último de la vida perruna. ¿Cómo?
El perro muerto.
Llegué a tiempo para ver cómo vaciaban los cubos de basura dentro del camión, ¿es que estas cosas siempre pasan? La puñetera Ley de Murphy en acción. No supe cuál de los cubos era el que tenía a Canelo, pero casi estaban acabando con todos los de la comunidad. Al alejarse, observo un reguero de agua aceitosa y marrón, maloliente, con pequeños ribetes carmesí.
Adiós, Canelo.
Llamé a los padres de Manuel desde mi móvil, sin atreverme a volver a entrar en el edificio de Ernesto.
- ¿Diga?
- Hola, soy Adán, ¿es usted el padre de Manuel?
- Sí, soy yo… te conozco, eres uno de sus amigos… ¿qué ocurre?
- Es Manuel, está en casa de un amigo común… está un poco enfermo, y me preguntaba si pueden venir a recogerlo.
- Uhrmmm….
El gruñido podía traducirse libremente como: esta juventú, vais todo el día envenenaos, y así os pasa…
Le di la dirección y esperé en el portal de Ernesto.
Guzmán, que así se llamaba el padre de Manuel, era un hombre larguirucho y de pelo cano y cara afable y maleable. Digo maleable porque salió sonriendo del coche y el gesto se le torció lentamente, la piel de la cara se tomó su tiempo para reorganizar, a partir de la sonrisa, una expresión de severidad y enfado.
La corbata, algo aflojada, colgaba laxa sobre el traje marrón de lana.
- ¿Y mi hijo?
- Dentro.
Fuimos al rescate.
Bien, pensé, Manuel ha hecho lo de imitar a Canelo para evitar una regañina pero, ¿y después? Le acababa de dejar en casa de Ernesto y éste pensaba que su perro seguía vivo, y le daría la comida y hablaría con él como se habla con los niños, los tontos, los borrachos y los perros: cierto tono condescendiente, cierto tono de superioridad… Pero tarde o temprano, Manuel tendría que parar su impostura.
Su familia no tardaría en llamar, ¿qué les explicaba? Que su hijo estaba haciéndose pasar por un perro ¿no? Que su hijo tiene retorcido el cuerpo para reproducir la musculatura y silueta de un pastor alemán, ¡muy inteligente!
No, no, sin duda lo que había que hacer era convencer a Ernesto de que Manuel no era su perro, y sacar a este último de la vida perruna. ¿Cómo?
El perro muerto.
Llegué a tiempo para ver cómo vaciaban los cubos de basura dentro del camión, ¿es que estas cosas siempre pasan? La puñetera Ley de Murphy en acción. No supe cuál de los cubos era el que tenía a Canelo, pero casi estaban acabando con todos los de la comunidad. Al alejarse, observo un reguero de agua aceitosa y marrón, maloliente, con pequeños ribetes carmesí.
Adiós, Canelo.
Llamé a los padres de Manuel desde mi móvil, sin atreverme a volver a entrar en el edificio de Ernesto.
- ¿Diga?
- Hola, soy Adán, ¿es usted el padre de Manuel?
- Sí, soy yo… te conozco, eres uno de sus amigos… ¿qué ocurre?
- Es Manuel, está en casa de un amigo común… está un poco enfermo, y me preguntaba si pueden venir a recogerlo.
- Uhrmmm….
El gruñido podía traducirse libremente como: esta juventú, vais todo el día envenenaos, y así os pasa…
Le di la dirección y esperé en el portal de Ernesto.
Guzmán, que así se llamaba el padre de Manuel, era un hombre larguirucho y de pelo cano y cara afable y maleable. Digo maleable porque salió sonriendo del coche y el gesto se le torció lentamente, la piel de la cara se tomó su tiempo para reorganizar, a partir de la sonrisa, una expresión de severidad y enfado.
La corbata, algo aflojada, colgaba laxa sobre el traje marrón de lana.
- ¿Y mi hijo?
- Dentro.
Fuimos al rescate.
Comentario:
Encanto, actualizando que es gerundio. Estamos a día 4 y entiendo que Ady juega con ventaja y ya sabe qué va a pasar, pero yo estoy a dos velas y NECESITO saber cómo sigue la historia. Ale!! :) A currar!
Comentario:
OIoioioioi qué interesante está esto... Ahora sí la has montado. A ver cómo la deslías.
Feliz año, encanto!!! :) (mi regalo triunfó, triunfó, triunfó...)
Feliz año, encanto!!! :) (mi regalo triunfó, triunfó, triunfó...)
Comentario:
Estoy intrigada, reconozco, que cuando me contaste sobre qué ibas a escribir me parecio una tonteria, pero ahora la cosa tiene intriga, estoy ansiosa por saber que pasa después.
besos!
besos!





