Sábado de Juego (II)
Tengo un problema.
Soy ludópata.
Al principio, comienzas jugando a las máquinas tragaperras cuando sales a tomar una cerveza. Para relajarte, ya sabéis.
Pero luego eso no basta, porque piensas que el gran premio debe de estar esperándote a la vuelta de la esquina. Como cuando te toca la lotería o algo así, estás expectante, esperando que la suerte caiga sobre ti como un enorme camión de felicidad desbocada.
Y empiezas a subir. El bingo está en la esquina, piensas. Por qué no. Total, un par de cartones y fuera. Además, queda menos ridículo si pierdes dinero, porque no es lo mismo la cara que ponen cuando has perdido 50 pavos en una maquinita que cuando los has perdido con unos cartones de bingo. Tarde o temprano, todo el mundo se pasa por el bingo, he visto a jóvenes, maduros, viejos y parejas y amargados allí reunidos.
No pasa mucho sin que puedas evitar soltar ciertas indirectas en tu trabajo. Seguro que en la oficina, algún compañero tiene un amigo amigo de otro amigo que hace timbas en casa. Ya, si eres un espíritu inquieto, los casinos y bingos no tienen nada que ofrecerte. Bueno, quizás tengan black jack, ruletas, dados, cartas... pero, ¿y la atracción que produce participar en una timba donde todos se conocen, donde desplumas a gente igual que tú? Porque, al igual que el bingo, al casino se va por lo menos una vez en la vida, pero los que ganan son los jugadores profesionales, los que son socios de lujo y apuestan todas las semanas y llevan varios años de práctica. Notas la experiencia en sus caras bronceadas.
Pero en una partida de póker ilegal, ves que la experiencia que han ganado tus oponentes ha sido más amarga, más parecida a la tuya. Entre ellos, hay cientos como yo. Como he dicho antes, si les arruinas, arruinas a gente que son tu igual.
Sin embargo, no todo el monte es orégano ¿verdad? No puedes realizar una acción sin provocar una consecuencia, una reacción. Joder, es que hasta los niños pequeños saben eso. No es filosofía popular: aparece en los libros de física y de historia, de lenguaje, de matemáticas, de química... ese Newton fue un tipo listo, sin duda, al hacer un postulado sobre ello.
Y el día menos pensado, el amigo amigo de otro amigo conoce a otro tipo con el que puedes ganar más dinero. Yo, enviciado por el juego, no me di cuenta de que, si podía ganar mucha más pasta, era también igual de fácil perderla.
Y después de ese día en el que das otro gran paso en esa espiral auto destructiva, en esa carrera cuesta abajo y sin frenos resbalando con tu propia bilis, tu vida se vuelve más estúpida y sin sentido. Al menos lo poco que quedaba de cordura se desvanece. Puede que la perdiera antes de haber introducido siquiera una monedita en la máquina tragaperras del bar junto al trabajo.
Puedes ganar medio kilo por mano, si lo haces bien. La primera, la segunda y a lo mejor la tercera vez, te dejan ganar, para que te confíes y vuelvas a apostar y a creer que ganas. En realidad, lo único que haces es cavar tu propia tumba y tallarte un rudimentario ataúd. Así, a la cuarta vez, contraes una pequeña deuda, pero sigues, porque estás enfermo y tienes que hacerlo y no puedes evitar pensar que si no apuestas estarías lamentándolo el resto de tu vida, y empeñas pequeñas cosas para poder pagar.
Hace un mes, mi mujer fue a hacerle unas tostadas al crío, y la tostadora ya no estaba. Me dieron catorce con cincuenta por ella.
La semana pasada, la deuda ya no era de trescientos, era de medio kilo. Lo que podría ganar en una mano... quizás, jugando una nueva partida... Ya soy profesional, llevo años con esto. La tragaperras fue hace doce años (¿de verdad hace tanto?) y ya no puedo pedirle pasta a familiares y amigos, aquí no tienes amigos. En esta mesa redonda con tapete verde sólo eres otro organismo atrapa polvo para la silla, susceptible de perder dinero.
La mano sale mal. La deuda es de un millón. Sales de la partida, en mitad de la noche, observando la luna y contando estrellas... ¿cuántas habrá? Más de un millón, eso seguro. Piensas en cómo saldrás de esta. Esos tipos son peligrosos, y no es aconsejable endeudarse con ellos. El rumano me advirtió que hay numerosos accidentes domésticos al año.
Soy ludópata.
Al principio, comienzas jugando a las máquinas tragaperras cuando sales a tomar una cerveza. Para relajarte, ya sabéis.
Pero luego eso no basta, porque piensas que el gran premio debe de estar esperándote a la vuelta de la esquina. Como cuando te toca la lotería o algo así, estás expectante, esperando que la suerte caiga sobre ti como un enorme camión de felicidad desbocada.
Y empiezas a subir. El bingo está en la esquina, piensas. Por qué no. Total, un par de cartones y fuera. Además, queda menos ridículo si pierdes dinero, porque no es lo mismo la cara que ponen cuando has perdido 50 pavos en una maquinita que cuando los has perdido con unos cartones de bingo. Tarde o temprano, todo el mundo se pasa por el bingo, he visto a jóvenes, maduros, viejos y parejas y amargados allí reunidos.
