Un Cuento Navideño (Final)
En algo más de una hora, el Suances había sido despedido gracias a la irrupción de un alumno, de nombre desconocido, que había contemplado las actividades extra escolares con Emma y se volvió irremediablemente idiota. Se comentaba en corrillos que la estampa también le sacó los ojos dos centímetros de sus cuencas, pero si nadie le había prestado atención para aprenderse su nombre, mucho menos para acordarse de su anterior cara y corroborar su historia.
En algo más de una hora, Luís había amenazado a Emma, saltado sobre el coche de Suances con una navaja en la boca y había sido disparado por la espalda y detenido por la policía cuando intentaba comprar una botella de gasolina para “encender una fogata”. Presentaba una sonrisa inusualmente grande, ocasionada por el puñetazo que el ex profesor de Lengua le había propinado en la boca en defensa propia.
En algo más de una hora, Jorge había extorsionado al director para aprobar holgadamente bachillerato gracias a su asombroso (y exacto, enfermizamente exacto) conocimiento sobre los actos de Suances y Emma; había consolado y extorsionado a la chica, consiguiendo sexo ocasional a cambio de apuntes con la condición de que llevara máscara; y se había ganado el respeto de los matones por su nuevo estatus como pareja de Emma, pues su ex novio no podría volver a pisar el instituto hasta que saliera de rehabilitación, cumpliera condena y el instituto construyera rampas y ascensores por todo el centro, por ese orden.
El gato del conserje se cruzó delante de Jorge mientras éste volvía triunfal a casa, feliz por encauzar su vida. Ambos se miraron con violencia, ya que uno sabía lo que el otro estaba a punto de hacer, y entonces el minino salió disparado de una patada contra una camioneta aparcada a medio metro.
En algo más de una hora, Fulgencio había seguido el recorrido triunfal de Jorge, y se encontraba a pocos metros por detrás en su salida del instituto. El ángel se paró delante de Johnny, Fran y Areces, quienes comentaban lo legal que era Jorge ahora que tenía una novia que estaba buena, y se volvió material cuando Renato maulló con todas sus fuerzas.
- Mira tío, ¡un enano con túnica! – dijo Johnny.
- ¡¡VAMOS A DARLE UNA PALIZA!! – gritó Fran.
- ¡¡¡GÑÉ!!! – balbució Areces.
Y Fulgencio subió al Cielo a hostias para recibir sus alas, donde todo eran nubes que se pegan a la carne viva como el algodón más recalcitrante y donde no había tiritas.
Pero era Navidad, así que sonrío un poco y de forma torcida.
En algo más de una hora, Luís había amenazado a Emma, saltado sobre el coche de Suances con una navaja en la boca y había sido disparado por la espalda y detenido por la policía cuando intentaba comprar una botella de gasolina para “encender una fogata”. Presentaba una sonrisa inusualmente grande, ocasionada por el puñetazo que el ex profesor de Lengua le había propinado en la boca en defensa propia.
En algo más de una hora, Jorge había extorsionado al director para aprobar holgadamente bachillerato gracias a su asombroso (y exacto, enfermizamente exacto) conocimiento sobre los actos de Suances y Emma; había consolado y extorsionado a la chica, consiguiendo sexo ocasional a cambio de apuntes con la condición de que llevara máscara; y se había ganado el respeto de los matones por su nuevo estatus como pareja de Emma, pues su ex novio no podría volver a pisar el instituto hasta que saliera de rehabilitación, cumpliera condena y el instituto construyera rampas y ascensores por todo el centro, por ese orden.
El gato del conserje se cruzó delante de Jorge mientras éste volvía triunfal a casa, feliz por encauzar su vida. Ambos se miraron con violencia, ya que uno sabía lo que el otro estaba a punto de hacer, y entonces el minino salió disparado de una patada contra una camioneta aparcada a medio metro.
En algo más de una hora, Fulgencio había seguido el recorrido triunfal de Jorge, y se encontraba a pocos metros por detrás en su salida del instituto. El ángel se paró delante de Johnny, Fran y Areces, quienes comentaban lo legal que era Jorge ahora que tenía una novia que estaba buena, y se volvió material cuando Renato maulló con todas sus fuerzas.
- Mira tío, ¡un enano con túnica! – dijo Johnny.
- ¡¡VAMOS A DARLE UNA PALIZA!! – gritó Fran.
- ¡¡¡GÑÉ!!! – balbució Areces.
Y Fulgencio subió al Cielo a hostias para recibir sus alas, donde todo eran nubes que se pegan a la carne viva como el algodón más recalcitrante y donde no había tiritas.
Pero era Navidad, así que sonrío un poco y de forma torcida.