El libro de los cabrones
El título de aquel libro llamó poderosamente mi atención; físicamente, el volumen era un montón de cuero avejentado y mohoso, y las páginas amarillas como orín. Un par de pasos detrás de mí, el dependiente reía en voz queda, como si estuviera prohibido hacerlo en un lugar tan serio como su tienda.
- Viejo, ¿cuánto es el libro? – le pregunté. Señalé el puñado de páginas que trataban de correr por separado en mis manos.
- Je, je, je… sabía que vendrías a por él. Está escrito – dijo, con ese sentido del humor que caracteriza a los que no tienen sentido del humor, y hacen un chiste sin tener ni puta gracia, cuando ellos se parten de risa por dentro. Dejó ver el solitario archipiélago de dientes que nadaba a la deriva en el agitado mar de sus encías, aunque de vez en cuando se tapaba la boca con sus viejos guantes de lana, casi tatuados a su piel.
- Va, va, va… ¿entonces por cuánto lo compro? –contesté sin paciencia -. ¿Eso también está escrito, no? Espero que valga menos euros que dientes hay en tu boca.
Se calló por un momento. Me puso mala cara, tal y como esperaba, y se encaminó a la caja. La tienda estaba llena de películas VHS, discos viejos, algún que otro póster y un par de cuadros pintados por una mente infantil atrapada en los torpes dedos de un hombre viejo. Miré alrededor distraído, y luego mis ojos se posaron en la caja registradora, y en el pequeño hueco de debajo lleno de billetes.
- ¿Tienes muchas ventas, no? – pregunté, por decir algo. Agarré mi supuesta adquisición por el lomo, con fuerza, para probar la consistencia de la encuadernación.
- Vendo libros viejos. Hay coleccionistas. Rellena lo que ocurre si eres tan listo…
- Sí – puso cara de esperanzado, como si estuviera empezando a comprender su oficio y no sólo su déficit dental -, que hay gente a la que le sobra el dinero.
- Un libro – arguyó a la desesperada – es un amigo, un confidente… es papel transmutado en oro y vino que nunca se pica. Es una ayuda y un arma para la humanidad. Es historia antigua, presente… y futura – y volvió a reírse. Me estaba poniendo de los nervios.
- Calla ya, hostias – harto del numerito, tiré el libro de mi mano, saqué la pistola y apunté al viejo con ella -. ¡Ahora dame toda la pasta, YA!
Sin perder la compostura, sacó a puñados los billetes de la caja, los del hueco, y un gran libro de debajo del mostrador.
- El resto del dinero está dentro – dijo ufano, mientras levantaba las manos. Así pudo hacer ver que no haría ninguna tontería.
Mi vista siguió fija en él, por si tenía algún truco en la manga, y dirigí mi mano al viejo libro que me había colocado. Abrí las tapas con cuidado, y al pasar las hojas no descubrí ni un billete; sólo conseguí un ligero escozor en los dedos.
De repente, mi cuerpo se atenazó y solté el arma. Me puse de rodillas, incapaz de soportar el dolor que se acumulaba en mi cuerpo, y el viejo se acercó, riéndose de nuevo. Odié esa risa, y la odiaré para siempre. Vino y me dijo:
- Son un arma. Pueden adiestrar la mente, o envenenar a quien lo merece – y cogió el libro que había captado mi atención al principio, y me lo acercó a la cara -. Y si alguien sabe el futuro, puede transmitirlo. Por ejemplo, puede hablar del asesinato de un viejo librero… y de cómo podría reaccionar éste en consecuencia para evitarlo. Cómo envenenar unas hojas. Cómo devorar a tus enemigos.
El dolor siguió retorciéndome por dentro, pero una leve sensación de alivio se produjo con el libro cerca de mí. Tardé demasiado en darme cuenta de que esto era así porque estaba devorando mi alma. Leyéndome, y asimilándome en su interior.
- Los libros, en definitiva, son una extensión de nosotros mismos. Buen viaje, gilipollas.
Mi vida acabó convertida en páginas, y mi final es éste: ser un capítulo más en “Los que intentaron joderme”. Curioso título.
Y os digo por experiencia que no somos pocos capítulos aquí dentro.