No pasa mucho sin que puedas evitar soltar ciertas indirectas en tu trabajo. Seguro que en la oficina, algún compañero tiene un amigo amigo de otro amigo que hace timbas en casa. Ya, si eres un espíritu inquieto, los casinos y bingos no tienen nada que ofrecerte. Bueno, quizás tengan black jack, ruletas, dados, cartas... pero, ¿y la atracción que produce participar en una timba donde todos se conocen, donde desplumas a gente igual que tú? Porque, al igual que el bingo, al casino se va por lo menos una vez en la vida, pero los que ganan son los jugadores profesionales, los que son socios de lujo y apuestan todas las semanas y llevan varios años de práctica. Notas la experiencia en sus caras bronceadas.
Pero en una partida de póker ilegal, ves que la experiencia que han ganado tus oponentes ha sido más amarga, más parecida a la tuya. Entre ellos, hay cientos como yo. Como he dicho antes, si les arruinas, arruinas a gente que son tu igual.
Sin embargo, no todo el monte es orégano ¿verdad? No puedes realizar una acción sin provocar una consecuencia, una reacción. Joder, es que hasta los niños pequeños saben eso. No es filosofía popular: aparece en los libros de física y de historia, de lenguaje, de matemáticas, de química... ese Newton fue un tipo listo, sin duda, al hacer un postulado sobre ello.
Y el día menos pensado, el amigo amigo de otro amigo conoce a otro tipo con el que puedes ganar más dinero. Yo, enviciado por el juego, no me di cuenta de que, si podía ganar mucha más pasta, era también igual de fácil perderla.
Y después de ese día en el que das otro gran paso en esa espiral auto destructiva, en esa carrera cuesta abajo y sin frenos resbalando con tu propia bilis, tu vida se vuelve más estúpida y sin sentido. Al menos lo poco que quedaba de cordura se desvanece. Puede que la perdiera antes de haber introducido siquiera una monedita en la máquina tragaperras del bar junto al trabajo.
Puedes ganar medio kilo por mano, si lo haces bien. La primera, la segunda y a lo mejor la tercera vez, te dejan ganar, para que te confíes y vuelvas a apostar y a creer que ganas. En realidad, lo único que haces es cavar tu propia tumba y tallarte un rudimentario ataúd. Así, a la cuarta vez, contraes una pequeña deuda, pero sigues, porque estás enfermo y tienes que hacerlo y no puedes evitar pensar que si no apuestas estarías lamentándolo el resto de tu vida, y empeñas pequeñas cosas para poder pagar.
Hace un mes, mi mujer fue a hacerle unas tostadas al crío, y la tostadora ya no estaba. Me dieron catorce con cincuenta por ella.
La semana pasada, la deuda ya no era de trescientos, era de medio kilo. Lo que podría ganar en una mano... quizás, jugando una nueva partida... Ya soy profesional, llevo años con esto. La tragaperras fue hace doce años (¿de verdad hace tanto?) y ya no puedo pedirle pasta a familiares y amigos, aquí no tienes amigos. En esta mesa redonda con tapete verde sólo eres otro organismo atrapa polvo para la silla, susceptible de perder dinero.
La mano sale mal. La deuda es de un millón. Sales de la partida, en mitad de la noche, observando la luna y contando estrellas... ¿cuántas habrá? Más de un millón, eso seguro. Piensas en cómo saldrás de esta. Esos tipos son peligrosos, y no es aconsejable endeudarse con ellos. El rumano me advirtió que hay numerosos accidentes domésticos al año.
Comentario:
¡Hola! Me he leído tus relatos de pé a pá (emmm... me da rabia esta expresión, pero bueno...) y me han gustado muchísimo :)
Tienes razón con lo de Carlos Areces, si no existiera habría que inventarlo porque es la leche.
Mira estos vídeos:
· http://www.youtube.com/watch?v=mtjXgaZJYYQ
· http://www.youtube.com/watch?v=TIVtC0tn940
cabranocturna
http://cabranocturna.wordpress.com/
cabra_nocturna@hotmail.com
Tienes razón con lo de Carlos Areces, si no existiera habría que inventarlo porque es la leche.
Mira estos vídeos:
· http://www.youtube.com/watch?v=mtjXgaZJYYQ
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cabranocturna
http://cabranocturna.wordpress.com/
cabra_nocturna@hotmail.com
Comentario:
Hola, nos ha resultado interesante este blog y hemos hecho un comentario recomendándolo en el Blog literario Asamblea de palabras. Un saludo.
http://franciscocenamor.blogspot.com/2008/06/repaso-semanal-los-blogs-y-webs-ms_20.html
http://franciscocenamor.blogspot.com/2008/06/repaso-semanal-los-blogs-y-webs-ms_20.html
Comentario:
Interesante relato.
Tuve un tropiezo agradable el un dia cuando hallé por azar tu sitio en la red.
También me acercaré con regularidad por aquí.
Tal vez nos gusten nuestros lares por estar unidos por una patología.
-Saludos de otro Sociopata-
Tuve un tropiezo agradable el un dia cuando hallé por azar tu sitio en la red.
También me acercaré con regularidad por aquí.
Tal vez nos gusten nuestros lares por estar unidos por una patología.
-Saludos de otro Sociopata-





