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Diario de un sociópata
El mundo es absurdo y nos gusta tal y como está
Acerca de
Estoy loco, lo descubrí cuando rompí el espejo, porque no reflejaba mi cara sino la de todos los demás.
Sindicación
 
¡El Exorcismo! (y II)
El Padre Lucas, con la bolsa de instrumentos en mano, subía por las escaleras con la siniestra cacofonía de las correrías de Malena acompañándole: en algún momento, ella, o el ser que habitaba en su interior se dio cuenta del ritmo con que posaba los pies en las escaleras, y a cada pie posado le acompañaba un grito desgarrador o una desagradable pedorreta.
Malena rió, con la voz de un diablo vibrando en sus cuerdas vocales.
Pero Lucas no se reía. Era incapaz. Tanto mal, tan poco tiempo… pensó con modestia.
Al llegar al rellano, los gritos dieron lugar a una retahíla de golpes, desacompasados, como algo de goma que golpea un cuerpo blando. Cuando el Padre Lucas llegó al cuarto de Malena, comprendió el significado de aquello nada más abrir la puerta: la muchacha, con las zapatillas de deporte colocadas como guantes, se zurraba la cara con su particular leitmotiv:
- JUST DO IT! JUST DO IT!
El cura, tan ajeno al inglés como una ballena a un desierto, aventuró complicadas explicaciones para lo que Malena decía. Posiblemente arameo, y diría algo parecido a que era la ramera del diablo, o peor aún. Una, a los ojos de la bestia del pozo sin fondo, divertida blasfemia a costa del señor Jesús: el cuerpo de Cristo.
Se le erizó el vello. Prefería escucharlo en arameo (o cualquiera de los retorcidos dialectos favoritos en la otra vida) que en su propio idioma, porque así podría soportarlo. De lo contrario, si viera a la chica flagelándose y gritando “¡El cuerpo de Cristo!” podría acabar con su temple, lo que más necesitaba en aquellos duros momentos.
- JUST DO IT!
Empezó sacando un crucifijo de veinte centímetros al que abrazó. Luego se lo colocó frente a Malena, y esta se rió, con un deje de asco lo escupió y lo apartó de un fuerte manotazo.
- ¿Te resistes al Hijo? – espetó Lucas, fuera de sí.
- Y a lo que me echen – contestó juguetona.
Quedaba así comprobada la posesión: idiomas desconocidos, aversión al hijo de Dios…
Durante las siguientes dos horas, el Padre Lucas probó con todo lo que su repertorio daba de sí. Rezos, cánticos, símbolos… cada táctica lograba sacar, a lo sumo, una o dos carcajadas del demonio, y durante la ejecución de cada rito bostezaba en voz cada vez más alta, haciendo sentir al cura que ambos estaban perdiendo el tiempo.
Al fin, exhausto, y con Malena dando vueltas por la habitación con alegre y saludable trote cochinero, el Padre se sentó en la silla de despacho sobre la cual Malena estudiaba, o simulaba hacerlo.
- ¡¡Aaargh!! ¡¡Cabrón!! – se lamentó, a la desesperada, Malena. Su voz, como un puñado de cristales y ratones de campo dando vueltas en una trituradora, pareció reflejar por primera vez el miedo que debería haber sentido, en opinión del párroco, a Cristo.
- ¿¡Ahora lo sientes!? ¿¡Si no hago nada, maldito espíritu burlón!? – gritó Lucas, henchido de furia.
La cama de Malena chirriaba con furia ante los continuos envites de la joven, que se revolvía con violenta desesperación, agarrando las sábanas y tapándose, destapándose, lanzándolas fuera… de alguna manera, el Padre Lucas estaba haciendo daño al demonio.
¿Pero cómo?
El Padre se quedó pensativo. Si el demonio estaba fingiendo, efectivamente no habría nada que pudiera hacer, y entonces tendría que pedir ayuda al relamido Padre Scolari, con la vergüenza que ello traería. Y él no había estado media vida aplicándose para recibir el permiso de exorcista del obispado como para desistir por un espíritu fuerte. Pero si de verdad le estaba haciendo daño algo de lo que hacía (a pesar de que no era gran cosa, salvo sentarse con aire desesperado en una silla, listo para la inacción), debería tener cuidado, no fuera a recibir ningún ataque.
Se irguió, y con él se levantó la joven, de nuevo vigorosa. Se sentó. No pasó nada. Y luego, se permitió el lujo, nada propio en él, de poner los pies sobre el escritorio que tenía delante.
Mirando la pantalla vacía del televisor colocado en una de las estanterías.
Fingiendo interés.
Y de nuevo, un aullido.
El Padre Lucas sonrió, con la idea perfecta para hacer salir a tan atípico demonio.

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De nuevo, el blog ha quedado estancado durante un tiempo. Bueno, lo actualizaré según me dé la gana, para qué engañaros, a los inexistentes que aún quedáis, en vez de poneros una fecha determinada.
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Comentario:
Cuanto tiempo has tardado!!!

bueno, bienvenido de nuevo ;) y a ver si no nos haces esperar tanto para la próxima entrega .
No