- Viejo, ¿cuánto es el libro? – le pregunté. Señalé el puñado de páginas que trataban de correr por separado en mis manos.
- Je, je, je… sabía que vendrías a por él. Está escrito – dijo, con ese sentido del humor que caracteriza a los que no tienen sentido del humor, y hacen un chiste sin tener ni puta gracia, cuando ellos se parten de risa por dentro. Dejó ver el solitario archipiélago de dientes que nadaba a la deriva en el agitado mar de sus encías, aunque de vez en cuando se tapaba la boca con sus viejos guantes de lana, casi tatuados a su piel.
- Va, va, va… ¿entonces por cuánto lo compro? –contesté sin paciencia -. ¿Eso también está escrito, no? Espero que valga menos euros que dientes hay en tu boca.
Se calló por un momento. Me puso mala cara, tal y como esperaba, y se encaminó a la caja. La tienda estaba llena de películas VHS, discos viejos, algún que otro póster y un par de cuadros pintados por una mente infantil atrapada en los torpes dedos de un hombre viejo. Miré alrededor distraído, y luego mis ojos se posaron en la caja registradora, y en el pequeño hueco de debajo lleno de billetes.
- ¿Tienes muchas ventas, no? – pregunté, por decir algo. Agarré mi supuesta adquisición por el lomo, con fuerza, para probar la consistencia de la encuadernación.
- Vendo libros viejos. Hay coleccionistas. Rellena lo que ocurre si eres tan listo…
- Sí – puso cara de esperanzado, como si estuviera empezando a comprender su oficio y no sólo su déficit dental -, que hay gente a la que le sobra el dinero.
- Un libro – arguyó a la desesperada – es un amigo, un confidente… es papel transmutado en oro y vino que nunca se pica. Es una ayuda y un arma para la humanidad. Es historia antigua, presente… y futura – y volvió a reírse. Me estaba poniendo de los nervios.
- Calla ya, hostias – harto del numerito, tiré el libro de mi mano, saqué la pistola y apunté al viejo con ella -. ¡Ahora dame toda la pasta, YA!
Sin perder la compostura, sacó a puñados los billetes de la caja, los del hueco, y un gran libro de debajo del mostrador.
- El resto del dinero está dentro – dijo ufano, mientras levantaba las manos. Así pudo hacer ver que no haría ninguna tontería.
Mi vista siguió fija en él, por si tenía algún truco en la manga, y dirigí mi mano al viejo libro que me había colocado. Abrí las tapas con cuidado, y al pasar las hojas no descubrí ni un billete; sólo conseguí un ligero escozor en los dedos.
De repente, mi cuerpo se atenazó y solté el arma. Me puse de rodillas, incapaz de soportar el dolor que se acumulaba en mi cuerpo, y el viejo se acercó, riéndose de nuevo. Odié esa risa, y la odiaré para siempre. Vino y me dijo:
- Son un arma. Pueden adiestrar la mente, o envenenar a quien lo merece – y cogió el libro que había captado mi atención al principio, y me lo acercó a la cara -. Y si alguien sabe el futuro, puede transmitirlo. Por ejemplo, puede hablar del asesinato de un viejo librero… y de cómo podría reaccionar éste en consecuencia para evitarlo. Cómo envenenar unas hojas. Cómo devorar a tus enemigos.
El dolor siguió retorciéndome por dentro, pero una leve sensación de alivio se produjo con el libro cerca de mí. Tardé demasiado en darme cuenta de que esto era así porque estaba devorando mi alma. Leyéndome, y asimilándome en su interior.
- Los libros, en definitiva, son una extensión de nosotros mismos. Buen viaje, gilipollas.
Mi vida acabó convertida en páginas, y mi final es éste: ser un capítulo más en “Los que intentaron joderme”. Curioso título.
Y os digo por experiencia que no somos pocos capítulos aquí dentro.
Comentario:
wow!
a pesar de haber ecrito algo bastante parecido, el final me ha sorprendido mucho... en un principio me acordé de un cuento que lei de niño, en el que un cuentacuentos era decapitado por acostarse con la hija de un sultán. antes de morir, el cuentacuentos le regala un libro al sultán, pues esa es la costumbre de su tierra.
Una vez muerto, el sultán se dispone a ojear el libro. Como sus gordos dedos no estaban acostumbrados a tal actividad y para darse aires de gran dignidad, se humedecía ampulosamente los dedos antes de pasar cada página.
Entonces la cabeza del cuentacuentos, colocada sobre una bandeja de plata, abrió los ojos y dijo:
disfruta de tu última lectura sultán, pues envenené las hojas del libro y hoy nos veremos en el más allá.
y el sultán cayó muerto
a pesar de haber ecrito algo bastante parecido, el final me ha sorprendido mucho... en un principio me acordé de un cuento que lei de niño, en el que un cuentacuentos era decapitado por acostarse con la hija de un sultán. antes de morir, el cuentacuentos le regala un libro al sultán, pues esa es la costumbre de su tierra.
Una vez muerto, el sultán se dispone a ojear el libro. Como sus gordos dedos no estaban acostumbrados a tal actividad y para darse aires de gran dignidad, se humedecía ampulosamente los dedos antes de pasar cada página.
Entonces la cabeza del cuentacuentos, colocada sobre una bandeja de plata, abrió los ojos y dijo:
disfruta de tu última lectura sultán, pues envenené las hojas del libro y hoy nos veremos en el más allá.
y el sultán cayó muerto
Comentario:
Muy bueno. Te felicito!!!Coincido con Tormenta, Esa frase, es genial...Y la historia en general.
Sólo resta decirle a Pedro, que siga invitando amigos a cuentacuentos: Bienvenido!!!
Un abrazo
Sólo resta decirle a Pedro, que siga invitando amigos a cuentacuentos: Bienvenido!!!
Un abrazo
Comentario:
..Desbordante e inesperado..he visto otra forma de ver...un saludo de otra novata en el cuentacuentos..
Comentario:
En primer lugar bienvenido a "El cuentacuentos" me gustó mucho esta primera historia que has publicado un gran relato de terror que atrapa desde el principio (como el libro al protagonista de tu historia).
Nos leemos. Un saludo
Nos leemos. Un saludo
Comentario:
¡Vaya!
Una muy agradable sorpresa esta historia, la verdad. Bienvenido al Cuentacuentos, te hacemos hueco, no vaya a ser que nos tires con un libro de esos :)
Una muy agradable sorpresa esta historia, la verdad. Bienvenido al Cuentacuentos, te hacemos hueco, no vaya a ser que nos tires con un libro de esos :)
Comentario:
INTERESANTISIAM IDEA. TE FELICITO
UN IBRO QUE NOS LEE Y NOS DEVORA... MUY INTERESANTE
TE FELICITO OTRA VEZ
UN IBRO QUE NOS LEE Y NOS DEVORA... MUY INTERESANTE
TE FELICITO OTRA VEZ
Comentario:
Otra vez por aquí, releer tu cuento es un placer, no te lo dije en el anterior post pero los dialogos me han parecido muy bien llevados. No me di cuenta de lo del bibliotecario.. porque mi hermana y una amiga han estudiado Biblioteconomía y creo que algo se me ha pegado...
Tampoco te lo dije en el anterior post, pero lo normal es que la frase que se publica una semana sea la de los relatos de la siguiente semana (Yo hice lo mismo cuando empecé). De todas maneras no pasa nada por publicar antes, hay pocas reglas estrictas en el cuentacuentos, salvo no olvidar nunca la sonrisa ;)
Un abrazo,
Pedro.
Tampoco te lo dije en el anterior post, pero lo normal es que la frase que se publica una semana sea la de los relatos de la siguiente semana (Yo hice lo mismo cuando empecé). De todas maneras no pasa nada por publicar antes, hay pocas reglas estrictas en el cuentacuentos, salvo no olvidar nunca la sonrisa ;)
Un abrazo,
Pedro.
Comentario:
Guau!
Me has impresionado!!!
Es muy bueno!
Salu2
Me has impresionado!!!
Es muy bueno!
Salu2
Comentario:
Joder!! Con perdón de la palabra... Es que me has dejado aluncinada!!! jajajaj.... Madre mía...
Ahora miraré los libros de otra forma y con otros ojos... Los tendré vigilados.... jajajaj....
Bienvenido!!!
Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.
Niobiña.
Ahora miraré los libros de otra forma y con otros ojos... Los tendré vigilados.... jajajaj....
Bienvenido!!!
Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.
Niobiña.
Comentario:
Muy muy bueno!!! Y bienvenido a cuentacuentos
Comentario:
Bienvenido a Cuentacuentos, señor sociópata! un placer tenerle entre nosotros bla bla bla... y así, entre tú y ello, un placer leerte. Aires nuevos dicen por ahí, aires extraños diría yo
Y la historia es muy buena, aunque parece que nuestro querido librero no tenía muchos amigos...
Saludos!
Y la historia es muy buena, aunque parece que nuestro querido librero no tenía muchos amigos...
Saludos!
Comentario:
Muchas gracias por vuestro apoyo chicos. Empiezo con buen pie.
Respecto a lo del bibliotecario, ya está solucionado. Es que el bibliotecario soy yo (estoy estudiando Biblioteconomía), y se me cruzan los cables...
Respecto a lo del bibliotecario, ya está solucionado. Es que el bibliotecario soy yo (estoy estudiando Biblioteconomía), y se me cruzan los cables...
Comentario:
Buenas...
Sabes? llevas aquí un día y ya te recomiendan, esto es muy prometedor...
El relato me ha encantado, tienes una cabecita interesante... y está frase me ha matado:"Dejó ver el solitario archipiélago de dientes que nadaba a la deriva en el agitado mar de sus encías" muy buena, tanto, que he perdido un poco de cordura al leerla.
Es un relato divertido y oscuro, y eso es muy complicado de hacer. Además, como dice Popi, vomitado: más a tu favor.
Sólo te pongo una pega...( es sólo una opinión) pero un viejo que vende libros en una tienda, no es un bibliotecario, es un librero :P Sólo eso; me ha rechinado un poco, pero por lo demás es un relato genial.(y esa tonteria no le quita en absoluto genialidad)
Un beso.
Me alegro que estés en cuentacuentos.
Sabes? llevas aquí un día y ya te recomiendan, esto es muy prometedor...
El relato me ha encantado, tienes una cabecita interesante... y está frase me ha matado:"Dejó ver el solitario archipiélago de dientes que nadaba a la deriva en el agitado mar de sus encías" muy buena, tanto, que he perdido un poco de cordura al leerla.
Es un relato divertido y oscuro, y eso es muy complicado de hacer. Además, como dice Popi, vomitado: más a tu favor.
Sólo te pongo una pega...( es sólo una opinión) pero un viejo que vende libros en una tienda, no es un bibliotecario, es un librero :P Sólo eso; me ha rechinado un poco, pero por lo demás es un relato genial.(y esa tonteria no le quita en absoluto genialidad)
Un beso.
Me alegro que estés en cuentacuentos.
Comentario:
Muy bueno :)
Comentario:
Hola, capullín.
Vine porque no sé dónde decías que te recomendó Pedro unirte a la secta, y Pedro tiene buen gusto y arte.
No me falló la intuición.
Buenísimo. Letras nuevas en cuentacuentos y de las buenas. No sabes lo que me alegro. Una historia buenísima, me repito, y escrita como a mí me gusta: vomitándola.
Bienvenido. Buen disco el último.
Nos vemos.
Ah!Si pones la dirección en tu perfil del foro nos será más sencillo dar contigo.
Vine porque no sé dónde decías que te recomendó Pedro unirte a la secta, y Pedro tiene buen gusto y arte.
No me falló la intuición.
Buenísimo. Letras nuevas en cuentacuentos y de las buenas. No sabes lo que me alegro. Una historia buenísima, me repito, y escrita como a mí me gusta: vomitándola.
Bienvenido. Buen disco el último.
Nos vemos.
Ah!Si pones la dirección en tu perfil del foro nos será más sencillo dar contigo.
Comentario:
¡Bienvenido a Cuentacuentos!
¿Como no presentaste algo como esto al concurso de aullidos? Me ha parecido muy bueno, una primera persona muy dura y bien llevada.Me ha gustado mucho.
Con cuentos como este te auguro muchas visitas ;)
¿Como no presentaste algo como esto al concurso de aullidos? Me ha parecido muy bueno, una primera persona muy dura y bien llevada.Me ha gustado mucho.
Con cuentos como este te auguro muchas visitas ;)





